30 de junio de 2011

UNA COPA Y UN BOTIJO

Damián llegó demasiado pronto y se pasó media mañana caminando por el andén de la estación.
Cincuenta pasos hacia el este (... y sincuenta) otros cincuenta al oeste (... y sincuenta).
Una y otra vez en recorrido elíptico, como si fuera un satélite con boina gravitando a ras del suelo.
Desde que supo que Elisandro volvía al pueblo, era un manojo de nervios andante.

Por fin escuchó el silbato del tren acercándose y la emoción consiguió que un par de lágrimas abrieran dos húmedos senderillos en el polvo de sus mejillas.

- Caguentó, Lisandro, - exclamó al verle descender del vagón - ¿ande asestao to este tiempo, jodío?
- Oh, mi dilecto hermano. Ven a mis brazos, truhán. Meditando sobre ti estaba durante todo el trayecto.
- Íralo, sistás hecho un pincelicoo... -le decía al abrazarle- Pero, recoño, se tan ío las carnes, ¿qué no talimentan en la siudá?
- ¡No me van a alimentar! Eres un exagerado, hermano; en cualquier caso es bien seguro que el cambio de aires refortalecerá mi físico, que algo endeble sí anda.
- Pos anda, vamos pa' casa que la madre de seguro que ta preparao un caldo desos que rezusitan un muerto.

Desde la sombra del edificio de viajeros les vio llegar la vieja mula, al humilde carro enganchada en sumisa condena. Damián se apresuró a colocar hojas de un periódico en el asiento.
- Aguarda, Lisandro, que no te se guarreen los pantalones de asentarte.
- No te apures, Damián, que ni vengo de etiqueta ni soy tan remilgado. Ah, ¿pretendes que mis posaderas descansen sobre la cara de Don Alfonso? Bueno... sea, si así lo quiere el destino.

Dejaron pronto a su derecha las verdes huertas del tío Ramiro, que al verles pasar saludó en la distancia con su garrote hacia el cielo en fuertes sacudidas, como si pretendiera pinchar una nube.

- ¿Sabes que otra ves l'han hecho padre al Ramiro? - comentó Damián a su hermano - ¡Y van siete!
- ¿Siete vástagos ya? ¡Qué disparate! Creo recordar que tenía dos cuando marché. Cómo pasa el tiempo...
- Naa, si no ha sío tanto. La Ana Carmen, que la salío mu coneja y namás que hace que preñarse y parir.
- Hombre... no prende sola la leña si no se arrima la yesca.
- Jejeje, tú de siempre tan letrao..., mira que tiés conosimientos.
- Pero hombre, esto era algo que a menudo nos decía nuestro abuelo, ¿es que ya no lo recuerdas?

Avanzaron camino distraídos en animada charla en la que Damián fue contando a Elisandro los pormenores de la última cosecha y éste los quebraderos de cabeza que le daban sus discípulos de la facultad.

- Pos no tacía yo tan ocupao, ya ves. Me pensaba que tabías ío pa desentenderte de to esto del campo, que es mu sacrificao, y questarias viviendo como un rey.
- De sobra sé lo penoso y abnegado que es ganarse la vida en el campo y por eso te admiro, hermano, por tu fuerza y por la sencillez y naturalidad con que te acoges a tu destino. Pero ya ves que yo tenía encomendada otra suerte.

Al alcanzar la casa familiar y aspirar el aroma de los jazmines, Elisandro creyó que no había transcurrido el tiempo en aquel lugar. Todo parecía estar tal y como lo recordaba.

- ¿Está madre en casa?
- No, pero írala por ande viene. Sabía quedao en la huerta de mientras iba yo a la estación.

- Oh, cuán avejentada la ven mis ojos en ese caminar, no es más que la sombra de aquella altivez...

- Quiá, pos ahí ande la ves, sus güenas zancás se pega en el bancal con la azá si le se tuerce el riego y le estroza un caballón. Y tié más duras las manos cun sarmiento seco.

