Mostrando entradas con la etiqueta Gastronómicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gastronómicas. Mostrar todas las entradas

24 de marzo de 2017

CUATRO ESCENAS DE AMOR Y BUENOS ALIMENTOS

1. EL PA TORRAT

 Es algo inmediato: llegarme el aroma de pan tostado y acordarme de mi abuela Anita. De ella y de la paz que se respiraba en su casa, especialmente por las mañanas cuando se preparaba su rebanada de pan con aceite y sal para almorzar.
"El pa torrat amb oli", que decía ella. 

Hay otros olores que siempre asociaré a la casa de mis abuelos de Petrel. 
El de coliflor hervida, por ejemplo, que se escapaba de la cocina e inundaba todos los rincones, que se colaba por debajo de la puerta, salía a la escalera e incluso bajaba a la calle. ¡La colifor hervida era todopoderosa!
También el dulzón aroma de los rollos de anís me recuerda a mi abuela. Los guardaba en un armario del pasillo, un armario con llave que siempre dejaba puesta en la cerradura, lo que permitía que mis hermanos y yo rateáramos muchas veces su interior. Nunca tuvo dulces que nos apasionaran, pero cuando apretaba el hambre nos parecían manjares.  

En fechas determinadas flotaba en el aire el olor a cera de algún cirio encendido junto a una fotografía. Y la llama dibujaba sombras en las paredes del que llamaban "cuarto de los leones", al que entrábamos sin hacer mucho ruido, con la sensación de estar en un lugar prohibido.

Pero el que prevalece en mi memoria es el aroma del pan tostado, por ser tan agradable y  porque me encantaba observar a mi abuela en su ritual de preparación. 

Solía comprar un pan grande de hogaza cortado en rebanadas. Curiosamente no comía nunca el pan recién comprado, siempre se decantaba por el del día anterior, que guardaba en una panera metálica.
Encendía el gas de la cocina y ponía al fuego una sartén tostadora muy vieja, con algún que otro agujero por el que asomaban las llamas. Después de un rato retiraba el pan del fuego y con un cuchillo rascaba sobre el fregadero las partes chamuscadas. Cogía entonces la aceitera y echaba un chorro de aceite en la rebanada y acto seguido esparcía el aceite por todo el pan con la yema del dedo índice. 
Recuerdo ese sencillo gesto como algo encantador, como su seña de identidad más auténtica que a mi siempre me cautivó.
Las tostadas de mi abuela, siempre lo diré, eran únicas precisamente por ese toque con el dedo y ese pellizco de sal que añadía con tanta gracia.

¡Y qué ricas estaban! ¿Cómo puede  algo tan sencillo resultar tan sabroso?

A propósito del aroma del pan tostado, me contaron que mi bisabuelo Guillermo, cada vez que se cambiaba de casa, lo primero que hacía era poner al fuego pan y una cafetera porque, según explicaba,  el olor del pan tostado y el del café le hacía sentir que la casa dejaba de ser impersonal para convertirse en un verdadero  hogar.

2. LAS NATILLAS CON CHURUMBEL

Paquita, mi  abuela paterna, vivía en Elda. 
He hablado muchas veces de lo divertida que era, y del gran sentido del humor que le caracterizaba

Era además golosa, muy golosa, tanto o más que yo, algo que nunca logramos determinar pues ambos presumíamos de ser los más golosos del mundo, y en ocasiones  nos retábamos a demostrarlo.
Una vez compramos una bandeja de pasteles para los dos solos y nos los zampamos  relamiéndonos como dos chiquillos. El empacho tardó en pasarse pero de aquel gozo no nos arrepentimos nunca.

De todos los dulces caseros que sabía hacer, me quedo con unas natillas con las que se me ponían los ojos en blanco. 
Lo que  hacía de aquel postre algo especial sobre todos los demás   era que remataba la bandeja con grandes cúpulas de clara montada que salían del horno con las puntas doradas. No he logrado encontrar una foto que ilustre tan bello recuerdo como el de aquellas montañas blancas cuya superficie había que romper con la cucharilla y excavar a través de ellas hasta llegar a las natillas. Era el sueño perfecto para  el perfecto glotón. 
A aquellas enormes montañas de clara batida a punto de nieve yo las llamaba churumbeles y desde entonces el postre pasó a llamarse "Natillas con Churumbel". 

