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30 de octubre de 2025

DE VILLENA A YECLA, de la A a la Z (REEDICIÓN CON UN PORQUÉ)

Ya dije por aquí que pertenezco al honroso Club de los Ignorantes del Mundo del Automóvil. Es por esto que respaldo solidariamente a aquellos que, para describir un coche, se basan únicamente en su color.

—Pepito se ha comprado un coche.

—¿Ah, sí? ¿Cuál?

—Uno rojo.

—¿Pero qué marca?

—Y yo qué sé qué marca, ¡qué más da! ¡Un coche rojo!

¡Dí que sí! Y la cabeza bien alta... (Siempre habrá alguien que me comprenderá).

Tampoco me apasiona conducir. Hacerlo por ciudad en hora punta es desesperante, por lo que suelo ir a pie a todas partes.

Sin embargo, sí me relaja conducir cuando lo hago en solitario por carreteras secundarias poco transitadas y tan conocidas como para poder poner el piloto automático y que el coche me lleve solo (es un decir, ya me entendéis, ¿no?).

Recuerdo el placer que me suponía realizar el trayecto desde mi casa de Petrel hasta la universidad. Estrenaba entonces carnet de conducir y la autovía me infundía aún demasiado respeto, así que opté por ir a la facultad dando un rodeo por una carretera muy tranquila que atravesaba Agost —un pequeño pueblo alfarero de aspecto rojizo— y me llevaba sin pérdida posible hasta San Vicente del Raspeig. En días soleados y con la música puesta, el recorrido se me hacía bastante corto, pero para amenizarlo aún más me gustaba hacer una especie de juego mental que consistía en dividir todo el trayecto en tantas etapas como letras tiene el abecedario. Cada etapa debía tener un elemento que hiciera referencia a la letra en cuestión.

Hace ya tiempo de aquella vida universitaria, por lo que he olvidado los nombres de los tramos, pero todavía recuerdo un par de ellos: la zona en la que un acueducto discurría paralelo a la carretera era el trayecto R, de Romano. Y tras ver una pequeña tienda, totalmente pegada a la carretera, que tenía un cartel que decía «HAY TABACO», aquel ya fue para siempre el trayecto T.

En los miles de kilómetros que llevo hechos de Villena a Yecla —primero como novio de la extranjera y ahora como currante— también puse en su día un nombre a cada tramo, y hoy os los voy a presentar.


A de AVE. Para dejar Villena hay que atravesar la vía del tren. Por aquí aún no pasa el AVE, pero para empezar el abecedario fue la primera palabra que me vino a la cabeza.


B de BOMBILLAS. Esta tienda de lámparas me sirvió para dar nombre a la segunda etapa.

C de CEMENTERIO DE COCHES. En las afueras de la ciudad, y a cierta distancia, vi un desguace que me encajaba perfectamente para la tercera letra.

D de DEPECHE MODE. Junto a la carretera había una casa en ruinas con un cartel anunciando a este grupo. La casa fue demolida hace tiempo, pero el trayecto conserva el nombre en su honor.

E de ESPESURA. (Ver vídeo final).

F de FOLLÓN. Simplemente porque hay un cruce con muchas señales para desviarse a la pedanía de Las Virtudes.

G de GIRO a la izquierda. No se puede ser más explícito. Allí está, para el que quiera ir a comprobarlo.

H de HUELE MAL. Un tramo en el que, por culpa de cierta extensión de agua estancada, flotan unos efluvios a huevo podrido que ofenden gravemente a las narices.

I de IIIIIIIII. Por una curva muy pronunciada a la derecha. Si se toma con velocidad, el mismo coche dice el nombre del tramo. (A ver, los listillos absténganse de llamar a los loqueros: uno se divierte como buenamente puede).


J y K de JUNCOS y KAÑAS. Los hay durante un buen tramo.

L de LUZ entre pinos. (Ver vídeo final).


M de MIEDO. Porque llega un cambio de rasante con curva incluida que siempre me ha dado repelús.


A esta recta casi infinita la tenía que bautizar a la fuerza con la N de NO TE DUERMAS.

(No existe tramo Ñ porque nunca he visto un ñu, ni un ñandú, ni un ñoño que me lo pusieran a huevo).


O de OLIVOS. Árboles cuya diminuta flor deja volar en primavera un jodido polen que se mete en mi coche y también en mis ojos y me los pone como dos cebolletas.


P de PINADA. Uno junto al otro, en fila india. Me gusta esta imagen.


Q de QUÉ COÑO ES ESO? Porque después de kilómetros sin verse ninguna construcción, aparece esta mole a la derecha.


R de REGIÓN A LA VISTA. Es decir, la famosa frontera entre Villena y Yecla, entre Alicante y Murcia, entre España y el extranjero.

S de SUSTO. Pues en este tramo fui testigo de cómo un coche se salía de la calzada y labraba literalmente un bancal. Al ocupante no le ocurrió nada, pero el mal trago no se lo quitó nadie. Y yo me fui con temblor de piernas.

T de TINTO MUEBLES. Eso se podía leer en un cartel publicitario ya próximo al pueblo. Ya no existe el cartel, pero he querido rebautizar el tramo T y no veo nada que me ayude a ello.


U de UMBRÍA. Hay conductores que, en días de verano, paran un rato para refrescarse a la sombra de estos grandes pinos.

V de VUELVO A CASA. Pues Yecla asoma ya en el horizonte.


X de XPOSITORES. Toda la entrada a Yecla está colmada de grandes tiendas y almacenes de muebles con amplios escaparates exponiéndolos.

