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30 de septiembre de 2022

GEOGRAFÍA: DEL ROMANCE A LA PASIÓN.

Si entro en la máquina del tiempo que tengo en la azotea, puedo verme en clase de Geografía con  don Antonio, cuando estudiaba 8º de EGB. 

Por aquel entonces no era una asignatura que me gustara especialmente. Me aburría bastante tener que memorizar los afluentes del Duero o del Ebro que, además de ser demasiados, tenía uno que recordar los que llegaban por la derecha y los de la izquierda. ¡Toma ya!  Y además estaban las cordilleras, los ríos, los cabos, los  golfos... ¡parecían no querer acabarse nunca! 

Reconozco, sin embargo, que la cosa cambiaba si había un mapa de por medio. Las cosas vistas sobre un mapa tenían un atractivo mucho mayor. 

Los mapas me han fascinado desde siempre, sobre todo aquellos con mucho colorido en los que se diferencian bien los países, o las provincias o las cordilleras... 

Con la geografía me ha pasado como con las lentejas, que de niño las miraba con cara de pocos amigos y ahora me parecen una delicia para los sentidos. 

En los últimos años he ido descubriendo una motivación especial ante el estudio de datos geográficos de todos los países del mundo. 

La cosa empezó con un reto que me autoimpuse en unas vacaciones de verano: aprenderme  las capitales de todas las naciones. Dado que la cosa resultó más peliaguda de lo que imaginaba, se me ocurrió hacer tarjetas con el nombre del país por un lado y la capital por otro. Más tarde lo perfeccioné utilizando cinco colores de cartulina distintos, para diferenciar los continentes. Conservo esas tarjetas dentro de una bonita caja que diseñé para guardarlas.  

Una vez conseguido el reto con suma satisfacción, se me ocurrió que sería digno de elogio reconocer las banderas de los 195 países del mundo, y ni corto ni perezoso volví a hacer fichas para ir repasando una y otra vez. 

Lo mejor de todo este aprendizaje es que conseguí contagiar el entusiasmo a mis hijos, y a base de juegos diversos logré que reconocieran banderas  (en esto es muy bueno Samuel) y memorizaran capitales (Aitana ya se las sabe todas).

Y una vez metido en esta ilusionante dinámica, me entró la fiebre por crear un juego de mesa. 



  Tenía sus dados, fichas para hacer el recorrido y banderines de colores según los logros obtenidos. Servía en principio para repasar capitales, banderas y situar todos los países en el mapa. Después fui añadiendo los más altos montes y los ríos más largos del mundo. 

Al ser el tablero de un tamaño poco manejable (tiene tres paneles) no me resultaba cómodo para estudiar, así que confeccioné otro de una sola pieza que también sirvió de juego.


  Como decía, mi afición por la Geografía ha ido en aumento y se ha desbordado como se desborda un río tras una tormenta descomunal. Diría que me estoy convirtiendo en un friki del dato geográfico. Y a las pruebas me remito.

Tras las capitales, las banderas y las localizaciones, ¿qué me resultaba atractivo de aprender? Pues la silueta de todos los países. Otras 195 fichas para familiarizarme con sus contornos.


Y aunque parezca mentira, este reto me ha fascinado. Es complicado porque hay muchos relieves parecidos pero a base de una observación exhaustiva y de intentarlo una y mil veces he logrado que me pongan a prueba y salir airoso de cada desafío.

Por supuesto, todas las fichas tienen su propia caja porque además de la geografía me gustan las manualidades. ¡Y el orden!


Si además de hallar sumamente agradable el estudio de la geografía (¡ay, si Don Antonio pudiera verme hoy...!) me encuentro en una papelería libretas con un diseño tan atractivo...


... no me queda más remedio que llenar sus páginas con las fichas de todos los países en orden alfabético.

Todas las semanas hago un par de fichas anotando la población, la superficie, el nombre del punto más alto, el idioma oficial, el gentilicio, la moneda... 

Por si esto  fuera poco añado el nombre de algunas de las ciudades más importantes, los nombres de personajes históricos/famosos allí nacidos, el título de alguna película que en tal país se rodara y unas cuantas curiosidades de toda índole.


En estos días estoy estudiando las 114 islas más importantes del mundo. Además de todas las que son países insulares como Islandia o Madagascar y todas aquellas tan conocidas como las Islas Malvinas o las Galápagos, las menos conocidas, como las islas ABC (Aruba, Bonaire y Curazao) en el Caribe, que pertenecen a Países Bajos, o las islas Andamán y Nicobar, de La India.


Y todavía sigo con ganas de aprender muchos otros datos y tengo en mente un par de divertidas ideas para compartir con familiares y amigos. 

Aunque a la hora de la verdad sólo Aitana me sigue de verdad en esta locura, los demás suelen escurrir el bulto porque saben lo pesadito que se puede poner el JuanRa con ese rollo de la Geografía.

Pero ¡cómo lo disfruto! De un modo que nunca hubiera imaginado hace años.