Hay muchas cosas en las que coincido con mi abuela Paquita y una de ellas es la convicción de  que el último sabor que ha de quedar en la boca tras una comida es el dulce. 
Aún me rio cuando recuerdo la cara que ponía cuando veía a alguien que después de un flan, o un helado o unas natillas era capaz de echarse a la boca un trozo de jamón, o una patata frita o una oliva. Ante algo así arrugaba el entrecejo y exclamaba: ¡¡Marrano!!


3. ¿PREPARO UN AJO?


 Unos lo llaman ajoaceite, otros ajolio, otros alioli... 

En mi casa mi padre siempre lo ha llamado ajo, sin más, que suena más contundente, como contundente era su sabor cada vez que nos lo servía y lo probábamos.

"¿Preparo un ajo?", proponía, y a mí se me hacía la boca agua solo de pensarlo.

Creo que el secreto del mejor ajo del mundo, el que sabía hacer él, es que lo preparaba convencido de que iba a ser apoteósico.
Y que buscaba los dientes de ajo más gruesos y relucientes. Y,  por supuesto, que durante su entusiasmada elaboración  cantaba canciones a Matildita. (Sí, mi padre, cuando está contento, recurre a una tal Matildita, que ya es todo un talismán familiar)

Para disfrutar el ajo de mi padre solo hace falta pan. Nada de utilizarlo como condimento para otros platos. Puede estar muy bueno con un asado de sepia, por ejemplo, o con bacalao, pero el ajo de mi padre se come con pan, a mojás, pellizcando y untando con alegría. 
Cómo me acuerdo de lo que disfrutaba preguntándonos qué tal estaba. 

A veces picaba tanto que se nos saltaban las lágrimas y entonces él se frotaba las manos y exclamaba:
"¡Comed, comed, que eso es buenísimo para el cuerpo! ¡Ay, Matildita, Matildita...!"

Sí, el ajo de mi padre, esas  bombas salutíferas capaces de resucitar a un muerto. 
(Ahora me doy cuenta de que hablar de ajo después de unas natillas con churumbel resulta de lo más marrano. ¡Perdona, abuelita!)

4. BONIATOS EN EL COCHE


 En los últimos años de nuestra etapa escolar, mi hermano Tomás y yo necesitamos algo de refuerzo en los estudios, así que nos apuntaron a clases de repaso en el mismo colegio. 

Después de acabar las clases a las cinco de la tarde, nos quedábamos dos horas más, con los respectivos tutores.

Todavia conservo algún recibo de aquella época, con el importe de "Mil pesetas" que mis padres pagaban al mes por cada uno.

Recuerdo que había días en los que esas dos horas se me hacían eternas, sobre todo en invierno, cuando oscurecía pronto y uno volvía a casa con la impresión de haber pasado mil años en el cole.

Sin embargo guardo en mi memoria recuerdos muy agradables de aquellos días invernales, cuando nuestra madre aparcaba  en la esquina del colegio y nos esperaba en el interior  del coche. Nos traía la merienda a las cinco de la tarde y Tomás y yo nos la comíamos mientras le contábamos los acontecimientos del día, antes de volver a las clases.

Una tarde especialmente fría y lluviosa  nos trajo algo que me quedó grabado para siempre.
Envueltos en papel de alumino había boniatos recién salidos del horno. Recuerdo que al abrirlos el aroma nos envolvió y los bocados a aquellas patatas dulces y humeantes me hiceron rebosar de felicidad.

Y por muchos años que han pasado, cuando me acuerdo de aquellos entrañables ratos junto a mi hermano, aún soy capaz de revivir los instantes de dicha, cuando comíamos boniatos en el coche mientras nuestra madre nos escuchaba con tanto amor en su mirada.   
 

27 de septiembre de 2014

FRASES HECHAS A LA BRASA

La siguiente pieza teatral se estrenó el 27 de  septiembre de 2014 en el escenario de Miescribanía.com. 
La obra está  dividida en TRES ACTOS: Entrante, Condumio y Postre.

En el ACTO I (Entrante),  SANDRA está en la cocina de su casa. Se mueve a paso acelerado de un lado a otro, revisando el horno, removiendo con un cucharón  la olla que hay al fuego, troceando fruta... TRINI, su hermana, entra desde el salón.

