22 de octubre de 2016

LAS ACTRICES DAN JUEGO (SOLUCIONES)

¡Vaya semanita me ha dado Angelina por no haberla incluido en el juego de los jeroglíficos! ¡Qué dolor de cabeza!

Al final tuve que prometerle que la llamaría para hacer algún puzle o una sopa de letras, pero aún así se fue refunfuñando. 

Antes de que vuelva a la carga voy a dar las soluciones del pasatiempos para poder pasar página cuanto antes.

Ahora mismo vais a comprobar que no era en absoluto difícil. Eso sí, había que conocer el nombre y apellido de muchas actrices que quizás no venían a la cabeza a la primera.

Venga, me voy a dar prisa, que me da miedo que vuelva Angelina.

 1) Judío muy mencionado en los Evangelios (3 palabras)
(Antonia) SAN JUAN + (Aurora) BAUTISTA
Solución: SAN JUAN BAUTISTA 

2) ¿Cómo sacaste la perla? (3 palabras)
(Victoria) ABRIL + A + CONCHA (Velasco)
Solución: ABRÍ LA CONCHA  

 3) ¿Qué buscas en tus vacaciones? (4 palabras)
PAZ (Vega) + MARISOL
Solución: PAZ, MAR Y SOL  

4) En el aeropuerto: ¿Qué billetes has sacado? (6 palabras)
(Rossy) DE PALMA + A + (Carmen) SEVILLA + Y + (Mariví) BILBAO
Solución: DE PALMA A SEVILLA Y BILBAO 

 5) Si de verdad quieres adelgazar... (2 palabras)
(Maribel) VERDÚ + RITA (Moreno) + S + ANA (Belén)
Solución: VERDURITA SANA
 
6) ¿Me saldrá muy costoso el arreglo? (4 palabras)
LA + (Belén) RUEDA + (Inma) CUESTA + CLARA - L (Lago)
Solución: LA RUEDA CUESTA CARA 
 
 7) ¿Qué me quedaría bien en el pelo? (3 palabras)
(María Luisa) PONTE + (Lola) FLORES + BLANCAS (Portillo y Suárez)
Solución: PONTE FLORES BLANCAS 

8) En una fiesta: ¿Estará fresquito el champán? (5 palabras)
LOSA + CANDELA (Peña) + NE + (Victoria) VERA
Solución: LO SACAN DE LA NEVERA

 9) La joven no quería casarse con nadie, hasta que... (4 palabras)
(Rafaela) APARICIO - I + E + UN (Florinda) CHICO + (Paquita) RICO
Solución: APARECIÓ UN CHICO RICO

 10) La explosión derribó... (3 palabras)
(Marisa) PAREDES + Y + PILARES (Pilar López de Ayala y Pilar Bardem)
Solución: PAREDES Y PILARES 
 .......................................................

Y ahora la clasificación de quienes os atrevisteis a desentrañar los jeroglíficos. ¡Olé ahí mis valientes!

Raquel: 6 aciertos 
Ana Bohemia: 6  idénticos aciertos (por algo es hermana gemela de la anterior  ;p)
Montse: 8 aciertos
Ángeles: 9 aciertos

Por tanto, proclamo ganadora del pin a Ángeles. ¡Enhorabuena!

Muchas gracias a las cuatro por participar, y un saludo afectuoso también para Ana María Valenciano, que me consta que se esforzó mucho, para Misaoshi, que respondió categóricamente a una pregunta, y para Tomás y Holden que también asomaron  por aquí. 
Seguramente oyeron gritar a Angelina Jolín y salieron corriendo.  
 

18 de octubre de 2016

LAS ACTRICES DAN JUEGO

Los lectores de este blog  saben que no puedo estar mucho tiempo sin proponer algún JUEGO.

El presentar cualquier pasatiempos me da la posibilidad de poder decir después que los mortales se detienen a jugar y disfrutar con el diablo, algo que me da mucha categoría y engorda mi curriculum.