- Damiaaan, jodíoo, - la oyeron gritar - que tas dejao la mula sin ataar y me sa clavao en el bancal del alfalfe. Anda y agárrala tú, tronao.
- Yastamos con la bronca, aguarda hermano que nun ratico vuelvo. ¡No sus vayais lejos!

La vieja fue acercándose con paso ondulante. Llevaba la mano sobre los ojos a modo de visera para protegerlos de la luz del sol y una rama de hinojo se movía en la comisura de su boca. Él la esperaba con los brazos abiertos y una gran sonrisa.

- Elisandro, a mis brazos, hijo, - le dijo emocionada al llegar a su lado - Ardía en deseos de volver a verte. Entra, entra en casa que te voy a obsequiar con los suculentos refrigerios que me consta que añoras.

27 de junio de 2011

UNO EN PRAGA, DOS EN LONDRES

Crece y crece la participación bloguera en nuestro Juego de los Diablos (TM) por el mundo.

Diría que a los viajantes que se mueven de un lugar a otro por cuestión de trabajo y a los viajeros que lo hacen por puro placer, se ha unido un nuevo grupo, los diablentureros, que aprovechan unas vacaciones para dar rienda suelta a sus dotes artísticas y a su vena indianajonesca.


Dibujan diablos y luego los ocultan por escondrijos de remotos lugares, como si fueran partes de un botín pirata que esperan sea recuperado por sus compinches.

Desde Andalucía me llegaron dos correos de dos mujeres que no tuvieron miedo alguno en llevar a cabo esta práctica ilegal de demonizar el mundo (mira que le echo cuento, sí :p)

Venga, entro en materia que si no me echáis luego en cara que me enrollo mucho.
Amig@mi@, del blog Mosaico de Retazos me decía:
Escondí un diablo en Praga. Tenía dos preparados, pero el segundo me falló puesto que llovía... Como sólo es uno, no sé si te sirve, pero a mí me sirvió de diversión, y lo mejor es que mi marido se implicó. (Eva siempre tentando a Adán, cómo no)


Lugar: Plaza del Reloj Astronómico de Praga. A los mismos pies del reloj.
Hueco en la pared lateral de la izquierda, según se mira el reloj. Aproveché un clareo entre hora y hora (a cada hora en punto los 12 apóstoles se dan un paseo y saludan a la multitud congregada en la plaza)y sobre todo QUE NO LLOVÍA.


Pese a que comenzó a llover pronto, volvimos a las 3 horas y allí seguía SIN MOJARSE (esto es muy importante, el diablo siempre preferirá los escondites secos y calientes)

Te envio además una nueva foto de un diablejo que vi en un escaparate allí.


Montse
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Por otro lado, Ángeles, creadora de Juguetes del Viento me escribía:
Esta Semana Santa he estado en Londres, y he querido hacer yo también el jueguecito de los diablos, que me parece muy gracioso y hasta emotivo.


He intentado encontrar algunos de los que han dejado otros visitantes, pero me ha sido imposible. Recordaba que debía haber uno en el ángel de Picadilly, pero la masa de seres humanos que rodea normalmente el sitio me ha imposibilitado absolutamente intentar la búsqueda. Y recordaba otro en las columnas de la primera planta del Museo de Historia Natural. De hecho, miramos por allí y vimos un papelito, pero aunque metimos los dedos no podíamos alcanzarlo, así que no puedo estar segura de que fuera lo que tenía que ser.

Yo he dejado dos.
El primero está en Trafalgar Square, bajo uno de los leones gigantes; de los dos que quedan frente a la National Gallery, el de la derecha. En este caso me tienes que reconocer el mérito, porque encaramarse a la plataforma de los leones solo está al alcance de los más ágiles y valerosos. Si no conoces el sitio, al ver las fotos lo comprenderás.
El segundo está en Hyde Park, bajo la estatua de Jenner, que es fácil de localizar: al entrar en Hyde Park por Lancaster Gate, a la izquierda, junto al primer estanque.







Verás que están metidos en su correspondiente bolsita de plástico, con cierre y todo, para que se conserven impolutos.






Te mando además otra foto, de dos amigos tuyos a los que me encontré en el Victoria and Albert Museum. Me dieron muchos recuerdos para ti.




