27 de abril de 2010

EL NIÑO

La voz de un niño llamando a su madre me sacó de mi abstracción.

Tan inmerso en mis pensamientos me hallaba que todos los sonidos del parque habían quedado amortiguados, casi desapareciendo de mis oídos. Pero esa llamada insistente que de algún lugar llegaba me hizo volver a la realidad, quizás porque el sonido de su voz me resultaba familiar.

Me levanté del banco en un acto reflejo buscando al niño que llamaba.
Caminé entre los setos; el cielo era de un azul intenso. Una algarabía de pájaros jugando a perseguirse pasó a ras de tierra muy cerca de mí.
.El niño estaba arrodillado junto a otro banco con un libro de lectura abierto en el suelo frente a él.
- Hola - le saludé - ¿qué te pasa?
Me miró con ojos grandes y expresivos y en su mirada descubrí la sorpresa de verme ante sí.
- Estoy llamando a mi madre - me dijo con cierta timidez
- Ya lo sé - asentí - No creo que tarde, pero me parece que no te oye - añadí mientras me sentaba en el banco - ¿Qué haces?, ¿lees?
Asintió con la cabeza
- ¿Te gusta leer? ¿Por dónde vas?
- Por aquí, la G y la J.
- Ah, esas letras son difíciles, ¿eh? Te puedes confundir.
- No - se apresuró a decir - no son difíciles – y como para demostrármelo empezó a leer - El gato juega entre los geranios del jardín.- ¡Anda, pues sí que lees bien! Pero dime, ¿por qué has dicho geranios y no gueranios?
- Porque para que pusiera gueranios tendría que escribirse con una G y una U.
Sonreí. Me recordó mucho a mí, que aprendí a leer sin problema muy pronto.
.
Observé que en un extremo del banco había algo envuelto en una servilleta de papel.
- ¿Eso es tuyo? - quise saber
- Sí, es un pastel. Me lo ha comprado mi madre.
Recordé que de pequeño yo era muy goloso (tanto como hoy en día) y que al pasar ante el escaparate de cualquier pastelería pedía a mi madre que me comprara uno.
- Ahora no, que es hora de comer - me advertía ella.
- No, mamá, si yo me lo guardo para después de comer - le respondía, ante lo cual no tenía más remedio que comprármelo.
- ¿Y no te lo comes? - pregunté al niño.
- No, me lo guardo para después de comer.
Su respuesta no me sorprendió, de alguna manera la esperaba, pero me llenó de emoción.
.
De repente cogió su libro, se levantó y dijo que se marchaba, que ya le llamaba su madre.
De nuevo mis sentidos parecían aletargados y yo no oía nada ni presentía nada de lo que me rodeaba. Nada que no fuera la cara de aquel niño que tanto me recordaba a mí.
- Adiós, Juan – le dije, intuyendo su nombre.
Se despidió levantando una mano.
Antes de desaparecer entre los setos del parque se giró para mirarme.
- Nos volveremos a ver, ¿verdad? – le pregunté sin abrir la boca.
- Yo siempre estoy aquí. Si tú quieres venir… - me dijo con los ojos.
- ¿Tú quieres que venga?
Pero desapareció sin responder, dejándome en el aire la impresión de que era hora de regresar.
.Me gusta venir aquí y esperar a que aparezca este niño. Sé que siempre lo voy a encontrar, pero últimamente lo busco demasiado, pasando por alto que la vida fluye en una sola dirección y que salvo estos encuentros en los que vuelvo a sentirme como él, cada cual debe estar en su sitio.

En mi camino de vuelta aproveché para asomarme a la habitación de mi hijo. Me acerqué hasta su cama para verle dormir profundamente. Vi en su rostro tantos rasgos de aquel otro niño que hasta dudé de si sería aquel y advertí que, en cierta manera, es una prolongación del mismo. Como si fuera el mismo jugando a despistar al tiempo.

Volví a la cama para dormir, sin darme cuenta de que ya estaba dormido.
Dormido y soñando en caminos, en caminos muy largos; aunque por fortuna nunca lo son tanto como para no encontrar a aquel niño del pasado.
video

22 de abril de 2010

CAZADIABLOS: LONDRES Y NUEVA YORK

Esta es una historia bien conocida por los diablistas más veteranos de este infierno, pero yo la resumo de nuevo para todos aquellos que aún no hayáis oído hablar de ella.