En esta ocasión vuelvo con JEROGLÍFICOS, pero no quiero que nadie salga corriendo, que son bastante sencillos y se resuelven en un pispás.

Todos tienen en común el que incluyen a actrices cuyos nombres o apellidos sirven para responder a los enunciados, así que solo hay que recordar quiénes son estas actrices (todas españolas excepto una portorriqueña) para que la solución llegue rodada.

Hay un pin personalizado como premio a quien más acierte, por lo que voy a ocultar los comentarios hasta el sábado 22, último día para contestar. En caso de empate ganaría quien antes respondiera. 

 1) Judío muy mencionado en los Evangelios (3 palabras)

2) ¿Cómo sacaste la perla? (3 palabras)

3) ¿Qué buscas en tus vacaciones? ( 4 palabras)

4) En el aeropuerto: ¿Qué billetes has sacado? (6 palabras)

5) Si de verdad quieres adelgazar... (2 palabras)

6) En el taller: ¿Me será muy costoso el arreglo? (4 palabras)

7) ¿Qué me quedaría bien en el pelo? (3 palabras)

8) En una fiesta: ¿Estará fresquito el champán? (5 palabras)

9) La joven no quería casarse con nadie, hasta que... (4 palabras)

 10) La explosión derribó... (3 palabras)

PD. Cuando las actrices supieron que quería jugar con ellas, vinieron en tropel a mi casa. No es tan habitual que les den papeles de jeroglificadoras, así que llegaron incluso algunas extranjeras. ¿No es increíble?
Tuve que explicar a Sigourney Weaver y a Scarlett Johansson que sus nombres no me daban juego. 
Probé a jugar también con Angelina, pero la cosa no funcionó.

"Lo siento, Angelina"
"Jolin", exclamó

12 de octubre de 2016

LA COLEGIALA COQUETA

Me llamó la atención desde el primer día en que la vi, cuando entró con esa larga bufanda de colores chillones que le tapaba la boca.

—Ay, nene —me dijo—, déjame que me quede esperando aquí, que en la calle hace mucho frío.

Se puso a caminar por el salón de juegos y en una de las mesas dejó caer su bolso, que sonó como si hubiera soltado un ladrillo.
Observé cómo rebuscaba por él hasta dar con una cajita. La abrió y se aplicó protector labial. Me sorprendió ver sus uñas, largas y de un potente color carmín.

—Es que llevo un rato esperando a las compañeras —siguió diciendo mientras guardaba la cajita—. Y me estaba quedando más tiesa que la mojama.

Volvió a acercarse a la puerta y se quedó mirando su reflejo en el cristal, momento que aprovechó para ahuecarse el pelo mientras canturreaba. Lo hacía con la mano abierta, levantándolo por detrás y apretándolo con estudiado cuidado por delante.

Desde aquella primera muestra de coquetería no ha habido día en que no me haya sorprendido por una razón u otra.

A veces viene con una chaqueta vaquera, el pelo cardado y grandes coloretes rojos que le dan aspecto de haber corrido una maratón.
Otras veces llega con camisas muy alegres y una gran flor enganchada en lo alto de la cabeza que termina perdiendo al bailar o queda colgando por detrás como si la hubiera volcado un vendaval.
Casi no lo podía creer cuando un día la vi entrar con una minifalda de cuero y unas medias azules que hacían juego con el azul de sus párpados.

No hay quien le gane a moderna, no hay otra, ni de lejos, que se atreva a combinar la ropa y los colores como lo hace ella. Y además es evidente que no se siente en absoluto incómoda rompiendo los moldes de esa manera.

Al lado de sus compañeras es como el día y la noche, como una amapola entre rocas grises, como si en un convento se hubiera colado una niña traviesa.

El colmo de esas muestras de rabiosa juventud ocurrió el otro día, cuando entré en el salón de baile. Estaba ella sola  y la pillé fumando. Al verme se apresuró a tirar el cigarrillo a sus espaldas y disimuló tan mal que casi se me escapa la risa.

Le encanta bailar, disfruta contando chistes y es muy habitual verla mascando chicle.

