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3 de julio de 2026

MAYORIA DE EDAD CON 600

Me pregunto qué se os habrá pasado por la cabeza al leer el título.

¿Mayoría de edad con 600? ¿Qué significará eso?

Antes de seguir leyendo, deteneos un momento para pensar a qué me puedo referir.

¿Lo habéis deducido ya?

Efectivamente, la explicación es sencilla: hoy este rincón de internet cumple dieciocho años. Y, además, esta es la entrada número seiscientos.

¡¡Toma ya!!

Lo curioso es que hacía ya muchos años que no me detenía a celebrar el aniversario del blog, pero, desde luego, dos cifras tan llamativas merecían un pequeño alto en el camino.

Hubo un tiempo en que esta fecha era ineludible y preparaba una entrada especial para ese buen puñado de lectores que siempre encontraban un rato para dejar un comentario y que me seguían el juego ante cualquier idea que les propusiera, por loca que fuera.

Eran los años en los que los blogs vivían su edad dorada.

Lo recuerdo con un cariño inmenso.

El tiempo, naturalmente, ha ido cambiando las cosas.

Las redes sociales fueron ocupando el espacio de aquellos blogs y, poco a poco, fueron cerrando sus puertas.

Este, aunque con un pulso mucho más tranquilo, ha seguido dando sus pasitos.

A la edad del diablo empezó a caminar sin que supiera yo muy bien qué pretendía hacer con él.

Con el tiempo se convirtió en ese rincón personal que fui llenando de recuerdos familiares, de samueladas y aitanerías, de anécdotas cotidianas, de fotografías, de dibujos, de pasatiempos y juegos de todo tipo.

De pequeñas historias, de ocurrencias absurdas...

De reflexiones sobre libros, cine...

De exposiciones de álbumes de cromos, de discos, de tebeos...

De mis viajes, de mis trabajos...

En fin, de cualquier tema que se me pasara por la cabeza y considerara digno de ser escrito.

Incluso he llegado a mantener conversaciones con el propio Diablo Jefe.

Y con un espíritu ruso, Madame Parrus, que, os aseguro, lleva años apoderándose de mí.

A la edad del diablo es un escaparate de todo aquello que me apasiona, me entretiene, me llama la atención o simplemente me apetece dejar por escrito para compartirlo.

Confieso que, de vez en cuando, me asalta una idea.

Pienso que quizá ha llegado el momento de ponerle un punto final.

Que ya no tiene demasiado sentido seguir escribiendo cuando apenas quedan lectores.

Que, al fin y al cabo, nada dura eternamente.

Pero siempre termino llegando a la misma conclusión.

Escribo porque me gusta escribir.

Lo he hecho desde mucho antes de abrir este blog y, probablemente, seguiré haciéndolo mientras conserve las ganas de contar cosas.

Los lectores siempre fueron un regalo, y los comentarios, una alegría inmensa, pero la razón de fondo nunca ha cambiado.

Disfruto dejando constancia de pequeños momentos, de recuerdos, de ocurrencias y de todo aquello que, por un motivo u otro, creo que merece la pena dejar aquí.

Y me gusta pensar que alguien lo terminará leyendo.

Tarde o temprano.

Dieciocho años...

Seiscientas entradas...

A todos los lectores, los de ayer, los de hoy, los de siempre y algún otro que casualmente pasará por aquí:

¡¡MILLONES DE GRACIAS!!




31 de mayo de 2024

PASANDO REVISTA AL PASADO


—Voy a intentar vender las revistas en Wallapop  —me dijo mi amigo Juan Luís.

Y entonces supe que, antes de que desapareciera ese tesoro de Tutankamón que guarda en su casa, era absolutamente necesario ir a echarle un vistazo.
Era algo que tenía previsto hacer desde hace muchos años, pero el tiempo va pasando (hoy más que nunca lo vamos a comprobar con documentos gráficos) y no me había decidido a llevar a cabo lo que tanto me apetecía. 
Hasta que por fin lo hice.

La madre de Juan Luis fue durante años una gran lectora de la prensa del corazón, especialmente de la revista HOLA y él me había comentado muchas veces que tenía ejemplares dignos de ver. 
No sólo estaba yo seguro de eso, sino que pensé que sería interesante compartirlo algún día con los lectores del blog. 
Ese momento ha llegado.

Un domingo por la mañana salí de Yecla hacia El Campello. Llegué a su casa y él ya tenia preparados los archivadores sobre la mesa. La mitad de ellos eran de revistas en blanco y negro, algunas de los años 40 y 50 y una gran mayoría de los 60, con unas portada que parecían pintadas con un azulete desvaído y unas páginas grisáceas que más que de papel parecían estar hechas con el polvo de los tiempos, prensado con tinta de calamares prehistóricos. 

 La otra mitad era de revistas de los 60 con portadas en color, aunque en su interior eran más las páginas en blanco y negro que las de brillante colorido. Supongo que aquellos eran tiempos en los que había que abaratar costes.

