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29 de septiembre de 2026

ZALACAÍN EN AUSTRALIA: EL EXCEL DE MI BIBLIOTECA

Hace un par de semanas decidí, por fin, ponerme manos a la obra y crear un archivo Excel de mi biblioteca.

Llevaba años pensando en llevarlo a cabo algún día, pero el momento de empezar siempre me daba pereza. Aun así, sabía que tarde o temprano lo haría, porque al mismo tiempo me hacía ilusión.

Y así, un día metí los datos del primer libro, después el de otro, luego otro más… y tacita a tacita, añadiendo libro a libro, lo he terminado recientemente.

El resultado me ha dejado muy satisfecho y ya he podido jubilar a la vieja libreta donde llevaba anotados los registros.

Para tenerlo todo bien ordenado, diseñé una base de datos con las siguientes columnas:

TÍTULO, AUTOR, APELLIDOS DEL AUTOR, AÑO DE PUBLICACIÓN (me interesaba mucho más el año de la primera publicación de cada obra que el de la edición concreta de cada libro) GÉNERO, EDITORIAL, NÚMERO DE PÁGINAS, FECHA DE LECTURA Y UBICACIÓN.

Había calculado que el recuento final estaría entre los 350 y los 400 libros. ¡Qué corto me quedé! Han resultado ser 624. ¡Toma ya! Y de esa montaña, he leído 420. Es decir, que me sigue quedando una buena cantidad de libros que deben estar haciéndome ojitos, esperando su momento.

Con todos estos datos ordenados y a mano en la pantalla, he podido ver con mucha más claridad algunas características y curiosidades de mi biblioteca de las que hasta ahora ni siquiera me había parado a pensar. Por eso, se me ha ocurrido escribir esta entrada.

La idea es jugar un poco con mi propio catálogo y buscar algunos extremos que ahora resultan fáciles de localizar, además de otros datos curiosos.

Os invito a acompañarme en este viaje por las estanterías de mi biblioteca.

He aquí el primer libro que compré con mi propio dinero a los 14 años: Las ratas, de Miguel Delibes, junto al último que he adquirido: Reencuentro, de Fred Uhlman.

El debut fue en la Librería Martín Fierro, en Elda; el más reciente, en una enorme y caótica librería de viejo en Alicante llamada Dante.

Siempre agradeceré a Delibes el impacto que me produjeron El camino y Las ratas, pues, sin duda, aquellas primeras páginas ayudaron a que se fraguara mi amor por seguir descubriendo historias.


En el Excel no he incluido medidas de libros, pero me resulta llamativo el contraste entre el más grande y más pequeño que tengo.

Historias y relatos de mapas, cartas y planos, de Francisca Mattéoli mide 34 x 24,5 cm, y El señor de Bembibre, de Gil y Carrasco tan solo 12 x 8,5.

Del ejemplar de la Editorial Aguilar necesitaríamos tres portadas de ancho y tres de alto para llegar al libraco de la Editorial Blume.

El más grueso de mi biblioteca es Obras inmortales, de Edgar Allan Poe, con 1643 páginas. El más fino es El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, con tan solo 58. 
Vamos, que este segundo bien podría ser un espíritu flacucho que se ha escapado de la voluminosa colección de Poe.

Entro ahora en el factor tiempo. 

El patriarca cronológico de mi biblioteca es, sin duda, el Poema de mio Cid (o Cantar de mio Cid), que nos hace retroceder más de 800 años, hacia el 1200. En el extremo opuesto, oliendo aún a tinta fresca, se encuentra Reyes de Ítaca, de Jesús Castro Lago, publicada en 2025.

Da la curiosísima casualidad de que ambas hablan del regreso de un héroe a su hogar después de una larga ausencia, aunque desde perspectivas narrativas muy diferentes.

Los tres primeros títulos del Excel en orden alfabético son 1984, de George Orwell, ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy y A pleno sol, de Patricia Highsmith. 

