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19 de diciembre de 2011

DIÁLOGOS INTERCEPTADOS: FRAN

Ya conté por aquí que hubo un tiempo en que me divertí escribiendo escenas ficticias en las que ponía como protagonistas a los miembros de mi familia.

Estaban basadas en algún hecho real que yo exageraba a mi modo, si bien no quedaban del todo absurdas porque a fin de cuentas siempre reflejaban la genuina personalidad del familiar elegido.

Y así, por una observación casual que hizo mi madre, la llamaron de Suecia para concederle el Nobel de Física, o por el espíritu aventurero de mi padre y sus "horizontes de grandeza" terminó conversando con Cristobal Colón.

A todo aquello lo llamé Diálogos interceptados.

Hoy rescato de aquella libreta una escena de mi hermano Fran.
Para que la cosa tenga algo de sentido he de recordar que Fran es un pequeño gran sabio.
Su oficio es el de protésico dental pero podría muy bien haber sido egiptólogo o lingüista o historiador.
Es imposible ver a Fran sin algún libro cerca, interesado en el tema más pasmoso e inaudito que uno pueda imaginar.

Tiene el don de saber contar con gusto aquello que en ese momento le tiene cautivado, y uno termina preguntándose cómo es que ha podido escuchar sin morir la fonología de los verbos swahilis o para qué ha prestado tanto interés en la vida de las reinas consortes de los Austria si a los cinco minutos las va a olvidar para siempre.
El hecho de que siendo un niño corrigiera un dato sobre Egipto escuchado en la tele y que comprobáramos que tenía razón, y el de haber ido encontrando errores en una enciclopedia a través de los años, es lo que me movió a escribir lo siguiente:

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AL PARECER, FRAN ESCRIBIÓ UNA CARTA AL DIRECTOR DE LA ENCICLOPEDIA LAROUSSE PARA AVISARLE QUE HABÍA ENCONTRADO VARIAS ERRATAS EN LOS VOLÚMENES QUE SUELE MANEJAR.
COMO NO LE HICERON CASO TELEFONEÓ INDIGNADO A LA EDITORIAL (MÁS MOLESTO POR HABER SIDO IGNORADO QUE POR LOS ERRORES DE LA ENCICLOPEDIA). TAMPOCO FUE BIEN ATENDIDO DE ESTA MANERA, Y UN BUEN DÍA VIAJÓ A PARIS CON EL FIRME PROPÓSITO DE EXPRESAR SU INDIGNACIÓN Y EXIGIR QUE LE PIDIERAN PERDÓN DE RODILLAS.
ESTE ES UN EXTRACTO DE LA CONVERSACIÓN ENTRE FRAN Y EL PRESIDENTE DE LA LAROUSSE LLIBRAIRE DE PARIS, QUINCE MESES DESPUÉS DE ESCRIBIR AQUELLA CARTA.

FRAN: Buenos días, ¿por qué no me atienden como es debido?
PRESIDENTE: (sonríe mostrando los dientes) Bonjour monsieur, pase, pase y acomódese, joven.
FRAN: (le mira la boca y piensa "Tiene mordida semitransversal y el F4 torcido) Les escribí una carta, les llamé por teléfono... ¿por qué no atienden a sus clientes? (dice mientras se sienta)
PRESIDENTE: Pues... verá... Es usted el primero en hacer una reclamación de este tipo, y... ¿Dice usted que ha encontrado algún error en...
FRAN: (interrumpe) Algún error no, ¡nueve! ¡y bien gordos!
PRESIDENTE: Ya, bueno, claro, pero... es que es normal que en una enciclopedia de 10 volúmenes y más de 10.000 páginas pueda haber algún error ortográfico que...
FRAN: (ataca de nuevo) No, no, no... ¡Nueve errores, y no ortográficos precisamente ¡¡¡De contenido!!! ¿Quiere que empiece con el primero?
PRESIDENTE: (piensa: ¿quién será este tipo?) Adelante, adelante...
FRAN: ¡Uno! Tema: Egipto. Es verdad que Ramsés V hiciera expediciones contra los Nubios en el Nilo Medio pero no dejó ningún legado a los partidarios de Tiji, ni proclamó la escritura sefardita. Esos fueron Hatsetsup y todos los detractores de Anubis.
PRESIDENTE: (Traga saliva) Bien, estoo... ¿le apetece algo de beber? (se acerca a un interfono) Lourdes, traiga dos whiskys con soda, si vous plait. Continúe, monsieur Fran.
FRAN: ¡Dos! Tema: lenguas. Todo el septentrión afroasiático está influenciado por las lenguas sacras, sí, pero no todo Afganistán tiene tan marcado su carácter indoeuropeo. Si tenemos en cuenta que allí se habla el Vodua y el sefardita antiguo desde el origen de ese estado, es imposible que podamos hablar de una tercera lengua. ¡Imposible!