TRINI: ¡Puaj! ¡Huele a rayos!
SANDRA: ¿¿En serio??
TRINI: Que no, tonta, que se me ha hecho la boca agua.
SANDRA: ¡Ay, no me va a dar tiempo! ¡Bien podías echarme una mano, Trini!
TRINI: ¿¿Yoo?? Que te la eche tu novio, que se ha quedao sopa viendo la tele. Ese sabe más que los peces de colores.
SANDRA: Es que si le llamo se me pega como una lapa. O se pone a dar más vueltas que un tonto.  Y además, de cocinar no sabe ni papa.
TRINI: ¿Ves como no eres tú la que corta el bacalao? Échale huevos y dale un grito; que venga a ayudarte, ¡que se meta en harina!, ¡que sepa lo que es dar el callo!
SANDRA: Que no, Trini, que es peor, que se pone a marear la perdiz y me pone de mala leche. Y no es él  quien tiene que sacarme las castañas del fuego, que la idea de esta cena fue mía. Oye, prueba esto y dime cómo está. 
TRINI: (acercándose al cucharón humeante que le ofrece su hermana) Ya sabes que yo no tengo pelos en la lengua, que tu novio será la mar de salado, pero si fuera el mío... ¡Ja! ¡ya podía ser la última Coca-Cola del desierto, que si no da un palo al agua, lo muelo!
SANDRA: ¡Come y calla!
TRINI: (Lo prueba) Mmmmm, está de chupa pan y moja.
SANDRA: ¿Crees que les gustará a los padres de Gonzalo?
TRINI: Ay, chica, qué quieres que te diga... Para mí está muy rico, pero como tus suegros sean como tu novio, tendrás que echarles de comer aparte.
SANDRA: ¡Calla, que estoy cagada de miedo! Mi suegro come como una lima, ¿tendré suficiente para los cuatro?
TRINI: Pues claro, ¡si esto parece la cocina de un hotel! Y, oye, que si se quedan con hambre... ¡ajo y agua! Bastante es que vienen a comer de gorra. Pero, una cosa... (mirando por todas partes) ¿no has comprado alfalfa para tu suegra?
SANDRA: (sofocando la risa) ¡Pero mira que eres bruta!
TRINI: ¿Y dices que si te faltará comida? Pero si esa mujer debe comer sombra de lechuga. Si tiene más carne un peo...
SANDRA: (poniéndose un dedo en los labios) ¡Que te va a oír Gonzalo!
TRINI: ¡Si está frito!

En el ACTO II, SANDRA está extendiendo un mantel dorado sobre la mesa del salón. TRINI saca de un mueble la vajilla y los cubiertos. GONZALO, echado en el sofá, abre un ojo, estira los brazos y bosteza.

GONZALO: Eh, Trini, ¿te quedas a cenar?
TRINI: (colocando servilletas y cubiertos) Pues no, tengo más hambre que Carpanta, pero me largo, que a esta fiesta no estoy invitada.
GONZALO: ¿Cómo que no? Quédate. Cuantos más seamos, más reiremos.
SANDRA: ¡Pero cómo se va a quedar, Gonza! ¡Vienen tus padres!
GONZALO: (asombrado) ¿¿Que vienen mis padres?? Ah, ¿¿pero era hoy??
TRINI: ¡No te digo...!  ¡Más corto que el rabo  un virus!
SANDRA: ¡Pero si lo sabías!
TRINI: Una de dos: o es tonto del haba o es más listo que el hambre.
GONZALO: ¿Qué pasa, Trini? ¿Otra vez me vas a poner a caldo?
TRINI: Pues sí, porque mi hermana ha pringao más que una burra para hacerlo todo y tú te has hecho el dormido.
SANDRA: La verdad, cariño, me podías haber echado una mano.
TRINI: ¿Me podías? ¡Aún puede hacer cosas! (Apuntando con un cuchillo a Gonzalo) ¡Échale una mano!
GONZALO: (poniéndose en pie) Tranquila, cuñada, que las armas las carga el diablo. (Se acerca a Sandra) ¿Echarte una mano? ¡Y las dos! Solo tenías que pedirlo. ¿Dónde te las echo? (le pone las manos en el trasero)
SANDRA: ¡Ah, no, no! ¡No me seas pulpo, ahora! Solo me faltaba eso. Además de no ayudar... ¡hacerme perder el tiempo!
GONZALO: Venga, yo saco la bebida. Trini, ¿quieres un Trina... ranjus? O un Mar... trini? (se rie)
TRINI: (negando con la cabeza) Esto es la gota que colma el vaso. ¡Le falta un hervor!
GONZALO: ¿A qué le falta un hervor? ¿Al besugo?
TRINI: ¡Tú lo has dicho!
GONZALO: Por cierto, huele a pescado, ¿qué has hecho de cenar?
TRINI: ¡Ha hecho lentejas! Si quieres las tomas y si no las dejas
GONZALO: Venga ya, Trini... Anda, mira, ya que te gusta dar la lata, ¿me das una de cerveza? (vuelve a reír)
TRINI: Uy, nene, que no está el horno pa bollos, ¿sabes?
GONZALO: Eres un hueso duro de roer, ¿eh?
TRINI: (sin alterarse) Que te folle un pez.
GONZALO: Molas un huevo, cuñada.
TRINI: ¿A que te mando a freír espárragos y así haces algo de una vez y mato dos pájaros de un tiro?
GONZALO: Di que sí, las cosas claras, y el chocolate espeso. ¿De verdad que no quieres un martrini?
TRINI: Sandra, ¿lo apuñalas tú o lo hago yo?
SANDRA: ¡Ay, parad un poco!  Mira que os gusta discutir...
GONZALO: (guiñando un ojo a Trini) ¡Más que comer con los dedos! Pero no te creas, que en el fondo nos queremos.
TRINI: Sí, yo por lástima, más que nada, porque vamos (mirándole con una mueca) ¡ni chicha ni limoná!
GONZALO: Pues yo contigo, ¡pan y cebolla!
TRINI: ¡Cómprate un bosque y piérdete!

