22 de junio de 2022

UNA HISTORIA CON MUCHA HISTORIA

En varias ocasiones he querido contar en el blog una anécdota familiar que debido a determinados elementos muy bien "hermanados" dio pie a una situación hilarante.

Creo que siempre terminaba por abandonar la idea porque nunca me decidía por cuál era la mejor manera de abordarla y porque siempre pensé que no crearía el efecto que en su día nos produjo, pero hoy esa misma historia me está pidiendo que le dé salida al mundo porque, comicidad al margen, hay en ella otros elementos que resultan interesantes y dignos de ser contados.

Para entender la historia en su conjunto hay que tomar perspectiva, por lo que nos vamos a situar en la Plaza Mayor de Elda.

Hoy es un lugar amplio y hermoso que en nada se parece al que conocí siendo un niño. En aquel entonces era ésta una barriada muy caótica, un conjunto de calles, casas, talleres, fábricas..., todo mezclado, mal trazado y sin ningún gusto estético. Por esta razón a aquella parte de Elda se la conocía como "Ciudad sin ley".

Había allí un cine en cuyas puertas vi yo la cola más larga para entrar a ver una película; una fila que se salía de la plaza y daba la vuelta a la manzana. Era el año 1977 y se estrenaba "La guerra de las galaxias" (título que las nuevas generaciones desprecian y ya todos llaman "Star Wars")

Otro recuerdo que tengo de la zona es el de oír tocar a bandas de música en directo, sobre todo en las fiestas de septiembre.
Pero recuerdo especialmente un callejón sin salida, de un aspecto que a mi me causaba inquietud, en el que había una carpintería. 

En ocasiones acompañábamos a nuestra madre a aquel taller, cuando necesitaba  comprar algún listón de madera o pedir algún encargo. 
Recuerdo que nos llamaba la atención una escalera exterior que daba acceso a la vivienda del carpintero, justo encima de su lugar de trabajo. El día en que  nos dio permiso para subir y asomarnos a su casa fue como si nos diera un pase a la mayor aventura. 

Llegó el año 1985 y un ambicioso proyecto urbanístico municipal incluía despejar el centro urbano y construir la actual Plaza Mayor. Eso implicaba la completa demolición de la "Ciudad sin ley".
Por lo que tengo entendido, el Ayuntamiento se encargó de indemnizar a los afectados por la remodelación, pero en el caso del carpintero encontraron un hueso duro de roer. 

Desconozco las negociaciones que hubo con él, sólo sé que, en su caso, el dinero que le ofrecían por abandonar aquel callejón no era suficiente para adquirir lo que él pedía: una vivienda modesta para él y su familia y un taller donde reubicar su carpintería. Es decir, ni más ni menos que lo que le iban a quitar.
Pero se negaron.

Fueron días difíciles para aquel hombre, que se mantuvo en sus trece, desoyendo las advertencias que fue recibiendo por carta para abandonar el lugar.
Muchos de los vecinos le apoyaban y uno de sus hermanos estaba convencido de que si seguían haciendo alegaciones les terminarían dando la razón.

Pero llegó entonces la fecha que le habían dado como ultimatum y apareció una cuadrilla con sus máquinas para comenzar los derribos.

Y ahora es cuando necesito hacer un alto en la historia para  desvelar (y lo he dejado para el final con toda la intención) que el carpintero en cuestión se llamaba Pompeyo, su hermano tenía por nombre Procopio, y el cine que antes he mencionado era el Coliseo.
Y también es el momento de describir la azarosa situación que se produjo cuando, días después,  mis padres nos estaban contando las últimas novedades del asunto en cuestión, justo cuando llegaba mi amigo Juan Luis, que al entrar en la cocina oyó cómo mi padre decía: 

-Y apareció la cuadrilla que iba a demoler todo aquello cuando Pompeyo les salió al paso y les dijo que por allí no entraría nadie. Como tenían órdenes de sus superiores  levantaron las palas y entonces Pompeyo se tumbó en el suelo y dijo que para avanzar tendrían que matarlo.
- "¡Por encima de mi cadáver!"- apuntaba mi madre, parafraseando a Pompeyo.
- Cuando fueron a levantarlo -continuaba explicando mi padre- Pompeyo forcejeó con todos, y unos vecinos fueron avisar a su hermano Procopio, que estaba en la plaza del Coliseo. Procopio fue corriendo para defender a su hermano y tanto pelearon que al final consiguieron que dieran media vuelta y se fueran. 

Creo que todos podréis imaginar la cara de Juan Luís escuchando todo aquello. Cuando le expliqué de qué estábamos hablando exclamó: "¡¡Y yo que creía que había llegado en mitad de una clase de Historia!!"
Y ahí fue cuando todos nos reímos tantísimo. 

Porque verdaderamente fue aquella una clase de Historia de las buenas, una historia con mucha Historia, una odisea de romanos- sin romanos- del siglo XX.

Por eso ahora, cada vez que voy a la Plaza Mayor, no puedo evitar pensar en lo distinto que es todo aquello y lo mucho que me gustaría volver por unos instantes a aquella Ciudad sin ley de mis recuerdos, y a aquel callejón en el que vivía Pompeyo, con el Coliseo a sus espaldas.

Año 1984. Ciudad sin ley. Elda.



Demolición del cine Coliseo (se puede ver su pantalla)

Cartelera de cines de Elda. Año 1957.

Información y fotos extraídas de:
 www.prospectosdecine.com 
www.valledeelda.com
eldahistoria.blogspot.com


Nota: Pompeyo y su familia vencieron finalmente. Terminaron por darles la razón en el Tribunal de Estrasburgo. Sí, aunque parezca mentira. 
Me cuenta mi madre que siguió alegando hasta el final y que, según contaban los entendidos, las cartas que redactaba siempre estuvieron a la altura del mejor de los letrados. 
Probablemente esto daría para otra historia.

28 de mayo de 2022

EXPRESIONES ADOPTADAS

 HERMANOS:

Cierta vez íbamos mis hermanos y yo caminando hacia el colegio cuando nos encontramos un folio en el suelo. Por el motivo que fuera nos llamó la atención y al cogerlo vimos que era un examen corregido. En la esquina superior derecha la maestra (siempre pensamos que fue una maestra) había escrito en rojo y con letra firme: “Muy mal! Muy sucio!

