27 de abril de 2017

"TENDRÁS UNA LARGA VIDA, QUERIDO"

Miércoles. Día de mercadillo en Yecla.

Tengo que salir a comprar hojas de boldo en la herborístería. 
"Imposible aparcar hoy - pienso - mejor ir andando".

Bullicio en las calles.
Gente que sube a mirar los puestos de la zona del Ayuntamiento.
Gente que baja a curiosear los de la zona de la Rambla.

Entre ese ir y venir de gente, una gitana vestida de negro, con un manojo de romero en una mano, mira a la muchedumbre pasar.
Noto que se ha fijado en mí  y veo que se acerca.
Pongo mi cara de "Vaya-prisa-llevo-leches" y aprieto el paso para que no me aborde.

- Escucha, querido, que tengo algo que decirte... 
- Ahora no puedo, lo siento. Luego, luego... -  me excuso como si de verdad fuera a pasar más tarde por allí.  

Pero diez minutos después, una vez hecha la compra, cometo el error de haber olvidado a la gitana y regreso por la misma calle.
Me la encuentro cara a cara. 

- Tú no me vas a hacer el feo de rechazarme otra vez, ¿verdad? - me dice con la ramita de romero en alto.
No puedo evitar sonreir abiertamente. 
No porque me haya hecho gracia sino porque me doy cuenta del tonto de campeonato que he sido.
"Luego, luego...", le había mentido sin saber que decía la verdad, que nos volveríamos a ver.

El caso es que la mujer me ve sonreir.
 - Ay, qué carita de buena gente. Ven aquí, querido.
 Me coge una mano y me pone el romero en la palma.
- No, no puedo, es que...
- No, mi vida, no se te ocurra despreciar este regalo, que además te va a dar mucha suerte. 
Me pongo a pensar en la calderilla que tengo en el monedero. 
"¿Qué le doy?", pienso, ¿Cincuenta céntimos? ¿Un euro?"

La gitana sigue hablando. De hecho se embala como si estuviera recitando una letanía aprendida de memoria.
- Puedes estar contento de haberme encontrado porque yo te voy a traer mucha suerte.  Yo veo en tus ojos que nunca antes una gitana te ha leido la mano, ¿verdad que no? Pero hoy tu estrella ha querido que te encontraras conmigo y desde hoy te acordarás de esta gitana que te trajo tanta felicidad...

A todo esto ya me ha cogido la mano y me mira la palma mientras la acaricia. Yo me he resignado a perder unos minutos con ella y me dejo llevar.

- Aquí veo que tendrás una larga vida, querido. Pero esta linea me dice que tienes una pena en el corazón desde hace muchos años. Sí, hay alguien que te ha hecho mucho mal y bla bla bla...
La mujer habla sin descanso y en ese torrente de palabras repite a menudo "suerte", "estrella", "felicidad" "corazón", alternándolas con algún que otro golpe negativo: "sufrimiento", "pena", "dolor", "enfermedad"... que terminan sucumbiendo gracias al poder de sus bendiciones y a la buena fortuna de haberme encontrado con ella.

- ¿Qué prefieres, querido, la salud o el dinero? - me pregunta
- La salud - contesto. 
Inmediatamente pienso en mi mala respuesta. Si hubiera dicho el dinero podría haberme excusado más tarde: "Es que prefiero el dinero, y como comprenderás no voy a desprenderme de él. Adiós muy buenas" 
Pero cualquiera le da un corte a una gitana...

- Prefieres la salud y por eso yo te hago una bendición que te va a traer mucha salud para ti y los tuyos.
 Y juntando los cinco dedos de su mano derecha  me va tocando la palma  como si pintara con ellos los cuatro puntos de un dado. 
- Para que desaparezca ese mal que veo en tu hígado - y me puntea la mano (pam, pam, pam, pam) - Para que en tu vida jamás sufra tu corazón (pam, pam, pam, pam) Para que no te hagan nunca daño con el mal de ojo (pam, pam, pam, pam)
Y cuando por fin termina me suelta con total normalidad:
- Y ahora me das 20 euros para que todo esto se cumpla y puedas marcharte sin miedo a nada.
Me entran muchas ganas de reir pero pienso que no es el momento.
- Ay, qué va. No tengo yo tanto dinero.
- No vayas a echar por tierra esta bendición - me dice muy seria-  Por tu bien te lo digo, querido, no hay nada más importante que la salud, tú mismo me lo has pedido  y yo te la doy para toda la vida. No vayas a dar más importancia al papel. 
- Lo siento, no tengo - digo empezando a apartarme de su lado.
- Si no tienes cambio, - y me muestra fugazmente  unos cuantos billetes sujetos por una goma que saca de un bolsillo- yo te doy cambio.