Mi hermano Fran se encontraba de viaje en Londres.
Durante una llamada telefónica que desde allí me hizo se me ocurrió una idea: le pedí que dibujara diablos en papeles y los escondiera por lugares emblemáticos de la ciudad.
Si fotografiaba los lugares exactos donde dejaba los diablos, yo podría publicar esas fotos en el blog y las coordenadas de esos escondites y proponer así el reto de encontrarlos aquel que algún día viajara a Londres y se sintiera tentado a hacerlo. Vamos, como si de un juego de rol se tratara...
En este blog dejé en su día el video que mostraba los seis lugares donde quedaban escondidos esos seis diablos: a los pies del Big Ben, en la Abadía de Westminster, en la fuente de Picadilly, en la estación Victoria… Podéis verlo aquí.

El tiempo fue pasando y yo veía muy difícil que esa propuesta por mi parte llegara a buen puerto.
Pero meses después, ¡oh, big surprise!, apareció el primer valiente en salir de cacería. Se trataba de Umpi, de Barcelona, que con su ya famoso “¡Voy a por ellos!” me hizo dar un bote de alegría.
Después me contaría cómo fue su odisea en la que sólo pudo pasar por tres de esos lugares y encontrar dos diablos y yo publiqué todo aquí.
Cuatro meses después, Stewie y Pepita – Lain, de Valladolid se lanzaban a completar la hazaña que Umpi había dejado a medias y llegaron a los otros tres lugares con menos fortuna pues no los encontraron, pero tuvieron el gran detalle de dibujar nuevos diablos y volver a esconderlos en aquellos mismos escondites. Me lo contaron, añadiendo también fotografías y yo me hacía eco de la noticia aquí.
Hoy me complace hablar de Metztli, de Lleida (no de Barcelona como yo creía: disculpa Metztli) , que recientemente me contaba en tres largos y detallados correos lo bien que lo había pasado en esa aventura de localizar los diablos de Londres.
Yo publicaría hoy esos correos con gusto pues lo pasé muy bien leyéndolos, pero la longaniza sería tan larga que me podríais crucificar (y crucificar a un diablo debe ser la cosa más irrespetuosa del mundo)
Pero por supuesto me hace ilusión publicar sus fotos y algún extracto (en rojo) para que conozcamos todos de primera mano la aventura de Metztli y su familia cazadiablos en Londres.
Ahí va:
Empezamos por Picadilly. La fuente estaba abarrotada de gente, sentada por todos lados...empezamos a mirarle el culo al ángel....bajamos la vista y justo un par de chicos sentados donde teníamos que buscar. Decidimos esperar. Estaba empezando a llover y pensamos que la gente empezaría a irse....pues no....ahí sentados todos, lloviendo. Bueno al final queda libre el rosetón donde teníamos que buscar y siiiiiiiiii, ahí estaba el papelito tan comprimido que casi no podíamos sacarlo......jooo y la gente mirando a ver qué estaba hurgando esa loca ahí dentro......y bueno el papel sí era, pero se había mojado tanto que la tinta había desaparecido, jo qué pena después de la aventura para rescatarlo.....bueno decidimos sustituirlo esta vez dentro de una bolsita pequeñita de plástico que por casualidad tenía en la mochila.

Me contaba Metztli que el del Big Ben no se atrevió a reponerlo porque había muchos guardias y cámaras de seguridad y que teniendo escritas en los papeles las direcciones de los blogs le daba apuro hacerlo y que lo dio por perdido.

Abadía de Westminster, 8 de la tarde, todo oscuro y lloviendo, diluviando...pero no podía dejar escapar la ocasión pues no sabía si iba a volver.
Nos ponemos frente las puertas y nos dirigimos a la de la derecha pero uffff qué oscuro, no se ve nada.....damos un poco de luz con el móvil, localizo el demonio de la pared, la columna de la izquierda y meto la mano detrás para buscar el papel y agggssss, dios, arañas, porquería, hojas y de todo, qué asco y la inquilina del lugar, una super araña con un montón de patas, bueno, a ver cómo sacamos eso de ahí, no se veía nada ni con la luz del móvil....
Al final con un boli intenté sacar la porquería que había y localizamos al fin el dichoso papelito, super escondido, y qué alegría, éste sí estaba enterito...bueno dejamos la huella de nuestra hazaña y lo volvimos a meter ahí, segundo diablo encontrado!

