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22 de enero de 2016

CABRERA

Era yo un joven estudiante cuando oí hablar por primera vez de Guillermo Cabrera Infante, y recuerdo que toda mi atención se disparó hacia el profesor que, de repente y sin venir a cuento, nombraba a alguien de mi familia. No era solo que fuera Cabrera como yo, es que además era Guillermo, como mi tío (el hermano mayor de mi padre) y como mi bisabuelo, del que me habían contado algunas cosas. ¡Tenía que ser de mi familia a la fuerza!

Sin embargo descubrí que el tal Guillermo citado por el profesor era un escritor cubano al que probablemente no nos unía ningún parentesco. Digo probablemente porque también recuerdo que cada vez que en televisión aparecía algún rótulo superpuesto con el nombre de algún Cabrera participando en un concurso, o un ciudadano Cabrera que contestaba a alguna encuesta por la calle, o un Cabrera que se convertía en noticia por el motivo que fuere, mi padre siempre decía: “¡Mirad, un Cabrera! ¡Quién sabe si será familia nuestra!”

Mi bisabuelo Guillermo Cabrera Navarro fue notario, algo que nunca se me ha olvidado por las muchas veces que mi abuelo Juan nos decía a los nietos: “¡Estudiad mucho, que me haría mucha ilusión que alguno llegara a notario como mi padre!” 

También añadía que era esa una carrera dificilísima, consiguiendo así que todos miráramos y admiráramos al hombre de la foto que había en su despacho, y al mismo tiempo descartáramos secretamente semejante reto si suponía estudiar tanto.

El padre de Guillermo, Juan José Cabrera de la Cuesta, (es decir, mi tatarabuelo) fue profesor, y, según cuentan, muy inteligente. Cuando su hijo terminó la carrera de Derecho, tanto él como Purificación, mi tatarabuela,desearon que empezara a ejercerla cuanto antes, pero resultó que Guillermo aspiraba a algo más y dijo a sus padres que quería presentarse a las oposiciones de Notaría.
Para participar en aquella oposición había que pagar una considerable cantidad de dinero, por lo que su padre no estaba muy de acuerdo, pero no queriendo que fuera esa la excusa y teniendo constancia de que lo más importante en aquel examen era el conocimiento del Código Civil, se sentó frente a su hijo y le dijo:
 —¡Vamos a ver qué tal vas en este tema!

Y abriendo el libro por una página al azar, le preguntó los artículos de la misma. Después saltó a otra, luego a otra... Después de 15 ó 20 intentos comprobó que contestaba con exactitud a todos ellos. Cerró el libro y le dijo:
—Preséntate, hijo. Tienes mi apoyo.

Siendo ya Notario sacó además, por puro capricho, la carrera de Registrador de la propiedad y la de Juez.
Admirable, ¿no es cierto?
Durante el transcurso de su vida tuvo, y esto sí que es imposible de olvidar, ¡21 hijos! (de dos mujeres) Me cuesta imaginar algo así, pero supongo que si fue capaz de recordar todos los artículos del Código Civil, se acordaría del nombre de todos sus hijos, digo yo.

Curiosamente no llegué a conocer a ninguno de los hermanos de mi abuelo porque cada cual partió para diversos lugares de la geografía, y eso es lo que me ha hecho pensar tantas veces, al escuchar que alguien se apellida como yo, si será descendiente de alguno de aquellos otros 20 hijos de mi bisabuelo.
También me parece curioso no haber coincidido con más Cabreras durante mis años de escolar, ni en el Instituto, ni en la mili. En la Universidad solo conocí a un Cabrera de segundo apellido; era de origen valenciano.

A lo largo de los años, mi hermano Fran ha tenido (y sigue teniendo) diversas pasiones que ha explotado al máximo, disfrutándolas siempre con locura. Una de ellas fue crear el árbol genealógico de nuestra familia, intentando llegar al antepasado más lejano posible.

Por la parte materna llegó a ramas altísimas que nunca imaginó alcanzar, y fue gracias a que consiguió acceder a archivos parroquiales de Petrel y localidades cercanas.
Por el lado paterno, en cambio, la cosa fue más complicada puesto que para seguir investigando debía desplazarse a poblaciones como Vélez Rubio o Caniles de Baza y aún no ha tenido oportunidad de hacerlo.
Así que seguimos a la espera de comprobar lo que en mi familia siempre se ha comentado como algo posible: ser descendientes de Ramón Cabrera Griñó, que pudo ser el abuelo de Juan José Cabrera de la Cuesta.

Ramón Cabrera Griñó, conocido como El Tigre del Maestrazgo, fue un general de las tropas carlistas (el militar que más resistió), que adquirió los títulos de Conde de Morella y Marqués del Ter, y que acabó sus días exiliado en el Reino Unido.
Fran estuvo en el cementerio de Londres donde se supone descansan sus restos, pero lógicamente le resultó imposible localizar su tumba entre tantas otras.