Y de YECLA. Obviamente.


Z de ZASS, ¡LLEGUÉ!

(Vale, lo admito: no tengo remedio).


ACTUALIZACIÓN:

Escribí esta entrada en enero de 2010. Quiero volver a publicarla por una razón: hace poco me vinieron a la cabeza los tiempos en que puse nombres a los tramos por los que iba pasando para llegar a casa, y sonreí al comprobar que recordaba prácticamente todos. De repente me sobrecogí al darme cuenta de que el tramo de la M, al que puse el nombre de MIEDO, fue precisamente el punto en el que, en febrero de 2023, tuve el accidente de tráfico que me pudo costar la vida.

Quién me iba a decir que aquel miedo era, en cierto modo, una premonición. Trece años después, el destino decidió que en ese mismo punto la palabra cobrara su sentido más literal. Me estremece pensar que, sin saberlo, había señalado el lugar exacto donde mi vida daría un vuelco. Y que tal vez hoy ese tramo podría tener también la M de Milagro.

He sentido la necesidad de revivir la entrada porque me parece algo sorprendente y porque me apetece expresar lo muy feliz que me hace poder seguir viniendo a este blog para compartir mis escritos con todos vosotros, mis queridos amigos. 

30 de abril de 2024

DOS MIL CASAS VACÍAS

El año que viene cumpliré 25 años como yeclano.

Ahora que lo veo escrito creo que he de repasar bien los calendarios, porque me cuesta creer que esté a punto de completar un cuarto de siglo viviendo aquí. (¿¿En serio?? ¡Cuenta bien, hombre, cuenta bien!)

A pesar de todo este tiempo, no me atrevo a decir que sea yo un yeclano de pura cepa, pero sí me considero un aspirante a puracepista y me declaro un completo enamorado de esta ciudad.

Siempre recibo con agrado cualquier testimonio que de su Historia me quieran contar, y me gusta presumir de Yecla cada vez que tengo ocasión.

Hace poco leí un artículo sobre todas las construcciones que se han ido deteriorando con el tiempo, y de aquellas que en sus reformas no han quedado muy bien paradas. De esto ya me había percatado yo, y siento siempre una mezcla de rabia y pena cuando observo que no se cuidan y hasta se dejan perder lugares emblemáticos de la ciudad que tienen tanta historia que merecerían un reconocimiento perpetuo.

Y saltando de más información por aquí y otros datos por allá, leí que Yecla tiene más de dos mil casas vacías. ¡Más de dos mil!

Y entonces, dado que desde siempre he sentido una irresistible atracción por las casas abandonadas, me fueron asaltando más de dos mil preguntas.

¿Estarán todas cerradas a cal y canto?

¿Dónde estarán ahora mismo las dos mil llaves que las abren?

¿Qué fue de sus dueños?

¿Cuál será la casa que más tiempo lleva sin ser visitada?

¿Cuál será la más misteriosa?

¿Cuántas tendrán todavía objetos de valor en su interior?

¿Habrá alguna con biblioteca petrificada?

…

Desde que conozco este dato voy observando con más atención las casas de las calles que transito y, verdaderamente, hay muchísimas que parecen decirme: “¿Y tú te sorprendes de ese cuarto de siglo en Yecla? Si supieras el tiempo que llevo yo aquí olvidada…”

Y sí, lo reconozco, daría lo que fuera por entrar a curiosear por todas y cada una de ellas. Y saludarlas, y admirarlas, e imaginar sus historias…

Casi escucho el crujir de las bisagras de sus entradas, tras empujar con fuerza esos portones que el flujo del tiempo se habrá encargado de sellar como losas.

Veo el polvo, que se presenta tan inmaculado como en el Mar de la Tranquilidad. Está en las baldosas del zaguán, en las escaleras, en las superficies de todos los muebles…

Imagino tantas telarañas como para hilar el gran manto del tiempo que cubre los recuerdos.

Hay algo común en todas las casas abandonadas.  No importa si la vivienda está en el centro de la ciudad o apartada en el campo; si los techos son de escayola o dejan ver el cielo abierto; si está muy deteriorada o todavía conserva un aspecto decente. En todas se detiene el tiempo en el mismo instante en que te introduces en ellas. De hecho, deja de existir.

Y los sonidos se vuelven fugaces. Y llegan hasta ti con un eco especial. El de tus propios pasos, el ligero trepidar de las persianas que mueve el viento, los crujidos de maderas viejas, una gotera en algún lugar, el vuelo de un moscardón desorientado…

No, no hay emociones comparables a las de caminar por una casa abandonada. 

Ni mejor laxante.

Si yo pudiera entrar a las dos mil casas abandonadas…

Y si pudiera hacer un inventario tanto de objetos físicos como de sensaciones personales, con seguridad escribiría la más bella y sombría Enciclopedia del abandono.

Y expresaría mi absoluta fascinación ante libros y revistas que duermen en polvorosas estanterías.

Los cosquilleos de emoción ante cartas y fotografías olvidadas en algún cajón.

Esa melancólica nostalgia al descubrir juguetes antiguos.

La fascinación al observar la tenue luz que traspasa los viejos visillos, esa luz que flota con pereza para terminar descansando sobre los muebles que conservan la sempiterna belleza de lo decadente.

Y un repelús no exento de macabra atracción al encontrar cucarachas disecadas o ratones momificados.

He fotografiado algunas puertas de casas de Yecla que llevan muchos años cerradas. Y os aseguro que les he susurrado que mantengan todas las maravillas que guarden en su interior para el día en que me permitan visitarlas. 