4 de mayo de 2021

GEOGRAFÍA DE LA IMAGINACIÓN

 Con qué claridad vemos siempre una bota cada vez que miramos el mapa de Italia, ¿verdad?  


No puede estar mejor definida, con su puntera cuadrada y ese tacón tan estiloso. ¡Hasta la cremallera sobresale por la parte posterior!

Además es una bota que parece estar a punto de soltar un buen puntapié a esa roca silícea que es Sicilia. Para ello, el mapa de Europa, tan aglutinado en general, parece haberse retraído con tal de dejarle espacio para ese chute, y hasta Grecia ha barrido todas sus islas hacia oriente, para que no estorben.

Diría que la idea es hacer una parábola sobre Córcega y Cerdeña y que Sicilia encaje en el Golfo de León.

Si esto ocurriera, todo el mundo gritaría “GOL”, especialmente Angola y Mongolia, que son más futboleras de lo que parece.

Yo me he puesto a observar el mapamundi más detenidamente y he descubierto que además de esa bota hay también en Europa dos zapatos; uno  en Luxemburgo y otro en Serbia.


No sabría decir si son zapatos o zuecos o mocasines, lo que sí tengo claro es que están bastante maltrechos, como si los hubiese mordisqueado algún perro.

Y la verdad es que me entretuve en buscar a ese can, pero no he conseguido dar con él, aunque sospecho que Canadá y la Ciudad del Vaticano podrían saber algo al respecto.

Lo que sí tengo claro es que el dueño de ese perro tan juguetón es un golfillo con gorra de ferroviario que vive en Alemania y se llama Germán.


Puede que Germán no tenga perro, pero es evidente que tiene una gallina, esa gallina tan andariega y tan emplumada que hay en Eslovenia y que es conocida como la gallina Liubliana.
Ya conocerán ustedes aquella canción que dice:

Pobre gallina Liubliana,

en un corral tan ameno

y no hay un gallo esloveno

que la despierte mañana.

No sé si esta gallina es consciente de que hay un par de depredadores por el mundo que podrían darle caza para un festín.

Porque yo veo un majestuoso león en Montenegro.



El viento de los Balcanes le ha peinado su melena hacia el cogote, y él posa con su perfil derecho, porque sabe que le favorece.

Algo más lejos del corral, nada menos que en Bolivia, hay un águila que la observa allende los mares.



Cuando la oye cacarear, el águila Olivia de Bolivia levanta la cresta en un ramillete de plumas de guerra.

¿Y nadie se ha percatado de que hay un buitre manso y pacífico a orillas del Mar Báltico? 



No se le ven muchas ganas de atacar, pero sin duda espera a dar buen uso de ese pico carroñero.

Que Germán es un poco desastre con sus juguetes lo demuestra el hecho de ver flotando en el Mar Caribe su bate de beisbol y su pelota. ¡Dichoso crío que no guarda nada!



Me resulta curioso que el país de San Cristóbal y Nieves tenga como capital a Baseterre, siendo el beisbol un deporte en el que es fundamental alcanzar cada base de tierra. ¿Nos están dando señales y no queremos verlas?

Por cierto, cómo suspira Italia por una isla como Nieves, tan redondita ella, en vez del mazacote triangular que le tocó en suerte.

Todavía he encontrado otros países que juegan a disfrazarse, (porque no hay nación sin imaginación) pero prefiero no arriesgarme a que alguno de ustedes empiece a cuestionar  mi salud mental.

Me quedo aquí, pues, a esperar esa inminente patada de la bota de Italia.

…

…

Parece que tarda.

…

…

¿Alguien me prepara unas palomitas?


27 de enero de 2021

DE YECLA A YECLA A VELOCIDAD SUPERSÓNICA

Vengo con una idea. 

Se me ocurrió trazar una línea recta sobre un mapamundi, una línea que lo atravesara horizontalmente de un extremo al otro, pasando exactamente por la ciudad de Yecla. De ese modo podría estudiar qué lugares de la Tierra se hallan en el mismo paralelo. 
Interesante, ¿verdad?

Les invito a hacer un viaje alrededor del mundo partiendo desde mi hogar  y volando hacia el este para volver al mismo punto por el oeste. 
¿Se apuntan?

Para ello es necesario un vuelo supersónico que aconsejo hacer con capa roja, al estilo supermanesco, para que sea más eficaz, y unas gafas que cubran bien los ojos, para evitar choques con mosquitos.

Ya no me entretengo más, sígame todo el que quiera.

Cuando alcanzo una altura aproximada de 7.000 metros aprieto los puños y salgo disparado hacia oriente para sobrevolar el Alto Vinalopó, donde distingo Villena. Sin apenas darme cuenta ya estoy saliendo al mar Mediterráneo, porque qué le voy a hacer si yo.... 
Creo que he pasado exactamente entre Altea y Benidorm. 
Inmensidad inabarcable a la vista,  con destellos azules y verde esmeralda. Y pensar que por estas aguas navegaron egipcios, fenicios, griegos, romanos…

Cerdeña ante mis ojos, planeo sobre su zona sur y de inmediato atravieso Calabria, la punta del zapato de ITALIA. Una franja de mar muy azul, el Adriático, me da paso al Peloponeso, provincia de GRECIA. Si me desviara un poco al sur sobrevolaría el Partenón.