La verdad es que la caligrafía era horrible, con letras grandes y líneas torcidas, pero esa valoración  nos pareció muy cruel y enseguida nos solidarizamos con el desconocido niño. Dimos por hecho que aquello lo habría puesto triste y de mal humor, hasta el punto de querer deshacerse del examen.

El caso es que nunca olvidamos aquel momento, y la anotación en rojo se hizo tan famosa  que pasó a formar parte de nuestras expresiones comunes.

-¡Anda! Se me ha olvidado traerte el libro que te dije.

-¡Muy mal! ¡Muy sucio!

-¿Donde están las pipas que había en la despensa?

-Ya nos las hemos comido.

-¿¡Todas!? ¡Muy mal! ¡Muy sucio!


AITANA:

Aquella vez escuchamos a la pequeña Aitana decir: “Y de repronto...”

Estaba explicándonos algo que le había ocurrido, y queriendo decir “de repente” debió de colarse en su cabeza “de pronto” y le salió ese mezclijo que particularmente  me parece perfecto.

La expresión nos hizo tanta gracia que la utilizamos muchas veces.

-Hacia muy buena mañana y nos íbamos a la playa, pero se puso a llover.

-¿Así, de repronto?

-De repronto y sin avisar.

-Qué rabia me dan los perros que están tranquilos y empiezan a  ladrar de repronto.


PAPÁ:

Cuando mi padre está especialmente contento es muy habitual que dé una fuerte palmada y se ponga de inmediato a frotarse las manos mientras camina y exclama: ¡Matildita, Matildita, Matildita!

¿Que quién es la tal Matildita? No existe (que yo sepa). Es su particular forma de expresar “¡Ay, qué bien va todo!” 

Esos arrebatos de felicidad tienen a veces una breve continuación que dice:

"¡Matildita de Aragón!

¡Matildita de Aragón!

¡Eres una chica guapa 

tan bonita como yo!"

Siempre acompañado de un enérgico frotar de manos, no lo olviden.

Pues bien, misterios de la genética, el dar una palmada y ponerse a caminar cuando está eufórico es también habitual en mi hijo, que no nombra a Matildita, pero ya me apresuro a hacerlo yo como si doblara la escena de una película que conozco muy bien.

“¡Matildita, Matildita, Matildita!”

Y así, “Matildita de Aragón” también forma parte de las expresiones de esta familia.


SAMUEL:

Hablando de mi hijo, nos solemos reír mucho cuando prueba un plato nuevo y mientras lo saborea nos mira uno a uno y finalmente exclama: ¡Esto no es normal!

No dice “¡qué bueno está!” ni “¡qué rico!”, su sello de identidad ante los deleites del paladar es: “¡Esto no es normal!”

Una vez, en un restaurante de Albarracín nos sacaron como postre pastel de queso de cabra. Dejé que lo probara primero y al ver que ponía los ojos en blanco dije “¡Qué! No es normal, ¿no?”

Efectivamente su frase ha trascendido de tal manera que cuando algo nos gusta mucho ya todos decimos “¡Esto no es normal!


MAMÁ:

¿Quién no ha tenido alguna vez esa necesidad urgente, inaplazable e ineludible de ir al cuarto de baño? Mi madre tiene muchas anécdotas divertidas de algunos momentos comprometidos que le ha tocado vivir al respecto. Pero lo que más gracia me ha hecho siempre es que ella llame a esa situación: “surgir un preciso

A mí esa expresión me parece de altura, casi de literatura del Siglo de Oro. Diría que  podría existir algún soneto de Quevedo hablando de esto, pero como sé que no lo voy a encontrar, mejor me lo invento:

Con rodilla en tierra  por sellar compromiso

y su amada aguantando el “sí” entre los labios

Aún lo culparon de crueles agravios

al correr apurado por surgirle un preciso.

Ni que decir tiene que cuando alguien sale corriendo de repente (o de repronto como diría Aitana) comentamos que hay muchas posibilidades que le haya “surgido un preciso”


TOMÁS:

Mi hermano Tomás pasó muchos fines de semana de su adolescencia disfrazado de sioux. Durante mucho tiempo ambos sentimos verdadera pasión por los indios americanos, (VER) pero lo suyo llegó a ser casi un modo de vida.

Una vez iba por el campo con un atuendo  que con mucha maña le hizo mi madre, con sus flecos en mangas y perneras, su penacho de plumas, su collar de bulbos secos, su arco y flechas en el carcaj... y una mirada de pocos amigos.

Una señora muy mayor que teníamos de vecina en el campo de enfrente lo vio de lejos y se acercó a la verja para hablar con él.

-¡Oye! -le llamó- ¿Sabes quién pareces?

Tomás se quedó esperando a que le dijera algo más.

-¿Sabes quién pareces? - repitió.

-No, quién- quiso saber

-¿Quién pareces?

-No sé… ¿quién parezco?

-¿Quién pareces?

Sólo con el tiempo dedujimos que lo que aquella señora quería preguntarle es “¿Sabes a quién quieres parecerte?” o lo que es lo mismo: “¿De qué vas disfrazado?”

Pero nosotros, que de todo sacamos chirigota, hemos ido repitiendo hasta el infinito aquel diálogo de besugos.

¿Sabes quién pareces?

“¿Quién?”

¿Quién pareces?

“¿Quién parezco?”

¿Quién pareces?

***

Seguro que tú, querido lector, también dices algunas expresiones que son exclusivas de tu ámbito familiar. Si es así, me apetece emular a los YouTubers diciendo:

 “¡Déjamelas en los comentarios! Y si te ha gustado dale al like, suscríbete y comparte con amigos.”



9 de mayo de 2022

LETRAZAS Y LETRINAS

 1) Kevin y Lucho.

El taxista gira en la rotonda de la Castellana hacia General Perón. Lleva en el asiento de atrás a un joven al que ha recogido en Atocha. En disimuladas miradas por el espejo retrovisor, el conductor trata de averiguar la edad de su pasajero, quien tiene una oreja perforada por más aros que transportes hará su taxi ese día. 

En la radio suena una canción:

 <<… A ella le gusto porque estoy PPP

"Siempre Puesto Pa' darle Placer"

Ella me pide que le dé y que le dé

y yo le hago todo lo que la complace.>>


El joven marca el ritmo con el pie.


<<Que soy su nene, que soy su bebé.

Se pone loquita cuando me ve en la TV

Ella me pide que le dé y que le dé

y yo le hago de to', de to'.>>


“¡Hay que joderse!”, murmura el taxista, y acto seguido pulsa el botón del CD, transformando de golpe el paisaje sonoro. 