Les he dicho que, de momento, sólo puedo hacerlo con la imaginación.  








Viejas casas de Yecla... ¿me queréis contar algún secreto?

27 de enero de 2021

DE YECLA A YECLA A VELOCIDAD SUPERSÓNICA

Vengo con una idea. 

Se me ocurrió trazar una línea recta sobre un mapamundi, una línea que lo atravesara horizontalmente de un extremo al otro, pasando exactamente por la ciudad de Yecla. De ese modo podría estudiar qué lugares de la Tierra se hallan en el mismo paralelo. 
Interesante, ¿verdad?

Les invito a hacer un viaje alrededor del mundo partiendo desde mi hogar  y volando hacia el este para volver al mismo punto por el oeste. 
¿Se apuntan?

Para ello es necesario un vuelo supersónico que aconsejo hacer con capa roja, al estilo supermanesco, para que sea más eficaz, y unas gafas que cubran bien los ojos, para evitar choques con mosquitos.

Ya no me entretengo más, sígame todo el que quiera.

Cuando alcanzo una altura aproximada de 7.000 metros aprieto los puños y salgo disparado hacia oriente para sobrevolar el Alto Vinalopó, donde distingo Villena. Sin apenas darme cuenta ya estoy saliendo al mar Mediterráneo, porque qué le voy a hacer si yo.... 
Creo que he pasado exactamente entre Altea y Benidorm. 
Inmensidad inabarcable a la vista,  con destellos azules y verde esmeralda. Y pensar que por estas aguas navegaron egipcios, fenicios, griegos, romanos…

Cerdeña ante mis ojos, planeo sobre su zona sur y de inmediato atravieso Calabria, la punta del zapato de ITALIA. Una franja de mar muy azul, el Adriático, me da paso al Peloponeso, provincia de GRECIA. Si me desviara un poco al sur sobrevolaría el Partenón.

Ya estoy viendo el mar Egeo, salpicado de centenares de islas, las Cícladas.
He llegado a ver despegar un minúsculo avión desde la isla de Mykonos. Yo vuelo mucho más alto.

Se acaba el mar y me adentro en la vasta TURQUÍA. Durante este recorrido longitudinal puedo ver multitud de ciudades: Denizli, Burdur, Isparta, Konya...  y una gran cantidad de lagos por todas partes. 
En estos momentos estoy pasando sobre Batman, y no me refiero al superhéroe sino a una ciudad turca. No es broma.
 
El brillo del lago Urmia es la señal de que ya estoy sobre IRÁN.  Poco más allá está Rasht, ciudad al borde del Mar Caspio, que no es un mar en realidad, sino el lago más grande del mundo.

Irán se queda pronto atrás para dar paso a TURKMENISTÁN, UZBEKISTÁN y TAYIKISTÁN,  esos países tan, tan, tan… ex soviéticos.

Y de repente… ¡Zas! ¡CHINA! La mítica China que recorrió  Marco Polo. Ahora sí empiezo a sentirme en la verdadera Asia. 

Habremos de apretar bien los puños (levantar el izquierdo es opcional) para aumentar la velocidad y atravesar el país más poblado de nuestro planeta. Pasaremos sobre Xingyang, Nei Mongol y el mismo Pekín, la enorme ciudad milenaria. Qué maravilla de valles y de montañas, la mayoría nevadas.

Me encuentro de golpe con un nuevo mar, el Amarillo (que es tan azul como los demás)  para casi acto seguido pasar entre las dos COREAS, la del Norte y la del Sur. Curioso que estas dos naciones, pese a ser hermanas siamesas, no se parezcan en nada en absoluto. ¡Si ni siquiera se hablan!

¡Oh, visión fascinante! Allá abajo está JAPÓN, rodeado del mar que lleva su nombre. Y qué pronto lo he dejado atrás tras pasar Niigata, en la costa oeste y Fukushima, de aciago recuerdo, en el este. Por un momento me he sentido como un piloto de la Segunda Guerra Mundial.

No más tierra a la vista. Empieza un viaje de más de 8.000 kilómetros sobre el Océano Pacífico. Creo que podría emborracharme de la belleza de esta inmensidad azul. 
Atravieso simultaneas bolsas de aire frío y caliente y en la distancia, entre amenazantes  cúmulos negros como rabiosos gigantes que surgieran del mar, veo un espectacular juego de luces blancas. 

Siento una gran alegría al ver surgir América ante mí. Puedo imaginar mejor que nunca lo que vivieron Colón y toda la tripulación de las carabelas.
Hago una entrada triunfal sobre las tierras de California, justamente sobre la ciudad de San Francisco.
Es el momento de atravesar todo ESTADOS UNIDOS en el orden inverso al que hicieron los colonos del siglo XIX, soñando con la conquista del Oeste. 

Prepárense para ver Nevada, Utah, Colorado, (dejando más al sur su capital, Denver) Nebraska, Iowa… Grandes praderas, desiertos, ciudades más o menos populosas y ríos que parecen no querer acabar nunca, especialmente el Mississippi. 
Sobrevuelo la ciudad de Chicago, en el estado de Illinois, al borde del lago Míchigan y paso por la frontera de otros tres estados: Míchigan al norte e Indiana y Ohio al sur. 
Ya en plena costa este me encuentro con Pensilvania y vuelve a aparecer el mar. Casi en la orilla, Trenton, capital de Nueva Jersey. Si me hubiera desviado unos 100 kms al norte habría sobrevolado la ciudad de los rascacielos.

