1 de junio de 2012

TRES BILLETES AL PASADO

En tan solo 15 días he ido a tropezar con varios "tesoros" que han llegado de forma fortuita e inesperada a mis manos, y  tan continuos como si estuviera planeado que desfilaran ante mí en una maratón de sorpresas.
No puedo decir que no los he disfrutado, -por supuesto que sí- pero diría que el sabor de esos  viajes al pasado, a mi pasado,  me ha ralentizado un poco por dentro y me está costando volver del todo al presente.
Los efectos secundarios de la nostalgia son así.

PRIMER VIAJE

La primera sorpresa me llegó hace dos semanas, estando en el campo de mi madre, (el mundialmente conocido como Hotel Cabrerator
Mi hijo me preguntó si habría alguna canasta de baloncesto, porque le apetecía jugar a encestar su balón.
Pensé que debía haber alguna por el trastero y allá que nos fuimos los dos a rebuscar. 

Una vez habituados a la oscuridad del lugar (allí no hay luz eléctrica, y para abrir la única ventana es necesario el título de malabarista) hicimos un recorrido visual por toda la estancia. 
Mientras buscábamos, le recordé que allí dentro vivieron los dos caballos que tuvimos sus tíos y yo hace tantos años, y que, aún antes de eso, yo había visto resucitar a una salamanquesa que guardaba en mi escondite secreto.
Entre la multitud de muebles viejos  y objetos cubiertos de polvo, encontré un cubo metálico  que recuerdo se utilizó para sacar agua del pozo. Observé que dentro había una bolsa de plástico con el aspecto de haber sido anudada durante la guerra de Cuba. Podría haber tenido yo ese día  un bajo nivel de curiosidad  e ignorarla, pero no fue así, y me puse a desatar los nudos inmediatamente.

- Pero qué haces, papá, - protestó Samuel - ahí no puede haber una canasta.
- Ya, ya... sólo quiero ver qué hay.

Y descubrí un montón de libretas de mis tiempos de colegial. Extraje una al azar y al abrirla miré la fecha: 1975. Y en cada hoja esa esmerada caligrafía que entonces yo tenía.
- ¡La madre del cordero! ¿Sabes que esto lo escribí yo cuando tenía... ¡cuando tenía tu edad! 
- ¿Sí? ¿¿Esa letra tenías??

Pero no eran solo libretas del cole lo que allí había. En ese mazo prensado encontré cuadernos de dibujo de mi hermano, aquellos indios y vaqueros que dibujaba y coloreaba de pequeño; descubrí una colección de cajas de cerillas que él y yo hacíamos, recortándolas y pegándolas en una libreta; había también algunos cromos de aquellos tiempos, boletines de notas, dibujos sueltos... Y conforme obsevaba todo aquello, se deshacía la nebulosa que el tiempo acumula sobre la memoria y lo recordaba con nitidez, como si lo hubiera visto ayer mismo. Cada imagen me parecía  un reciente despertar.

Todo se encontraba en bastante buen estado,  pero con las telarañas y el polvo de mil años, por lo que estoy inmerso en labores de  restauración y limpieza con esmero.  Ni siquiera lo ha visto aún mi hermano (¡prepárate Tomás para un viaje alucinante a nuestra niñez! :))

Ah, finalmente un aro de plástico sirvió de canasta para Samuel.

SEGUNDO VIAJE

Hace unos tres meses supe que la revista Vivir en Elda estaba dedicando un reportaje mensual a los colegios de la ciudad en la que nací, y que estaba previsto que en abril publicaran el del colegio Lloret, del que tanto he hablado en el blog. Lo curioso es que lo supe gracias a un paisano lector anónimo que me dejó el comentario.
Ocho días atrás quedé con unos amigos, y uno de ellos, Francis, dos años más joven, y "lloretino" como yo, me dio la sorpresa.

- ¿Viste el reportaje del Lloret?
- ¡Anda, no! ¿salió ya? ¿lo tienes?
- Claro, lo tengo. Y sales tú.

Lo primero que pensé es que estaba de coña. En casi 40 años de la historia de un colegio, -cuyas últimas fotos antes de ser derribado las saqué yo, por cierto- era demasiada casualidad que publicaran una foto mía, así que no me lo creí.

