29 de septiembre de 2012

LLAMAMIENTO. UNA ALTERNATIVA A LA CRISIS.


A ti, que acabas de entrar a este blog y que ahora comienzas a leer, te voy a pedir un favor. 
Es muy sencillo, sólo tienes que imaginar.

Imagina por un momento que se te ocurriera una idea excelente que sirviera para ayudar a muchísimas personas.
Imagina que cuanto más estudiaras esa idea, más te convenciera de que no tenía fallos y que era completamente factible.
Imagina  que, con la lógica ilusión, quisieras transmitir ese gran proyecto mental para que se pudiera poner en práctica.

Y ahora, finalmente,  imagina...
... que nadie te hiciera caso, que no encontraras a quienes se tomaran interés por escuchar tu idea para hacerla realidad, que dedicaras muchos años de tu vida en intentar que se llevara a cabo, porque sabes que acabaría con multitud de problemas, y a pesar de ello no consiguieras que se te abrieran las puertas de los que podrían hacerla funcionar.
Piensa, ¿cómo te sentirías?

Hoy, disculpadme de antemano,  voy a utilizar este blog para escribir algo completamente distinto a lo que ha venido siendo habitual  hasta ahora, y además sin el tono  jocoso que tan a menudo muestro.
No se trata de ningún asunto grave, pero sí algo serio que me gustaría compartir y hacer saber a cuanta más gente mejor.
En realidad no tengo mucha fe en que  vaya a servir de algo, pero sí  lo hago convencido de que al menos hay que intentarlo, que un blog es como una puerta abierta en una calle por la que transita mucha gente, y entre esa gente podría casualmente  detenerse alguien que por fortuna escuchara y estuviera en su mano entrar a ayudar, bien por sí mismo  o porque conociera la forma de hacer llegar el mensaje a quienes corresponde. Aunque el problema ya no está en que sea escuchado, sino en que haya verdadera voluntad por atenderlo y estudiarlo.

Esa brillante idea -de la que hablaba al principio como en un supuesto- es un plan económico muy estudiado, y no por mí, sino por mi padre. Y ahora no estoy hablando  de algo imaginado sino real.

Mi padre, actualmente jubilado y  viviendo en Colombia, desde donde se animó a escribir en  su propio blog,  fue empleado de banca en los años 80.  En aquellos años de trabajo observó, y voy a utilizar sus propias palabras porque nadie mejor que él mismo para explicarlo:

"...veía diariamente las caras de angustia de mis paisanos, que por falta de liquidez de sus clientes, les era devuelto en ventanilla el cheque o cheques que pretendían cobrar y que sin duda era el único recurso del que disponían generalmente para poder atender sus compromisos".

Eso le llevó a pensar en una fórmula que evitara esos impagados tan frustrantes que llegaban a arruinar a mucha gente. Recuerdo haberle escuchado hablar una y mil veces de aquel concienzudo plan, de aquella maravillosa solución que tenía en mente, estudiada hasta el último detalle, y recuerdo lo mucho que se movió para darlo a conocer. Conservo todavía la grabación de una entrevista que llegaron a hacerle en la radio, en la que yo le escuchaba hablar y hablar sin entender ni jota de lo que decía, pero pensando  "¡Jo, qué listo es mi padre!"


"Lo curioso de mi Plan,  - ha insistido siempre - es su sencillez, como suele ocurrir con todas las cosas perfectas,  y además podía ponerse en práctica casi de inmediato, sin necesidad de medidas coercitivas y sin tener que hacer cambios sustanciosos en las infraestructuras administrativas actuales
Y además….