El Océano Atlántico me da la bienvenida. Al otro lado me está esperando Europa, pero quedan todavía 3.416 km. hasta volver a ver tierra.
Por algún lugar bajo esta descomunal masa de agua está hundido el mítico Titanic desde 1912.

Descendamos a sobrevolar su superficie a toda velocidad, sintiendo el vapor de agua en el rostro y el gusto salado que deja en las fosas nasales . 
Eh, ¿¿qué ha sido eso?? ¡Me ha parecido ver una botella de cristal! ¿Llevaría algún mensaje dentro? Al menos era de cristal. No quiero ver plásticos. ¡Ni uno!

¡Ah, miren, aquellas islas de allá son las Azores! Voy a colocarme bien para entrar justo por la nariz de PORTUGAL, más o menos a la altura de la bella Lisboa.

Ya estoy de nuevo en ESPAÑA, en la provincia de Badajoz. Atravieso Ciudad Real, pasando por Puertollano (me acuerdo de Don Quijote y de Sancho) y sobrevuelo la Sierra del Segura para entrar nuevamente en el norte de la provincia de Murcia y llegar a Yecla.
¡Hogar, dulce hogar!

Toda una experiencia, ¿verdad? 
Señoras, señores,  espero que hayan disfrutado de esta vuelta al mundo en 8 minutos.
Con su permiso voy a meter los puños en agua caliente porque no puedo abrir las manos.



15 de diciembre de 2017

DE CUANDO MI SUEGRA ME DIO MIEDO

Dicen que todo se pega menos la hermosura. Y va a ser verdad.

Cuando empecé a vivir en Yecla di por hecho que jamás llegaría a  emplear algunas de las particularidades de su habla.
Aquí es muy común, por ejemplo,  anteponer los artículos el o la delante de los nombres propios. Y lo emplean tanto los mayores como la gente más joven.

“Dice el Paco que vayas”
“Ayer vino a verme la Tomasa”
Se ha casao el Damián, el hijo de la Maruja, la de las lanas”

Era esto algo que yo jamás había hecho; no solo porque en la etapa escolar aprendimos que, salvo excepciones,  es una incorrección gramatical, también y sobre todo, porque nunca se empleó en mi círculo familiar y de amistades.
Por eso me sonaba fatal ese el o la delante de una persona, y ni queriendo era capaz de emplearlo.

Sin embargo un día, de manera inconsciente,  sucumbí.

Sonó el interfono en casa de mis suegros y lo descolgué.
—¿Quién es?
—¿Está la Fina? Soy la Cecilia.
—Ah, sí, suba
—¿Quién es? —quiso saber mi suegra.
—Su amiga la Cecilia – dije
 
















Después me di cuenta de que a fuerza de haber escuchado siempre el nombre de  “la Cecilia”, me sonaba rarísimo quitarle  ese “la”. Creo que diciendo “Es su amiga Cecilia” hubiera desconcertado a mi suegra por completo. ¡E incluso a mí mismo! Cecilia no era su amiga, su amiga es La Cecilia.
Así que en adelante  pasó a tener el nombre propio de Lacecilia.

Era inevitable.

Esto no me sucede de forma habitual, (no podría adoptar esta costumbre tan alegremente) pero sí hay dos personas  a las que no puedo privarles de su artículo de presentación.
¿Que quién es la otra persona? Mi suegra: la Fina.

Sí, me es totalmente imposible decir “Vamos a casa de Fina” Sería anti natural, desconcertante e incómodo. No tenemos más remedio que ir a casa de la Fina. Y cuando es la Fina la que toca al interfono yo digo que sube la Fina, y la Fina viene a casa y se va de casa la Fina.

Mis hijos me hablan de sus amigos sin anteponerles ningún artículo, pero si se refieren a la abuela me dicen:
“Mira lo que me ha comprado la Fina” 
 
Normal. Finas hay muchas, pero la Fina es la Fina.

Vengo a hablar de todo esto por una anécdota que Aitana me recordó el otro día y que nos hace mucha gracia a todos.

Llegaba yo  a mi casa después de una tarde de trabajo  y antes de ir a la cocina pasé por el salón. Ya era de noche pero sin encender la luz colgué mi mochila en una silla y la chaqueta en una percha.
En la cocina  estaban mi mujer e hijos preparados para cenar y entré en mitad de una conversación.

—Papá — me dijo Aitana—,  ¿has visto a la Fina en el salón?

De repente se me heló la sangre.
 
 ¿Mi suegra estaba en el salón? ¿Qué hacía allí sola? ¿Y no me había dicho nada al verme? ¿Me había estado observando oculta en la penumbra sin hablar? ¿O es que se encontraba indispuesta y se había  echado en el sofá? Pero ¿por qué la habían dejado allí?
¿Eran capaces de cenar con la Fina indispuesta?
Todas estas preguntas me pasaron por la cabeza en un par de segundos.

—¿¿Cómo que en el salón?? —pregunté.
—Sí, me la he dejado allí.  ¿Me la traes?
- Pero a ver...—exclamé desconcertado— ¿¿la abuelita Fina está en el salón??
Vi que todos me miraban, después se miraban entre ellos  y empezaban a reír.

Resultó que mi hija dio por hecho que yo sabía de qué hablaban cuando entré. Ella había sentido frío y Apamen le dijo que se pusiera la bata de andar por casa.
—Es que es muy gruesa y me da calor.
—Pues ponte la fina.
—¿Dónde está?
—No sé, tú sabrás.
—Creo que me la he dejado en el salón.

