25 de septiembre de 2009

EL DIABLO EN BARRANQUILLA ( y V)



Tomé esta foto en el interior de un autobús de Barranquilla.
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"Aquí todo es diferente", decía el cartel.
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Verdadera mente pude comprobar que existen notables diferencias entre España y Colombia en muchos aspectos. Cada país tiene su idiosincrasia que la hace particular a los ojos de los demás (Spain is different para los foráneos también) pero qué difícil encajar a veces realidades tan distintas, y aun partiendo de la base de que hemos de ver las cosas con amplitud de miras y tener predisposición a observarlas como hechos que se han establecido culturalmente a través de los años e incluso de los siglos, cuesta aceptarlas.
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Reproduzco algunos de los párrafos que escribiera mi padre en sus Anécdotas americanas como ejemplo de una de tantas particularidades:
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"Aquí el 80% de los matrimonios no sigue ningún trámite previo. Son escasos los matrimonios civiles y escasísimos los casamientos eclesiásticos. Lo típico es la unión libre. La mujer se une sentimentalmente al hombre, que se la lleva con él y todos lo ven con absoluta normalidad, siempre que la mantenga. Si él es casado y la nueva mujer se queda en su casa, basta con que la mantenga y sólo está mal visto el que no le compre un juego de dormitorio.
Se comenta: "Fulanita lleva tres meses con Fulanito y él todavía no le ha comprado el juego de cuarto, ni siquiera una cama..."
El juego de cuarto que se regala, da inmunidad al hombre, y si con el tiempo la deja y se lo regala, es incluso considerado generoso. Si el hombre se marcha dejándola embarazada no es una noticia que cause el menor impacto, por lo que hay jovencitas con dos o tres hijos, del mismo o de distintos "maridos", que tienen que sacar adelante a sus hijos, y salvo que sus maridos trabajen y tengan reconocidos a los pequeños - en cuyo caso pueden obtener una pobre pensión - tienen que valerse por sí mismas para subsistir.Si un hombre abandona a una mujer es porque ella no ha sabido hacerlo feliz o no es buena esposa, y éste es el concepto que aquí se tiene de la decisión.
Conozco a hombres que tienen varias esposas. Todo el mundo lo sabe y nadie reclama nada mientras las mantenga a todas y, claro está, les haya puesto un juego de cuarto. Cuando ya no le interesa alguna, deja de visitarla y no pasa nada, pero que no se le ocurra reclamar el preciado juego de cuarto, porque entonces la repudiada sí se sentiría ultrajada".
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Es muy propio de mí que, cuando me hallo en un entorno que no es el habitual y experimentando vivencias fuera de lo común, me haga una autollamada mental para tomar conciencia de la situación ("Eh, abre bien los ojos, empápate de todo lo que ves, porque puede que no vuelvas a vivir un momento como éste")
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En Barranquilla no iba a hacer una excepción.
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En multitud de ocasiones pensaba "¡Joder, estoy en Colombia! ¡Esto es Sudamérica! ¡Qué lejos de mi casa! ¡Parece mentira!", e intentaba que todo lo que miraba quedara grabado en mi retina para llevarme aquellas imágenes conmigo.
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De nuevo en España, quiero rememorar en mi blog algunos de aquellos momentos de mi estancia allí, con mis hermanos y nuestro padre.
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Como el viaje en autobús a Santa Marta. Un viaje a través de largas carreteras en las que proliferaban inmensos manglares a derecha e izquierda, seguro refugio de garzas y caimanes.
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O la visión de los míseros poblados a la orilla de la carretera, construidos con láminas de chapa mal ensambladas, destartalados y sucios, en los que las gallinas picoteaban entre el barro y los niños corrían semidesnudos jugando a perseguirlas. Me fijé en ellos y, a pesar de todo, parecían felices.
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O las relajadas horas que pasamos comiendo junto a la playa de Santa Marta y los baños en un mar cuya arena, al ser batida por las olas, parecía convertirse en brillante y plateada purpurina.
