27 de septiembre de 2021

LA HISTORIA TAL CUAL FUE

 La Historia con mayúsculas contiene multitud de historias con minúscula que no siempre han tenido la suerte y el privilegio de aparecer, como su hermana mayor, en los libros que se estudian en el colegio.

Unas veces han carecido del glamur o el caché necesarios para tenerlas en cuenta, otras se han topado con descartes por ideologías políticas o censuras morales, y otras, simplemente, fue culpa  del historiador del momento, que  se perdió gran parte del meollo, entretenido como estaba en la degustación de los canapés ofrecidos.

Pero como dijo Buda en una boda: “Hay tres cosas que no se pueden ocultar por mucho tiempo: el sol, la luna y la verdad”

 Lo cierto es que hay verdades que sí han tardado mucho tiempo en ser descubiertas, como que mi tío Alberto tenía una querida en Pamplona, que se supo muchos años después, cuando ella vino al entierro de mi tío llorando a moco tendido.

Recientemente, unos jóvenes investigadores de la Universidad de Yeil han podido demostrar por fin, que las pirámides de Egipto NO fueron construidas por extraterrestres.

El 2 de febrero del año 2570 antes de Cristo, cuando se colocaba la última piedra de la fastuosa Gran Pirámide de Keops, los allí presentes fueron testigos del aterrizaje de cinco naves brillantes de las que descendieron seres con más luces que Las Vegas en día de fiesta. El faraón murmuró entre dientes: “A fresco loto, papiro seco”, que es el equivalente a nuestro “A buenas horas, mangas verdes”.

Aquellos extraterrestres se excusaron por la tardanza explicando que habían tenido que dar un gran rodeo por la rotonda de Andrómeda (hay que tener en cuenta que hace miles de años el Universo estaba todavía en construcción)

El faraón y su séquito los recibieron con malas caras porque la ayuda que esperaban de ellos hubiera sido muy provechosa, al tener cada extraterrestre cuatro brazos y ocho manos, además de pies antideslizantes.

Pero el verdadero motivo del disgusto de Keops radicaba en el hecho de que  había esperado un gran aplauso en la inauguración de su pirámide, pero nadie batió palmas por la cantidad de callos que tenían en las manos. Aún así, el faraón quiso agasajar a su pueblo haciendo correr ríos de cerveza. El espectáculo en sí fue muy bonito, pero los egipcios lamentaban semejante derroche y entre ellos comentaban que hubiera sido mejor que fuera servida en jarras.

Los extraterrestres regresaron a su planeta esa misma noche a. C., aunque dos de ellos pidieron asilo político en la embajada de El Cairo y se hicieron terrícolas de facto. Los descendientes de aquellos dos forasteros multi membranosos son el origen de tanta especulación hoy en día, en frases como “Viven entre nosotros” “Hay otros mundos, pero están en éste” o “Se metió con su jefe y lo puso verde”

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  Fray José Ginés de Lebrija no imaginaba las consecuencias históricas que tendría su interés por encontrar en los Archivos de Indias de Sevilla la receta del pavo a la Moctezuma.

Recordaba que  la había visto un mediodía de 1976 en alguno de los 1796 libros sobre el arte y folklore culinario de las tierras amerindias, y hojeando  aquí, allá y  acullá,  descubrió, oh, sorpresa,  una carta sin clasificar dirigida a la Reina Isabel I de Castilla y firmada por el mismísimo Cristóforo Colombo, (Colón para los amigos)

Con los ojos como platos (como platos sin pavo, se entiende) leyó lo siguiente:

“Majestad, hemos yegado bien.

Algunas bajas en la tripulación por empecinamiento a no comer sano o por tedio e aburrición, a más de un par de marinos que cayeron al mar jugando a la gayinita ciega.

El espectáculo ante los mis ojos es harto maraviyoso. Costas de vegetación infinita y aguas color desmeralda, con unas playas mejores que las Bahamas que pienso descubrir.

