20 de enero de 2015

OPOSICIONES A JARDINERO

Hubo unos años, a finales de los ochenta y primeros noventa, en los que mi madre y yo nos apuntábamos a todas las oposiciones que por nuestra zona se convocaban, (a todas a las que con nuestro nivel académico podíamos aspirar, claro)
Mi madre tenía la corazonada de que yo era capaz de superar alguna de aquellas pruebas y conseguir así un puesto de trabajo en propiedad, pero recuerdo que cuando miraba aquellos temarios se me caía el alma a los pies, y al leerlos me resultaban tremendamente complejos y, lo que era peor, enormemente aburridos.

¡La manía que llegué a cogerle a la Constitución y al Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana! El Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas... es que me parecía que había más paja de la necesaria (y me lo sigue pareciendo)

Cuando se acercaba la fecha del examen intentaba convencer a mi madre de que era absurdo presentarme porque no iba preparado, pero ella me insistía en que era muy importante asistir.
“Ten en cuenta, me animaba, que muchos no se presentarán porque piensan como tú, y que otros muchos irán menos preparados. En el peor de los casos te servirá de experiencia. ¡No tienes nada que perder!”

Y como a alguna de aquellas convocatorias nos presentamos juntos y ella iba tan decidida, nunca quise ser menos y no falté a ninguna.
Y no fueron pocas.

Recuerdo haberme presentado para celador de hospital, auxiliar de biblioteca, auxiliar de banca, ordenanza... ¡Incluso para policía local! Por cierto, que me sigue pareciendo inconcebible que aprobara las pruebas físicas para policía. Se me hizo un mundo aquella maratón de pruebas, pero con muchísimo empeño (y uno, que era joven) logré superarla. Claro que el temblor de cuerpo y la cara roja como un tomate me duraron horas. Recuerdo que al acabar no tenia fuerzas ni para quitarme la ropa en el vestuario.

Pero ahí quedó la cosa, porque después no se me dio bien la prueba escrita.

Anécdotas de aquellos tiempos de opositores tenemos muchas, como la vez en que por culpa de mi atrofiado sentido de la orientación nos perdimos volviendo de Murcia y di un rodeo tan grande que casi triplico la distancia. Mi madre no sabía si reír o llorar y al final decidimos que era mejor contemplar el paisaje muertos de risa.

Pero si he querido escribir hoy sobre aquellos tiempos es porque hace unos días pasé por Monforte del Cid y me acordé de la vez en que me presenté allí a una oposición para una plaza de jardinero. Sí, de jardinero, y me hace mucha gracia pensar hoy en ello.

Monforte del Cid es un pequeño municipio de unos 7000 habitantes, a 16 kms de Petrel (donde entonces yo vivía) conocido sobre todo por tener una de las zonas de producción de uva de mesa más importantes de Europa.

Uno de los requisitos de aquella oposición era tener conocimientos de inglés oral y escrito, algo que me chocó mucho y que fue objeto de chistes por parte de mi amigo Juan Luis, a quien sigo la corriente en cualquier tipo de conversación.

- Claro, hombre – me decía - supón que a la reina de Inglaterra le diera por visitar Monforte del Cid y preguntara cómo se hacen los esquejes con los geranios. Tendrás que estar a la altura para contestarle, ¿no?
- Bueno, la verdad es que visto así... Pero a lo mejor piden inglés porque tal vez las plantas de Monforte sean de origen inglés, y como dicen que si hablas a las plantas crecen mejor...
- Ahí está, no puedes hablarles en español, ¡no te entenderían!
- A lo mejor les van bien las obras de Shakespeare...
- ¡Totalmente! Seguro que con el To be or not to be, los rosales crecen que se las pelan.

Llegó el día del examen y cuando me presenté en el Ayuntamiento descubrí con gran sorpresa que no había más gente esperando a hacer las pruebas. ¡Estaba yo solo! Por unos instantes me pasó por la cabeza que por mal que me salieran las cosas no tendrían más remedio que concederme la plaza. ¿Acaso la dejarían desierta para quedarse sin jardinero? ¡Tenía que ser mía! Secretamente, empecé a ilusionarme.

Entonces ocurrió algo extraño, y es que me pidieron que esperara un poco porque faltaban no se qué papeles. Unos minutos después entró un chaval con el rostro azorado por haber llegado corriendo. Pensé que sería el que traía lo que faltaba pero... ¡resultó ser otro opositor!
Recuerdo que ese rival imprevisto me fastidió enormemente y le miré con cara de pocos amigos.

El examen estaba dividido en dos partes. En la primera había una serie de operaciones matemáticas, alguna de trigonometría y unas pruebas de ortografía. Estaba claro que para ser jardinero en Monforte no valía cualquiera.
Aquella primera prueba la superamos ambos.
La segunda consistía, si mal no recuerdo, en preguntas sobre la provincia de Alicante, la consabida prueba de inglés y un test sobre el temario específico.