Ya tiene razón el comentario del papel...nunca para de llover.
Al menos ese diablo queda escondido.

Dado que Metztli no encontró el del Metro ni el de la Estación Victoria decidió esconder nuevos diablos en lugares distintos.
Museo de Historia Natural (Natural History Museum)

Pensé que allí, entre dinosaurios y otros bichos raros, se lo pasaría genial (el diablo) Uff, la verdad es que nunca imaginé que costara tanto esconder un papel....creo que me pasé más tiempo mirando agujeros y columnas que el propio museo....
Después de una larga cola bajo la lluvia lo primero nos piden enseñar los bolsos, mochilas, etc.....¿Algo peligroso en la mochila? me pregunta el guardia...pues mmm, (no iba a decirle que llevaba un diablo....jajaja)
Bueno, despistado el enemigo continúo y... ¡vaya dinosaurio!¡ocupa medio museo!
Subimos a la primera planta por la escalera del frente, la que está después del dinosaurio. Primera planta mano derecha y llegamos a la Sala de la Evolución Humana... Seguimos a mano derecha hasta casi el final, llegamos a la zona de los ascensores, una gran arcada con tres puertas y tres ventanales, si nos ponemos de frente a mano derecha hay un par de columnas, pues detrás de la primera columna....al fin......otro escondido.... la verdad cuesta más esconderlos que encontrarlos.

British Museum....mira que es grande y no veo forma de esconderlo para que no se pierda.

Justo al pasar las rejas del museo en la entrada principal hay dos farolas, pues en la farola derecha, si la miramos de frente en la parte derecha también ...ahí, entre los agujeritos, metimos el otro diablo mientras el guardia que teníamos a menos de dos metros se daba la vuelta y dejaba de mirarnos...Tú mira al guardia y cuando esté despistado me dices y yo lo meto....jo qué difícil, no entra y además una cámara de seguridad justo delante de la farola....por dios qué sudores y angustias....si no nos pilla el guardia nos pilla la cámara, seguro.....en fin...ahí metimos otro diablo.
Museo de Madame Tussands (museo de cera)

Ahí sí que hay donde esconder....miles de bolsillos de cientos de famosos.
Pensé en Obama, en Michael Jackson, en Mel Gibson, Queen, Juan Pablo II (este habría sido un buen guardián del diablo....pero no tenía bolsillos :P)
El ganador fue el bolsillo del traje de George Clooney.
(Te cuento como anécdota que se han encontrado en los bolsillos de los famosos, cartas de amor, tangas... )
Gracias Metztli por el mucho interés e ilusión que pusiste en el juego. Aquí queda (en parte) constancia de aquellos días especiales que tan bien me contaste.

Pero para terminar de hacer más internacional este juego, otros amigos blogueros, Bichejo y Novio, de Madrid, en un muy reciente viaje, se ofrecieron gustosos a esconder diablos nada menos que en Nueva York. ¡Os lo agradezco efusivamente!
Bichejo lo había planeado todo para llevarse papeles con diablos bien chulos pero…

JuanRa, tío, soy un desastre, me dejé mis Bonitos diablillos en la mesa del ordenador. Me acordé de ellos en el coche de camino al aeropuerto, así que puse a Novio manos a la obra y dibujó tres diablillos.
El primero está en el dinner en el que desayunábamos todos los días, en la calle 44, entre la 5ª y 6ª avenida, en dirección a Times Square.
No sé cómo se llama, tiene los asientos color naranja butano y hacen las tortitas con sirope de arce más buenas que he comido en mi vida.
El diablo está en la tercera mesa a la derecha, en el asiento que da la espalda a la puerta. Intenté meterlo bien dentro del asiento, pero si son concienzudos limpiando, la jodimos.
El segundo está mejor ubicado, aunque con lo miraditos que son los yankis para los temas de seguridad…

Vale, es una reja, pero no una reja cualquiera, el segundo diablillo está en la planta 86 del Empire State Building (al menos, yo lo dejé allí)
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Para esconder el tercero tuvimos que coger un barco. Creo que con eso lo digo todo.
Hay un diablo escondido a los pies de la Estatua de la Libertad.
Suponiendo que la estatua mira a las 12, el pico donde lo enterré debe estar entre las 10 y las 11. Las vistas desde ese pico donde está enterrado sólo son así en ese pico, por ese lado es fácilmente reconocible.
El diablito, pintado por Novio
Enterrándolo Vistas desde el sitio del entierro

Fin de la historia. Doy por abierta la veda para salir a cazar diablos de nuevo. ¡Desempolvad vuestras mochilas!