La cosa fue divertida porque decidimos agruparlas por temas según las personalidades de sus portadas y yo iba fotografiando las que más me llamaban la atención.


Así que fuimos haciendo montones con portadas de actores, actrices, aristócratas, príncipes, reyes y hasta papas de Roma.

Sí hubiera que hacer un ranking de portadas más habituales, en los primeros puestos estaría sin duda  la familia Grimaldi.

Y es que aquello de que una bella actriz de Hollywood terminara siendo princesa de Mónaco siempre fue una romántica historia que más parecía de cuento de hadas que de pura realidad.

También había muchas portadas dedicadas a Farah Diba, que sería reina consorte de Irán al casarse con el sah de Persia. Recuerdo que siendo niño me llamaba la atención esta mujer, especialmente porque su nombre se parecía al de mi admirada Farrah.
Naturalmente, muy a menudo, aparecían primeros planos de las bellezas del momento, como Claudia Cardinale, Brigitte Bardott, Catherine Deneuve o Sofía Loren.




Si hay algo que caracteriza a la revista HOLA es su interés en hacer reportajes sobre la vida de celebridades internacionales y miembros de la realeza. ¿Una boda de alto copete? Allí está HOLA. 
Y con los nacimientos y seguimiento de sus proles, ídem de lo mismo.


Si tuviera que resaltar una portada por su peso histórico, enorme como de aquí a la luna, sería esta de julio de 1969.

Me fui de casa de mi amigo con la sensación de haber sido parte del pasado durante horas. Tantas fotografías de la gente y la vida de hace varias décadas, que en su gran mayoría han dejado de existir, me dejó una sensación extraña. Aquellos acontecimientos quedaron plasmados en las revistas, congelados en el tiempo.  Y allí seguían aquellas sonrisas cuando cayó el muro de Berlín, cuando se disolvió la URSS, cuando se inventó internet, cuando se desplomaron las Torres Gemelas, cuando nos encerramos en la pandemia...

Y allí continuarán sin llegar nunca a decir ADIÓS.



24 de diciembre de 2023

VOLVER A NACER

 


Cierro los ojos y pienso en la vida, ese crisol de luz y color, ese torrente de sensaciones en continuo fluir. 

Aspiro hondo y siento la vida, con sus amaneceres y puestas de sol y con todo lo que conlleva su día a día:  anhelos, gozos, temores, desalientos, lágrimas, risas… 

Vivir es algo que damos por sentado, tanto que ni siquiera nos paramos a meditar en lo que supone estar vivo. 

Pero esa vida preciada y preciosa podría desaparecer en un segundo. 

O cambiar nuestra existencia por completo y para siempre. 

El pasado 23 de febrero terminé mi jornada laboral sobre las ocho de la tarde. Como cada día.

Subí al coche y conduje en dirección a casa. 

Ya había anochecido. 

Iba escuchando un podcast sobre la Historia de España, algo a lo que me he aficionado últimamente. 

Había dejado atrás la ciudad de Villena y, después de sobrepasar el único tramo con curvas de la carretera, me fui aproximando a la última, la que da paso al largo y recto recorrido que lleva a Yecla. 

De esa curva surgieron dos luces que me enfocaron directamente. 

No hubo tiempo a reaccionar porque ni siquiera hubo tiempo a darme cuenta de que un vehículo había tomado mal esa curva y estaba invadiendo mi carril. 

Aquel lugar. Aquel segundo.

Fue una sacudida violenta, tan repentina que me costó procesar lo que estaba ocurriendo. La línea del horizonte se perdió ante mis ojos y acto seguido el sonido de otro fuerte impacto, el de mi coche al sobrevolar el guardarraíl y caer de costado fuera de la carretera a un nivel inferior.

Han pasado varios meses desde el accidente, pero tengo grabadas las imágenes y los sonidos de esos primeros instantes como si hubieran sucedido ayer mismo.

Recuerdo el creciente ahogo al no poder respirar. Sin ninguna duda el cinturón de seguridad me había salvado la vida, pero también me había sacudido el pecho de tal manera que no conseguía que el aire entrara en los pulmones.  Fueron unos segundos horribles. 

Mi primer impulso fue salir del coche y tanteé en la semioscuridad buscando la manivela para abrir la puerta, sobre la que mi cuerpo se apoyaba, pero estaba rota y los airbags desplegados lo cubrían todo. Unas gotas calientes me caían sobre las manos. La nariz me sangraba.

Vi el volante y en un acto reflejo empecé a tocar el claxon. Necesitaba que alguien supiera que yo estaba allí. 

Al cuarto o quinto pitido el sonido se desinfló, pues la batería también había dejado de funcionar, pero en algún lugar por encima de mí empecé a ver luces de coches que se detenían, y me llegaron sonidos de voces, algo que sin duda me tranquilizó.

Me sentía tremendamente incómodo e hice el intento de cambiar de postura, pero entonces me di cuenta de que no era capaz de mover las piernas y tuve unos instantes de pánico, aunque, por lo que alcanzaba a ver, no estaban aprisionadas.