Es de justicia dezir que el recebimiento por parte de los nativos está siendo muy satisfatorio, pues nos agasajan con vistosos presentes como telas fermosas, frutas jamas probadas y algunas flechas lanzadas a asombrosa velocidad e buena puntería.

Del avistamiento del clavo y la canela, nada todavía, y he de decir, e ruégoos que esto quede entre nos, que todo huele a nuevo aquí, a demasiado nuevo, y que yo soy de Lepe pero no soy tonto. (1)

Mis cálculos me dicen que esto no son las Indias sino tierras inexploradas, pero mejor nos irá en no alardear dello, pues los golismeros de los portugueses querrían venir a sacar tajada.

Lo que sí os ruego, Majestad, es que a más de guardar este secreto, me conceda también el honor e la gloria de que estas tierras tengan algún día mi nombre. Se me ocurre Colonesia o Colonoscopia, por dezir algunos, pero lo dejo a su eleción e buen criterio. Pero sea presta a realizar gestiones, no venga ahora un listillo mugroso a comerse las mieles del mío efuerzo.

Sin más, prosigo con la misión de conseguir los mayores tesoros para ofrecer a Su Majestad, a.q.d.g.m.a.” (2)

 

(1) José Ginés flipó en siete colores al descubrir que el marino ilustre no era genovés, ni francés ni catalán. ¡Colón era de Lepe!

(2) Para la mayoría de los historiadores que estudiaron la carta que halló el de Lebrija, Colón se despedía diciendo “a quien dios guarde muchos años”, pero también se contempló la posibilidad de que significara “ah, querida, deseando gozaros más ahora” Eso demostraría que Colón y la Reina Isabel tenían un rollito de primavera y explicaría por qué Fernando no tragó nunca al genovés. Perdón, al de Lepe.



14 de septiembre de 2021

LA GRAN CAJA

 Antes de que aparezca de nuevo, pues vuelve a estar en camino, les pondré sobre aviso.

Traten de imaginar una gran caja que se aproxima lentamente a la Tierra desde el espacio.

Visualícenla con los ojos cerrados.

Ahora vuelvan a abrir los ojos para seguir leyendo.

Es un poco mayor que nuestro planeta, por lo que cuando llega, nos engulle y quedamos a oscuras.

No, no se alarmen, será sólo un instante, no llega a detenerse.

La caja se sigue moviendo y va atravesando toda la esfera, y al hacerlo arrastra y almacena en su fondo todos los residuos de plástico con los que se va encontrando: bolsas, botellas, vasos, cubiertos, envoltorios, recipientes de comida…

Esta caja (que yo imagino de cartón) traspasa tanto la tierra como los océanos, lagos y ríos, recogiendo el 100% de los deshechos de plástico enterrados, los que abundan en los arcenes de las carreteras, los que hay en los montes, los hundidos en los ríos… hasta los microplásticos que acaban tragando peces y mamíferos marinos.

¿Cuánta basura tendría en su interior cuando terminara de hacer el barrido por toda la Tierra? Imagino que toneladas de toneladas.

Pues bien, entonces la caja se cierra y hace un viaje ultrasónico hacia el sol, en donde se quema en una milésima de segundo cual fósforo de cerilla seca.

Quizás por la impotencia que me produce escuchar noticias que demuestran lo poco concienciados que estamos con el medio ambiente, soñé con esta caja, y al hacerlo sentía auténtico placer, por lo que se convirtió después en un pensamiento recurrente. Es una utopía, sí, un imposible, pero la caja de mi imaginación lo consigue.

Es por eso que desde entonces, para mi deleite mental, la gran caja ha venido muchas otras veces a la Tierra y he podido ver con claridad cómo se llevaba todas las latas de cerveza y refrescos que hay esparcidas por el mundo, esas que dicen que tardan tanto en desintegrarse que si Hernán Cortés hubiera tirado una al suelo, hoy terminaría de desaparecer.