Sólo un último aviso a navegantes: espero que si un día vienen a detenerme por sembrar el mundo de diablos, todos los blogueros os lancéis a la calle a pedir mi excarcelación.

Lo haréis, ¿no? Que ya sabéis que yo soy bueno...

¿Que noo? ¿Cómo que noo?

19 de abril de 2010

AVANCE (poco) INFORMATIVO

Directamente desde Barcelona y Madrid llegan a esta Redacción pruebas gráficas que demuestran que el Diablo y este blog mantienen estrecho contacto con el actor George Clooney y con la famosa Libertad.

No tan sencillas de demostrar serán las conversaciones telefónicas que han debido producirse entre Isabel II y Barack Obama a raiz de los últimos sucesos ocurridos en Londres y Nueva York, pero todo apunta a que la cosa debió ser así:

Esta misma semana intentaré ampliar información sobre tan magnos acontecimientos.

14 de abril de 2010

REFLEXIONES TRES DELICIAS


Se abre el telón y nos encontramos en el interior de un restaurante chino.

En una de las mesas están sentados JuanRa, Apamen, Fran, y Juan Luis, que comen y beben en animada charla.

Pero… ¡un momento! ¡Que caiga el telón de nuevo! ¿Qué le pasa a JuanRa? ¿Por qué tiene las orejas como dos pimientos morrones y no para de reír tan escandalosamente?

Ah, claro, es necesaria una aclaración antes de proseguir: verán, sus tiempos de beber alcohol pasaron a la historia.

¿Qué será lo que cambia en uno con los años hasta el punto de no volver a contemplar ni de lejos aquello de “salir de copas”?¿Y por qué tomando sólo una hoy se pone tan folklórico?

Cuesta creer que ese JuanRa sea el mismo que hace un tiempo podía tomarse un whisky con hielo y seguir diciendo cosas coherentes. Y aun tomándose dos ¡sabía volver a casa!