No voy a decir su nombre pero en mi lista de favoritos  es “la colegiala coqueta”

Acaba de cumplir ochenta años.

4 de octubre de 2016

EL CAMPO: LOS INDIOS


Si hay un recuerdo de mi niñez y la de mi hermano Tomás que permanezca indeleble a pesar de  los años transcurridos, es el de nuestra afición a  jugar con nuestros indios de plástico.

Empezamos la colección con dos: uno de color rojo y otro exactamente igual pero en  amarillo. A ambos los bautizó  nuestro padre.

"Este se puede llamar... -  nos dijo mientras lo observaba detenidamente - Saberón. Tiene cara de inteligente. Este otro que parece que está haciendo gestos con las manos... sí, este es El Mudo"

De Saberón y El Mudo pasamos a tener decenas y decenas de ellos, de todas las formas y colores. Pedestres, ecuestres, jefes, guerreros... Y  a todos, absolutamente a todos les pusimos nombre.
En un extremo del campo, justo donde hoy se coloca la leña, nuestro padre nos vendió un pequeño terreno. Nos cobró por él 1000 pesetas (que tuvimos que pedirle a nuestra madre) y eso nos convirtió en los felices propietarios de un par de metros cuadrados (con olivo incluido) que era el lugar perfecto para que nuestros indios de la Tribu Mandán tuvieran su poblado.

 Para nosotros, que tanto nos gustaban los indios, era una satisfacción disponer de aquel lugar. Además no necesitábamos agacharnos demasiado pues ese terreno estaba en un nivel superior, delimitado por una acequia en un lateral y un bajo muro delante desde el que se veía excelentemente la perspectiva del poblado.
Tenía tanta vida y color... Si hasta encendíamos un pequeño fuego delimitado por un círculo de piedras para que desde lejos se viera salir humo...

El indio que se ocupaba de encender el fuego y mantenerlo era "el de la hoguera".  Recuerdo que al principio era blanco pero con el tiempo ya estaba tan chamuscado, con tantos restos de ceniza pegados a su cuerpo, que se volvió más bien gris. El hacha de su mano se convirtió en  un muñón derretido, pero ese defecto lo hacía mucho más valioso. Para nosotros era un indio perfecto.

Recuerdo también el nombre de muchos jefes:  el Jefe de la Pradera (de color verde), el Jefe de la Guerra (gris), el Jefe de la Célula Pituitaria (muy alto y de color rojo y con un nombre que sin duda nos aportó nuestro padre), el Jefe del Manantial, el Jefe Supremo… Todos se caracterizaban por tener un gran penacho de plumas en la cabeza.

Algo que Tomás no recuerda (pero yo sí) es que los indios tenían una especie de mausoleo para enterrar a sus muertos. Lo habíamos hecho con piezas del Exin Castillos, y de lejos parecía de mármol. Era una pequeña construcción rectangular con un ventanuco frontal y la custodiaban dos indios gemelos con sendas lanzas rematadas con un cráneo. Ese mausoleo no era en absoluto apropiado para una tribu india, pero a ver quién le pone veto a la imaginación de unos niños...
También existía un corral en el que se agrupaban todos los caballos. Un indio con rifle  vigilaba ese corral.

Me produce una ternura inmensa recordar a mi madre trayéndonos un par de indios de vez en cuando, pues había en el mercadillo, al que ella acudía semanalmente, un puesto en el que se mostraban  en montones. Me imagino que cada vez que pasaba y los veía se acordaba de nosotros y se ponía a buscar alguno nuevo.
Como cada vez era más difícil encontrar indios distintos, era normal que comprara  alguno repetido.  Pero no siempre coincidían en el color y con sólo ese cambio nos parecían diferentes.

Dado que no se vendían indias, nos terminamos agenciando dos miniaturas de muñecas de plástico que le quitamos a nuestra hermana. Una era morena y la otra rubia, muy cabezonas las dos.  Decidimos que fueran las mujeres de Saberón y de El Mudo.   
Nuestra madre, siempre entregada a la causa de hacernos felices,  les había confecciona do unos rústicos trajes de india, con plumas y todo.