No hay dos sin tres, y en el ACTO III, (ya saben, el llamado Postre) la cena con los padres de Gonzalo ha concluido. 
Al haberse marchado Trini, que, por si ustedes no se habían dado cuenta, está locamente enamorada de Gonzalo, toda la escena pierde interés, y por eso no está escrita.

No obstante, puedo decir que, efectivamente,  la suegra de Sandra apenas probó bocado, aunque, eso sí, se bebió hasta el agua de los floreros. Y que en la opípara cena hubo, además de PAN y AGUA:

SOPA (DE PESCADO), LAPAS, PAPAS, BACALAO, HUEVOS CON HARINA, CALLOS, PERDIZ, LECHE, CASTAÑAS, CARNE, COCACOLA (CON LIMA), ALFALFA (ah, no esto era broma) CALDO DE AJO Y DE CEBOLLA, PULPO, HUESO (duro de roer), BESUGO, LENTEJAS (no, otra broma) TRINARANJUS, MARTINI, LATAS DE CERVEZA, HABAS, ESPÁRRAGOS, DOS PÁJAROS (con poca CHICHA y matados de un tiro) 
Y de postre: BOLLOS, CHOCOLATE Y LIMONÁ.

Solo tienen que releer la obra para comprobar que ese fue el menú.

En conclusión, algunas frases hechas, sobre todo cuando están muy hechas, me abren el apetito de una manera....
...que me entran ganas de escribir teatro.

(Cae el MANTEL y se oyen tímidos aplausos y un eructo)

26 de octubre de 2010

LA ERÓTICA DEL VINO


Un buen día, uno lee la etiqueta de una botella de vino y su vida cambia para siempre.
.
No ocultaré que ese "uno" soy yo, y no exagero cuando digo que hay determinadas lecturas que, si se saborean pausadamente, magnetizan de tal manera los sentidos que pueden trastornar peligrosamente, atrapándote para siempre.

Desde aquella etiqueta de la botella de vino, que casualmente se cruzó ante mis ojos, soy esclavo de una literatura breve pero intensa, que no se puede catalogar como poesía pero que es el amanecer de la más bella lírica, que no contiene humor y sin embargo me hace reír, que es directa y sencilla pero a la vez esconde complicados tesoros enterrados y que, además, no pretendiendo ser erótica, contiene una sensualidad abrumadora que estremece los más secretos instintos.
.
De acuerdo, amigos, yo estaba algo borracho cuando leí aquello, y en ese estado todo se magnifica, pero podría hacer la prueba de mostraros ahora aquella etiqueta a vosotros que, imagino, me estáis leyendo en total estado ebrio y esperar a que me deis o quitéis la razón a lo que afirmo.

