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31 de julio de 2025

EL MUNDO ARDIENDO Y YO CANTANDO

No sé en qué momento exacto pensé que sería buena idea encender aquel micrófono que compré en un ALE-HOP y cantar I don’t want to set the world on fire.

Pero lo hice.

Y aquí está la prueba.


Hay canciones que, más que cantarlas, se adueñan de ti. Y esta, para mí, es una de ellas.

Tiene ese aire reto, viejuno y gloriosamente polvoriento de los años 40 que tanto me gusta. De hecho, no me extrañaría haber vivido allí en una vida anterior. Me veo como un joven con el pelo brillante y bien peinado, recorriendo calles con nombres de presidentes, buscando discos de vinilo en las tiendas, tarareando canciones sin darme cuenta, convencido de que la música no sólo sirve para acompañar, sino para explicarse uno a sí mismo.

Este tema lo popularizaron The Ink Spots, un grupo fundamental para entender el paso del jazz vocal al rhythm and blues y al soul. Su fórmula era sencilla pero infalible: una guitarra que suena como si hablara, una voz principal que se deshace en ternura, y esa típica parte hablada con voz de locutor enamorado que, por algún motivo, sigue funcionando aunque hayan pasado ochenta años.

I don’t want to set the world on fire se publicó en 1941. Y aunque no fue compuesta por ellos —es obra de Eddie Seiler, Sol Marcus, Bennie Benjamin y Eddie Durham—, los Ink Spots la hicieron suya. Como si la canción hubiera estado esperando precisamente su timbre y su melancolía.

¿Y de qué habla? Pues no de guerras ni de apocalipsis, como sugiere el título. Habla de amor, claro. De alguien que no quiere incendiar el mundo, solo encender una llama en el corazón de otra persona. Porque, al final, lo que importa no es el mundo entero, sino la persona a la que uno quiere.

Así que aquí estoy, en la frontera que limita julio y agosto, decidido a lanzar la bomba incendiaria de mi versión de los Ink Spots y al mismo tiempo un mensaje de amor al mundo.  (Por favor, que conste en acta que si desafino es porque es un micro del ALE-HOP, no de la RCA. Ejem, ejem...)

Si con esto consigo encender aunque sea una sonrisa —o al menos un leve suspiro—, doy el experimento por válido.                                                                                                                 

30 de junio de 2025

PÁRATE A OLER LAS ROSAS, HOMBRE


El otro día redescubrí en YouTube una canción que me encantaba cuando tenía quince años: Stop and take the time to smell the roses, de Ringo Starr.

Es posible que aún la tenga grabada en alguna cinta VHS. Me refiero a aquellas cajas negras prehistóricas, con una pegatina blanca en la que solía escribir con rotulador: «VARIOS. NO BORRAR».

No he vuelto a revisar aquellas cintas, que duermen mudas y polvorientas en algún altillo, pero las repasé tantas veces que, si me concentro, podría enumerar buena parte de lo que en ellas grabé:

Especiales de Martes y 13, gags cómicos de Rosa María Sardà, actuaciones de Mecano, de Ana Belén, de Matia Bazar, de los Bee Gees… Y, por supuesto, todo, todo, todo lo que saliera sobre ABBA.

Recuerdo incluso un documental sobre ratas —bastante desagradable— que desentonaba entre tanta música, pero que nunca quise borrar.

Compruebo hoy que el videoclip de Ringo es de 1981. En la tele convivían entonces La Clave, Mazinger Z, Verano azul, El show de Benny Hill… 

En la radio sonaban Bette Davis eyes, Video killed the radio star, De niña a mujer —que Julio Iglesias dedicó a su hija— o De Do Do Do, De Da Da Da, de The Police, que fue el primer grupo del que me compré un LP. (Madre mía, hoy no me queda más remedio que sonar a viejuno).

Para reproducir todo lo grabado teníamos el legendario Nordmende, que mi padre compró aquel año —o quizá el anterior—. Un armatoste que parecía diseñado por ingenieros soviéticos, con teclas enormes —PLAY, STOP, REW, FF, REC— que había que apretar con decisión, como si fueras a lanzar un misil desde un submarino.

Recuerdo que aquel aparato tardaba unos segundos en empezar a grabar, tras escucharse un par de CLACS mecánicos que venían a decir: «Oye, no me metas prisa, que necesito mi tiempo».

Con la práctica aprendí que, si quería que la canción quedara entera, tenía que pulsar PLAY y REC antes de que empezara a sonar, porque don Nordmende, prisa, lo que se dice prisa, no tenía.

Lo mejor era el mando a distancia… con cable. Sí, cable. Un cordón gris y largo que salía de un lado como el cordón umbilical de un alien. El mando era plateado, con el frontal azul, y tenía un aire espacial, como de un Star Trek de andar por casa. Aquel artefacto te daba libertad… para moverte dos metros, si tenías cuidado de no tropezar.

