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15 de junio de 2026

CÓCTEL DE ESTRELLAS CON RIMA, LIMA Y GROSELLAS

Supongamos que suponemos un suponer.

Retrocedamos a aquellos años en que Penélope Cruz y Tom Cruise fueron pareja.

¡Míralos ellos!

Luego se separaron, pero el suponiendo es que no, que hubieran seguido juntos y llegaran a tener un hijo.

¿Cómo lo habrían llamado?

Haciendo un pequeño esfuerzo de concentración puedo ver que su nombre sería… Chris.

Chris sería perfecto para estar presente cuando el profesor pasara lista en clase:

—Chris Cruise Cruz.

Sonoridad cristalina y crujiente. Aunque al principio toda la clase pensaría que el maestro se había atascado leyendo.

Y tiempo después, en algún domingo de elecciones, el presidente de la mesa electoral leería en el DNI:

—Cruise… Cruz… Chris.

Maravilloso. Es el sonido de un ratoncillo de cuento rosigando una galleta.

***

Otra supología, que tiene mucho de supografía, la veo claramente en una pareja muy cinéfila y muy culta que acaban de cenar.

Uno de ellos le muestra al otro dos carátulas de DVD con los títulos: La reina del espacio exterior, con Zsa Zsa Gabor y Sissí, la joven emperatriz, de Romy Schneider.

La pregunta es obvia:

—¿Qué ponemos esta noche, una de Zsa Zsa o una de Sissi? De Sissí, ¿no?

—No, no, de Sissí no, la de Zsa Zsa.

—¿La de Zsa Zsa?

—La de Zsa Zsa, sí.

—¿No te apetece la de Sissi? Esos palacios, esos carruajes, esos vestidos… ¡Que Sissi fue emperatriz de Austria! ¡Y reina de Hungría!

—Anda, majo, y la Zsa Zsa fue la mayor belleza de Miss Hungría en 1936 (este es un dato que he encontrado en Wikipedia que desconocía, pero ya he dicho que esta pareja sabía mucho de cine y de estrellas y de todo).

—¿Entonces la de Zsa Zsa?

—Bueno, si tanto te apetece la de Sissí…

—¡Sí, sí, la de Sissí!


Todas estas extraordinarias tonterías se me ocurrieron un día en que me entretuve buscando actores y actrices con la intención de construir un poema a base de rimas con sus nombres.

La idea inicial era emparejar hombres y mujeres y encontré algunas que encajaban perfectamente, como Michael Caine y Shirley MacLaine, o Sharon Stone y Sylvester Stallone.

Pero pronto descubrí que no era tan sencillo como parecía y que tendría que ser menos estricto y alternar parejas mixtas con parejas de hombres o de mujeres, porque lo verdaderamente importante era conservar la rima.

Así fueron apareciendo combinaciones tan dispares como Maureen O’Hara y Sofía Vergara, o James Dean y Charlie Sheen.

Como la lista final quedó bastante maja y no puedo parar quieto, se me ocurrió convertirla en canción. 

Le añadí una intro, le puse un par de puentes… y lo rematé todo con un video que queda pintiparado para la nueva entrada.

Os lo presento a continuación, esperando que os guste.


PD.- Si algún día hiciera otra canción, tengo claro que el estribillo diría algo como:

 Es Chris Cruise Cruz

Es Cruise Cruz, Chris

¿Zsa Zsa Gabor?

¡Mejor Sissí!

¿Mejor Sissí? No seas chota.

Sí, Cruise Cruz, Chris.

Perfecto ¡VOTA! 

28 de abril de 2026

CANTANDO CON MI ABUELA

Durante muchos, muchísimos años, en la casa de campo de Petrel guardamos un magnetofón que no funcionaba.


Estaba en la caseta donde mi madre tiene la máquina de coser, olvidado en un armario abarrotado de carpetas y papeles de esos que se guardan “por si acaso”, y que terminan hundiéndose en la caducidad más profunda.

Cada vez que alguna búsqueda azarosa me llevaba a toparme con él, me quedaba un momento admirando aquella máquina antediluviana y preguntándome si habría algo grabado en su interior. Pero terminaba por cerrar el armario, y el aparato volvía a quedarse allí, sin ver la luz, como sarcófago de faraón.

Eso sí, fueron tantas las veces que comenté a mis padres que tenía mucha curiosidad por saber si en aquel magnetofón habría algo interesante, que el día en que se presentó la oportunidad de que alguien nos pasara la bobina a cinta de casete se lo entregaron sin dudar.

De aquel rescate se volvió a traer al presente una grabación familiar en casa de los abuelos de Elda, en su mayoría caótica y confusa, en la que se oía a mucha gente reír y cantar.

Hace tantos años que la escuché que ahora quiero repasarla de nuevo, porque apenas la recuerdo y porque es posible que Fran —que se acuerda hasta de cuando nací yo— me ayude a reconocer voces de nuestros abuelos y tíos.

Algún detalle escuchado me debió dar la pista del año, pues le puse el rótulo de ELDA. Navidades 1964.