Y cómo acabó todo, os estaréis preguntando.

Le di un euro y al apartarme de su lado, para aplacar esa verborrea que intuí estaba a punto de encaminarse hacia maldiciones catastróficas, me hice el sorprendido al encontrar otro euro en el monedero y también se lo di.

Cuando le di la espalda la imaginé echando sapos y culebras mentales, pero nada podrían contra el romero de la suerte gitana que yo me llevaba.

Más tarde volvía yo a sonreir pensando en las pocas dotes adivinatorias de la mujer. Yo diría que de haber sabido que le estaba leyendo la mano al diablo se habría hecho mil cruces antes de salir huyendo de allí. 

"Tendrás una larga vida, querido"
¡Y tanto que la tendré!  Por los siglos de los siglos.

14 de abril de 2017

DE CHIQUITO A BETTE DAVIS (Soluciones al juego de cine)

Vaya, pensaba yo que alguien se atrevería con el juego de cine que propuse la semana pasada y no ha sido así.
A decir verdad, me consta que más de uno lo ha intentado, pero creo que esto de enlazar actores les pareció una labor tan endiablada que prefirieron que fuera yo el que se calentara los cascos. (Esto me pasa por adiestraros en la maldad, jodíos)

En fin, para todos los que lo  intentaron y que finalmente tiraron la toalla (y hasta el champú) aquí os muestro las soluciones. 

RETO 1. DE EDWARD NORTON A PACO MARTÍNEZ SORIA.

En el año 2002, nuestro "actor de partida", Edward Norton estrenó  Frida, película  sobre la famosa pintora mexicana Frida Khalo, que interpretó Salma Hayek.
Nueve años después, Salma Hayek trabajaba junto a Juanjo Puigcorbé en La chispa de la vida, una comedia negra de Álex de la Iglesia. 
Bien, ya estamos en el cine español. Ahora solo hay que encontrar algún compañero de rodaje que trabajara con el "actor de llegada" 
Puigcorbé no hizo películas con Martínez Soria pero sí con María Luisa Ponte en La vaquilla (1985) y esta actriz sí hizo varias películas con el cómico aragonés. El turismo es un gran invento, por ejemplo.

(Edward - Salma - Juanjo - María Luisa - Paco: 4 pasos)

RETO 2. DE BEN AFFLECK A ANABEL ALONSO

Ben Affleck y Gwyneth Paltrow tuvieron una historia de amor en el año 2000 en Algo que contar  (También la tuvieron en la vida real, pero esto no viene al caso)
Gwyneth, que tiene un nombre muy raro para hablar español tan bien, había grabado cinco años antes Moonlight & Valentino junto a Peter Coyote (que jamás persiguió al Correcaminos)
Y atención a la jugada porque Peter Coyote, pese a haber nacido en Nueva York, hizo una película española en 1993: Kika, de Pedro Almodóvar. Adivinad junto a quién.
Exacto, con Anabel Alonso.
(Ben- Gwyneth- Coyote- Anabel: 3 pasos)

 RETO 3. DE SUSAN SARANDON A ALFREDO LANDA

Susan Sarandon rodó en 1995 Pena de muerte, a las órdenes de Tim Robbins (que entonces era su marido, pero esto no viene al caso........ ¿O sí? Empiezo a dudarlo)
Bien, como hay que traerse a Robbins al cine español nos vamos a La vida secreta de las palabras (2005) en la que compartió reparto con Javier Cámara.
Javier Cámara hizo el papel de un conserje en la película Alegre ma non tropo (1995), con el genial Luis Ciges. 
Y llegamos a la meta porque Luis Ciges había rodado en 1988 la película Sinatra al lado de Alfredo Landa.
(Susan - Tim - Javier- Luis - Alfredo: 4 pasos)

¿Verdad que visto sobre el papel sobre la pantalla no es tan difícil?