(Entra Lourdes, la secretaria, con un carro de bebidas y vasos. Resulta ser una chica de Petrel, antigua amiga de Fran. Éste se levanta y tras saludarla le arrea un mordisco en el brazo. Ella grita y sale abochornada)

PRESIDENTE: (con la cara pálida sirve un whisky a Fran y otro doble para él) ¿Dónde estudió usted, señor Fran?
FRAN: En Petrel, Barcelona, Sevilla y Alemania.
PRESIDENTE: (piensa: Dios me libre. ¡Es un erudito! ¡Un hombre de mundo!) Bien... decía usted que...
FRAN: (sin darle tiempo a más) ¡Tres! tema: País Vasco. No hay indicios de que el vasco se asentara en Álava y dejara que su lengua corriera libre de vínculos por Bilbao y San Sebastián. Y es mentira que los abertzolari marquen más las sílabas que los herriodori. Y encima dicen que su mayor industria se inició después de la guerra civil, cuando todo el mundo sabe que nació en pleno conflicto. (Hace una pausa) ¡Cuatro!
PRESIDENTE: (apura de un trago su vaso y se sirve otro; esta vez sin hielo) Sí, cuatro, cuatro...
FRAN: Tema: poetas catalanes. ¿Cómo van a dividirse los poetas del XIX en tres grupos si el tercero ya forma parte de la nueva ola de los artistas del rosollí mallorquín? ¿No se habrán confundido con la generación de los franco-leridanos? Porque no he visto en mi vida que a Josep Buñiol lo enclaven con los sefarditas. ¡En mi vida!
PRESIDENTE: (que parece saber algo del tema) Bueno, Buñiol sí estuvo...
FRAN: (interrumpe eufórico) Sí, pero no afiliado, ni como grupo, y menos después de morir su madre.
PRESIDENTE: (con un hilo de voz y la cara como un cirio) ¡Ah!
FRAN: ¡Cinco! Tema: fronteras geográficas. ¿Desde cuando el pirineo catalán tiene en la parte francesa el territorio de La Roballeta?
PRESIDENTE: ¡Pero si no lo tiene!
FRAN: ¿¿Y por qué lo pintan de azul?? ¡En azul lo francés, y me ponen a La Roballeta como francesa, cuando es española desde 1337!
PRESIDENTE: Oh, mon Dieu...
FRAN: ¡Seis!
PRESIDENTE: (apretando apresurado el botón del interfono) Lourdes, tráigame la carta de dimisión. ¡No puedo más! ¡Dimito! (y se echa a llorar)

4 de enero de 2010

DIÁLOGOS INTERCEPTADOS (II)

En el año 1999 me divertí escribiendo una serie de diálogos que tenían por protagonistas a los miembros de mi familia.
Mi intención era reproducir escenas surrealistas o exageradas a partir de un hecho real bien conocido por todos, con lo que su posterior lectura divirtió mucho tanto a los implicados como al resto.
Ya escribí hace unos meses la primera entrega de lo que en su día denominé DIÁLOGOS INTERCEPTADOS y que en aquella ocasión tenía por protagonista a mi padre en una conversación casual con Cristóbal Colón.