Ese fue el momento en que yo entraba.

—Papá, ¿has visto la fina en el salón?

Aún nos reímos recordando aquel malentendido.

—¿Te acuerdas, papá, de cuando creíste que la Fina estaba en el salón?
—¡Vaya que si me acuerdo!  Allí sola, en silencio, mirándome como un ogro en la oscuridad. ¡Qué miedo me dio!

22 de noviembre de 2017

YECLA ESTÁ EN CASABLANCA (You must remember this)

Casablanca, una de las grandes películas de la historia del cine, ha cumplido 75 años.

Y yo diría que ni cumpliendo 200 se convertirá en una película vieja o pasada de moda.

Recuerdo que la primera vez que la vi, siendo un jovenzuelo, me aburrió. Me parece que no llegué a entenderla siquiera.
Pero con los años….  ah, cómo han cambiado las cosas...

No sé si será por lo mucho que me atrae su iconografía, con esos míticos posters  en los que aparecen los protagonistas muy juntos, mejilla con mejilla, o por el brillo en la mirada de Ingrid Bergman y la luz que irradia cada vez que sonríe, o por la cantidad de frases memorables de su guion, o por la mundialmente conocida As time goes by, que canta Sam al piano en el Rick’s Café…
Son tantos los detalles a tener en cuenta que me parece una película perfecta para entregarse a ella de vez en cuando y disfrutar del indiscutible encanto del cine de la Edad de Oro de Hollywood.

De Casablanca me gustan, además, la gran cantidad de anécdotas que de ella se conocen. Muchas de ellas me hacen pensar que el éxito es siempre algo impredecible y que la línea que le separa del fracaso puede llegar a ser muy fina.

Por poner algunos ejemplos,  el guion se extrajo de una obra de teatro llamada Everybody comes to Rick’s, que nunca se llegó a estrenar. Hubo muchas reservas por parte del productor a la hora de admitirlo para una adaptación al cine. Finalmente se decidió, cambiándole el título por Casablanca.

La película se empezó a rodar sin tener el guion concluido; ni siquiera se había decidido su final. Tanto es así, que la propia Ingrid Bergman, que rodaba sin saber lo que iba a suceder,  estaba preocupada.

—¿A quién se supone que amo más? —preguntaba confusa (refiriéndose a su marido en la historia o a Rick, el hombre del que se enamoraba)
—Yo qué sé —le contestó el guionista—. ¡A ambos por igual!

Dicen que esa inseguridad por parte de la actriz a la hora de interpretar un papel que no estaba bien definido pudo servir  para que su rostro reflejara la desazón que convenía para su personaje.

El tema As time goes by, que por siempre se asociará a Casablanca, no se creó para la película. La canción se había compuesto diez años antes para una comedia musical. El propio compositor pidió que la eliminaran por parecerle una melodía demasiado simple, inadecuada para el film. Menos mal que finalmente accedió porque se convertiría en el tema principal y en una de las canciones más recordadas de la historia del cine.

Y curioso que eligieran a Bogart para el papel principal por ser en aquel entonces un actor con un contrato tan bien pagado que consideraron que había que amortizarlo dándole mucho trabajo. 

Bogart , que medía 1,60 m. tuvo que llevar en algunas escenas unos zapatos con plataformas para que no hubiera tanta diferencia de altura  con Ingrid Bergman. La actriz sueca medía 1,80.

La película se rodó exclusivamente en Hollywood, pero tras el éxito del film, Marruecos se llenó de turistas que querían tomarse algo en el bar de Rick, que, lógicamente, no existía. Pero como el negocio es el negocio, no tardaron en construir allí el bar de Rick para que los turistas se fueran satisfechos.

Pero si hablo hoy de todo esto es porque quiero aportar la que yo considero la anécdota de las anécdotas. Una que no se encuentra en los libros de cine.

Hace unos meses mi amigo Juan Luis me enviaba una foto a través del Whatsapp. Vi que se trataba de un mapa en blanco y negro con apariencia de ser muy antiguo.

—¿Por qué me envías esto? - le escribí.
—¿Te has fijado bien? —me dijo.
Aunque la imagen no era muy nítida pude leer los nombres de varias ciudades señaladas.
—¡Anda! ¡Aparece Yecla!
—Así es. ¿Y sabes de dónde he sacado la imagen?
—Pues no
— De la película Casablanca.
—¿¿Quééééé??

Entonces me explicó lo que no tardé en comprobar. 
Nada más empezar la película, después del minuto de títulos de crédito que la preceden, suena una voz en off que dice...

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, muchos ojos en la Europa ocupada miraban con esperanza o desesperación hacia la libertad de las Américas...

Y aparece un mapa de Europa en el que se va trazando un recorrido por carretera desde Paris a Marsella, después por el Mediterráneo hasta Orán y finalmente hasta Casablanca.
Cuando la cámara enfoca el Mediterráneo, en el mapa se ve  perfectamente España y los nombres de algunas de sus más importantes ciudades: Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Sevilla.... ¡¡y Yecla!!



Tuve que repasar muchas veces esos fotogramas para asegurarme de que era verdad lo que veía. ¡Yecla aparece en un mapa de España en la película Casablanca!
Todavia no alcanzo a comprender por qué en un mapa sencillo en el que supuestamente han de mostrarse las capitales más populosas se encuentre también Yecla.