En algún momento de su vida debió mutar a una especie diferente en la que una simple cerveza le pone como una moto, y con dos te canta sin rubor el Fandanguillo de Yecla subido en una mesa. (Hace tiempo que no se ha podido experimentar qué haría con más de dos)
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Muchos le tacharéis de exagerado cuando dice que con tan sólo el primer trago ya nota cómo las neuronas empiezan a perder su gravidez en la azotea, pero cuando os crucéis con alguno de sus hermanos o amigos preguntadles si es cierto o no, preguntad a ellos que han sido testigos de las felices melopeas del susodicho.
Las células de JuanRa deben actuar ante el alcohol como esas bayetas ultra absorbentes que anuncian en la tele que se chupan cualquier líquido con una facilidad pasmosa. Esas bayetas que si las tiráramos al Lago Ness dejarían al monstruo con el culo al aire.
Y, claro, luego pasa lo que pasa, que está en una cena y cuando lleva media cerveza empieza a hacer complicados intentos de guardar la compostura porque no es serio andar diciendo que ya está borracho en el aperitivo.
Pero no por ello va a privarse del placer de un buen vino tinto por ejemplo, ni el de un Lambrusco rosado bien fresquito, aunque ello le conduzca a ponerse gilipollas graciosillo y se ría hasta de su sombra. Y es que, la verdad sea dicha, a él ya le da igual porque ya le conocen de sobra y la fama la tiene ganada a pulso.
.Hecha esta aclaración, que vuelva a subir el telón y acerquémonos a ver qué dicen en esta escena real que transcribo hoy con el permiso de todos.
.FRAN: ¿Os habéis parado a pensar que la palabra “regular” la empleamos mal?
JUANRA: (Absorbiendo un tallarín) ¿Cómoo?
FRAN: Sí, regular, con regularidad, sin cambios. Cuando a uno le preguntan qué tal está y contesta “Regular”, en seguida decimos ¿Y eso? ¿Qué te pasa? Pero regular implica que está normal, ni bien ni mal. Para decir que la cosa no va bien deberíamos decir “Irregular” “¿Qué tal estás?” “ Irregular”
JUAN LUIS: Anda ya, ¿pero eso los maestros lo sabían? Porque a mí cuando en el cole me ponían un REGULAR era como si me pusieran un MAL como un piano. Y en mi casa me echaban el sermón. Podías habérmelo dicho antes.
JUANRA: JUAJAJAJAJAJAJA. Oye, este vino está muy riquismo, ¿no? Tendré en cuenta lo de “regular”. Si es que hay muchas cosas que se dicen mal. JiJi ¿A quién se le ocurrió, por ejemplo, que lo INFLAMABLE es lo que puede arder? A ver, INTOCABLE, que no se puede tocar, INVENCIBLE, que no se puede vencer, INFLAMABLE que se puede quemar…. ¿Cómo se come eso?
JUAN LUIS: Claro, luego viene un inglés y enciende una cerilla al lado de un bidón de gasolina y le pega el zambombazo y a ver cómo le explicas lo del cartelito.
JUANRA: JUAAAJAJAJAJA. Pobre inglés, ¿cómo se le ocurre? Desgraciaico, que nadie le explicó ese IN…
APAMEN: O cuando hace mucho mucho calor, ¿por qué dicen “Hace un sol de justicia”?
JUAN LUIS: Eso digo yo, ¿de justicia? ¿tan mala es la justicia? Si hace mucho calor ¡¡ hará un sol de injusticia!!! ¡Qué coño!
JUANRA: (riendo sin parar) ¿Queréis callaros? Me duele la mandíbula.
FRAN: ¿Ya?
JUANRA: Ya, qué
FRAN: ¿Ya estás borracho?
JUANRA: Buuuuuu, jojojojo, hace muuucho tiempo, ¿vosotros no?
ELLOS: ¡No!
JUANRA: ¿Noo? ¿En serio? De verdad que no entiendo cómo lo hacéis.
JUAN LUIS: Pero si te has bebido sólo medio vaso, tío ¿cómo es posible?
JUANRA: Y yo que sé. Pero tengo una castaña más guapaa…
APAMEN: Yo creo que está bien, que se lo inventa.
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A los cinco minutos JuanRa canta el Sildavia de La Unión pero en plan cateto:
JUANRA: No tengas miedo de perdeeerte nooooo
JUAN LUIS: (Mirando de reojo al resto de comensales) No, no se lo inventa. El es así.
JUANRA: Er tiempo pasa tan despaciooen Sirdaviaaaaa, no haaay desiertoooo…
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Llega una camarera a servir el arroz tres delicias y le pilla en pleno “desiertooo”. Piensa que va a quedar peor si corta la canción de golpe, así que él sigue cantando.
JUANRA: …no haaaay farsa pasioooon
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La china sonríe e inclina la cabeza varias veces. Parece que le guste esa familiaridad pero lo más probable es que piense “ Uy, qué pedal tiene éste”
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APAMEN: ¿Por qué cierras los ojos?
JUANRA: ¿Yooo? No los cierro, se me cierran solos.
JUAN LUIS: Otra cosa mal dicha es lo de “malherido”.
FRAN : ¿Por qué?
JUAN LUIS: A ver, si a uno lo hieren mal no se morirá por eso. Lo han herido mal y se salvará. No es grave. Será grave si lo hieren a base de bien, ¿no? Yo lo veo así: “Han disparado a Harry, pero tranquilos, está muy mal herido. Son tan malos disparando que no le han sabido ni herir bien. En cambio, qué bien han herido a Bill. Se le ven todas las tripas. La va a palmar seguro”
JUANRA: (que estaba tragando arroz) COF COF… JUAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
.La conversación deriva al tema del paso del tiempo.
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APAMEN: La década que va del 2000 al 2010… ¿cómo se llama? Pasaron los ochenta, los noventa, pero ¿y esa? ¿Qué década fue?
JUAN LUIS: Ah, ¿pero es que ya pasó?
FRAN: Tú dirás…
JUAN LUIS: Pues no sé qué me pillaría haciendo, pero de esa década es que no me he enterado.
FRAN : Señal de que os estáis haciendo viejos.
JUANRA: Vete un poquico a cagar, anda
FRAN: ¿Os habéis parado a pensar que no debe faltar mucho para que haya un presidente del gobierno que sea más joven que vosotros? Cuando eso ocurra ya tendréis que admitir que os habéis hecho mayores.
JUANRA: Mecaguenn… Anda , Juan Luis, di algo, que Fran quiere hundirnos en la miseria.
JUAN LUIS: Bueno, es bien fácil. No nos fijemos jamás en la edad de los presidentes. Hay que fijarse en la de los Papas, que siempre son más viejos que Matusalén. A su lado siempre seremos jóvenes.
JUANRA: (Alzando la copa) ¡Por los Papas de Roma!
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Y hala, otro trago más.
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Cuando caiga el telón, JuanRa no sabrá ni levantarse de la silla. ¡Qué castañas más bien amortizadas las suyas.!