De vez en cuando llevábamos a todos aquellos indios  “a la guerra”.  Eran tremendos aquellos enfrentamientos  contra los vaqueros (los yanquis) a los que detestábamos.
Nos llevaba su tiempo colocarlos todos en un bancal (no todos, las dos indias se quedaban en el poblado, así como el de la hoguera o el vigilante que estaba en las ramas del olivo)

Entonces Tomás y yo nos colocábamos cada uno en un bando y por turnos lanzábamos terrones de barro seco. Aquello más que ataques con rifles, flechas y lanzas parecía una Guerra Mundial con bombas de la aviación.
Las muertes eran masivas, claro, pero como no éramos imparciales en absoluto, cuando el último vaquero caía aplastado por un pedrusco, el Dios de los indios, Manitú, hacía resucitar a todos los suyos, que regresaban victoriosos a su poblado. (Sí, los milagros se incluían en nuestros juegos, ¡faltaría más!)

Como con el transcurrir del tiempo la colección iba creciendo, Tomás y yo hicimos una pequeña trampa. El final del poblado estaba delimitado por tres  montones de tierra a modo de montañas, así que corrimos hacia atrás aquellas montañas para tener más espacio.
Como no podía ser de otra forma, nuestro progenitor  se dio cuenta y nos pidió 100 pesetas por ese espacio ganado (¡él siempre haciendo negocios!). Se las volvimos a pedir a nuestra madre y las pagamos gustosos.

Una vez, hace muchos años, buscando algo en el trastero del campo,  me topé con una maceta de plástico y casualmente descubrí muchos de aquellos indios dentro. Fue como encontrar un hermoso tesoro que me trajo  un montón de recuerdos de niñez.

Quiero creer que todos aquellos indios siguen todavía por algún lugar del trastero, porque me  gustaría mucho hacer un reportaje fotográfico con aquellos pequeños muñecos de plástico que tantos momentos de dicha nos proporcionaron a mi hermano y a mí.

De todas formas, aunque no los llegara a ver más, me basta con cerrar los ojos para volver a acercarme allí de nuevo, a aquel acogedor  poblado indio que descansaba a la sombra de un olivo y del que emergía una plácida columna de humo blanco.

23 de septiembre de 2016

CRIATURAS DE MIS CRIATURAS

A sus trece años, mi hijo consigue por fin superarme en altura. Ya es un par de centímetros más alto que yo y todo apunta a que serán muchos más.

Me apetecía mucho que llegara este momento, de verdad que sí, aunque cada vez que lo veo entrar en casa paso por unos segundos de perplejidad, porque me desconcierta un poco asociar a ese grandullón  con el niño que era hace tan poco tiempo.

Van llegando nuevas etapas de la vida y atrás quedan otras que, lógicamente, no volverán, y esto me produce una sensación agridulce, pues junto a la satisfacción de verle crecer existe al mismo tiempo la inevitable nostalgia de los recuerdos de su niñez
Y aún me pregunto cuándo se produjo ese salto  y cómo ocurrió sin darme yo cuenta.

El contrapunto en este devenir lo pone su hermana que, con cuatro años menos, sigue siendo una niña fantasiosa y divertida.

El otro día me regaló un dibujo. Es el dibujo número mil millones que me regala (bueno, he exagerado un poco, pero no andará muy distante la cifra real)
Nunca he sido capaz de deshacerme de estas repentinas manifestaciones artísticas, así que tengo una gruesa carpeta con todas ellas.

En esta ocasión me vio guardar su dibujo y quiso que se los enseñara todos, algo que ya ha sucedido en otras ocasiones, haciéndome  pasar ratos muy divertidos con ella.