Tiene gracia que este último se publicara en España con ese título antes de que naciera la famosa adaptación cinematográfica francesa, aunque ahora todo el mundo conozca la novela como El talento de Mr. Ripley, respetando el título original y la conocida versión norteamericana.

Doy un salto ahora hacia los extremos en distancia geográfica.

En mi biblioteca conviven autores repartidos por todo el mapamundi. El punto más remoto lo marca el escritor australiano C.J. Koch, autor de El año que vivimos peligrosamente.

En el polo opuesto (y nunca mejor dicho lo de "polo") se encuentra Pilar Polo Carreres, una entrañable escritora de mi propia tierra, de quien poseo Cuentos yeclanos.

Me encanta saber que puedo pasar de la agitación de la lejana Indonesia a historias con el aroma y el sonido de las calles por las que paseo.

Si me preguntaran cuál ha sido el libro que más me ha emocionado en mi vida, diría sin duda La vida sale al encuentro, de Martín Vigil, que cayó en mis manos de manera casual cuando tenía poco más de veinte años y que consiguió hacerme llorar a mares. 

En el lado opuesto estaría Cuentos sin pluma, de Woody Allen, con el que me he reído a carcajadas y que en ocasiones releo.

En esta foto he querido que se den la mano el realismo y la fantasía.

Por un lado, Embajador en el infierno, de Torcuato Luca de Tena, que narra las terribles vivencias reales del capitán Palacios en los campos de concentración soviéticos.

En el extremo opuesto, cruzando el espejo, se encuentra el maravilloso sinsentido de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll.

Es la magia de poder elegir entre sobrevivir a las penurias de un gulag siberiano o tomar el té con un conejo blanco y un sombrerero loco.

Otra imagen para mostrar extremos.

El escritor del que lo he leído casi todo frente a aquel del que solo existe una única gran obra.

Del escritor canario Alberto Vázquez-Figueroa acumulo en mi biblioteca la friolera de 43 novelas, de las que solo me quedan tres pendientes de lectura. Es, con diferencia, el novelista que más he leído.

En el polo opuesto se sitúa La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Representa el ejemplo más radical de esos autores de los que solo poseo un título. Pero en este caso porque no habría podido elegir otro. Toole escribió esta obra maestra a principios de los sesenta, pero tras sufrir el rechazo continuo de las editoriales, se suicidó a los 32 años creyéndose un fracasado. Fue su madre quien, años después, logró que se publicara de forma póstuma en 1980. El libro acabó ganando el premio Pulitzer y convirtiéndose en un mito literario.

Los últimos títulos que aparecen en el Excel: Yo, Claudio, de Robert Graves; Yo, el Rey, de Juan Antonio Vallejo-Nájera y Zalacaín, el aventurero, de Pío Baroja.

Será mejor que vaya acabando, que cuando algo me entretiene me sale mecha para rato.

Cierro con el contraste entre el libro que devoro cada año y aquel que se me resiste por completo.

El volumen que más veces ha pasado por mis manos es Canción de Navidad, de Charles Dickens, una joya que me encanta repasar cuando se acercan estas fiestas y que siempre me hace sentir bien.

En el extremo opuesto se sitúa el Ulises, de James Joyce, una obra que no es que no haya leído nunca, sino que sé con total certeza que JAMÁS leeré.

La compré cuando supe que la habían elegido como la mejor novela escrita en inglés del siglo XX, y dado que de Joyce había leído Dublineses con mucho agrado, la adquirí con ilusión.

Pero pronto me di cuenta de que aquello no era para mí, que no lograba entender NADA. Me interesan las novelas que consigan contarme algo y hacerme entrar en ellas sin necesitar un manual de instrucciones.

Ay, señor Joyce, un poquito de compasión hacia los lectores, por favor, que los experimentos se hacen con gaseosa. Y al querido señor Borges, otro tanto de lo mismo. Cuéntenme la historia que quieran, ¡pero no con cábalas astronómicas de otros planetas!