Espero que te gusten las fotos. Si tienes a bien hacer uso de ellas -o alguna de ellas- en tu blog, estupendo, pero si te parece reiterativo porque ya hay otras entradas sobre diablos en Londres, no problem at all. Yo lo he pasado muy bien con la actividad y las fotos son para ti de todas formas. (Lo mismo digo: No problem at all)


Un saludo.

Nos vemos en los blogs.
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Montse y Ángeles, os agradezco a las dos la iniciativa y lo que más me gusta es que lo hayáis pasado bien.


Esos satélites que planean en el espacio, y que podrían fotografiar hasta la etiqueta de una camiseta, os tienen ya fichadas como sospechosas, pero podéis estar tranquilas, que yo intercedería por vosotras si fuera necesario. Mi tridente impone mucho.

Y al resto de ustedes vosotros... ¿alguna escapadita hacia Londres o Praga para ir a cazarlos? Solo hay que esperar a que los satélites estén fotografiando China y no os pillen.

Aunque también os recuerdo que destinos... hay muchos.


¡Saludos, cazadiablos!

23 de junio de 2011

SAMUEL, OCHO... Y CUENTO CHINO



¿Alguien ha alcanzado a imaginar alguna vez "una casa bonita de serpientes"?
Mi hijo sí. Cuando tenía tres años.
Y me parece sublime.

¡¡La casa bonita de serpientes!! ( finalista al Premio Planeta como poco, ¿no?)

El próximo domingo, cumple ocho años el zascandil de la pelota siempre pegada al zapato.

El que tiene mis ojos y mis orejas, mis tonterías, mis arrebatos...
la sonrisa con dientes de menos, el gran maestro del garabato.

Para conmemorar ese día especial aquí en el blog, voy a subir un video que también me resulta muy especial. Lo grabé en 2006 y en él, Samuel nos contaba un cuento (o tal vez eran muchos, no sé muy bien)

Entonces era una pulga con flequillo, hoy es una espiga larguirucha que corre como las balas,
al que en el patio persiguen las niñas, y con mil pupas en las rodillas regresa después a casa.

El matemático, el deportista, el que aún me dice "Cuéntame un cuento"
el que se enfada si tiene hambre, el que se peina ante el espejo,
el que se alegra mucho de verme o refunfuña con entrecejo.

El murcianico del extranjero, mi Spiderman de andar por casa,
el que devora las tortas fritas y tanto se ríe si estoy de guasa,
el que al quedarse dormido, su respirar se acompasa
con la paz que me produce. Y mi inquietud de largo pasa.

16 de junio de 2011

PEQUEÑOS GRANDES FUTBOLISTAS

El pasado domingo, unas veinte parejas comíamos en la larga mesa de un restaurante.

Un montón de futbolistas brindaban con sus cocacolas en otra enorme mesa frente a nosotros.

Y se reían y coreaban sus hip hip hurra dedicados.

Y les mirábamos orgullosos.

Todo comenzó a principios de año, cuando mi hijo me comunicaba que iba a ser portero en el equipo de futbol de una liga entre colegios.

Aquello supuso que mi mujer le haya estado llevando a entrenar dos tardes por semana (que terminaron siendo tres) y que yo haya sido el encargado de acompañarle a jugar los partidos los sábados por la mañana.

Ya dije en su día que soy poco aficionado al futbol, que salvo encuentros de altura en los que uno se deja contagiar por la emoción del ambiente y los disfruto más, suelo pasar mucho de este deporte.

Así que reconozco que no me apasionó la idea, primero porque pensé que me aburriría como una ostra, pero más que nada por todas esas horas que me quitaría para hacer otras cosas, (o para no hacer absolutamente nada) Sin embargo, la ilusión que a él se le veía bastó para que no pusiera yo la más mínima pega.

Hoy, diecisiete semanas después de aquello, he de reconocer que me lo he pasado en grande y que la experiencia ha merecido la pena.


El hecho de que decidieran llamarse Los Diablos, algo en lo que no tuve nada que ver, fue el primer acicate.