—Mira, ¿te acuerdas de este? —le pregunto.
—Noo  —responde entre risas.
—¿Qué es?
—No sé, ¿un gato? ¿un oso?
—A mi no me preguntes —le digo—, ¿qué pretendías hacer?
—Yo creo que un oso, o algo parecido.
—¿Y cómo se llama?
—No sé, no tiene nombre.
—Ah, no, imposible, ahora mismo tienes que ponerle un nombre o no podrá ser un dibujo feliz.
—Ah, pues... ¡Chintito!  
—Me gusta. Ahora ya puede vivir tranquilo. 
Aitana sonríe 
—Veo que tiene cara de bueno.
—Sí, es bueno —asiente siguiéndome el juego—. Pero a veces es un poco travieso también.
—Oye, y qué come, porque esa boca tan pequeña no da para mucho.
—Come hormigas.
—Ah, ¿es un oso hormiguero?
—No, es un oso panda hormiguero.
—Ah, comprendo. ¿Y te sabes alguna pequeña historia sobre él?
—Mmmm, pues que nació con las piernas y los brazos largos pero las hormigas se comieron sus brazos. Y por eso él se comía a las hormigas.

—Y de éste,  ¿te acuerdas?
—Sí, este me suena mucho.
—¿Me lo explicas?
—Esta es una araña a la que le gustan las pizzas. Esto redondo es la tela de araña, aunque parece una silla de ruedas, jaja.
—Bueno, ya sabes que para que viva feliz como dibujo, tienes que ponerle un nombre.
—Ah, pues esta se llama... ¡Pizicha! 
—¡Jo, qué buen nombre! Me gustaría saber algo de esta araña Pizicha.
—Pues que no cazaba moscas y tenía mucha hambre la pobre. Y un día probó una pizza que se le cayó a un niño y dijo "Oye, pues no está tan mal".  Le gustó y desde entonces ya no cazó moscas pero comió pizzas.
—¡Curiosísimo lo suyo! ¿Y este cuadrado naranja que hay aquí?
—No sé, yo creo que es algo que me salió mal, pero parece una mancha de tomate.
—No es que parezca, ¡es una mancha de tomate! —exclamo convencido.

—Anda, mira este, aquí dice que  es de Samuel.

—Ay, qué chulo... —exclama— ¡y qué feo a la vez!
—Oye, ¿hacemos una cosa?
—¿Qué cosa?
—¿Le pedimos a Samuel que nos hable de este dibujo?

La idea le gusta mucho y Aitana entra en la habitación de su hermano dispuesta a llevar la voz cantante.

—Samuel, ¿te acuerdas de este dibujo?
Samuel lo mira un segundo sin dejar de jugar con la Play.
— ...
—Di, ¿te acuerdas? —vuelve a preguntar ella
—No.
—¿Sabes qué es?
—No.
—Necesitamos que nos cuentes una historia —le digo— para que el dibujo pueda vivir feliz.
Samuel nos mira un instante con cara de "peroquémeestaiscontando" y sigue a lo suyo.
—Responde, Samuel, ¿qué es esto? —le pregunta Aitana en plan periodista agresiva.
—Un cangrejo ciempiés  —responde por fin.
—¿Cómo se llama?
—Pedro.
—¡Pedro! —repite ella con sorpresa— ¡Vaya nombre! 
—¿Y cuál es su historia? —pregunto aguantándome la risa.
—¡Uf, qué pesaos! —protesta Samuel— Pues que era un cangrejo ciempiés que estaba buscando a su cangreja ciempiesa y al final se murió. Fin.
Aitana y yo nos miramos comprendiendo que no vamos a conseguir más información.
—Vale, ya puede vivir tranquilo tu dibujo —dice Aitana saliendo de la habitación.
—¡Pero si está muerto! —le contesta su hermano riendo.

 Cuando estábamos revisando los últimos dibujos, vimos asomar a Samuel.

—¿Es que qué estáis haciendo?
—Poniendo nombres a los dibujos —le digo.
—Y contando sus historias  —añade Aitana.
Y atraído finalmente por la tonta diversión de su padre y su hermana, nos ayudó a bautizar a algunas de las criaturas que nacieron en su imaginación.