Antes de despedirme me complace presentar los dos retos que me dejaron en los comentarios de la entrada anterior.

EL RETO DE CONXITA: DE EDUARDO GÓMEZ A MERYL STREEP

Me quisiste pillar, ¿eh, Conxita? Pero te sorprenderá saber lo pronto que pueden enlazarse. 
Eduardo Gómez  tuvo un papel en Torrente 3, de Santiago Segura, y éste, para la quinta entrega: Torrente 5: Operación Eurovegas (2014) pidió a Alec Baldwin que participara. 
Y con un actor norteamericano de renombre solo faltaba un paso para llegar a Meryl Streep: su película de 2009 No es tan fácil  
(¿A que no es tan difícil?)


(Eduardo, Santiago, Alec, Meryl: tres pasos)


EL RETO DE ÁNGELES: DE CHIQUITO DE LA CALZADA A BETTE DAVIS

"Espero de corazón que no encuentres ninguna conexión entre ambos", me dice Ángeles
Pues veamos...

Chiquito Jandemoor grabó en 2004 una película (o algo así) llamada Franky Banderas. 
El protagonista, Juan Luis Galiardo, (que hacía el papel de Avelino Lechuga, con esto te harás una idea de la seriedad del asunto) trabajó junto a José Ferrer en El clan de los inmorales (1974) 
Con José Ferrer damos el necesario salto a las Américas, y este actor portorriqueño nos viene de perlas porque trabajó con grandes estrellas. 
Con Mia Farrow, por ejemplo, en La comedia sexual de una noche de verano (1982)
Aunque para estrellas las que compartían reparto con Mia Farrow  en una película de 1978: Muerte en el Nilo, adaptación de la novela de Agatha Christie. En aquella película estaban Peter Ustinov, David Niven, Angela Lansbury... y aquella gran actriz de los ojos saltones... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, eso es, Bette Davis!
(Chiquito - Juan Luís - José - Mia - Bette: 4 pasos)


Más enredos cinéfilos de este tipo en: 

https://www.facebook.com/JuanRaDiablo/posts/1880001258956034?pnref=story

6 de abril de 2017

DE PEPE A MARILYN (Un juego de cine)

Hace ya algunos años, hojeando las páginas de un periódico, me encontré con una foto del actor  Pepe Isbert junto a otra de Marilyn Monroe.
(Os ahorro el esfuerzo de imaginarlo, ahí va:)

Siempre me ha parecido entrañable este actor madrileño que tiene en su filmografía  títulos imprescindibles del cine español, y dudo que a alguien le pase desapercibida cualquier imagen de Marilyn, a la que particularmente admiro más como cantante que como actriz. 
Pero aquel día me llamó la atención tan acusado contraste, así como el hecho de no encontrar  la más mínima relación entre los dos, por lo que me detuve a leer el artículo.

Lo firmaba Juan Marsé y trataba precisamente de eso, de relacionar a ambos actores, utilizando como puente a compañeros de rodaje, películas o directores. Es decir, que de alguna forma el escritor jugaba con la llamada  hipótesis de los seis grados de separación, pero a través de pasos meramente cinematográficos.

Dicho esto, ¿alguien sabría llegar del estresado abuelo de La gran familia, a la explosiva rubia que tocaba el ukelele en Con faldas y a lo loco?
Yo reconozco que, aunque me encanta el cine, no tengo suficientes conocimientos como para resolver la incógnita, menos aún con artistas anteriores a mi generación, pero igualmente me gusta leer todo lo que tenga que ver con el séptimo arte, y disfruté siguiendo los pasos que Juan Marsé terminaba desvelando:

En 1957, Pepe Isbert se ponía a las órdenes de Berlanga en Los jueves, milagro.
En aquella película aparecía Richard Basehart, que un año antes había sido el marinero Ismael, persiguiendo a la mítica ballena en Moby Dick, filmada por John Huston.
Y  es precisamente John Huston quien rodó en 1950 una de las obras maestras del cine negro: La jungla del asfalto, con Marilyn Monroe.