"Al hacer un análisis en profundidad sobre el tema, me di cuenta de que al aplicar mi Plan se conseguirían otras muchas ventajas que surgirían como consecuencia de la bondad del mismo. Me estoy refiriendo nada menos que a la anulación del problema de financiación de las empresas en casi un cien por cien y la reducción del costo del producto interior bruto en no menos del 30%"

En alguna ocasión le pregunté:
- ¿Pero de verdad es tan bueno ese plan, papá? ¿No habrá algo que se te escape o en lo que no hayas pensado y que lo echara todo por tierra?
- No, hijo, es tan sencillo y veraz como que dos y dos son cuatro. Sólo haría falta la voluntad de querer ponerlo en marcha.
- Pero entonces, si tan eficaz fuera ya se le debería haber ocurrido a algún economista del país, ¿no crees?
- Así debería ser en teoría, pero no olvides que muchas grandes ideas han surgido de la mente de personas normales y corrientes, incluso algunos  grandes descubrimientos nos han podido llegar por alguna observación casual de gente que no necesariamente tuviera una formación académica. Se tiende a pensar que los problemas complejos han de tener una solución difícil, y sin embargo no tiene por qué ser así. La solución puede ser sencillísima, pero hay que saber verla, o encontrarla, o incuso descubrirla por un azar.

Así que imagino que ese ha debido ser el muro con el que se ha topado en todo este tiempo. ¿Cómo un simple empleado de banca pretende haber descubierto la panacea de todos los males económicos? ¿Pretende estar más al corriente de todo  – pensarán ellos – que todos  nuestros expertos economistas?
Y mi respuestas es, ¿y por qué no?

El caso es que, pese al lógico desánimo por haber sido ignorado una y otra vez, por haber recibido el silencio como única respuesta, estos últimos meses volvió a la carga…

Desde poco después de dejar de escribir en mi blog, he estado mandando correos de forma reiterada a agrupaciones, instituciones, emisoras de televisión y de radio, prensa, políticos, etc… con la esperanza de que alguno de ellos pudiese interesarse por mi trabajo. Solo he conseguido por parte del PP una línea diciendo:”
“ Envíe su trabajo para su estudio si procede”.
Cuando me he negado a enviarlo, a no ser que yo vaya con él, ya no me han contestado”.

En su última entrada, mi padre hacía un llamamiento a través de su blog con el mismo (y quizás inútil) propósito que hoy lo hago yo: el que por uno de esos azares de la vida llegue esto a alguien que tenga en su mano abrir la puerta.
Sin embargo, después de unos días eliminó la entrada. Cuándo le pregunté por qué lo había hecho me respondió que borró la entrada por pura rabia y frustración, porque nadie sabía lo mucho que estaba ofreciendo, teniendo que casi suplicar que le atendieran, para no encontrar el apoyo más mínimo.

Así que le pedí que volviera a publicarla  y que la dejara ahí expuesta, que total a nadie hace daño  y, además… nunca se sabe.
Y le prometí que también yo haría extensible ese llamamiento en mi blog.
Y aquí está.

Quede ahora también aquí su mensaje:

“¿Habrá alguien que propicie de algún modo el que se me escuche a un alto nivel para que, tras demostrar todo lo que digo, estemos ya a un solo paso de salir de lo que equivocadamente llamamos crisis?”

........................................................................................................ 
Mi padre ha cumplido 70 años, lleva más de 30 con este proyecto a cuestas, y esa ilusión por dar a conocer su plan se mantiene viva.
Me duele pensar el que quizás nunca le den esa oportunidad y aquella idea, manejada  una y mil veces en su mente, deseosa  de demostrar  todo su potencial,  muera un día con él sin haber visto jamás la luz.

Lo más probable es que sea esto lo que ocurra. 
Pero quién sabe…

24 de septiembre de 2012

ME DESEQUI...LIBRO

"Pero ¿se puede saber qué haces?", me preguntaba ayer mi mujer  al verme tan concentrado acarreando  libros de acá para allá. 
"¡Luego te cuento!" Y continuaba yo buscando títulos en las estanterías que me sirvieran para el invento. 
"¿Estás fotografiando libros?" "Sí, es que quiero..." "No me digas más, ¡seguro que es algo para el blog!"