Escuché el sonido de unos pasos que se acercaban y   enseguida la voz de una mujer con acento latinoamericano que me dijo que no me preocupara, que ya habían pedido ayuda. No voy a olvidar jamás la tranquilidad que logró transmitirme aquella mujer con sus palabras.  Le pedí que me diera la mano y lo hizo sin dejar de darme ánimos y de rezar.

No sabría calcular el tiempo que pasó hasta que me sacaron de allí, pero las ambulancias no tardaron mucho en llegar.  Recuerdo que supe mantener la calma a pesar de que la postura del cuerpo echado sobre la puerta me resultaba cada vez más incómoda y dolorosa. Todavía no sabía que me había roto una costilla. 

“¿Puede usted respirar bien?” fue lo primero que me dijo un bombero al aproximarse al coche, y al responderle que sí, me explicó que iban a dar prioridad a la mujer que había chocado conmigo. Poco después me llegaban desde la distancia sus gritos de dolor.   

No puedo más que maravillarme ante la profesionalidad mostrada por toda aquella gente al sacarme del coche llegado el momento. Cortaron con toda celeridad la puerta y me pasaron con sumo cuidado a una camilla, para trasladarme inmediatamente a la ambulancia. Durante el trayecto no dejaban de hacerme preguntas y de tranquilizarme.  Empecé a sentir frío, pero me sentía reconfortado al saber que estaba a salvo con todas aquellas personas atendiéndome. 

Había una luz muy blanca en aquel vehículo. Un médico empezó a cortarme los pantalones con unas tijeras y oí como decía “fractura exterior.” No quise mirar, pero tuve claro que me había roto algún hueso. Cuando iban a retirar mi pantalón recordé que llevaba el móvil en un bolsillo y pedí que me lo dieran para llamar a mi mujer. Se ofrecieron a llamarla ellos, pero preferí que oyera mi voz. El susto iba a ser grande igualmente, pero mucho más llevadero si me escuchaba decirle que estaba bien.

Antes de llevarme al hospital me inyectaron morfina y con el previo aviso de “esto le va doler un poco” procedieron a recolocar el hueso roto. Efectivamente fue como una descarga eléctrica que me hizo sudar frío, pero en esos kilómetros hasta Yecla, me fue invadiendo una paz absoluta en la que todavía era incapaz de asimilar todo lo que había ocurrido.  


Hoy, diez meses después de aquel día, echo la vista atrás y me sigue pareciendo algo irreal, algo que sé que de verdad ocurrió, pero de lo que no termino de ser realmente consciente. Y sin embargo ahí ha estado la travesía por la que he pasado con una enorme paciencia: dos operaciones, algunos días ingresado en Murcia, mucha medicación y una larga rehabilitación. 

Ahora puedo sonreír al recordar los peores momentos: aquella inmovilidad absoluta en la que no era capaz de valerme por mí mismo y la ansiedad que me producía tal impotencia. O el dolor de la costilla rota, mucho peor que los de la tibia, el peroné y el tobillo.

Recuerdo la inmensa alegría cuando empecé a caminar con un andador, después con dos muletas, luego prescindiendo de una y por fin los pequeños pasos sin ninguna ayuda.  

Y hay cosas que van a quedar grabadas en mi alma para siempre:

La dedicada entrega de mi mujer todos y cada uno de los días y el apoyo emocional en los momentos más duros. Las lágrimas de mi hija cuando me vio llegar a casa en ambulancia, con esa mirada de amor infinito. Los ratos en los que mi hijo se acostaba a mi lado sin olvidarse nunca de darme un beso al marcharse, el abrazo emocionado de mi madre…

Y las constantes manifestaciones de apoyo y cariño por parte de mi familia, amigos y compañeros de trabajo, que sin duda han sido un bálsamo de felicidad y un recordatorio de las cosas que más valen en este mundo. 

Hoy me produce un inmenso gozo caminar y al hacerlo me digo: ¿Te das cuenta de que estás andando? ¿Eres consciente de que estás vivo, de que podrías no estarlo? 

Y no quiero olvidar nunca que la vida es un auténtico regalo, y que, si el hilo de plata no quiso romperse aquella noche, no voy a desaprovechar esta segunda oportunidad. No quiero preocuparme por las cosas que no tienen importancia. 

Vivir, vivir es lo que de verdad vale.


Cierro los ojos y pienso en la vida, ese crisol de luz y color, ese torrente de sensaciones en continuo fluir…



5 de enero de 2021

EL ALEGRE NAVIDEÑO DEL AÑO (Audiocuento grabado en familia)

En una reunión familiar en la primavera de hace 5 años se nos ocurrió grabar el cuento de La bella durmiente. 

La idea era que grandes y pequeños  participáramos poniendo voces a los personajes y que quedara así un bonito recuerdo.