Creo que estos dibujos, por muy altos y mayores que mis hijos se hagan, me ayudarán siempre a recuperar a ese niño que siempre se ha de llevar dentro.

Vale, ya puedo vivir más tranquilo.

11 de septiembre de 2016

¡A LA CALLE!

Llevo unos días en los que septiembre me acosa por las esquinas.

—Eh, tú, majete —me dice con sonsonete—, ¡que ya he llegado!
—Ya, ya lo sé.
—No, como veo que terminaron tus vacaciones y no te pones a escribir ni nada...

Yo me suelo hacer el loco, pero hace un rato me ha echado en cara mi inactividad por octava o novena vez y me ha dado tanto apuro que me he puesto a buscar en mi CSI (Carpeta de Situaciones Inaplazables)

Y en eso ando ahora mismo, buscando por... ¡anda, si tengo aquí algunos cromos para el Álbum de Calles Extraordinarias

Pues, oye, no sería mala idea confeccionar una entrada con ellos, ¿no?  ¡Con tal de callar la boca a septiembre...!

A ver qué calle tenemos a mano...

¡Hombre, la Calle de la Mano! ¡Encaja como un guante!

Esta es una calle de Toledo y se me ocurre que sería un buen lugar para pedir la mano a la amada. Bueno, ¿la mano se pide a la amada o al padre de la amada? Es que uno es antiguo, pero no tanto. En fin, para no meter la pata (que no la mano) rectifico y digo que esta calle sería un buen lugar para meter mano a la amada.


Calle Amores y Amoríos, en Sevilla. ¡Jo, qué bonito! Ese nombre daría pie (que no mano) para una historia que me llega de repente. Y es que he imaginado a una tal María, enamoradita perdida de un tal Manuel, que es un sevillano muy apuesto (y apuesto que un poco golfo)


De hecho, Manuel nació en Cáceres, en el número 8 de la Plaza de los Golfines
Para abreviar la historia os diré que cuando Manuel conoció a María le prometió amor eterno. 
Entonces se fueron a vivir a Madrid, a la Calle de la Bola.


Creo que a buen entendedor,  pocas palabras bastan. Y basta con decir qué lugares solía frecuentar Manuel.


 El Camino de las Zorras, en Cieza, Murcia.

 Y la Calle Abrazamozas, de Zamora.

Así que nuestra pobre María, que era dulce pero no tonta, descubrió el pastel y se marchó a vivir sola. 
A dónde, os preguntaréis.
 
A la Calle del Desengaño, en Madrid.
Pero como esta historia la voy hilvanando a mi gusto, me complace anunciar que la pena de María duró poco, pues sus amigas la sacaron a pasear por calles divertidas.

En Madrid, por la Calle de las Perindolas, ideal para olvidar las bolas.

 Y en Málaga por la Calle Tiriti, donde ponerse un poco piripi.

Y nada mejor que terminar en...
...la Calle del Horno de los Bizcochos, de Toledo, donde estaba la Calle de la MANO, que dio PIE a toda esta historia.
FIN 

Ya sabéis que podéis enviarme fotos de placas de calles con nombres curiosos para nuestra colección. Estoy recibiendo algunas que muestro ahora mismo.

Además de la Calle Tiriri que me envió mi amiga Ángeles, tengo esta pareja de calles enlazadas.
Mi tonteriador amigo Hitlodeo, me cuenta que la Calle Almirante, en Madrid, está justo al lado de la Calle Barquillo. ¿En qué otro sitio podía estar?
Me imagino a alguien dando indicaciones:

—Sí, mira, dejas el Almirante y te metes por el Barquillo y cuando llegas al final...
 —¿Te caes al agua?
 Y esta genial pareja de calles que me regala mi amigo Loco, diciendo:
"En Málaga tienen mucho sentido del humor, y lo demuestran poniendo un pito al lado de unas beatas"

¿La Calle Beatas con la Calle Pito a la vuelta de la esquina? ¡Que Dios nos pille confesaos!