Nos contaba mi padre, que llegó a leer su biografía, que en las guerras carlistas, como no lograban vencerle, secuestraron a su madre con el propósito de que se rindiera. Como no fue así, la fusilaron. El Tigre del Maestrazgo se vengaría con una sanguinaria batalla en la que acabó empalando a los que la ejecutaron.

Pero volviendo a cosas más recientes, y haciendo memoria de anécdotas personales relacionadas con mi apellido, me viene a la cabeza la clase de octavo, con Don Antonio, que en la hora de Geografía iba preguntando al azar las provincias españolas. Eran los tiempos de Castilla la Nueva y Castilla la Vieja (y contando esto me siento un poco Juan el Viejo) Don Antonio preguntaba a unos y a otros por unas comunidades u otras pero cuando me llegaba el turno, siempre, repito, siempre, me decía:

—Cabrera... ¡Baleares!

Y yo empezaba: “Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera...
Y la clase estaba ya expectante para oírme decir:
—...y Cabrera.
Y empezaban a reír y aplaudir.

Y algo que me resulta entrañable recordar, que todavía no he contado en el blog y merece una entrada aparte, es que mi padre construyó en los años 80 una maravillosa cabaña de madera que quedó enclavada a los pies de una bella montaña en la localidad de Sax (Alicante). Cuando digo una cabaña no me refiero a un refugio para que jugaran los niños, no, quiero decir una hermosa vivienda de madera.
Nadie, (yo creo que ni él mismo) hubiera imaginado que sería capaz de construir algo así sin tener conocimientos de construcción.
En una de las ocasiones en que fuimos toda la familia a pasar el fin de semana en la cabaña, algún operario del Ayuntamiento había pasado por allí para clavar en la puerta una chapa metálica que decía: Cabrera, 11.

—¡Anda, qué chulo, has puesto aquí nuestro apellido! —le dije a mi padre.
—No —me contestó—, eso es la dirección. ¿Es que no os había dicho cómo se llama esta sierra?
—No, ¿cómo se llama?
—Esta es la Sierra Cabrera.
Y yo me sentí orgulloso de nuestra cabaña, de “nuestra” sierra, de mi padre y, cómo no, de mi apellido.

Nota 1: Aunque mi abuelo no llegó a verlo, uno de sus nietos, mi primo Francisco Cabrera siguió la misma trayectoria de brillantes estudios del bisabuelo Guillermo, y hoy es Juez.
Nota 2: Por casualidades de la vida, Saúl, el hijo de mi hermano Fran, se apellida Cabrera Navarro, como su trastatarabuelo.

Datos sacados de internet:

En España se estima que hay 31.169 personas que comparten el apellido Cabrera. Es el 124° apellido más común en España.

Como topónimos destacan los lugares de Cabrera en Madrid, Gozón (Oviedo), Montreal (Tarragona), Pelegrina (Guadalajara), Las Veguillas (Salamanca) y La Vega de Almanza (León).
Topónimos de Cabreras se pueden encontrar en el Castillo de Locubin (Jaén), Vélez Rubio (Almería), Villena (Alicante) y Cabreras Altas en Málaga.

Personajes con apellido Cabrera:

Vicente Cabrera: Impresor del siglo XVII. Fue nombrado librero de Valencia.
Ferrán Cabrera y Cantó: Pintor de Alcoy.
Ramón Cabrera Griñó: Militar carlista, nacido en Tortosa.
María Dolores Cabrera y Heredia de Miranda: Escritora.
Joan Batista Cabrera Ibarz: Primer obispo de la Iglesia Episcopal Española.
Ángel Cabrera Latorre: Zoólogo de Madrid.
JuanRa Cabrera Rodríguez: Diablo (o algo así)

10 de enero de 2016

ALGO MÁS QUE SIMPLES PAPELES

Recientemente le daba la razón a un amigo que, como yo, se sorprende cada vez que hace limpieza de cajones. Coincidíamos en que hay cosas de las que eres incapaz de desprenderte por mucho tiempo que pase y por absurdas que puedan llegar a ser, pero también ocurre que otras que han sobrevivido año tras año gracias a la nostalgia que nos despertaban, llega un momento en que las vuelves a ver y te preguntas: Pero ¿¡cómo guardo aún esta bobada!? 
Y la tiras a la basura sin pizca de remordimiento.

Hoy quiero hacer un repaso a unos papeles que tienen mucho valor sentimental para mí, y consciente de que jamás me desharé de ellos, decidí guardarlos en un álbum de recuerdos. 

Os los presento en orden cronológico:

1975
Esta lámina pertenece al libro de la Comunión, libro que con los años quedó completamente destartalado, y solo quise conservar esta página en la que escribí mis propósitos: que Jesús me haga bueno y que me lleve por buenos caminos. Ser obediente, nunca más pecar y no pegar a mis hermanos. ¡Quién me ha visto y quién me ve!  ¡Ni rastro del diablo que estaba por venir! 
 
