22 de noviembre de 2017

YECLA ESTÁ EN CASABLANCA (You must remember this)

Casablanca, una de las grandes películas de la historia del cine, ha cumplido 75 años.

Y yo diría que ni cumpliendo 200 se convertirá en una película vieja o pasada de moda.

Recuerdo que la primera vez que la vi, siendo un jovenzuelo, me aburrió. Me parece que no llegué a entenderla siquiera.
Pero con los años….  ah, cómo han cambiado las cosas...

No sé si será por lo mucho que me atrae su iconografía, con esos míticos posters  en los que aparecen los protagonistas muy juntos, mejilla con mejilla, o por el brillo en la mirada de Ingrid Bergman y la luz que irradia cada vez que sonríe, o por la cantidad de frases memorables de su guión, o por la mundialmente conocida As time goes by, que canta Sam al piano en el Rick’s Café…
Son tantos los detalles a tener en cuenta que me parece una película perfecta para entregarse a ella de vez en cuando y disfrutar del indiscutible encanto del cine de la Edad de Oro de Hollywood.

De Casablanca me gustan, además, la gran cantidad de anécdotas que de ella se conocen. Muchas de ellas me hacen pensar que el éxito es siempre algo impredecible y que la linea que le separa del fracaso puede llegar a ser muy fina.

Por poner algunos ejemplos,  el guión se extrajo de una obra de teatro llamada Everybody comes to Rick’s, que nunca se llegó a estrenar. Hubo muchas reservas por parte del productor a la hora de admitirlo para una adaptación al cine. Finalmente se decidió, cambiándole el título por Casablanca.

La película se empezó a rodar sin tener el guión concluido; ni siquiera se había decidido su final. Tanto es así, que la propia Ingrid Bergman, que rodaba sin saber lo que iba a suceder,  estaba preocupada.

- ¿A quién se supone que amo más? - preguntaba confusa (refiriéndose a su marido en la historia o a Rick, el hombre del que se enamoraba)
- Yo qué sé – le contestó el guionista - ¡A ambos por igual!

Dicen que esa inseguridad por parte de la actriz a la hora de interpretar un papel que no estaba bien definido pudo servir  para que su rostro reflejara la desazón que convenía para su personaje.

El tema As time goes by, que por siempre se asociará a Casablanca, no se creó para la película. La canción se había compuesto diez años antes para una comedia musical. El propio compositor pidió que la eliminaran por parecerle una melodía demasiado simple, inadecuada para el film. Menos mal que finalmente accedió porque se convertiría en el tema principal y en una de las canciones más recordadas de la historia del cine.

Y curioso que eligieran a Bogart para el papel principal por ser en aquel entonces un actor con un contrato tan bien pagado que consideraron que había que amortizarlo dándole mucho trabajo. 

Bogart , que medía 1,60 m. tuvo que llevar en algunas escenas unos zapatos con plataformas para que no hubiera tanta diferencia de altura  con Ingrid Bergman. La actriz sueca medía 1,80.

La película se rodó exclusivamente en Hollywood, pero tras el éxito del film, Marruecos se llenó de turistas que querían tomarse algo en el bar de Rick, que, logicamente, no existía. Pero como el negocio es el negocio, no tardaron en construir allí el bar de Rick para que los turistas se fueran satisfechos.

Pero si hablo hoy de todo esto es porque quiero aportar la que yo considero la anécdota de las anécdotas. Una que no se encuentra en los libros de cine.

Hace unos meses mi amigo Juan Luis me enviaba una foto a través del Whatsapp. Vi que se trataba de un mapa en blanco y negro con apariencia de ser muy antiguo.

- ¿Por qué me envias esto? - le escribí.
- ¿Te has fijado bien? - me dijo
Aunque la imagen no era muy nítida pude leer los nombres de varias ciudades señaladas.
- ¡Anda! ¡Aparece Yecla!
- Así es. ¿Y sabes de dónde he sacado la imagen?
- Pues no
- De la película Casablanca.
- ¿¿Queeeé??