Hoy es el turno de publicar en el blog otro de aquellos divertimentos, siendo esta vez mi madre "la homenajeada".
Para que quede claro el origen de este escrito en concreto, os pongo en antecedentes: un día de verano a la hora de comer y una jarra de aluminio que estaba en el congelador y que al sacarla descubrimos que tenía un abultamiento en su base. Mi madre dio su explicación al hecho y todos la aplaudimos y bromeamos diciendo que merecía el premio Nobel.
A partir de ahí…
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DE TODAS LAS LLAMADAS TELEFÓNICAS QUE NUESTRA MADRE HA RECIBIDO EN SU VIDA, LA MÁS INCREÍBLE LE LLEGÓ DESDE EL NORTE DE EUROPA. NADA MÁS Y NADA MENOS QUE DEL REY CARLOS GUSTAVO DE SUECIA, QUE LA CONVOCABA A LOS PREMIOS NOBEL PARA OTORGARLE TAN IMPORTANTE GALARDÓN.
ES HOY UN PRIVILEGIO DISPONER DE ESTA CONVERSACIÓN COMO PRECIOSO DOCUMENTO QUE DEJA PATENTE LA INTELIGENCIA DE ESTA MUJER.
.
MAMÁ: (alzando la voz) ¡¡Nenes, a comer!!
(Pasan a la cocina Fran , Ana, Tomás y Juan. Después entra el papá. Antes de que se hayan sentado todos, Tomás ya ha terminado)
ANA: Mmmm, qué rico!!
PAPA: Sacad el pan.
FRAN: ¿Dónde está la jarra del agua?
MAMÁ: Ah, la he metido en el congelador.
TOMÁS: (se levanta para sacarla) Ehh, ¿qué le ha pasado a la jarra? Se le ha hecho un huevo en la base.
PAPÁ: ¡Qué curioso! Se ha congelado el agua y ha presionado el metal.
FRAN: Pero cómo, debería haber salido el hielo por encima…
ANA: Qué raro, ¿tanta fuerza tiene el agua?
JUAN: Si no lo veo no lo creo.
TOMÁS: No se puede mantener la jarra en pie del bollo tan grande que tiene.
FRAN: No le veo explicación.
MAMÁ: (secándose los labios con una servilleta y las manos en su delantal) Es sencillo: el agua se ha solidificado al descender su temperatura a menos de 0 grados. Puesto que lo primero en convertirse en hielo ha sido la superficie del líquido visible, el resto del volumen no ha tenido más remedio al dilatarse que hacer presión sobre paredes y base, siendo ésta la que más fácilmente ha cedido a su empuje.
(Silencio sepulcral de toda la familia que la mira como si no la conociera de nada.
Suena el teléfono. Ana se levanta para cogerlo)
ANA: ¡¡Mamá, es para ti!!
MAMÁ: (coge el auricular) ¿Dígame?
REY DE SUECIA: ¿Señora Ana Rodríguez?
MAMÁ: Dime, Emilio (un vecino)
REY DE SUECIA: No, no, soy Carlos Gustavo de Suecia
MAMÁ: ¿Quién?
REY DE SUECIA: La llamo como representante del país donde se entregan anualmente los premios Nobel.
MAMÁ: ¿Sí? ¿Qué me ha tocado?
PAPÁ: (que se ha acercado a ella) ¿Quién es?
MAMÁ: (tapando el auricular) No lo entiendo bien, no sé si ha dicho Karlos Arguiñano o… no sé.
REY DE SUECIA: Es normal que se haya quedado sin habla, y aún más si le digo que será usted condecorada con el premio Nobel de este año.
MAMÁ: ¿Un premio? ¿Pero qué premio?
REY DE SUECIA: Cuál si no, distinguida dama: el premio Nobel de Física.
PAPÁ: (con cara de intriga) ¿Pero quién es?
MAMÁ: Pues como no sea el director de la Caja de Ahorros de Petrel… me suena la voz, pero no caigo.
REY DE SUECIA: ¿Cómo dice?
MAMÁ: No, nada, hablaba con mi marido. Y qué tengo que hacer.
REY DE SUECIA: En breve recibirá un billete de avión para Estocolmo. Será recibida con todos los honores en el aeropuerto de nuestra capital y conducida al Hotel Escandinavia donde conocerá al resto de galardonados.
MAMÁ: Eres Emilio, ¿verdad?
REY DE SUECIA: Carlos Gustavo, señora.
PAPÁ: ¿Pero no eran de La Caja?
MAMÁ: Ay, no sé, pero parece que he ganado un premio de un viaje.
REY DE SUECIA: Bueno, aún no es oficial pero sí, el premio es suyo y usted conocerá a otros físicos y químicos como el checoslovaco Rudolf Hervend, la canadiense Catherine Dionê y el paquistaní Isrim Valiere.
MAMÁ: ¿Quiénes me ha dicho?
REY DE SUECIA: Sus descubrimientos, junto con el suyo, señora Rodríguez merecen el reconocimiento de toda la Humanidad.
MAMÁ: Pero ¿qué tengo que descubrir?
REY DE SUECIA: ¿Qué tiene que…? No sea modesta. Ya, ya ha descubierto el principio de interacción del átomo congelado.
MAMÁ: Pero…
REY DE SUECIA: Me encanta su sencillez, señora. Y su modestia. Pero no hablemos más. La gala se celebrará el mes próximo y sólo me resta darle mi más sincera enhorabuena, pues además no hay otro premiado español en ninguna categoría.
Nos veremos en Suecia, señora Rodríguez. Hasta entonces. (Cuelga)
MAMÁ: Vaya, se ha cortado.
JUAN: (desde la cocina) Pero se puede saber quién porras era. Se te ha enfriado el plato.
MAMÁ: (entrando de nuevo en la cocina) ¡Pues que he ganado un viaje!
TODOS: ¿¿En serio?? ¿A dónde?
MAMÁ: ¡A Suiza!
FRAN: ¡Qué chulo! Allí es todo precioso. Y se hablan cuatro idiomas...
TOMÁS: Pero no será un comecocos de esos… ¿Quién te paga el viaje?
MAMÁ: Un Gustavo, que llamaba desde Suiza.
JUAN: A mí me suena a timo, la verdad.
MAMÁ: Sí, a mí también. Voy a llamar a Emilio.
PAPÁ: ¿Al vecino? ¿Para qué?
MAMÁ: Yo creo que era él. Lo voy a llamar diciendo que soy la Reina de Saba.

