26 de febrero de 2014

MIS DISCOS MÁS REDONDOS

Llevan más de 30 años conmigo. Han sonado en innumerables ocasiones, girando, girando, dando millones de vueltas, a la par que la vida.
Canciones que me han insuflado ánimos, me han hecho soñar, meditar, dar saltos... sentirme vivo en definitiva.
Son viejos conocidos, discos muy especiales que todavía  resplandecen con luz propia y vuelven a mí de vez en cuando, con su dulce y añejo sabor.

Hoy los hago protagonistas del blog.
1) THE POLICE - SYNCHRONICITY. 1983
Parece que fue ayer mismo cuando escuché el disco entero por vez primera. Recuerdo que solo bajé a la Tierra una vez acabó y me quité los auriculares. Me gusta entero pero, qué duda cabe, es Every breath you take la canción que lo abandera. Habla de unos celos enfermizos, sin embargo  siempre se la ha  considerado una canción de amor.

 2) MECANO - MECANO. 1982
Y pensar que la primera vez que oí hablar de este grupo fue a mi profesor de 8º de EGB... "¿Habéis oído a Mecano? Están muy bien" Este disco fue toda una revolución, un tecno pop fresco que no me cansaba de escuchar. Nadie imaginaba entonces qué lejos llegarían.
Boda En Londres by Mecano on Grooveshark