<<...evocaré ese idilio

con sus azules horas...

Cuando tú te hayas ido

me envolverán las sombras.>>


El taxista está a punto de preguntar al joven si conoce a Lucho Gatica, pero agita la cabeza convencido de que jamás se habrá detenido a escuchar canciones así.


<<Y en la penumbra vaga

de la pequeña alcoba

donde una tibia tarde

te di mi pasión loca...>>

Al entrar en Fernando Ossorio detiene el vehículo.

<<Te buscarán mis manos,

te besará mi boca

y aspiraré en el aire

aquel olor a rosas.>>

El joven paga el viaje y se apea.

“Joder, el nota…-dice entre dientes mientras se aleja- qué bajona ma dao”, 


El taxista reanuda la marcha  cantando a dúo con Gatica.

- ¡Cuando tú te hayas ido… me envolverán las sombras!


2) María Dolores  y Yung.

- Abu, es tarde, ¿no te acuestas?

-Sí, hija, es que… ¡si estaré tonto!  Se me había olvidado la pastilla. Me tomo el vaso de leche y me voy a la cama.

-Yo ya estaba arriba, pero me ha entrado hambre – dice sacando un caja de galletas de un armario- ¡Me llevo esto a mi cuarto!

-¿Pero vas a comer en la cama? ¡La vas a llenar de migas!

-No, si estoy escuchando música...

-Ah, ¿sí? ¿Qué escuchas?

-Si te lo digo no los vas a conocer, abu. ¡Hasta mañana!

-¡Pero espera, mujer, quédate un momento! 

La muchacha suspira resignada y se sienta frente a su abuelo.

-Un ratito sólo, ¿eh?

-¿Sabes qué canción me gustaba mucho a mí? - dice mientras la nieta le quita el precinto a uno de los paquetes- Una que decía... (y empieza a cantar)


“Jazmines en el pelo y rosas en la cara,

airosa caminaba la flor de la canela,

derramaba lisura y a su paso dejaba

aromas de mixtura que en el pecho llevaba.

Del puente a la alameda menudo pie la lleva

por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera.

Recogía la risa de la brisa del río

y al viento la lanzaba del puente a la alameda...”


-No me suena de nada- dice la joven

-Pero, ¿a  que es bonita?

-Si quieres que te diga la verdad,  no me he enterao, abu. Es que… yo qué sé… ¡Las canciones antiguas son raras!

La joven se levanta y se dirige hacia las escaleras que suben a su habitación. A medio camino se detiene.

-¡Oye, abu, que cantas muy bien, ¿eh?


Ya en su cuarto se sienta sobre la cama con las piernas cruzadas, se coloca los auriculares  y vuelve a ponerse la música del móvil.

<<Me acuesto intoxicado, ca' día más delgado

Pero ninguno folláis como mi gang ha follado (nah)

Cuando muramos se verá quién ha ganado

Quién 'taba en la right y quién 'taba equivocado (yeah)>>


3) Carlos y Bad Bunny

La mujer barre los escalones del porche. El brío al hacerlo espanta a las gallinas que picotean por el jardín. Su hermana la observa desde la mecedora.

-¿Ya han llegado tus inquilinos?

-Sí, anoche llegaron.

-A buena hora me iba yo a complicar la vida…

-¡Ay, déjalo ya! Ya sabes que ese dinero extra me viene muy bien.

-No, si no me parece mal que la casa de mamá te sirva como alojamiento rural y que la aproveches. Pero a mi no me compensaría. El año pasado te tiraste un mes para ponerla a punto y acuérdate de cómo te la dejaron…

-Bueno, pero ese es mi problema, no el tuyo.

-Vale, vale, allá tú…

Al terminar de barrer, la mujer entra en la casa, se dirige al salón y pone un disco en el viejo gramófono. Sale al porche y se sienta junto a su hermana.

“La noche que me quieras

desde el azul del cielo

las estrellas celosas

nos mirarán pasar,

y un rayo misterioso 

hará nido en tu pelo,

luciérnagas curiosas que verán

que eres mi consuelo.”


En la segunda planta de la casa de enfrente alguien sube una persiana.

-Ah, mira, parece que tus inquilinos se han despertado. Las doce y media de la mañana. ¡Buena hora!

-La juventud de hoy… Ya sabes.

La ventana se abre y empieza a sonar una música atronadora.


<<Tú me chinga' rico pero me trata' mal

Fui al psicólogo y me puso a fumar

Me dijo, "Si te patea, no te quiere na"

Son labio' compartido', lo dijo Maná

No confíe' en mujere', sólo en tu mamá

Si te corre como chinga, mete a Lui' y Maná. >>


-¿Y puede saberse cuánto te pagan por el fin de semana? Porque me parece que no hay dinero en el mundo para aguantar esto.

-Mira, ¿ves? ¡Ahí te doy toda la razón!

Y las dos terminan riendo.

***

A un montón de kilómetros de allí (hacia abajo, siempre hacia abajo) el diablo repasa su agenda. Todavía no ha elegido el día en que se abran las puertas del infierno para uso y disfrute de la Humanidad.

"Bueno, de todas formas… -piensa mientras se rasca un cuerno- el Apocalipsis está llegando por sí solo. Pasito a pasito".

***

En esta entrada han sonado metafísica y mefistofélicamente:

1) PPP, Kevin Roldán

Sombras, Lucho Gatica

2) La flor de la canela, María Dolores Pradera. 

Ready pa morir, Yung Beef

3) El día que me quieras, Carlos Gardel

La droga, Bad Bunny

19 de abril de 2022

EL CONVENTO DE LAS MANTIS

 Tendría yo unos nueve o diez años cuando me dio por escribir diálogos entre insectos. La idea de que unas hormigas hablaran con una araña, (que era una bruja), me pareció de repente una idea muy atractiva, y con el tiempo fui añadiendo protagonistas: un caracol, un saltamontes, un ciempiés... 

Fueron probablemente mis primeros intentos por dejar salir esa imaginación que me correteaba por dentro.

Imaginad cuál no sería mi sorpresa cuando poco después se empezó a emitir en la tele aquel programa de dibujos animados que se llamaba La abeja Maya,  en el que los insectos también hablaban entre ellos y en el que además aparecía una araña, (¡que casualmente era una bruja!) y un saltamontes, y un caracol… 

Recuerdo, a pesar de los muchos años transcurridos, la fascinación que aquello me produjo. Era como estar viendo mi propia idea en una pantalla, con formas y colores.