29 de abril de 2009

DIÁLOGOS INTERCEPTADOS

En el año 1999 me divertí escribiendo una serie de diálogos que tenían por protagonistas a los miembros de mi familia.
Mi intención era reproducir escenas surrealistas o exageradas a partir de un hecho real bien conocido por todos, con lo que su posterior lectura divirtió mucho tanto a los implicados como al resto.

En uno de aquellos "guiones del absurdo", que yo bauticé como DIÁLOGOS INTERCEPTADOS, mi madre recibía una llamada desde Suecia comunicándole que le habían otorgado el Premio Nobel de Física (todo a raíz de una observación que hizo sobre una jarra de agua congelada) En otro de aquellos diálogos, mi hermano Fran, el erudito políglota egiptólogo, (no estoy insultándole aunque lo parezca) hacía unas reclamaciones ante el director de la Enciclopedia Larousse en Francia y éste acababa llorando de impotencia. Había otro en el que nuestra perra empezaba a recibir centenares de cartas de admiradores y mi cuñada Laura se proclamaba portavoz del Club de Fans de Finger.

Hoy quiero presentaros una de aquellas conversaciones escritas, si bien, para que sea comprendida por todos he de dar algunos apuntes sobre mi padre, el protagonista de la misma.

Mi padre se llama Juan Ramón. De él he heredado el nombre y espero que algo más (la sabiduría no, pues ya la acaparó toda Fran)
Una de las cosas que ha caracterizado siempre a mi padre es su forma de expresarse, muy culta tanto en sus manifestaciones por escrito como orales. A sus hijos nos ha divertido mucho imitar su manera de hablar por teléfono, tan antigua en algunas ocasiones que parecía que al aparato se hallaba Quevedo o, como poco, un jurista de Alfonso XIII.
Otra particularidad es su gran amor por Las Casas del Señor, una pequeña aldea del término municipal de Monóvar en la que pasó largas y felices temporadas siendo niño.

Mi padre ha trabajado en muchísimas cosas diferentes a lo largo de los años. Durante una temporada se dedicó a colocar máquinas expendedoras de café y a reponerlas (esto es sólo anecdótico, pero era su ocupación en el momento en que escribí la historia que mostraré más abajo) El hecho de que, además, durante toda su vida se haya dedicado a la compraventa de casas y terrenos sirvió para que, ya en su madurez, se animara a adquirir una casa en aquella pintoresca aldea y, con mucho esfuerzo, a través de los años, fue comprando o intercambiando más y más terreno de aquel lugar como si tratara de completar un puzzle y cada parcela fuera una pieza que se empeñaba en juntar con las demás. (En casa bromeábamos diciendo que si seguía así, el pueblo pasaría a llamarse Las Casas del Señor Cabrera.)
Cuánto se ilusionaba al hablar de los terrenos que había conseguido y de los que estaba a punto de conseguir. Era entonces cuando nuestra abuela (su madre), una mujer con un portentoso sentido del humor, se tocaba la sien con un dedo y nos decía bajito:
- Está locooo. Pero vosotros seguidle la corriente... - cosa que a mí me hacía reír a carcajadas.