Me despido con un dato curioso. El año en que más libros leí fue 1992, con un total de veinticinco volúmenes, mientras que  2009 quedó con un rotundo cero patatero. Pero, ¿¡qué me pasó aquel año!?

12 de febrero de 2016

ESAS MALDADES QUE GUARDO

Rara es la vez en que entro en Internet y no encuentro algo relacionado con el diablo. 
Puede que a vosotros os ocurra lo mismo, pero como sois simples mortales de condición poco pecadora, no prestáis atención a tan atractivas señales, y la mayoría os pasarán inadvertidas.

En cambio yo tengo una predisposición genética que me impulsa a apretar el botón derecho del ratón y  guardar la imagen en el ordenador.
Llega un momento en que tengo tantas que podría enterrarme en ellas y no me veríais ni un cuerno. Entonces, cuando me aburro (y no hay moscas a la vista) las clasifico por carpetas:
 
"Diablos muy horribles" "Diablos de chiste" "Diablos de chiste 2" "Diablos culturales" "Diablos de leyenda" "Diablos con pezuña" "Diablos inclasificables" "Diablos para el blog"


Esta última carpeta tiene su gracia, porque la complemento con fotos que voy haciendo por la calle (que también está llena de atractivas señales, aunque vosotros no las veáis) o con dibujos, o con titulares de periódicos... hasta que llega un momento en que la carpeta se pone colorada, señal que indica que quiere que la publique.

Y eso es lo que toca hacer hoy.

Para empezar voy a exponer lo que podría ser la biblioteca del infierno. 
Aquí abajo,  en el trayecto que va desde la sala de calderas de vapor finlandés, a la de brasas saharianas, uno puede hacer un alto en el camino y leer un ratillo algún libro infantil...
... o  juvenil...
... o para adultos...
... o para adultos adulterados.

Fotos de diablos tendré  unas 12.852 y mi intención es llegar a las 66.666, para así llamar a Pepe Guiness y que me reconozcan el mérito. (Y después ya tocará que se acabe el mundo o algo)

Pero de entre todas, hoy voy a exponer una de las más chulas, porque además viene con mosca incluida. Sí, la famosa mosca que siempre mato con el rabo cuando me aburro (que no sé muy bien cuándo es eso, la verdad)

En esta carpeta tengo también cosas poco serias...

... que quedan compensadas con otras de mucha risa ↓


Este verano, paseando por las calles de Benidorm, encontré el mejor nombre que se le puede poner a un pub de ciudad costera calenturienta.

Y luego está ese amplio mundo de comprar y vender a través de Internet. En la red puedes encontrar de todo, y cuando digo DE TODO, quiero decir hasta sartenes con cuernos...


...con las que puedes hacer riquísimos huevos fritos diabólicos (seguro que los cuernos salen churrascaditos) 

O  qué tal unos calcetines molones...
... con los que siempre podrás decir que tienes el diablo a tus pies, que también tiene su punto de soberbia.

Ya os advierto que el Cielo es un lugar aburridísimo. Toda la eternidad sonando el "Spotify celestial" en el hilo musical, soportando una y otra vez todas las versiones del Ave María de Schubert. 
No, en serio, llega un momento en que te quieres morir (pero entonces te das cuenta de que ya estás muerto y te da por llorar a lo bestia)
Aquí abajo, en cambio,  además de montarnos unas tremendas barbacoas, cualquiera puede aprenderse chistes...
... para hartarse a reír de "los de arriba" 

Y si te parece que la eternidad pasa muy lenta, y te aburres un poco, hay otros libros para solucionarlo.
Por cierto, este me encanta. Mirad cómo se llama uno de los dibujantes. ¡¡JUANFRA CABRERA!! ¡¡Por sólo una letra NO SOY YO!!