En una de esas grabaciones se oye cantar a mi abuela Paquita, de la que tantas veces he hablado aquí en el blog, ¡y aparece incluso a su madre, mi bisabuela Concha!

Un día se me ocurrió hacer un montaje de audio e intercalar mi voz en esa canción.

El resultado se quedó ahí, para mí solo, pero ahora me apetece mucho compartirlo con vosotros y hacerla revivir una vez más.

Al escucharla resulta curioso pensar que ella grabase aquello dos años antes de nacer yo, y que yo decidiera acompañarla años después de morir ella.



Pero siempre que la escucho siento que se desvanecen las distancias del tiempo y se convierte en un dúo que cantamos muy juntos,  ella y yo, aquí y ahora.





31 de marzo de 2026

EL BAZAR DE AMAL GAMADO

He perdido la cuenta de las veces que he entrado en este pasadizo mal iluminado que es el callejón de las ideas.

Aquí me suelo detener frente al escaparate del número 6, una tienda de curiosidades conocida como el Bazar de Amal Gamado.

Sé muy bien que ya has imaginado el lugar y lo ves como una pequeña tienda antigua, con luz pobre, de esas en las que suena una campanilla en cuanto abres la puerta.

No te equivocas.

Y ahora entra conmigo.

Durante un buen rato, el vendedor (y dueño de todo lo aquí presente) brillará por su ausencia. 

Cuando cesa el tintineo de la campanilla, el silencio se hace infinito. Hasta que aparece de repente, como una sombra deslizándose entre los objetos.

—Buenas tardes —dice con un tono de voz neutro—. Veo que observa con curiosidad a los Reyes de la Dulzura. Son un primor. Doce miniaturas que estuvieron escondidas en roscones de reyes y pertenecen a años distintos y correlativos, desde 2015 hasta el actual.

—Curioso —digo con fingida admiración.
—Y además ninguno se repite, ¿ve? Son dos Melchores, ocho Gaspares y dos Baltasares. Bonitos, ¿verdad?
—Vaya que sí.
—Pero permítame mostrarle algo distinto.

(¿Te das cuenta de cómo camina? Parece que flote sobre el suelo.)

Saca del bolsillo una llave maestra y abre una vitrina estrecha.

—Aquí guardo cuatro billetes y unas monedas muy valiosas. No valiosas por su valor en sí, sino por una particularidad. ¿La ve?

—¿Qué tengo que ver?
—La particularidad.

—Pues… no.
—¡Que proceden de los cinco continentes! Las monedas vienen de las islas Fiyi; son céntimos de dólar fiyiano. Y estos billetes son dos mil leus rumanos, dos mil pesos de Colombia, cinco libras egipcias y cien rieles de Camboya.
—Curioso conjunto —digo acercándome para ver mejor el de Egipto.

Me quedo callado. Él aprovecha ese silencio para colocar sobre el mostrador tres pequeñas figuras.

—Acérquese a ver estas tres calabazas. Ganchillo, goma eva y mazapán.
—¡Anda! Pero la de mazapán… ¿se come?
—Se podría comer. Pero debe de estar más dura que los pies de Cristo.
—Me gustan las calabazas —admito.

(No es cuestión de ponerme a explicarle ahora que soy amanecista, es decir, fan de la película Amanece que no es poco, en la que la calabaza es casi un personaje más.)

Entonces me coge del brazo y me conduce a un cartel apoyado contra una silla de respaldo alto.


—¡Maravilla con mayúsculas! —dice señalándolo— Semana Santa de Yecla, edición de este año. La Inmaculada con el diablo agazapado detrás.

Me acerco para examinar la composición.

—Tiene algo inquietante —digo—. Por ese contraste.
—Podría verse como una irreverencia, pero solo muestra una tradición. En Yecla, en el Domingo de Resurrección, siempre corre un diablo por las calles. Pero aun así, este cartel se convertirá con los años en una rareza muy valiosa.

Después abre un antiguo cesto de mimbre y saca algo con aire reverencial.

—Mire qué prodigio —dice despacio, remarcando cada sílaba—. Esta piedra ha sido esculpida solo por la naturaleza, que siempre será la mano artista de Dios. ¡No me diga que no parece querer rendir homenaje al hombre elefante!

—Pues es verdad. Tiene forma de cráneo extraño.
—Pero ninguna mano humana la ha modelado. ¡Se formó tal cual!
—La verdad es que todo esto es... Tiene aquí colecciones muy singulares.

Amal Gamado empieza a mover los dedos, frotándolos y estirándolos. Se queda callado, mirándome.

—¿Ahora es cuando tengo que decirte que buscan dueño y lo de los precios especiales y tal?

Me quedo un instante mirándolo, sin saber si reírme o seguir en mi papel.

—No, no hace falta. Lo podemos dejar aquí.

Él hace un gesto teatral de alivio.

—Ah, ¿ya he terminado?
—Sí… y lo has hecho muy bien. Me has sacado de un apuro.
—¡Pues sí que haces tú paripé para presentar una entrada!
—Lo sé. Todo sea por el blog.