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Me divierte rememorar nuestro afán por leer las portadas de los periódicos que pudiéramos encontrar, pues algunos traían titulares con expresiones tan distintas como llamativas. No nos divertía la noticia dramática, claro está, sino el lenguaje empleado.
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Cómo recuerdo el viaje en aquel taxi en cuyo interior encontré a un somnoliento niño de la edad de mi hijo (que para colmo también se llamaba Samuel) y la oleada de añoranza que me hizo sentir. A la fuerza se hubo de poner de pie entre los dos asientos delanteros, recostado en el que ocupaba su padre, el taxista. Este hacía tamborilear sus dedos sobre el capó del coche, imitando el sonido de un caballo al trote.
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- ¡Eh, Samuel, ¿oyes?, un caballo! Despierta, Samuel.. Es que le gustan mucho los caballos, ¿saben? - nos decía.
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Pero al niño, aunque se esforzaba por abrir los ojos, el cansancio le vencía y se amodorraba en silencio a la vera de su padre.
Sufrí mucho en ese trayecto porque cualquier frenazo hubiera estampado al pequeño contra el parabrisas (allí nadie parece preocuparse de estas cosas) y porque me enterneció ese niño y de alguna manera, me identifiqué mucho con su padre.
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Atesoro otros muchos momentos, pero dejaré aquí escrito uno en especial, el de una tarde en la biblioteca de mi padre.
La ventana estaba abierta y de la calle llegaba el rumor de una tormenta.
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La biblioteca de mi padre me fascinó desde el mismo momento en que la vi, pues es un lugar acogedor que tiene un aire de camarote de barco, con el techo de madera y dos paredes ocupadas por estanterías con libros de arriba a abajo. A mí se me pueden pasar las horas como un suspiro cuando me encuentro en cualquier librería, rodeado de libros. Sólo el hecho de leer sus títulos y hojear los que me llaman la atención me parece un pasatiempo de lo más gratificante. Ya conté que además prefiero los libros usados a los nuevos, y en aquellas estanterías encontré cientos de volúmenes de segunda mano, viejos pero en buen estado, en los que hallé en ocasiones los nombres de las personas a las que pertenecieron y las fechas en las que fueron comprados.
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Aquella misma mañana me contaba mi padre que en los años que lleva viviendo en Barranquilla fue comprando poco a poco libros y más libros en librerías y rastrillos del centro de la ciudad, seleccionándolos con buen criterio hasta tener una biblioteca muy de su gusto.
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- Compré muchos de ellos a un librero que llegó a ser entrevistado en la televisión
- ¿Y eso?
- Tenía una librería en la que casi no podías dar un paso. Columnas de libros aquí, montones de libros allá. Y era famoso por una particularidad.
- ¿Cuál?
- Que era analfabeto.
- ¡No me digas! ¿En serio?
- Toda la vida rodeado de libros y dedicándose a venderlos y no sabía leer ni escribir.
- ¡Qué cosas tiene la vida!
- Desgraciadamente se suicidó recientemente. Creo que tenían intención de embargarle, o algo así…
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Los visillos de la ventana empezaron a abultarse y a bailar con la llegada de una fresca brisa y de repente comenzó a llover a mares. Todos mis sentidos se embriagaron con el aroma de la tierra cuando se moja por la lluvia y el de los viejos libros en mis manos. Pensé entonces que escribiría en el blog sobre el librero de Barranquilla, como acabo de hacer. Quede aquí un homenaje a su persona y al noble trabajo que desempeñó.
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- Quiero que os llevéis todos los libros que queráis – nos dijo mi padre.
- Ja, me los llevaría todos si pudiera, pero no, quédatelos aquí.
- No, en serio, llevaos todos los que os gusten, os los regalo.
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Recordé entonces aquel suceso de la mariposa negra que leí en su blog, aquel en el que explicaba por qué un buen día dejó de comprar libros y que recomiendo leáis para que, al mismo tiempo, podáis comprobar la excelente literatura que, por desgracia cada vez menos, practica mi padre y que desde siempre tanto admiro.
Uno de los libros que, no sé por qué, me traje de Barranquilla