3) MIKE OLDFIELD -  FIVE MILES OUT. 1982
Este músico, al que siempre he llamado Miguelito Campoviejo, me ha acompañado durante décadas. Me dejo llevar por sus elaborados temas instrumentales y me encantan sus canciones, sobre todo aquellas a las que Maggie Reilly pone voz. Five miles out tiene, además, partes corales que me suben a las nubes.
Five Miles Out by Mike Oldfield on Grooveshark
4) TRACY CHAPMAN -  TRACY CHAPMAN. 1988
Descubrí a esta cantautora norteamericana (al principio creí que era un hombre) con Fast cars. Después me terminó de conquistar con She's got her ticket y supe de inmediato que tenía que conseguir su disco. Una colección  de joyas pop folk que de verdad merecen  la pena.
5) SADE -  DIAMOND LIFE. 1984
Amo a Sade. Su voz, su look, su forma de hacerme transfusiones de soul y jazz en vena. Además me recuerda aquellos buenos ratos con un amigo de la mili que, como yo, se sabía todas sus canciones y las cantábamos a duo. "No need to ask he's a smooth operatooor..."
Hang On To Your Love by Sade on Grooveshark
6) DEPECHE MODE -  Never let me down again. 1987
Un grupo que me dio a conocer mi hermano y que terminó por gustarme tanto que no me lo pensé a la hora de ir a verles en concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona. ¡Pero qué grandes los Depeche! Conservo sus primeros LPs y algún maxisingle con mis temas favoritos. En la foto, una rareza muy llamativa.
7) JOHN BARRY -  PEGGY SUE GOT MARRIED. 1986
Si ha habido un compositor de bandas sonoras grandiosas, ese es sin duda John Barry. Si bien Memorias de África o Bailando con lobos son mucho más famosas, yo me quedo con el lirismo de este disco. Para cerrar los ojos y volar... Peggy Sue se casó.
8) THE HOUSEMARTINS -  NOW THA'TS WHAT I CALL QUITE GOOD. 1988
Este grupo inglés solo editó dos álbumes, y en este doble LP está lo mejor de ambos. Compusieron unos temas indie rock fabulosos. Mis hermanos y yo los nombramos Grupo Oficial de la Cueva del Olmo, porque no faltaron en nuestras excursiones. ¿Quién no recuerda su Caravan of love? O Build.
Build by The Housemartins on Grooveshark
9) FLEETWOOD MAC -  TUSK. 1979
"¡Rápido, hay un incendio! ¡Solo te da tiempo a salvar tres discos!" Pues uno sería Tusk, sin duda, que además es doble y doblemente bueno. Los Fleetwood Mac, inspirados como nunca, grabaron perlas como That's all for everyone, Storms, o Sara. Impecable.
Sara by Fleetwood Mac on Grooveshark
10) GABINETE CALIGARI - CAMINO SORIA. 1987
Lo considero una obra maestra. Me encantan sus letras y la melancolía que desprenden sus temas, exquisitamente grabados. Camino Soria tiene una parte instrumental que me sigue poniendo los pelos de punta como el primer día.
Camino Soria by Gabinete Caligari on Grooveshark
11) PINK FLOYD - A COLLECTION OF GREAT DANCE SONGS. 1981
Escuchar a Pink Floyd con auriculares en una noche de verano sintiendo la brisa en el cuerpo es una de esas experiencias sensoriales que todo el mundo debería probar alguna vez. No digo más. xD
PD. ¿Una colección de canciones para bailar? ¿¿Cómo se baila Pink Floyd??
Shine On You Crazy Diamond by Pink Floyd - www.musicasparabaixar.org on Grooveshark
12) DEPECHE MODE - A BROKEN FRAME. 1982
Cómo disfruté siempre "el disco de la segadora". Reconozco que la música electrónica ochentera se me metió dentro para quedarse definitivamente. Aún me gusta, y eso que ya ha llovido (sobre campos de trigo) Disco mítico con temas 10 como See you, My secret garden o The sun and the rainfall.
13) YAZOO - UPSTAIRS AT ERIC'S. 1982
¿Yazoo? ¡Gloria bendita! Lo que decía antes, sintetizadores y pop electrónico en espirales de locura. Cabria pensar que este tipo de música carece de alma, pero os aseguro que en el caso de Yazoo (solo dos míticos discos en su haber) no fue así. La vocalista, Alison Moyet, es grande entre las grandes y cantó temazos como Only you o Don't go. Y un tema que está entre mis favoritos de todos los tiempos: Midnight,
Midnight by Yazoo on Grooveshark
14) SUPERTRAMP - BREAKFAST IN AMERICA. 1979
Otro mítico grupo británico de rock que a mí siempre me ha puesto las pilas. El buen rollo de este disco es indiscutible, y no le falta ese puntillo melancólico que lo adereza perfectamente . Tiene "cruasanes" tan apetitosos como Take the long way home o Breakfast in América, y una The logical song  plagada de palabras sonoras, rítmicas, tan beautiful , tan magical, tan wonderful.
The Logical Song by Super Tramp on Grooveshark
15) ALPHAVILLE - FOREVER YOUNG. 1984
Otro cofre de monedas de oro. Un disco que subió en todas las listas como la espuma, con un montón de temas enérgicos y pegadizos. Repasando todas esas canciones que me han dejado huella,  escucho Forever young y pienso que estaré ligado a ella para siempre. Es una de esas canciones emblemáticas en mi vida. 

Y aquí lo dejo, aunque si hay algún melómano, curioso y/o devora-longanizas sin miedo, que siga por AQUÍ.

19 de febrero de 2014

CON LA MÚSICA A OTRA PARTE (GETCHA GETCHA GETCHA...)

Supongo que es algo común en aquellos que tenemos un blog, el que nos dejemos llevar por impulsos y emociones a la hora de escribir.
Yo no tenía prevista hoy una entrada sobre música, ni siquiera la guardaba en la recámara , pero ayer subí al trastero y me sentí como Allan Quatermain, adentrándome en las minas del Rey Salomón, maravillándome ante antiguos tesoros olvidados. 
Y mientras admiraba todo aquello, pensaba que tenía que compartirlo con el resto de la Humanidad.

Todo empezó cuando llegué a mi casa y encontré a Aitana cantando. Lleva meses utilizando cualquier objeto con forma de micrófono para sentirse como una estrella del pop. 
Es increíble, cuando se enamora de una canción, sea en inglés o español, se la aprende al dedillo y la canta hasta la saciedad. Y con la coreografía hace lo mismo. 
Así que cuando el mes pasado los Reyes le trajeron un micrófono de verdad, aquello ya fue la locura en verso.