30 de octubre de 2025

DE VILLENA A YECLA, de la A a la Z (REEDICIÓN CON UN PORQUÉ)

Ya dije por aquí que pertenezco al honroso Club de los Ignorantes del Mundo del Automóvil. Es por esto que respaldo solidariamente a aquellos que, para describir un coche, se basan únicamente en su color.

—Pepito se ha comprado un coche.

—¿Ah, sí? ¿Cuál?

—Uno rojo.

—¿Pero qué marca?

—Y yo qué sé qué marca, ¡qué más da! ¡Un coche rojo!

¡Dí que sí! Y la cabeza bien alta... (Siempre habrá alguien que me comprenderá).

Tampoco me apasiona conducir. Hacerlo por ciudad en hora punta es desesperante, por lo que suelo ir a pie a todas partes.

Sin embargo, sí me relaja conducir cuando lo hago en solitario por carreteras secundarias poco transitadas y tan conocidas como para poder poner el piloto automático y que el coche me lleve solo (es un decir, ya me entendéis, ¿no?).

Recuerdo el placer que me suponía realizar el trayecto desde mi casa de Petrel hasta la universidad. Estrenaba entonces carnet de conducir y la autovía me infundía aún demasiado respeto, así que opté por ir a la facultad dando un rodeo por una carretera muy tranquila que atravesaba Agost —un pequeño pueblo alfarero de aspecto rojizo— y me llevaba sin pérdida posible hasta San Vicente del Raspeig. En días soleados y con la música puesta, el recorrido se me hacía bastante corto, pero para amenizarlo aún más me gustaba hacer una especie de juego mental que consistía en dividir todo el trayecto en tantas etapas como letras tiene el abecedario. Cada etapa debía tener un elemento que hiciera referencia a la letra en cuestión.

Hace ya tiempo de aquella vida universitaria, por lo que he olvidado los nombres de los tramos, pero todavía recuerdo un par de ellos: la zona en la que un acueducto discurría paralelo a la carretera era el trayecto R, de Romano. Y tras ver una pequeña tienda, totalmente pegada a la carretera, que tenía un cartel que decía «HAY TABACO», aquel ya fue para siempre el trayecto T.

En los miles de kilómetros que llevo hechos de Villena a Yecla —primero como novio de la extranjera y ahora como currante— también puse en su día un nombre a cada tramo, y hoy os los voy a presentar.


A de AVE. Para dejar Villena hay que atravesar la vía del tren. Por aquí aún no pasa el AVE, pero para empezar el abecedario fue la primera palabra que me vino a la cabeza.


B de BOMBILLAS. Esta tienda de lámparas me sirvió para dar nombre a la segunda etapa.

C de CEMENTERIO DE COCHES. En las afueras de la ciudad, y a cierta distancia, vi un desguace que me encajaba perfectamente para la tercera letra.

D de DEPECHE MODE. Junto a la carretera había una casa en ruinas con un cartel anunciando a este grupo. La casa fue demolida hace tiempo, pero el trayecto conserva el nombre en su honor.

E de ESPESURA. (Ver vídeo final).

F de FOLLÓN. Simplemente porque hay un cruce con muchas señales para desviarse a la pedanía de Las Virtudes.

G de GIRO a la izquierda. No se puede ser más explícito. Allí está, para el que quiera ir a comprobarlo.

H de HUELE MAL. Un tramo en el que, por culpa de cierta extensión de agua estancada, flotan unos efluvios a huevo podrido que ofenden gravemente a las narices.

I de IIIIIIIII. Por una curva muy pronunciada a la derecha. Si se toma con velocidad, el mismo coche dice el nombre del tramo. (A ver, los listillos absténganse de llamar a los loqueros: uno se divierte como buenamente puede).


J y K de JUNCOS y KAÑAS. Los hay durante un buen tramo.

L de LUZ entre pinos. (Ver vídeo final).


M de MIEDO. Porque llega un cambio de rasante con curva incluida que siempre me ha dado repelús.


A esta recta casi infinita la tenía que bautizar a la fuerza con la N de NO TE DUERMAS.

(No existe tramo Ñ porque nunca he visto un ñu, ni un ñandú, ni un ñoño que me lo pusieran a huevo).


O de OLIVOS. Árboles cuya diminuta flor deja volar en primavera un jodido polen que se mete en mi coche y también en mis ojos y me los pone como dos cebolletas.


P de PINADA. Uno junto al otro, en fila india. Me gusta esta imagen.


Q de QUÉ COÑO ES ESO? Porque después de kilómetros sin verse ninguna construcción, aparece esta mole a la derecha.


R de REGIÓN A LA VISTA. Es decir, la famosa frontera entre Villena y Yecla, entre Alicante y Murcia, entre España y el extranjero.

S de SUSTO. Pues en este tramo fui testigo de cómo un coche se salía de la calzada y labraba literalmente un bancal. Al ocupante no le ocurrió nada, pero el mal trago no se lo quitó nadie. Y yo me fui con temblor de piernas.

