Hace unas semanas tracé un secreto plan familiar.Queriendo que saliera bien y causara la mayor impresión posible, fui creando ambiente de antemano.
Cuando llegó ese momento en el que alguna de esas moles de madera surcaban el mar a plena luz del día o en el crepúsculo, yo comentaba en voz alta:
—¡Waaa, qué chulada de barco! , ¿eh? ¡Dan ganas de montar en uno!
Y cuando los tripulantes recorrían sus amplias estancias o se apresuraban a disparar los cañones, volvía a la carga:
—¿Os imagináis haber sido pirata y vivir todo eso? Es como una gran casa flotante...
—Pero si se mueve mucho —me advertía Aitana—, seguro que yo me mareaba.
Llegó el domingo y les dije que se prepararan, que nos íbamos en coche a un sitio.
—¿A dónde? —quisieron saber los tres.
—¡Ahh, es una sorpresa!
Y casi dos horas después de proponerlo (a las mujeres previsoras con niños no se les puede meter prisa) nos encaminamos hacia Alicante.
Un par de fines de semana antes me había telefoneado un amigo.
—¿A que no sabes desde dónde te llamo?
—Pues no. Sorpréndeme.
—Estoy tomando una cerveza en la cubierta de un barco enorme en Alicante. ¡Me siento el Señor Hawkins!
—¡Anda ya! ¿Y eso?
—Pues que aquí, amarrado al puerto hay una réplica de un barco muy famoso que se puede visitar: el Santísima Trinidad se llama. Deberías venir un día a verlo, merece la pena. Tiene de todo. Y es grande que te cagas. Ahora me doy cuenta de que no debía ser tan fácil eso de amarrar el cabestrante a la mayor...
Y como siempre que hemos imitado las típicas películas de barcos en medio de una tempestad, terminamos parodiando órdenes por teléfono:
—¡Señor Hawkiiins, desvíe el ancla a contravientoooo!
—¡Señor Smiiiith, despliegue las botavaaaraaas y afiance la eslora de estribooor!
—Imposibleeee; se ha partido el mástil de proaa, ¿escoramos la goleta a sotaventooo?
—Nooo, ¡desenjarcie la mecha y empotre el tambuchoooo!
—¡Señor Hawkiiins... no quiero moriiiir!
—¡Pídamelo por babooor!
Nunca hemos sabido lo que decimos, pues soltamos lo primero que nos viene a la cabeza, pero qué bien suena todo el lenguaje marinero cuando las voces se pierden en el viento. Nadie diría que no somos unos experimentados contramaestres, ¿eh?
Y así fue que me sedujo la idea y llegó ese día de visita al puerto con mi familia en una luminosa mañana. Samuel fue el primero en percatarse de los mástiles que sobresalían por encima de las palmeras y de entrever un barco gigante flotando en el mar.
—¡¡¡¡Halaaa!!! ¡¡¡Acabo de ver el barco de los piratas del Caribe!!!!


—¿¿Síi?? ¡¡¡Bieennn!!!
—Ayy, pero yo me voy a marear... —avisaba Aitana.
—Qué va, si no vamos a navegar. Está quieto para que la gente lo vea por dentro.
El navío más grande y armado de su época tenía una capacidad para 1.071 plazas y 25 criados.La réplica que hoy se puede visitar cuenta con restaurante, pub, discoteca, museo...
Una de sus cantinas, donde tomar un ron pirata (o una gaseosa si no tienes el cuerpo muy Sparrow)

Enarbolando los cabos mayores de las crucetas menores (o algo así...¡ yo qué sé! :p)El barco estuvo un tiempo en el Puerto de Málaga, ahora está en Alicante, y en unos meses partirá hacia otro lugar de España, por lo que pensando en ello se me ocurrió una cosa...
El dios Neptuno (un dios muy sospechoso con ese tridente diabólico en la mano) está representado en madera en una de las salas. A sus pies, debajo de un refuerzo metálico, escondí el papel con el diablo. A ver si alguien lo rescata y me lo dice :)
Fue toda una experiencia. Yo me quedé con las ganas de pedir a la gente que desembarcara y quedármelo para mí solo. Y después soltar amarras y zarpar mar adentro, buscando aventuras más allá del horizonte.Pero así, en plan tranqui, que no se nos mareara Aitana...