Tras más preparativos de los que a priori se esperaban, se llevó a cabo finalmente, y la experiencia fue tan divertida que un par de años después volvimos a  colocarnos ante el micrófono con otro cuento. 

Esta vez fue en navidades, lo había escrito yo, y otra vez nos divertimos enormemente. No sólo por ser un cuento lleno de situaciones absurdas, (tres niños que viajan a Oriente a llevar regalos  a los reyes, que se han puesto malos y están en cama) también porque el caos ante los preparativos, los nervios por no equivocarse, o el tener que leer el guion sin reír y sin que la lengua se trastabillara, nos hizo pasar momentos inolvidables.

Y fue en enero de este fatídico año que acaba de concluir, cuando nadie podía intuir que llegaría la pandemia que tantas cosas ha cambiado, que grabamos un tercer cuento. 

Aunque todas las voces quedaron registradas, la grabación ha estado aparcada durante todo el año, a falta de música y efectos sonoros. Creo que no había demasiados ánimos para concluirlo.

Y en estas navidades en las que por primera vez en nuestras vidas no hemos podido reunirnos, mi familia me pidió que lo terminara y pudiéramos escucharlo como si todos estuviéramos juntos. 

Por eso me hace especial ilusión presentar hoy en el blog este tercer cuento, para mi familia y para mis queridos lectores.

Se titula El alegre navideño del año. Advierto que es de un surrealismo feroz, de esos que casi muerden, pero espero que os resulte ameno de escuchar. 



Aprovecho para desear a todos un muy feliz año nuevo en el que no falte salud, trabajo y, muy importante, mucha ilusión.

PD. Los otros audiocuentos:


26 de diciembre de 2018

EN BUSCA DE LOS TRES REYES MALOS (Audio cuento grabado en familia)


En los primeros días de este 2018, cuando era un año  recién estrenado y faltaba mucho para decirle adiós, escribí un cuento que hoy quiero compartir con todos ustedes. 

Fue creado con la idea de que tuviera tantos personajes como miembros de la familia dispuestos a ponerles voz, tal como habíamos hecho tiempo atrás con la grabación de un cuento ya conocido: la Bella Durmiente.

En esta rocambolesca historia fue necesario hacer algunos  reajustes sobre la marcha, y hubo multitud de  ideas divertidas aportadas tanto por los mayores  como por los pequeños, sobre todo por los pequeños, que se sumaron al proyecto de grabación con sumo entusiasmo.

Los protagonistas principales son mis sobrinos Marta y Saúl y mi hija Aitana, como los tres niños majos que han de viajar a Oriente a llevar algunos regalos a los Reyes, pero en el transcurso del cuento aparecemos todos: abuela, tíos, primos… ¡Hasta la mascota de la casa hizo su aportación con algunos ladridos!

Naturalmente fue una experiencia muy divertida y un bonito recuerdo para la posteridad.

Espero que les guste.

PD. Aprovecho para desear a todos los lectores de este blog  
¡¡ MUY FELICES FIESTAS y un fructífero AÑO 2019!!

3 de julio de 2017

ESTE BLOG CUMPLE 9 AÑOS

Hoy, este blog, que cada vez que enciende una vela huele a azufre mucho más, cumple 9 años.

Y como no podía ser de otra manera, ¡invito a todo el mundo a su gran fiesta de aniversario!

¿He dicho a todo el mundo? Bueno, tampoco hay que exagerar, que el averno es grande pero no tanto. 
Están invitados::

TODOS LOS QUE ME CONOCEN INCLUSO DE ANTES DE 2008, CUANDO EMPECÉ CON LA PRIMERA ENTRADA.

TODA LA GENTE QUE ME HA LLEGADO A CONOCER GRACIAS AL BLOG, CON SEDE SOCIAL EN C/ Miescribanía.blogspot.com

TODOS LOS QUE ME SIGUEN DESDE EL PRINCIPIO, CON UNA FIDELIDAD QUE ME PONE LOS CUERNOS DE PUNTA.

TODOS AQUELLOS QUE PASARON POR AQUÍ Y DEJARON ALGÚN COMENTARIO  EN CUALQUIERA DE LAS 506 ENTRADAS QUE HASTA HOY HE PUBLICADO.

FAMILIARES Y AMIGOS DE AMBOS LADOS DE LA PANTALLA.

GENTE DE CUALQUIER LUGAR DEL MUNDO QUE HAYA TENIDO UN BLOG, O QUE JAMÁS LO HA TENIDO, PERO QUE PUEDA EXCLAMAR: "¿JUANRA DIABLO? ¿DE QUÉ ME SUENA TANTO?"

Eso sí, como el presupuesto no da para mucho, tendréis que adelantarme qué vianda tenéis previsto traer a la gran mesa de los infiernos y con qué regalito me vais a obsequiar, ¿vale? 

Pero antes de abrir las puertas hacia la gran fiesta, he de decir (sin que sirva de precedente, porque esto no es propio de los diablos) que AGRADEZCO DE TODO CORAZÓN LA BUENA COMPAÑÍA QUE HE TENIDO CON TODOS VOSOTROS DURANTE ESTOS NUEVE AÑOS Y LO MUY BIEN QUE ME LO HABÉIS HECHO PASAR.