Mi padre es un gran amante de la Naturaleza y se ha sentido siempre como pez en el agua adentrándose por las montañas y mejorando todos los desperfectos que ha podido encontrar a su paso, como si todo el monte fuera un gran jardín que necesitara de sus cuidados. Así, ha podado gran cantidad de pequeños pinos para que crecieran con más fuerza, ha eliminado siempre que le ha sido posible los nidos de procesionaria que los enferman, ha plantado árboles, ha curado y alimentado a todos aquellos pequeños animales heridos o famélicos con los que se ha podido encontrar en su camino y así un largo etcétera. Recuerdo una ocasión en que compró una gran bolsa de caracoles y los soltamos juntos por el monte porque la gente salía masivamente a cogerlos tras las lluvias y no dejaban ni uno.

Algo tremendamente peculiar de mi padre es el haber construido puntos estratégicos de descanso en distintos rincones de los montes que recorría. Así, él sabía que si comenzaba a caminar por determinada dirección llegaría a una magnífica sombra donde poder dormir la siesta, o a un lugar privilegiado para ver una puesta de sol o a una altura desde la que contemplar el horizonte y escuchar el viento que a intervalos traía el sonido de las campanas de la iglesia del pueblo.
Cuando alguna vez nos enseñó aquellos lugares nos sorprendimos al comprobar que había llevado a cada punto un sillón viejo!! (encontrados en vertederos o regalados por algún vecino). Resultaba de lo más cómico ir caminando por el monte y toparte de repente con un sillón camuflado bajo un pino donde poder sentarte a descansar. (Cómo no, estas cosas nos han servido para hacer chirigota de sus ocurrencias)

Y con estos pocos antecedentes de este hombre al que tanto quiero reproduzco ya aquello que escribí hace ahora una década:
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MI PADRE SE ENCONTRABA EN PLENO MONTE, MUY AFANADO EN PODAR PINOS JÓVENES. SE HABÍA LEVANTADO TEMPRANO, Y AL MEDIODÍA EL SOL ERA TAN FUERTE QUE DECIDIÓ DESCANSAR EN ALGUNO DE LOS REFUGIOS MANUALES QUE SUELE CONSTRUIR PARA ESAS OCASIONES EN QUE NECESITA SOMBRA Y PAZ.
LA JORNADA HABÍA RESULTADO TAN AGOTADORA QUE, ECHADO SOBRE LA HOJARASCA, Y ACOMPAÑADO POR EL SILBAR DE LA BRISA EN LAS COPAS DE LOS ÁRBOLES, ENTORNÓ LOS OJOS Y SE QUEDÓ DORMIDO.
LE DESPERTÓ EL SONIDO DE UNOS PASOS QUE PARECÍAN ACERCARSE. CUANDO SE INCORPORÓ TENÍA FRENTE A ÉL A UN HOMBRE CON UN ROPAJE ANTIGUO Y PESADO, IMPROPIO PARA AQUEL DÍA DE CALOR.
ESTO FUE LO QUE HABLARON:

Papá: Buenas tardes, ¿qué se le ofrece?
Extraño: ¡Contento de hallarme ante un vivo! Mi nombre es Cristóbal y ando perdido. ¿Sabéis vos decirme a qué lugar han ido a dar mis pasos?
Papá:
(Asombrado por su indumentaria y su forma de expresarse) Esto pertenece a Las Casas del Señor. Detrás de aquella loma se divisa el pueblo.
Cristóbal: ¿La Esperanza?

Papá: No, Las Casas del Señor
Cristóbal: ¿De qué señor habláis?
Papá: Pero ¿de dónde viene usted?
Cristóbal: De allende los mares. No han pasado dos jornadas desque atracamos en puerto. Bueno, si a aquello se le puede llamar puerto…
Papá: Pero, ¿qué va buscando usted?