1977
Entradas de la primera vez que asistí a los cines Gloria e Ideal de Elda, un auténtico acontecimiento para mí entonces. En aquellos cines vería muchas películas mientras iba creciendo. Hoy son recuerdos nebulosos, dado los muchos años que hace que desaparecieron, como tantos otros cines: el Aguado, el Coliseo, el Cervantes...

1978
"A mi queridísimo nieto Juan, ahí van mil pesetas más por tu cumpleaños. Las mil pesetas de antes eran por tus brillantes exámenes. Con todo mi cariño. Tu abuelo  Juan"

Esta nota de mi abuelo vale muchísimo más que aquellas dos mil pesetas que recibí. Un año después me regaló un casete de ABBA que daría lugar a mi gran afición por el grupo sueco.

1979
 Aún conservo aquel regalo, por supuesto. Es un reloj de bolsillo plateado, con bonitos adornos en relieve. Me sentía un dandi con aquel reloj que no correspondía a mi edad en absoluto, pero que a mi me encantaba sacar del bolsillo para abrir su tapa y mirar la hora. Hoy no lo uso, pero es uno de mis tesoros de juventud.

1980
Fue en octavo de EGB cuando un día aterrizó en mi pupitre un papel doblado que venía desde algún lugar a mis espaldas. Recuerdo que, tras leerlo,  tanto mi compañero José Ramón como yo estuvimos dilucidando de quién podía ser. ¿Quién era la enamorada?
 Una mirada burlona de María Luisa, la más guasona de la clase, me desveló el misterio. 
Es increíble que aún conserve esta nota. 

1981
La primera vez que un billete de 200 pesetas vino a parar a mis manos lo guardé para no gastarlo. Y aún sigue aquí, nuevecito, reluciente, sin una sola arruga. Quién nos iba a decir entonces que la peseta nos diría adiós un día. 

1982
 "Aquí tienes tres singles. Solo los he usado una vez, así que están perfectos. Espero que te guste al menos uno de ellos. Pásalo bien y cuídate. Carita"

Una nota de mi amiga sueca, de la que ya hablé en el blog, y con la que no solo intercambié cartas, sino discos y  pequeñas sorpresas de todo tipo. 
1983


Billete de autobús de Albacete a Ayna. En cuanto teníamos ocasión, mi hermano, unos amigos y yo marchábamos ilusionados a reunirnos con las mejores amigas del mundo (y nunca mejor dicho eso "del mundo", pues por Ayna pasa el río Mundo) Entonces no podía yo sospechar que allí se rodaría Amanece, que no es poco y que décadas después me convertiría en un apasionado amanecista. 
Tampoco imaginaba yo en aquellos mis 16 años que 33 años después organizaríamos un reencuentro con aquellas queridas amigas de la adolescencia que está por realizarse.

1986
Uno de los permisos durante la mili en Madrid. Intenso año aquel en el que conocí a gente de todos los puntos cardinales,  di clases de inglés a un sargento, hice un intensivo curso de armero y recibí la triste noticia del fallecimiento de mi abuelo Conrado, el que tantos cuentos me contaba.

1989
"Juan: Tu cena está en el microondas. Utiliza el paño. Mrs Catt"

Nota de la "mamá inglesa" que me acogió en mi mes de estancia en Saltdean, Inglaterra.
Dada su avanzada edad entonces, supongo que aquella cariñosa mujer debió fallecer hace muchos años. Tener esta simple nota con su letra me llega a emocionar.

De ella, y de aquel viaje escribí una entrada a la que tengo un especial cariño: Postales desde Saltdean

Nada más por hoy. 


Voy a abrir la ventana a ver si se sale esta nostalgia que ha quedado flotando en el aire.

20 de enero de 2015

OPOSICIONES A JARDINERO

Hubo unos años, a finales de los ochenta y primeros noventa, en los que mi madre y yo nos apuntábamos a todas las oposiciones que por nuestra zona se convocaban, (a todas a las que con nuestro nivel académico podíamos aspirar, claro)

Mi madre tenía la corazonada de que yo era capaz de superar alguna de aquellas pruebas y conseguir así un puesto de trabajo en propiedad, pero recuerdo que cuando miraba aquellos temarios se me caía el alma a los pies, y al leerlos me resultaban tremendamente complejos y, lo que era peor, enormemente aburridos.

¡La manía que llegué a cogerle a la Constitución y al Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana! El Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas... es que me parecía que había más paja de la necesaria (y me lo sigue pareciendo)

Cuando se acercaba la fecha del examen, intentaba convencer a mi madre de que era absurdo presentarme porque no iba preparado, pero ella me insistía en que era muy importante asistir.