¿No ven la maravilla? La caja se acerca muy lentamente, y unas veces empieza recorriendo Oceanía y termina por América y otras al revés. Unas veces barre desde el Ártico y otras desde el Antártico, y a su paso por tierra, mar y aire se va llevando todo tipo de basuras:

Detergentes, plaguicidas, manchas de aceite, de petróleo...

Todos los neumáticos desechados.

Los chicles que hay pegados en las aceras.

Las toneladas de ripio de millones de construcciones.

Las pilas y las baterías.

Todo el material radioactivo perdido o enterrado.

Etc, etc, etc...

Incluso, por qué no, podría dejar como una patena todos los vertederos del mundo, con lo que aliviaría por mucho tiempo ese exceso de basura que no se llega a gestionar bien.

La caja es capaz también de borrar hasta el último grafiti, me refiero a esos grafitis feos que se pintan donde no corresponde, los absurdos, los soeces, los que afean tanto las ciudades, los monumentos y el mobiliario urbano.

Ahh, ¡es que suspiro de gozo con mi caja!

Además, es tan eficiente que empieza a tragar residuos incluso antes de alcanzar la Tierra, y engulle y se lleva para siempre toda la basura espacial que gravita a nuestro alrededor, porque no nos basta con generar basura aquí, también la esparcimos por la estratosfera. ¡Yo alunizo, digo alucino!

Y ahora es cuando me pregunto: cuando la Humanidad se percatara de que la Tierra estaba tan limpia… ¿cuánto tardaría el primer burro en dejar basura en el monte? ¿quién empezaría a manchar con otro grafiti la fachada de una iglesia? ¿quién echaría sin el más mínimo remordimiento una colilla a un río ?

Pero no desesperen, porque ya planea por la Vía Láctea nuestra Gran Caja, y en su próximo barrido terráqueo se va a tragar como patatas fritas a todas esas mentes obtusas que no aprenden nunca.

Sé que cuando lo visualice se me va a caer la baba.





22 de julio de 2021

DOS PRIMAS EN LA EDAD DEL PAVO

En verano,  antes de que la canícula empiece a ponerse farruca, nos vamos todos al Puerto. 

Llamamos así a esta casa de campo por estar a los pies de una montaña conocida como Morrón del Puerto, a 8 kilómetros de la ciudad. Allí se puede respirar y dormir bien por las noches (salvo que no quieras dormir, claro)


Hubo un tiempo en que había overbooking de primos en el Puerto y ya bien entrada la noche, el abuelo Juan (el Tato) tenía que pegar un grito desde su cama para que se restableciera el silencio. 

Inolvidable aquella vez en que se oyó:

-Carlota, ¡¡a dormir!!

-¡SI ESTOY DURMIENDO! - protestó furiosa al ver que la culpaban a ella.

Carlota es un torbellino de vida. Despierta, inteligente, observadora y con una imaginación de las que a mí me gustan: en constante ebullición. 

Cuando se junta con Aitana se convierten en un par de ángeles… endemoniados.

-¿Qué hacéis tanto tiempo en el aseo? - preguntó un día la abuela Fina desde el otro lado de la puerta.

-¡Nada!- exclamaron a la par.

-¿Nada? ¡Algo estaréis haciendo!

-Nos estamos poniendo una mascarilla de limpieza.


Un  par de días después, sentados todos a la cena, la abuela Fina comentó:

-Pues hoy he encontrado la papelera del aseo hasta los topes de toallitas. No sé quién habrá gastado tantas.

Aitana y Carlota se hicieron las suecas.

-¡Y un pintalabios roto! – añadió la abuela, esta vez con los ojos puestos en una y  otra. 

Ambas cruzaron una fugaz mirada en la que se podía leer “¡Nos han pillado!” y bebieron agua para disimular todo lo que pudieron. 

Pero no se libraron de la bronca, claro.


En otra ocasión les dio por jugar a dependientas de una boutique de ropa. Pusieron música en su habitación y colocando en perchas sus camisetas, pantalones y pijamas , fueron colgándolas por todas partes. En el colmo de la originalidad, y para darle un aire de tienda moderna,  pegaron con cinta adhesiva sus bikinis por las paredes. 