Este es un dibujo de Aitana que ya os mostré y que, a pesar de presentarme con una pata de palo y la otra de morcilla,  se ha convertido en mi avatar favorito. 
Pero recientemente encontré otro dibujo aún más antiguo. Con 5 años me hizo este retrato:
Sí, debe aprender a hacerme los tridentes más manejables, y ya le dije que con ser diablo me sobra, que lo de vampiro ya es too much.

Me despido por hoy con un par de aportaciones caseras, con la intención de que sirvan para que alcancéis de una vez la condición ultra-pecadora, que os sigo viendo demasiado "celestiales".


7 de agosto de 2014

LA TTD DE AGOSTO

Agosto es una colección de siestas, con cigarra modorrera, un árbol frondoso, la compañía de un buen libro y un botijo gordo.

No se me ocurre mejor definición. 
Todo lo que no sea esto, es, en mi opinión, desperdiciar el mes.

Es curioso que siendo yo el rey de la siesta y la procrastinación, resurja en mí, al llegar el mes de las vacaciones, el loable hábito de hacer cosas nuevas, de aprovechar el tiempo en algo más que jugar a la pereza absoluta, que, por otra parte, tampoco es mal plan. 
Es una gozada eso de pensar en lo que quieres hacer, sonreír pensando en que lo vas a hacer y lo mucho que lo disfrutarás, pero dejarlo para otra ocasión, porque ha llegado, casi sin querer, otra sesión de siesta con cigarra.

Para evitar que el mes de agosto se consuma sin haberle sacado un provecho medianamente intelectual, suelo hacer una lista que yo llamo la TTD (Things To Do), es decir COSAS POR HACER.

En esta TTD de agosto del año catorce, mi intención en cuanto a LECTURAS la forma la siguiente lista:

La dulce, de Dostoievski. 


«Imaginen un marido cuya mujer, una suicida que se ha arrojado por la ventana hace sólo unas horas, yace ante él sobre una mesa. 

Él está conmocionado y no ha tenido tiempo de ordenar sus ideas. Camina de habitación en habitación e intenta dar un sentido a lo que acaba de ocurrir… De ahí que se cuente a sí mismo la historia, intente aclarársela»
La historia de Samuel Titmarsh y el gran diamante Hoggarty, de William M. Thackeray


He aquí la divertida y también «educativa» historia del joven Samuel Titmarsh, heredero de un famoso diamante y empleado en una compañía de seguros londinense. Prepárense para sonreír cada poco, pero también para soportar el peso de lo que solemos llamar «verdades como puños»: esta novela está tan llena de humor como de certezas sobre el género humano y sus ambiciones. La singular tía Hoggarty, el fiel amigo Gus Hoskins, el ambicioso empresario Brough y un sinfín de personajes más desfilan por estas trepidantes páginas cuyo eco llega, y muy vivo, hasta el presente.
Nota: La traducción es de mi querida amiga Ángeles de los Santos, a la que habréis visto muchas veces hacer comentarios en este blog. 

(¡Ya lo he empezado, Angie! ;))

La lluvia amarilla, de Julio Llamazares.


Es el monólogo del último habitante de un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. 
Entre la "lluvia amarilla"  de las hojas del otoño, que se equipara al fluir del tiempo y la memoria, o en la blancura alucinante de la nieve, la voz del narrador, a las puertas de la muerte, nos evoca a otros habitantes desaparecidos del pueblo, que lo abandonaron o murieron.












Otro punto en la lista, para llevar a cabo en este mes  de forma aleatoria, es el de visionado de  6 PELÍCULAS.

Este agosto quiero volver a ver tres que me parecen perfectas:

GANDHI, de Richard Attenborough  (1982)

SIN PERDÓN, de Clint Eastwood (1992)

AMÉLIE, de Jean - Pierre Jeunet (2001)


Y otras tres que todavía no he visto:

EL CABALLERO OSCURO, de Christopher Nolan (2008)

I'M NOT THERE, de Todd Haynes (2007)

SHAME, de Steve McQueen (2011)



Punto importante en la lista: terminar la cabaña-cueva que empezamos Samuel, Aitana y yo,  y en la que tenemos previsto pasar una noche entera (si los mosquitos se portan bien)



Hace un par de años me dio por memorizar las capitales del mundo (algo de lo que se benefició mucho mi hijo); este año voy a intentar  aprender tres canciones en tres idiomas distintos:

En ITALIANO, Il mondo, de Jimmy Fontana.