Tan grande fue la emoción de estrenar aquella maravilla, que el mismo día que la trajeron ya grabamos la película que daban en la tele: La reina virgen.

Creo que la emitieron un sábado por la tarde. Era una película de época protagonizada por Jean Simmons. Al día siguiente volvimos a verla, y ahora estoy seguro de que fue por el puro asombro de haberla capturado. De comprobar que lo que había salido por la tele se podía volver a ver.

Pura magia.

Y hablando de magia… al volver a ver a Ringo, tantas décadas después, ahora en la pantalla plana del ordenador —sin peso, sin botones, sin CLACS—, me asaltaron de golpe todos los recuerdos de aquella época. De los ochenta. De mi yo de quince años. De cuando los videoclips eran hipnóticos, porque la música no solo se escuchaba: también se veía.

Y cuántas veces no vería yo aquel videoclip, que lo recordaba fotograma a fotograma, como si lo hubiera visto ayer mismo.

Ahí estaba de nuevo Ringo Starr, con su esmoquin blanco, chistera y bastón:

—Detente y tómate tu tiempo para oler las rosas.

Y su entonces esposa, Barbara Bach —que estuvo a punto de formar parte de Los ángeles de Charlie, otra serie que me pirraba— le daba un botellazo en la cabeza.

Y al instante, el ex Beatle desfilaba por una autopista, vestido como un agente de tráfico, con un par de rosas al cinto y una banda de música detrás.

—Me dije a mí mismo: ¿por qué toda esta prisa, todo este ajetreo? Detente mientras caminas por la vida, y mira las bonitas rosas y párate a olerlas un momento.

Y al final, el muy sinvergüenza también decía que paráramos y nos tomáramos nuestro tiempo para comprar su álbum, (que, todo hay que decirlo, fue un álbum genial) y así él podría plantar rosas y olerlas todo el tiempo. ¡Este Ringo fue siempre un guasón!

Pero creo que su mensaje me llega con claridad muchos años después.

Me ha bastado un viejo videoclip para detenerlo todo: el reloj, el ruido, el mundo… y disfrutar de aquellos recuerdos.

Y en ese viaje temporal, por un instante, he vuelto a oler las rosas de cuando todo era nuevo y se veía por primera vez, de cuando el tiempo no sabía aún correr tan deprisa.

Y he apretado mentalmente el PLAY y el REC para dejarlo grabado para siempre.



9 de mayo de 2022

LETRAZAS Y LETRINAS

 1) Kevin y Lucho.

El taxista gira en la rotonda de la Castellana hacia General Perón. Lleva en el asiento de atrás a un joven al que ha recogido en Atocha. En disimuladas miradas por el espejo retrovisor, el conductor trata de averiguar la edad de su pasajero, quien tiene una oreja perforada por más aros que transportes hará su taxi ese día. 

En la radio suena una canción:

 <<… A ella le gusto porque estoy PPP

"Siempre Puesto Pa' darle Placer"

Ella me pide que le dé y que le dé

y yo le hago todo lo que la complace.>>


El joven marca el ritmo con el pie.


<<Que soy su nene, que soy su bebé.

Se pone loquita cuando me ve en la TV

Ella me pide que le dé y que le dé

y yo le hago de to', de to'.>>


“¡Hay que joderse!”, murmura el taxista, y acto seguido pulsa el botón del CD, transformando de golpe el paisaje sonoro. 


<<...evocaré ese idilio

con sus azules horas...

Cuando tú te hayas ido

me envolverán las sombras.>>


El taxista está a punto de preguntar al joven si conoce a Lucho Gatica, pero agita la cabeza convencido de que jamás se habrá detenido a escuchar canciones así.


<<Y en la penumbra vaga

de la pequeña alcoba

donde una tibia tarde

te di mi pasión loca...>>


Al entrar en Fernando Ossorio detiene el vehículo.


<<Te buscarán mis manos,

te besará mi boca

y aspiraré en el aire

aquel olor a rosas.>>


El joven paga el viaje y se apea.


“Joder, el nota, dice entre dientes mientras se aleja, qué bajona ma dao”, 


El taxista reanuda la marcha  cantando a dúo con Gatica.


—¡Cuando tú te hayas ido… me envolverán las sombras!


2) María Dolores  y Yung.


—Abu, es tarde, ¿no te acuestas?

—Sí, hija, es que… ¡si estaré tonto!  Se me había olvidado la pastilla. Me tomo el vaso de leche y me voy a la cama.

—Yo ya estaba arriba, pero me ha entrado hambre —dice sacando un caja de galletas de un armario—. ¡Me llevo esto a mi cuarto!