Isbert – Basehart –  Huston – Marilyn. ¡En solo tres pasos!

He sabido ahora que aquel juego de cinéfilos que planteaba Marsé fue el primero de otros muchos,  que terminaron recopilándose en un libro  titulado Un paseo por las estrellas, en el que proponía recorridos tan atractivos como encontrar el camino que va de Ana Belén a Jack Nicholson, de Gracita Morales a Woody Allen o de Nuria Espert a la mona Chita. ¡Toma, castaña!

La idea de este juego, según cuenta Marsé, surgió cuando el novelista conoció en Valencia  al actor Yves Montand y al estrechar su mano pensó que era la misma mano afortunada que había acariciado el cuerpo de Marilyn.
“Nunca en la vida, me dije, volverás a estar tan cerca de Marilyn”, confiesa Marsé en el prólogo del libro.

Y os cuento todo esto porque estos días he descubierto que el juego de Marsé me resulta apasionante.  
Chateaba el otro día con un amigo y de repente se me ocurrió:
“Dime un actor o actriz. Español o extranjero, me da igual”
Edward Norton”, me dijo.
“Bien, ahora otro al que no le encuentres la más mínima relación”
Paco Martínez Soria

Confieso que me empecé a reír. A priori parecían imposibles de unir, pero buceando en sus filmografías descubrí que  se puede llegar del uno al otro. Yo lo hice en seis pasos, como al rato le pude demostrar.

Más tarde hablaba con otro amigo y le pedía otro nombre.
Ben Affleck”, me dijo
“Vale, ¿y alguien que no pegue ni con cola con él?
Anabel Alonso

Otra pareja insólita. Pero también logré llegar del uno al otro. Y en solo cuatro pasos.

Más tarde le tocaba el turno a mi hermana.

Susan Sarandon y Alfredo Landa”, me dijo.
¡Leches! , pensé, ¿habrá alguna forma de unirlos?
Al rato le comunicaba que lo había conseguido en cuatro pasos.
“¡Imposible!” - exclamó.

Pues bien, os invito a que comprobéis por vosotros mismos lo divertido que resulta llegar de uno a otro. 
¿Alguien se siente capaz de resolver uno de los retos? ¿Tal vez dos? ¿Incluso los tres? 
¿Y en menos pasos de los que yo he necesitado? Eso sería de diploma.

En realidad no es tan difícil, y seguramente habrá caminos distintos igual de válidos.  
Me gustaría mucho ver vuestras soluciones y comprobar si coinciden con las mías, pero si no os apetece o no tenéis tiempo, dejadme entonces un reto para mi. 
Decidme un par de actores de los que no veáis la más mínima relación. Ponedlo tan difícil como podáis y yo intentaré resolverlo.

Voy a activar la moderación de comentarios para que no se vean ni las posibles pesquisas de los retos ni las rocambolescas propuestas que espero recibir.

¡Buen fin de semana a todos y hasta el próximo viernes!

24 de marzo de 2017

CUATRO ESCENAS DE AMOR Y BUENOS ALIMENTOS

1. EL PA TORRAT

 Es algo inmediato: llegarme el aroma de pan tostado y acordarme de mi abuela Anita. De ella y de la paz que se respiraba en su casa, especialmente por las mañanas cuando se preparaba su rebanada de pan con aceite y sal para almorzar.
"El pa torrat amb oli", que decía ella. 

Hay otros olores que siempre asociaré a la casa de mis abuelos de Petrel. 
El de coliflor hervida, por ejemplo, que se escapaba de la cocina e inundaba todos los rincones, que se colaba por debajo de la puerta, salía a la escalera e incluso bajaba a la calle. ¡La colifor hervida era todopoderosa!
También el dulzón aroma de los rollos de anís me recuerda a mi abuela. Los guardaba en un armario del pasillo, un armario con llave que siempre dejaba puesta en la cerradura, lo que permitía que mis hermanos y yo rateáramos muchas veces su interior. Nunca tuvo dulces que nos apasionaran, pero cuando apretaba el hambre nos parecían manjares.  