T de TINTO MUEBLES. Eso se podía leer en un cartel publicitario ya próximo al pueblo. Ya no existe el cartel, pero he querido rebautizar el tramo T y no veo nada que me ayude a ello.


U de UMBRÍA. Hay conductores que, en días de verano, paran un rato para refrescarse a la sombra de estos grandes pinos.

V de VUELVO A CASA. Pues Yecla asoma ya en el horizonte.


X de XPOSITORES. Toda la entrada a Yecla está colmada de grandes tiendas y almacenes de muebles con amplios escaparates exponiéndolos.

Y de YECLA. Obviamente.


Z de ZASS, ¡LLEGUÉ!

(Vale, lo admito: no tengo remedio).


ACTUALIZACIÓN:

Escribí esta entrada en enero de 2010. Quiero volver a publicarla por una razón: hace poco me vinieron a la cabeza los tiempos en que puse nombres a los tramos por los que iba pasando para llegar a casa, y sonreí al comprobar que recordaba prácticamente todos. De repente me sobrecogí al darme cuenta de que el tramo de la M, al que puse el nombre de MIEDO, fue precisamente el punto en el que, en febrero de 2023, tuve el accidente de tráfico que me pudo costar la vida.

Quién me iba a decir que aquel miedo era, en cierto modo, una premonición. Trece años después, el destino decidió que en ese mismo punto la palabra cobrara su sentido más literal. Me estremece pensar que, sin saberlo, había señalado el lugar exacto donde mi vida daría un vuelco. Y que tal vez hoy ese tramo podría tener también la M de Milagro.

He sentido la necesidad de revivir la entrada porque me parece algo sorprendente y porque me apetece expresar lo muy feliz que me hace poder seguir viniendo a este blog para compartir mis escritos con todos vosotros, mis queridos amigos. 

31 de julio de 2025

EL MUNDO ARDIENDO Y YO CANTANDO

No sé en qué momento exacto pensé que sería buena idea encender aquel micrófono que compré en un ALE-HOP y cantar I don’t want to set the world on fire.

Pero lo hice.

Y aquí está la prueba.


Hay canciones que, más que cantarlas, se adueñan de ti. Y esta, para mí, es una de ellas.

Tiene ese aire reto, viejuno y gloriosamente polvoriento de los años 40 que tanto me gusta. De hecho, no me extrañaría haber vivido allí en una vida anterior. Me veo como un joven con el pelo brillante y bien peinado, recorriendo calles con nombres de presidentes, buscando discos de vinilo en las tiendas, tarareando canciones sin darme cuenta, convencido de que la música no sólo sirve para acompañar, sino para explicarse uno a sí mismo.

Este tema lo popularizaron The Ink Spots, un grupo fundamental para entender el paso del jazz vocal al rhythm and blues y al soul. Su fórmula era sencilla pero infalible: una guitarra que suena como si hablara, una voz principal que se deshace en ternura, y esa típica parte hablada con voz de locutor enamorado que, por algún motivo, sigue funcionando aunque hayan pasado ochenta años.

I don’t want to set the world on fire se publicó en 1941. Y aunque no fue compuesta por ellos —es obra de Eddie Seiler, Sol Marcus, Bennie Benjamin y Eddie Durham—, los Ink Spots la hicieron suya. Como si la canción hubiera estado esperando precisamente su timbre y su melancolía.

¿Y de qué habla? Pues no de guerras ni de apocalipsis, como sugiere el título. Habla de amor, claro. De alguien que no quiere incendiar el mundo, solo encender una llama en el corazón de otra persona. Porque, al final, lo que importa no es el mundo entero, sino la persona a la que uno quiere.

Así que aquí estoy, en la frontera que limita julio y agosto, decidido a lanzar la bomba incendiaria de mi versión de los Ink Spots y al mismo tiempo un mensaje de amor al mundo.  (Por favor, que conste en acta que si desafino es porque es un micro del ALE-HOP, no de la RCA. Ejem, ejem...)

Si con esto consigo encender aunque sea una sonrisa —o al menos un leve suspiro—, doy el experimento por válido.                                                                                                                 

28 de diciembre de 2024

LOS ANUNCIOS DE SIEMPRE

Publicar algo el 28 de diciembre tiene sus ventajas. Si resulta un éxito, ¡estupendo! Y si no gusta nada, siempre puedo decir:

"¡Ja! Qué inocentes sois... ¡Era una broma!"

Pero esta vez no es ninguna broma. O tal vez sí, porque el poema que quiero compartir con vosotros es un viaje delirante por la memoria colectiva de los anuncios de toda la vida. Se me ocurrió hacer un repaso a algunos anuncios de TV de mi infancia y juventud, escribiendo aquellos eslóganes inolvidables y reordenándolos con el propósito de que hubiera una rima más o menos homogénea.

Este fue el resultado:

LOS ANUNCIOS DE SIEMPRE

Busque, compare, y si encuentra algo mejor: ¡Cómprelo!