Después nos invitaron a los mayores a pasar y comprar cualquier prenda. 

Había que ver la amabilidad con la que nos trataban y cómo nos señalaban dónde estaba el probador. Todo cuidado al detalle. Si hasta tenían walkie-talkies para decirse cosas como “Sandra, tráeme cambio cuando puedas, que me he quedado sin monedas.”

Ocurrió que se entregaron tanto en montarlo tan a lo grande que de repente les dio una pereza enorme recogerlo todo.

-Imagino que ahora guardaréis todo esto-les dijo la abuela.

-Ay, sí... Ahora después.

Pero las horas pasaban y la habitación seguía igual.

 Cuando por fin se decidieron a desmontar la boutique, la cinta adhesiva de uno de los bikinis se trajo consigo un buen trozo de pintura de la pared, dejando un llamativo desconchón.

-¡La Fina nos mata!- exclamó Carlota.

-¡Ay! ¿Qué hacemos ahora?

-Ahí afuera hay un bote de pintura blanca. Hay que pintar esto antes de que lo vea.

-¿Y si nos pilla? - quiso saber Aitana.

-Entretenla mientras voy a por el bote.

Y así fue que Aitana fue a la cocina para procurar que la abuela Fina no saliera de allí, mientras Carlota se afanaba por coger el bote y el pincel y dar dos brochazos al pelado de la pared. La abuela Fina no se enteró, pero sí el Tato, que la pilló con el bote de pintura en la mano, pero al parecer no quiso que empezara otra guerra y las protegió con un silencio de complicidad.


-Fina, – decía hace poco Aitana- queremos decorar nuestra habitación. Y nos sobran cosas.

-¡Miedo me dais!

-Esa lámpara hay que quitarla- añadía Carlota señalando el techo.

-¡Esa lámpara no se quita!

-¡Pero si es feísima! - protestaba Aitana- ¡Y encima no funciona!

-Es de casa de abuela rancia!- apuntó Carlota – Y esos cuadros también fuera.

-¿Quitar esos cuadros?- se alarmó la abuela – ¡Ni hablar! ¡Que son de la Virgen Niña!

-¿Y para qué queremos a la Virgen Niña en nuestra habitación? - argumentaba Carlota – Anda déjanos decorarla a nuestro gusto y verás cómo te gusta.

La abuela huyó de la habitación renegando y las dos primas continuaron imaginando cómo la mejorarían. 

Y en esas estaban cuando Aitana salió al salón para traer un pequeño portamacetas y comprobar cómo quedaba en una de las paredes. Pero lo inclinó tanto que una maceta con cactus incluido cayó sobre la cama, dio un bote y fue a para al suelo, dejando tierra y pinchos por todas partes.

Otra vez las dos dando vueltas por la habitación como dos dibujos animados desesperados.

-¡Aitana! ¡Las Fina nos mata!

-¡Rápido, trae la escoba!

-¡No puedo, está en la cocina!

-Pues trae una bolsa y lo recogemos con las manos.

-¿Y si me pregunta?

-¡Que no te vea cogerla!

Pero estas dos diablillas no terminan nunca de salir indemnes. Estaban ya acostadas cuando oyeron a la abuela murmurar.

-¿Y esta tierra que estoy pisando?… ¿¿Y la maceta que me falta aquí?? … Ay, estas crías… ¡Ya verán mañana!

Y ellas, susurrando desde las literas:

-Carlota.

-Qué.

-¿Tú crees que mañana nos mata la Fina?

-¿Matarnos sólo? Nos va a cortar a taquitos y nos va a echar a los perros.


Pero qué tendrá el paso del tiempo que al rememorar todas estas trifulcas y sus consiguientes enfados lo convierte todo en algo tan divertido.


Este verano el Tato ya no está entre nosotros y se le está echando mucho de menos.  Pero estamos seguros de que se ha venido al Puerto y sigue siendo testigo feliz  de todas las vivencias familiares. 