Entonces me explicó lo que no tardé en comprobar. 
Nada más empezar la película, después del minuto de títulos de crédito que la preceden, suena una voz en off que dice...

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, muchos ojos en la Europa ocupada miraban con esperanza o desesperación hacia la libertad de las Américas...

Y aparece un mapa de Europa en el que se va trazando un recorrido por carretera desde Paris a Marsella, después por el Mediterráneo hasta Orán y finalmente hasta Casablanca.
Cuando la cámara enfoca el Mediterráneo, en el mapa se ve  perfectamente España y los nombres de algunas de sus más importantes ciudades: Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Sevilla.... ¡¡y Yecla!!



Tuve que repasar muchas veces esos fotogramas para asegurarme de que era verdad lo que veía. ¡Yecla aparece en un mapa de España en la película Casablanca!
Todavia no alcanzo a comprender por qué en un mapa sencillo en el que supuestamente han de mostrarse las capitales más populosas se encuentre también Yecla.

La película es del año 1942, el mapa debe de ser de esa época o puede que anterior. Yecla era entonces un pueblo pequeño, tan pequeño que me sigo preguntando por qué lo incluirían. 
(Si alguien puede darme una explicación, se lo agradeceré. Acepto igualmente las suposiciones más rocambolescas, por supuesto)

En cualquier caso, tengo muy claro que en adelante, si me preguntan de donde soy y al pronunciar el nombre de Yecla me contestan que no conocen esa ciudad exclamaré:

¿¿Que no conoces Yecla??  ¡¡Pero si aparece en Casablanca!!
 


14 de noviembre de 2017

UNO MÁS EN LA FAMILIA

Siempre me he sentido muy afortunado por haber tenido el privilegio de vivir en el campo. No sólo por la dicha de haber jugado con mis hermanos al aire libre, también porque nuestra niñez y juventud la viviéramos rodeados de tantos animales.

Fueron muchos años de inolvidables momentos corriendo junto a Velocín, nuestro primer perro, o disfrutando de la compañía de Canela y Linda, nuestros gatos. Maravillosos los muchos ratos que pasábamos achuchando a un cabritillo negro que nos seguía a todas partes. O la dicha de tener un burro al que pusimos por nombre Platero.

Recuerdo especialmente a Tranquilo, un perro tan noble e inteligente que recorría más de dos kilómetros para llegar al colegio de mis hermanos pequeños, justo en la hora en que ellos acababan las clases, y acompañarlos así a casa.
Cuánto quisimos a aquel perro.

Después apareció Finger, una perra blanca que tenía la misma mirada bondadosa que Tranquilo. Nunca supimos de dónde vino, pero una vez  en casa, decidió quedarse con nosotros hasta su último día.

Pero es que además teníamos un corral con gallinas a las que me encantaba echar chuscos de pan mojado. Se volvían locas devorándolo.
Aquel corral era como el arca de Noe y recuerdo muy bien el agradable alboroto que se producía al entrar allí.

Mi padre, -el mismísimo Noe, podríamos decir - llegó a comprar algunas gallinas de Guinea, tan distintas a las comunes, con aquel exótico plumaje negro moteado con lunares blancos.
También dos pavos reales, e incluso un pavo común, que caminaba ahuecando el plumaje, presumiendo incluso más que sus escandalosos primos.

Delante del corral había una balsa y a ella se lanzaban patos y ocas para nadar todos los días. Cómo disfrutábamos mi hermano y yo mojando a aquellos patos con la manguera cuando correteaban por el jardín, aunque al mismo tiempo nunca olvidaré cuánto lloramos cuando, incomprensiblemente, uno de ellos murió de repente delante de nosotros. Nuestro padre descubriría más tarde que se había asfixiado al tragarse un caracol tan gordo como una nuez.