Terminé con la impresión de haberlo hecho bastante bien, pero minutos después, cuando en el tablón de anuncios colocaron el resultado final, la nota del que llegó corriendo, aunque por muy poco, superaba a la mía y, por lo tanto, él se llevó la plaza.

Lo cortés no está reñido con lo valiente, y pasados los primeros segundos de desilusión, di la enhorabuena al aprobado. Pero fue al descubrir que era de allí, de Monforte, cuando me marché con la impresión de que habían barrido para casa.
Es curioso que me presentara a aquel examen sin creerme del todo lo que estaba haciendo, sin verme como posible jardinero, que lo hiciera por cumplir con el trámite y sin mucha fe, y que sin embargo la decepción por no conseguirlo me durara más que en otras ocasiones. Sin duda me llegué a ver mucho más cerca de lograrlo que nunca.

Muchos años después, al volver a pasar por Monforte del Cid, sonreía pensando qué hubiera sido de mi vida de haber conseguido aquella plaza. ¿Seguiría desempeñando hoy la labor de jardinero? ¿Estaría contento con mi trabajo? ¿Y qué uso habría hecho del inglés? ¿Saludaría a los gladiolos con un Good morning, my friends? A lo mejor, después de podar los setos, hubiera encontrado un hueco para tomar el té con las petunias y leerles el Daily Mirror.

Bromas aparte y disgusto olvidado, tengo que reconocer que lo mejor que hice en aquellos tiempos fue hacer caso a mi madre.
Tras alguna de aquellas oposiciones no aprobadas, entramos a formar parte de una bolsa de trabajo que sirvió para que un día nos llamaran para firmar un contrato. A ella para trabajar en el servicio de plancha del Hospital de Elda, donde estuvo varios años, y a mi como conserje en un instituto de secundaria de Elche. Siempre he dicho que aquellos fueron los siete años más felices de mi vida laboral, sobre los que me gustaría mucho escribir algún día.

La experiencia por años trabajados sí que me sirvió después para sumar puntos y aprobar finalmente un concurso oposición que me dio la tranquilidad de un trabajo estable.

Y es justo reconocer que todo se lo debo a mi madre. “¡Tú preséntate, no tienes nada que perder!”

Gracias, mamá, por tu insistencia y tu fe en mí siempre.

19 comentarios:

pichiri dijo...

Tu madre es la mejor persona que he conocido a lo largo de toda mi vida.
Estoy seguro de que ante la improbable posibilidad de que haya cometido algún error, (¿quien no lo ha cometido?), Dios le tiene reservado en el Cielo un lugar de privilegia para cuando dentro de muchísimos años tengáis la desgracia de que de momento se separe de vosotros.
Honrarla y quererla como haya podido hacerlo el mejor de los hijos y seguid sus consejos que siempre irán encaminados a que consigáis lo mejor para vosotros.
Me complace mucho que la hayas nombrado con tanto cariño en esta entrada y comparto con todos vosotros la magnifica opinión que tenéis de ella.
Un beso.

hitlodeo dijo...

Sabio consejo el de tu madre JuanRa.

Tu anécdota me recuerda aquel examen de oposición para policía municipal de Málaga, donde entre otras preguntas de igual porte figuraba la siguiente: ¿Dónde vive el artrópodo llamado Peripato? Es una especie de gusano. Interesantísima pregunta para un policía. Aunque anularon el examen porque se descubrió que este era conocido por los que aprobaron, durante unos cuantos años a los Municipales de Málaga les llamaron Peripatos. XD

Anónimo dijo...

¡Tongo!¡tongo!... la elección de esa plaza resultó amañada, sin duda.
De todas formas ya sabes que el "dejar dinero" es el menos rentable de los oficios jjjjjj.
ME ha gustado mucho esta experiencia que nos has contado sobre todo por esa complicidad tan entrañable con tu madre.
Y es curioso, sí, pensar en lo que habría sido de tu vida si te hubieras dedicado a ese oficio. Hombre, primero me llama la atención que contraten así de "fácilmente" a alguien que seguramente no tiene mucha idea del asunto -me entiendes ¿no?, ¿no te enfadas, verdad?- pero yo creo sinceramente que es un oficio bonito y que cada vez te habría ido gustando más, a poco que te hubieran dejado mostrar tus cualidades artísticas creando parterres elaborados, combinando colores de flores y haciendo podas artísticas en los setos; aparte de lo fascinante que debe ser también la parte científica de la botánica.
Y si Miguel Hernández era un pastor-poeta, ¿por qué no iba a poder existir un Juan Ramón jardinero?
Eso,eso! escribe alguna vez sobre tus tiempos de conserje de Instituto.
carlos

Borja F. Caamaño dijo...