—¿Pero vas a comer en la cama? ¡La vas a llenar de migas!

—No, si estoy escuchando música...

—Ah, ¿sí? ¿Qué escuchas?

—Si te lo digo no los vas a conocer, abu. ¡Hasta mañana!

—¡Pero espera, mujer, quédate un momento! 


La muchacha suspira resignada y se sienta frente a su abuelo.


—Un ratito sólo, ¿eh?

—¿Sabes qué canción me gustaba mucho a mí? —dice mientras la nieta le quita el precinto a uno de los paquetes— Una que decía... (y empieza a cantar)


“Jazmines en el pelo y rosas en la cara,

airosa caminaba la flor de la canela,

derramaba lisura y a su paso dejaba

aromas de mixtura que en el pecho llevaba.


Del puente a la alameda menudo pie la lleva

por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera.

Recogía la risa de la brisa del río

y al viento la lanzaba del puente a la alameda...”


—No me suena de nada —dice la joven.

—Pero, ¿a  que es bonita?

—Si quieres que te diga la verdad,  no me he enterao, abu. Es que… yo qué sé… ¡Las canciones antiguas son raras!

La joven se levanta y se dirige hacia las escaleras que suben a su habitación. A medio camino se detiene.

—¡Oye, abu, que cantas muy bien, ¿eh?


Ya en su cuarto se sienta sobre la cama con las piernas cruzadas, se coloca los auriculares  y vuelve a ponerse la música del móvil.


<<Me acuesto intoxicado, ca' día más delgado

Pero ninguno folláis como mi gang ha follado (nah)

Cuando muramos se verá quién ha ganado

Quién 'taba en la right y quién 'taba equivocado (yeah)>>


3) Carlos y Bad Bunny

La mujer barre los escalones del porche. El brío al hacerlo espanta a las gallinas que picotean por el jardín. Su hermana la observa desde la mecedora.


—¿Ya han llegado tus inquilinos?

—Sí, anoche llegaron.

—A buena hora me iba yo a complicar la vida…

—¡Ay, déjalo ya! Ya sabes que ese dinero extra me viene muy bien.

—No, si no me parece mal que la casa de mamá te sirva como alojamiento rural y que la aproveches. Pero a mi no me compensaría. El año pasado te tiraste un mes para ponerla a punto y acuérdate de cómo te la dejaron…

—Bueno, pero ese es mi problema, no el tuyo.

—Vale, vale, allá tú…


Al terminar de barrer, la mujer entra en la casa, se dirige al salón y pone un disco en el viejo gramófono. Sale al porche y se sienta junto a su hermana.


“La noche que me quieras

desde el azul del cielo

las estrellas celosas

nos mirarán pasar,

y un rayo misterioso 

hará nido en tu pelo,

luciérnagas curiosas que verán

que eres mi consuelo.”


En la segunda planta de la casa de enfrente alguien sube una persiana.


—Ah, mira, parece que tus inquilinos se han despertado. Las doce y media de la mañana. ¡Buena hora!

—La juventud de hoy… Ya sabes.


La ventana se abre y empieza a sonar una música atronadora.


<<Tú me chinga' rico pero me trata' mal

Fui al psicólogo y me puso a fumar

Me dijo, "Si te patea, no te quiere na"

Son labio' compartido', lo dijo Maná

No confíe' en mujere', sólo en tu mamá

Si te corre como chinga, mete a Lui' y Maná. >>


—¿Y puede saberse cuánto te pagan por el fin de semana? Porque me parece que no hay dinero en el mundo para aguantar esto.

—Mira, ¿ves? ¡Ahí te doy toda la razón!

Y las dos terminan riendo.

***

A un montón de kilómetros de allí (hacia abajo, siempre hacia abajo) el diablo repasa su agenda. Todavía no ha elegido el día en que se abran las puertas del infierno para uso y disfrute de la Humanidad.

"Bueno, de todas formas… —piensa mientras se rasca un cuerno— el Apocalipsis está llegando por sí solo. Pasito a pasito".

***

En esta entrada han sonado metafísica y mefistofélicamente:

1) PPP, Kevin Roldán

Sombras, Lucho Gatica

2) La flor de la canela, María Dolores Pradera. 

Ready pa morir, Yung Beef

3) El día que me quieras, Carlos Gardel

La droga, Bad Bunny

23 de agosto de 2016

ON THE RADIOS


Ni tiempo para echarme algo al estómago esta vez.  
Me trago una pastilla de reishi y bajo a la calle.

El taxista me ha estado mirando por el retrovisor todo el tiempo.
Sé que terminará pidiéndome un autógrafo.
A través de la lluvia puedo ver  las dos torres de Notre Dame.
Parecen avanzar conmigo desde la distancia.
Suena el Formidable de Stromae
Pienso en lo formidable  que sería esconderme en sus campanarios.
Como Quasimodo.
Y que todo el mundo me buscara sin dar conmigo.