En otra parte del corral había palomas y tórtolas, que volaban libres sobre el campo por el día y volvían a su refugio al caer la tarde.
Y peces y tortugas en un estanque…
Y durante un tiempo una yegua que parió un potro que se habría convertido en un hermoso caballo de no haber sido por un fatídico accidente que tampoco olvidaremos.

Podría pasarme horas contando anécdotas de nuestra vida con todos aquellos animales.

Viviendo hoy en día en un piso, la idea de tener algún animal de compañía era algo que no contemplábamos de entrada. Me parece incómodo tener ciertos animales en espacios reducidos, tanto para ellos como para los dueños.

Pero hubo un tiempo en que mi hijo quiso tener un perro y la oportunidad de complacerle se presentó cuando nos ofrecieron un cachorro.
En aquel tiempo Aitana tenia apenas dos años y no reaccionó ante aquel perrito como esperábamos. Le daba pánico. El simple hecho de que el animal se acercara a ella le daba tal pavor que se tenía que subir al sofá y gritaba angustiada que nos los lleváramos de allí.
Así que los abuelos se quedaron con el perro de forma momentánea, y cuando meses después Aitana se acostumbró a él, Jacky ya se había amoldado a su nuevo hogar y preferimos que se quedara allí.

Pero de nuevo ha surgido la ocasión de agrandar la familia y esta vez llega en forma de un lindo gatito que tan solo tiene un mes de vida.

Tiene un pelaje gris uniforme y unos ojos gris azulado. Le hemos llamado Grizzy.

Y he de reconocer que el gatito nos ha revolucionado a todos. 
Aitana desea con ganas volver del cole para darle su ración de leche y pienso. Samuel lo llama y se complace viendo cómo escala por la pernera del pantalón hasta sus manos. Y a todos nos encanta verle alborotado,  jugando hasta con su sombra, y observar lo meticuloso que es haciendo sus necesidades en el cajón de arena.

Ahora, mientras escribo todo esto, se ha dormido en mi regazo y escucho su ronroneo.
Y yo me retrotraigo a aquellos felices años en los que vivía entre todos aquellos animales en el campo de Petrel. 
Y contemplándolo sobre mí, tan pequeño, recuerdo muy bien lo que sentí hace más de treinta años cuando Linda tuvo una camada de gatitos, todos distintos. 
(Tomás y yo con los hijos de Linda. Fran se chupa el dedo a nuestro lado)

Pero ninguno era como este.

¿Cómo me iba a resistir que mis hijos supieran lo que es querer a los animales?

Mi hermano y yo con Velocín y el cabritillo negro (no recuerdo su nombre)
Si Heidi tuvo a Copito de nieve, nosotros tuvimos a su opuesto.
Con la gata Linda.
Fran bromeando con Tranquilo, el mejor perro de la Historia.
Finger  tenía un  "parche pirata"
Mi hermana Ana a lomos de Platero.
Pachuli, uno de los perros más cariñosos que tuvimos.
Saberón, hijo de Wiskoche
Aitana con Jacky. Los miedos se pasaron y ahora se quieren con locura.

1 de noviembre de 2017

¿EL 155? ¡¡EL 166!!

Todas las fichas dispuestas en el ajedrez sobre la mesa
y Carles y Mariano quisieron jugar a las cartas.
¿Quién da su brazo a torcer? ¿Quién es Troya, quién Esparta?
Cuatro líneas, dos borrones  y un adiós a la francesa.

Mister Euro se apresura camino del aeropuerto
Rios de tinta corren por toda la geografía
Se monta un decorado de marcial coreografía
Y hay una  cola infinita al destino más incierto.

Suena un ring desde  Alemania. What's the matter?, dice el yanqui.
Pues que Spain is burning, burning!  Es a very mala cosa!
Europa levanta el hocico cuando tirita la Bolsa
Cuerda floja peligrosa con empresas saltimbanquis.