¿Qué habría sido de ti, eh?

Abrazotes.

Ther dijo...

Me has hecho retroceder, a la velocidad de la luz, a mis años de instituto aquí, en tierras ilicitinas... Pero nada, sólo recuerdo a un conserje cojo ya entrado en años y con muy mala baba.

Por los añitos que nos separan podrían haber cuadrado las cuentas, oye... ¡Esperaré esa entrada prometida para saber más!

Ángeles dijo...

No hay nada como una madre que te inspira y te anima a conseguir metas, a probar, a intentar. Y si encima ella comparte el esfuerzo y la ilusión, todo se hace más fácil, ¿no? O por lo menos más divertido, como aquel viaje en coche.
Me ha encantado lo de leerle el Daily Mirror a la petunias :D pero está claro que si exigían inglés para acceder a las pruebas, no era por eso. Menuda convocatoria más sospechosa. Tan sospechosa que nadie más se presentó. Sospechó todo el mundo menos tú.
Yo lo siento por la petunias y gladiolos de Monforte del Cid, que han perdido a un jardinero que los habría hecho muy felices. Pero el destino te deparaba cosas mejores.
Enhorabuena por todo.

PD: qué curioso lo que cuenta Hitloideo de los policías de Málaga. Espero que no resulten peripatéticos :p

PD2: yo también iba a decir lo de "dejar dinero", pero Carlos siempre se me adelanta.

Montse Martínez Ruiz dijo...

¡Qué gran mujer tu madre! Esa manera positiva de ver las cosas es lo que nos da la fuerza para ir adelante.
Se te habría dado bien ser jardinero, tienes la paciencia y el arte necesario ¿sabes que a las plantas les gusta la música?, pues sí, tu les habrías puesto temas de ABBA y las tendrías de envidia, además les darías cariño, ese del que andas sobrado :)
Bueno, tienes dos hijos preciosos, un blog que si lo publicas puede ser un bet-seller y sólo te queda plantar un pino, jeje.
Mil besos!!

hitlodeo dijo...

Pues los policías no sé, pero los concejales culpables de aquel tongo si que eran peripatéticos Ángeles. XD

loquemeahorro dijo...

Coincido con varios comentaristas: eso fue un tongo.

O sea, que un tío que está ahí en el pueblo (y que tarda en llegar 5 minutos andando) llega tarde, tardísimo, justo después de que llegues tú y se retrase la prueba, vayaaaaaaaaa, y aprueba él, qué raro, no?

Y además se pedían conocimientos muy raros y poco adecuados al puesto, eso sí que es casualidad, pero de la güena, güena, eh?

Ana Bohemia dijo...

Que gran ejemplo fue tu madre para ti, sin ella que te empujaba a presentarte a las oposiciones puede que tu futuro laboral hubiera sido muy distinto al que tienes ahora. Y eso es de agradecer, ojala mi madre hubiera sido tan decidida y optimista como la tuya.
Por otro lado esas petunias perdieron mucho al no tenerte como jardinero, tú les hubieras leído el Daily Mirror con mucho cariño, para que crecieran felices y versadas.
:D

Papa Cangrejo dijo...

yo también he pasado por eso, incluso me apunté a unas para enterrador jajajaja

JuanRa Diablo dijo...



pichiri:

Quererla a ella es tan fácil como quererte a tí, papá. Los dos nos habéis guiado siempre por el mejor camino y hoy somos quienes somos gracias a vosotros.
Un beso y abrazo muy fuertes.

hitlodeo:

¿¿Cómo puede preguntarse sobre el peripato en un examen para policía sin que acabe la cosa a tiros??
No conocía la anécdota, que es tan surrealista que he pensado que estaría en internet, y así es:

http://elpais.com/diario/1984/03/11/espana/447807625_850215.html

Digo yo que en un examen de zoología deberían preguntar por las balas 9 mm parabellum, para compensar, ¿no? :p

Carlos:

Te aseguro que de haber conseguido aquella plaza “dejar dinero” (¡qué ruina, jaja!) habría tenido que prepararme en serio, porque yo no sé ni podar un rosal. Y la verdad es que no me imagino muy creativo en ese campo.
Además ¿qué puede tener en común un diablo y una manguera para regar? Lo veo todo muy antagónico.

De mis tiempos de conserje llevo como siete años queriendo escribir. Espero terminar haciéndolo y que te guste igualmente.
Atentamente, Juan Ramón Jardinero

Borja F. Caamaño:

Cuál hubiera sido mi vida, me pregunto yo también. Pero aquella semilla no brotó (¿estamos muy poetas, o me lo parece a mí?)

Ther:

Pues te adelanto, querida ilicitana, que estuve en el Instituto Cayetano Sempere, al lado del Hospital y aquello fue desde 1994 hasta el 2000.
Siento un cariño inmenso por aquellos tiempos.