Un poco de pasta, basta, Gior.

Meriendas un Bony, Pantera rosa o Tigretón

y en la tele el negrito canta alegre su canción.

 

Yo soy aquel negrito del África tropical,

que cultivando cantaba la canción de Cola Cao.

Leche, cacao, avellanas y azúcar: ¡Nocilla!

Tenemos chica nueva en la oficina,

que se llama Farala y es divina.

 

¡¡Anda, los Donuts!!

¡¡Anda, la cartera!!

¿Cómo que no hay Casera?

Si no hay Casera, nos vamos.

 

Cada día, Phoskitos, regalos y pastelitos.

¡Tronco va! (¡¡y Tronkito viene!!)

Ehh? ¡¡Que viene Tronkito!!

Queremos turrón, turrón, turrón,

pero vea que sea Antiu Xixona.

Seguimos queriendo turrón, turrón, turrón

 ¡¡Antiu Xixonaa!!

Turrones El Almendro,

vuelven a casa por Navidad.


Somos los Conguitos, y estamos requetebién,

vestidos de chocolate, con cuerpo de cacahué.

El Lobo, ¡¡qué gran turrón!! (qué gran turrón)

El Lobo, qué gran turrón.

 

Detergente Colón.

Busque, compare,

y si encuentra algo mejor, ¡cómprelo!

1880, el turrón más caro del mundo

(y si encuentra algo mejor, ¡cómprelo!)

 

Chup, chup… Avecrem,

Chup, chup… Avecrem.

Langostinos Pescanova,

¡lleváme a casa!

 

Mi padre es agente

de Catalana Occidente,

y cuando a la gente le pasa algo,

se lo arregla todo, todo y todo.


Anda siempre por tu casa,

Norit mima con cariño

lana y prendas delicadas,

Norit mima lo que lava.

Tenn con bioalcohol,

¡el algodón no engaña!

(¡el algodón no engaña!)

¡Anuncios en España!

 

Mistol. Limpieza de confianza.

Mi mujer también lo usa.

Heno de Pravia es el aroma de mi hogar.

Las muñecas de Famosa se dirigen al portal,

para hacer llegar al niño su cariño y su amistad.

 

Vamos a la cama,

que hay que descansar,

para que mañana

podamos madrugar.

 

¿A qué huelen las nubes?

Chup, chup… Avecrem,

Chup, chup… Avecrem.

***


Una vez transformada en canción, también me entretuve haciendo un video con las imágenes originales de aquellos entrañables spots publicitarios. Y aquí lo publicito yo, en esta última entrada del año.

Y hablando de entradas, nos queda un suspiro para entrar en el 2025. Es mi deseo que sea para todos un año estupendo lleno de grandes oportunidades. (Aunque ahora que lo pienso, ¿queda bien desear cosas buenas en el Día de los Santos Inocentes? Bah, yo creo que sí, y en cualquier caso os lo desea el Diablo con todo su ardor).


31 de octubre de 2024

RECUERDO DE INFANCIA


Mi padre ha escrito poesía en diversas etapas a lo largo de su vida. Nunca se ocupó en recopilar todos los poemas que le venían a la cabeza, así que los tenía desperdigados por toda la casa. 

En una ocasión encontré uno de aquellos poemas escrito en una servilleta de papel, fruto, imagino, de algún arrebato de inspiración que no quiso dejar en manos de la memoria.

Y yo, que siempre he sido una hormiguita recolectora de recuerdos, decidí desde aquel día reunirlos todos para guardarlos y evitar que se perdieran.

Los fui encontrando en cajones, la mayoría en hojas sueltas, en albaranes o intercalados en libretas de cuentas. Cada vez que descubría uno en un lugar inesperado, me alegraba como si hubiera hallado un tesoro. No me importaba si tenía muchos tachones o estaba incompleto; lo trasladaba sin dudar a la carpeta donde había escrito: "POESÍA PAPÁ".

Se alegró muchísimo cuando, mucho tiempo después, le dije lo que había hecho.

—Pues tuyos son, hijo mío —me dijo—. Y es posible que haya ahí algo que merezca la pena. 

Es curioso porque nunca me atrajo leer ni escribir poesía. En aquellos años, devoraba novelas; me encantaba leer tanto historias reales como ficticias e incluso disfrutaba de obras de teatro. Pero el ensayo y la poesía me parecían sumamente aburridos y no me llamaban la atención.

Sin embargo, oh, misterios de la vida, un buen día me invadió una fiebre desbordante por escribir rimas. Comenzó casi como un juego, pero enseguida me atrapó la idea de ir combinando sonidos semejantes; era un ejercicio que tenía algo especial, un experimento que valía la pena explorar.

Entonces descubrí que tenía una notable habilidad para encontrar palabras que rimaran y, poco a poco, fui completando poemas de diversas extensiones y temáticas, de los cuales me sentía muy orgulloso. Esos logros tan personales e íntimos me animaban a seguir escribiendo.