Llegamos al edificio de Rue Berger.
Pago al taxista.
No abre la boca.
¡Joder, cómo llueve!

Pensaba que en la emisora me ofrecerían un café.
Nada.
La locutora se llama Anne Claire.
Al verme me hace señas tras el cristal.
Que espere, claro.
Están terminando de entrevistar a un tal Jacques.
Debe de ser médico.
Dice médecine y organisme.
Despiden a Jacques y ponen publicidad.
Anne Claire me pregunta si quiero un café.
Un café au lait?,  pregunta.
Suena "café olé" (más español) 
Anne Claire me pide un autógrafo.
Se lo adorno con un par de cuernecillos en la O de diablo.
Doy un sorbo al café olé.
Sabe a rayos.
Nos sentamos,
En la mesa hay croissants, pero nadie me ofrece.
Acaba la publicidad.
"...la première céréale qui fait du bien au mâle"
Esto va a empezar.

Me llama mi representante.
"¡Ya eres número uno!" —me grita
Siento un nudo en el estómago.
La emisora de Roma tiene unas vistas privilegiadas.
El foro, el Coliseo, la Via del Corso... 

Daniella Ricco presenta el programa de las tardes:
"Qualcosa da dirti"
Mordisquea su bolígrafo mientras repasa unos papeles.
Estoy deseando que acabe la entrevista.
Y ni siquiera ha empezado.
Daniella susurra en el micro  "Andiamo a comandare"
Y empieza a sonar un tema 

En la calle me esperan un montón de fans.
Me tiemblan las manos.

Daniella se acerca y me saluda con una sonrisa enorme.
Me dice que no puede creer que yo esté allí.
Le digo que no es para tanto
Se me seca la boca.
Si pudiera salir corriendo...
Quel ch'é fatto, è fatto, me dice con mirada de diablesa.
Nos sentamos.
El tema rap acaba.


Me viene a buscar Carlitos Andrade.
Es el Presidente de mi club de fans: Amigos do diabo.
Tenemos la misma edad.
Me regala una camiseta negra con llamas rojas.
Mañana me entrevistará su madre: Cesaria dos Anjos.

Vemos el castillo de San Jorge y la Torre de Belem.
En el barrio de Alfama tomamos ginjinha y escuchamos fados.
Hablamos de la vida.
Me pongo nostálgico.
Y algo pedo.
Confieso a Carlitos que estoy cansado.
Que quiero volver a ser el que era.

Sube al estrado una chica.
Meu nome é Maria, dice
E eu quero cantar para você
Y descubre su alma

Cesaria me recibe con un abrazo.
Se parece a mi madre.
Me aguanto las ganas de llorar.

Vuelo de Lisboa a Amsterdam.
Después a Berlin.
En Londres paso un día entero en cama.
Cansancio. 
Algo de fiebre.
Me alimento de galletas y blues

¿Cómo se llamaba la locutora?
Qué más da...



Las entrevistas duraron hasta diciembre.
Volé a México, Ecuador, Argentina...
Todos los hoteles parecían el mismo.
A veces me despertaba  y no recordaba dónde estaba.
Estuve a punto de perderme en un laberinto oscuro para siempre.

Pero en Hanoi encontré mi salvación.
Después de visitar aquella emisora...

...Kim-Ly cambió mi vida.

Me gustaría contaros la historia.
Pero tan acostumbrado quedé a ser entrevistado...
...que ya no hablo a no ser que me pregunten.

15 de julio de 2015

¡¡NENES, ALASKA!!

Siguiendo con los recuerdos relacionados con la música, hoy contaré una anécdota que al rememorarla  siempre me hace reír.  A mí y a mi amigo Juan Luis.

Solo podía titularse ¡¡Nenes, Alaska!! (ya entenderéis por qué) pero podría llevar el subtítulo de El día en que mi madre fue más joven que yo, o lo que es lo mismo: El día en que fui mucho más carroza que mi madre.

Para situarnos en el día en cuestión,  hemos de retroceder a los primeros años ochenta, cuando el panorama musical era un constante hervidero de canciones de grupos y solistas que ocupaban listas de éxitos en la radio y que también se promocionaban con frecuencia por televisión. Para mí, y para tantos jóvenes de entonces, el día a día era música y más música, y nunca nos cansábamos de descubrir lo mucho que nos ofrecía.

Recibía yo entonces en mi casa el BID, el Boletín Informativo Discoplay, que como muchos  recordaréis era un catálogo en el que se ofertaban discos que uno podía pedir rellenado una solicitud  y pagándolos contra reembolso al recibirlos. ¡Cuánto me gustaba  hojear el BID, e ir señalando todos aquellos discos que me atraían!
En aquellos años, gran parte del dinero que ahorraba iba destinado para la compra de discos,  y nada me satisfacía más que conseguirlos a buen precio, y en este sentido Discoplay me hizo grandes favores.