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El día en cuestión la encontré cantando una canción que me sonaba mucho.
- ¿Quién canta eso? -  le pregunté
- Los One Direction.
Supe así que la canción original no podía ser de ese grupo reciente que tanto le gusta.
- No, esa canción es antigua.
- ¡Qué va! ¡Mira! -  y se apresuró a buscarla en el ordenador.

¡Cómo han cambiado las cosas! A su edad la música no me llamaba la atención tanto como a ella, pero años más tarde, cuando casi fundía las cintas del radiocasette, si quería escuchar la canción de moda tenía que esperar a que la pusieran en la radio o, con suerte, los sábados en la tele, en el programa Aplauso. 
Hoy YouTube o Spotify te  ofrecen cualquier tema al instante. ¡Tan fácil! ¡Y la cara que ponen los chavales cuando les dices que antes no existía internet! ¡No lo conciben! (claro, si casi no lo concibo ni yo)

Total, que fue escuchar otra vez el getcha, getcha, getcha...

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...y venirme a la mente aquella rubia de los ochenta...
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- ¡Claro, eso lo cantaba Blondie!
- ¿¿Blondiii??

Es por eso que un par de días después subí al trastero, porque recordé que entre mis vinilos tengo uno de Blondie y me entró mucha curiosidad por saber si contenía ese tema. Y porque además quería enseñar a Aitana dónde escuchaba yo la música entonces.

Y todo fue poner los dedos sobre aquellas vistosas fundas de cartón y revisar sus títulos y dar inmediatamente un salto en el tiempo para pasearme por la música de los ochenta (que, todo hay que decirlo, era más chula que un ocho) Cada vinilo de los que allí guardo lleva consigo un buen montón de recuerdos. 

Recuerdos de aquellos años en los que ahorraba el dinero de "la paga" para ir a Discos Rubio, una tienda de Elda,  pequeñísima, pero forrada de discos de arriba a abajo,  y salir de allí con alguno bajo el brazo, tan contento.  
Los tiempos de ir en autobús a  Alicante, entrar en Discos Merlín y elegir uno o dos, pero volverme loco imaginando todos los que me llevaría a casa. 
Tiempos en los que los amigos nos aprovechábamos de las ofertas de Discoplay, que vendía discos por correo  desde Madrid, para pedir un buen montón. Aquello de recibir la esperada caja, desembalarla, quitarles el precinto y apresurarse a ponerlos en el tocadiscos... ahh, aquello era un ritual mágico que se llevaba a cabo con impaciente emoción.

Y casi sin darme cuenta, vinilo a vinilo, me hice con una buena discoteca, que si hace años ya la apreciaba, hoy la miro como un tesoro. El tesoro de las Minas del Rey Juan Ramón.

Me apetece mucho mostraros los discos más especiales, los más curiosos, los preferidos... 
Pero eso será en la próxima entrada.

Si no me dejo llevar por cualquier otro impulso, claro.

12 de febrero de 2014

COMO DERSU

Aunque no tenga prisa, me suele molestar ver cómo baja la barrera  cuando me falta poco para rebasar el paso a nivel de Villena. Ese tiempo de espera hasta que pasa el tren, siempre me parece tiempo perdido.
Hace unos días, cuando me disponía a enfilar  la carretera hacia Yecla, vi desde lejos cómo descendía esa larga barra pintada a franjas blancas y rojas.

¡Hala, ya me ha pillado el tren otra vez!, gruñí fastidiado.
Detuve el coche, parando el motor como suelo hacer, y me resigné a esperar.

Estuve un rato mirando la señal luminosa,  me llamó la atención el acentuado contraste que hacían las vivas luces intermitentes frente al uniforme manto plomizo del cielo, que no había dejado asomar al sol en todo el día.

