14 de septiembre de 2021

LA GRAN CAJA

 Antes de que aparezca de nuevo, pues vuelve a estar en camino, les pondré sobre aviso.

Traten de imaginar una gran caja que se aproxima lentamente a la Tierra desde el espacio.

Visualícenla con los ojos cerrados.

Ahora vuelvan a abrir los ojos para seguir leyendo.

Es un poco mayor que nuestro planeta, por lo que cuando llega, nos engulle y quedamos a oscuras.

No, no se alarmen, será sólo un instante, no llega a detenerse.

La caja se sigue moviendo y va atravesando toda la esfera, y al hacerlo arrastra y almacena en su fondo todos los residuos de plástico con los que se va encontrando: bolsas, botellas, vasos, cubiertos, envoltorios, recipientes de comida…

Esta caja (que yo imagino de cartón) traspasa tanto la tierra como los océanos, lagos y ríos, recogiendo el 100% de los deshechos de plástico enterrados, los que abundan en los arcenes de las carreteras, los que hay en los montes, los hundidos en los ríos… hasta los microplásticos que acaban tragando peces y mamíferos marinos.

¿Cuánta basura tendría en su interior cuando terminara de hacer el barrido por toda la Tierra? Imagino que toneladas de toneladas.

Pues bien, entonces la caja se cierra y hace un viaje ultrasónico hacia el sol, en donde se quema en una milésima de segundo cual fósforo de cerilla seca.

Quizás por la impotencia que me produce escuchar noticias que demuestran lo poco concienciados que estamos con el medio ambiente, soñé con esta caja, y al hacerlo sentía auténtico placer, por lo que se convirtió después en un pensamiento recurrente. Es una utopía, sí, un imposible, pero la caja de mi imaginación lo consigue.

Es por eso que desde entonces, para mi deleite mental, la gran caja ha venido muchas otras veces a la Tierra y he podido ver con claridad cómo se llevaba todas las latas de cerveza y refrescos que hay esparcidas por el mundo, esas que dicen que tardan tanto en desintegrarse que si Hernán Cortés hubiera tirado una al suelo, hoy terminaría de desaparecer.

¿No ven la maravilla? La caja se acerca muy lentamente, y unas veces empieza recorriendo Oceanía y termina por América y otras al revés. Unas veces barre desde el Ártico y otras desde el Antártico, y a su paso por tierra, mar y aire se va llevando todo tipo de basuras:

Detergentes, plaguicidas, manchas de aceite, de petróleo...

Todos los neumáticos desechados.

Los chicles que hay pegados en las aceras.

Las toneladas de ripio de millones de construcciones.

Las pilas y las baterías.

Todo el material radioactivo perdido o enterrado.

Etc, etc, etc...

Incluso, por qué no, podría dejar como una patena todos los vertederos del mundo, con lo que aliviaría por mucho tiempo ese exceso de basura que no se llega a gestionar bien.

La caja es capaz también de borrar hasta el último grafiti, me refiero a esos grafitis feos que se pintan donde no corresponde, los absurdos, los soeces, los que afean tanto las ciudades, los monumentos y el mobiliario urbano.

Ahh, ¡es que suspiro de gozo con mi caja!

Además, es tan eficiente que empieza a tragar residuos incluso antes de alcanzar la Tierra, y engulle y se lleva para siempre toda la basura espacial que gravita a nuestro alrededor, porque no nos basta con generar basura aquí, también la esparcimos por la estratosfera. ¡Yo alunizo, digo alucino!

Y ahora es cuando me pregunto: cuando la Humanidad se percatara de que la Tierra estaba tan limpia… ¿cuánto tardaría el primer burro en dejar basura en el monte? ¿quién empezaría a manchar con otro grafiti la fachada de una iglesia? ¿quién echaría sin el más mínimo remordimiento una colilla a un río ?

Pero no desesperen, porque ya planea por la Vía Láctea nuestra Gran Caja, y en su próximo barrido terráqueo se va a tragar como patatas fritas a todas esas mentes obtusas que no aprenden nunca.

Sé que cuando lo visualice se me va a caer la baba.





6 comentarios:

Ana Bohemia dijo...

