19 de marzo de 2015

BESTIAS HUMANOIDES

Estamos en Petrel, Alicante, en un barrio llamado La Foia, próximo al castillo. 
Hay en este lugar una explanada circular que con la llegada del buen tiempo se llena de mesas en las que se sirven cervezas y caracoles, en un ambiente siempre alegre y bullicioso.

Pero en un rincón de la plaza, una triste cabina de teléfonos llama mi atención. 

Parece un monumento a la desolación. Está sucia, rota, pintarrajada y arrumbada contra la pared como si fuera un trasto inútil y fuera de lugar.  

Me pregunto qué bestias humanoides se ensañarían con ella y por qué. ¿No se dan cuenta de que las cabinas de teléfonos están en peligro de extinción y que sólo por eso deberíamos hacerles una reverencia al pasar?   

Antes de marcharme de allí me acerco para sacarle un par de fotos (y hacerle esa reverencia que nadie le hace), y compruebo que, además de no funcionar, el auricular cuelga como si hubiera decidido suicidarse ante semejante desamparo e inutilidad.

Me comenta un amigo, que por allí ha pasado recientemente, que tiene ahora un cristal rajado y el auricular ha desaparecido.

¡Pobre cabina! Se puede decir que está en un lamentable estado de conservación y, lo que es peor, en un irreparable estado de conversación.

Pasamos ahora a Alicante. 
En la avenida de Villajoyosa, la que corre paralela a la Playa del Postiguet, hay un muro que no me resisto a fotografiar.

Sin lugar a dudas, por aquí pasaron otras bestias humanoides y dejaron su huella. 
Me imagino a los  portadores del aerosol (iba a llamarles artistas, entre comillas, pero me sigo pasando de generoso) babeando satisfechos por no haber desobedecido ninguna orden. 
El cartel prohíbe fijar carteles, pero nada dice de pintar graffitis. Y  entre marranear un muro cubriéndolo de  papeles y decorarlo con bellas firmas de pintura negra... vamos, que no hay color.

Me pregunto si sería apropiado escribir sobre el muro "PROHIBIDO PINTAR GRAFFITIS". o sería un despropósito por ser un graffiti más. Con muy buena caligrafía pero graffiti al fin y al cabo.  Quizás mejor pegar un cartel, o muchos, muchos carteles, con la prohibición. Pero, entonces... ¡vaya, que existiendo las bestias humanoides, las ciudades y sus paredes tienen todas las de perder!

Ahora toca dar un salto a otro lugar y otro tiempo.
Lugar: Elche, Alicante. 
Año: entre  2000 y  2003.

Salía yo del trabajo dispuesto a coger mi coche para  volver a casa cuando vi llegar por la calle a un auto a toda velocidad. No hay cosa que más me indigne que haya insensatos que aprieten el acelerador en plena ciudad, y más si son esas bestias humanoides que gozan revolucionando el motor de sus coches para que suenen más de la cuenta, como si pretendieran subsanar alguna carencia a base de ruido.
El tipo recorrió la calle entera en décimas de segundo y luego torció para enfilar otra calle a la misma velocidad. Pensando estaba yo en la fatal posibilidad de que se le cruzara una persona, algún niño, un perro, qué se yo, cuando escuché un golpazo tremendo y no tuve la más mínima duda de que había chocado contra algo. 
Junto a otros muchos curiosos, fui corriendo al lugar para saber qué había sucedido, y me encontré con esto.
Según me contó un testigo, un coche salía en ese instante de su aparcamiento y el loco descerebrado que venía como una bala se lo encontró encima. Dio un volantazo para esquivarlo, chocó contra un bordillo y el coche dio una vuelta de campana. Afortunada, casi milagrosamente diría, no hubo que lamentar ninguna desgracia personal. 
La bestia humanoide salió del coche por su propio pie y empezó a gritar a los cielos, maldiciendo su suerte y dando furiosas patadas a los neumáticos de su coche, como si la máquina tuviera culpa de lo ocurrido.
La verdad, qué poca lástima me dio el tipo. Y aún fue afortunado para lo que podía haberle ocurrido,  no solo a él sino a los que en aquel momento pasaban por allí y que se podría haber llevado por delante.

Todas estas fotos llevaban mucho tiempo en una carpeta, no sé bien por qué las guardaba, pero hoy las muestro como prueba evidente de que convivimos entre bestias humanoides. Algunas se dedican a maltratar el mobiliario urbano con una total carencia de civismo, otras ensucian las ciudades con sus pintadas absurdas, otras son capaces de atentar de forma temeraria y sin escrúpulos contra la vida de los demás.