Contemplé después el grupo de árboles que hay pocos metros después de las vías, altos y frondosos, y la pequeña casa en ruinas que se encuentra a sus pies. La vegetación la ha acorralado e invadido de tal forma que por una de sus ventanas asoma un vigoroso tronco.

Apenas se veía gente por allí, y la que pasó lo hacía con prisa, con las manos en los bolsillos de los abrigos, resguardándose del frío.

De repente escuché por mi derecha un sonido hueco y cantarín, era un botella de plástico que el viento empujaba  a su capricho. Rodaba y daba saltos  por un ensanche asfaltado a los pies de un edificio. A esa botella se unió pronto la hojarasca acumulada en los rincones. Volaron las hojas en círculo alrededor de la botella, y las más grandes y secas producían chasquidos al rozar con el suelo.
Sopló el viento en un fuerte y prolongado silbido y las copas de los árboles se agitaron enérgicamente. Osciló la barrera y hasta el poste de las señales rojas comenzó a temblar. Arreció el viento hasta convertirse en vendaval  y me sobrecogió escuchar la  metralla de arena que  surgió de golpe y que chocaba contra el coche con furia.

Vi la botella volar más allá de las vías, segundos antes de que pasara el tren, tan rápido que parecía formar parte de la misma potencia de aquel huracán repentino que, al igual que la máquina sobre las vías, tal como llegó, se fue.

Y entonces me oí a mí mismo diciendo:

"El viento es gente muy fuerte".

Así mismo lo habría expresado Dersu Uzala, a quien recordé en aquellos momentos estremecedores.

Dersu Uzala, para quien no haya oído hablar de él, fue un cazador chino que a principios del siglo XX acompañó durante varios años a Vladímir Arséniev  en una expedición  que pretendía cartografiar una parte deshabitada y salvaje de Rusia. Dersu les sirvió como guía y les salvó de morir de hambre y frío en varias ocasiones.

Vladímir escribiría años después su experiencia en un libro, y  en 1975, el cineasta japonés Akira Kurosawa rodaría la historia en los mismos escenarios naturales que recorrieron Vladímir y Dersu. 
Recomiendo vivamente tanto el libro como la película. Esta última me parece tan hermosa y relajante, que a veces el cuerpo me pide disfrutarla de nuevo.

- Capitán - dice Dersu Uzala mientras contemplan un atardecer- , el sol es gente muy importante. Si el sol muere, todos mueren.
El capitán le escucha siempre con atención. Dersu se gira para señalar a la luna, y dice: La luna también es importante.


En la siguiente escena ya es de noche. Acampados cerca de un río,  todos están reunidos alrededor de un fuego. Se escucha el crepitar de las ramas al quemarse.

- El fuego es gente - dice Dersu con calma - ¡y grita!
Uno de los presentes empieza a reír
- Si te hiciéramos caso, veríamos gente por todas partes.
Haciendo caso omiso, Dersu se vuelve:
- Mirad el agua, también es gente.
- Sí, ¡gente mojada!- dice el de antes, que consigue hacer reír a todos. A todos menos al capitán, que sigue escuchando a Dersu con suma atención.
- Así que el fuego es gente, ¿eh, Dersu? - le dice otro en tono de burla.
- Sí, el fuego es gente fuerte. El fuego se enfada. En la taiga ardió muchos días, y cuando se enfada da miedo. El agua también da miedo. Y el viento cuando se enfada. El fuego, el agua y el viento son gente muy fuerte.

Vladímir, el capitán, no tarda mucho en comprender el espíritu noble y sencillo de Dersu, que durante gran parte de su vida anduvo en íntimo contacto con la Naturaleza, a la que observaba, escuchaba, amaba y respetaba, llegando a conocerla tan bien, que supo sobrevivir en las situaciones más adversas. La historia de esa amistad y admiración mutuas es digna de verse.

La barrera se levantó, puse en marcha el motor y proseguí el camino a casa. 