Gira, il mondo gira 
nello spazio senza fine...



En FRANCÉS, La boheme, de Charles Aznavour.

Je vous parle d'un temps
que les moins de vingt ans



Y en PORTUGUÉS, Eu quero apenas, de Roberto Carlos. 

Eu quero ter um milhão de amigos
E bem mais forte poder cantar...


*****************************************

Y a todo esto, desde la distancia...



... me vuelve a llamar La Magdalena.


7 de mayo de 2014

LOS TEBEOS, MI TESORO.

Y no es broma, que el simple hecho de hojear los tebeos que desde niño aún conservo  me produce un enorme regocijo interno, y el colorido de sus viñetas siempre me retrotrae a tiempos muy felices. 

Son por tanto un tesoro de la antigüedad (lo de la antigüedad es un decir, queda prohibido llamarme viejo)

Yo haría un homenaje a todos aquellos dibujantes e historietistas que se dedicaron (y algunos de ellos todavía están ahí, dale que te pego) a hacernos pasar ratos tan divertidos. Es este un oficio al que me hubiera gustado dedicarme de haber sido posible (quizás hubiera aportado a este mundo cierto personajillo cornudo y con malas pulgas)

Y es una suerte (casi un milagro) que muchos de mis tebeos (siempre los llamaré tebeos, pues la palabra comic nunca estuvo en mi vocabulario) hayan sobrevivido intactos hasta hoy.

Como sabía que habría una continuación de la entrada anterior, para dar a conocer las soluciones de los personajes de los tebeos, he aprovechado para sacarlos de su escondite y presentároslos con sus mejores galas.

De aquella enorme cantidad de tebeos que tuve de DDT, Tío Vivo, Pulgarcito, etc, solo pude rescatar de la humedad y los ratones unos pocos, pero los suficientes como para encuadernarlos en dos volúmenes, por fechas. Unas elegantes tapas azules los mantienen firmes y bien planchados.
 He aquí otros, de tapas más duras, de la Colección Olé. En estos se publicaron las primeras historietas largas de Mortadelo y Filemón, que entran, sin lugar a dudas, en el grupo de mis  favoritos.
Pero si Mortadelo y Filemón ya me parecen buenísimos, compiten con otros excelentes personajes del mismo historietista: Francisco Ibáñez. Rompetechos, por ejemplo. O la genialidad de historietas que creó en el interior de un edificio, el 13, Rue del Percebe, donde habitan unos vecinos de lo más singulares.
 Recuerdo que cuando compraba tebeos, leía siempre las historietas que menos me atraían y dejaba para el final las mejores: las de Carpanta, El botones Sacarino, y cómo no, Zipi y Zape.
Recientemente descubrí una nueva y atractiva colección: Clásicos del Humor, de RBA Coleccionables, y ocurrió que al dejarme llevar por la nostalgia de aquellos tiempos leyendo historietas, el niño que llevo dentro se asomó y empezó a lloriquear que quería alguno de aquellos volúmenes. Me convenció y me llevé uno de  Rompetechos.

Por suerte, en cumpleaños y Reyes "hemos" ido conseguiendo otros, jeje.

Y es que me lo paso pipa. ¡Sólo me faltan las chuches de Don Manolo! :D

 Ah, pero vamos a lo que iba, que ya estoy longaniceando de nuevo. 
Estas son las soluciones al juego que propuse hace una semana.

1) Mortadelo y Filemón
2) El botones Sacarino.
3) Carpanta.
4) Rompetechos.