Ya estoy viendo el mar Egeo, salpicado de centenares de islas, las Cícladas.
He llegado a ver despegar un minúsculo avión desde la isla de Mykonos. Yo vuelo mucho más alto.

Se acaba el mar y me adentro en la vasta TURQUÍA. Durante este recorrido longitudinal puedo ver multitud de ciudades: Denizli, Burdur, Isparta, Konya...  y una gran cantidad de lagos por todas partes. 
En estos momentos estoy pasando sobre Batman, y no me refiero al superhéroe sino a una ciudad turca. No es broma.
 
El brillo del lago Urmia es la señal de que ya estoy sobre IRÁN.  Poco más allá está Rasht, ciudad al borde del Mar Caspio, que no es un mar en realidad, sino el lago más grande del mundo.

Irán se queda pronto atrás para dar paso a TURKMENISTÁN, UZBEKISTÁN y TAYIKISTÁN,  esos países tan, tan, tan… ex soviéticos.

Y de repente… ¡Zas! ¡CHINA! La mítica China que recorrió  Marco Polo. Ahora sí empiezo a sentirme en la verdadera Asia. 

Habremos de apretar bien los puños (levantar el izquierdo es opcional) para aumentar la velocidad y atravesar el país más poblado de nuestro planeta. Pasaremos sobre Xingyang, Nei Mongol y el mismo Pekín, la enorme ciudad milenaria. Qué maravilla de valles y de montañas, la mayoría nevadas.

Me encuentro de golpe con un nuevo mar, el Amarillo (que es tan azul como los demás)  para casi acto seguido pasar entre las dos COREAS, la del Norte y la del Sur. Curioso que estas dos naciones, pese a ser hermanas siamesas, no se parezcan en nada en absoluto. ¡Si ni siquiera se hablan!

¡Oh, visión fascinante! Allá abajo está JAPÓN, rodeado del mar que lleva su nombre. Y qué pronto lo he dejado atrás tras pasar Niigata, en la costa oeste y Fukushima, de aciago recuerdo, en el este. Por un momento me he sentido como un piloto de la Segunda Guerra Mundial.

No más tierra a la vista. Empieza un viaje de más de 8.000 kilómetros sobre el Océano Pacífico. Creo que podría emborracharme de la belleza de esta inmensidad azul. 
Atravieso simultaneas bolsas de aire frío y caliente y en la distancia, entre amenazantes  cúmulos negros como rabiosos gigantes que surgieran del mar, veo un espectacular juego de luces blancas. 

Siento una gran alegría al ver surgir América ante mí. Puedo imaginar mejor que nunca lo que vivieron Colón y toda la tripulación de las carabelas.
Hago una entrada triunfal sobre las tierras de California, justamente sobre la ciudad de San Francisco.
Es el momento de atravesar todo ESTADOS UNIDOS en el orden inverso al que hicieron los colonos del siglo XIX, soñando con la conquista del Oeste. 

Prepárense para ver Nevada, Utah, Colorado, (dejando más al sur su capital, Denver) Nebraska, Iowa… Grandes praderas, desiertos, ciudades más o menos populosas y ríos que parecen no querer acabar nunca, especialmente el Mississippi. 
Sobrevuelo la ciudad de Chicago, en el estado de Illinois, al borde del lago Míchigan y paso por la frontera de otros tres estados: Míchigan al norte e Indiana y Ohio al sur. 
Ya en plena costa este me encuentro con Pensilvania y vuelve a aparecer el mar. Casi en la orilla, Trenton, capital de Nueva Jersey. Si me hubiera desviado unos 100 kms al norte habría sobrevolado la ciudad de los rascacielos.

El Océano Atlántico me da la bienvenida. Al otro lado me está esperando Europa, pero quedan todavía 3.416 km. hasta volver a ver tierra.
Por algún lugar bajo esta descomunal masa de agua está hundido el mítico Titanic desde 1912.

Descendamos a sobrevolar su superficie a toda velocidad, sintiendo el vapor de agua en el rostro y el gusto salado que deja en las fosas nasales . 
Eh, ¿¿qué ha sido eso?? ¡Me ha parecido ver una botella de cristal! ¿Llevaría algún mensaje dentro? Al menos era de cristal. No quiero ver plásticos. ¡Ni uno!

¡Ah, miren, aquellas islas de allá son las Azores! Voy a colocarme bien para entrar justo por la nariz de PORTUGAL, más o menos a la altura de la bella Lisboa.

Ya estoy de nuevo en ESPAÑA, en la provincia de Badajoz. Atravieso Ciudad Real, pasando por Puertollano (me acuerdo de Don Quijote y de Sancho) y sobrevuelo la Sierra del Segura para entrar nuevamente en el norte de la provincia de Murcia y llegar a Yecla.
¡Hogar, dulce hogar!