8 de abril de 2010

1 de abril de 2010

EL ALMA DE EL ALMORQUÍ

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(Dedico esta entrada a mi padre, por ese amor a Las Casas que comparto)
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Eran los tiempos de la inconsciencia y la despreocupación, aquellos años de espíritu libre en los que no había problema alguno para caer rendido de sueño por las noches y dormir de un tirón hasta el nuevo día.
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Me encontraba en el periodo de vacaciones de la semana santa con una montaña de apuntes por pasar a limpio y más temas que estudiar de los que me apetecía. Pero me bullía dentro un deseo por hacer algo que llevaba planeado para esos días de descanso que por fin habían llegado. Sabía que aprovecharía mucho mejor el tiempo y todo tendría un mayor aliciente si me largaba unos días y me recluía yo solo en aquella casa.
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- ¿Allí te vas estudiar? Pero si no hay agua, ni luz eléctrica... - me advertía extrañada mi madre
- Da igual. No necesito nada de eso. Me apetece mucho estar allí yo solo.
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Mi padre, que siempre ha tenido alma de Robinson, me comprendió perfectamente y me dio las llaves, además de instrucciones para abrir la llave de paso exterior y acoplar una manguera que me permitiera disponer de agua para asearme.

No recuerdo con precisión qué viandas me llevé, sólo que puse a hervir una gran olla de arroz y que me sirvió como base para acompañar todo lo demás. Y que cuando necesitaba algo de dulce mezclaba ese arroz con miel.
Con todos los apuntes de la Universidad, la comida, el agua, unas sábanas, una manta, una pequeña radio y algunas velas monté en el coche y me dirigí hacia Las Casas del Señor.
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Las Casas del Señor es una pedanía situada a 12 kms de Monóvar que por siempre estará ligada a los recuerdos de mi familia.
Mi padre veraneaba allí de niño y tanto se impregnaron sus retinas de aquel paisaje que ya no pudo desvincularse de él jamás y terminó por contagiarnos su amor por el lugar.
Pueblo pequeño y recogido en el que todo el mundo se conoce, con un campanario visible desde cualquier punto y una sierra paralela de grandes pinadas en su frente.
En la época en la que sitúo este relato acababa de comprar una casa antigua en la que estaba haciendo unas reformas con la intención de mejorarla y venderla. Yo sólo la había visto una vez y muy de pasada, pero recordaba una habitación con una cama de tiempos de maricastaña y un patio central abierto y muy agreste que sin duda había servido como corral en otros tiempos.
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Llegué al atardecer, con la suficiente luz todavía como para adecentar aquella habitación, preparar la cama y buscar un lugar apropiado para todo lo que había llevado. Cuando terminé apenas había luz y no quise dar un vistazo al resto de la casa porque, aunque no tenía miedo, (entonces no lo tenía) prefería no sugestionarme ante cómo se ven las cosas cuando se alargan las sombras.
Encerrado en aquella habitación, que se convertiría en mi cuartel general, cené a la luz de un par de velas acompañado por el sonido de las voces de la radio. Me encontraba tan a gusto, me sentía tan libre... Cuando llegó la hora de acostarme empujé una de las esquinas de la cama contra la puerta. Porque nunca se sabe...
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Fueron días muy soleados los que disfruté en aquella casa. A la mañana siguiente desayuné en el patio, que estaba totalmente invadido por la hierba y comencé a estudiar también allí afuera. Horas después tenía mi camiseta liada en la cabeza y me iba refrescando con la manguera para soportar mejor el sol. Era una delicia tanta quietud, tanto silencio que sólo rompía el zumbido de alguna abeja remoloneando entre las flores o el tañido de la campana de la iglesia en la distancia. A veces dejaba los apuntes en el suelo y observaba lo que me rodeaba. Alguna lagartija se asomaba entre las piedras a tomar el sol conmigo, un pajarillo entraba y salía del hueco de uno de los muros, un par de mariposas blancas jugaban a hacer zigzags contra el azul del cielo... Nada, absolutamente nada valía más que aquellos precisos momentos.
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Cansado finalmente de mis tareas académicas me coloqué un viejo sombrero de paja que encontré en alguna percha y salí a dar una vuelta. Me encaminé hacia El Almorquí, que es un enorme caserío abandonado a un kilómetro y medio de Las Casas.