Retomo el día de actos. Seguidme, por favor.
.
Me encuentro en la cena mensual entre amigos (somos 5 y nos hacemos llamar La Panxa Plena)
Noche fría, restaurante acogedor, unos troncos arden en la chimenea y unas copas de vino de una botella de tinto que permanece sobre la mesa.
En una etiqueta que pretende ser un antiguo pergamino leo:

."En tierras donde el sol perfora los campos y las heladas congelan su tierra, nace un vino enérgico, vivo y elegante que enorgullece su linaje. De color rojo cereza, de reflejos violáceos, goloso y afrutado, con recuerdos de melocotón, de nogal y tierra mojada, el travieso vino invade el paladar y se entrega con la placentera persistencia de la tierra que durante siglos ha insistido en demostrar su inmortalidad"

—¡Oh, Dios mío!
— ¿Qué pasa? —me preguntan.
—Esto es... esto es...¡inmenso!, ¡glorioso!...¡insuperable!
—¿Qué dices? Ya estás pedo, ¿no?
—¡Noo!, bueno, sí, pero escuchad —y les leo la etiqueta 
"En tierras donde el sol perfora los campos..., …que durante siglos ha insistido en demostrar su inmortalidad.
—Joder, ¿quién lo firma? ¿Garcilaso de la Vega?
—No —digo—, esto sólo lo ha podido escribir un poeta enamorado hasta las cejas y a punto de suicidarse. ¡Qué digo! ¡Suicidado ya!
—Oye, pues el vino está bueno, pero lo voy a paladear a ver si le encuentro todo eso.
—Eso, eso, padaleemos, paladeremos, pala... vamos a probarlo, coño.

Bebemos todos.

—Afrutado sí que es
—Hombre, lo sacan de la uva y la uva es fruta.
—Ya, pero el melocotón se nota también.
—Y una mierda, tú no notas el melocotón...
—Que sí que lo noto.
—No se nota ni de coña.
—Porque no tienes educado el paladar.
—¡Anda ya! ¿Y el nogal? ¿Y la tierra mojada? ¿Se notan también?
—Pero digo yo, ¿eso se lo inventan o lo sienten así de verdad?
—No lo sé, pero yo quiero leer otra botella. Y la quiero ya.
—No, tú ya no bebes más, que te conocemos.
—He dicho leer, no beber, quiero leer más etiquetas de estas, ¡quiero más...!
.
Así que en otra ocasión en que pasaba caminando junto a una tienda de Delicatessen de Yecla, descubrí en su escaparate unas botellas de vino presentadas sobre hojas de parra, me acordé del episodio del poeta suicida y entré a curiosear.

Con una carísima botella de vino entre las manos, elegida al azar, empecé a leer su etiqueta.
De nuevo me pareció sublime:

.... recuerdos de canela, de arándanos, cereales y pan de higos... (¿y pan de higos? La madre del cordero, con un sorbo de este vino ya has merendao y todo) ...elegante, bien estructurado… con alta expresividad ... (Puaa, me encanta, es que le ponen patas y se va solito a la pasarela Cibeles)
Luego leí otra:

Vino de nariz intensa, bien perfumada. Persisten largo tiempo sus notas de maderas nuevas, algunas vainillas y toques tostados.... (no me digáis que no es hermoso hasta decir basta) atisbos de ligero verdor... avisos frescos acompañados de fruta tropical (piña), piel de limón confitado y una atractiva mineralidad. (Si es que compraría este vino sólo para ducharme con él)

Cada etiqueta parecía superar a la anterior en estilo y originalidad.
Hubo una que casi me hace salir a comprobar si me había metido en una Delicatessen o en un Sex-shop. Decía:
.
Cuerpo largo y redondeado que entra suave y se deja querer en boca; aterciopelado y juguetón, afrutado a uva, higo y melón..(¡¡Por todos los demonios!! O yo tengo el paladar más frígido sobre la faz de la tierra y me estoy perdiendo placeres inimaginables o hay tipos que se lo pasan pipa jugando con la retórica. ¡¡Esto no puede ser tan bonito!!¡¡Yo quiero sentir eso!!)
.
Salí de aquella tienda sudando sin haber catado una gota...

Y no os engaño, juro por Baco que esto es así de excelso y rimbombante. Podéis como yo aficionaros a leer críticas de entendidos y descubrir que dicen cosas como:

.Un vino que aparece de puntillas, sin molestar (todo un detalle si te duele la cabeza, por ejemplo)
...más goloso que sus hermanos... ( le esconderán el chocolate, imagino)
...con aromas de flores blancas: azahar, dama de noche, nardos (¿en serio? ¿tantas? ¿Servirá como ambientador?)