"Algo se cuece allá afuera", se despereza  Satán
"¡Es que descuido  a la peña y en seguida se alborota!"
Y al conocer la noticia, de risa se despelota
"Muy bien, mis locos queridos, en marcha pondré mi plan"

"De las bromas del diablo, muy poca cosa sabéis,
pero  pronto yo lo arreglo, implantando  con rigor
una ley que a mí me excita y que ahora entra en vigor.
¡Que se aplique ya mi artículo!  ¡El 166!"

La risa de Bob Esponja resuena por todas partes
y el negro pollón del Whatssap es un flash en las retinas
De todos los Ministerios surge  un aroma a letrinas
y los taxis y ascensores se estropean cada martes.

Don Felipe se enamora de una yonqui en Gran Hermano
El Papa deja el papado y ahora vende  enciclopedias
Pablo Iglesias cuenta chistes en El Club de la Comedia
Pegan fuerte en Los 40 las canciones  de Arguiñano.

Miles de ancianas de Sueca  invaden todas las playas
Los jueces bailan la yenca después de hacer botellón
Las horas de los relojes se mueven sin ton ni son
En la boca, con pasión, Junqueras besa a Soraya.

En una terraza en Las Ramblas se ha sentado la alcaldesa
Un guardia civil cubano la ha invitado a un Cola Cao
Ella le suelta un piropo: “Por tus huesos me he colao
Él se ladea el tricornio: “Mamasita, ¿una servesa?”

Todo termina perfecto: a Sitges se va la Corte,
Teruel capital de Europa, con Parlamento moderno.
Chiquito de la Calzada:  Presidente del Gobierno
Y no se puede entrar en Yecla  sin presentar pasaporte.

21 de octubre de 2017

EL DIABLO NO ES COSA DE RISA II

Ultimamente, cuando las almas en pena se toman un descanso y dejan de lamentarse, aprovecho la paz que se respira entre las llamas de mi Infierno para abandonarme en profundas reflexiones.
 
¿He conseguido lo que me propuse al crear el blog? ¿Han caido en mis redes todos los incautos que esperaba? ¿Me respeta toda la gente que me sigue? ¿Se han pasado realmente al lado malvado de la vida o solo me bailan el agua sin tomarme en serio?


Por eso he pensado que mejor será no dejar pasar más tiempo sin aclarar ciertos puntos ahora, para que luego no haya sustos, ni sorpresas, ni "ah, es que yo no sabía..." o "es que nadie me dijo..."

Enumero a continuación algunas máximas que considero importantes para ser un buen diablista. Por favor, grabadlas a fuego en vuestras conciencias:

1) RESPETAR AL DIABLO NO ES LLAMARLE "DON DIABLO" 
Y mucho menos añadir que "se ha escapado y tú no sabes la que ha armado"

2) EL DIABLO NI SE CREA NI SE DESTRUYE NI SE TRANSFORMA EN MENÚ

3) SI SE ME TIENE QUE INVOCAR... POR FAVOR, ¡NUNCA A LA HORA DE LA SIESTA!
 No suelo estar en mi mejor momento y luego todo son chirigotas.

 4) ¡NO ME ECHEN LA CULPA DE TODO!
Sé que es lo más fácil, pero no me gusta que me carguen tanta responsabilidad.
 5) NO ES TAN MALO PASAR UNAS VACACIONES ETERNAS EN EL INFIERNO
Porque de sobra es conocido que todo tiene siempre un lado positivo.
 6) DE HECHO HAY COSAS MUCHO PEORES...



7) NO ME HACEN GRACIA LOS LISTILLOS

8) EL QUE ME BUSCA, POR SUPUESTO ME ENCONTRARÁ
  
9) PERO TAMPOCO HACE FALTA BUSCARME A TODA HORA...

10) Y AUNQUE NO LO PAREZCA, AL DIABLO LE GUSTA QUE LE ESCRIBAN.
 