En fechas determinadas flotaba en el aire el olor a cera de algún cirio encendido junto a una fotografía. Y la llama dibujaba sombras en las paredes del que llamaban "cuarto de los leones", al que entrábamos sin hacer mucho ruido, con la sensación de estar en un lugar prohibido.

Pero el que prevalece en mi memoria es el aroma del pan tostado, por ser tan agradable y  porque me encantaba observar a mi abuela en su ritual de preparación. 

Solía comprar un pan grande de hogaza cortado en rebanadas. Curiosamente no comía nunca el pan recién comprado, siempre se decantaba por el del día anterior, que guardaba en una panera metálica.
Encendía el gas de la cocina y ponía al fuego una sartén tostadora muy vieja, con algún que otro agujero por el que asomaban las llamas. Después de un rato retiraba el pan del fuego y con un cuchillo rascaba sobre el fregadero las partes chamuscadas. Cogía entonces la aceitera y echaba un chorro de aceite en la rebanada y acto seguido esparcía el aceite por todo el pan con la yema del dedo índice. 
Recuerdo ese sencillo gesto como algo encantador, como su seña de identidad más auténtica que a mi siempre me cautivó.
Las tostadas de mi abuela, siempre lo diré, eran únicas precisamente por ese toque con el dedo y ese pellizco de sal que añadía con tanta gracia.

¡Y qué ricas estaban! ¿Cómo puede  algo tan sencillo resultar tan sabroso?

A propósito del aroma del pan tostado, me contaron que mi bisabuelo Guillermo, cada vez que se cambiaba de casa, lo primero que hacía era poner al fuego pan y una cafetera porque, según explicaba,  el olor del pan tostado y el del café le hacía sentir que la casa dejaba de ser impersonal para convertirse en un verdadero  hogar.

2. LAS NATILLAS CON CHURUMBEL

Paquita, mi  abuela paterna, vivía en Elda. 
He hablado muchas veces de lo divertida que era, y del gran sentido del humor que le caracterizaba

Era además golosa, muy golosa, tanto o más que yo, algo que nunca logramos determinar pues ambos presumíamos de ser los más golosos del mundo, y en ocasiones  nos retábamos a demostrarlo.
Una vez compramos una bandeja de pasteles para los dos solos y nos los zampamos  relamiéndonos como dos chiquillos. El empacho tardó en pasarse pero de aquel gozo no nos arrepentimos nunca.

De todos los dulces caseros que sabía hacer, me quedo con unas natillas con las que se me ponían los ojos en blanco. 
Lo que  hacía de aquel postre algo especial sobre todos los demás   era que remataba la bandeja con grandes cúpulas de clara montada que salían del horno con las puntas doradas. No he logrado encontrar una foto que ilustre tan bello recuerdo como el de aquellas montañas blancas cuya superficie había que romper con la cucharilla y excavar a través de ellas hasta llegar a las natillas. Era el sueño perfecto para  el perfecto glotón. 
A aquellas enormes montañas de clara batida a punto de nieve yo las llamaba churumbeles y desde entonces el postre pasó a llamarse "Natillas con Churumbel". 

Hay muchas cosas en las que coincido con mi abuela Paquita y una de ellas es la convicción de  que el último sabor que ha de quedar en la boca tras una comida es el dulce. 
Aún me rio cuando recuerdo la cara que ponía cuando veía a alguien que después de un flan, o un helado o unas natillas era capaz de echarse a la boca un trozo de jamón, o una patata frita o una oliva. Ante algo así arrugaba el entrecejo y exclamaba: ¡¡Marrano!!


3. ¿PREPARO UN AJO?


 Unos lo llaman ajoaceite, otros ajolio, otros alioli... 

En mi casa mi padre siempre lo ha llamado ajo, sin más, que suena más contundente, como contundente era su sabor cada vez que nos lo servía y lo probábamos.

"¿Preparo un ajo?", proponía, y a mí se me hacía la boca agua solo de pensarlo.