“Ten en cuenta, me animaba, que muchos no se presentarán porque piensan como tú, y que otros muchos irán menos preparados. En el peor de los casos te servirá de experiencia. ¡No tienes nada que perder!”

Y como a alguna de aquellas convocatorias nos presentamos juntos y ella iba tan decidida, nunca quise ser menos y no falté a ninguna.
Y no fueron pocas.

Recuerdo haberme presentado para celador de hospital, auxiliar de biblioteca, auxiliar de banca, ordenanza... ¡Incluso para policía local! Por cierto, que me sigue pareciendo inconcebible que aprobara las pruebas físicas para policía. Se me hizo un mundo aquella maratón de pruebas, pero con muchísimo empeño (y uno, que era joven) logré superarla. Claro que el temblor de cuerpo y la cara roja como un tomate me duraron horas. Recuerdo que al acabar no tenía fuerzas ni para quitarme la ropa en el vestuario.

Pero ahí quedó la cosa, porque después no se me dio bien la prueba escrita.

Anécdotas de aquellos tiempos de opositores tenemos muchas, como la vez en que por culpa de mi atrofiado sentido de la orientación nos perdimos volviendo de Murcia y di un rodeo tan grande que casi triplico la distancia. Mi madre no sabía si reír o llorar y al final decidimos que era mejor contemplar el paisaje muertos de risa.

Pero si he querido escribir hoy sobre aquellos tiempos es porque hace unos días pasé por Monforte del Cid y me acordé de la vez en que me presenté allí a una oposición para una plaza de jardinero. Sí, de jardinero, y me hace mucha gracia pensar hoy en ello.

Monforte del Cid es un pequeño municipio de unos 7000 habitantes, a 16 kms de Petrel (donde entonces yo vivía) conocido sobre todo por tener una de las zonas de producción de uva de mesa más importantes de Europa.

Uno de los requisitos de aquella oposición era tener conocimientos de inglés oral y escrito, algo que me chocó mucho y que fue objeto de chistes por parte de mi amigo Juan Luis, a quien sigo la corriente en cualquier tipo de conversación.

—Claro, hombre —me decía—, supón que a la reina de Inglaterra le diera por visitar Monforte del Cid y preguntara cómo se hacen los esquejes con los geranios. Tendrás que estar a la altura para contestarle, ¿no?
—Bueno, la verdad es que visto así... Pero a lo mejor piden inglés porque tal vez las plantas de Monforte sean de origen inglés, y como dicen que si hablas a las plantas crecen mejor...
—Ahí está la cosa, no puedes hablarles en español, ¡no te entenderían!
—A lo mejor les van bien las obras de Shakespeare...
—¡Totalmente! Seguro que con el To be or not to be, los rosales crecen que da gloria verlos.

Llegó el día del examen y cuando me presenté en el ayuntamiento, descubrí con gran sorpresa que no había más gente esperando a hacer las pruebas. ¡Estaba yo solo! Por unos instantes me pasó por la cabeza que por mal que me salieran las cosas no tendrían más remedio que concederme la plaza. ¿Acaso la dejarían desierta para quedarse sin jardinero? ¡Tenía que ser mía! Secretamente, empecé a ilusionarme.

Entonces ocurrió algo extraño, y es que me pidieron que esperara un poco porque faltaban no se qué papeles. Unos minutos después entró un chaval con el rostro azorado por haber llegado corriendo. Pensé que sería el que traía lo que faltaba pero... ¡resultó ser otro opositor!
Recuerdo que ese rival imprevisto me fastidió enormemente y lo miré con cara de pocos amigos.

El examen estaba dividido en dos partes. En la primera había una serie de operaciones matemáticas, alguna de trigonometría y unas pruebas de ortografía. Estaba claro que para ser jardinero en Monforte no valía cualquiera.
Aquella primera prueba la superamos ambos.
La segunda consistía, si mal no recuerdo, en preguntas sobre la provincia de Alicante, la consabida prueba de inglés y un test sobre el temario específico.

Terminé con la impresión de haberlo hecho bastante bien, pero minutos después, cuando en el tablón de anuncios colocaron el resultado final, la nota del que llegó corriendo, aunque por muy poco, superaba a la mía y, por lo tanto, él se llevó la plaza.

Lo cortés no está reñido con lo valiente, y pasados los primeros segundos de desilusión, di la enhorabuena al aprobado. Pero fue al descubrir que era de allí, de Monforte, cuando me marché con la impresión de que habían barrido para casa.

Es curioso que me presentara a aquel examen sin creerme del todo lo que estaba haciendo, sin verme como posible jardinero, que lo hiciera por cumplir con el trámite y sin mucha fe, y que sin embargo la decepción por no conseguirlo me durara más que en otras ocasiones. Sin duda me llegué a ver mucho más cerca de lograrlo que nunca.