Todo empezó cuando en la sección de novedades de una librería  encontré dos libros que tenían  casualmente al diablo en sus títulos: Simpatía por el diablo y Deja en paz al diablo. (¿Alguien los conoce?) No pude contenerme,  los coloqué juntos, saqué el móvil del bolsillo y los fotografié.
Mirando más tarde la imagen observé  que, aunque eran títulos con un punto en común, expresaban cosas antagónicas. Uno venía a decir "Oye, qué majo el diablo" y el otro "Tú fíate de él,  que vas listo"

Y resulta que me basta una  cosa tan tonta  para tramar un divertimento. ¿Qué libros tenía yo en casa    cuyos títulos pudieran asociarse en algún elemento que los hermanara? 
Estos son los que elegí.


Se diría que hay un  entramado  de crimen y misterio en esos tres.
 Libros como plagas, de los que hacen que te pique todo el cuerpo.
 Libros coloristas, en una gama  cromática casi infinita.
 El tiempo en los libros. Todo lo alcanza su paso. Todo.
 Libros que abren el apetito, para saborear a cualquier hora.
 Libros universales. Del mismo Universo quiero decir.
 Libros educados que galantean y se hablan de usted.
Sucesos que se quedan  en casa, de puertas adentro. (¡Ahh, la familia...!)

Seguro que en vuestros hogares hay también libros que harían buenas migas entre ellos. Solo tendríais que hacer un pequeño esfuerzo para buscarlos y presentarlos. Os aseguro que se puede conseguir una afinidad real y duradera.

PD. Finalmente mostré a Apamen la Vista Previa de esta entrada. "¡Esto es lo que estaba haciendo!"
Por la cara tan rara que puso, sabía  lo que iba a decir, pero antes de que pronunciara palabra, me adelanté.
"¡Qué quieres, a veces... me desequiLIBRO!"

18 de septiembre de 2012

REGÁLAME UN HAIKU


A ver cómo lo planteo para no provocar una espantada general... (Que no se me ocurra nombrar la palabra poesía por si acaso)

Este es uno de esos juegos de colaboración bloguera que a mí tanto me gustan. Espero que tras leerlo nadie me salga con cosas como:

"Ey, qué divertido. Pero yo no juego, yo os veo jugar, ¿vale?"
"¿Huele a quemado? ¡Aay, que me he dejado las lentejas al fuego!" 
"Ah, pues... ya paso luego si eso... después... y tal"
"Uff, es que a mí no se me ocurre nada nunca, jamás"
"Te juro que lo haría pero el perro me está mordiendo los calcetines. Quiere su paseo. Mira que lo siento..."
"¡No me ha visto!... Me voy sin hacer ruido... des-pa-ci-to"

De verdad que lo único que  me apetecía hoy era  ponerme a cazar musarañas, pero justo ahora acaba de terminar la temporada, y algo tenía que hacer, ¿no?

Lo que yo vengo a pedir (mejor pedir que robar) es que me regaléis un haiku, algo que está al alcance de todos. Lo correcto sería que adjuntárais 10 euros de inscripción para hacerlo, pero por ser lectores de este blog, (atención, sé que vais a saltar de alegría) : ¡¡lo podréis hacer gratis!! 

Veréis qué fácil. Lo primero, explicar qué es un haiku.
El haiku es, como se adivina al pronunciar la palabra, algo japonés, concretamente  una de las más importantes manifestaciones de la poesía literatura tradicional de aquel país. El haiku es muy antiguo. Cuando los padres de nuestros bisabuelos comían sopa ya había japoneses que los escribían, así que uno ha de ponerse muy serio ante ellos, por respeto a tan venerable tradición.
Consiste la cosa en un poema muy corto, de tan solo 17 sílabas, distribuidas tal que así:

_ _ _ _ _ 5
_ _ _ _ _ _ _ 7
_ _ _ _ _ 5

No existe rima en ellos, ni tienen título, y su temática está relacionada con la naturaleza.
Un ejemplo sería:

Brote escondido. (bro-tes-con-di-do = 5)
La gota en el estanque. (la-go-taen-el-es-tan-que = 7)
Tú, primavera (tú-pri-ma-ve-ra = 5)

Y ya está. 
Vale, igual no se os ha puesto la carne de gallina, pero es que ese kaiku me lo he inventado yo,  pero recitado por  una geisha que tocara la flauta entre verso y verso mientras te hiciera comer tierno sushi chupándote los dedos junto a un cristalino manatial... ¡anda que no cambiaría la cosa!
Y quien dice geisha dice geisho. Un geisho de cara lavada y recién peinao.