Desde Madrid recibí muchos longplays que continúan hoy como tesoros de vinilo en mi discoteca. Recuerdo que el primero fue el Synchronicity, de Police, que escuché durante horas. Después llegarían discos de Fleetwood Mac, de Pat Benatar, de Joaquín Sabina,  Mike Oldfield, Pink Floyd, Depeche Mode, A- Ha... Sin duda, el hecho de que pasaran unos días antes de recibirlos los hacía aún más deseados y más especiales.

Bien, nos vamos acercando a esa exclamación de ¡¡Nenes, Alaska!! , mítica para mí, con la que he abierto esta historia.
Ahora habréis de imaginaros a Juan Luis y a mí repasando uno de aquellos BID. Debía ser 1984, (¡qué año tan orwelliano!). Las paredes de mi habitación  estaban decoradas con posters: de Olé olé (con Vicky Larraz, aún no había llegado Marta Sánchez al grupo), de Queen, y, sobre todo y cómo no, de ABBA.
(Juan Luis habla en azul y yo en rojo)

Linda Ronstadt... ¿quién será esta?
¿Quién?... Ah, sí, me parece que canta country
¿Y George Winston?
Ni idea, pero me da a mí que es todo instrumental. Igual es estilo Vangelis, o algo así.
¿Vas a pedir algo?
Sí, este de Dire Straits.
Vale, yo este de Sade. Podemos pagar gastos de envío a medias.
¡Mira aquí! ¡Discos a 100 y 200 pesetas!
¡Qué chollazo!
¡Cómprate este! ¡Nada menos que Gloria Lasso!
¿Gloria Lasso? Ni me suena
¿Cómo que no? La de La luna de miel. Y empezó a cantar con voz atiplada: Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi nocheee... la lunaaa de mieeel....
Jajajajaja, ¡ni de coña!
Sí, tío, pídelo y lo pagamos a medias. ¡Aunque solo sea para oírla y reírnos!
¿Y luego quién se queda el disco? Yo me niego a tenerlo, que tengo un prestigio que mantener.
Ah, yo tampoco, nos lo tendremos que ir quedando por temporadas.

Y así fue que por culpa de las risas, (y de la ganga), pedimos un disco de éxitos de Gloria Lasso, que llegó a Petrel unos días después.

Y en mi habitación volvíamos a estar los dos, escuchando nuestros nuevos discos cuando llegó el turno de desprecintar y dar protagonismo  a la Lasso, precedido de un hilarante preámbulo de falsa emoción.

No sé si estábamos extasiados con la Luna de miel o con Corazón de melón cuando de repente mi madre abrió la puerta de la habitación, asomó la cabeza y exclamó: ¡¡Nenes, Alaska!!
¿¿Cómo??
¡Que está saliendo Alaska en la tele, venid a verla!

Creo que no olvidaré en la vida la cara con la que me miró Juan Luis, y mucho menos el momento en que  dijo “¿Qué está pasando aquí?”, que me hizo reír a carcajadas al comprenderle inmediatamente.

Porque ¿cómo era posible que mi madre nos llamara emocionada por ver a la extravagante y moderna Alaska mientras nosotros escuchábamos como pánfilos a una mujer nacida en los años 20? ¿No debía haber sido al revés, que ella estuviera escuchando a Gloria Lasso y nosotros disfrutando del Cómo pudiste hacerme esto a mí, de Alaska y Dinarama?
El contraste entre Alaska moviendo su melena y  largas uñas en la tele cuando aún se oía a lo lejos en mi habitación “Ya siempre unidos , ya sieeempree”, nos hizo reír hasta no poder más. 
De repente nos habíamos convertido en unos jovencitos ñoños que escuchaban canciones pasadas de moda, y mi madre pasaba a ser  la más transgresora de la familia.  De hecho, unos años antes ya nos había dejado de piedra al decir que le encantaba el Whatever you want, de los Status Quo. “Me gusta muchísimo, tiene mucha fuerza”  Y aún hoy, a sus 74 años, flipa con Michael Jackson, y deja todo lo que tenga entre manos por verle en actuaciones en TV.