Muchos años después, al volver a pasar por Monforte del Cid, sonreía pensando qué hubiera sido de mi vida de haber conseguido aquella plaza. ¿Seguiría desempeñando hoy la labor de jardinero? ¿Estaría contento con mi trabajo? ¿Y qué uso habría hecho del inglés? ¿Saludaría a los gladiolos con un Good morning, my friends? A lo mejor, después de podar los setos, hubiera encontrado un hueco para tomar el té con las petunias y leerles el Daily Mirror.

Bromas aparte y disgusto olvidado, tengo que reconocer que lo mejor que hice en aquellos tiempos fue hacer caso a mi madre.
Tras alguna de aquellas oposiciones no aprobadas, entramos a formar parte de una bolsa de trabajo que sirvió para que un día nos llamaran para firmar un contrato. A ella para trabajar en el servicio de plancha del Hospital de Elda, donde estuvo varios años, y a mí como conserje en un instituto de secundaria de Elche donde trabajé siete años. Siempre he dicho que aquellos fueron los siete años más felices de mi vida laboral, sobre los que me gustaría mucho escribir algún día.

La experiencia por años trabajados sí que me sirvió después para sumar puntos y aprobar finalmente un concurso oposición que me dio la tranquilidad de un trabajo estable.

Y es justo reconocer que todo se lo debo a mi madre. “¡Tú preséntate, no tienes nada que perder!”

Gracias, mamá, por tu insistencia y tu fe en mí siempre.

10 de abril de 2014

DIARIO DE ADOLESCENCIA

Hubo un tiempo, primero en la niñez y después en la adolescencia, en que me gustaba escribir diarios. 

Compraba libretas de poco grosor y las iba llenando con todo lo que me acontecía. 
Aquellas libretas fueron dando tumbos de un lugar a otro y muy fácilmente podrían haberse perdido, como se perdieron muchos de los tebeos que guardaba en el trastero del campo, simplemente porque con el papel de sus páginas hacían sus nidos los ratones. (Malditos roedores, que se comieron a Carpanta, a Anacleto y a tantos otros) 

Por fortuna no se cebaron con las libretas del colegio, ni con los diarios, y hace unos años las rescaté todas de aquel lugar  para guardarlas con mimo en mi casa, con la intención de echarles un vistazo algún día. 

Sabía que tenía esa veintena de libretas esperando su momento, pero nunca antes me dio por abrirlas, hasta que recientemente leí cuatro de ellas. 
Tengo que admitir que no imaginaba que viviría una experiencia tan especial.  

La más antigua es de 1975. A mis nueve años ya escribía sobre mi familia, mis aficiones o los programas que me gustaba ver en la tele (pegando algún cromo alusivo o haciendo algún dibujo a modo de explicación)  
Es curioso que a pesar de que escribiera solo para mí, en ocasiones me dirigía a los posibles lectores... ¡tratándoles de Ustedes! (Lo educadito que era de niño..., quién habría dicho entonces que me tornaría en un despreciable diablo).
 
Esto me volvió a recordar  lo que ya conté una vez por aquí, que yo ya tenía blogs cuando aún no existían, y que en mi interior anhelaba que hubiera gente a la que dirigir mis creaciones.

Pero donde realmente disfruté fue con la lectura de las otras tres libretas, correspondientes a cinco meses del año 1981.

Tenía entonces 14 años y acababa de entrar en el Instituto, un cambio importante y plagado de novedades a todos los niveles. Si bien hay demasiados datos poco trascendentales en los que me limité a contar qué asignaturas teníamos cada día y qué es lo que estudiábamos, que me hicieron la lectura algo monótona, fui encontrando por aquí y por allá curiosas anécdotas y entrañables recuerdos que tenía prácticamente olvidados. 
El hecho de que fuera el JuanRa de los 14 años el que viniera desde el pasado a refrescármelos, con tanta candidez, con aquella despreocupación de la juventud, pero también con las inquietudes e inseguridades de entonces, me emocionaron vivamente. Además describí de vez en cuando escenas con mis abuelos, que entonces aún vivían, y con nuestro querido perro Tranquilo, convirtiendo aquellos breves episodios  en preciosos instantes .

No me resisto a compartir algunos pasajes de ese diario con Ustedes, los maravillosos lectores que por fin aparecieron en mi vida.

(Copio tal cual escribí entonces)

24 febrero 1981

Hoy todo el país ha estado atento a las noticias. Ayer en el congreso de los diputados se preparaba la elección del nuevo presidente de UCD, (ya que Adolfo Suárez dimitió de su cargo) cuando sobre las 4,30 de la tarde se oyeron voces de la guardia civil que entraba en el salón mandando a todos los políticos (hombres y mujeres que allí se encontraban) que se arrojaran al suelo. Después se oyeron disparos al techo, lo que hizo que la mayoría de las personas se tumbaran en el suelo llenos de espanto e intriga.
La guardia civil decia que no pasaría nada, solo que cumplieran sus órdenes y que el ejército estaba con ellos, cosa que no era verdad.
En efecto se ha intentado un fuerte golpe de estado.
Esta mañana los políticos seguian retenidos, solo habían dejado marcharse a las mujeres.
Al entrar en mi clase, la mayoría de compañeros se habían traído radios de bolsillo para enterarse de como marchaba todo. Nadie bajó al recreo y en la radio solo se oía música militar. Algunos profesores no han venido, otros han dado la clase con normalidad. Con Sagrario, de Historia, hemos hecho el examen de África política y no se me ha dado mal.