- ¡Te digo que sales tú en una foto en blanco y negro, con toda tu clase!
- ¿Pero qué dices? ¡Cómo voy a salir yo... con la de gente que pasó por allí!
- Pues no te miento. Una foto con Don Miguel y  la señorita Lola en la Plaza Castelar.
- ¡Increíble! ¡¡Yo quiero ver eso!!

Ya he podido leer todo ese reportaje, y efectivamente, ahí estaba la foto. Colegio Lloret, año 1976. A mis diez años.
Contemplé minuciosamente el tiempo detenido en aquel instante, cada cara trayéndome a la cabeza el nombre y apellidos de todos aquellos niños, mis compañeros, tan lejanos en el tiempo, tan cercanos en ese momento. Recordé  incluso a aquellos que no siguieron hasta el final y a los que no he vuelto a ver más.
En mi misma clase estaba Juan Luis, el único de aquel grupo del que me enorgullece conservar hoy su amistad. (Bueno, de Txema también, pero éste fue un traidor que se cambió de colegio incluso antes de hacernos aquella foto)  La de veces que  hablamos los tres de nuestros tiempos del cole… Todavía.

TERCER VIAJE

Desde que murió mi abuela, su casa ha estado alquilada a otras personas. He tenido muy pocas ocasiones de volver a entrar allí, pero las veces que lo he hecho me retrotraigo al pasado con suma facilidad. De aquella casa surgen recuerdos por todas partes.
Mi abuelo en su sillón, escuchando tranquilamente la radio; mi abuela guardando los rollos de anís en el armario del pasillo, o el "cuarto de los leones", que nos daba miedo porque siempre había un cirio encendido que proyectaba sombras en la pared...
Hace unos días se marcharon los inquilinos y mi madre estuvo limpiando por allí.
En el pasillo hay un altillo con llave donde ella guardaba algunas cosas y aprovechó para revisarlas. La última vez que fui a visitarla me regaló algo muy especial.

- Toma, lo he guardado para ti, porque sé que te va  gustar.
-  ¿Qué es esto?
-  Cartas.

Cartas fechadas en 1968. Eran los tiempos en que pasaban por dificultades económicas y mi padre se marchó a trabajar a Madrid, dejando en Petrel a su mujer y a su hijo de dos años. Eran las cartas que se fueron enviando y en las que, lógicamente, hablaban de mi.

El pasado domingo me llevé a mis hijos al parque, y mientras jugaban por allí con la bicicleta y la pelota, me senté en un banco, ordené esas cartas por fechas y las leí.
Se descubre tan pronto, en multitud de detalles, que eran otros tiempos... Y los de hoy se detuvieron unos instantes para hacer marcha atrás en busca de aquellos.

Y ahí estaba yo también, en boca de mis padres, un niño que hacía mucha compañía a su madre en los meses previos a tener otro hijo; yo era aquel pequeño que, leí, jugaba a  sacar del bolsillo un paquete de cigarrillos  imaginario y "fumar" echando el humo como un adulto, un niño que a veces lloraba porque quería ver a su papá y que cuando  veía su imagen en un portafotos  le daba un beso.
 "Le dije,¡mira, una mosca! - escribía mi madre- y el nene la espantaba, y cuando le pregunté a dónde se había ido me dijo "A Madí, con el papá"

Me resultó muy emotivo leer cosas de mí y de mis padres de aquel entonces, y fue tan tremendamente curioso ser consciente del salto temporal y rocambolesco que había permitido que ese niño estuviera hoy, como adulto, reviviendo cosas  de sí mismo  tantos años después, y alzar la cabeza y ver a sus propios hijos jugar, ajenos por completo al extraordinario viaje en el tiempo que estaba realizando su padre en esos momentos…


Y a mí, que con los años me cuesta cada vez más sacudir la nostalgia que se acumula por  los bolsillos de la memoria,  estos tres viajes me han causado a la vuelta un jet lag emocional que no termina de desaparecer.
Siento que han reverdecido un poco  por dentro algunas raíces que el polvo del tiempo había oscurecido, y me he detenido a buscar  por esos recovecos internos a aquel pequeño Juan de los diez años, y al de los ocho, e incluso al pequeñísimo de los dos.

He tratado que no se pierdan para siempre,  intentando  que asomaran un poco sus ojos al día de hoy, y sonrío emocionado cuando termino por escucharles decirme que sí, que aunque me cueste creerlo, siguen ahí.