Qué pasa... ¿no cuela? 

Venga, como no quiero deserciones haremos una cosa: que la temática sea libre. Lo primero que se os ocurra. (Joer, gratis y libre, qué chollazo, ¿no?)

A mí en cuatro ratos y medio se me han ocurrido unos cuantos:

En aquel libro
escribía secretos
que hoy no recuerda.

Mira el anciano
cómo corren los niños.
Vuela tras ellos.

Un haiku, dice...
¡Ni que fuera japonés!
¿Hago un Mazinger?

Si tú me amas,
haz la prueba y demuestra
que no eres un robot.

Estás muy fea
disfrazada de bruja.
¿Por qué te enfadas?

Cantan los grillos
con su cri...cri...cri...cri...sis...
No me relajo.

¡Asco de crisis!
¡Matadla con cuchillos!
(No, tijeras  no)

Galaxias sin fin...
El espacio infinito...
¿Qué hay de comer?

Pasen y vean,
amigos del diablo,
¡qué barbacoa!

No quiero haikus
y tampoco harakiris.
Quiero unas gambas.

Si tenéis a bien regalarme unos haikus,  prometo encontrar una forma hermosa de exponerlos al mundo con suma honorabilidad y respeto hacia el país del sol naciente (y de mi Mazinger, no lo olvidemos)

Ah, y si hay algún purista en la sala que quiera escribirlos en japonés, otro regalo más, un cursillo avanzado del idioma.
video


Yo más no puedo hacer.

12 de septiembre de 2012

EL EDIFICIO DE PEIBOL


Se puede decir que conozco a Peibol gracias a mi afición por 13, rue del Percebe.


 En el verano de 2008, recién creado mi blog, comencé a visitar los de otra gente que  llevara más tiempo que yo en esto. Desconocía en aquel entonces un montón de cosas que quería aplicar  y me fijaba en la originalidad de algunas plantillas, en la forma de colocar fotos, en el diseño, los gadgets… El mundo de los blogs me parecía una maravilla que, aunque me haya habituado, no ha dejado de fascinarme.

En alguno de aquellos recorridos, saltando de acá para allá, me llamó la atención una pequeña foto en algún blogroll. Mostraba algo similar al edificio que he nombrado  al principio, el de los comics de F. Ibáñez que tanto me gustaban. Y, curioso, pinché sobre él. 
Ese fue el comienzo.

"El edificio de las ovejas", decía su cabecera. Sólo el nombre ya me gustó, y hoy pienso que probablemente habría dado con él tarde o temprano por lo llamativo de ese título para un blog.
 Entonces leí aquella entrada que, como había intuído, contenía la foto de aquel edificio de disparatados personajes, pero con un montaje personalizado para hablar de los vecinos que el autor había tenido en una anterior vivienda, a los que recordaba con nostalgia. 
Y me gustó. Tanto que busqué otra entrada al azar para leerla también. Y me hizo reír. 

Por la forma de escribir, con un amplio vocabulario, una amena y bien estructurada exposición de hechos y mucho sarcasmo, me formé la idea de que aquellos escritos  serían obra de un adulto, de avanzada edad incluso, pero al indagar en su perfil descubrí asombrado que el tal Peibol era en realidad un estudiante de Tenerife de tan solo 22 años.

Me satisfizo descubrir que aún quedan jóvenes que saben expresarse tan bien. Es triste admitirlo pero no suele ser lo habitual. 
Cuando además supe que no le gustaban las discotecas, que era muy amante de su familia y que le encantaban los Beatles, me sentí tan identificado que empecé a seguirle con asiduidad.
Mis primeros comentarios en su blog, que con el tiempo llegué a leer entero, debieron despertarle  la lógica curiosidad de saber de dónde venía yo, y así Peibol también formaría parte, para mi alegría,  de los seguidores habituales de este blog.