La película es del año 1942, el mapa debe de ser de esa época o puede que anterior. Yecla era entonces un pueblo pequeño, tan pequeño que me sigo preguntando por qué lo incluirían. 
(Si alguien puede darme una explicación, se lo agradeceré. Acepto igualmente las suposiciones más rocambolescas, por supuesto)

En cualquier caso, tengo muy claro que en adelante, si me preguntan de donde soy y al pronunciar el nombre de Yecla me contestan que no conocen esa ciudad exclamaré:

¿¿Que no conoces Yecla??  ¡¡Pero si aparece en Casablanca!!
 


13 de julio de 2017

"ESTAMOS ENCERRADOS"

Hace unos días ocurrió en Yecla algo muy singular que no podía dejar de compartir por aquí por lo
 mucho que me llamó la atención.
 
Es muy habitual que se comenten por la calle las noticias relacionadas con el pueblo, pero esta vez el suceso tenía tal halo de misterio que en poco tiempo se difundió de un extremo al otro de la comarca.

Y es curioso cómo se distorsionan los hechos al ir transmitiéndose de boca en boca, pues no todas las personas que me contaron lo sucedido me daban los mismos datos, incluso a veces llegaban a ser contradictorios, con lo que mi curiosidad por conocer la verdad iba creciendo conforme avanzaba el día.

Finalmente, una vez leída la noticia en la prensa y ampliada por fuentes fiables, me atrevo a contar lo sucedido.

Imaginad a una señora que se encuentra en su casa de campo, adecentando los alrededores. De repente encuentra a sus pies una paloma que apenas se mueve. Deduce que el ave puede estar sedienta porque mantiene el pico entreabierto, por lo que decide ponerle un cuenco con agua. La paloma bebe y continúa en el lugar,  sin moverse.
Cuando llega su marido le cuenta el hecho y van al lugar en donde sigue estando el animal. El hombre  coge la paloma para comprobar si está herida y descubre entonces que tiene un pequeño papel anudado en una pata.
Es un mensaje escrito con bolígrafo que dice:

"Necesitamos ayuda; estamos tres personas encerradas en una cueva del Monte Arabí".

Llegados a este punto, puedo imaginar lo mucho que os interesa saber qué sucedió a continuación, ¿verdad?  Eso es exactamente lo que me pasó a mí, que ardía en deseos por saber cuál era el final de la historia.

Prosigo entonces.

El hombre acude de inmediato a la Policía y cuenta lo sucedido, mostrando el contenido del corto pero directo mensaje.

Aunque con muchísimas reservas, la Policía decide actuar y algunos agentes de Yecla, junto con personal de Protección Civil, acuden al lugar,  y desde últimas horas de la tarde hasta gran parte de la madrugada,  lo inspeccionan.

El monte Arabí es una espacio natural a 1068 metros sobre el nivel del mar, que es visitado de forma habitual por mucha gente. Es interesante inspeccionar sus cuevas y admirar sus muchos rincones, todos de gran valor geológico y arqueológico. (Espero llegar a escribir un reportaje sobre este lugar)

Imagino que los agentes consideraron que esa llamada de auxilio resultaba tan extraordinaria como inverosímil, pero en sus declaraciones posteriores dejaron claro que era su obligación buscarlos durante un mínimo de doce horas mientras esperaban las posibles denuncias de personas desaparecidas.

Los agentes visitaron la Cueva del Tesoro (la única cueva subterránea con una decena de metros de profundidad) y los abrigos naturales ubicados bajo el pico del monte y recorrieron el Barranco del Gato por ser uno de los más escabrosos de la zona.


A mí me hubiera encantado que la historia terminara con el hallazgo de esas tres personas, realmente atrapadas en alguna cueva o en el saliente de algún barranco. Eso hubiera convertido la anécdota en algo fabuloso, con una  paloma como protagonista y  heroína de una historia de película.
 
Pero no. Allí no había nadie.
 
A las 14 horas del día siguiente se canceló la búsqueda y se dio por hecho que ese mensaje de auxilio no era más que una broma.
 
¿Decepcionados? Supongo que sí, pero yo he seguido pensando mucho en el tema y se me ocurren tres posibles explicaciones a lo sucedido:
 
PRIMERA EXPLICACIÓN (96% de probabilidad)
 
Javier y Luismi, amigos de 13 años de edad, encuentran una paloma mientras juegan por los alrededores de la casa de campo del primero.

—¡Eh, tío, una paloma!
—¡Es verdad! Parece que no puede volar
—¡Cógela, cógela...!
—¡La tengo! Eh, ¿le pido a mi madre que nos la ase para comer?
—Qué asco, tío, ¿y si está enferma?
—Sí, tiene toda la pinta
—Oye, ¿te acuerdas de cuando nos contaron en clase todo eso de las palomas mensajeras?
—Ah, si
—¿Le ponemos un mensaje y la soltamos? A lo mejor le llega a alguien.
—¿Qué le ponemos?  ¿Gilipollas el que lo lea?
—No, ven a mi casa, que se me ha ocurrido una cosa.
—No flipes, tío,  si no la va a encontrar nadie...
—Que sí, hombre, que la lanzamos al campo de al lado, que seguro que mi vecina la ve.

SEGUNDA EXPLICACIÓN  (3,5% de probabilidad)
 
Esteban, Armando y Salvador, 32, 29 y 28 años de edad respectivamente. Habituales senderistas del altiplano murciano. Excursión por los parajes del Monte Arabí.