Y ahora veremos  qué hago con ellas, porque yo en el infierno no las quiero.

12 comentarios:

pichiri dijo...

Cuando en un mundo loco, las personas "de bien" luchan con tesón en defensa de los derechos humanos, de los derechos de los animales y de los derechos de los extraterrestres si existieran, por no extenderme un poco mas..., SIN TENER EN CUENTA SOBRE QUIEN DEBERÍAN RECAER ESOS DERECHOS y su meta máxima es vivir en un mundo de permisividad en el que cada cual campee por sus fueros sin que nadie pueda increparles por su conducta sin incurrir en el desafuero de atentar contra la ya casi sagrada tolerancia. olvidando que de igual nodo que cuando padecemos de un cáncer en la mano pedimos que nos amputen el brazo entero por temor a que se reproduzca. no solo tendremos que soportar lo que tu dices; lo que otros ven; lo que la mayoría sabe y lo que yo me callo, porque si te exteriorizas demasiado en estas cuestiones, los que en silencio aprueban tu denuncia; los que son testigos de estas inmundicias; los que saben de todas estas y otras muchas mas barbaridades, incluso yo por mi edad y mi experiencia, permaneceremos callados ya que en este caso, como en el que aconteció con el "INVISIBLE TRAJE DE AQUEL REY DEL CUENTO", SOLO LA INOCENCIA DE ALGÚN NIÑO PODRÁ ABRIR LOS OJOS DE LOS MENTECATOS QUE PROPUGNAN Y DEFIENDEN LA INSOSTENIBLE REALIDAD DE TANTA TOLERANCIA.

pichiri dijo...

Nota.- No creo que hubiera tampoco ningún gobierno que se atreva a poner fin a esta absurda situación. Si hubiera alguno que lo intentara, duraría lo que un caramelo en la puerta de un colegio y mientras pudiera mantenerse, seria tachado de Dictador, Tirano, Fascista y naturalmente de "anti democrático".

Anónimo dijo...

¡ay qué pobre cabina de teléfonos!...da más miedo que la de Jose Luis López Vácquez. Tienes toda la razón: las cabinas son ya testimonios arqueológicos de una época muy reciente que hay que conservar. Es cierto que las nuestras no son como esas británicas de los años 40 o 50, rojas y tan atractivas; el aluminio no es hermoso pero hay que tratarlas con respeto aunque sólo sea en homenaje por los muchos servicios que nos han prestado: las llamadas de emergencia, las llamadas para quedar con los amigos o con los novios, el experimento de llamar a un teléfono erótico para ver cómo era eso...ja,ja,ja! Las cabinas forman parte de de la historia de nuestra generación.
¿Sabes que soy muy malo y he disfrutado con el escarmiento que sufrió el tipo del coche?...Síii: ¡que se joda! (Y perdona mi lenguaje pero es que me sale del alma)
Y estoy muy de acuerdo con tu padre: ya vale de tanta corrección política que, en lugar de hacernos progresar, nos está llevando a un estado peor -mucho peor por el egoísmo que demuestra- que el del Hombre de las Cavernas. ¡Necesitamos escarmientos! (otra cosa será que las autoridades sepan discernir a quién y cómo aplicarlos, que también dudo de su capacidad)
ME gusta que a pesar de todo, mantengas tu aguda capacidad para jugar con el lenguaje y los conceptos; sí señor. Lo de la contradicción del cartel prohibitivo lo pensaba yo ayer mismo.
Que me alegro de tu vuelta, que parece que te has retrasado.
carlos

Montse Martínez Ruiz dijo...

Lo de bestias humanoides te ha quedado corto, yo les daría unos calificativos bastante más crueles porque se lo merecen por hacer esa barbarie con la pobre cabina, con las paredes y me alegro que el coche se le quedara destrozado al tipejo ese.
Te podría contar algunas cosas más de este tipo que veo a menudo en la ciudad, pero no quiero aburrirte y por favor ¡saca todo lo que tengas en esa carpeta ya! por lo visto es mágica o es como la caja de pandora ¡a saber todo lo que nos escondes!
Ya te echábamos de menos... snif, snif ¡nos tienes mu abandonaos!
Besos.

Papa Cangrejo dijo...

Así va el mundo!! en cuanto a las cabinas buuf en mi barrio las van a quitar no te digo más jajaja

Sese dijo...