(Me reí mucho con eso del "fuerte" golpe de estado, ¿habrá golpes de estado suaves? Fue una casualidad enorme el que leyera esto el mismo día en que se anunció el fallecimiento de Suárez)

27 febrero 1981 

Hoy, cuando mi madre llevaba al colegio a mis hermanos y al Instituto a mí, el coche se ha calado. Tomás y yo nos hemos bajado para empujar y cuando por fin ha arrancado, lo que faltaba para el duro, Tranquilo ha llegado corriendo para seguirnos. 
Por más que le gritábamos que volviera a casa no ha obedecido. Mi madre estaba furiosa porque al llegar a la ciudad el perro seguía detrás y no quería correr para perderlo pero se nos estaba haciendo muy tarde.
Al llegar al Instituto y apearme, Tranquilo ha debido pensar que le iba a zurrar y no se le ha ocurrido otra cosa que meterse debajo del coche. Mi madre estaba negra.
Todos hemos llegado tarde. El conserje me ha echado la  bronca y por poco no me deja entrar.

(El día acababa con una posdata: ¡Ah, mi madre ha perdonado a Tranquilo!)

5 marzo 1981

Anoche hubo un temblor de tierra que se notó en toda Elda y Petrel. En el campo no notamos nada, pero hoy los compañeros contaban cómo se movieron algunos muebles, temblaron las ventanas y hasta se balancearon las lámparas.
Después he oído en el informativo Aitana que el terremoto fue de escala cuatro y pico y que se notó en toda Alicante y hasta en Valencia.

(Me llamó mucho la atención ver escrito el nombre de Aitana. Entonces había un informativo regional llamado así, pues la antena que sirve de señal de emisión a la Comunidad Valenciana está situada en la Sierra de Aitana. Ni por asomo habría imaginado yo entonces que 26 años después tendría una hija a la que pondríamos ese nombre)

6 marzo 1981

Jamás me hubiera imaginado lo que me ha contado hoy mi madre sobre Hortensia, mi profesora de Ciencias Naturales.  Me ha dicho que hace ya muchos años, pasó por la entrada del cine Cervantes de Petrel y vio expuestos unos fichajes con fotos de la película que se iba a proyectar. Le parecieron inmorales y toda decidida y sin mediar palabra con nadie, entró, cogió esas fotos y las rompió en mil pedazos mientras gritaba "¡Basura, basura!" Aquello la metió en un buen lio y estuvo en juicio y todo. A mí me cae bien, pero hay que reconocer que cuando se pone de mala leche da miedo.

(Donde dice fichajes quise decir afiches)

10 marzo de 1981

Elia se ha dado de baja para dar a luz, así que hoy ha llegado nuevo profesor de inglés. Se llama Albert. Entre que no ha dicho ni una palabra en español y que tiene pinta de extranjero nos hemos quedado de piedra al decirnos que era de Madrid. Presiento que me va a caer bien. No permite fumar en clase, lo que me parece estupendo y nos ha dicho que un día a la semana nos pondrá música. ¡Genial!

(Aquí quedé muy sorprendido al leer eso de  “no permite fumar en clase”. ¿Los jóvenes de 14 o 15 fumaban  entonces? Haciendo memoria recordé que sí, que algunos repetidores de 16 años se encendían sus cigarrillos en clase con total libertad. Como decía aquella zarzuela: Los tiempos cambian que es una barbaridad)

12 marzo 1981

Incidente a primera hora en clase de inglés cuando Albert estaba explicando la lección. Cartagena estaba más pesado que nunca y Albert, que está resultando nerviosillo, en un movimiento rápido le ha soltado un tortazo fuerte al mismo tiempo que le decía: ¡Para ya!
Nos hemos quedado todos de piedra porque el tortazo ha sonado fuerte fuerte. Inmediatamente después, Albert le ha pedido disculpas, diciéndole que lo ha hecho sin pensar y que se le ha escapado la mano. Se ha sentido tan mal que hasta le ha pedido que le devolviese el tortazo, y le ponía la cara y todo, pero Cartagena no ha querido. Ha sido un momento desagradable.

30 marzo 1981

Dicen en las noticias que Ronald Reagan ha sufrido un grave atentado. Al parecer ha recibido un balazo en un riñón, disparado por un chico de 25 años al que no debía caerle bien el nuevo presidente. Se ha armado un buen revuelo.