Creo que el secreto del mejor ajo del mundo, el que sabía hacer él, es que lo preparaba convencido de que iba a ser apoteósico.
Y que buscaba los dientes de ajo más gruesos y relucientes. Y,  por supuesto, que durante su entusiasmada elaboración  cantaba canciones a Matildita. (Sí, mi padre, cuando está contento, recurre a una tal Matildita, que ya es todo un talismán familiar)

Para disfrutar el ajo de mi padre solo hace falta pan. Nada de utilizarlo como condimento para otros platos. Puede estar muy bueno con un asado de sepia, por ejemplo, o con bacalao, pero el ajo de mi padre se come con pan, a mojás, pellizcando y untando con alegría. 
Cómo me acuerdo de lo que disfrutaba preguntándonos qué tal estaba. 

A veces picaba tanto que se nos saltaban las lágrimas y entonces él se frotaba las manos y exclamaba:
"¡Comed, comed, que eso es buenísimo para el cuerpo! ¡Ay, Matildita, Matildita...!"

Sí, el ajo de mi padre, esas  bombas salutíferas capaces de resucitar a un muerto. 
(Ahora me doy cuenta de que hablar de ajo después de unas natillas con churumbel resulta de lo más marrano. ¡Perdona, abuelita!)

4. BONIATOS EN EL COCHE


 En los últimos años de nuestra etapa escolar, mi hermano Tomás y yo necesitamos algo de refuerzo en los estudios, así que nos apuntaron a clases de repaso en el mismo colegio. 

Después de acabar las clases a las cinco de la tarde, nos quedábamos dos horas más, con los respectivos tutores.

Todavia conservo algún recibo de aquella época, con el importe de "Mil pesetas" que mis padres pagaban al mes por cada uno.

Recuerdo que había días en los que esas dos horas se me hacían eternas, sobre todo en invierno, cuando oscurecía pronto y uno volvía a casa con la impresión de haber pasado mil años en el cole.

Sin embargo guardo en mi memoria recuerdos muy agradables de aquellos días invernales, cuando nuestra madre aparcaba  en la esquina del colegio y nos esperaba en el interior  del coche. Nos traía la merienda a las cinco de la tarde y Tomás y yo nos la comíamos mientras le contábamos los acontecimientos del día, antes de volver a las clases.

Una tarde especialmente fría y lluviosnos trajo algo que me quedó grabado para siempre.
Envueltos en papel de alumino había boniatos recién salidos del horno. Recuerdo que al abrirlos el aroma nos envolvió y los bocados a aquellas patatas dulces y humeantes me hiceron rebosar de felicidad.

Y por muchos años que han pasado, cuando me acuerdo de aquellos entrañables ratos junto a mi hermano, aún soy capaz de revivir los instantes de dicha, cuando comíamos boniatos en el coche mientras nuestra madre nos escuchaba con tanto amor en su mirada.   
 

10 de marzo de 2017

EL POBLE CHIN GON

Supongo que todo el mundo conoce aquel viejo chiste del chino que tenía un vecino llamado Curro. 
El tal Curro tenía en su casa varios perros que por la noche no hacían más que  ladrar, así que el chino fue a denunciarlo.

- ¡Señol agente! -protestaba - ¡Estoy halto! ¡Los pelos de Culo  no me dejan dolmil!
Y el policía, atónito ante lo que oía, contestó:
- ¿Y a mí qué me cuenta?  ¡Pues aféiteselos!

De acuerdo, es muy malo, pero siendo un chiste de mis tiempos de colegial, reconozco que le tengo cariño y en ocasiones le hago tratos de favor.

Como hoy, que  he invitado a aquel chino a formar parte de esta entrada.

Y es que he investigado sobre él y he descubierto algunas cosas muy curiosas.

Se llama Chin Gon. No estoy muy seguro de si ese es su nombre real porque me lo acabo de inventar, pero me parece que encaja bien y me suena que se llamaba así de verdad.

Más allá de aquella anécdota con Curro, Chin Gon apenas fue conocido, pero he sabido que en su vida ha habido muchos malentendidos por culpa de esa “folma de hablal

Su vecino Curro, por ejemplo, terminó prohibiéndole que le llamara por ese nombre. Le chirriaba eso de “Hola, Culo” , “Adiós, Culo” , “¿Cómo te va, Culo?”...