Toda una experiencia, ¿verdad? 
Señoras, señores,  espero que hayan disfrutado de esta vuelta al mundo en 8 minutos.
Con su permiso voy a meter los puños en agua caliente porque no puedo abrir las manos.



1 de agosto de 2018

OTRO VERANO DE PAÍSES, CAPITALES Y BANDERAS

Está visto que cada verano me da una ventolera (de componente sur-suroeste) que me trastorna.

Quizás recordéis que me propuse aprenderme las capitales de todos los países del mundo, y que, por contagio inevitable en el entorno familiar, también fue para Aitana un reto a conseguir.

Pues bien, este año la cosa ha ido mucho más allá.
Continuando con mi pasión por la geografía,  me apeteció de repente un desafío morrocotudo, una proeza que fuera complicada de lograr pero no imposible:

Reconocer cada bandera de los 196 países del mundo, saber señalarlos en un mapa en blanco y decir, además, su capital. (Sí, hay que ser muy loco o muy entusiasta para pretender algo así)

Ni corto ni perezoso, busqué en Internet todas las banderas y una vez imprimidas las plastifiqué.
El resultado tuvo un inmediato atractivo para mis hijos, que jugaron a comprobar cuántas conocían.

 Descubrí con sorpresa que Samuel era capaz de reconocer muchos países.

—¡Ah, mira,  esta es la bandera de Gabón!
—¡Anda! Me has dejado de piedra ¿Cómo lo sabes?
—Porque cuando juego en la Play al FIFA me sale que Aubameyang es de allí.
"Bueno, me dije, también aporta cultura saber mucho de fútbol".
 
 Entonces aproveché la ocasión para idear un juego.

Pensé que podía dividir las banderas por continentes y juntarlas con las cartulinas de colores que había confeccionado el año pasado, tal y como conté AQUÍ. 

Después utilicé un par de dados para "vestirlos" con otras caras. Un lado azul para Europa, un lado verde para América, marrón para África, amarillo para Asia y en color crema para Oceanía. Solo una cara del dado se quedaba en blanco: esa era la opción de elegir continente.

En el otro dado cubrí dos caras con la palabra "PAÍS", dos con la palabra "CAPITAL" y dos con "MAPA".
Las instrucciones eran sencillas. Se lanzaban los dos dados y se respondía según lo conseguido. Con AZUL y "PAÍS", por ejemplo, había que reconocer una bandera de Europa,  si el color era el marrón y la palabra "MAPA", tocaba señalar en el mapamundi un país africano extraído al azar de las cartulinas marrones. Y si aparecía CAPITAL y el color crema, por ejemplo, decir la capital de un país de Oceanía.

El que antes consiguiera un número preestablecido de banderas y tarjetas, era el ganador del juego. 
Hoy puedo decir, muy orgulloso, que bastaron muy pocos días para que mis hijos y mi sobrina Carlota, en constante competición, aprendieran una barbaridad.

Pero como mi locura suele crecer como la marea y las ganas de seguir jugando están en constante ebullición, no me conformé con esto y amplié las opciones para un segundo juego de mesa más divertido.

Busqué un tablero sobre el que volver a pegar todas las banderas en un tamaño más reducido y las distribuí aleatoriamente, como casillas, formando un recorrido que fui señalando con flechas. 
Este es el resultado, una vez plastificado todo:

 
Sin duda lo más divertido fue la ayuda de los pequeños y sus ingeniosas aportaciones.

 —¿Qué bandera ponemos la primera? —pregunté.
—¡La de España! —exclamaron sin dudarlo. Y me pareció bien. En otras cosas puede que no, pero en mi juego España es la Number One.
—He pensado —les dije—  que podía haber  una casilla en la que si caes te quiten un banderín.
—¡Ah! —exclamó Carlota—pues que sea Ecuador, porque como su capital es Quito... si caigo, yo te quito.
—¡Pero qué gran idea! —aplaudí entusiasmado— Y lo vamos a hacer más interesante: si caes en Ecuador con número impar, te quita un banderín cada jugador, pero si caes con número par, tú les quitas uno a cada uno.
—Yo creo que la meta debería ser la bandera de Ghana —dijo Samuel con mucho tino—.  Seguro que gana el que llega a Ghana.
—¡Me encanta! —le dije— ¿Y ponemos alguna otra casilla maldita?
—En Palaos te podrían dar un palo —dijo Aitana.
—¡Gran idea! —acepté— Hago una señal en Palaos. El que caiga aquí ha de responder una pregunta. Si no la acierta pierde la mitad de lo ganado.

También decidimos que  como solo existen dos banderas iguales en el mundo, que son las de Chad y Rumanía, aquel a quien el dado hiciera caer en Chad avanzaría diciendo: 

"De Chad a Rumanía y tiro porque la suerte es mía".