Tengo anotada una crítica a uno de tantos vinos que dice:

En boca es untuoso, con toques de albaricoque y mielosos, mantequilla, pastelería, hierbas (flores secas) y minerales. Para mi gusto le falta un poco de alcohol.(¿no le va a faltar? ¡si con tantas cosas que tiene dentro no le puede caber nada más!)
.
Así que en esas ando. He caído en las suaves garras de esta literatura tan carnal como etérea que se ríe de mí pero me llama desde lejos mostrando una nalga para que no deje de seguirla.
Parece burlarse y me obliga a ser incrédulo, pero su suprema belleza me convierte poco a poco a su religión y la sigo para beber de ella una y otra vez, pues nunca me sacia.
.
Sueño con ser un enólogo sibarita algún día, un avezado catador que sepa destilar cada gota de vino en mis papilas y así traducirlas de esa forma prodigiosa en que lo hacen ellos. Quiero beber esa sangre de viñas viejas y que me posean de golpe todos los poetas de la antigüedad.

Casi me veo ya expresando ese placer infinito:

."Este vino corretea descalzo entre la lengua y el paladar. Valiente, escurridizo, te planta cara y luego huye, bribón. Aromas a otoño tardío, a setas que rompen el húmedo musgo del bosque un jueves de madrugada. Con recuerdos a remolacha, fresas, ciruelas y alguna manzana pocha; a tabaco sin cafeína, a suspiro de doncella inexplorada y a poleo menta con madalenas.
Con un retrogusto tan almibarado que bizquea en los ojos para terminar fluyendo laringe arriba en una explosión de norias de viento, de sábanas calientes y de orgasmos de leche y miel."
.
Hasta mañana, amigos. Estoy exhausto.

14 de abril de 2010

REFLEXIONES TRES DELICIAS


Se abre el telón y nos encontramos en el interior de un restaurante chino.

En una de las mesas están sentados JuanRa, Apamen, Fran, y Juan Luis, que comen y beben en animada charla.

Pero… ¡un momento! ¡Que caiga el telón de nuevo! ¿Qué le pasa a JuanRa? ¿Por qué tiene las orejas como dos pimientos morrones y no para de reír tan escandalosamente?

Ah, claro, es necesaria una aclaración antes de proseguir: verán, sus tiempos de beber alcohol pasaron a la historia.

¿Qué será lo que cambia en uno con los años hasta el punto de no volver a contemplar ni de lejos aquello de “salir de copas”?¿Y por qué tomando sólo una hoy se pone tan folklórico?

Cuesta creer que ese JuanRa sea el mismo que hace un tiempo podía tomarse un whisky con hielo y seguir diciendo cosas coherentes. Y aun tomándose dos ¡sabía volver a casa!

En algún momento de su vida debió mutar a una especie diferente en la que una simple cerveza le pone como una moto, y con dos te canta sin rubor el Fandanguillo de Yecla subido en una mesa. (Hace tiempo que no se ha podido experimentar qué haría con más de dos)
.
Muchos lo tacharéis de exagerado cuando dice que con tan sólo el primer trago ya nota cómo las neuronas empiezan a perder su gravidez en la azotea, pero cuando os crucéis con alguno de sus hermanos o amigos preguntadles si es cierto o no, preguntad a ellos que han sido testigos de las felices melopeas del susodicho.

Las células de JuanRa deben actuar ante el alcohol como esas bayetas ultra absorbentes que anuncian en la tele que se chupan cualquier líquido con una facilidad pasmosa. Esas bayetas que si las tiráramos al Lago Ness dejarían al monstruo con el culo al aire.

Y, claro, luego pasa lo que pasa, que está en una cena y cuando lleva media cerveza empieza a hacer complicados intentos de guardar la compostura porque no es serio andar diciendo que ya está borracho en el aperitivo.

Pero no por ello va a privarse del placer de un buen vino tinto por ejemplo, ni el de un Lambrusco rosado bien fresquito, aunque ello le conduzca a ponerse gilipollas graciosillo y se ría hasta de su sombra. Y es que, la verdad sea dicha, a él ya le da igual porque ya lo conocen de sobra y la fama la tiene ganada a pulso.

Hecha esta aclaración, que vuelva a subir el telón y acerquémonos a ver qué dicen en esta escena real que transcribo hoy con el permiso de todos ellos.