Titular periódico Al día (Barranquilla, 14 agosto 2009) Santa Marta, Santa Marta, tiene tren...

... pero no tiene tranvía (ni falta que le hace)

El pequeño Samuel, rendido de sueño. No es Cuba, pero lo parece. Fran y Ana en la famosa fiesta de cumpleaños.

Milena, JuanRa, Ana y Valery en una noche caribeña.

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Quiero dedicar estas entradas a mis hermanos, a mi padre y a la nueva familia que allí conocimos: a la dulce Milena y a la pequeña Valery que nos miraba y nos escuchaba con verdadera admiración y en cuyas cartas se dirige a nosotros como esos hermanos mayores a los que tanto echa de menos y tanto quiere. (Os aseguro que si la hubierais conocido os habría robado también el corazón)
Dejo en estas líneas mi amor por todos vosotros.

21 comentarios:

peibol dijo...

La aventura ha tocado a su fin, y aunque seguramente habrá más anécdotas más en el tintero, nos dejas a todos con buen sabor de boca; con la impresión de que se ha cerrado un ciclo.

Sudamérica puede tener mucha riqueza cultural y tesoros, pero lastra un machismo desfasado que choca mucho con nuestra realidad europea. ¡Ojalá se acabe superando pronto! Imagino vuestras caras al ver cómo se asume el papel de la mujer allí, mientras tu padre lo cuenta con la mayor naturalidad del mundo...

Los libros viejos tienen un encanto especial; es como si fueran sabios y te recibieran bajo un: "ven aquí y léeme, hazme caso, que otros ya lo han hecho y no te vas a arrpentir". Los nuevos los imagino recibiéndonos con más inquetud, como si no confiaran del todo en sus posibilidades de seducción. ¿Ves algún sentido en lo que digo, o te parece que estoy perdiendo la cabeza? XD

Un abrazo ;)

Anónimo dijo...

Bonito fín, para tu gran aventura en Barranquilla,tu padre y toda tu familia se sentiran orgullosos de como lo has escrito y compartido con todos los que a tu rincón nos asomamos, espero verte pronto.
Un beso manchego
Mar

pichiri dijo...

En tus cinco entradas has esbozado a grandes rasgos la estampa de esta Colombia que me sedujo y me enamora. Gracias por tu dedicatoria y por los elogios inmerecidos que me dispensas, que yo te revierto con todo mi cariño.
La vida es corta pero dá para todo, incluso para un segundo viaje a Colombia, esta vez acompañados de vuestras esposas, esposo y de mis queridos nietos, a los que, por cierto, no he podido escribir porque parece ser que algún virus ha infectado mi computador y me ha borrado todo el material que tenia archivado en mis documentos y además me impide conectarme con mi correo. Gracias a Dios no me ha borrado el blog, pero os agradeceria que lo pusieseis a salvo antes de que eso ocurra. Comenta esta incidencia con tus hermanos para que sepan el motivo de mi silencio y decirselo tambien a Samuel, Anna y Marta para que no crean que los he olvidado. "No sabeis los corazones que habeis destrozado". Tomás, si conocieras a la vecinita que se ha enfadado con Milena por no haberla invitado a la fiesta y que se muere por conocerte, ya estarias sacando de nuevo pasaje para Colombia.Es médico y bailarina y practica las dos actividades.

Ripley dijo...

bonita entrada y...larga como acostumbras pero me la he leido enterita que conste. a mi tb me fascinan los libros y puedo perderme horas en una biblioteca, me gustan los libros usados y de viejo de hecho en madrid existe un lugar y una feria anual para comprar libros viejos y usados de las que soy asiduo visitante. emocionantes vivvencias de ese caos colombiano y sus extrañas y machistas costumbres matrimoniales, parece mentira que en el mundo actual pasen estas cosas pero...pasan. bueno te dejo un fuerte abrazo.

Amig@mi@ dijo...

Me a encantado tu crónica de principio a fin. Son nuevas vivencias en un sitio también nuevo que nos has hecho compartir contigo
Gracias
un besote

Anónimo dijo...