Así que borrad esa expresión de susto extremo que se os ha quedado en las caras y, ¡por todos los tridentes de mi abuelo, dejadme un comentario!

(Nota: Dedico esta entrada a Montse, por ser una de las propuestas que me hizo en El síndrome del blogger in albis)

3 de octubre de 2017

EL GLOBO ROJO DE "IT"

Este pasado sábado Samuel decidió ir al cine con unos amigos para ver la película It.
Antes de que se marchara le dije que hace muchos años leí esa novela, que su autor, Stephen King, está considerado el gran maestro del terror y que recordaba que durante su lectura  pasé auténtico miedo con algunas escenas.  Así que también le expresé mi deseo de que a la vuelta me contara qué le había parecido.

Y volvió con muchas ganas de contarme la experiencia.

- Es… es… - decía poniéndose la palma de la mano en la frente - Uff, da mucho miedo. ¡Y te pegas cada susto…! Y el payaso… ¡madre mía! ¡Daba un cague…! Cada vez que aparecía un globo rojo sabias que algo malo iba a pasar. Y la gente gritaba un montón. Escucha, escucha lo que he grabado.

Y me ponía el móvil cerca de la oreja para hacer sonar un audio en el que de repente toda la gente en el cine chillaba a la vez, con una fuerza sorprendente, que me recordó a los gritos que se oyen en las caidas en picado de una montaña rusa.

- Y así casi toda la película.
- Vaya, - le dije- pues me han entrado muchas ganas de ir a verla.
- Tienes que verla, papá, te va a gustar. Pasas mucho miedo pero es muy chula.

Así que  ni corto ni perezoso, decidí ir yo solo al día siguiente a la última sesión, intentando evitar un público adolescente tan escandaloso.
Y sí, el público que encontré era en general adulto, pero hubo gritos igualmente. De manera aislada, pero los hubo. No me molestan los gritos en una película de terror; son tan apropiados como las carcajadas en una película cómica. Lo que sí me molesta es el desagradable crujido de las bolsas de snacks cada vez que meten las manos para sacarlos. ¿Cuándo aprenderá la gente a rasgar bien las bolsas para no hacer tanto ruido?

Pero bueno, disfruté.
La película tiene escenas muy potentes, con atmósferas tan conseguidas que te llegas a sumergir en ellas.  Me gustó la fuerza que tiene la música, los inquietantes silencios y lo bien expresados que están los terrores de los jóvenes protagonistas. 
No diré que es la película más terrorífica que he visto,  pero sí me dejó un buen sabor de boca.

Salí del cine cerca de las 12 de la noche.

Había dejado el coche a unos doscientos metros, en una solitaria zona en penumbra. Tengo que reconocer que mientras me acercaba al coche, escuchando el sonido de mis propios pasos, sentí una cierta inquietud. No es que tuviera miedo, es que notaba que me estaba sugestionando con la posiblidad de asustarme mucho por la más leve tontería. 
Como que de repente apareciera un gato, o que se escuchara algún ruido a mis espaldas, o que al llegar al coche el payaso estuviera  en el asiento de atrás, esperándome.

Una vez sentado al volante cerré de inmediato los seguros de las puertas. 
“Por si las moscas”, me dije.

Sin ser demasiado tarde, las calles estaban completamente vacías, como en esas pelis de catástrofes apocalípticas donde las ciudades aparecen abandonadas y el simple vuelo de una bolsa de plástico resulta perturbador.
No se veía un alma por ningún lado y de nuevo se me pasó por la cabeza la posiblidad de encontrar a un payaso esperando a cruzar un paso de cebra.

"Joder, con el payasito", pensé, "¡pues sí que me ha llegado a impresionar!"

Llegué a mi calle, bajé del coche y me dirigí al portal a buen paso.
Cerrar la puerta del edificio me pareció un alivio que dio paso a una nueva inquietud que no era capaz de definir.
Encendí las luces de la escalera y el cla-cla-cla del temporizador parecía sonar con más fuerza de lo habitual.