Convencido de que llegaría un momento en que los conocimientos sobre geografía política estarían superados, dibujé en el mapamundi los principales ríos del mundo, los mayores lagos y las montañas más altas de cada continente, y elaboré además un centenar de tarjetas con preguntas de geografía física de toda índole.

Y en fin,  a día de hoy  me atrevo a decir, sin miedo a equivocarme, que mis tres conejillos de Indias están bien preparados para competir con el más pintado. Que lo mismo te dicen de corrido todas las Antillas, como señalan  sin problema las islas de Oceanía  o te dicen con guasa que Laos está al laos de Vietnam.

No me canso de premiarlos.
 

3 de diciembre de 2016

DE SOMALILANDIAS Y TAYIKISTANES


A lo largo de mi vida he intentado en varias ocasiones aprenderme las capitales de todos los países del mundo. 

Esto podrá parecer a algunos una tarea aburrida o poco útil, pero para mí siempre ha sido un reto de lo más entretenido y placentero.

He de decir que a pesar de tanta intentona, en ninguna ocasión lo logré.

Es verdad que aprendía sin problema las capitales europeas y después las de América (aunque se resistieran los nombres de tantas islas de las Antillas), pero después pasaba a Asia y todo se complicaba (Asia no se deja dominar tan fácilmente)
Lograba  aumentar el pequeño porcentaje de las ya conocidas, sí,  pero tarde o temprano las nuevas se me olvidaban. 

A África le sacaba poco partido. Poco no, poquísimo. ¿Cómo puede uno memorizar palabras como Nuakchot? ¿No os parece un nombre esquimal más que africano? ¡O Yamusukro! ¿Yamusukro no es una populosa ciudad de Japón?
Lilongüe, Bujumbura, Uagadugú... de verdad que acababa negro (nunca mejor dicho)

Oceanía quedaba para el final; es decir, llegaba a ella tarde, mal y nunca. Excepto con Australia y Nueva Zelanda,  las islas gordas, mi cabeza no daba para más.

Pero, ¡ah, amigos! que todo esto pasó a la Historia y hoy  puedo subirme a la mesa y gritar alto y claro, ¡¡que por fin he conseguido aprenderme  las capitales de los 194 países del mundo!! (Dejo unos segundos para que aplaudan)

¿Que cómo lo he logrado? Pues además de con altas dosis de cabezonería, se me ocurrió crear un juego de mesa.
Busqué en internet un mapamundi en blanco y lo imprimí en gran tamaño. Después compré cartulinas y recorté tantas tarjetas como países. Cada continente de un color: Europa en azul, África en marrón, Asia en amarillo, América en verde y un tono crema para Oceanía. 
Por un lado de la tarjeta escribí el nombre del país y por el otro su capital.

Y chinchetas.

Solo podía clavar una chincheta en el país elegido al azar si además de localizarlo correctamente en el mapa, sabía decir su capital. Si no era así, la tarjeta pasaba al final del bloque.

Y así, jugando a solas, o en familia cuando se ofrecían a algún duelo, llegó el ansiado momento de la dominación mundial. ¡Muahahaha!

Una de las cosas que más útiles me han resultado para memorizar las capitales que se resistían, ha sido estudiar un poco más de cerca esos países en concreto y luego hacer una asociación de ideas.
Os pongo unos ejemplos: UGANDA.

Uganda es un pequeño país africano situado junto al lago Victoria, un lago que es más grande que muchos países del mundo. He hecho cuentas y en el lago Victoria cabría toda Bosnia y Herzegovina, Jamaica, Luxemburgo, Hong Kong y las islas Mauricio. ¡Y aún sobrarían unos pocos kilómetros cuadrados!  ¿No es increíble?
La capital de Uganda es KAMPALA. Y no se me olvida porque sería una maravilla hacer una aKAMPADA  junto a ese lago. ¿Muy rebuscado? Puede, pero me funciona.

Otro ejemplo: BAREIN.
Barein es un país muy muy pequeño en la península arábiga (harían falta 91 Bareins  para cubrir el lago Victoria) Sin embargo, pese a su tamaño, tiene importantes reservas de petróleo y gas natural por lo que se puede considerar un país rico, sin problemas  de subsistencia.  Como si les cayera del cielo el MANÁ, vamos. O eso es lo que yo pienso al ver que su capital es MANAMA. Ya no se me olvida.

Otro de Asia: LAOS. Laos es un país que está al LAO de VIETNAM. Tan pegados están que la capital de Laos parece haber hecho una simbiosis de su país vecino y se llama VIENTIÁN.

FIYI, un país insular de Oceanía, tiene el nombre tan corto que como no SUBA un poco en número de letras, va a desaparecer. Esperemos que SUVA (como su capital)

MOZAMBIQUE es uno de los países africanos que tiene frontera con Sudáfrica. Sabiendo que Sudáfrica es el país más rico del continente, no es de extrañar que Mozambique exclame, “¡Eh, ME APUNTO a vuestra economía!”  Y de ahí su capital: MAPUTO.