Se tornó más opaco el cielo, y en ningún punto se adivinaba la luz del sol, que ya estaría a punto de ocultarse. El viento seguía aullando y formando grandes remolinos de polvo sobre los campos, remolinos que en ocasiones cruzaban la carretera, llevando consigo arena, hojas y pequeñas ramas que golpeaban en el parabrisas.

Sí - pensé- el viento es gente muy fuerte. Si está contento se llama brisa, y te besa y acaricia. Pero cuando se enfada es muy violento y es capaz de empujar y golpearte.
E imaginé a Dersu Uzala diciendo:
El viento está enfadado. La Madre Naturaleza le ha pedido que diga a los hombres que la atiendan y la escuchen, pues se siente maltratada.

Aquellos minutos junto a la vía y el viaje posterior me parecieron entonces una experiencia inolvidable. Sentí junto a mí la fuerza de la Naturaleza, su viva presencia, su voz , su indiscutible importancia e interacción con todos los seres vivos,  y quedé pensando en  cuánto bien nos haría a toda la humanidad observarla, amarla y respetarla siempre.

Estando ya en la cama, escuché el sonido de la lluvia que empezó a caer de forma torrencial, como un aplauso líquido en el silencio de la noche.

La lluvia es gente, me dije. 
Y  pensando en que escribiría sobre Dersu, me dormí.

6 de febrero de 2014

EL MEJOR LUGAR PARA DORMIR

Estoy leyendo un libro en el que el protagonista se retira a vivir temporalmente a una cabaña en plena montaña, a un lugar de difícil acceso. Unicamente la abandona cuando necesita ir a la ciudad, una vez al mes,  para hacer acopio de provisiones, lo que lleva a cabo con celeridad para  regresar pronto a su encierro voluntario.

Hay algo en estos aislamientos literarios que me atrae poderosamente, sobre todo si las condiciones meteorológicas son adversas, e imagino al individuo ante la chimenea, oyendo el crepitar del fuego,  el silbido del viento, la lluvia sobre los cristales y el crujir de la madera. ¿Puede existir escenario más placentero a los sentidos?

Esta recreación mental del hombre en soledad me recordó a ciertas conversaciones que en ocasiones tengo con mi amigo Juan Luis, en las que tratamos de imaginar  el contexto más confortable a la hora de dormir. Una vez propuesto el entorno, lo mejoramos con detalles que lo hagan perfecto para tal fin. Así, la opción de la cabaña en la montaña fue la primera en surgir.

- Una cabaña no muy grande, pero bien hecha;  de troncos muy gruesos y  buen aislamiento.
- Por supuesto, y leña suficiente para pasar todo el invierno.
- Y la despensa a tope, ¿no?
- Hombre, claro, comida y bebida de todo tipo.
- Y que afuera esté nevando.
- Sí, y con mucha ventisca; mucho, mucho frío en el exterior. Y un oso hambriento merodeando por fuera.
- ¿Lo del oso es necesario?
- ¡Claro, no va a entrar! La puerta está bien atrancada, pero saber que hay un oso afuera te hace sentir más a gusto dentro.
- Pues tienes razón, ¡que haya un oso grande merodeando!
- La cama no muy lejos de la chimenea.
- Y con una buena manta, ¿no?
- ¿Buena solo? Una manta de esas que solo mirarla te calienta.
- ¡Uff, es perfecto!
- Yo dormiría a pierna suelta, te lo aseguro.

Desde aquella primera opción de la cabaña han ido surgiendo algunas más. Como la del buque rompehielos...

- Imagínate, un barco enorme atravesando helados mares del norte,  50 grados bajo cero, y tú en un camarote cómodo y caliente.
- ¡Qué gozada! , y el barco deslizándose y rompiendo el hielo, ¿no?
- Sí, y en mitad de un silencio absoluto te va llegando desde lejos el crujido al abrirse paso... craack.... craaack...
- ¡Mmm, qué sueño da pensarlo! Y asomarte a veces por alguna ventana y ver una llanura blanca infinita.
- ¡Exacto!
- Pero oye, ¿quién dirige el barco? Hay alguien más, ¿no?
- Noo, vas tú solo, pero no tienes que preocuparte de nada. El barco está programado para llegar a algún lugar.
- ¿Qué tal es la manta de la cama? (a la manta le damos un papel primordial siempre)
- ¿La manta? Gruesa, suave y supercaliente.
- Bien, bien... ¡me gusta!