12 de mayo de 2017

SOLICITUD PARA AUXILIAR DE DIABLO

He tardado un poco en volver porque estamos en época de lo que llamamos "el Lavatorio de los Infiernos". 

Ocurre una vez cada 800 años y aunque ya lo tengo muy visto reconozco que es un espectáculo digno de contemplar.

Primero se apagan los fuegos durante unas horas, destapando las fumarolas para que entre el aire del exterior y así el humo se escapa como caterva de fantasmas aullando al viento.
Después se apelmazan las cenizas para taponar con ellas las grietas más anchas de cada caverna y  al mismo tiempo se rascan las calderas con grandes estropajos para desincrustar la grasa y vísceras que llevan siglos agarradas como lapas.

Después, tras librarles del hollín, se vuelven a pintar los carteles de cada sala:

"CONDENADOS 1", "CONDENADOS 2", "CONDENADOS 3"... y así hasta "CONDENADOS 26.400"

"SALA DE TORTURAS" "FLAGELACIONES"  "HUMILLACIONES" "RESISTENTES" 

"ABISMO INFINITO" 

"ARCHIVOS"
"MIEMBROS PERDIDOS" 
"COCINA"

"SALA VIP"

"DIRECCIÓN" 

El siguiente paso es reinyectar  parásitos en el relleno de todos los sofás, y luego pintar de negro el cuero en los lugares donde se ha desgastado. 
Por último se cambian las bombillas fundidas y se perfuman todos los pasillos con vapor de azufre.

Es un trabajo bastante fastidioso, pero el resultado —y esto lo admiten hasta los condenados—, es puro gozo.

Y vengo a contar todo esto porque he descubierto algo que os podría interesar. 

Resulta que me detuve a poner al día el tablón de anuncios de la entrada y al soplar las cenizas que cubrían los papeles descubrí que había una CONVOCATORIA PARA UNA PLAZA DE AUXILIAR DE DIABLO. 
Se me olvidó anunciarla en su día, pero veo que todavía está abierto el plazo para presentar la solicitud. 

Os la muestro a continuación y os animo a que la rellenéis porque conseguir una plaza de estas características es una oportunidad única que no está al alcance de cualquiera. 
(Click para agrandar)

¡Espero vuestras respuestas!

27 de julio de 2016

TOÑY

¿Sabes, Toñy? A pesar de los muchos años que han pasado sin verte, aún recuerdo muy bien tu voz. 
Me basta con cerrar los ojos para oírte hablar y aún consigo ver tu limpia mirada y esa sonrisa entre tímida y divertida que iluminaba tu cara.

Cómo me acuerdo de aquellas visitas en verano, de aquellos trayectos con tantas curvas que la impaciencia por llegar nos hacía larguísimos. Del momento en el que el autobús entraba por fin al pueblo y paraba justo delante de tu casa, e inmediatamente mirábamos a tu balcón esperando verte asomar. Y el corazón nos latía deprisa, por la emoción y la alegría de volver a ver a nuestras amigas.

Como si de ayer mismo se tratara, veo cómo nos hacíamos fotos en las fuentes de La Toba, o tomábamos una Coca Cola en el Avenida , o dábamos paseos sin rumbo por el pueblo... ¿Recuerdas aquella vez que entramos en tu casa y pusiste el tocadiscos? Sonó el Words, de F.R David y Souvenir, de OMD, que siempre fueron los temas que identificaron a nuestra pandilla.
La nostalgia me inunda cada vez que escucho esas canciones de nuevo.

Qué sencilla era la vida entonces...

A veces me parece mentira que el tiempo no haya diluido nuestra amistad. Sin duda, aquellos años de adolescencia calaron muy hondo en todos nosotros y los recuerdos que tenemos siguen siendo tan dulces y tan de verdad como era todo entonces.
Había tanta alegría al vernos... Y también algunas lágrimas al despedirnos...

La adolescencia quedó atrás y cada cual siguió su vida. Los años han ido pasando muy deprisa, tan deprisa que hoy nos parece mentira que hayan sido tantos. Pero ¿no sientes que jamás dejamos de ser amigos, que aquellos jóvenes de entonces se hicieron adultos pero no del todo y que el cariño nunca menguó?

Tres décadas después, pensé que teníamos que volver a reunirnos y se me ocurrió crear un grupo de Whatsapp en el que estuviéramos todos. Gloria y Adela me dieron los teléfonos que yo no tenía, y de nuevo, como por arte de magia, estábamos comunicados en “AYNA: EL REENCUENTRO”.

Me alegró muchísimo saludarte otra vez, y me dijiste que tenías una hija de tres años. 
“Es mi mayor tesoro”, escribías.
“Qué buena idea has tenido – me decías – Esto del reencuentro me parece muy bonito, pero creo que de momento no me siento preparada.”