- Mira, Chin, - le dijo un día- en adelante llámame Fran.
- Muy bien, Flan. Pensaba que elas solo Culo, pelo si te gusta Flan, pues Flan.

En una ocasión, Chin Gon celebró una fiesta e invitó a su vecino y su novia Ramona. Había servido  unas cervezas y un poco de jamón para picar, pero viendo Chin Gon  que la chica no comía jamón se acercó a Curro:

- Oye, Culo
- ¡¡Fran!! ¡¡Soy Fran!! - le gritó
- Bueno, Flan, no te pongas nelvioso. Solo quelia sabel una cosa.
- ¿Qué cosa?
 - ¿A Lamona le gustan los cacahuetes?  Es que tengo una bolsa y...

El pobre Chin Gon no entendió por qué su vecino le tiró la cerveza a la cara y se largó con Lamona (con Ramona, quiero decir) 

Unas semanas después, al llegar del trabajo, Curro descubrió que su jardín estaba completamente destrozado. Los pequeños árboles estaban tronchados, las macetas rotas y todas las flores pisoteadas. Denunció el hecho a la policía y los agentes le oyeron comentar que llamaría al seguro para que le pagaran por los daños.

Esa misma mañana, Chin Gon había visto cómo un burro se había colado en el jardín de su vecino. Se le había escapado a un feriante, que se lo llevó de allí una hora después.
Así que cuando al día siguiente se asomó a la ventana y vio que había un hombre evaluando los destrozos, abrió la ventana para hablarle.

- Oiga, ¿sabe qué?  – le dijo Chin Gon - Que ha sido un bulo.
- ¿Cómo? - preguntó el perito del seguro
- Esto del jaldín...  ha sido un bulo.
- ¿No lo ha destrozado un gamberro?
- No, no, ya le digo que ha sido un bulo.
- ¿Quiere decir una mentira? ¿Para cobrar el seguro?

Chin Gon puso entonces cara de circunstancias porque no entendió la pregunta, pero lo cierto es que a Curro le costó Dios ayuda deshacer ese entuerto y tardó una burrada (valga la expresión) en cobrar.

Desde entonces, Curro hacía todo lo posible por no cruzarse con Chin Gon, al que ya le tenía una manía horrorosa. Para librarse del estrés que el chino le causaba, se apuntó a un gimnasio.
Pasaron las semanas y a Chin Gon le dijeron que Curro se había puesto muy cachas.

- ¿Ah, si?  ¿Se ha puesto fuelte? Hace tiempo que no sé nada de él.

Casualmente vio a Ramona una tarde en una terraza tomando un chocolate con unas amigas y  se acercó a saludar.

- Hola, amiga, ¿qué tal? Me han dicho que tu Culo se está haciendo de hielo.
Las amigas miraron atónitas al chino y a Ramona, que  se puso roja como un tomate.
- Sí - continuó Chin Gon dirigiéndose a ellas – palece que su novio se ha vuelto una loca, una auténtica loca.
Y como vio que Ramona tenía ante ella una taza de chocolate le preguntó:
- Oye, ¿no te apetece un chulo?

Esa noche Curro se presentó en su casa.

- ¡Flan, qué solplesa!... Flan, ¿pol qué tiemblas? ¿Y pol qué tienes la cala tan loja? ¿Te has peleado con Lamona?

Dicen que Chin Gon pasó tres días sin poder salir de casa, con los ojos como berenjenas.

Ya imagino que ustedes se han percatado de la mala fortuna de nuestro amigo y dónde radicaba su “ploblema”, por eso, antes de despedirme,  me atrevo a lanzar estos acertijos:

1) ¿Por qué la flor favorita de Chin Gon parece tan pesada?

2) A Chin Gon le gusta comprar libros que hablen del Nilo, del Amazonas, del Mississippi..., pero ¿por qué el dependiente de la librería le mostró "Grandes Comedias de Enredo"?

3) ¿Y por qué cuando se interesó por todos  los monarcas de España le sacaron un libro de legislación?

4) ¿Cuál es la fábula favorita de Chin Gon?