Las siguientes opciones, pese a sus componentes placenteros, no han logrado el visto bueno por ambas partes.

- ¿En un submarino? Un poco claustrofóbico, ¿no?
- No, un submarino amplio y moderno.
- No sé, no sé...
- Sí, hombre, y se oye el sónar,  y  voces en una radio lejana. Voces en ruso, que dan más sueño.
- Psse, no le termino de encontrar la calidez, demasiado hierro.
- Pero hay luces rojas cálidas.
- Eso le da ambiente de  puticlub.
- Pues yo lo veo perfecto para dormir.
- Recuerda que hay que estar solo.
- Ya, ya, si digo solo.
- No me convence.

Ante la escena de la  barca de vapor atravesando el Amazonas me niego en rotundo.

- ¡Anda ya! ¿Por el  Amazonas?
- No me digas que no es una pasada. En una hamaca cómoda, con mucha bebida refrescante.
- ¿Y si encallas, o si encuentras rápidos, o si caes por alguna cascada?
- No, tú imagina que pasas por túneles de vegetación, por sombras y aguas muy tranquilas. Y se oyen monos, y loros... ¡qué siestorra, no me digas que no!
- No me da seguridad; yo estaría inquieto. Podrías pasar por alguna tribu salvaje y que asalten el barco y te degüellen.
- Puedes ir armado.
- ¿Y la manta? Ahí la manta sobra, y yo quiero una manta.
- Por las noches refresca.
- ¡Descartado!

Estaba también la opción del galeón atravesando el Cabo de Hornos en una tormenta. A favor teníamos el placer de estar en un camarote bien aislado, cómodo y seco, y el oír desde la cama cómo se estrellan las olas sobre la cubierta, pero, claro, el balanceo del barco... uff, complicado eso de  conciliar el sueño con ganas de vomitar.

El interés por seguir tanteando otros escenarios nos llevó incluso a un bunker en plena guerra mundial.
Un buen escondite bajo tierra: provisiones, buenos libros, un quinqué, cómoda cama, buena manta, el sonido adormecedor de aviones y bombas en la lejanía...

Cuando comuniqué a Juan Luis  que escribiría en el blog sobre nuestros lugares perfectos para dormir, lo primero que me dijo fue:  “¿Vas a incluir lo del bunker? ¡No lo van a entender, te van a tomar por loco!”
Yo espero que no, solo hay que dejarse llevar por la imaginación y disfrutar.

La propuesta que jamás olvidaremos es la que se atrevió a plantear mi hermano Fran.

- ¿La cuestión está en que sea un sitio extraño pero que se duerma cómodo y bien?
- Eso es.
- Pues tiene su punto meterse en una cueva en la que esté hibernando una osa y abrazarte a ella.
- ¿?¿?¿?
- ¿Una osa? ¿En femenino?
- Sí, mejor que un oso, ¿no? Seguro que son más blandas y están más calientes.
- Pero Fran, ¡¡no da ninguna tranquilidad dormir con una osa!!
- Si no se va a despertar, ¡está hibernando!
- ¡Pero echa peste!
- ¿Quién lo dice?
- ¡Una osa en una cueva echa peste seguro!
- ¡Qué va, es una osa limpia y seca!
- Pero aunque esté dormida, ¡se da la vuelta y te aplasta!
- Pues a mi me parece que abrazado a una osa se dormiría de cine.
- ¡¡Ni de coña!!
- ¡¡Descartado!!

Ahora no me puedo despedir sin preguntar qué lugar os ha parecido más atractivo. ¿Alguna otra opción imaginaria donde dormir como un tronco? (No olvidéis nombrar cómo es la manta, por favor)