Algunos años después cayó en mis manos “El bosque animado”, el maravilloso libro de Wenceslao Fernández Flórez, que volvió a afianzar en mí la idea de que dotar a animales y plantas de emociones humanas resulta fascinante y seductor.

Y es por eso que, recuperando de algún modo aquella mi primera iniciativa de niño por escribir una historia de insectos, y sustituyendo el lápiz de ayer por  teclado de hoy, me aventuro a dar forma y color a una historia para el blog que he llamado “El convento de las Mantis”.

***

La comitiva, si aquello era tal cosa, estaba formada por dos escarabajos peloteros delante y otros dos detrás, escoltando a Monseñor Grillo, que  marchaba en el centro y se iba secando el sudor con un pañuelo. El incansable ritmo que llevaban aquellos guías tan bien entrenados  le obligaba a hacer un esfuerzo al que no estaba acostumbrado.

Tener que ir dando saltos lo tenía malhumorado; no era tanto por el denso calor de aquella tarde de agosto, sino por el polvo del camino, que estaba apagando el brillo de su  sotana, y para Monseñor Grillo, de natural presumido, tener buen aspecto era algo primordial.

-¿Están ustedes seguros de que no nos hemos perdido? -preguntó al enésimo brinco.

Una libélula en presuroso vuelo hacia su charca se detuvo en seco al ver aquellos cinco puntos negros avanzando por la senda y descendió  en picado para curiosear.  La sombra que proyectó en el suelo alarmó de tal forma a Monseñor Grillo que  instintivamente hizo una pirueta para ocultarse entre unas piedras.

-Le pido disculpas si le he asustado – dijo la libélula tras posarse a su lado – Tan sólo me preguntaba quiénes serían ustedes.

Uno de los escarabajos, tras dar un silbido a sus compañeros para avisar del alto en el camino, protestó.

-¡Señora, no es momento de detenerse a charlar! ¡Monseñor Grillo tiene mucha prisa!

- ¡No tanta! – dijo éste asomando la cabeza – Lo cierto es que  hace un calor cri... cri... crispante, y necesito un descanso.

La libélula accionó con fuerza sus cuatro alas para abanicar el sofocado rostro de Monseñor Grillo.

- Ahh, bendita sea su gracia, amiga mía. ¡Qué brisa tan ric...ric...rica!

-Puedo acompañarles -se apresuró a decir la libélula – Si ustedes me lo permiten, claro.

-¡Ningún problema!- dijo el grillo mientras se situaba de nuevo entre los escarabajos- Ahora que veo que no es usted ningún bandido cri… cri… criminal  de los que roban  anillos a los curas, venga con nosotros si le place.

-¿Y hacia dónde van?

-Voy a visitar el convento de las mantis religiosas, ¿lo conoce usted?

-Si es el que hay a los pies del ribazo de los almendros, se lo han saltado ustedes.

-¿¡Cómo es eso!? -exclamó Monseñor Grillo echando una mirada de reproche a los escarabajos.

Efectivamente, tras retroceder unos metros, llegaron al destino previsto. Las lluvias primaverales fueron tan abundantes que gran parte del convento estaba camuflado por hinojos y ortigas silvestres, que se habían apoderado del muro. De hecho todas las entradas estaban selladas y en la única puerta visible se había dormido un caracol serrano, impidiéndoles el paso.

-A ver, -dijo el grillo tocando con los nudillos el caparazón del molusco – estos individuos no se despiertan así como así. 

-¡Colegas! - bramó uno de los escarabajos- ¡A sacar a este tipo de aquí!

Y los cuatro se apresuraron en excavar por debajo del caracol hasta despegarlo del suelo y hacerlo rodar lejos de allí.

Al fin Monseñor Grillo pudo situarse ante la entrada del convento y pidió a los acompañantes que le esperaran allí afuera.

Tardó varios segundos en acostumbrar sus ojos a aquella penumbra. Fue al llegar a un claustro maloliente cuando descubrió nueve bultos estáticos como nueve columnas encantadas.

-¡Buenas tardes, hermanas!

Como un engranaje perfectamente sincronizado, nueve cabezas se giraron al unísono para mirarle.

A Monseñor Grillo se le heló la sangre.

-Santo Cri...Cri...Cristo -murmuró - ¡Qué famélicas están estas mujeres!

La abadesa dio unos pasos temblorosos hasta acercarse. Como dictaba el protocolo, Monseñor Grillo le ofreció la mano derecha. La mantis la aferró y besó su anillo durante unos segundos que al cura se le hicieron interminables. Cuando observó que la abadesa estaba lamiendo el anillo y también su dedo retiró la mano bruscamente.

-Pues estaba deseando conocerlas -dijo con forzada desenvoltura mientras caminaban alrededor del claustro– Me parece muy loable el recogimiento, el silencio y la oración del que son famosas en toda la comarca.

Vio entonces Monseñor Grillo algo extraño en el suelo, y al acercarse descubrió la pata trasera de un saltamontes, con su tarso y sus espinas.

-¡Por todas las almas benditas! ¿¿Qué hace esto aquí?? 

-No se alarme, Padre - dijo la abadesa con voz cavernosa- Es el brazo incorrupto de San Caelífero, de quien somos devotas.

-Pero… ¿aquí en el suelo? ¿No debería estar en una urna?

Al mirar hacia una monja muy joven que quedaba a su derecha, Monseñor Grillo quedó impresionado. 

-Hermana, – dijo a la abadesa bajando la voz– cuando yo me marche, hágame el favor de recri...cri.. cri...recriminar la actitud de la novicia que tengo a mi lado. 

-¿Por qué? ¿Qué ocurre?

-La he visto relamiéndose los labios de una forma muy soez. Es más, ahora mismo está chupándose las manos… ¡y los brazos! ¡Y lo hace sin apartar la vista de mí!

-Es que es tan joven, Padre… ¡y tan inconsciente! Pero sí, la castigaré por ello.

-Bueno, tal vez no sea necesaria demasiada acri...cri… acritud. ¡Pero llámela al orden!  Algo así no es digno de este santo lugar. 

Fue entonces cuando Monseñor Grillo, aturdido ante tanta anomalía, decidió acelerar su partida y dio una palmada al aire que, por inesperada,  levantó las túnicas aladas de las religiosas.

-¡Cri...cri...criaturas de Dios!, – dijo proyectando la voz – quisiera que sigáis siendo las almas puras y cri… cri… cristalinas que veo en todas vosotras. 