.FRAN: ¿Os habéis parado a pensar que la palabra “regular” la empleamos mal?
JUANRA: (Absorbiendo un tallarín) ¿Cómoo?
FRAN: Sí, regular, con regularidad, sin cambios. Cuando a uno le preguntan qué tal está y contesta “Regular”, en seguida decimos ¿Y eso? ¿Qué te pasa? Pero regular implica que está normal, ni bien ni mal. Para decir que la cosa no va bien deberíamos decir “Irregular” “¿Qué tal estás?” “ Irregular”
JUAN LUIS: Anda ya, ¿pero eso los maestros lo saben? Porque a mí cuando en el cole me ponían un REGULAR era como si me pusieran un MAL como un piano. Y en mi casa me echaban el sermón. Podías habérmelo dicho antes.
JUANRA: JUAJAJAJAJAJAJA. Oye, este vino está muy riquismo, ¿no? Tendré en cuenta lo de “regular”. Si es que hay muchas cosas que se dicen mal. JiJi ¿A quién se le ocurrió, por ejemplo, que lo INFLAMABLE es lo que puede arder? A ver, INTOCABLE, que no se puede tocar, INVENCIBLE, que no se puede vencer, INFLAMABLE que sí se puede quemar…. ¿Cómo se come eso?
JUAN LUIS: Claro, luego viene un inglés y enciende una cerilla al lado de un bidón de gasolina y le pega el zambombazo y a ver cómo le explicas lo del cartelito.
JUANRA: JUAAAJAJAJAJA. Pobre inglés, ¿cómo se le ocurre? Desgraciaico, que nadie le explicó ese IN…
APAMEN: O cuando hace mucho mucho calor, ¿por qué dicen “Hace un sol de justicia”?
JUAN LUIS: Eso digo yo, ¿de justicia? ¿tan mala es la justicia? Si hace mucho calor ¡¡ hará un sol de injusticia!!! ¡Qué coño!
JUANRA: (riendo sin parar) ¿Queréis callaros? Me duele la mandíbula.
FRAN: ¿Ya?
JUANRA: Ya, qué
FRAN: ¿Ya estás borracho?
JUANRA: Buuuuuu, jojojojo, hace muuucho tiempo, ¿vosotros no?
ELLOS: ¡No!
JUANRA: ¿Noo? ¿En serio? De verdad que no entiendo cómo lo hacéis.
JUAN LUIS: Pero si te has bebido sólo medio vaso ¿cómo es posible?
JUANRA: Y yo que sé. Pero tengo una castaña más guapaa…
APAMEN: Yo creo que está bien, que se lo inventa.
.
A los cinco minutos JuanRa canta el Sildavia de La Unión pero en plan cateto:

JUANRA: No tengas miedo de perdeeerte nooooo
JUAN LUIS: (Mirando de reojo al resto de comensales) No, no se lo inventa. Él es así.
JUANRA: Er tiempo pasa tan despaciooen Sirdaviaaaaa, no haaay desiertoooo…
.
Llega una camarera a servir el arroz tres delicias y lo pilla en pleno “desiertooo”. JuanRa piensa que va a quedar peor si corta la canción de golpe, así que sigue cantando.

JUANRA: …no haaaay falsa pasioooon
.
La china sonríe e inclina la cabeza varias veces. Parece que le guste esa familiaridad pero lo más probable es que piense “ Uy, qué pedal tiene éste”
.
APAMEN: ¿Por qué cierras los ojos?
JUANRA: ¿Yooo? No los cierro, se me cierran solos.
JUAN LUIS: Otra cosa mal dicha es lo de “malherido”.
FRAN: ¿Por qué?
JUAN LUIS: A ver, si a uno lo hieren mal no se morirá por eso. Lo han herido mal y se salvará. No es grave. Será grave si lo hieren a base de bien, ¿no? Yo lo veo así: “Han disparado a Harry, pero tranquilos, está muy mal herido. Son tan malos disparando que no le han sabido ni herir bien. En cambio, qué bien han herido a Bill. Se le ven todas las tripas. La va a palmar seguro”
JUANRA: (que estaba tragando arroz) COF COF… JUAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
.
La conversación deriva al tema del paso del tiempo.
.
APAMEN: La década que va del 2000 al 2010… ¿cómo se llama? Pasaron los ochenta, los noventa, pero ¿y esa? ¿Qué década fue?
JUAN LUIS: Ah, ¿pero es que ya pasó?
FRAN: Tú dirás…
JUAN LUIS: Pues no sé qué me pillaría haciendo, pero de esa década es que no me he enterado.
FRAN: Señal de que os estáis haciendo viejos.
JUANRA: Vete un poquico a cagar, anda
FRAN: ¿Os habéis parado a pensar que no debe faltar mucho para que haya un presidente del gobierno que sea más joven que vosotros? Cuando eso ocurra ya tendréis que admitir que os habéis hecho mayores.
JUANRA: Mecaguenn… Anda , Juan Luis, dile algo, que Fran quiere hundirnos en la miseria.
JUAN LUIS: Bueno, es bien fácil. No nos fijemos jamás en la edad de los presidentes. Hay que fijarse en la de los Papas, que siempre son más viejos que Matusalén. A su lado siempre seremos jóvenes.
JUANRA: (Alzando la copa) ¡Por los Papas de Roma!
.
Y hala, otro trago más.
.
Cuando caiga el telón, JuanRa no sabrá ni levantarse de la silla. ¡Qué castañas más bien amortizadas las suyas!