Un día supe que existía un concurso anual de poesía en Petrel, el Certamen de Poesía "Paco Mollá", y me sentí tentado a participar. 
Sin embargo, al leer las bases, descubrí que debía presentar un poemario con muchos más versos de los que yo tenía. De todas formas no me habría atrevido a enviar todo lo que había escrito, ya que cada vez que releía aquellos poemas, me parecían en gran parte ridículos y extremadamente infantiles.

A mí me encantaban los poemas de mi padre, y a él le gustaban mucho algunos de los míos, especialmente uno que comenzaba: 

"Existe un submundo azul subyugado a tus ojos
 gravitando en torno a lágrimas de escarcha...". 

Juntos le dimos muchas vueltas hasta concluirlo. Nunca llegué a entenderlo del todo, era muy abstracto, pero eso me importaba poco; sonaba muy mágico al ser leído. De hecho, incluso inventé una palabra: "extasiástico". ¿Es eso hacer trampa? Puede ser, pero sonaba tan hermosa la frase "Como el roce extasiástico con la nada"...

Al año siguiente decidí presentarme al concurso escogiendo algunos poemas de mi padre, que previamente había mecanografiado, intercalándolos con otros de mi cosecha. 
Al poemario le puse por nombre "Poemas del viento galano".

No, no ganamos nada, ni siquiera un accésit, pero la verdad es que no le di la más mínima importancia. 

Hoy recuerdo todo aquello con mucha ternura. Me viene a la mente el tiempo feliz que dediqué a recopilar los poemas de mi padre y a crear los míos, entrelazándolos para formar un poemario conjunto que encuaderné y que conservo y atesoro con devoción.
 
Años después creé este blog, en el que apenas he escrito poesía, pero sí incluí algún poema de vez en cuando, generalmente en tono jocoso, porque lo verdaderamente divertido para mí es la rima; el simple y puro placer del juego creativo. 

Pero hoy voy a concluir dejando aquí en el blog uno de aquellos poemas del viento galano. Lo escribí con 21 años.  RECUERDO DE INFANCIA. 

Ya entonces decía "¡Cómo han pasado los años!" (¡Alma de cántaro!) 

***
Atesoro aquel recuerdo, 
aquella estampa de otoño
en mi memoria, reciente. 

El tiempo no lo ha empañado,
mas ya es un recuerdo viejo; 
yo era un niño en el colegio.
¡cómo han pasado los años!

Llovía. Llovía tras los cristales, 
el agua se oía en el patio.
La clase se hallaba en silencio, 
el tiempo se había dormido, 
estaba en su asiento el maestro,
absorto con algún libro.

Algún niño dibujaba, 
unos pocos hacían deberes,
y a guerra de barcos jugaban 
otros que estaban ausentes.

Y llovía. 
Llovía afuera en el patio. 
Mil gotas en los cristales
sin espacio para más,
se amontonaban iguales 
y me hacían imaginar.

Y yo volando muy lejos, 
y muy dichoso al instante
en que las gotas se unían 
corriendo en ríos verticales.

El cielo estaba plomizo, 
adentro un calor agradable, 
y yo esperaba el momento 
en que al salir del colegio
me recogiera mi madre, 
que algún día me traía 
boniatos humeantes.

Atesoro aquel recuerdo, 
aquella tarde de otoño 
pues fui feliz con muy poco.

Tan sólo fue suficiente 
aquel lánguido aguacero 
y dejar volar mi alma 
entre las nubes del cielo.

Es mi recuerdo de infancia,
diluido en la distancia
con aroma a lapicero.

 ***

Lo que entonces no podía sospechar ni de lejos es que, gracias a una IA, en un futuro lo transformaría en canción.



31 de mayo de 2024

PASANDO REVISTA AL PASADO


-Voy a intentar vender las revistas en Wallapop - me dijo mi amigo Juan Luís.

Y entonces supe que, antes de que desapareciera ese tesoro de Tutankamón que guarda en su casa, era absolutamente necesario ir a echarle un vistazo.
Era algo que tenía previsto hacer desde hace muchos años, pero el tiempo va pasando (hoy más que nunca lo vamos a comprobar con documentos gráficos) y no me había decidido a llevar a cabo lo que tanto me apetecía. 
Hasta que por fin lo hice.

La madre de Juan Luis fue durante años una gran lectora de la prensa del corazón, especialmente de la revista HOLA y él me había comentado muchas veces que tenía ejemplares dignos de ver. 
No sólo estaba yo seguro de eso, sino que pensé que sería interesante compartirlo algún día con los lectores del blog. 
Ese momento ha llegado.

Un domingo por la mañana salí de Yecla hacia El Campello. Llegué a su casa y él ya tenia preparados los archivadores sobre la mesa. La mitad de ellos eran de revistas en blanco y negro, algunas de los años 40 y 50 y una gran mayoría de los 60, con unas portada que parecían pintadas con un azulete desvaído y unas páginas grisáceas que más que de papel parecían estar hechas con el polvo de los tiempos, prensado con tinta de calamares prehistóricos. 