Muchos años después, cuando la música bakalao que tanto hemos despreciado Juan Luis y yo, era lo que predominaba en los gustos de los jóvenes, volvimos a tener un puntazo friki inolvidable.
Se nos ocurrió pasar en coche  por la puerta de los pubs y discotecas de moda con las ventanillas bajadas y con la música a todo volumen, tal y como acostumbraban a hacer muchos chavales de la época. Pero nosotros no llevábamos aquellos ruidos de máquinas ralladas de entonces, nosotros llevábamos... otra cosa.
Sí, nuestra forma de contraatacar contra el mal gusto de forma extrema fue dejar que del interior de nuestro coche sonara a todos los decibelios posibles el  Hablemos del amor de Raphael y otra vez aquello de Nunca sabré como tu alma ha encendido mi nocheee... de Gloria Lasso, que parecía un ángel glorioso atravesando el horror de los infiernos.

Solo cuando dejábamos atrás las caras de estupefacción de la gente, estallábamos en risas.

Hace poco le pregunté a mi amigo si se acordaba del “¡¡Nenes, Alaska!!”
Calla, calla, que no se entere nadie de aquello.
No, tranquilo, solo lo voy a contar en el blog.
¡Cómo te atreves! Bueno, pero que conste que al final el disco de Gloria Lasso te lo quedaste  tú. ¡A mí que me registren!

10 de julio de 2015

TODA UNA VIDA CANTANDO

Hace cinco años que no veo a mi padre, y una de las cosas que más echo de menos de él  es oírle cantar.
Mi familia paterna ha sido siempre muy de arrancar a cantar a la menor ocasión. En cada reunión familiar era imposible, sobre todo si estaba mi abuela,  que no se oyera aquello de:

Carrascal, carrascal, qué bonita serenata,
carrascal, carrascal, que me estás dando la lata.

Bastaba que se juntara mi padre con su hermano Guillermo para que rivalizaran como tenores y les oyéramos entonar algo muy antiguo en latín, (que no terminaban nunca de rematar porque alguno de los dos entraba a destiempo o repetía una estrofa que no había que repetir) 
Y si acudían mis tías era más probable escucharles cantar habaneras a todos, sobre todo Canta y no llores, también conocida como Las mañanitas, que tanto gusta a mi padre:

Todas las mañanitas vuelve a la aurora
y se lleva la noche triste y traidora.

 Me resulta muy fácil recordar a mi padre cantando porque lo hacía a menudo: afeitándose en el cuarto de baño ya empezaba a tararear algo; regando el jardín, las plantas le escucharon interpretar algún fragmento de las muchas zarzuelas que conoce; conduciendo al llevarnos al colegio era probable que diera un repaso a los tangos de Gardel:

Siglo veinte cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no roba es un gil

Cuando sentaba a mi hermana sobre sus rodillas imitaba a Lucho Gatica:

Reloj no marques las horas
porque voy a enloquecer
Ella se irá para siempre
cuando amanezca otra vez.

Hoy ella dice que esta canción no solo le recordará siempre a mi padre, sino que, de hecho, esta canción es de ellos dos.
Y recuerdo las muchas veces en que me hizo prestar atención a lo que ciertas canciones contaban y lo hermoso de una letra bien escrita.

Envidia, tengo envidia del pañuelo
que una vez secó tu llanto
Y es que yo te quiero tanto
que mi envidia es tan solo amor.

Pero si he traído hasta aquí toda esta introducción musical es porque me he acordado de algo que me ha hecho sonreír.

Fue una vez en la que mi madre andaba disgustada con mi padre, no recuerdo por qué ni tiene importancia, pero al caer la tarde, ella cogió algo que tenía que coser y se sentó en la marquesina de la casa, buscando  algo de fresco.
Después de un rato, se acercó mi padre y se sentó cerca.

Toooda una vida  —comenzó a cantar él—,
me  estaría contiiigo
No me importa en qué forma, ni dónde ni cómo
pero junto a tiii.

Mi madre continuó cosiendo, como si nada.

Toooda una vida, -prosiguió él
te estaría mimaaando...

Y fue cuando llegó a aquello de:
“… que eres en mi vida, ansiedad, angustia y desesperacioooón...”
que ella dejó de mover aguja e hilo y empezó a reír. Primero con una risa disimulada, silenciosa, que inmediatamente dejó de controlar para dar paso a una risa sonora que le hizo brotar lágrimas.
Mi padre se quedó atónito, sin entender qué ocurría, pues no podía adivinar que ella le había encontrado la gracia a esa parte de la canción, al reinterpretar de otro modo la letra.

—¿De qué te ríes? —quiso saber, extrañado.
Y entonces fue ella la que cantó:
—Eres en mi vida... —y reía— ansiedad, angustia... —y reía más— ¡desesperación!

Y así fue que como la risa es algo tan contagioso, también mi padre acabó riendo, y tanta risa limó los resquemores y la canción de Machín les devolvió la concordia.

Yo estaba por allí y aún recuerdo aquella escena.

Será porque todas estas canciones, melodías atemporales y eternas,  quedarán siempre ligadas a aquellos dulces recuerdos.