Eso me servía para hacerles protagonisas en el blog y enseguida me autoproclamé cronista de sus hazañas. Sólo faltó que sus camisetas hubieran sido rojas para que el atrezo diabólico fuera perfecto (tendré que llamar al Presidente de la FIFA)


Así que cada sábado, salvo alguna jornada de descanso, los nueve compañeros de clase se reunían en unas pistas deportivas que se inauguraron precisamente el día que comenzó la Liga.

Ha habido muchas cosas que me ha gustado ver.

Una de ellas ha sido la ilusión demostrada en sus recibimientos. El primero que llegaba se abrazaba al segundo en cuanto le veía aparecer, y estos dos corrían a abrazar al tercero nada más verle asomar. Así que el último en llegar veía cómo una jauría alborozada corría a saltar de alegría a su alrededor. El espíritu de equipo, en el que todos se han sentido parte importante, no ha faltado nunca.
Otra ha sido el apoyo. Los disgustos cuando se ha fallado un penalti o cuando alguno se ha metido gol en propia puerta, algo que les hacía saltar las lágrimas, no era nunca reprochado por los compañeros; muy al contario se animaban para redoblar el esfuerzo y tratar de conseguir la victoria. Y si no había victoria, no pasaba nada, "El próximo lo ganamos!"

Lo más asombroso para mí ha sido la evolución. Ya nos advirtió Alonso, el entrenador, al principio: "Acordaos de cómo está jugando el equipo ahora para comparar al final"

Y yo imaginaba que se vería un progreso, como es lógico, pero no sospechaba (ni yo ni ningún padre) que iba a ser tan evidente.

Los dos últimos partidos nos dejaron con la boca abierta. Sabían ocupar su posición, recuperarla tras cualquier acción, ser más veloces, cubrir cada cual a su rival, sacar rápido el balón de banda para pillar descolocados a los contrarios... y buscarse unos a otros para en determinados momentos hacer unos pases tan precisos que nos hacían aplaudir entusiasmados.

Porque esa ha sido otra. No es por nada pero la afición que han tenido Los Diablos ha sido la mejor con diferencia. ¿Dónde estaban los padres de los contrarios, que no se les oía? No sólo ha sido la nuestra la única afición que mostraba su propia mascota , sino que hemos sido los que más les jaleábamos y más les aplaudíamos.

También los únicos que hacíamos retransmisones telefónicas. No ha habido encuentro en el que no estuviera informada la madre del portero (la señora Diablo) de cómo se iban desarrollando las cosas. Como no podía asisitir a ningún partido por estar trabajando, unas veces la llamaba yo, otras cualquier "diablista", y la poníamos al tanto de lo que iba ocurriendo. Ella a su vez lo comunicaba a la clientela de la frutería.

¡Acaban de meter un gol! - gritaba eufórica.


Pero por si eso fuera poco, Los Diablos han tenido el seguimiento de varios blogueros que les fueron dejando mensajes de apoyo, que parece que no, pero el empuje virtual también cuenta. En eso hemos sido únicos también.

El partidazo en el que más disfrutamos todos fue aquel en el que se enfrentaron a Los Truenos, del Colegio Méndez Núñez. Estos chavales se las vieron y se las desearon para salir airosos de la furia diablista.

A pesar de que terminamos perdiendo por un solo gol (5 a 4) nos quedó en la boca el sabor de la victoria por haber sido capaces de poner en apuros a los campeones de grupo, que tienen más experiencia en esta Liga Albatros que comenzó hace 12 años.

El pasado fin de semana acabó la competición y a ese último partido en el que Los Diablos se salieron de buenos, (victoria de 4 a 2) pudo finalmente asistir Apamen.

- ¡¡Pero cómo habéis podido aguantar tanta emoción!! -nos preguntaba a todos, hecha un mar de nervios en la grada.

El domingo fue un día muy completo. Por la mañana entrega de trofeos y medallas en el Pabellón Deportivo. La Copa Albatros se la llevó el Colegio Alfonso X. Los Diablos han quedado finalmente cuartos, (empatados con los terceros pero con menos goles) pero, ay si hubieran jugado dos o tres partidos más... ahora que estaban cogiéndole el gusto a la cosa, seguro que se comían a los rivales por los pies y se ponían en cabeza.