 La otra mitad era de revistas de los 60 con portadas en color, aunque en su interior eran más las páginas en blanco y negro que las de brillante colorido. Supongo que aquellos eran tiempos en los que había que abaratar costes.

La cosa fue divertida porque decidimos agruparlas por temas según las personalidades de sus portadas y yo iba fotografiando las que más me llamaban la atención.


Así que fuimos haciendo montones con actores, actrices, aristócratas, príncipes, reyes y hasta papas de Roma.

Sí hubiera que hacer un ranking de portadas más habituales, en los primeros puestos estaría sin duda  la familia Grimaldi.

Y es que eso de que una bella actriz de Hollywood terminara siendo princesa de Mónaco siempre fue una romántica historia que más parecía de cuento de hadas que de pura realidad.

También había muchas portadas dedicadas a Farah Diba, que sería reina consorte de Irán al casarse con el sah de Persia. Recuerdo que siendo niño me llamaba la atención esta mujer, especialmente porque su nombre se parecía al de mi admirada Farrah.
Naturalmente, muy a menudo, aparecían primeros planos de las bellezas del momento, como Claudia Cardinale, Brigitte Bardott, Catherine Deneuve o Sofía Loren.




Si hay algo que caracteriza a la revista HOLA es su interés en hacer reportajes sobre la vida de celebridades internacionales y miembros de la realeza. ¿Una boda de alto copete? Allí está HOLA. 
Y con los nacimientos y seguimiento de sus proles, idem de lo mismo.


Si tuviera que resaltar una portada por su peso histórico, enorme como de aquí a la luna, sería esta de julio de 1969.

Me fui de casa de mi amigo con la sensación de haber sido parte del pasado durante horas. Tantas fotografías de la gente y la vida de hace varias décadas, que en su gran mayoría han dejado de existir, me dejó una sensación extraña. Aquellos acontecimientos quedaron plasmados en las revistas, congelados en el tiempo.  Y allí seguían aquellas sonrisas cuando cayó el muro de Berlín, cuando se disolvió la URSS, cuando se inventó internet, cuando se desplomaron las Torres Gemelas, cuando nos encerramos en la pandemia...
Y allí continuarán sin llegar nunca a decir ADIÓS.



5 de enero de 2021

EL ALEGRE NAVIDEÑO DEL AÑO (Audiocuento grabado en familia)

En una reunión familiar en la primavera de hace 5 años se nos ocurrió grabar el cuento de La bella durmiente

La idea era que grandes y pequeños  participáramos poniendo voces a los personajes y que quedara así un bonito recuerdo.

Tras más preparativos de los que a priori se esperaban, se llevó a cabo finalmente, y la experiencia fue tan divertida que un par de años después volvimos a  colocarnos ante el micrófono con otro cuento. 

Esta vez fue en navidades, lo había escrito yo, y otra vez nos divertimos enormemente. No sólo por ser un cuento lleno de situaciones absurdas, (tres niños que viajan a Oriente a llevar regalos  a los reyes, que se han puesto malos y están en cama) también porque el caos ante los preparativos, los nervios por no equivocarse, o el tener que leer el guion sin reír y sin que la lengua se trastabillara, nos hizo pasar momentos inolvidables.

Y fue en enero de este fatídico año que acaba de concluir, cuando nadie podía intuir que llegaría la pandemia que tantas cosas ha cambiado, que grabamos un tercer cuento. 

Aunque todas las voces quedaron registradas, la grabación ha estado aparcada durante todo el año, a falta de música y efectos sonoros. Creo que no había demasiados ánimos para concluirlo.

Y en estas navidades en las que por primera vez en nuestras vidas no hemos podido reunirnos, mi familia me pidió que lo terminara y pudiéramos escucharlo como si todos estuviéramos juntos. 

Por eso me hace especial ilusión presentar hoy en el blog este tercer cuento, para mi familia y para mis queridos lectores.

Se titula El alegre navideño del año. Advierto que es de un surrealismo feroz, de esos que casi muerden, pero espero que os resulte ameno de escuchar. 



Aprovecho para desear a todos un muy feliz año nuevo en el que no falte salud, trabajo y, muy importante, mucha ilusión.

PD. Los otros audiocuentos:


29 de marzo de 2019

ESA OSCURA Y DULCE AMIGA (Reedición)

(Esta entrada fue publicada el 13 de junio de 2013. Dado que ha muerto la gata que durante  doce años vivió en mi centro de trabajo, vuelvo a publicarla)

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Tengo una compañera en el trabajo que se pasa las horas sin hacer nada. Y cuando digo nada, quiero decir ab-so-lu-ta-men-te nada. 

A menudo la veo  dormitando  al sol, dejándose llevar por una pereza desmesurada, y  tan ajena a todo lo que ocurre a su alrededor,  que no se molesta ni en alzar la cabeza para saber quién pasa por su lado. Ya no sé a cuántas personas habré oído murmurar: ¡Mira qué bien vive ésta!