Y, cómo no, de los clásicos rifirrafes entre abuela y nietas.


-A vosotras lo que os pasa - les dice la abuela Fina- es que estáis en la edad del pavo.

-¿Del pavo?- responde Aitana - ¡Y del tucán también!

Y se ríen las tres.


30 de junio de 2021

MIS OTRAS VIDAS SOLITARIAS




EN OTRA VIDA FUI UN NÁUFRAGO…

...en una remota isla del Pacífico, un punto verde en mitad del océano que nunca nadie dibujó en los mapas.

Me sigo viendo entre la blanca playa y el muro de vegetación, atrapando cangrejos, almacenando agua y refugiándome en un cobertizo de palmeras volcadas por algún temporal, entrelazadas de tal suerte que no necesité mucho tiempo para convertirlo en mi hogar.

Inmensa soledad durante las largas horas del día y más soledad en las noches, escuchando el fragor del mar contra los acantilados.

Me acordaba constantemente de mi padre, hasta el punto de sentir su compañía. Pensaba como él pensaría, actuaba como él lo haría, le escuchaba en los silencios... Creo que de alguna forma llegó a estar conmigo. 

Mis únicas posesiones materiales eran dos cuchillos que fabriqué con conchas afiladas, el caparazón de una tortuga, un coral azul con forma de mano y un libro de poemas en francés al que le faltaban las tapas y que leí muchas veces sin llegar a entender. Incluso algunas noches, para hacerme compañía a mí mismo, recitaba en voz alta, cuando la luz de la luna era tan brillante que parecía un faro iluminando aquel lugar perdido en mitad de la nada.

Y así pasé incontables años.

No recuerdo cómo llegué allí, ni si finalmente fui rescatado, pero he soñado muchas veces con un velero desde el que veo alejarse mi cobertizo, mi playa, mi isla... Y mi padre lo contempla conmigo.


EN OTRA VIDA FUI UN ARISTÓCRATA...

… cuyo único aliciente era agotar los días con el mayor lujo y despilfarro, y que terminó siendo un eremita que curó su alma.

Mi juventud fue como una embriagadora fiesta sin fin. Alternaba los mejores yates, casinos y hoteles de la Costa Azul, rodeado siempre  de gente que me alababa y que reía todas mis gracias.

Pero algo ocurrió de repente que hizo caer ante mis ojos un telón negro, tan negro y pesado que apagó el tintineo de las copas y silenció el color de todos los manjares.

Fue una drástica transición que me cambió por completo. Ya no podía estar entre la gente, no sé bien si la odiaba o la temía, pero tuve que huir de cualquier contacto personal y me aparté por completo de familia y amigos a los que en realidad nunca importé.

Me retiré a vivir en plena Naturaleza. Encadené los días caminando por las cumbres de los Apuseni, a cuyos pies había una abadía abandonada a la que descendía al atardecer.

En mitad del claustro, semiderruido por la carcoma del tiempo, había una frondosa higuera bajo la que me gustaba meditar.

Nunca tuve miedo, ni durante las más violentas tormentas, cuando en el cielo aparecían amenazantes telarañas eléctricas y los truenos rivalizaban por derribar  los muros que me rodeaban. Pero qué importaba aquello cuando finalmente las nubes se alejaban y todos los colores de la montaña regresaban a su ser.

En aquel lugar me encontré a mí mismo y aprendí a no necesitar más que lo justo para vivir.

Algunos años después, siendo alguien enteramente distinto, empecé a añorar la civilización y regresé.

Pero esa parte de mi vida ya no merece ser recordada.


EN OTRA VIDA FUI UN BUFÓN…

… que tuvo la suerte y la desgracia de vivir en la corte y de despertar la compasión de la reina consorte, que durante un tiempo fue mi salvadora.