Las mantis fueron acercándose hasta rodear al grillo.

-Voy a leer un breve salmo de las Sagradas Escri… cri… cri… Escrituras... 

Al levantar los brazos mostró ampliamente su vientre orondo, brillante, emanando efluvios de calor estival, con fragancias del polen y del polvo del camino.

Los dieciocho ojos fervorosos que lo observaban reflejaban la palpitante panza del santo grillo.

-Y hagamos ahora un acto de contrición…

Pero de los estómagos de las mantis, ajenas ya a la verborrea del orador, sólo se escuchaban actos de contracción.

-¡Madre! - interrumpió una de aquellas monjas dirigiéndose a la superiora- ¿nos da usted su permiso? 

Y la abadesa, con un imperceptible temblor de mandíbulas susurró: “Adelante, hermanas”


Los cuatro escarabajos vieron el anillo de Monseñor Grillo salir rodando por la puerta. Uno de ellos, cansado de tanto esperar, entró al convento y regresó con la cara desencajada.

-Compañeros, ya podemos irnos.

-¿No esperamos a Monseñor Grillo? - preguntó la libélula.

-De Monseñor Grillo ya sólo podría salir su alma. Y visto lo visto, ¡ni eso creo que le vayan a dejar!




20 de marzo de 2022

EL BESTIARIO DE JURADIA

Hablando en serio, ¿cómo puede haber gente que dude de la existencia del monstruo del lago Ness? ¿Qué razón de existir tendría ese lago escocés sin su tímida criatura guardando las profundidades? Sería tan absurdo como triste.

Pero para ahondar aún más en lo insólito, también hay un abundante número de habitantes de este planeta que no cree en los fantasmas. ¡Por favor! Hay muchísimos castillos vacíos , muchísimas mansiones sombrías como para desperdiciar la oportunidad de que los habiten estos admirables entes. Con ese dejarse ver sin ser vistos del todo, su postureo tras las ventanas y ese escalofriante arrastrar de cadenas... ¡Son absolutamente necesarios! ¿Qué falta de empatía es esa?

Yo tendría que haber vivido en la Edad Media, cuando el mundo estaba a medio descubrir, cuando apenas había libros al alcance de la mano y la gente creía en lugares mágicos y seres fabulosos. ¡Claro que sí! Vivir creyendo que tras la cascada de un bosque neblinoso podías encontrar un unicornio  de blancas crines  debió de ser excitante a más no poder. Donde esté algo así que se quite Internet.

La certeza de que si viajabas más allá de tu modesto hogar arribarías a lugares donde habitaban las sirenas, los dragones, los duendes o bestias de muchas cabezas...  es que no veo más que pura adrenalina y ganas de emociones fuertes. 

Hoy me siento tan medieval que, aunque sea por unos minutos, seré uno de aquellos hombres de fe que ilustraban y describían lo nunca visto con tanta precisión que hasta ustedes mismo se contagiarán de mi apasionamiento y creerán en estas bestias.

Eso sí, pongan un poco de su parte, por favor.

EL COCKADULIDO

Vive en las grutas más profundas de las montañas calizas del Yemen. 
El Cockadulido es del tamaño de un caballo sin jinete. Tiene cabeza de pollo patriarcal, cuerpo de rinoceronte  serrano y cola de reptil sin precisar. 
Se puede reconocer al macho por tener en su lomo una mancha con el relieve exacto de la región de Murcia. Las hembras tienen la piel mucho más hidratada y ponen cinco veces más huevos que los machos. 
Son muy dados a cascar nueces con las patas traseras, aunque rara vez las ingieren después. Es más por el crujido, que les mola. 
Se alimentan exclusivamente de pequeños coleópteros macerados con el rocío de la madrugá.
Son extremadamente peligrosos, pero sólo si te adentras en las grutas más profundas de las montañas calizas del Yemen y gritas: ¡Sal, hijueputa!



EL TAPYRSIGUIDO

Bestia maravillosa muy de ver y  poco hallar.
Apreciada como mascota de nobles y noblesas que gustan de admirar su cabeza de tapir, cuerpo de tigre, cola de escorpión y alas de libélula.
Sale de su escondite en  muy raras ocasiones, especialmente si algún presbítero va echando por el suelo pulpa de tamarindo. 
Su caza es muy elaborada pues hay que embriagarlo con grandes cantidades de vino de Oporto, y una vez dormido enfundar sus orejas, altamente venenosas (no así su aguijón, que es de adorno).
Los más valiosos tienen una de sus patas albinas y una garra de iguana azulífera que rasca las espaldas como nadie.
Sus alas tardan 76 años en desarrollarse del todo. Para cuando están listas, el tapyrsiguido ya no tiene ganas de volar.


EL NOSFERUBEATO

Pasa las horas del día dormitando en las más altas ramas de los más altos árboles en las montañas más altas de Malta, husmeando lo que se cuece desde allá arriba.
El Nosferubeato tiene cabeza de murciélago trasnochador, cuerpo de águila vieja y cola de patas de calamar. De su cuello cuelga siempre una medalla de Nuestra Señora de Covadonga, de quien es devoto.
Existe una gran variedad de familias de Nosferubeatos: el moquillo amarillo, el ojillo de almendra, el piquito de oro, el golfillo cornudo, el calvete de ronda... Todos realmente parecidos salvo por sus grados de sordera.
La infusión de su cola sirve para curar la gota y sus excrementos tapan las goteras.
Su imagen aparece en el escudo de los Condes de Malabares y Sigüenza.



LA MORSAGEA

Avistada por los más osados marinos que sortean las costas de Terranova, Finisterre y Terraterre, la Morsagea aparece entre la espuma de los acantilados portando el Mundo en su aleta derecha. 
Su imagen es la de una magnífica cabeza de ciervo con cuerpo de morsa y barbas de orangután, y en su lomo lucen las plumas de las 18 especies de aves del paraíso en orden alfabético.
Tan bella  estampa suele dejar sin aliento a los hombres de la mar, que vomitan por la borda entre lágrimas de fervor y hurras a los cielos.
En la época de apareamiento la Morsagea deja brotar alguna planta trepadora por sus astas. Cuando la planta florece, la bestia eructa, sonríe y cae muerta al mar, llevándose consigo al Mundo entero.