Sin palabras, Juan Ra, así me he quedado con esta tu última entrada.
Explendido relato de un apasionante y apasionado viaje.
No se que destacaría de ese que parece ser el último capitulo de vuestra estancia en Barranquilla, pero me quedo con esto - El Diablo es un hombre de buen corazón y mejores sentimientos.
Un abrazo JuanRa.
Rasanliz

Lillu dijo...

Dicen que en muchos de los países que viven más caos y pobreza se pueden ver las más bonitas sonrisas de los niños, desbordantes de una felicidad que nosotros no sabemos muy bien de dónde procede. Es lo que tiene vivir en el primer mundo, que las prioridades se alteran de formas increíbles.

A mí también me ha encantado la biblioteca de tu padre. Incita a pasarse horas y horas por allí sentado leyendo :)

saluditos

PD. Uf, lo de "Santa Marta, Santa Marta tiene tren..." me ha traído uno de los pocos recuerdos que tengo de mi abuelo materno, que me lo cantaba cuando yo era muy pequeña...

Bichejo dijo...

Preciosa crónica de un viaje familiar totalmente envidiable, y además conocer a la rama colombiana de la familia...es una gozada leer estas cosas.

Coincido con tu amor por los libros, los libros viejos tienen un olor especial...en Salamanca me compré el fin de semana pasado una edición antigua de "El velo pintado", y me encanta tenerlo.

Y sí, al otro lado del charco todo es diferente, todo tiene otro ritmo, otro olor, otro sabor, otro color...

Gracias por hacernos sentir como si hubiéramos estado de vacaciones con vosotros.

Azafran dijo...

se me han saltado las lagrimas al leer esto,es precioso. yo me apunto al proximo viaje,de cabeza. saludos Juan hijo y y Juan padre.

JuanRa Diablo dijo...

Peibol:
El caso es que entre mis hermanos y yo escribímos allí un diario con las vivencias e impresiones, pero no podía dejar de compartir algo así con todos vosotros.

El magnetismo que siento hacia los libros, especialmente los viejos, es indiscutible, y veo mucho sentido en lo que dices. Eso no quita para que crea que sí, que estás perdiendo la cabeza. XD

Mar:
Gracias Mar. Y me alegra que siempre estés ahí. Seguro que nos vemos pronto.
Un beso.

Pichiri:
Bueno, en el caso de que no recuperéis lo perdido ya os envío yo un CD con todas aquellas fotos y videos.

Con razón Valery no me decía nada del montaje de sirena que le envié.
Da muchos besos a Milena y Valery de nuestra parte y también muchos para tí.

Ripley:
Como me enrollo, ¿eh Rip? Bueno,pero me satisfacen tus palabras, como siempre.
En una feria como la que cuentas me volvería loco. Casi prefiero no asistir pues ya no tengo dónde meterlos.

Un abrazo

Amig@mi@:
Gracias a tí por estar ahí para poder compartirlas.
Otro beso para tí.

Rasanliz:
Ay, amigo manchego, que te tengo dicho que no me veas con tan buenos ojos, que luego mi tridente no tiene contemplaciones para con nadie... ;)
Un abrazo.

Lillu:
Qué cierto lo que dices.
No tienen nada y sonríen. Aquí con todo a nuestro alcance y siempre serios y preocupados. Eterna incongruencia.

PD. Me alegro de haberte traido "en tren" y por unos instantes a tu abuelo.

Bichejo:
Pues claro, amiga, tu me cuentas tus PuntaCanadas y yo mis Barranquilladas. El caso es contarnos cosas...
Gracias por esa propaganda de Cinexploradores. No dejes de participar. :)

Azafrán:
Gracias. Nosotros contigo nos iríamos al fin del mundo, ya lo sabes.

March La Cinefila Desconocida dijo...

Querido JuanRa:

No hay palabras cómo agradecerte la belleza de tus palabras. No sólo por compartir con nosotros la aventura sudamericana de tu familia, si no por la manera en que describes las tierras de un continente y de sus pueblos, que al final del día, son hijos de la España Madre.

Me he reído y me has dejado pensar; en verdad he disfrutado mucho de tus crónicas diablas.

Sólo una palabra para resumir el comentario: GRACIAS.

molinos dijo...

Hola...llevo desde el viernes intentando dejar el comentario.