Y es que a veces creo que el ser humano es malo por naturaleza...

Saludos!!!

Ana Bohemia dijo...

Bestias humanoides, plaga sacada de los infiernos, ¡seguro!, eso son los mismos que confunden un buzón con una papelera y un banco del parque con un saco de sparring.
Gua la última foto es impresionante, no me puedo imaginar a que velocidad tenía que ir para acabar dando una vuelta de campana así.
Saludos!!
:)

Ángeles dijo...

No sé cuánto tiempo hacía que no veía una cabina telefónica. Y no digo una en buen estado de conversación, sino ni siquiera los restos arqueológicos de una de ellas.
Por cierto, eso del auricular que cuelga "como si hubiera decidido suicidarse" me parece una greguería digna de Ramón Gómez de la Serna. En serio.

A mí se me figura que esas firmas negras se reproducen por mitosis como las células, pues parece que donde surge una, al rato hay dos, y de cada una de esas dos surgen otras dos, o sea, cuatro, y así sin parar, en progresión geométrica. Y se me figura también que el "Prohibido fijar carteles" es como el Gran Padre Graffiti, ahí en todo lo alto, que dice a sus descendientes agolpados a sus pies: "Creced y multiplicaos, y poblad el mundo." :p

Y para terminar ya con estos desvaríos, al humanoide que le dio la vuelta al coche y puso en peligro a todo el barrio, me lo imagino perfectamente, no sé por qué, con un espray en la mano y dándole patadas a una cabina de teléfonos.

Ah,espera, me queda una pregunta: si a estos humanoides tú no los quieres en el infierno, ¿a dónde irán a parar?

exseminarista ye-ye dijo...

Pues si en su Infierno no los quiere en éste donde vivo tenemos de sobra, así que a saber lo que hacemos. Sobre todo en el caso de los conductores, cuando veo pasar algún energúmeno de ésos o hacer alguna maniobra peligrosa para todos los demás por creerse Nikki Lauda (abrázame fuerte, Nikki Lauda...; Doraemon, soy un viejuno, nadie sabe quien es Nikki Lauda) les deseo, con sinceridad y desde el aprecio y el respeto, un "ahí te mates, c..., antes de que mates a alguien".

Lamentablemente se suelen llevar a alguien por delante.

Ains, es lunes por la mañana, no me pidan que sea misericordioso ni empático. Salud y saludos.

hitlodeo dijo...

Estas bestias humanoides, por ser educados al calificarlos son carne de Limbo. Ni los quieren en el Cielo, ni en el Infierno. El Diablo será malo, pero no soporta a los gilip..., sigamos siendo educados.

La pobre cabina, si en Madrid ya no hay. Deberían ponerle una placa y tratarla como un monumento.

Lo de las pintadas, meadas en pared les llamaba yo, es algo asiduo hoy día. Hay que marcar el territorio, y no todos tiene mano para hacer un buen dibujo.

Y lo del Anormal del coche es lo que más me cabrea. Odio a estos gilipollas (se acabó la educación), porque por culpa de ellos muere gente. Y lo que es peor, normalmente en un accidente muere el que no tiene nada que ver y ellos salen ilesos.

Al Limbo, pero con condena de sufrimiento eterno.

JuanRa Diablo dijo...

pichiri:

No puedo estar más de acuerdo en todo esto que dices. Recuerdo que cuando se propuso colocar cámaras en puntos determinados de las grandes ciudades, cámaras que grabaran lo que ocurría a diario y que sirvieran para captar a los posibles vándalos y poder así identificarlos y detenerlos, que hubo mucha gente que puso el grito en el cielo, y que algunos políticos se rasgaban las vestiduras alegando que eso era un atentado contra la intimidad de las personas. Jamás entendimos aquello, ¿recuerdas?
Primero porque aquellas grabaciones no se iban a exhibir ante nadie, pero sobre todo porque qué más me da a mí que me graben por la calle si no tengo nada que esconder ni pienso pintar un graffiti, romper una farola o quemar un coche. De entrada me parece sospechoso aquel que se indigna, pero sobre todo me da rabia comprobar que siempre es esa el arma arrojadiza que sirve a muchos políticos para acusar a otros de represores, intransigentes, dictadores, etc…
Pero de la misma forma en que las normas de tráfico se han endurecido por el bien de todos, y las asumimos como necesarias, yo vería fabuloso que se metiera en vereda a todos aquellos que tienen comportamientos tan incívicos por la calle. Hay países en donde escupir un chicle al suelo es motivo de sanción importante. ¿Eso es falta de libertad? ¡¡En absoluto!! Eso es aleccionar a tanto borrego suelto, de esos que solo exigen derechos y se acuerdan más bien poco de sus deberes.
¡Cómo me quema este tema! (dijo el diablo, ya quemado de por sí)


Carlos:

¿Te imaginas que La cabina de Mercero se hubiera rodado en Londres? ¿Quién hubiera sido el actor? ¿Alec Guiness? No, no puedo verla más que de aluminio y con López Vázquez sudando dentro, jaja.