LA BELICAE HIRSUTA

Es la más temerosa bestia que pueda conocer la Humanidad. 
Se arrastra por los Urales como una viscosa serpiente cascabel (de auténtico cascabel dorado, para deslumbrar a los incautos), cartilaginosas patas de araña y cabeza de misil que mira amenazante hacia occidente.
No sirve como mascota, ni siquiera como palabrota, tampoco como remedio para los males pues ella es el mal sin remedio.
De todos los  monstruos aquí expuestos es el único al que les permito que ignoren y olviden y opto por que quede aplastado en este bestiario de la Edad Media que me acabo de inventar y que devuelvo a los anaqueles del siglo X.

Y ya, antes de despedirme, tan sólo una pregunta:

¿Verdad que deberíamos apoyar la existencia de nuestro inocente monstruo del lago Ness?

12 de marzo de 2022

TESOROS DE ROJIZO RESPLANDOR


 Y de nuevo es protagonista mi bisabuelo Francisco, como en la entrada anterior.

Esta es una foto tomada en  1965, en la boda de mis padres. 

Me dicen que fue siempre un hombre de buen carácter y excelente salud, a pesar de que siempre andaba con un cigarrillo entre los dedos.

"¿Sabes cuándo empecé yo a fumar? -comentaba- ¡En Cuba! Las negras de allí me enseñaron a liar tabaco."

Por fortuna nunca tuvo ninguna enfermedad, ni tan siquiera leve, y caminaba ágil y "molt be plantat", como decía mi abuela.

Me cuentan que mi bisabuela Ana María envejeció mucho peor que él, y llegó un momento en que una de sus hijas se la llevó a su casa para atenderla mejor. Mi bisabuelo, que siempre había vivido en el campo, no se vio capaz de encerrarse en un piso en la ciudad y prefirió quedarse con la otra hija, mi abuela.

"Pero cuando llegaba el fin de semana - cuenta mi madre -  se acicalaba a conciencia, frotándose  cabeza y cuello con aguardiente, porque era lo que mejor le funcionaba para eliminar la grasa de la piel, y cuando se vestía y se ponía el sombrero nos decía: <<¡Hala, me voy a ver a la novia!>> y se marchaba a ver a su mujer"

Ana María murió sin llegar a conocer a ninguno de sus catorce bisnietos, pero Francisco, que alcanzó los 92 años de edad, pudo ver las caras de seis de ellos, siendo el último un tal Juan Ramón, que en estos momentos está rememorando esta historia.

Una mañana de domingo, paseando por el mercadillo que ponen junto a la iglesia de Orito, mi bisabuelo se acercó a  uno de los puestos para comprarme el que considero mi primer juguete, y que, aunque parezca mentira, todavía conservo.

Me encanta contar esta anécdota porque el regalo en cuestión fue... ¡un pequeño tridente de madera!

Pensar que fue una casualidad me resulta de lo más aburrido. Yo prefiero creer que ya vio en mí a un pequeño diablo (tenia tan solo dos años cuando me lo compró) o que intuyó que ese bisnieto iba para diablo y necesitaba sus accesorios.

También es posible que todo comenzara en el mismo momento en que agarré yo aquel "cetro" y que ese gesto me hiciera comprender para qué estaba yo predestinado.

En cualquier caso, creo que mi bisabuelo acertó de lleno al elegir aquel objeto para mí. Seguro que nunca imaginó hasta qué punto.

Que tuvo muy buena salud hasta el final lo demuestra el hecho de que murió de repente, sin muestras de aviso. Una mañana estaba viendo cómo cambiaban el pañal a uno de sus bisnietos y haciendo incluso bromas al respecto cuando la vida le dijo "hasta aquí hemos llegado". Se fue sin molestar, sin sufrimiento, sin hacer ruido.

El tridente es, por tanto, el primer tesoro del que quería hablar. 

El segundo perteneció a mi abuela Anita y podría considerarse el contrapunto del anterior. 

Esta foto fue tomada en 1913, el día de su Primera  Comunión. 

Anita era la mayor de las tres hijas de Francisco y Ana María. La pequeña era Concepción, y Práxedes, la segunda, fue una niña tan particular que quise contar su historia  aquí

Observando la foto, se puede apreciar sobre el reclinatorio el pequeño misal de tapas de nácar que llevaba aquel día. 

Pues bien, un día lo encontré en su casa y me pidió que lo guardara yo.

Hoy pienso que fue su forma de dar equilibrio a mi vida.

"Si mi padre te hizo diablo, -debió pensar- yo te doy ese misalito, para que no seas malo del todo"

Y por eso será que he conseguido ser un buen diablo. Pero ojo, "buen diablo" no es un oxímoron en este caso. Soy un buen diablo porque soy un diablo de los buenos, de los de verdad. ¡Eso que quede claro!


En la tapa posterior hay un lugar donde guardar el crucifijo. Una  pestaña abatible sirve para abrir o cerrar ese mágico escondite.


(Mi abuela Anita y yo)

El tercer tesoro es el peor conservado, aunque, según como se mire, está en perfectas condiciones.

Y también le encuentro hoy una explicación a que lleve tantos años conmigo.

La historia viene de cuando éramos niños. 

A finales de los años 70 y principios de los 80 nuestros primos de Sevilla venían de vacaciones a Petrel. ¡Qué veranos aquellos! No nos cansábamos de jugar.  Cuando no era al escondite, era a polis y cacos, o a mojarnos con la manguera, o a hacer cabañas, o a contar historias de miedo... 

Yo me llevaba especialmente bien con mi prima María José, que a sus 12, 13 años cantaba perfectamente las canciones de Olivia Newton-John; las de Grease y Xanadú. A mí se me caía la baba escuchándola.

(Mi prima María José conmigo y mis hermanos)

Una de aquellas tardes, momentos antes de regresar a Sevilla, estuvimos jugando a intentar comernos unas manzanas colgadas de un árbol, sin utilizar las manos, cosa nada fácil. Llegó la hora de despedirnos y de ver con pena cómo subían todos a aquel Renault 12 rojo y se alejaban por el camino del campo.

Poco después pasé por el árbol donde colgaban las manzanas mordidas. El pensar que unos minutos antes habíamos estado riendo allí me produjo una nostalgia enorme y no sé bien por qué decidí que tenía que guardar la manzana que se había comido mi prima, con la idea de mostrársela cuando volviera.

Y así ocurrió. Se sorprendió al verla al verano siguiente, arrugada y oxidada y le hizo gracia el que hubiera tenido yo la ocurrencia de guardarla.

¿Y qué hice entonces? ¿Tirarla a la basura? No, qué va, ya puestos pensé que la podía guardar un año más. Y después otro. Y otro. Y otro.