Me ha encantado la historia del librero...ya sabes que es mi sueño..tener una libreria.

Lo has contado todo muy bien, pelín largo pero muy bien.

Besos

rAnita nOe dijo...

de todas las fotos, me quedo con la última.. :)
y con los recuerdos de barranquilla, es genial..

besobeso!

Txema Rico dijo...

Jolín Juanra, no sé si me ha gustado más ler los relatos sobre vuestro viaje a Barranquilla o escuchártelos de viva voz...Me encanta como relatas...casi tanto como Azorín..un abrazo y queremos probar las galletas "barranquilleras" o te pegaremos un "pepazo"....jajaja

anasister dijo...

Juan,me han cautivado mucho tus últimas palabras sobre ese viaje que sé que formará parte de nosotros.He percibido de nuevo el olor de esos viejos libros de gruesos lomos...y creo que todos tus lectores han vivido a través de tus letras el encanto de aquel lugar.
Valery,ahora comprendo por qué hace tiempo que no sé de tí.Si no has visto el montaje que te hizo Juan de sirena te va a encantar.Yo también quiero agradeceros todo el cariño que recibimos.Fue estupendo conoceros y es estupendo quereros.
Gracias.

Anónimo dijo...

Después de cualquier último capítulo siempre queda la añoranza y nostalgia de todo lo vivido o leído.Aunque éste apartado de tu vida ya pronto será "pasado", seguro que no nos abandonarás y seguirás acompañandonos a través de tu blog con historias futuras.Espero con ansia la siguiente, y como no la siguiente foto del mes de Octubre.
Es un placer leer tu blog.
Sigue escribiendo por favor.
Un abrazo.
Remolina.

JuanRa Diablo dijo...

March:
Pues mil gracias a tí también por ser la embajadora de latinoamérica en mi blog y por esa alegría con que siempre me obsequias.

Un fuerte abrazo, cuate.

Molinos:
Si cierro los ojos veo hasta el cartel: "LIBRERIA MOLINOS" y dos best sellers dentro: Maternity y Mak. :D
Gracias por tus palabras.

rAnita nOe:
La luz del atardecer entrando por la ventana. Sí, por eso la puse en último lugar.
Gracias ranita.

Txema:
Este jueves me llevo las galletas, que ya deben saber a la "antigua" Bogotá.
De pepazos nada, purazos mejor, jejeje.

anasister:
Debemos volver porque a tí te faltó comer la lengua de vaca que preparó Milena. La próxima vez no te asomes a la cocina... y a tragar!! :D

Remolina:
Aunque sólo te tuviera a tí como lectora, ya merecería la pena continuar por los elogios y palabras de ánimo que siempre me dedicas.
Gracias.
Un abrazo!

Io dijo...

¡Qué gozada de librería! Y qué chaparrón más oportuno para perfumar la tarde con el aroma dulzón de la tierra mojada.

Haces bien en mantener abierta la consciencia, en repetirte "Estoy aquí, esto es maravilloso y lo estoy viendo, lo estoy viviendo".

Mucha gente no lo hace, y luego pasa que la felicidad no es más que un recuerdo.

Un viaje inolvidable! Gracias por compartirlo con nosotros. Y perdón por haber llegado tan tarde al desenlace :(

Un abrazo!

PD. Me gustaría saber el nombre del virus que se ha atrevido con tu padre :)

JuanRa Diablo dijo...

Ay, Io, Io, que yo sé que tarde o temprano terminas pasando por aquí.
Ganas tengo de que consigas más tiempo libre para que reanudes con la buena literatura y el amistoso ambiente de tu blog.
Cómo se echa de menos!

Besos.

Ángeles dijo...

No sabes cuánto me ha gustado esta entrada, JuanRa; y no lo vas a saber porque yo no lo sé decir. Hay tantas cosas aquí...

Te felicito (con cuatro años de retraso!).


JuanRa Diablo dijo...

¡Qué sorpresa! ¿Qué haces por estos subsuelos tan profundos? :p

Me alegra que te haya gustado tanto(es que hablando de libros..., ¿eh? ;))

Gracias, Ángeles