Un día encontré en mi bandeja un correo suyo, y aquello fue algo muy novedoso. Llegar a contactar con alguno de esos bloggers  más allá de este espacio y que dejaran de ser menos "abstractos" era algo que no había previsto, y recuerdo muy bien la ilusión que me hizo el que se animara a hacerlo, sobre todo porque fuimos a dar con la horma de nuestro zapato y aquellos correos se multiplicaron hasta el infinito en una cadena constante desde la península a la isla y viceversa.

Tampoco se me va a olvidar  la primera vez que le llamé por teléfono.  Acababa de morir su abuela, algo que  me ocultó entonces para no hacerme sentir incómodo en esos raros minutos en los que por fin le estás poniendo voz a tanta palabra escrita. El hielo se rompería pronto con llamadas posteriores. Inolvidable  aquella que me anunciaba que venía a Valencia para estar con otros bloggers amigos.
- ¿Te vienes, JuanRa? - me dijo. 
- No me lo perdería por nada del mundo.

Fue un gran día aquel en el que por fin nos veíamos cara a cara para  darnos un abrazo y pasar un día en tan buena compañía. Cuatro blogueros que se conocían gracias a los blogs, y que eso bastaba para sentirnos en buena sintonía, con una afinidad y un cariño mutuo muy grande.

 Hoy, cuatro años después de habernos cruzado casualmente en el camino, puedo decir que lo que más valoro de mi amistad con Peibol es que a pesar del abismo generacional entre los dos, la diferencia de caracteres (el verdadero diablo es él) y  de que pensamos de forma muy diferente en algunas cosas (que nos han llevado a escribirnos montañas de folios, discutiendo hasta cansarnos y darnos por perdidos) siempre me ha correspondido con mucho respeto y enorme afecto y siempre ha habido por ambas partes mucho interés por ayudar en los problemas de cualquier tipo. Y eso es algo muy grande.

Todo este reconocimiento hacia Peibol  y su blog vienen hoy al caso porque el  muy sinvergüenza ha cumplido su palabra. Hace unos dias sacó las llaves del bolsillo y,  después de un lustro contándonos cosas,  cerró  El edificio de las ovejas. 

Señor Peibol, ¿me puede decir usted qué hago yo ahora sin ese lugar al que me había acostumbrado tanto que ya entraba y salía de él como Pedro por su casa? ¿Cómo me privas de tu buen estilo y tu mala leche? ¿Dónde leo yo ahora  herejías e invocaciones a la sota de bastos de tanto calibre? ¿Dónde encontraré una oveja que sepa dar collejas a diestro y siniestro? ¿Acaso no quedan viajes que contar que me ayuden a dar un paseo virtual tan perfecto como el de Nueva York? ¿Y mi petición de que escribieras más sobre tu tía, la inventora de palabras? ¿Y cómo prescindir de  las Andresadas? ¿Y si Julia Roberts vuelve a tu lado? ¿Cómo se van a desvincular El edificio del diablo y A la edad de las ovejas? ¡¡Explícame cómo!!

Te salva el que comprendo tus argumentos y que sé que estás en un momento especialmente intenso en tu vida en muchos aspectos,  porque de lo contrario  habría ido a cortarte el cuello sin miramientos.
Sólo te pido que no dejes tu edificio olvidado en la playa para siempre. 

Por mi parte, como esas asociaciones de determinadas canciones a momentos de nuestra vida,  ovejas, perenquenes y pequeños peter panes  se dibujarán  siempre sobre fondo azul  al compás de la música de los Beatles y las notas de un niño que canta el Tulús. 

Y esta es la entrada con la que te amenacé. No me hiciste caso… ¡pues aquí la tienes! 


Y aquí seguimos, Pablo. Bloggers, ex-bloggers... amigos.