El botón del ascensor mostraba una lucecita roja, señal de que alguien lo estaba utilizando. Sin embargo no se oía nada. 
El ascensor no subía ni bajaba ni escuchaba voces de ningún vecino.
Pero la lucecita roja no se apagaba nunca.

"Maldita sea,  murmulllé, ¿tiene que estropearse el ascensor precisamente hoy?"

No me seducía nada la idea de subir los cuatro pisos andando, más que nada porque mi mente estaba dando muestras de ofuscación y me parecía que a cada vuelta el payaso de marras estaría sentado en algún escalón, aguardando mi llegada con una amplia sonrisa.

Ascendí ligero y pulsando el interruptor de la luz de cada rellano.
El tercer piso me recibió con la sorpresa de que la bombilla estaba fundida y aquella penumbra fue un suma y sigue a mi canguelo.
Pero ay, cuando ascendía al cuarto, a mi casa, un resplandor verdoso inundaba aquella vuelta.
Era la luz del ascensor.
Todo apuntaba a que se había ido a estropear en mi planta, quedando la puerta abierta, y esa tonta casualidad agudizó más mi desasosiego. Otra vez la mente me jugaba la mala pasada de imaginar al payaso asesino dentro del ascensor, y que en cuanto subiera los últimos escalones vería su horrorosa cara maquillada.

Así que imaginad lo que sentí cuando al llegar a encararme con esa puerta abierta vi que en el techo del ascensor... FLOTABA UN GLOBO ROJO!!

La impresión duró solo un segundo, pues de inmediato supe que era una broma que había preparado Samuel, pero es indescriptible el subidón de adrenalina, como un rampazo en la columna vertebral,  que me produjo ver un globo rojo igual al que tanto impactaba en la película.

- ¡¡Pero cómo se te ocurre!! - le dije al entrar
- ¿A que impresiona? - decía él entre risas
- Calla, que te has librado de una buena - me dijo Apamen - Nuestra idea era coger la copia de las llaves del coche, ir andando al cine y ponerte el globo dentro, en el asiento de atrás. Lo que pasa es que no las hemos  encontrado, que si no...
- ¿¡Qué!? Si llegais a hacer eso... ¡me muero allí mismo!
Y Samuel no paraba de reír. Es lo que tiene ser hijo del diablo.


Yo lo tengo claro. Jamás me atreveré a subir a una montaña rusa, ni a hacer puenting, ni a probar esas cosas de locos, pero en esto del cine de terror... no sé, lo paso estupendamente mal. 
Sobre todo si lo vivo en la realidad y a solas, con ascensor y globo rojo.

22 de septiembre de 2017

CUANDO LA SABIDURÍA POPULAR LLEVA RABO

Este verano tuve en mis manos un pequeño libro que estuve hojeando durante un largo rato. Lo encontré en un mercadillo de libros de segunda y tercera mano, y  en un principio pensé que trataba de perros.

"LA SABIDURIA POPULAR DE LOS CANES",  decía.

Luego descubrí que la portada estaba tan desgastada que se habían borrado algunas letras y que no eran los canes, sino los Balcanes.

El autor es un rumano llamado Vlad Chuchescu, que se dedicó a recopilar dichos, proverbios y refranes de la península balcánica. Son, en su mayor parte, expresiones del folklore del sureste de Europa que tienen que ver con el Diablo o con el Mal. 
 
Chuchescu murió en 1944, mucho antes de terminar la obra, por lo que sus editores completaron el libro con recetas de cocina. Eso sí, para que los lectores no se sintieran defraudados, se preocuparon en incluir recetas de platos calientes muy  picantes.

No pude resistir la tentación de comprar tan curioso libro para poder presentarlo hoy en sociedad.
Abro ahora mismo  sus páginas al azar y leo:

Spui că diavolul avea un singur corn
Dar l-ai văzut în profil! Cu rațiune, prost!