10 de febrero de 2010

¡ES POESÍA! ¡¡Y SE COME!!

Hacía mucho tiempo que un texto no me embriagaba de tanto placer.

No resulta fácil encontrar la palabra al servicio de los cinco sentidos, embelesándolos con su lectura a cada paso.

Ni los sonetos de Shakespeare, ni las Rimas de Bécquer, ni las máximas de Tagore me habían transportado tan alto ni tan lejos ni tan hondo.

Queda harto ridículo, por lo prosaico de su naturaleza, descubriros que ese texto sublime lo he encontrado… ¡en el menú de un restaurante!

Un amigo estuvo en uno de los más preciados restaurantes de España, haciendo acopio de una gran variedad de platos en una degustación que le hizo sumamente feliz (el momento de echar mano de la cartera no debió ser tan ufano)

Pero sin más dilación os quiero presentar ese menú que tuvo a bien regalarme, escrito en un pliego de aspecto antiguo, como si hubiera sido elaborado por todos los grandes poetas muertos de la Historia. Me perdonaréis si no me contengo a la hora de comentar mis impresiones; dejar de hacerlo me reventaría la hiel.

Por favor, léase con la mano en el pecho como si recitara el mismísimo Horacio.

Ensayo de ensaladas: cogollo tibio embebido en salmuera de vainilla aliñado con vinagre balsámico y piel de leche de caserío.


(No me he enterado bien, pero debe ser un sacrilegio masticar tanta belleza)


Relleno de raviolis de Txangurro y castañas frescas en un consomé traslúcido de hojas y tallos alimonados.


(¿No es para conceder el Premio Nacional de Poesía de ipso facto?)


Taco de lubina reposado sobre un lecho perlado de semillas de calabacín a la parrillla.


(Yo suspiro... ¿Suspiráis vos?)


Carpaccio acompañado de un aliño agridulce, lascas de queso Idiazabal y briznas vegetales


(¿...tal vez mecidas al vaivén de los vientos alisios? Me emociono mucho.)


Salsifí fosilizado aliñado con huevas y acentos marinos


(¡acentos marinos! Dios, qué belleza sin par. Serán esdrújulos con toda seguridad)


Escalope de foie gras de pato sahumado a la parrilla, sobre un lecho hilado de pulpa de calabaza casera en un majado aromático, cálido.


(Esto se copia tal cual en una carta de amor y la dama cae rendida, derretidita sobre un charco.)


Salmonete deshuesado y salteado, apoyado sobre un guiso de carnes de cerdo ibérico y verduras ligado con sus hígados.


(Virginia Woolf me ha besado en los párpados mientras Lord Byron me hacía cosquillas con su pluma. Romántico, erótico, sublime…)


Pieza de ternera de leche asada y perfumada entre brasas de sarmiento, briznas de tomillo, cenizas, sales y rábanos crocantes.


(No me podéis ver, pero estoy llorando…)


Solomillo de pato reposado entre complementos iodados, virutas y lascas de trufa.
Varias cucharadas de contrastes afines: crema de leche, hojas y dulces.
Pastilla artesana caliente y agua batida de miel con avena.


(Pero cómo no va a costar un ojo de la cara comer en lugares así. No sólo han tenido que desenterrar a Quevedo, ¡¡lo han resucitarlo y lo han puesto a cocinar!!!)


Cuando terminé de leer esto llegué a la conclusión de que la poesía vive y que se dedica a la gastronomía de alto paladar.

Estuve pensando que cualquiera puede comerse un plato de patatas fritas en aceite y pagar un par de euros por ellas, pero si en cambio te sirven láminas de tubérculo soterradas en óleo jienense, aunque te comes lo mismo se te pueden exigir varios billetes por ello sin rubor alguno pues la belleza se paga.


De igual forma no es lo mismo tomar sustento materno vacuno de prado pirenaico que beberse la pura leche de vaca de toda la vida. Es que no hay color.

Os propongo que creemos juntos una carta excelsa. Olvidaos de la materia prima vulgar y buscad lo sublime de un simple garbanzo. 
Que nadie diga que son malos tiempos para la lirica.