—Eh, Salva, no sigas. Por aquí ya no hay salida y está resbaladizo
—¡¡Hostias!!
—¿¿Qué pasa??
—¡Sujeta, Armando, que nos caemos!
—No puedo, joder, pesáis mucho.
—¡Tira, tira hacia arriba!
—¡¡Me arrastráis!!
—¡¡Dios!! ¿Estáis bien?
—Sí, yo sí
—¡Joder, no nos hemos matado de milagro!
—Vale, de puta madre, de aquí no podemos salir, nos va a tocar pedir ayuda. Llama, Armando.
—No he traído móvil.
—¡Joder y yo lo llevo sin batería!
—¡¡La madre que nos parió!! ¿¿Y ahora qué??
—Supongo que alguien pasará, ¿no?
 
(A los cuarenta minutos de permanecer en aquella sima, Armando descubre una cavidad en la roca)

—¡Aquí hay una paloma!
—¿Metida ahí?
—Sí, en un nido.
—Pues, tíos, se me ocurre ponerle un mensaje pidiendo ayuda y hacerla volar.
—Pero eso es una gilipollez... ¿Cómo va a...
—¡Hay que intentarlo! No sabemos el tiempo que puede pasar hasta que nos encuentren. Yo tengo un boli, venga, ¿algún trozo de papel en el que escribir?
 
(Más de dos horas después de haber partido la paloma, Salvador, que ha estado inspeccionado minuciosamente las paredes que llevan al orificio del techo, decide escalar por una zona concreta. Pese a la insistencia de sus compañeros en que desista, Salvador consigue salir y vuelve con una cuerda que tenía en el coche.  Ayuda a salir a sus compañeros y regresan a su hogar, en Montealegre del Castillo)
 
—De verdad que me veía pasando la noche allí.
—Oye, ¿y por dónde andará la paloma?
—Jajaja, la verdad es que era una idea muy tonta. ¡Ni de coña la iban a encontrar!
 
TERCERA EXPLICACIÓN (0,5% de probabilidad) 

El Monte Arabí está considerado un lugar mágico. De hecho está incluido en la Guía Mágica de España por la cantidad de fenómenos paranormales que en aquel lugar han acontecido, desde apariciones misteriosas hasta avistamientos de OVNIs, pasando por curiosos hallazgos y percepciones extrasensoriales. Todo esto no es algo que me esté inventando yo. Podéis leerlo AQUÍ e investigar en la red.
 
Aquel día, Sara, Julián y Salvador (otro Salvador, no el de antes) decidieron pasar un día en el Monte Arabí, sin ser conscientes de que los cinco asteroides de Astrea se encontraban en oposición a Juno y, al mismo tiempo, la luna estaba en todo su apogeo.
Era el momento preciso para los estados vibracionales, que posibilitan que en unas determinadas coordenadas se abra la puerta a una dimensión paralela.
 
Y Sara, Julián y Salvador, ajenos a las leyes de la astrofísica, ignoradas por casi la totalidad de los seres humanos, la atravesaron.
 
—¿Todavía llevas la paloma, Sara?
—Sí, pobrecita, es que me da mucha lástima soltarla. Si la dejo por aquí se morirá. A ver si en casa consigo reanimarla.
—Esto es muy raro, chicos.
—¿Qué pasa?
—El coche... ¿No debería estar por aquí?
—Pues ahora que lo dices, hemos andado muchísimo. Yo diría que no estaba tan lejos.
—¡Ehh, mirad hacia arriba! ¿Son imaginaciones mías o el cielo se está volviendo púrpura?
—¡¿Pero qué fenómeno es este?! ¡Se está electrizando todo! ¡Miradme el pelo! ¡¡Mirad vuestro pelo!!
—Esto no me gusta nada, parece que llega una tormenta eléctrica. Allí hay una cueva. Mejor ponernos a refugio. ¡Vamos!
 
Una vez dentro de aquel oscuro lugar, experimentan un desconcertante vértigo seguido de un desvanecimiento. Al volver a abrir los ojos descubren que han caído en un foso, (o eso es lo que creen)
El tiempo pasa y la confusión sigue siendo grande. Julián propone utilizar a la paloma como una forma de pedir ayuda y a pesar de la escasa luz consigue escribir una nota de auxilio. Lanzan la paloma hacia el resplandor del techo y el ave desaparece tras un sonoro chasquido.
 
Sara, Julián y Salvador continúan hoy en aquel lugar. 
Para ellos han pasado solo dos horas pero hace ya cuatro días que el equipo de salvamento dejó de buscarlos por no haber dado con ningún excursionista perdido.
 
—Tengo miedo  —dice Sara
—No te preocupes —le responde Julián cogiéndola de la mano— No tardará en pasar alguien por aquí y lo oiremos.

Salvador empieza a dar gritos pidiendo auxilio, esperando ser oído.
Sara piensa de nuevo en la paloma, en si logrará llegar hasta alguna persona y que consiga ver el papel que lleva en una pata.
 
"Confío en ti, palomita —susurra—. Confío en ti"

 (Segunda y tercera fotografías tomadas del periódico La Verdad)

13 de junio de 2017

LOS LUGARES DONDE HE VIVIDO

En la película Lion  se cuenta la historia real de un joven indio que se perdió siendo un niño y al que no le fue posible volver con su familia. Por avatares del destino terminó siendo adoptado por un matrimonio de Australia. 
Veinticinco años después, gracias a Google Earth y a su constancia en la búsqueda, consiguió localizar el pequeño poblado donde nació. 
Y pudo finalmente volver a él.

Imagino que todos habréis viajado a través de este programa informático que nos permite visualizar y recorrer cualquier lugar del mundo gracias a la fotografía satelital. 
Para mi resulta asombroso, a la par que divertido.