Cuando se cansa de tanto descansar, veo a través del cristal cómo se despereza y busca entonces algún lugar a la sombra, resguardado de corrientes,  para seguir sacando partido de su desgana sin fin.

Sin embargo es muy ágil en movimientos si le conviene. Cuando me ve llegar, por ejemplo, se suele acercar a saludarme a buen ritmo, dando vueltas en torno a mí para llamar la atención. De sobra sabe que con sus zalamerías terminará relamiéndose.

 La he llamado compañera, pese a ser una gata, porque lleva aquí en el centro unos cuantos años y nos conoce bien a todos. 
Y es curioso que nadie le haya puesto un nombre todavía,  y hagamos referencia a ella como "la gata"  

Pero no es mal nombre al fin y al cabo: a La gata, o Lagata,  poco le falta para ser  "lagarta"  de verdad (y lo digo por su gran afición a empaparse de sol, sin más matices)

La primera particularidad de esta amiga es su brillante pelaje negro, que la hace resaltar
vivamente cuando pasa junto a los muros mostaza del edificio, y que es algo que me mueve a fotografiarla con frecuencia. No es mala modelo después de todo, y me deja retratarla bien; especialmente si la pillo vaga, que es la cosa más natural del mundo.

Su segunda peculiaridad es la gran facilidad que tiene para engañarnos a todos. No sé cómo lo hace para inflarse y desinflarse de esa manera. 

Cada año damos por hecho que se ha quedado preñada,  y que en los sucesivos días nos encontraremos con una camada de gatitos. Sin embargo de un día para otro reaparece sin barriga, con la esbelta figura de siempre, como si hubiera parido hace semanas o no lo hubiera hecho nunca. Pero lo curioso es que nunca se ven crías por ningún lado.

No sé bien a qué es debido esto, pero la veo muy capaz de fingir embarazos para que la mimemos todavía más. 
Eso o que se trate de una gata embrujada, (o una bruja engatusada), que también podría ser.

El caso es que en estos últimos meses se ha hecho muy amiga mía, y como en esta loca primavera hemos pasado más frío que Carracuca,  compartimos algunos ratos en el exterior, buscando las caricias del sol. 

Y allí le cuento cosas.

El otro día le dije que tenía cara de lista y que solo le faltaba hablar, e inmediatamente emitió un extraño sonido que a mi me sonó claramente a “Ahí va”. 
Le dije muy seriamente que no volviera a hacer eso, que yo no estaba preparado para escuchar hablar a un gato, por muy amigo mío que fuera, y que en adelante hablaría solo yo, y que ella se limitara a escuchar.

¿Te has dado cuenta — le advertí— de que en otros tiempos nuestra amistad habría estado
muy mal vista? Con mi fama de Diablo y que tú eres más negra que el callejón del pecao, seguro que acabábamos con nuestros huesos en la hoguera.

Y ella entornaba los ojos, como si se pudiera tener sueño después de mil horas durmiendo.

Otra cosa que le reprocho a veces es su manía de seguirme tan de cerca hasta casi hacerme tropezar, o que se quede esperando a la entrada de La Pajarera, cuando sabe que tengo que salir de nuevo, y me mire desde la puerta entreabierta, observando todos mis movimientos mientras me llama. 

¡No tienes hambre! –le reprocho.
Ella responde con sus Miaus más afirmativos.
¡No, ni hambre ni sueño, lo tuyo es ya puro vicio!

En cambio me resulta encantadora cuando en días de lluvia viene a refugiarse al portal de entrada. 
Se pone muy firme, como si fuera una estatua egipcia,  enrosca  con mucho estilo su cola al cuerpo y contempla serenamente cómo se moja todo menos ella.

Hace dos semanas, unas negras nubes oscurecieron el cielo a media tarde  y una tromba de agua descargó sobre Villena. 
La lluvia dio paso a una sonora y espectacular granizada,  tan abundante que cuando la tormenta pasó estaba todo blanco, igual que si hubiera nevado.  
Mi amiga tardó mucho en aparecer, y cuando lo hizo su figura resaltaba como nunca. Parecía que los colores habían huido de repente y solo quedaban el blanco y el negro en un paisaje inusual.

¿Dónde te escondes cuando llueve tanto? —le dije.
No me respondió. Debe guardar secretos tan oscuros como su piel.

Ayer mismo la pillé en un momento tan cariñoso que le propuse hablar de ella en el blog,  pero cuando saqué el móvil para grabarla se volvió esquiva, como si temiera que la fama  pudiera privarla de sus largas horas de vagancia, y se resistió a ser buena actriz para mí.

 —¿No te parece –le comenté—  que es hora de ponerte un nombre?  Puede que ahora que te conoce más gente nos llegue alguno desde el otro lado. ¿A que te gusta eso de “el otro lado”? 

Por supuesto no se pronunció al respecto. 

Y la verdad es que  no sé si será porque le prohibí hablar, porque calla más de lo que sabe  o porque le encanta hacerse la misteriosa con sus silencios.