Supongo que imaginaréis la emoción cuando íbamos escuchando por megafonía el nombre de los equipos y todos iban saliendo en fila al centro de la pista. Al nombrar a Los Diablos, en fin... y el himno, los aplausos, las fotos, la televisión grabando... ¡¡Si me llega a gustar el futbol muero de gusto aquel día!!

Después marchamos todos los padres a comer con Los Diablos y Los Relámpagos, los dos equipos de Las Herratillas, el más mejor colegio de Yecla ( porque lo digo yo)

Quiero enviar un saludo desde aquí a todos esos padres que han estado entrando al blog para leer las crónicas diablistas sin que yo tuviera noticia de que lo estaban haciendo, y dar las gracias especialmente a Charo, madre de Julio, que dejó comentarios y a Javier, padre de Javier Jr., que me dejó sin palabras con su agradecimiento ante toda la mesa. ¡Casi me hizo sentir un periodista deportivo! (Qué cosas, uno escribe para divertirse y encima se lo agradecen :-)

Los chavales, que no quisieron quitarse las medallas del cuello en todo el día, disfrutaron a lo grande y, para variar, siguieron jugando al futbol en el parque exterior hasta las tantas.

Probablemente serán compañeros muchos años más, y confío en que sigan aprendiendo el valor del esfuerzo, la solidaridad, la superación y la importancia de la amistad.

Eso sí son goles que engrosan el marcador de la vida.



10 de junio de 2011

GUARDIÁN DE MI CASTILLO

Alguna vez me han preguntado por qué en mi perfil de Blogger tengo escrito Profesión: Guardián de mi castillo.

Hoy lo voy a explicar.


De hecho me servirá como perfecta excusa para hablar un poco sobre Villena, la ciudad a la que vengo a trabajar todos los días desde Yecla. Tan solo 22 kms separan a estas dos ciudades y sin embargo ambas forman parte de provincias y comunidades distintas (y países diferentes también, como muchos deben saber :p)


Comenzaré mostrando una vieja fotografía del Colegio Joaquín Mª López, que fue construído en Villena en tiempos de la República, cuando esta ciudad contaba con unos 15.000 habitantes.


Imponente, ¿verdad? La imagen data de septiembre del año 1933, poco después de inaugurarse. Por la escalera izquierda subían los niños, mientras las niñas lo hacían por la derecha. Imagino que en perfecta formación y en silencio todos.


He conseguido un par de fotografías más: la de un grupo de alumnos de aquel primer curso 1933/34 junto a su maestro, que se llamaba Don Ezequiel Lidó.


Y otra de Doña Milagros con sus alumnas en el año 37.


Bueno, y todo esto qué tiene que ver conmigo, empezaréis a preguntaros algunos, porque evidentemente el diablo es viejo, pero no tanto.


Pues resulta que JuanRa aparece en escena muchos años después, cuando este colegio está celebrando su 75 aniversario.


Cuando llegué al lugar levanté la cabeza para admirar semejante edificio y quedé maravillado observándolo en detalle.


Apenas ha cambiado en su estructura exterior si bien hoy no es ya un colegio de niños sino un centro especial para mayores.


No obstante el Colegio José Mª López sigue existiendo como tal en nueva construcción desde el año 1989.


Ni que decir tiene que el nuevo edificio carece totalmente de interés artístico; hoy no se construye como antes (de hecho hoy ya ni se construye)



Lo paradójico es que muchos de estos hombres y mujeres mayores con los que trato todos los días fueron alumnos en este antiguo edificio en el que hoy trabajo.


Muchos de ellos me saben decir aún en qué lugar exacto estaba el pupitre en el que se sentaban cuando eran niños. Y muchos saben recordar el nombre y apellidos de sus compañeros y el de sus profesores.


- Yo era el que abría y cerraba las ventanas de mi clase - me contaba uno la mar de orgulloso - porque yo era el más fuerte y los demás no podían.


Setenta y ocho años después, las altísimas ventanas siguen siendo las mismas y puedo dar fe de que hay que tomar mucho colacao para poder cerrarlas como es debido.