5) La abuelita Paz.
6) 13, Rue del Percebe.
7) Zipi y Zape.
8) Pepe Gotera y Otilio (chapuzas a domicilio)
9) Angelito.

10) La familia Cebolleta.
11) El profesor Tragacanto.
12) Las hermanas Gilda.
13) Anacleto, agente secreto.

14) Petra, criada para todo.
15) El Doctor Cataplasma.
16) Don Pío.
17) Doña Urraca.

18) Sir Tim O'Theo.
19) Agamenón.
20) El reporter Tribulete.
21) Doña Tecla Bisturí.
22) Gordito Relleno.
23) Hugh, el troglodita.

Y aquí la relación de puntos por aciertos:

Con 31 puntos... Elennim
Con 37 puntos... Cantona
Con 39 puntos... Sandra
Con 46 puntos... Loque
Con 62 puntos... Papa Cangrejo y Montse
Con 63 puntos... Ángeles

El podium de honor lo ocupan (y que conste que los tres merecen el primer premio)

Con 67 puntos... Amig@mi@
Con 69 puntos... Sese
Con 72 puntos... Carlos

¡¡Muchas gracias a todos por participar!!
 

20 de marzo de 2014

EN BUSCA DE LOLA HERRERA

Conocí a la actriz Lola Herrera hace algún tiempo.

Cuando digo "algún tiempo" quiero decir bastantes años, y al decir que la conocí, me refiero a que estuve frente a ella un par de minutos, mientras me firmaba un autógrafo e intercambiábamos unas palabras. Un instante efímero para ella y sin embargo muy duradero para mí.

A Lola Herrera me la presentó Miguel Delibes, y esto lo he dicho con toda la intención de causar asombro porque, claro está, no me la presentó el escritor sino su obra, concretamente Cinco horas con Mario. 
La trama de esta novela es por todos bien conocida: una mujer joven enviuda de repente y pasa toda una noche velando a su difunto esposo, "dialogando" con él.

Yo era demasiado joven e inexperto lector para adentrarme en una novela de estas características, pero después de haberme emocionado con el pequeño Daniel el mochuelo en El camino y quedar impactado con la hiperrealista pelea a muerte entre dos hombres en Las ratas, me aficioné a Delibes con tal pasión que en los sucesivos años leí  gran parte de sus novelas y relatos.

Tiempo después de vivir ese intenso soliloquio de Menchu ante su difunto marido, vi anunciada la obra Cinco horas con Mario para representarse en el teatro de Elda. Lo comenté en casa, y mi madre, admiradora de Lola Herrera como yo,  propuso que fuéramos juntos.

Aquella función tuvo una anécdota que ambos recordamos con nitidez.

Antes de que se levantara el telón, el patio de butacas era un hervidero de toses. No recuerdo quién dijo aquello de "La tos es el deporte nacional que se practica en los teatros", pero es una verdad como un templo. No solo es que se oían toses que llegaban de todas partes, roncas, estridentes, graves, explosivas..., es que además, a escasos instantes de comenzar la función, la gente seguía entrando y armando mucho jaleo para sentarse.

Pensé que aquello terminaría en el preciso instante en que la actriz comenzara a hablar, pero me equivoqué. La intensidad de las toses decreció, pero solo un poco, y aún continuaron los murmullos de la gente que no terminaba de ubicarse.

La representación llevaba cerca de veinte minutos y mi madre y yo estábamos indignados por el poco respeto que mostraba aquella gente tosedora y charlatana.