Se llamaba Beatriz y era una joven y dulce criatura de salud delicada. Callada y observadora, pronto advirtió que yo no había nacido para bailar y hacer las acrobacias con las que los otros enanos divertían al rey, por lo que solicitó a éste que yo fuera su bufón personal, el que le  cantara y contara historias.

Y así fue como descubrió que las que más le gustaba escuchar eran las de mi propia vida, más azarosa y dramática quizás que la de cualquier ficción.

Por la confianza que me otorgaban sus ojos me atreví a contarle todo mi pasado: la muerte de mi madre, el abandono de mi padre y el dolor de ser separado de un hermano gemelo, que tuvo menos suerte que yo y que fue vendido a un circo.

No estaba previsto que traspasáramos la línea que separaba nuestras posiciones sociales, pero lo cierto es que nos acostumbramos tanto a conversar a diario que terminamos por ser buenos amigos. Fui cómplice de sus alegrías, conocí sus anhelos y pude ver que, como yo, estaba falta del amor que realmente merecía. El día que yo conseguía hacerla reír era un día que había merecido la pena.

Pero aquella vida de mutuo afecto, aquel apoyo y consuelo compartido no duró todo lo que hubiera deseado. Tras una repentina enfermedad, Beatriz murió, justo cuando en los jardines el otoño mostraba los colores que a ella más le gustaban.

Aquella tragedia no llegó sola. El rey se desprendió de todos sus bufones y me obligó a marcharme con ellos.

No me aceptaron a su lado y tuve que seguir distinto camino. Pasé frio y hambre, pero la dulce y buena Beatriz estuvo conmigo en los momentos más difíciles y siempre me ayudó a sobrellevarlos.

Dediqué el resto de mi vida a buscar a mi hermano, pero jamás di con él.



19 de mayo de 2021

CASUS BELLI


Aquella mañana dos pelotones habían sido escogidos para llevar a cabo un par de misiones muy importantes. Formados de manera compacta, en silencio, aguardaban el momento de desplegarse para actuar.

No había mando alguno al frente de aquellos combatientes, pues cada uno de ellos había sido preparado a conciencia para desarrollar su trabajo sin necesitar directrices. 

Sabían lo que  debían hacer y lo harían sin dudar.

Sólo esperaban el momento preciso.

El tiempo se volvió húmedo de repente y las primeras líneas del primer pelotón comenzaron a moverse.

Todo fue muy rápido. Los guerreros se disgregaron y descendieron por una rápida pendiente. La humedad era más intensa ahora y empezaba a hacer calor. Avanzando por espesas marismas, sin desfallecer, aguardaron hasta encontrar las corrientes precisas que les ayudarían a alcanzar su destino. Los compañeros se habían separado por completo pero tarde o temprano todos se reencontrarían en el campo de batalla.

Y llegó el momento de la verdad. Era evidente dónde se hallaba  el frente enemigo por las ráfagas luminosas y los destellos eléctricos que hacían temblar todo alrededor. Los habitantes de aquel lugar  se encontraban muy débiles por haber intentado defenderse inutilmente.

La victoria no se hizo esperar, bastaron poco más de veinte minutos para que el pelotón sometiera al adversario con las únicas armas que eran capaces de doblegarlos y hacerlos desaparecer.

****************

El segundo pelotón estuvo esperando pacientemente durante más tiempo y cuando la humedad les sobrevino supieron que había llegado la hora de movilizarse. Lo que había sido una piña de soldados perfectamente concentrados  se dispersó de golpe para dar comienzo a su estudiada misión. 

Les sorprendió un calor repentino, un calor más penetrante de lo habitual, y además no encontraron el terraplén por el que descender, ni hubo manera de llegar a los manglares de algas. El avance se hizo imposible y parecía que no hacían otra cosa que dar vueltas y más vueltas para volver al mismo punto una y otra vez.

Nadaron en aguas espumosas y sofocantes buscando el río que les llevara al lugar de la contienda pero acabaron exhaustos y rendidos a un destino fatal que ninguno esperaba.

¿Qué había salido mal?, se preguntaron antes de desaparecer.