También imagino que todos habéis sentido la curiosidad de adentraros en vuestra localidad hasta dar con la calle y el lugar exacto en el que vivís. ¿No da mucha alegría ver fotografiados esos lugares que tan familiares resultan?

Hace un tiempo me apeteció localizar en Google Earth todos los lugares en los que tuve un hogar. Y se me ocurrió recopilarlos y guardarlos y, por qué no, exponerlos en esta entrada.

He aquí los lugares en los que he vivido a lo largo de mi vida. 

01. EN ELDA (Alicante) Años 1966-1967
 Cerca del Mercado Central, en la actual calle Petrel (me dice mi madre que entonces no se llamaba así y por eso voy a investigar su nombre anterior) Este fue el lugar donde viví en mi primer año de vida. Lógicamente no recuerdo de él lo más mínimo.

02. EN PETREL (Alicante) Año 1967
 En la calle Prim, en la casa en la que vivían mis abuelos maternos, que nos acogieron durante unos meses. Enfrente había un horno de pan que ya no existe.

03. EN MADRID Años 1967-1968


También junto a un mercado, el Mercado de Maravillas, en el barrio de Cuatro Caminos. 
Tengo un vago recuerdo de este lugar, en la calle Carnicer, de cuando las vecinas, a través del patio de luz, me pedían que cantara la canción que acababa de ganar el Festival de Eurovisión: "Juanito, ¡canta el Lalala!"

Yo solo tenía dos años, pero me cuentan que la cantaba a la perfección :D


 04. EN BENIDORM (Alicante) Años 1969-1974

A finales de 1968 regresamos a Petrel. Mi madre dio a luz a mi hermano Tomás, que, como yo, nació en el hospital de la vecina Elda.
Poco después nos trasladamos a Benidorm en donde vivimos varios años. Allí empezamos a ir al colegio y cuando llegaba el buen tiempo nuestra madre nos llevaba a la playa casi todas las tardes.
Vivíamos en uno de los áticos de los conocidos como Edificios Navasa, en la que se conocía como Carretera de Circunvalación y que hoy se llama Avenida del Rey Jaime I. 

  Al volver del cole esperábamos a nuestra madre sentados en estas escaleras:
Ella se asomaba a la terraza y nos hacia una señal con la mano, indicando que nos había visto y  bajaba a ayudarnos a cruzar la tan transitada carretera. De esto me acuerdo perfectamente. Y de la primera vez que fui al cine, con ella y mi hermano, a ver Bambi.

05. EN PETREL (Alicante) Años 1974-1994

 Viviendo en Benidorm, mis padres compraron una casa de campo en Petrel, a la que acudíamos muchos fines de semana. Una vez trasladados allí nos quedamos a vivir definitivamente. De esta época he escrito largo y tendido en el blog (ver etiqueta EL CAMPO)
 Época feliz de nuestra vida, gozando al aire libre, disfrutando de la compañía de multitud de animales que fueron parte de nuestra familia a través de los años: perros, gatos, gallinas, patos, pavos, un par de caballos, un burro... 
En esta  época nacieron mis hermanos pequeños, Fran y Ana, en el Hospital de Alicante. Terminé la EGB y también los años de Instituto.
En ella vivimos una trágica gota fría en el año 1982
La casa ha sido remodelada varias veces a través de los años.

06. EN PLASENCIA (Cáceres) Año 1986 

Si he de nombrar todos los lugares en los que viví, debo incluir mi año de servicio militar. Primero los tres meses de reclutamiento en en el CIR de Plasencia.
 Situado en la Avenida de La Salle, era un edificio enorme, como puede apreciarse en la foto. El 31 de diciembre de 1992 se produjo el cierre definitivo de este histórico cuartel y hoy es un Centro Universitario.
 07. EN MADRID  Años 1986-1987

 Después de mi estancia en Plasencia (en Italia, como dice mi amigo Juan Luis) me trasladaron a Madrid Carabanchel, al Cuartel que hay en la calle Camino de los Ingenieros.
Historias de la puta mili tengo para dar y vender, y alguna de ellas también apareció en el blog.
La flecha señala el lugar donde viví 9 meses como armero de mi compañía. Y recuerdo un día que pasé entero en la quinta planta del Hospital Gómez Ulla, haciendo guardia en la planta de los internados en el psiquiátrico. Observando a los que paseaban por aquellos largos pasillos me sentí como en la película Alguien voló sobre el nido del cuco.

 08. EN ELCHE (Alicante) Años 1994 - 2000

Fueron los 6 años más felices de mi vida laboral, como conserje en el Instituto de Secundaria Cayetano Sempere (el número 6 de esta ciudad, como no podía ser de otra modo) Se me asignó la casa que tenía el centro, en la calle L'Avet y en ella tuve que aprender a cocinar cosas de fundamento. Aún recuerdo con emoción el imponente aspecto que tenían los exteriores del instituto con las farolas encendidas durante las noches.

 09. Y EN YECLA (Murcia) 2000 - actualidad

En Yecla me casé y allí  vivo desde hace 17 años, en la Avenida de la Libertad. Allí han nacido mis hijos a los que muchas veces he contado los recuerdos que tengo de los lugares en los que he vivido. Mis años de cole, los juegos con mis hermanos en la casa de campo...

  
Y es por esto que siempre he dicho que me siento medio murciano, medio alicantino, y que les tengo un enorme cariño a todas las ciudades que aparecen en este álbum. 

PD. Por cierto, cómo me recuerda el logo de Google Earth a la cúpula de la Purísima de Yecla, símbolo de la ciudad.