28 de enero de 2015

COLLAGE SE DICE COLASH

Lanzo una pregunta al aire.

¿Qué sienten ustedes cuando, después de un tiempo sin acudir al banco, pasan un día a actualizar la libreta en el cajero automático y éste empieza a imprimir lineas sin descanso?

Raka raka... raka raka... raka raka...

¿No se van arrugando ustedes frente a la pantalla ante cada nuevo raka raka, imaginando cómo va medrando el saldo?

¿No respiran aliviados cuando la maquineja calla por fin?

¿Y qué sienten cuando el silencio no es debido a que haya acabado, sino a que está pasando la página para proseguir con las restas? ¿No es horroroso?

Raka raka... Raka raka... raka raka...

Ayer puse mi libreta al día. No lo hacía desde antes de las navidades. Cuando por fin la escupió, empachada de tanto chupar, me daba miedo mirarla. Qué digo miedo, me daba terror.

Y al mirarla casi lloro.

###J####J####J####J####

Samuel se inventó un chiste el otro día, y como tiene su gracia lo traslado aquí.

Esto es un gato que se encuentra con un ratón y le dice:

— Oye, tú y yo somos muy parecidos.

—¿Sí? ¿Y eso?

—Sí, porque si te quitas la N y el acento, eres RATO, y si después cambias tu R por una G... ya eres GATO.

—¡Anda, pues es verdad! —dice el ratón sorprendido.

Más tarde se encuentra el ratón con un hipopótamo y le dice:

—Oye, tú y yo somos muy parecidos

—¿Sí? ¿Cómo es eso?

—Porque si te quitas la... aay, es que es muy largo de explicar...

####R####R####R####R####

Lo escuché bien clarito en Radio Yecla. El locutor dijo: "Mañana veremos nevar en nuestra ciudad, las predicciones así lo anuncian”.

Pero al día siguiente, oh, decepción, ni un copo de nieve se dignó a descender sobre nosotros.

Cierto es que los picos de la Sierra del Carche, que tiene 1300 metros de altura, amanecieron blancos, pero el locutor dijo “en nuestra ciudad”, no en los montes ¿A quién pido yo responsabilidades ahora? Mi hija deseaba hacer un muñeco de nieve como hizo su hermano un año antes de que ella naciera.

Cómo me gusta ver este video. Sobre todo la definición que hizo Samuel de la nieve:

¡Es agua, y se come!


Nos cuenta mi madre que cuando ella vivió la primera nevada de su vida, su hermano mayor la convenció para que probara la nieve frita. “¡Pruébala, está buenísima! “ Y la inocente niña la puso en la sartén de la chimenea para descubrir que mi tío le había tomado el pelo.

####D####D####D####D####

Otra vez tú detrás de la bruma.
Otra vez yo con el alma empañada.

####6####6####6####6####

Recientemente he tenido un sueño asombroso (aunque lo asombroso quizás sea el que yo recuerde un sueño al despertar)
En esta ocasión sí me he visto capaz de reproducir lo que ocurrió en mi mente:

Veía yo cómo una pareja de policías reducían a un tipo corpulento, echándolo al suelo, esposando sus manos a la espalda y, lo más curioso, obligándole a tragar una píldora que le metían en la boca a la fuerza. Todo esto con mucha violencia delante de mis narices. 
Decidí que lo mejor era largarse de allí, y justo cuando les daba la espalda sonaba un disparo y el detenido pasaba junto a mi a toda prisa, sin esposas, con una pistola en la mano y escupiendo la píldora con furia. Recuerdo que lo que más me impresionó fue esto último, que no hubieran conseguido que se la tragara.
Como era grande la posibilidad de que el agresor y a la vez agredido individuo se pusiera a disparar, opté por esconderme detrás de un árbol, con la mala fortuna de que elegí uno tan diminuto que ni en cuclillas me protegía.
De repente me percataba de que estaba yo en el bancal de naranjos del campo de mi madre, y pude ver cómo en esos momentos salía ella de la casa y el gigante de la pistola corría hacia donde estaba. 
Como no se veían por allí a los policías, el hombre salió huyendo sin mirarla siquiera, pero yo estaba tan asustado que le dije que allí no estábamos seguros, por lo que  la ayudé  a subir la alambrada metálica del campo vecino. Salía yo corriendo para esconderme en otro lugar, dejando a mi madre en lo alto de la valla, que se balanceaba tanto por su peso que finalmente la veía caer de cabeza al campo vecino. Me estremecí pensando en el daño que se habría hecho, pero vi cómo se incorporaba y, aun con gesto de dolor, levantaba los pulgares hacia mí y se marchaba corriendo.
Algo más ocurría después, pero no tendría mucha acción pues no lo recuerdo.