Ángeles:

Es que aquel viaje en coche fue para detenerme y meterme en la cárcel, por inútil. Habiendo una carretera por todos conocida, yo terminé rodeando montes ¡y por caminos rurales!, con eso te lo digo todo.
A las petunias les gusta más el Daily Mirror que el abono orgánico. Sí, como te cuento.

La verdad es que no cambio nada de lo que me deparaba el futuro, desde luego, aunque me quedé con las ganas de que alguien me preguntara: Are you the gardener? Para decir: Yes, I am. xD

JuanRa Diablo dijo...

Montse:

Pero qué amable, Montse. Gracias.
Si tuviera que poner música a las plantas, la de ABBA no les iba a faltar, desde luego :)
Ahora que lo dices... para plantar un pino, ¿me harán falta conocimientos de jardinería? ¡A ver si me voy a quedar sin completar la cosa! :p

loque:

Siempre he pensado que a aquel chaval corrieron a avisarle.
- Oye, fulano, ¡que al final se ha presentado uno!
- Joer, ahora que me estaba tomando unos churros.
- Pues corre, que hay que hacer el examen ahora
- Pero la plaza me la dais a mi, ¿no?
- Toma, claro, pero habrá que hacer el paripé.

Piensa mal...

Ana Bohemia:

Pues no hubiera sido yo poco bohemio entre tantas flowers... :p
Y luego unas conversaciones de mucha altura, claro.
“Dear, Petunias, how are you today? Oh, look, a flying cat!” xD

Papa cangrejo:

¿Cómoooo? ¡¡Tienes que contarme eso YA!! :D

Anónimo dijo...

Bueno, ahora que no nos lee nadie...hablando de Miguel HErnández, me viene al pelo para decirte que el padre de mi cuñado era, (falleció hace ahora un año), de Orihuela, vecino tuyo para el caso; en los años cuarenta o al principio de los cincuenta, con el Hambre, vino por aquí a segar -tal como hacían multitud de gentes de vuestra zona, también murcianos- y, como alguno de estos a los que conozco, se quedó a vivir aquí.
Pues bien, el señor Manolo contaba que su padre había sido de niño pastor de cabras y que era muy amigo del pequeño Miguel Hernández...así que el mundo es un pañuelo y si tú tienes algún conocido de la familia del poeta, se cumple la teoría de los 6 grados de separación entre tú y yo, aparte de nuestros vínculos informáticos. Jajajaja!
carlos

JuanRa Diablo dijo...

Carlos:

No sé si nos leerá alguien, pero te aseguro que nadie nos oye, así que te diré que a pesar de la cercanía, solo recuerdo haber estado dos veces en Orihuela. La primera fue en una excursión con el colegio y me produjo gran asombro comprobar que en todas partes había iglesias, ¡que no se acababan nunca!
Años más tarde conocí a un oriolano en el instituto. Se apellidaba Leguineche (ahora mismo me estoy recordando a tí mismo con tu memorión, jaja)
Sé que finalmente eligió estudios para ser religioso, algo muy habitual en aquella tierra.

Sería interesante averiguar cuáles son nuestros 6 grados de separación, porque ahí deben estar, aunque curiosamente en mi próxima entrada, comprobarás que estamos a años-luz-celestial.
Y sin embargo... todo lo contrario :)

Me voy, que parece que llega alguien.
¡Apaga, rápido!

Natty dijo...

Me habría gustado el para trabajar en una biblioteca!! Acá para hacerlo debes estudiar en la universidad =( ... ojalá acá en Chile se usara algo similar, mucha más gente podría optar a mejores trabajos!!

JuanRa Diablo dijo...

No sé si habrán cambiado las cosas desde entonces, pero para una plaza de auxiliar de biblioteca para la biblioteca municipal, se requerían estudios básicos y se realizaba por oposición.

A mi también fue siempre un trabajo que me atrajo mucho.
Saludos, Natty :)

Anónimo dijo...

Cuando uno se presenta a oposiciones,deberia tener mas claros sus gustos y analizar bien el trabajo a desempeñar...yo soy profesora y envidio terriblemente a los jardineros.Nuestro trabajo,aparte de super estresante no esta remunerado como deberia(1700 euros netos un profesor de secundaria)...hace 15 años,aprobar la oposicion fue una alegria enorme...q con los años se ha convertido en losa...hasta el punto de buscarme hoy por hoy curros trankilos y q no supongan el desgaste fisico y psiquico q nos regala esa "plaza en propiedad"

JuanRa Diablo dijo...

Qué duda cabe, amiga, que es un privilegio trabajar en cosas que nos agraden y no nos supongan ningún estrés. Cada vez oigo más casos de profesores a los que les supera su trabajo.
Gracias por esta visita ¡y buena suerte en adelante!