El Almorquí es un lugar sobrecogedor. Siempre que lo he visitado con familiares o amigos me ha parecido encontrarme en un decorado de la posguerra, con casas semiderruidas mostrando largas vigas de madera apuntaladas en algunas paredes que se resisten a sucumbir a pesar del paso del tiempo. No se le puede negar un aire misterioso a todo el conjunto, no obstante he sentido siempre una irresistible atracción por aquel caserío centenario.


Una vez más lo volvía a explorar, pero esta vez yo solo.





La cálida temperatura exterior contrastaba notablemente con la fresca atmósfera que se sentía dentro de cualquiera de aquellas casas vacías en las que ya sólo habita el silencio. Como ya escribí en una ocasión: Las casas abandonadas acaban derrumbándose porque no soportan el peso de la ausencia.





Me producía una peculiar desazón encontrar antiguos calendarios de los años 60 y 70 colgados en algunas paredes, como si el tiempo se hubiera detenido en aquellos lugares para siempre haciendo huir a la vida por cualquier ventana. De igual forma resultaba inquietante encontrar botellas o platos sobre las mesas, como si hubieran quedado congeladas escenas cotidianas de convivencia familiar.




Encontré puertas que daban acceso a otras puertas hacia más puertas.


En uno de los pisos superiores de una de aquellas casas encontré un viejo baúl de madera que llamó mi atención y no me pude resistir a abrirlo. Un desorden de viejos papeles, amarillentos y quebradizos apareció ante mis ojos a la luz de una pequeña ventana. La brisa silbaba a través de algunas rendijas y hacía temblar a intervalos los cristales. (Si no fuera por el maravilloso día exterior hubiera salido de allí volando)




Al curiosear entre aquellos papeles descubrí algo con vida propia: cartas. Cartas fechadas en los años 30 y 40. Cartas destinadas a hombres y a mujeres. Trozos de vida grabada en papel con letra picuda difícil de descifrar.
Estuve leyendo algunas y en todas predominaba la nostalgia y el deseo de reencuentros. En algunas de ellas me pareció percibir el aroma de la lavanda. Tuve el impulso de llevármelas todas pero pensé que tal vez no las supiera conservar tantos años como debían estar allí y preferí dejarlas durmiendo en el olvido para siempre.



Sí me llevé de todas formas, la más antigua que encontré, fechada en el año 1911, así como algunos papeles que me llamaron la atención, entre ellos uno del Doctor Pertejo, que fue un médico de Elda al que llegué a conocer siendo niño pues fue médico de mi familia. Qué curioso comprobar que se desplazaba a El Almorquí a atender a sus pacientes. Pensar que había muerto hacía tantos años y que yo encontraba una nota escrita de su puño y letra en semejante lugar resultaba tan paradójico. Al tiempo y las casualidades les debe gustar jugar al escondite.



Otra cosa que allí encontré es un almanaque de bolsillo del año 1910. Fue precisamente al volver a verlo recientemente en mi álbum de recuerdos, cuando decidí escribir hoy esto, pues me parece fascinante que se cumplan 100 años desde que se editó y una veintena desde aquella inolvidable experiencia en el interior de las casas de El Almorquí.


Después regresé a mi cuartel general.
Al cruzarme con algunos de los hombres y mujeres del pueblo nos saludamos amablemente.
Las campanas repicaban pues debía empezar la misa pero yo me metí en mi convento de clausura particular, aquel de la paz y el silencio, el de las lagartijas en su patio, el del arroz con miel y las velas.
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Aquella casa se vendió finalmente.
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Nunca he vuelto a vivir una experiencia como aquella en la que fui un feliz ermitaño que se alimentó de soledad por propia voluntad, cuando cada día se presentaba con tantas ganas de ser estrenado y cada noche, rendido de sueño, apagaba de un soplido la vela que iluminaba la estancia y dormía de un tirón hasta el nuevo amanecer.