Es una utopía muy bonita, y muy ecológica, ojala existiera esa caja para tragarse toda la basura, los residuos, y algunas ideas horribles de cabezas dañinas, ¡vamos a soñar!
Saludos JuanRa.
:)

Anónimo dijo...

¡No dejas de sorprenderme con tus ocurrencias, macho...!. Pues si es que hay una dicotomía entre la sanidad y el ecologismo: se insistió tanto en la higiene de los alimentos que se vio como una solución el envolver en plástico hasta la fruta...¡qué extraño me parece ahora cuando venía el lechero a mi barrio con su 2CV cargado de grandes lecheras y yo bajaba a la plaza con la mía pequeñica a por leche pura de vaca (aunque llevara algo de agua) que hacía una nata riquísima...
Y pretenden que todo este progreso llegue al mundo todo: a África, Centroamérica, Asia...¡ qué vértigo!
¡Pero los graffitis gamberros de Pompeya hoy son un tesoro arqueológico y sociológico! jajaja
carlos

Montse dijo...

Sería maravilloso que existiera esa caja!!
Me imagino un mundo limpísimo, con un cielo azul claro y unos océanos de aguas cristalinas, abundantes y verdes bosques en el que viviríamos ordenada y pulcramente ¡genial!
Yo también me pregunto cuanto tiempo estaría el planeta así de limpito, jaja.
Mil besos.

Ángeles dijo...

Pues me encanta tu caja soñada. Es como una roomba pero a lo bruto, de dimensiones galácticas y poder de succión sideral. Una maravilla.

Me figuro lo muy preocupado que estás con este tema cuando hasta sueñas con ello.
Pero me temo que, por muy limpio que quedara el planeta después de uno de esos barridos de la caja mágica, mientras siga habiendo humanos que lo habiten poco duraría la limpieza. Más que homo sapiens somos homo basurensis, y eso no tiene remedio.

Lo mismo que no tiene remedio tu imaginación, que siempre que pasamos por aquí nos sorprendes con otro alarde de ingenio.

Ea, a barrer!

Ángeles dijo...

Por cierto, supongo que sabes cómo se llama ese edificio acristalado y negro que hay frente al Big Ben. Y seguro que te hace muchísima gracia :D

JuanRa Diablo dijo...


Imagina qué maravilla, Ana. A falta de lo que sería la lógica concienciación global por cuidar el planeta, que existiera la posibilidad de limpiarlo a gran escala con nuestra Big Box!

También se me ocurre que pudiera llevar publicidad en sus laterales para que se anunciaran las empresas millonarias :D

Descuida, Carlos, que la Big Box sabe muy bien qué graffitis es mejor no meneallos, así como también dejaría las esculturas hechas con material reciclado, que al arte le sabe dar un margen.

Tú lo has dicho, ni tanto ni tan calvo, que hoy se abusa de los envoltorios de plástico, de las bandejas, de los envases de cartón… Si es que de seguir así habrá basureros tan grandes como ciudades, tal y como se veían en la película Wall-E.

Ojalá las nuevas generaciones de científicos logren avances espectaculares en este sentido.
Mientras tanto, nuestra Big Box me tranquiliza.

Ya ves, Montse, llegaría un momento en que la Big Box 66 (déjame que le añada un número, que la hace más creíble :p) tendría el planeta tan limpio que estaría hasta ociosa. Pero siempre podría mejorarlo todo, eliminando, por ejemplo, la maleza seca de los bosques, la que hace que los incendios se propaguen con más facilidad.

Y ya puestos (mira que es fácil soñar), que fuera desenterrando de vez en cuando, por aquí y por allá, restos arqueológicos que merezca la pena conocer.
Mil besos para ti también

Exacto, Ángeles, es como una super roomba ultrasilenciosa que traga que da gusto. Además en cada barrido emana una suave radiación que es especialmente buena para el sistema nervioso de las ballenas, las lechuzas de frente blanca y los muerciélagos de las cuevas de Sumatra.

No me preguntes de dónde viene. Todo apunta a que es la Big Box dirigida por control remoto por unos chavales del planeta Gliese, pero no he tenido tiempo de contrastar la información.

PD. Me has hecho investigar para descubrir que ese edificio se llama ¡Casa Portcullis! ¡Buenísimo! Y teniendo en cuenta de que está lleno de políticos no puede tener un nombre más bien puesto! Jajajjaja.