Y sí, la manzana en cuestión, la que se comió mi prima aquel verano ¡tiene hoy más de cuarenta años!

(Hasta  el hilo con el que fue colgada)

Digo yo que si el diablo tuvo mucho que ver con una manzana (la de Adán y Eva) yo no iba a ser menos y guardo como un tesoro la manzana de María José, tan prehistórica ella, tan en los  huesos la pobre. Pero con un ADN sano como un roble, que lo sé yo.

Madre mía, creo que estoy fatal.
Pero también creo que me ha quedado una entrada chula, ¿no?

23 de febrero de 2022

MI BISABUELO FRANCISCO

 Conservo este carnet de mi bisabuelo, fechado en el año 1949.

"ASOCIACIÓN DE SUPERVIVIENTES DE LAS CAMPAÑAS DE CUBA Y FILIPINAS"

¡Cuántas cosas imagino al leer ese enunciado!  Creo que podría dar paso a una apasionante novela en la que se hablara de valor, de sufrimiento, de adaptación, de añoranza, de hermandad, de vencedores, de vencidos... 

Y cómo me hubiera gustado escucharle contar las experiencias de aquella etapa de su vida de la que apenas nada sé.

Aunque algunas cosas puedo contar.

Sé que embarcó en Alicante, en el año 1895, a bordo del vapor "San Agustín" y que el viaje hasta Cuba duró dos semanas. Tenía entonces 19 años.

Como ya sabemos, en aquella guerra contra Estados Unidos, España perdió las últimas colonias que tenía en ultramar: Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam, y dicha pérdida dio lugar a la expresión "desastre del 98" y a una generación de escritores con un marcado pesimismo en sus obras.

Mi abuela contaba que su padre fue ayudante de un alto mando en La Habana y que en una ocasión éste le ordenó que se apresurara a prepararle un café pues tenia que marchar a otro lugar. Por más que buscó, mi bisabuelo no encontraba el colador, así que con tal de no resultar un inepto y cumplir la orden con diligencia, se sacó el pañuelo del bolsillo y lo utilizó como filtro, saliendo airoso del apuro. 

Mi madre, su nieta, también nos contaba algunas anécdotas. 

"Estando en Cuba le llamó mucho la atención encontrar tantas parejas mixtas, con hijos blancos, negros y mestizos, y hablaba de haber visto a una mujer negra con grandes rodales claros en la piel, lo que le recordó a una vaca"

Esta es otra  foto que se hizo en La Habana muy bien conservada.

Buscando información sobre aquella contienda he encontrado una detallada relación sobre las bajas que me ha dejado sobrecogido. Dice:

 "Salvo error u omisión, estas fueron las bajas en Cuba:

Muertos en el campo de batalla: 2.032

Muertos a consecuencia de las heridas recibidas: 1.069

Muertos por la fiebre amarilla y el vómito: 16.329

Muertos por enfermedades diversas o accidentes: 24.959

Total: 44.839"

Es decir, que las bajas en lucha fueron  de un 7% frente a ese brutal 93%  debido a enfermedades. Es algo que desconocía por completo.

Y ésta es otra de las cosas que recordaba y comentaba mi bisabuelo, que conoció a un general que tomaba pequeñas dosis de veneno con la intención de tratar su enfermedad. Ignoro si  conseguiría vencerla.

Desde luego con estos datos tan sorprendentes, la palabra SUPERVIVIENTES del carnet parece cobrar mucha más importancia. 

Cuando tres años después mi abuelo regresó a su Petrel natal, Mercedes, la novia que había quedado esperándolo se había comprometido con otro joven.

"Uy, aquello trajo cola - recuerdo contar a mi abuela - Ocurrió que un día de mucho calor;  iban varios jóvenes paseando por el campo y un tal Perico, al que apodaban "Tres y pinta", le prestó a Mercedes un abanico. Cuando después ella fue a devolvérselo él le dijo que se lo regalaba. Y mira, que a partir de aquello se hicieron novios"

Mi hermano Fran, el "historiador" de la familia nos amplía información.

"Aquel abanico es conocido por ambas familias como "el abanico de tresipinta". Todavía existe, lo conservan los descendientes enmarcado y  desde luego no fue un regalo cualquiera. Tiene adornos dorados en la madera, y bordados de lujo... Vamos, que no lo tenía en el bolsillo por casualidad,  fue claramente su táctica para conquistarla."

La ruptura del compromiso enemistó a ambas familias, que dejaron de hablarse.

"Fíjate - me contaba Fran-  que ya se habían hecho fotos juntos, cuando en aquel tiempo hacerse una foto en pareja antes de una boda significaba un compromiso muy serio. Así que los padres de él rompieron todas las fotos en las que aparecía Mercedes."

Pero qué vamos a hacer nosotros, los descendientes de mi bisabuelo, sino alegrarnos de que aquel fuera el designio del destino. La historia hubiera sido otra y yo no estaría aquí para contarla. 

¿Que perdió la novia al marchar a la guerra? Se me ocurre una expresión muy ad hoc: "¡Más se perdió en Cuba y vinieron silbando!" 

Dice mi madre que nuestra bisabuela Ana María se alegró muchísimo al saber que Francisco se había quedado sin novia pues estaba secretamente enamorada de él. 

"Y tuvo la dicha de que él le pidiera matrimonio. Y vivió  a su lado profundamente enamorada. Hasta el último día de su vida"

Y si quedaba algo curioso por contar, aquí lo traigo: 

Mi prima Carmen, bisnieta al igual que yo de Francisco y Ana María, se casó en 1979 con Tivo, ¡bisnieto de Mercedes y Perico!, por lo que, mira por dónde,  el tiempo volvió a unir a las dos familias: los Carrasco y los Tresipinta.

Pero cómo no sería de sonada la ruptura de aquel compromiso que el incidente siguió coleando durante muchos años. De hecho, me contaba Tivo que antes de su boda con mi prima Carmen, una mujer de la rama de los Carrasco le dijo: "Ahora no se te ocurra hacer como tu bisabuela, que dejó al novio plantado" (¡Toma dedito en la llaga!)

Creo que otra cosa graciosa es que en esta entrada  yo sólo iba a contar una anécdota de mi bisabuelo relacionada directamente conmigo, pero la aparición del carnet de superviviente ha desembocado en todo esto. 

La dejaré para la próxima entrada, que hoy ya se ha hecho tarde.     