(Mirando en internet leo que la bala le atravesó un pulmón, no un riñón. Ese mismo día mi madre cumplía 40 años)

9 abril 1981

Hoy no nos dejaban entrar al Instituto porque ha habido un aviso de bomba. Paparruchas, como siempre. A la media hora entrábamos después de comprobar que era una falsa alarma, pero muchos han aprovechado para largarse a casa.

Nueva ocurrencia de Belda (este era el payaso de la clase, un mal estudiante pero divertido como ninguno y que nos caía bien a todos. Se le ocurrían mil disparates y sabía convencernos para que los lleváramos a cabo)
Nos ha dicho que gastemos una broma a Carmen (la profesora de Lengua, que solía hacernos callar con un CHIIIST muy sonoro) Ha pedido que estemos atentos y cuando Carmen diga CHIIIST respondamos todos con un BOOOM.
Y así ha ocurrido. Después de explicar la lección y ponernos a hacer unos ejercicios, la clase se ha alborotado un poco y cuando la profesora ha dicho CHIIIST todos a la vez hemos dicho BOOOOM con fuerza. ¡La cara que se le ha quedado a Carmen! ¿Vosotros sois tontos o qué os pasa?, nos ha dicho.
Cuando la clase ha acabado y Carmen se marchaba, Belda le ha dicho: ¿Pero a que nos quiere muchísimo? Ella ha respondido: ¿Yo? ¡Con toda mi alma!

(Recuerdo que yo miraba a esta profesora con cierta fascinación por el hecho de saber que había sido amiga de juventud de mi padre. Creo que algo más que amiga por lo que deduje de sus palabras)  

15 mayo 1981

Todo el día estudiando Naturales debajo del pino. Por la tarde han venido Jose Enrique y su amigo Franchesco, que no se podían creer que siendo fiesta  tuviera un examen a las 6 de la tarde (Hortensia nos había puesto un examen en plenas fiestas de Moros y Cristianos de Petrel. Lo había hecho a propósito, como castigo al mal comportamiento general de la clase) 
Franchesco se cabreaba solo de pensarlo y me decía que a él le hacen ir en fiestas y no va ni habiendo examen.
A las 6 me presento en el Instituto, que estaba solitario del todo. De lejos se oían los cohetes de las fiestas ¡Qué rabia!
Poco a poco han ido apareciendo compañeros de clase hasta ser unos 20, no más. Un profesor ha entrado en clase para preguntar qué hacíamos allí si hoy no había clase. Cuando se lo hemos dicho ha respondido que eso no podía ser, porque Hortensia no había venido. Hemos esperado hasta 20 minutos y la Hortensita sin venir. Al final nos hemos ido a casa echando humo. ¡Pero qué cara tiene esta mujer! ¡Menuda faena! ¡Esta no se la perdono!

23 mayo 1981

La cabaña que hicimos con mi primo Conra ya está acabada y estamos orgullosos de cómo ha quedado. Es muy cómoda, con colchoneta  que ocupa todo el suelo. No entra el agua si llueve y tiene puerta con cerrojo y velas para alumbrarla.
Lo tenemos todo preparado para dormir esta noche allí. Los padres de Conra le dejan. Hemos comprado coca colas y fantas, y pipas y mi madre nos ha hecho unos bocadillos y nos ha comprado una toña. Tenemos radiocassette para oír música, mantas y una botella de colonia para matar la olor a pies cuando nos quitemos los zapatos. Lo mejor es que Tranquilo se queda tumbado fuera cuando entramos, así nos hará de vigilante.

(Lo que me reí con eso de la colonia “para matar la olor a pies” jajaja) 

Bueno, no quiero alargar esto mucho más. Hay muchas referencias a la frustración que sentía en clases de matemáticas, mi fascinación por una tal Rosa y mi amor platónico hacia Elia, la profe de inglés. Las divertidas gamberradas de Belda, que merecen otro post algún día, los paseos en nuestro burro, las muchas atenciones de nuestra madre cuando caíamos enfermos… 

Termino con una frase escrita el 9 de mayo, antes de irme a la cama que dice:

Estoy seguro de que dentro de unos años recordaré con nostalgia este año de mi vida.

Efectivamente, Juanito de los 14, así fue. Muchos años después, el JuanRa de los 47 te leyó y no sabes lo que me emocionaste. 
Lo que entonces no imaginabas es que, en el futuro, aquello que contabas con tanto esmero lo leería mucha más gente. 

Pero no sé por qué pienso que sí intuías que algo así ocurriría.



10 de diciembre de 2013

UNA SUECA LLAMADA CARITA NORDIN

En 1982, el año del sonriente y rechoncho Naranjito de los Mundiales made in Spain, empecé a escribirme en inglés con una sueca. 