No bastaba, como hacía yo siempre, con intentar retener los nombres sin más, era necesaria una asociación de ideas, y cuanto más estrambóticas y graciosas sean, mayor será el éxito para recordarlas.

Así, SAMOA, en Oceanía, me recuerda a SAMUEL. Cada vez que oigo Samoa me imagino a Samuel comiendo apio, como su capital: APIA.


O CAMBOYA, que al ver su nombre no puedo evitar hacer una rima grosera. Y es que casi parece que quieran NOMbrar un PENe. Y es por eso que a su capital la llamaron NOM PEN.

Y así con muchos ejemplos más, a cuál más absurdo pero eficaz.



Antes de despedirme os dejos los enlaces a algunos juegos que verdaderamente ayudan a aumentar los conocimientos de geografía. Yo lo he pasado pipa con ellos.

JUEGOS-GEOGRÁFICOS.COM

TOPOROPA

JUEGOS GEOGRÁFICOS

 Ah, no os perdáis este divertido tema de la serie Animaniacs. Se nota que tiene más de 20 años porque nombra paises que han cambiado de nombre como Dahomey (hoy Benin) o Zaire (actual República Democrática del Congo) Y es curioso oir Checoslovaquia o Yugoslavia. Pero aún más chocante es que a Rumania la llamen Transilvania. 

No sería mal reto aprenderse la canción, ¿no? 😆😆😆


23 de noviembre de 2016

ZAMPÁNDONOS EL MUNDO

Hay en Internet una serie de juegos que han despertado mi vieja afición por conocer todos los países del mundo y sus capitales. Y he de decir que me maravilla cómo en unas pocas semanas mis conocimientos sobre geografía (y los de mi hija) han aumentado... cómo diría yo... ¡¡Mogollón!!

Todo empezó con un reto a Aitana: el que llegara a señalar todas las comunidades autónomas de España.
No le costó mucho lograrlo, a pesar de que al principio solo sabía dónde estaban Murcia, Madrid y las Islas Canarias.

Contenta ella y satisfecho yo, el reto creció a que fuera capaz de señalar en el mapa las 50 provincias y las dos ciudades autónomas.
¡Y también lo consiguió!
Lo que más le costó fue recordar las del interior, las de las dos Castillas; también se confundía con Álava y Ávila pero terminó memorizándolas todas.
Y lo hizo casi sin darse cuenta, de la mejor manera que pueden aprenderse las cosas: jugando.

—A ver, Aitana —le digo en ocasiones ante un mapa en blanco—, ¿dónde está Asturias? Y la señala a la primera.
Otras veces tiene que repasar la zona.
—¿Granada?
Y comienza a señalar de izquierda a derecha. “Esto era Huelva, aquí Sevilla, Cádiz, Málaga... ¡aquí!”

Pensé que era suficiente con que supiera estas cosas que aún no han dado en el colegio, y me puse a indagar por mi cuenta todos estos juegos.
Me pregunto qué tendrán los mapas mudos para que me atraigan de esta manera, porque recuerdo que desde bien pequeño me han llamado poderosamente la atención. Los globos terráqueos, los mapamundis, los mapas sobre geografía física o política... todos son atractivos. 
Y me parece a mí que a Aitana le ocurre lo mismo pues cada vez que me ve jugando con ellos, se queda observando.
—¿Me dejas que lleve yo el ratón? —me dijo un día— Tú me dices dónde están y yo le doy.
Y así lo hicimos.

Al día siguiente, al volver del trabajo, la encontré jugando ante el mapa de Europa.
—Mira, papá, no he tenido muchos fallos.
—¿¿En serio??

Sentados a cenar tanteé cuánto había aprendido.
—A ver, si yo te digo un país, ¿eres capaz de decirme otro que esté al lado? - le propuse
—Vale, dime.
—Andorra
—¡Qué fácil! Entre España y Francia.
—¡Muy bien! ¿Países Bajos?
—Sí, Bélgica
—¡Olé! —exclamé tan sorprendido como contento.
—Moldavia —solté de golpe dando por hecho que ni por asomo sabría contestar.
—¿Moldavia? Ay, a ver...
—Da igual —le dije—, ese era muy difícil, te digo otro.
Imaginad la cara que se nos quedó a todos cuando la oímos decir.
—No, espera... ¿Moldavia es ese país alargado que está al lado de Ucrania, cerca de Rusia?
No pude evitar ponerme a aplaudir, y su hermano y Apamen la miraron cómo si de repente se hubiera convertido en un alien de dos cabezas.
—¡Pero niña! ¿¡Cómo has aprendido tanto!?

Unos días más tarde me demostraba que, efectivamente, tampoco el mapa de Europa tiene ya secretos para ella. En los últimos intentos solo se le resistieron algunos países de la antigua Yugoslavia y confundió Hungría y Rumanía, pero cuando pienso que hace solo unos días no conocía nada de esto, no salgo de mi asombro.