Ahora comprendo por qué lo decías.

Hace poco más de un mes, hojeando un libro, encontré una pegatina que hiciste para mí. Decía JUAN con colores muy vivos. La fotografié y te la mostré. Poco después me enviabas tú la foto de un naipe repleto de frases mías. Me hizo mucha gracia que los dos conserváramos aquellos detalles tan sencillos pero tan llenos de valor para nosotros.

"Aún guardo todas tus cartas", te dije.
"¡Y yo las tuyas! Las tengo en el pueblo. Cuando vaya las revisaré"

Lo que no te dije es que las tengo ordenadas por fechas y encuadernadas.
Y hoy las veo y no soy capaz de releerlas porque me cuesta mucho aceptar que ya no estés con nosotros.

Yo no sabía que estabas enferma. Ninguno lo sabíamos porque a nadie se lo dijiste. Imagino que no querías que ningún amigo sufriera por ti, y eso dice mucho de la persona prudente, sencilla y discreta que siempre has sido.

Hoy estoy muy triste, Toñy, pero te prometo que no durará mucho. Ya sabes que soy una persona positiva y voy a transformar mi dolor en un cariño imperecedero. Además, estoy convencido de que tú vas a conseguir que aquella pandilla de entonces vuelva a reunirse de nuevo, que conmemoremos y consolidemos nuestra amistad treinta años después. Porque la vida ha pasado, pero con nosotros permanecen los dulces recuerdos de aquellos tiempos de inocencia y felicidad.

Seguramente dabas por hecho que tú no te reunirías con nosotros, pero te equivocabas, Toñy, porque sí que vas a estar. Vas a estar presente y más viva que nunca. Entre todos, junto a todos. 

Y si antes amaba Ayna, a partir de ahora la amaré mucho más, porque vas a estar en ella para siempre.

Y quiero que sepas que tarde o temprano conoceré a tu hija, y sé que al mirarla veré en ella tu mirada y tu sonrisa y podré darte entonces el beso de despedida que no me ha dado tiempo a darte.

Hasta siempre, querida Toñy.
Hasta siempre, amiga mía.


6 de junio de 2016

50 COSAS SOBRE MÍ

Ahora que los 50, tan redondos y  serios, me han invadido de forma vitalicia, yo salgo a recibirles dedo en alto para dejarles algo claro: 
“¡A ver con qué intención venís, ¿eh? Nada de hacerme parecer un respetable señor. Si tenéis que entrar, entrad, pero a mí nadie me arrebata el título de Joven Eterno, ¿entendido?“

Y para entretenerme y que se me pase el susto, hoy escribo 50 cosas sobre mí.

1) El hospital donde nací y el colegio donde estudié fueron demolidos hace años. No puede ser solo una casualidad,  debe ser  una “maldición diabólica” para darme prestigio.

2)  No me gusta el verano. Las vacaciones de verano sí. La gente confunde una cosa con la otra.

3) Huyo de las polémicas. De todo tipo. Creo que soy un pacifista radical.

4) Me encanta mezclar cosas en la cocina y no le hago ascos a nada. ¿Y si trituro rodajas de piña con onzas de chocolate? ¡Vale! ¿Tostadas con mermelada y  cebolla picada? ¿Por qué no?

5) Siento una atracción casi erótica por las libretas nuevas. Las compro soñando con sacarles mucho provecho pero luego se quedan vírgenes.

6) Me gusta este número. Forma parte de mi ADN

7) Volar me da canguelo. No lo paso nada bien en un avión. Y que las azafatas expliquen cómo funcionan los chalecos salvavidas no ayuda NADA.

8) Soy incapaz de tirar un papel en la calle. Antes me lo meto en un bolsillo. A los que echan basura por la calle les vaciaría un contenedor en sus casas.

9)  Mi deporte favorito es reír.

10) He heredado de mi padre la necesidad de contacto con la Naturaleza.  Soy especialmente feliz cuando me  encuentro  con ella a solas.

11) Cuando era muy pequeño escribí un cuento en el que los insectos hablaban entre sí. Había abejas, hormigas, saltamontes, lombrices... Poco después empezaron a emitir La abeja Maya en la tele. ¿¿Quién me robó mi historia??

12)  Los chaparrones me ponen de muy buen humor. Nunca entenderé por qué los hombres del tiempo llaman a la  lluvia  “mal tiempo”

13) Antes de tomarme un café tengo que consultar a mi cuerpo. Si me lo pide, se lo doy. Como no me diga nada y me lo tome... me lo hace pagar muy caro.

14) No puedo ver un muñeco en el suelo. Es superior a mí. Si lo veo echado en tierra lo recojo y lo siento donde sea. Bien sentado, ¿eh? Nada de dejarle con los brazos en alto.

15) En general me gustan más los gatos que los perros. Aunque prefiero un perro tranquilo a un gato arisco.

16) Me encanta que en la vida haya fenómenos inexplicables. Si todo tuviera explicación sería un aburrimiento. ¡Menos buscar respuestas y más soñar, leches!