14 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Qué bonitos recuerdos, en mi casa siempre han sido de ataques de limpieza repentinos en los que no sobrevivía ni un triste papel viejo :S.

Mae Wom dijo...

Oooooh! Qué bonito! Es todo un regalo providencial aunque en tu caso seguro que tienes un duende que te provoca estas "casualidades" que tú acumulas muchas siempre! ;))

Los viajes en el tiempo tan reales son de un peso considerable. En un primer momento está la sorpresa y el redescubrimiento de aquellas imágenes guardadas en la memoria pero a veces te atrapan y te aislan así que no te olvides que estás construyendo los recuerdos de ti mismo y de tus hijos, no te pasees mucho por la memoria y vuelve!! Ahora!! Ya!! Despierta!!...Es broma. :)))

¿¿Pero no te pasa a veces que tienes algo en tus manos y piensas que tal y como está en ese momento parece mentira que luego pueda ser casi un tesoro para los recuerdos?? Y sin embargo se convierten. La magia está en todo lo que te sucede después.
El cerebro humano es un auténtico misterio... ;)

Misaoshi dijo...

Qué bonito y emotivo.

Si ya cuando leo entradas antiguas del blog me da la nostalgia no me quiero imaginar todos esos años que han pasado entre esos retazos de papel y el Juan del presente.

Es bonito recordar.

Gamar dijo...

Casualmente, me pasó algo muy similar hace exactamente 4 días.
Decidí ponerme a ordenar el altillo donde van a parar las cosas en su evolución.
Me enojaba ver esa pilas enormes de carpetas con papeles y papeles. Quise tirar todo, pero antes me puse a revisar para evitar tirar algo importante.
Carpetas con apuntes y resúmenes de la universidad, cosas de la secundaria y hasta de mi primaria, cuadernos y los boletines de calificaciones.
Lo que esperaba fuese una hora a lo sumo de limpieza y orden se convirtió en casi toda la tarde riendo solo y con alguna que otra emoción al encontrar acotaciones de mis compañeros en mis apuntes, alguna foto y demás.
¿Para que aclararlo?
Claro que no tiré nada.
Un abrazo.

Montse dijo...

Es bonito recordar los tiempos de la niñez, los más felices y los más tiernos de nuestra vida. Con tus tres recuerdos has hecho que reviva también los míos y alguna que otra libreta y foto que rescaté no hace mucho de casa de mi madre ¡Ay, la panzá de llorar que me dí! en una mezcla de nostalgia y sentimiento.
Como dices, el tiempo hace que se olviden pequeños detalles que luego surgen de repente al encontrar esas notas, esos juguetes, cromos.
Emotivos tus tres momentos del pasado-presente.
Un beso y buen fin de semana!

tomas dijo...

Pero cómo no hay fotos de lo que hablas?, y tu foto en el lloret?, y una foto de esas libretas, o algún dibujo.... muy mal, muy sucio... yo buscando por ahí y no "ia res", un fragmento de esa carta..... .......

Ripley dijo...

te imagino en tu trabajo de restauracion y no puedo dejar de sentir una emocion parecida. es una suerte conservar tanto pasado de uno. yo tengo algunas postales de cuando mis padres se carteaban. mi madre en madrid sirviendo y mi padre haciendo de extra en el cine. pero son pocas cosas, las mas están en algun lugar de la memoria. Samuel tiene mucha suerte de tener un padre como el que tiene. no tengas prisa por volver de ese viaje emocional, seguro que te recarga de energia positiva.

un abrazo

Ángeles dijo...

Qué bien cuentas tus sensaciones y qué bien las vives. A otra persona esas cosas le pasarían desapercibidas, no les daría importancia o incluso las consideraría "cosas viejas" sin valor alguno. Pero tú lo vives todo con una intensidad emocional que se transmite por la pantalla y se contagia.
Luego dicen que los viajes en el tiempo no existen...

papacangrejo dijo...

Vaya tres viajes, y gratis. ¿Que sería de nosotros sin los recuerdos?

Sese dijo...

A mí también me dan de vez en cuando esos ataques de nostalgia, que debe ser como el colesterol que la hay buena y mala. Sin duda ésta es nostalgia de la buena así que disfrútala y recreate en ella tanto como gustes, que es un sano ejercicio.