20 de enero de 2022

EMPEZARÉ EL AÑO CON PEPINILLOS

 Acabo de meter en la nevera de mi centro de trabajo un nuevo tarro de pepinillos. 

Se habían acabado y era fundamental reponerlos para sentir que todo funciona bien.


No sé si es curioso o preocupante, pero en mi vida hay determinados actos cotidianos  que durante mayor o menor tiempo se llegan a convertir en rituales inamovibles.

No concibo, por ejemplo, comenzar  mi jornada laboral sin hacer lo siguiente:

1) Llenar de agua la botella que habré de beber durante la tarde.

2) Dar una vuelta por todo el edificio para apagar las luces innecesarias.

3) Abrir la nevera y comerme un pepinillo.

Con las dos primeras jamás he tenido  problema, pero en ocasiones, cuando se terminan los pepinillos, pueden pasar un día o dos hasta que vuelvo a comprar más y en esos días de abstinencia me queda una sensación de protocolo fallido, de labor descompensada, de no empezar bien el día.

Lo cierto es que ni yo mismo entiendo cómo han llegado a ser los pepinillos un aliciente crucial de mi día a día si cuando yo era joven (más joven, quiero decir) no me gustaban en absoluto y siempre los sacaba de las hamburguesas del Burger King

Pero, misterios de la vida, hoy me chiflan.  

Es casi una experiencia mística coger un tarro grande de la estantería del supermercado y observarlos a través del cristal, amontonados como extrañas vainas  de un color verde ciencia ficción, como si fueran criaturas deformes creadas por un científico sin alma. Además, si agitas el tarro, las semillas del fondo empiezan a navegar ralentizadas, como  esporas que despiertan de un eterno letargo en  su medio agridulce artificial.  ¿Puede haber algo más bello?

También puede resultar raro que, cuando tanto me gustan, sólo me coma uno al día. Es algo que ni yo mismo sabría explicar pero que forma parte de ese ritual que se ha de cumplir con respetuosa precisión: 

Abrir bote.

Extraer pepinillo con los dedos.

Dar mordisco a 1/3 del mismo.

Escuchar el sonido cruuj (de crujiente)

Permitir la total sumisión de las papilas gustativas.

Dar el segundo mordisco con los ojos en blanco.

Masticar el último trozo entre velados suspiros.

Chuparme los dedos.

Cerrar bote  y hasta mañana. 

Estaremos de acuerdo en que el concepto de felicidad  no se puede definir con precisión, por ser ésta tan subjetiva y hallarse  en cosas diferentes según cada cual, pero sería interesante que cada individuo  intentara definir su idea de  felicidad, describirla  según sus gustos y  sentimientos  personales. Me encantaría saber qué lugar ocuparían los pepinillos  en ese ranking . Queda expuesta la idea para cualquier estudiante que me lea.

Abro paréntesis para decir que he buscado en Google algún estudio sobre la felicidad y he encontrado que existe una forma “científicamente correcta” de llevar la taza de café. No tiene nada que ver con el asunto pero, oye, también puede hacer feliz a alguien saber algo así.

Resulta que, según el coreano Jiwon Han,  ha de cogerse por la parte superior y con la mano en garra. Y que la fórmula que  demuestra que es el modo ideal es la siguiente:

También he encontrado otro estudio que se realizó en el Centro de investigaciones Sisheido, en Yokohama, Japón, que llegó a la la conclusión de que las personas que creen tener olor en los pies, tienen olor en los pies, y las personas que no creen tenerlo, no lo tienen. 

Fascinante.

Cierro paréntesis.

Pero ahora que profundizo un poco en esto, me parece que los pepinillos en sí mismos no serían una de mis acepciones de “felicidad”. Lo verdaderamente gratificante es el “momento pepinillo” como una de las partes de ese todo indivisible que es la ceremonia que realizo a la una de la tarde.

De hecho, de buena mañana un pepinillo a secas podría resultarme la  antifelicidad, lo que demuestra, efectivamente, cuán complicado es definir este término incluso a modo personal.

La felicidad total y absoluta a cualquier hora del día sería, por ejemplo, una cucharada  de dulce de leche. ¡Eso sí que sí! ¡¡Pecado mortal de salvación eterna!! 

Y digo una cucharada por no decir el bote entero. Aquí no habría procedimiento de “una al día y hasta mañana”. Lo mio con el dulce de leche es  de veneración y entrega.

Tengo la total convicción de que si se hiciera un concurso mundial para encontrar al mayor goloso del mundo yo entraría en el Top 5 (bueno, quizás he exagerado, pero en los 25 primeros seguro que estaría)

Lo que me fastidia es que cuando yo era joven (me refiero a más joven de lo que ahora soy) podía darme atracones de pasteles sin que se  me alterara el perímetro corporal. Creo que el problema está en que la mente obvia a la edad pero el cuerpo se aferra a ella  con devoción. El cuerpo es un maldito fundamentalista de la edad.

Para suplir esta necesidad de dulce felicidad he llegado a autoexperimentar algo maravilloso. De momento es sólo una hipótesis  que está en fase de prueba y error, pero parece (creo) que tiene base para ser verdad.

Esta es mi teoría:

“Cuando te comes un dulce a escondidas, sin que nadie te vea, no engordas” 

¿Verdad que es ilusionante?

El único problema que le veo es que muchas veces corres el riesgo de ser pillado en la despensa con el polvorón en la boca, y eso hace que lo  engullas deprisa y sin saborear el instante.  Pero en fin… el que algo quiere, algo le cuesta.

Creo que la demostración de mi estudio (que como digo empieza a rozar el axioma), radica precisamente en el hecho de formar parte de la ley de compensaciones: las calorías que se ingieren se queman rapidamente ante la agotadora tensión que vives porque nadie te pille metiendo la cuchara en las natillas de la nevera. 

Por esta razón, el experimento no funciona si por ejemplo vives solo y nadie puede descubrirte. Si no hay riesgo alguno de ser pillado, el cuerpo se relaja y las calorías hacen estragos. Es de una lógica aplastante.

Otros ¿rituales?, ¿manías? (las llamaré “ritumanías” ) que iba a contar en esta entrada van a quedar para otra ocasión. Más que nada por no crear ardores estomacales.

Muchas gracias por la atención (si es que la ha habido porque yo después de ver la fórmula del coreano me he salido de mi cuerpo) 

PD. Llevo un buen rato pensando qué titulo le pongo a todo este despropósito y nada, que no me sale.