La cosa no ha quedado ahí, por supuesto. Viendo que este tipo de juegos le atraen y que se divierte con ellos tanto como yo, nos hemos merendado toda América del Sur. Comparada con Europa es bastante facilita. Con eso de que tiene pocos países y casi todos son grandes... Así que en este caso también hemos conquistado las capitales de todos ellos. Cuando la oigo decir que la capital de Surinam es Paramaribo y la de la Guyana es Georgetown me muero de gusto.

La fiebre por seguir aprendiendo países no cesa y me pregunto hasta dónde seremos capaces de llegar.

Quizás en una próxima entrada os cuente las peleas que llevo por colgarme la medalla con las capitales africanas (esto sí es una merienda de negros, nunca mejor dicho) y os pondré los enlaces de algunos de estos juegos tan didácticos como entretenidos.


25 de julio de 2015

PERDER LA CABEZA CON PASIÓN

Desde hace unos años, cada verano me encuentro, sin pretenderlo, con la semilla de una pasión.

Empieza con alguna idea repentina que simula pasar de largo, pero la muy ladina  se  instala en un rincón de mis mitocondrias y empieza a echar raíces.

Y luego crece, y crece... y se convierte en una ilusión como la copa de un pino.

Unos veranos atrás me dio por aprenderme las capitales de todos los países del mundo. La geografía siempre me resultó entretenida y siento una atracción inmediata por los mapamundis, tanto  físicos como  políticos, así que compré unas cartulinas y con paciencia fui recortando pequeñas tarjetas rectangulares. En una de las caras escribí el nombre del país y en el reverso su capital. Así hasta 190.

Después conseguí unos mapas mudos  de los cinco continentes y ahí empezó el reto de localizar cada país y además decir su capital. 
Ayudado a veces por mis hijos, que también aprendieron lo suyo, logré grabar en la memoria toda Europa y toda América, y casi lo consigo con Asia y África, que a día de hoy siguen resistiéndose por culpa de nombres como Naipyidó, Yamusukro o Nuakchot.

¿Que si disfruté con esto? ¡Como un cochino!

En otro verano me ilusionó la idea de pasar todo un día en el monte, recorriendo de un extremo a otro la Sierra de la Magdalena de Yecla. Siempre he dicho que no fui yo el que tuvo la iniciativa de hacerlo, sino la Magdalena, que me llamaba a gritos cada vez que la miraba. Cuando  caían las tardes estivales y el sol daba un color anaranjado a su cima, yo la recorría mentalmente y sentía la imperiosa necesidad de conocerla de cerca, paso a paso.

Y lo hice.

Fue una experiencia extraordinaria, que ya conté en el blog, empezando a caminar muy temprano y pasando muchas horas a solas con la Naturaleza más agreste. 
No me privé de dormir la siesta a la sombra de un gran pino, ni de hablar a gritos con el eco de algunos barrancos o de contemplar una bandada de cuervos que me graznaban desde el cielo y que parecían enfadados de verme en sus dominios.

Todavía hoy, cuando contemplo la montaña desde lejos, la oigo susurrarme que vuelva  a recorrerla algún día.

El verano pasado me aprendí varias canciones en otros idiomas. ¿Que por qué? ¡Y yo que sé! La semilla de la pasión  germinó esa vez con esa apetencia ineludible. El cuerpo me pedía hacerlo y lo hice y, bueno,  hoy puedo decir que me sé una canción entera en francés, otra en italiano, otra en portugués, y hasta una en sueco.  
Sé lo que dicen sus letras y creo que no las pronuncio mal del todo.
Esto me recuerda a lo que he pensado muchas veces: que sería divertido aprender en los idiomas más importantes del mundo la siguiente frase:

“Lo siento, pero no conozco ni una sola palabra de su bello idioma, pero espero aprenderlo algún día”

¡Ja! No me digáis que no sería un puntazo toparse con alguien de Japón y decírsela en japonés. O en perfecto ruso a un moscovita.
Sí, vale, será una tontería, pero os aseguro que la semilla de la pasión no tiene en cuenta si las ideas son peregrinas. Cuando le llega el momento de germinar... no te queda más remedio que llevarlas a cabo.

Este verano, también he perdido  la cabeza de forma repentina, y curiosamente la cosa vino dada por la pérdida de otra cabeza.

Encontré en un periódico la siguiente noticia:

ROBADO EL CRÁNEO DE MURNAU, DIRECTOR DE “NOSFERATU”

Creo que ya sabéis que soy un apasionado de los zombis y los vampiros, así que siempre doy la bienvenida a todo lo que tenga que ver con muertos vivientes,  muertos a medias,  o individuos raros que se alimentan de sangre o  de vísceras. ¿Puede haber cosa más atractiva? El nombre de Nosferatu, por tanto,  me obligó a seguir leyendo.