4 de septiembre de 2012

LA DUPLICADA HISTORIA DEL GATO QUE PESCA


Entre la suerte de lectores diableros que para mi ventura por aquí asoman, hay alguno que otro que ha traspasado las puertas del blog para comunicarse conmigo a través de correos (nada, que no consigo despertar el más mínimo terror hacia mi persona. ¡Nacer Diablo para esto! ) 
Una de esas intrépidas es Ángeles, que desde hace un tiempo me deleita con sus Juguetes del viento, y que en un reciente recorrido por Paris se afanó en esconder algunos diablos por tan hermosa ciudad. Además de ello, en sus viajes ha ido fotografiando algunos monumentos con diablo incorporé, que le han dado mucha categoría a nuestro Museo. Pero por si todo esto no fuera suficiente para hacerme feliz, me contó además una historia que por curiosa hoy quiero trasladar al blog.

Se trata de la historia de una calle de Paris que se llama Rue du chat qui pêche (Calle del gato que pesca). 
Estos nombres tan curiosos de algunas calles siempre me han llamado mucho la atención, y en su día escribí una entrada al respecto (¡y me doy cuenta al buscar el enlace lo que ha llovido desde entonces!)
 Me contaba Ángeles que esa calle, próxima a Notre Dame, es bien conocida por ser, según dicen, la más estrecha de París.  Mide poco más de un metro de ancho, y es oscura y larguirucha.
¿Y por qué tiene ese nombre? Pues por  una leyenda, según la cual, vivió en esta calle, en el siglo XV, un mago o alquimista que tenía un gato negro. El gato tenía la habilidad de pescar peces del Sena (que pasa justo al lado). El animal salía por la ventana de la casa, se acercaba al río, daba unos golpes con una pata en la orilla y los peces saltaban a sus garras.
Y como a todo el que contemplaba la escena le parecía demasiado extraña, se empezó a tener miedo a ese gato. Esto provocó que una noche  unos estudiantes atraparan al felino y lo lanzaran al río. Desde entonces, no se volvió a ver al animal, pero tampoco al dueño, lo que hizo extenderse la sospecha de que tal vez el gato y el amo fueran una misma cosa, es decir, el Diablo. 


Y parece ser que en un día de fiesta se vio por allí de nuevo al mago, y al gato también, con lo que el misterio se extendió; y debió ser tan nombrado como para que hoy se conozca la calle por tan peculiar nombre.

Cuando terminé de leer la historia pensé que merecía la pena contarla en el blog por dos motivos: el primero porque me agradan las leyendas y esta tiene mucho encanto, y el segundo se lo hacía saber a Ángeles en mi respuesta a su correo.

"Vaya, Ángeles, que  con esta historia me acabo de dar cuenta de que me has demostrado ¡¡que soy verdaderamente el diablo!!, porque, a ver...  ¿¿cómo es que hay en mi casa un gato negro pescando??
Lo tengo en el pasillo, sentado en una repisa, con su caña y su pez en el anzuelo. ¿No lo ves? ¡Este es el mismo gato de la calle de Paris!,  que irá a donde quiera que yo vaya. Si ayer estábamos en Paris, pues en Paris, si hoy toca Yecla, pues Yecla, y donde quiera que nos toque ir mañana, allá que iremos juntos".

Y aún me resulta más divertido (por no decir extremadamente misterioso) el hecho de que ni mi mujer ni yo sepamos de dónde nos llegó ese gato. (?) 
Ella tiene una gran memoria para recordar los lugares donde adquirimos cada objeto decorativo de nuestra casa, pero de ese gato en concreto, no hay manera. Ni vino del viaje a Mexico, ni de los muchos a Guadalest (los sitios de donde más cosas hemos traído), ni ha sido un regalo de amigos ni nada por el estilo. Hemos preguntado a familiares y nadie recuerda nada. Lleva años con nosotros pero no logramos recordar de dónde ha salido.

Yo ya no le doy más vueltas al asunto. Lo doy por hecho. Es el chat qui pêche.
Ahora, cada vez que cruzo por el pasillo donde se encuentra mi gato pescador, (que ahora luce con la placa de la calle de Paris a sus espaldas) le guiño un ojo y mentalmente le digo: "Sé quién eres, golfo". 

Eso sí, me alejo ligero, que le veo muy capaz de contestarme. 
Gracias de nuevo por la historia, Ángeles.