17) Creo en el monstruo del Lago Ness, por supuesto. Y en los fantasmas. Y en los extraterrestres.

18) No creo en los zombis pero me parecen unos seres literarios y cinematográficos perfectos. Y son muy bellos, aunque esto no todos lo podéis entender.

19) Si pudiera elegir ser un animal sería un águila. Esto parece contradecirse con el punto 7, pero no, hay una gran diferencia: yo controlaría la situación. Me fiaría de mí.

20) Mi abuela paterna tenía mucha vis cómica y me hacía reír a carcajadas con sus historias absurdas. De ella he debido heredar el gusto por el humor surrealista.

21) Me encantan las librerías. Si son de libros de segunda mano, directamente plantaría una tienda de campaña para dormir allí.

22) De pequeño me daba vergüenza que me cantaran el cumpleaños feliz. De mayor ya no tanto. Pero ni antes ni ahora podría prescindir de ese momento. Moriría de pena.

23) Me aburre jugar a las cartas. Pero escribiendo cartas nadie me gana.

24) Cada 24 de diciembre recibo un cuento de terror que me escribe una amiga y ella también recibe uno escrito por mí. ¿A que mola crear tradiciones así?

25) Me llaman poderosamente la atención las mantis religiosa. Tienen estética extraterrestre y su lado zombi. Mi insecto favorito, sin duda.

26) Soy un firme defensor del doblaje de películas. Aunque reconozco que es muy instructivo ver una película en su idioma original, me parece que hay multitud de ejemplos en los que  los actores de doblaje españoles han llegado a mejorar una interpretación mediocre.
Por defender esta idea sería capaz de trastocar el punto 3.

27)  Me aburren hasta el tuétano las carreras de coches, motos, bicicletas...

28)  Siempre he odiado las matemáticas. Sin embargo los sudokus tienen su aquel.

29) Me da mucho gusto estornudar con ganas. Pero si la cosa empieza a pasarse de la raya me empiezo a caer gordo. Hasta rozar el odio, incluso.

30) Me chiflan los carteles de publicidad antiguos. De cualquier país, pero especialmente los del Art Nouveau francés.

31) Siempre me ha costado escribir tacos en el blog. Algunos hay, pero  la mayoría de las veces me he autocensurado. (¡Bonita forma de ser diablo, joder!)

32) Me hubiera gustado aprender a tocar la guitarra. Empecé a estudiar música pero yo quería ir directamente a la guitarra o el piano. Lo del solfeo me parecía un truño insoportable y abandoné.

33) Nada como contar historias de miedo junto al fuego. Es una forma de  pasarlo mal que me hace disfrutar.

34) Hay películas que necesito  en mi vida cada cierto tiempo: las del Tarzán de Weismuller, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Dersu Uzala… Son océanos de paz  que me renuevan por dentro.

35) Me considero un optimista  nostálgico.  Combinar ambas emociones es todo un arte.

36) El panqueque, es decir, el postre de dulce de leche típico de Argentina,  me parece el rey de los postres. Placer entre placeres que me hace poner los ojos en blanco.

37) Admiro a la gente que puede pasar a ser el centro de atención de golpe y sin cortarse.

38) Soy un desastre orientándome. Una vez aprendo a llegar a un sitio ya no varío el trayecto por si acaso.

39) Las mejores siestas me las he echado en la playa. Siempre me las anoto satisfactorias.

40) Me aburre horrores estar en tiendas de ropa. Si necesito algo lo pido,  lo compro y adiós. ¿Ver otras cosas? ¿Probarme más? No, por favor, que ya llevo 10 minutos aquí.

41) Me encanta el ajo. En todas sus variedades culinarias. Esto descarta, supongo, el que yo llegara a ser JuanRa Vampiro.

42) En mi familia mi madre y yo somos los que más disfrutamos comiendo. Cuando alguien pone  alguna pega en la mesa,  nos hacemos gestos que significan “¡No saben ni lo que dicen! ¡Está todo buenísimo!”

43) Me gustan los cementerios. Siento  un extraño bienestar  cuando entro en uno y recorro sus calles a solas.

44) Me cae bien la gente de risa escandalosa, sobre todo si logra contagiármela.

45) Soy bastante malo para recordar nombres. Viendo la serie Juego de Tronos tuve que ir escribiendo todos para poder consultar de quién coño carajo estaban hablando.

46) Me resulta sumamente atractivo todo el folklore del  Dia de muertos en Mexico, especialmente las calaveras decorativas.

47) Me gustaría haber escrito El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez. Tiene un estilo perfecto y logra crear unas atmósferas maravillosas.

48) Nací un lunes. Esto no es muy interesante, lo sé  ¡Es que ya no sé qué decir!

49)  Nunca imaginé al empezar este blog que conocería a tantísima gente, y menos aún que llegaría a hacer tan grandes amigos.

50) ¿He dicho que hoy cumplo cincuenta? ¡¡Qué lapsus!! Quería decir veintitreinta.