Y me enteré de que hace unos días, en un cementerio cercano a Berlín fue hallada profanada la tumba de Friedrich Wilhelm Murnau, director del legendario "Nosferatu" (1922) 

El encargado del cementerio descubrió que al cuerpo del cineasta, que reposa allí desde 1932, le habían robado la cabeza. La policía sospecha que el móvil del robo pudiera ser la celebración de algún ritual satánico (qué le vamos a hacer, la gente me adora) 

Leí entonces la biografía de Murnau, y especialmente lo relacionado con la película Nosferatu. Al parecer, al cineasta alemán le fascinó la novela de Bram Stoker, Drácula, y la semilla de la pasión le impulsó a llevarla al cine. Pero no consiguió que la hija de Stoker le vendiera los derechos de la obra, por lo que no tuvo más remedio que crear su propio Drácula, cambiando los nombres de los personajes y los lugares. Así nació "Nosferatu, una sinfonía del horror"

Podría contar más cosas de Murnau, o de Nosferatu, o incluso de Max Schreck, el actor que dio vida (¿o debería decir muerte?) al vampiro, y del que corrió el rumor de que era un vampiro de verdad, pero si me alargo más no contaría nunca qué idea surgió en mí tras todo esto.
Pero ahora que lo pienso... ¿y si concluyo aquí la entrada y compruebo si alguien es capaz de adivinarlo? 
¿Cuál puede ser mi reto apasionado para este verano? 
¿Por qué me ha dado fuerte este año? 

Reflexionen ustedes, intuyan, comenten...  y ya apareceré yo de nuevo para contarlo.

(Nota: No, comer vísceras no es) 

4 de mayo de 2011

A VECES... DIABLIPOLLECES

¿Alguien sabría decirme por qué los griegos pueden ver la televisión?

(Venga, unos segundillos para pensar...)

Pues está claro, porque en Grecia tienen Atenas (¡Jua, jua, jua, qué grecia!)

Vale, vale, seguro que ya hay alguien que quiere crucificarme por un chiste tan malo, pero si yo dijera que no lo vendo como chiste sino como juego de palabras... ¿se me podría perdonar?

Es que, veréis, entre lo que me gusta hacer juegos de geografía y lo que disfruto jugando con las palabras, se me han ido ocurriendo una serie de acertijos que como no los canalice por algún sitio y les dé salida pronto, me van a salir fiordos en la piel.

Este fin de semana utilicé a mi familia como conejillos de Indias y los bombardeé con las bobadas, agudezas, cosas que se me habían ido ocurriendo. Las reacciones fueron variopintas. Solo a mi madre, mujer inteligente donde las haya, le pareció divertido. Otros casi amenazaron con retirarme la palabra si me atrevía a poner algo tan malo en el blog. 
"Tus lectores merecen un respeto" —me decían. (No sé cómo fueron capaces de decirlo tan serios, la verdad)

Pero resulta que yo opino igual que una amiga que me comentaba el otro día que los bloggers somos como una gran familia, una familia rara, pero familia al fin y al cabo (di que sí, Exorsister, estoy contigo) Y esa familiaridad da mucha confianza y esa confianza... un asco que ni te cuento, pero... bueno, qué leches, que hoy vamos a jugar y punto.

A ver, si yo dijera que con tres ciudades del mundo se podría pedir una bebida combinada (y tal vez más de una) qué me diríais.

(...)

Ahí va la prueba: Quisiera una ginebra Bombay con lima. ¡Toma ya! :D


No te entenderían si pidieras una Suiza India con Perú, pero una Ginebra Bombay con Lima... ja, es otro cantar.


Bien, pues yo ahora os planteo 10 acertijos en los que las respuestas serán siempre ciudades, estados o países del mundo. Activo la moderación de comentarios para que nadie se copie y quien más acierte... a ver... qué le damos... porque dinero no tengo....

A quien más acierte lo haré protagonista en una entrada este mismo mes y además lo nombraré Grande de los Infiernos durante 24 horas, un título que ya quisieran muchos. ¡Pedazo de premio! ¿eh? (no, no es canjeable ni se admiten devoluciones)

Empezamos:


1) Qué ciudad europea, si uno la busca, la encuentra.

2) Qué país resulta más incómodo dentro del zapato.

3) En qué estado de los EEUU se estornuda más.

4) En qué ciudad alicantina tienen la leche alterada.

5) Qué capital americana elimino nada más escribirla

6) Justo cuando me tocaba, llega la hora del almuerzo, y el funcionario de ventanilla, al verme llegar me dice dos provincias españolas. Cuáles.

7) Qué ciudad italiana se podría borrar a sí misma del mapa.

8) Qué país americano cambia a libras

9) En qué país europeo se escuchan más ranas cantar.

10) Con dos países africanos podríamos expresar nuestra apetencia por una mariscada. Cuáles.

* * * * * * * * * * * * * * *

Tenéis de tiempo hasta el próximo lunes a eso de que salga la luna por entre los cerros. 
Venga, pensad un poco que no es tan difícil como pueda parecer en un principio, pues no son lugares raros ni desconocidos.
Jeje, yo no sé vosotros, pero yo ya he empezado a disfrutar.