Al decir esto me he imaginado al actor José Luis López Vázquez exclamando con ojos desorbitados "¡Una sueca, una sueca au-tén-ti-ca!", pero, seré sincero, mi elección no se debió al legendario cliché del español bebiendo los vientos por una nórdica (o al menos no del todo),  mis motivos fueron más pragmáticos. 

Como ya he contado, por aquel entonces, todo lo que tuviera que ver  con el grupo sueco ABBA me volvía loco, y pensé que nadie como una compatriota del cuarteto  para conseguir toda la información del mundo al respecto.

Se llamaba Carita Nordin y era de Sörberge, una población costera del municipio de Timrå. Nuestra correspondencia duró tres años y aún conservo la veintena de cartas y  postales que de ella recibí.

La primera carta está fechada el 25 de mayo de 1982, cuando yo iba a cumplir los 16 años y ella acababa de estrenar los 15. 
En aquella carta  me contaba que estaba encantada de escribirse con un español, pues  en breve tenía previsto estudiar nuestro idioma. Era muy aficionada a los deportes en general y en sus gustos personales  escribió "pop music, reading, dancing and travelling", pero sobre todo "jazzballett", que nunca supe qué era  aquello exactamente.
Lo que más me llamó la atención es que tenía una caligrafía exquisita, perfecta, que alabé en múltiples ocasiones.

En la segunda carta mi atención se desvió a la foto que enviaba. Tengo que admitir que se me cayó la baba al verla: Carita era una chica de melena rubia, ojos verdes y una sonrisa Profident que dejaba ver una dentadura blanquísima. Me faltó tiempo para presumir de pen friend ante los amigos.

De ABBA sabía más bien poco, lo que demuestra una vez más que nadie es profeta en su tierra. Ella prefería a Duran Duran, Culture Club o Kim Wilde, pero con el tiempo, sin duda influenciada por mí, llegó a interesarse mucho por el grupo y me consiguió cosas muy interesantes.

Con cada carta nos íbamos superando, y las sorpresas fueron siempre en aumento: postales de nuestras ciudades, recortes de periódicos, fotos de nuestros cantantes favoritos, billetes (yo le envíe uno de cien pesetas y ella uno de diez coronas), dibujos, chistes... Ella se esmeraba mucho en decorar los sobres, rotulando y coloreando las letras, e incluso diseñándolos de forma muy original.


Antes de despedirse, añadía siempre palabras  en sueco y su traducción al inglés, y yo hacía lo mismo con frases en español; de esa forma aprendíamos expresiones que después utilizábamos al escribirnos. 

Así, pronto empezó con "Hola, Juan, ¿cómo estás?" y yo le decía "Hej, Carita, hur mår du?"

Empezó a estudiar español en el instituto y aproveché para enviarle un par de singles de canciones muy de moda: No controles, de Olé Olé y La noche no es para mí, del grupo Video, añadiéndole las letras en español e inglés. 
La verdad es que me gustaría comprobar cómo lo hice, porque no recuerdo nada, pero aquello de No controles  mi forma de vestir porque es total, hoy me parece eso: totally total! 
Ella me lo agradeció enviando  un single de ABBA no editado en España que, claro está,  me hizo flipar en colores.


Ha sido muy curioso (y nostálgico)  revisar todas sus cartas para rememorar aquel tiempo y escribir hoy acerca de aquella amistad por correspondencia. 

He vuelto a ver las fotos de su perro Ray y su gato Gullet, sus notas en el instituto, el recorte de un periódico cuando fue seleccionada para Miss de su ciudad, y he sonreído al leer que en 1984 viajaba a España y me avisaba que estaría en Marbella unos días, por si podía ir a verla. Demasiado joven entonces como para aventurarme a algo así por mi cuenta, lo descarté enseguida, excusándome de la mejor manera posible, aunque recuerdo que durante mucho tiempo soñé despierto con aquella posibilidad que no se realizó.

En 1985 se trasladó a vivir a Norrköping, desde donde me escribiría dos cartas más. La última está fechada el 16 de junio de 1985.

La última carta que le escribí me fue devuelta; Carita Nordin ya no vivía en esa dirección.  Lo intenté otra vez remitiendo nueva carta a su antigua dirección, pero nada, ya no volví a saber de ella nunca más. 

Me he preguntado muchas veces qué sería de Carita y por qué ya no volvió a dar señales de vida.

Y el motivo por el que he querido escribir sobre ella hoy, es, además de guardar en este blog otro recuerdo más de mi vida, que quede ahora la posibilidad de que alguien (o ella misma, tal vez) encuentre su nombre, sus fotos, su letra, flotando por la red y que exista la oportunidad de ponerse en contacto conmigo. 
Han pasado 30 años, pero sería  maravilloso volver a reencontrarnos después de tanto tiempo.

Quién sabe, la vida da tantas vueltas...

Min vän Carita, vär ar du?