Pero el caso es que finalmente mi madre volvía a aparecer muy animada y me decía:
"Nene, que  me metí en otra película. ¡Y el protagonista era Paul Newman!"

Hay que reconocer que hay neuronas por ahí adentro que son capaces de elaborar los guiones más rocambolescos del mundo. Si en mis manos estuviera las premiaba sin dudarlo.

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Una amiga me ha dicho esta tarde: 
"Te voy a decir una cosa que me decía mi madre: eres un ángel del cielo bajao" 
(Seré un diablo, pero me ha encantao)

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Todos los días, en el colegio de mis hijos suena una canción por megafonía a la hora de entrar. Es como la señal para que los rezagados que van acercándose se apresuren. 
Ignoro quién será "el disc jockey", pero me encanta su criterio eligiendo la música.
Todos los  21 de marzo se escucha la Primavera de Vivaldi, así como el allegro del otoño cuando llega esta estación. Al llegar carnavales se escucha alguna samba carnavalera, y así todas las fechas especiales tienen su canción elegida de antemano.
Los niños no se percatan de estas coincidencias, pero a mí, y supongo que a muchos padres, me parece algo muy agradable.
Además tienen el detalle de homenajear a los cantantes que fallecen. Recuerdo que me emocionó escuchar la guitarra de Paco de Lucía el día en que murió, o la voz de Mari Trini   cuando se  nos fue nuestra cantante murciana.


Esta mañana los niños entraban en clase cuando se oía a Demis Roussos cantar allí mismo, como si  su alma planeara sobre el colegio.

23 de diciembre de 2014

CANTANDO CON AITANA

Mi hija está loca con la película Frozen.

No es solo que la ha  visto infinidad de veces, es que la canta, la baila y la imita a la menor ocasión. 
Al verla actuar, cualquiera diría que es un personaje de la historia que en alguna de las piruetas se ha salido de la pantalla.

Como  soy un enamorado de los musicales, no me importan en absoluto estas representaciones continuas en el salón de casa. Soy espectador en los ensayos, en los preestrenos, en las funciones generales  y en las actuaciones privadas. ¡Y gratis!

Lo que más me fascina es que se aprenda con tanta facilidad las letras de las canciones, ¡y que no se equivoque nunca! A mí estos ejercicios de la memoria nunca se me han dado bien.
Lo segundo que más me llama la atención es la constancia. ¿Es que no se cansa nunca esta niña?

El otro día le propuse que grabáramos juntos una de las canciones de la película, la que cantan Hans y Anna (la protagonista) 
Claro está, accedió encantada.

La cosa no resultó nada fácil. Primero porque al saberse tan de corrido todas las letras,  se lanzaba a cantar también las estrofas del chico, y en cada intento, a poco que  se despistara,  se colaba en mis intervenciones.
La cosa se solucionó cuando reescribimos en un folio toda la letra. En color azul su parte, en rojo la mía y en negro la que cantábamos a dúo. Solo había que tener presentes los colores en el papel.

El segundo problema llegó al ponerle música al invento. Encontré la versión instrumental en internet, pero no lográbamos acompasarnos a ella. La rabia que nos daba creer que íbamos bien y terminar admitiendo que la cosa hacia aguas por todas partes. Y no me quedó muy claro si nosotros corríamos más que la música o  al revés.

A punto estaba de tirar la toalla (hablo de mí, que ella quería conseguirlo a toda costa) cuando se me ocurrió una cosa. Si hacía sonar la versión original a muy bajo volumen, no era tan difícil cantar encima de las voces afinando el oído. Eso es lo que hicimos, y cuando finalmente lo conseguimos (después de varias “tomas falsas” en las que nos reímos mucho) en la grabación solo se escuchaban  nuestras voces, sin música.
La segunda parte era el truco final: añadir a esa grabación la música instrumental.

Esta última parte tampoco fue cosa fácil  porque no había manera de sincronizar las dos pistas. Pero, erre que erre,  llegó un momento en que lo di por concluido. 

No estamos del todo “sincronizados, a tiempo y armonizados” ni se oye como me gustaría, pero tampoco pretendía hacer algo perfecto, que a mí lo que me hacía ilusión es que quedara grabada para la posteridad una canción con mi hija. Y no se me olvidarán  las agradables horas que pasamos juntos en este proyecto en común.

Aprovechando estas fechas navideñas,  voy a presentar el resultado  a modo de felicitación musical para todos los familiares y amigos que soléis pasar por el blog. 
Con mis mejores deseos (y los de Aitana) para todos,  que os sean días muy especiales en los que no dejéis de abrir puertas al amor.
Y aquellos que en estos días tengáis el interior algo “frozen”, os envío el calorcillo de este infierno que, ya sabéis, siempre será vuestra casa.


¡Felices fiestas! ¡Y hasta el año que viene!