Saludos

JuanRa Diablo dijo...

Doctora Anchoa:

Lo más práctico es ir deshaciéndose de todo lo innecesario. Pero mira, luego surgen cosas de estas y a uno le parecen poco menos que tesoros.

Mae:

Pues no has dicho ninguna tontería con pedirme que vuelva y despierte, que pasear un poco por el pasado no está mal, pero recrearse demasiado en él, seguro que no es tan saludable.

Las casualidades me fascinan, me hacen reflexionar lo curiosa que es la vida a veces, y cuánto de magia parecen tener ciertos sucesos. O a lo mejor es solo cosa mía, que me paso de soñador y les doy más importancia de la que tienen. En cualquier caso... ¡cómo los disfruto! :)

Misaoshi:

Y mira que han pasado años... Y ahí también hay mucha culpa en esto de la nostalgia, porque uno dice ¿tantos? ¿de verdad? Pero si no me he dado cuenta...

Gamar:

Claro que no tiraste nada. Y dentro de X años puedes volver a pasar una tarde de risas y suspiros. Claro que todo tiene un límite. Cuando al altillo le dé por pedir socorro habrá que empezar a replantearse una criba. Uff, qué difícil para los nostálgicos esto de hacer limpieza...

Montse:

Te entiendo a la perfección. Descubrir fotos o cualquier recuerdo de tu pasado suele causar una honda impresión. Y cómo lo valoramos con los años. Y es increíble: encontré algún dibujo que hacía más de 30 años que hice y exclamé: ¡Siiií, me acuerdo! :D (Oye, esto está sonando a diálogo entre matusalenos y ni de coñaaa! xDD)

JuanRa Diablo dijo...

tomas:

Ya, ya iré preparando alguna expo de todo eso. Necesito un lavado de cara, ordenar, fotografiar… prefiero hacerlo con más tiempo y con ganas, para que quede bien.

Ripley:

La próxima vez que vaya al pasado me aseguraré de sacar también billete de vuelta, que esta vez no ha sido así y me he perdido un poco. Pero sí, energía positiva siempre.
Un abrazo
PD Lo de tu padre como extra de cine siempre me ha llamado la atención. Buenas anécdotas debió vivir… :)

Ángeles:

Seguro que a otros les pasarán desapercibidas, pero no será tampoco a ti, que me consta que te pirras por lo antiguo, y más si se trata de un libro, una libreta, una carta… ¿a que sí? Jeje
Existen, existen los viajes en el tiempo. Y no necesitan combustible. Son de lo más ecológico :p

papacangrejo:

Sí, era una promoción de 3x1, jeje. Tal vez sin los recuerdos ni siquiera seríamos.

Sese:
Me ha gustado eso de la nostalgia buena y la mala, como el colesterol, jaja.
Esa terminación en “algia” ya le está dando cierto significado de dolor, pero yo no lo veo del todo así. Es como un amor perdido, y puedes sonreír pensando que tuviste la dicha de vivirlo y casi rozas el llanto porque ya no está. Es un sentimiento muy jodío si lo pensamos bien. ¡Claro: igual que el colesterol! xDD

Pecosa dijo...

Vaya, JuanRa, qué entrada más emotiva... me ha encantado leerla, ya sabes que soy una nostálgica y todo lo que tenga que ver con tiempos pasados me despierta mucha curiosidad y estima.
Cómo desearía que mi madre (fan de tirar cosas) no se hubiera deshecho de las recuerdos de mi infancia y la de mi hermana. Me encantaría conservar álbumes del cole, libretas , dibujos y ese tipo de cosas. Si bien es cierto que las mudanzas no ayudan, y al final acaban desapareciendo muchs objetos.

Yo intento no desprenderme de recuerdos míos, de hecho tengo una caja de zapatos llena de cartas que me escribía con mis amigas, que guardo para releerlas algún día.

Los dicho, preiosa la entrada.

JuanRa Diablo dijo...

Ya, ya sé lo mucho que te gustan todos esos objetos impregnados de recuerdos y que tienen una historia familiar.

Nuestra suerte en esto fue que vivimos en un campo grande y todo iba pasando al trastero, o al corral, que fue otro trastero cuando dejó de haber animales. De haber vivido en un piso nos habríamos desprendido de muchas cosas con toda seguridad.

Me gusta haber compartido esto contigo, Pecosa.