****************

-¿Se te ha pasado el dolor de cabeza, cariño?

- Sí, me he tomado el analgésico y ya se me ha ido.

-Y la pastilla para el colesterol, ¿te has acordado?

- Ah, no, ahora me la tomo. Por cierto, la tengo en el bolsillo de la camisa.

-¿En tu camisa? Anda, pues la he metido en la lavadora hace un rato.

4 de mayo de 2021

GEOGRAFÍA DE LA IMAGINACIÓN

 Con qué claridad vemos siempre una bota cada vez que miramos el mapa de Italia, ¿verdad?  

No puede estar mejor definida, con su puntera cuadrada y ese tacón tan estiloso. ¡Hasta la cremallera sobresale por la parte posterior!

Además es una bota que parece estar a punto de soltar un buen puntapié a esa roca silícea que es Sicilia. Para ello, el mapa de Europa, tan aglutinado en general, parece haberse retraído con tal de dejarle espacio para ese chute, y hasta Grecia ha barrido todas sus islas hacia oriente, para que no estorben.

Diría que la idea es hacer una parábola sobre rcega y Cerdeña y que Sicilia encaje en el Golfo de León.

Si esto ocurriera, todo el mundo gritaría “GOL”, especialmente Angola y Mongolia, que son más futboleras de lo que parece.

Yo me he puesto a observar el mapamundi más detenidamente y he descubierto que además de esa bota hay también en Europa dos zapatos; uno  en Luxemburgo y otro en Serbia.


No sabría decir si son zapatos o zuecos o mocasines, lo que sí tengo claro es que están bastante maltrechos, como si los hubiese mordisqueado algún perro.

Y la verdad es que me entretuve en buscar a ese can, pero no he conseguido dar con él, aunque sospecho que Canadá y la Ciudad del Vaticano podrían saber algo al respecto.

Lo que sí tengo claro es que el dueño de ese perro tan juguetón es un golfillo con gorra de ferroviario que vive en Alemania y se llama Germán.


Puede que Germán no tenga perro, pero es evidente que tiene una gallina, esa gallina tan andariega y tan emplumada que hay en Eslovenia y que es conocida como la gallina Liubliana.
Ya conocerán ustedes aquella canción que dice:

Pobre gallina Liubliana,

en un corral tan ameno

y no hay un gallo esloveno

que la despierte mañana.

No sé si esta gallina es consciente de que hay un par de depredadores por el mundo que podrían darle caza para un festín.

Porque yo veo un majestuoso león en Montenegro.



El viento de los Balcanes le ha peinado su melena hacia el cogote, y él posa con su perfil derecho, porque sabe que le favorece.

Algo más lejos del corral, nada menos que en Bolivia, hay un águila que la observa desde allende los mares.



Cuando la oye cacarear, el águila Olivia de Bolivia levanta la cresta en un ramillete de plumas de guerra.

¿Y nadie se ha percatado de que hay un buitre manso y pacífico a orillas del Mar Báltico? 



No se le ven muchas ganas de atacar, pero sin duda espera a dar buen uso de ese pico carroñero.

Que Germán es un poco desastre con sus juguetes lo demuestra el hecho de ver flotando en el Mar Caribe su bate de beisbol y su pelota. ¡Dichoso crío que no guarda nada!



Me resulta curioso que el país de San Cristobal y Nieves tenga como capital a Baseterre, siendo el beisbol un deporte en el que es fundamental alcanzar cada base de tierra. ¿Nos están dando señales y no queremos verlo?

Por cierto, cómo suspira Italia por una isla como Nieves, tan redondita ella, en vez del mazacote triangular que le tocó en suerte.

Todavía he encontrado otros países que juegan a disfrazarse, (porque no hay nación sin imaginación) pero prefiero no arriesgarme a que alguno de ustedes empiece a cuestionar  mi salud mental.

Me quedo aquí, pues, a esperar esa inminente patada de la bota de Italia.

Parece que tarda.

¿Alguien me prepara unas palomitas?