Cómo sería la cosa que de repente Lola Herrera dejó de hablar. Su silencio fue tan prolongado que todos los espectadores terminaron por percatarse de que algo sucedía y empezaron a callar y quedar atentos al escenario. Entonces la Herrera, con su característico timbre de  voz cristalina, dijo (y me acercaré mucho a sus palabras exactas porque aún recuerdo bien aquel bochornoso momento) :

"Estoy oyendo una serie de murmullos, toses y ruidos desde que empecé, que me están resultando muy molestos y no me dejan concentrarme, y yo así no puedo trabajar. Si es que han descubierto que esta no es la obra que esperaban, les ruego se dirijan ahora mismo a la taquilla y pidan que les devuelvan el importe de la entrada, pero si desean continuar aquí,  por favor, guarden el mayor silencio posible" 

Después  volvió a sentarse en la silla, junto al féretro,  y dijo: "Y ahora voy a continuar" 
Pero se dio cuenta de que era incapaz de proseguir con normalidad tras una interrupción tan brusca y exclamó con rabia: "¡¡No, empiezo desde el principio!! ¡¡Telón!!"

Creo recordar que se oyeron algunos aplausos que apoyaron esa decisión, que a mí me pareció perfecta, aunque me costó mucho que se me pasara la indignación ante la poca consideración de la gente. ¿Dónde pensaban que estaban? ¿En un bar? 

¿Y queréis saber algo irritante?  A partir de ese instante ya no se oyó ni la más leve tos, ni un tímido cuchicheo, ni respirar se oía, ¡silencio sepulcral! , con lo que uno se pregunta ¿cómo lo hicieron los tosedores para dejar de toser? ¿se les alivió la garganta de repente? ¡Qué poca vergüenza tienen algunos!

Ni que decir tiene que la actriz estuvo colosal, que se metió de lleno en su papel, riendo, llorando, transmitiendo sentimientos con una fuerza admirable y que la ovación al terminar palió el malestar del comienzo.

Fue entonces cuando mi madre decidió ir a felicitar a la Herrera. Yo fui reacio al principio pero ella iba tan decidida que me dejé llevar por la idea. Y sí, la encontramos a la puerta de su camerino y la felicitamos, no solo por el impresionante papel sino por esa soberana decisión de interrumpir la obra, dar un toque de atención al personal irrespetuoso y comenzar de nuevo.

—Hay veces que no queda más remedio que actuar así —nos dijo—. Y créanse que no es plato de buen gusto.
—Ha sido vergonzoso —le dijo mi madre—, pero ha actuado como una gran profesional.

Pues bien, doy un salto al presente año porque una mañana del pasado mes de enero, caminaba yo por la calle cuando vi unos carteles anunciando En el estanque dorado, con Lola Herrera y Héctor Alterio en el Teatro Concha Segura de Yecla. 

Fue inevitable rememorar aquella noche de teatro en Elda, que a pesar de la impecable actuación de la Herrera, la recuerdo mucho más por su breve pero intenso discurso a los tosedores.

Seguí caminando y pensé ¿Y si fuera a verla otra vez? Y conforme avanzaba el día más me apetecía.
Al llegar  a mi casa busqué el autógrafo en un álbum de recuerdos. Encontré aquel folleto enseguida.

TEATRO CASTELAR - ELDA
Jueves, 9 de marzo de 1989
ACONTECIMIENTO TEATRAL

Casi caí de espaldas al hacer la cuenta y descubrir  ¡que han pasado 25 años desde aquello!

De golpe me entraron unas ganas enormes de volver a verla actuar y pensé que era una buena idea llevarme aquel folleto y tratar de ver a la actriz para mostrárselo. ¿Me atrevería a hacerlo? 
No fue posible que nadie me acompañara esta vez, pero no me importó, y el viernes 17 de enero acudí a ver  En el estanque dorado.

Yo había visto la película el mismo año en que leí Cinco horas con Mario. Quizás muchos la recordéis (o no, porque siendo del año 1981... uff, qué viejuno me estoy haciendo) 
La pareja que la interpretó en el cine fueron Henry Fonda y Katherine Hepburn, él en un papel gruñón, pesimista y con un irónico sentido del humor, y ella todo lo contrario, alegre, jovial y  vitalista.