Que traducido en decente significa:

Dices que el diablo un solo cuerno tenía
¡Pero lo viste de perfil!  ¡Manda güevos, prenda mía!

El dicho, muy común en Croacia y Eslovenia, viene a ser una crítica a las personas chismosas y cizañeras que gustan de exagerar y andar con invenciones  con tal de darse importancia. También se emplea para condenar la mentira.

Veamos otra:

"GACHAS BOSNIAS DE AVENA"
No, me he ido muy atrás.
A ver este:

Privirea în iad o dată este o chestiune de curiozitate
Când o faci de două ori, nu te supăra, asta e vicetate!


Asomarse  una vez al infierno es de curiosos indicio
Cuando lo haces dos veces, no te ofendas, ¡eso es vicio!


Como bien indica el refrán, un desliz hacia lo prohibido lo tiene cualquiera, el problema aparece cuando se le empieza a coger el gusto a la cosa. Debéís ser cuidadosos con esto.

Sigo leyendo:

"Fierbinte am în față"
un spus diavolul vara

“Qué calor tengo en el rostro”
dijo el diablo allá por agosto.

 
Se trata de un verso - explica el autor- extraido de una antiquísima canción yugoslava titulada: "Y pensabas que no podía ir a peor"  en la que se habla de la fatalidad, de la mala fortuna, del sino ineludible y/o azaroso de la Humanidad, de la posiblildad que tras una desdicha llegue otra mayor, por inconcebible que pueda parecer. Pero al mismo tiempo, la canción habla de la importancia de saber afrontar la desgracia con carcajadas.

Se incluye en esta página un pentagrama en clave de fa, con las estrofas de la canción.

"Y tú, Darko, que decías
que más no iba a diluviar
y  vino otra nube inocente
y nos echó encima el mar

Y tú, Brigita, que te quejabas
por tener que  llevar faja
y ahora todos te rezamos
antes de cerrar la caja.


Y el estribillo se toca frotando botellas de anís con ímpetu.

"Qué calor tengo en el rostro"
dijo el diablo allá por agosto.


No deja de maravillarme todo esto. Otros lugares, otras costumbres.

A ver, que antes he leído una que de momento es mi favorita. Dónde la he visto... Ah, aquí está:

E mai grozav decât botezul Diavolul
care la lăsat pe Beelzebub să-l poată numi Paul.


Eres más tonto que el bautizo del Diablo
que le pusieron Belcebú pudiendo llamarlo Pablo.


Se emplea este chascarrilo tan herzegovino para referirse a lo absurdo de algunos actos, en los que suele primar el esnobismo sobre el sentido común.

Veo que también contiene el libro un apartado... ¡anda!, ¡aquí falta una página! ... jo, qué lástima...
Pues eso, un apartado titulado "Otros males". Y aparece un listado de los temas que se  tratan en los refranes bajo ese lema.

"Los gorrones", "Los maleducados, "Las colas", "Los traidores", "Las suegras"...

Leo uno al azar, que no quisiera aburrir.

"Sau trăim cu mama...  (Bueno, mejor me salto el rumano)


"O vivimos con mi madre, o puedes irte al infierno"
"Si no hay más remedio, querida..."
 

Y allí está, en el fuego eterno.

En definitiva, un libro repleto de  curiosidades  que me ha ayudado a adquirir la sabiduría  que emana de la cultura popular y que tiene el gracejo propio de los Balcanes, tan reconocible siempre, ¿verdad?

Y a vosotros, ¿cuál os ha gustado más? ¿Habéis notado que los serbios y croatas tienen un humor mucho más corrosivo que los albaneses? Fijaos bien, que se ve de lejos.

Venga, me despido con el último ( Es montenegrino)

Cuando ya no cabe un canalla más en el infierno
el diablo los coloca en sillones del Gobierno.
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Nota: Esta entrada se la dedico a Ángeles, por ser la propuesta que me hizo en El síndrome del blogger in albis