Cristóbal: (Se quita el sombrero, que va adornado con grandes plumas blancas. Tiene el cabello largo y gris) Cualquier lugar donde reposar y, a la par, deshacerme un tanto destas vestiduras.
Papá: Si no tiene usted mucha prisa, yo me marcho a la hora de comer. Puedo acompañarle al pueblo o acercarle a Monóvar si lo prefiere.
Cristóbal: Ah, agradezco a vuesa merced su ofrecimiento. Permitid que me acomode en este sombraje del que estábais gozando. Vengo muerto de calor. Por cierto ¿cómo os llamáis, si es que sois cristiano?
Papá:
(Convencido ya de que se ha topado con un loco) Juan Ramón Cabrera, para servirle.
Cristóbal: ¿Vivís en el pueblo de su señor?
Papá:
(Disimulando una sonrisa) No, soy de Elda. Vengo por aquí cuando quiero relajarme y olvidarme de todo.
Cristóbal:
(Mirándole con ojos escrutadores) Sentaos Juan Ramón, sentaos. También yo prefiero a veces olvidar. También por olvidar huyo de tanto en tanto, y, en ocasiones como ésta, me pierdo.
Papá: Es que no hay nada como la Naturaleza. A mí me basta con mirar el horizonte, escuchar el canto de los pájaros y notar que la paz va echando raíces en mi alma.
Cristóbal: Entiendo. Sois religioso, ¿verdad? ¿De qué orden?
Papá:
(Riendo) No, no. Aunque no lo parezca, soy mundano también. Tengo mujer e hijos y no se puede vivir de la contemplación.
Cristóbal: ¿En qué os afanáis entonces?
Papá: Desde hace poco me dedico a servir café por varios lugares.

Cristóbal: (Muy sorprendido) ¡Santa María! ¿Café decís? ¿De dónde lo habéis sacado? ¿Quién os lo ha ofrecido?
Papá:
(Queriendo apaciguarle) ¿Por qué lo pregunta?
Cristóbal: Sabréis que pueden colgaros por competir con el poder de Sus Majestades…
Papá:
(Tras un silencio) ¿Cómo me ha dicho que se llama?
Cristóbal: Cristóbal Colón, Virrey de las Indias.

Papá: (Preguntándose de qué manicomio se habrá escapado) ¿El auténtico Cristóbal Colón? ¿El de la Pinta, la Niña y la Santa María?
Cristóbal:
(Levantándose de golpe) ¡Cómo! ¿Venís vos en mi empresa? ¿Sois marino de mis carabelas?
Papá:
(Siguiéndole la corriente) No, pero es usted tan famoso que todo el mundo le conoce.
Cristóbal: Os burláis. No poseo riquezas como para ser conocido.
Papá: También soy yo más pobre que la Charito y todo lo que alcanza nuestra vista es mío.
Cristóbal:
(Se vuelve a sentar y le mira con curiosidad) ¿Sois noble?
Papá: De corazón tal vez, no de título.
Cristóbal: ¿Pretendéis hacerme creer que no sois nadie cuando poseéis tierras, montes ¡y hasta café!?

Papá: Pues… sí, sí.
Cristóbal: ¿Y no mentís cuando aseguráis que todo lo que contemplan mis ojos forma parte de vuestro patrimonio?
Papá: Para ser correcto, aquella atalaya que se divisa tras esos pinares de poniente no es mía todavía, pero la tengo apalabrada. Si la consigo, cierro ya toda la sierra y podría estar caminando hasta que cayera la noche sin dejar de pisar mis dominios.
Cristóbal:
(Entornando los ojos) Juan Ramón; Vos podríais financiar mi próximo viaje.
Papá: ¿A dónde?
Cristóbal: A las tierras de la canela.
Papá:
(Muy interesado) ¿Están en venta? ¿Cómo son?
Cristóbal: Verdes como la esmeralda, densas, lluviosas… Donde el agua brota para saciar la sed de felicidad.
Papá: ¿Con la posibilidad de construir?
Cristóbal: Con la posibilidad de construir sueños arropado por la música de mil aves que no cesan de cantar

(El papá entorna los ojos imaginándolo y se vuelve a dormir.

Cuando despierta no hay nadie a su lado.
Un pajarillo que le mira desde una rama vuela presuroso a otro lugar.
Se levanta para marcharse)

Papá: (Piensa) Ha sido todo un sueño… Lástima, parecía tan real…

(Cuando se aleja, una ráfaga de viento hace volar una pluma grande y blanca que se pierde en el horizonte. 
Pero el papá no la ve.)

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Lo paradójico de todo esto es que en aquel entonces yo no podía imaginar que, años después, mi padre cruzaría el océano para vivir en Sudamérica, donde reside desde hace algunos años.

Hizo el mismo viaje que el marino con el que habló en mi historia inventada para vivir una nueva vida en el país que lleva su nombre: Colombia.

Al final será verdad que la vida es sueño.