10 de enero de 2016

ALGO MÁS QUE SIMPLES PAPELES

Recientemente le daba la razón a un amigo que, como yo, se sorprende cada vez que hace limpieza de cajones. Coincidíamos en que hay cosas de las que eres incapaz de desprenderte por mucho tiempo que pase y por absurdas que puedan llegar a ser, pero también ocurre que otras que han sobrevivido año tras año gracias a la nostalgia que nos despertaban, llega un momento en que las vuelves a ver y te preguntas: Pero ¿¡cómo guardo aún esta bobada!? 
Y la tiras a la basura sin pizca de remordimiento.

Hoy quiero hacer un repaso a unos papeles que tienen mucho valor sentimental para mí, y consciente de que jamás me desharé de ellos, decidí guardarlos en un álbum de recuerdos. 

Os los presento en orden cronológico:

1975
Esta lámina pertenece al libro de la Comunión, libro que con los años quedó completamente destartalado, y solo quise conservar esta página en la que escribí mis propósitos: que Jesús me haga bueno y que me lleve por buenos caminos. Ser obediente, nunca más pecar y no pegar a mis hermanos. ¡Quién me ha visto y quién me ve!  ¡Ni rastro del diablo que estaba por venir! 
 
1977
Entradas de la primera vez que asistí a los cines Gloria e Ideal de Elda, un auténtico acontecimiento para mí entonces. En aquellos cines vería muchas películas mientras iba creciendo. Hoy son recuerdos nebulosos, dado los muchos años que hace que desaparecieron, como tantos otros cines: el Aguado, el Coliseo, el Cervantes...

1978
"A mi queridísimo nieto Juan, ahí van mil pesetas más por tu cumpleaños. Las mil pesetas de antes eran por tus brillantes exámenes. Con todo mi cariño. Tu abuelo  Juan"

Esta nota de mi abuelo vale muchísimo más que aquellas dos mil pesetas que recibí. Un año después me regaló un casete de ABBA que daría lugar a mi gran afición por el grupo sueco.

1979
 Aún conservo aquel regalo, por supuesto. Es un reloj de bolsillo plateado, con bonitos adornos en relieve. Me sentía un dandi con aquel reloj que no correspondía a mi edad en absoluto, pero que a mi me encantaba sacar del bolsillo para abrir su tapa y mirar la hora. Hoy no lo uso, pero es uno de mis tesoros de juventud.

1980
Fue en octavo de EGB cuando un día aterrizó en mi pupitre un papel doblado que venía desde algún lugar a mis espaldas. Recuerdo que, tras leerlo,  tanto mi compañero José Ramón como yo estuvimos dilucidando de quién podía ser. ¿Quién era la enamorada?
 Una mirada burlona de María Luisa, la más guasona de la clase, me desveló el misterio. 
Es increíble que aún conserve esta nota. 

1981
La primera vez que un billete de 200 pesetas vino a parar a mis manos lo guardé para no gastarlo. Y aún sigue aquí, nuevecito, reluciente, sin una sola arruga. Quién nos iba a decir entonces que la peseta nos diría adiós un día. 

1982
 "Aquí tienes tres singles. Solo los he usado una vez, así que están perfectos. Espero que te guste al menos uno de ellos. Pásalo bien y cuídate. Carita"

Una nota de mi amiga sueca, de la que ya hablé en el blog, y con la que no solo intercambié cartas, sino discos y  pequeñas sorpresas de todo tipo. 
1983


Billete de autobús de Albacete a Ayna. En cuanto teníamos ocasión, mi hermano, unos amigos y yo marchábamos ilusionados a reunirnos con las mejores amigas del mundo (y nunca mejor dicho eso "del mundo", pues por Ayna pasa el río Mundo) Entonces no podía yo sospechar que allí se rodaría Amanece, que no es poco y que décadas después me convertiría en un apasionado amanecista. 
Tampoco imaginaba yo en aquellos mis 16 años que 33 años después organizaríamos un reencuentro con aquellas queridas amigas de la adolescencia que está por realizarse.

1986
Uno de los permisos durante la mili en Madrid. Intenso año aquel en el que conocí a gente de todos los puntos cardinales,  di clases de inglés a un sargento, hice un intensivo curso de armero y recibí la triste noticia del fallecimiento de mi abuelo Conrado, el que tantos cuentos me contaba.

1989
"Juan: Tu cena está en el microondas. Utiliza el paño. Mrs Catt"

Nota de la "mamá inglesa" que me acogió en mi mes de estancia en Saltdean, Inglaterra.
Dada su avanzada edad entonces, supongo que aquella cariñosa mujer debió fallecer hace muchos años. Tener esta simple nota con su letra me llega a emocionar.

De ella, y de aquel viaje escribí una entrada a la que tengo un especial cariño: Postales desde Saltdean

Nada más por hoy. 


Voy a abrir la ventana a ver si se sale esta nostalgia que ha quedado flotando en el aire.