Una mujer, abuela de muchos nietos, me entonaba en una ocasión canciones infantiles de la época y otro me indicaba, con sonrisa socarrona, desde dónde se dejaba caer agarrado a la barandilla de la escalera, que también sigue siendo la misma desde entonces.


- Las niñas subían por allá - decía otro - Bien lejos, que entonces los zagales y las zagalas no nos mezclábamos, no nos fuera a pasar algo...


El lugar es grande, con amplias salas y techos muy altos y aunque se ha ido remodelando por dentro, en realidad poco ha cambiado y casi puedo extraer con la imaginación las historias que parecen impregnar sus paredes.


Por si fuera poco, cuando he de cerrar todas las ventanas del centro (tras merendar tortilla de espinacas, claro) quedo siempre hipnotizado en la segunda planta, ante la visión que tengo a tan corta distancia.






video


Ahí está, ahí está, La Puerta de Alcalá, el Castillo de Villena. Monumento nacional desde 1931. Un retazo de la Historia del siglo XX mirando a la cara a un heroico superviviente de la Historia del siglo XII.


Este espectacular castillo que miles de niños, hoy ancianos, contemplaban a diario desde las ventanas de su colegio, fue construido por los árabes en fecha no determinada, aunque se han encontrado fuentes del año 1172 que ya hacían mención de él.





Una veces imagino que mi centro es una atalaya más de esa fortaleza que casi puedo alcanzar a tocar con mis dedos, y yo soy caballero o incluso el rey soberano que lo habita. Otras veces dejo las tonterías aparte y me dedico a vigilar que nadie se lo lleve. Una maravilla así debe ser preservada de ser sustraída para siempre.


Y no estoy exagerando, pues hace unas semanas el castillo sufrió un ataque.


Con esta primavera tan inestable (como ha de ser toda buena primavera) llevamos varios días de fuertes lluvias acompañadas de mucho aparato eléctrico (me encanta decir eso de "mucho aparato eléctrico"; podría decir "con rayos y truenos" pero me parece menos chulo)


Parece ser que semejante mole de piedra no solo ejerce una irresistible atracción a mis ojos sino también a los de las tormentas.


La semana pasada, desde un cielo gris plomizo que cubría toda la ciudad, un trallazo impresionante cayó en la torre principal del Castillo, haciendo saltar gruesas piedras de sus muros, dañando mobiliario de alguna sala y destrozando una pantalla de proyecciones de su museo, además de dejar sin luz y teléfono a los barrios colindantes.


Imagino que el lugar no había tenido semejante vidilla desde tiempos de Jaime I, cuando sus tropas se lo arrebataron a los moros. Ya le tocaba despertar.


Pero a mí la noticia me dejó meditabundo. ¡Mi castillo!


¿Os convencéis ahora de que es necesario un Guardián? ¿Hace o no hace falta un vigilante que dé la alarma cuando nos lo quieran robar por tierra, mar o aire?


Yo, por si acaso, continuaré mi ronda de hoy, ojo avizor, mientras sigo escuchando las historias que me cuenta la Historia.

4 de junio de 2011

WHEN YOUR HEART IS WEAK





Recientemente regresaba a casa pensando en el incidente de esa tarde en el trabajo.


Mateo se había caído en la misma puerta del Centro y salí a ayudarle. Se había dado un fuerte golpe en la rodilla y le sangraba.


Tras hacerle sentar en un sofá, le lavé la herida con agua oxigenada y después le apliqué Betadine, pero viendo que se le hinchaba por momentos, avisé a la Doctora, que enseguida le puso una cataplasma de arcilla para que menguara la inflamación.

- ¡Pero, hombre, Mateo! - bromeaba uno de sus compañeros de la sala, que se acercó a verle - ¿cuántas veces te he dicho que ya no estás para jugar al futbol?
- Nahh, si no es nada - le respondía él, renegando más por la torpeza de haberse caído que por la herida en sí.