Me atrevería a asegurar que todos los que vimos el espectáculo del bruto aquel, que se debía creer en un circuito de Fórmula 1, también disfrutamos con el susto que se dio, bien merecido. Me pregunto si aquel escarmiento le serviría de algo, aunque no sé por qué, me da a mí que no.

¡Y tanto que necesitamos escarmientos! El otro día vi cómo un hombre dejaba un par de bolsas de basura junto a los contenedores. No se molestó en echarlas dentro. ¿Qué ocurrió? Pues que al día siguiente se veía un montón de basura esparcida por allí, pues algún perro o gato había destrozado las bolsas. Y yo mentalmente imaginaba todos esos desperdicios lloviendo en el salón de la casa del individuo aquel. Ahh, si yo pudiera...

En fin, que me alegra que te alegre mi vuelta. En realidad no me había ido, solo que últimamente ando a otras revoluciones.
Un abrazo

Montse:

Bestias humanoides (gorrinus implacabiles en latín), esa especie de bicho de pocas luces que pulula por todas partes y que todos hemos visto alguna vez. No, mejor no me pongas más ejemplos porque se me va a fundir el tricornio de pura indignación :p

Sí, es cierto, estoy muy desaparecido de un tiempo a esta parte, pero no me olvido de mis grandes colegas blogueros ¡eso nunca!
Besos, Montse (y feliz primavera botánicamente)

Papá Cangrejo:
Digo yo que terminarán desapareciendo de todas partes. Quién no tiene un móvil hoy en día. Pero debería quedar alguna como recuerdo de otra época, ¿no crees? Bien cuidada, eso sí, y esto es lo complicado.

JuanRa Diablo dijo...

Sese:

Ya te digo, tan malo que me reservo el derecho de admisión de estos tipos en el infierno.

Ana Bohemia:

Lo inconcebible no es solo que diera la vuelta de campana, sino que no se hiciera un solo rasguño ni él ni nadie, ni siquiera a los coches que había a uno y otro lado.
Ya ves, aquel día el tipo aquel tuvo suerte y todo...

Ángeles:

Qué ilusión me ha hecho que nombres a Gómez de la Serna, a quien siempre he admirado. Le descubrí en 3º o 4º de EGB, cuando la maestra (la señorita Lola) nos hacía dictados con sus Greguerías y a mí me parecían comparaciones divertidísimas.

Esto de la mitosis que dices (mitosis rubricosa, creo que se llama) se expande sin límites. Yo creo que no debe quedar una sola ciudad en España en la que no asome una pintarrajada por algún sitio. Y si al menos fueran dignas de ver...
Cuándo inventarán los botes de spray inteligentes, aquellos que si no llegas a un mínimo de expresión artística estallen en la mano, grafiteando espectacularmente párpados, narices, pestañas y hocicos. Ahh, qué gran invento sería...

Para la pregunta que te haces te pongo en línea con Hitlodeo, un poco más abajo ;)

Exseminarista ye-ye:

Ah, ¿pero también hay sucursales de maldad en el Paraíso canario? ¡Si es que no respetan ni la paz de las Afortundas!

Jajaja, cómo nos delata nombrar algunos nombres de la historia, ¿eh? Alguna vez he dicho cosas como “corría como un Fitipaldi” y también he quedado como un viejuno.
Me ha alegrado verte por aquí. Saluda de mi parte a esa compañera que tanto estimo.

Hitlodeo:

Creo que has dado con la clave del asunto: una cosa es ser malo, con caché de malo y pedigree de malo, pero los tontolnabo, los fantasmas, los dosdedosdefrente, los torete de mercadillo… esos fuera!! ¡No valen ni para el infierno!
Pero espera, que me llega un teletipo desde el Limbo: ¡que allí tampoco los quieren!
Pues no se hable más: ¡A vagar eternamente por la nada!