Me senté muy cerca del escenario y minutos antes de empezar... ¡la gente tosía! ¡y mucho! Pero no, por suerte la historia no se repitió, pues cuando la función comenzó se produjo un respetuoso silencio (los yeclanos no me podían decepcionar)

Y qué decir de la obra..., pues que me resultó encantadora, sobre todo por los papeles de Héctor Alterio y, cómo no, la Herrera, con esa voz diáfana, cantarina, tan bien modulada. Una obra que precisamente habla del paso del tiempo, de la gente mayor, de la compañía...

Es curioso, la Lola Herrera que vi por última vez era 25 años más joven y sin embargo... ¡está más guapa hoy! Esto hace que aún la quiera y admire  más, pues viéndola sonreír tiene  uno la total certidumbre de que con los años se puede seguir creciendo en hermosura. ¡Yo quiero ser herreriano!

Al terminar hubo gran ovación y salieron varias veces a recibir los aplausos que no cesaban. Cuando por fin dejó de abrirse el telón, me puse manos a la obra... en busca de Lola Herrera.

Subí escaleras, recorrí pasillos enmoquetados en rojo, bajé a la planta baja, volví a dar vueltas en otra dirección, cruzándome con  bustos y columnas de otras épocas... Arriba, abajo... No sé quién diseñó el teatro de Yecla pero lo hizo con toda la mala idea de que no se pudieran encontrar los camerinos. ¡Son invisibles!

Finalmente hablé con el ordenanza  para preguntarle qué había que hacer para ver a los actores y me dijo que no era posible, que tenían prisa y no podían recibir a nadie.

—Vaya —lamenté—, es que hace 25 años Lola Herrera me firmó un autógrafo —le dije mientras se lo enseñaba—  y me hacía ilusión hablar con ella otra vez.
Y se ve que mi cara de decepción le conmovió porque me echó un cable

—Mira, ve por la parte del jardín y busca una puerta estrecha. Por allí saldrán. ¡Pero yo no te he dicho nada!, ¿eh?

Con nuevas esperanzas, hice lo que me dijo y encontré a ocho personas esperando en el lugar. Hacía un frío terrible, de esos fríos árticos que Yecla nos regala en invierno. Pensé que esto era un gran inconveniente porque con esa helada nocturna no tendría ganas de quedarse ni un minuto.
Me percaté de que los que esperaban como yo, no estaban junto a la puerta, parecía que les daba corte enfrentarse en primer lugar, así que, más espabilado que ellos,  me puse el primero sin miedo. Entonces caí en la cuenta de que, tonto de mí, no había llevado un bolígrafo.
Comenté mi olvido a la pareja que más cerca tenía y me dijeron que ellos se pondrían primero y me lo prestarían después.

Cuando nuestras narices estaban a punto de convertirse en hielo se abrió la puerta y asomó Lola Herrera, que al ver a nueve personas allí exclamó: "¡Ay, por Dios, con el frío que hace! ¡Vámonos a casa todos!"

La gente se acercó y ella, cerrándose el abrigo hasta el cuello, se dispuso amablemente a atendernos. Qué remedio...
Fui el segundo, y después de felicitarla y enfatizar  lo bien que había estado todo,  le dije:

—Mira, Lola, he traído algo que todavía guardaba.

Al verse en aquella foto exclamó: "¡Ay, madre míaa!"

—Hace justo 25 años te vi en Cinco horas con Mario.
—¿Hace 25? Pues serías muy joven entonces.
—¡Y tanto, con 22 años!
—Ay, cómo pasa el tiempo.  Me sorprende que aún lo conserves.
—Ahora conservaré los dos juntos.
—Dime tu nombre.

Pasé más frío que un tonto, pero mereció la pena. Ahora puedo decir que tengo nueva cita con la actriz dentro de otros 25 años en a saber qué obra.

Sí, bueno, el tiempo pasa y no perdona, pero todos sabemos que algunas personas tienen simpatía por el diablo. 
Y  hacen tratos... y  pactan  con él.

"Yo te buscaré, Lola. ¡Vaya si te buscaré!"