Aún se quedó un rato viendo la tele con la pierna en alto, y antes de marcharse me agradeció la ayuda y hasta parecía disculparse.
- Es que nos hacemos mayores y ya no valemos pa ná - se lamentaba - Lo peor del mundo es hacerse viejo.

Abrí la puerta de casa y no había nadie. Se me hace raro cuando no se oye el bullicio de los dos pequeños. Tocaba tarde de entrenamiento de Samuel con Los Diablos y cuando eso ocurre, llego yo antes que ellos.


Junto al ordenador me había dejado su último examen para que se lo firmara, como siempre hace. Casi nos hemos acostumbrado a ver esos dieces en rojo estampados en una esquina, y sin embargo, no sé por qué, me embargó la emoción al ver otro. Sería por el silencio.

Encendí la tele y al poco aparecieron las imágenes de una profesora que en una guardería de México había sabido actuar con mucha responsabilidad, sensatez y amor por su trabajo. En el exterior había comenzado un tiroteo entre narcotraficantes y para preservar a los niños del peligro y del miedo, les propuso, a modo de juego, echarse al suelo y cantar. Lo hizo con calma, con dulzura y consiguió que todos los niños tumbados en el aula cantaran con ella mientras a pocos metros seguían sonando las balas.
Qué absurda violencia en este mundo loco y cuánta diferencia en el transcurrir de la niñez dependiendo del lugar en el que se nace. Imaginé una escena así en el colegio de mis hijos y la rechacé al instante por inconcebible. Y sin embargo... cosas así ocurren realmente. Y me temo que mucho peores también.

El cielo se fue oscureciendo por la llegada de una tormenta, y por la ventana que acababa de abrir empezó a entrar una corriente tan fresca que me obligó a cerrarla de nuevo. Mientras tanto escuchaba otra noticia, ésta más desmoralizadora.

- Las emisiones de gases contaminates a la atmósfera alcanzaron una cifra record el pasado año. El acelarado crecimiento industrial de China y la India han disparado esos niveles de gases de efecto invernadero. De seguir así - decía la presentadora con el mismo gesto con el que anunciaría una pasarela de moda - no se podrá evitar el recalentamiento global.

No hay noticias que me angustien más que las relacionadas con el deterioro del planeta. Los incendios provocados, la deforestación del Amazonas, la polución en el aire, la contaminación de ríos, de mares... Señores, ¿nadie mira hacia el futuro? ¿todo vale a costa del desarrollo? ¿hacia dónde vamos realmente?
Me vino a la mente la letra de aquella canción:

Ojalá que puedas conocer
los veranos que he vivido yo
y esos libros viejos que guardé
pensando en ti, hijo mío.
Que los bosques sigan donde están
que aún exista el dulce olor a pan
ojalá que quede para ti un mundo como el mío.

Cuando escuché cómo se abría la puerta y entraban mi mujer e hijos me di cuenta de que estaba deseando verles. Aitana se abrazó a mis piernas y no me soltaba. Apamen me contaba los sucesos del día mientras calentaba la cena y a Samuel le pedí que me enseñara el examen.

- Solo he tenido un fallo, menos mal - me decía - porque con dos me habría bajado la nota. (Oh, tragedia) Mira, había que subrayar las palabras que estuvieran mal escritas y me ha faltado ésta. Es que yo no sabía que Ambrosio es un nombre de persona y se escribe con mayúscula.
- Ah, bueno, si es por culpa de Ambrosio no pasa nada, - le dije - seguro que ya no se te olvida.

Esa noche cayó una fuerte tromba de agua en la ciudad y el viento hacía traquetear las persianas. Me acosté sin desprenderme del todo de cierto desasosiego, de una extraña sensación en el cuerpo que no me dejaba relajarme. Parecía como si el futuro me estuviera esperando a la vuelta de la esquina, un futuro triste y con la cara pintada de oscuro.
"A ti lo que te pasa - me dije finalmente - es que está a punto de caerte otro año más encima. Que te jode mucho hacerte mayor, reconócelo. No hay más vuelta de hoja"

De todas formas no tardó en vencerme el sueño porque desvié los pensamientos hacia cosas más agradables.

El diez de Samuel (Ambrosio incluido) me ayudaron, sin duda.