20 de julio de 2009

DIARIO MAYA ( y 3)

Existe un lugar prodigioso en nuestro planeta.
Hace miles de años era una inmensa cueva seca que reunía las condiciones necesarias para que en ella, en un inconcebible juego del tiempo, se fueran formando miles de estalactitas y estalagmitas.
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Durante el período de glaciación, la cueva se fue inundando de agua hasta que toda su capacidad se tornó líquida. Y aquel lugar, imperecedero, envuelto en una completa oscuridad, permanecería oculto durante siglos, perdido en un rincón del globo, entre la selva de un lugar que el hombre llamaría México.
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Yo conocí aquel lugar.
Si cierro los ojos e intento evocarlo, recuerdo el sonido de mi respiración bajo el agua y los haces de luz de las linternas iluminando las profundidades.
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La inmensidad del lugar me sobrecogía, pero al mismo tiempo me iba calando su paz, su quietud.
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Apenas movíamos la superficie del agua. Nos limitábamos a avanzar de dos en dos, salvo por algunos pasajes que se estrechaban tanto que debíamos atravesarlos de uno en uno.
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Tan bello era el techo como el fondo, si bien éste acaparaba toda nuestra atención. Flotando nosotros sobre el agua, la sensación era la de estar suspendidos sobre la nada, jugando a desafiar la ley de la gravedad.
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Cada nuevo metro avanzado me parecía impresionante. De grandes y orondas panzas de rocas lisas pasábamos a profundas simas de las que emergían estalagmitas. De estrechas cuencas de oblicuas paredes entrábamos a amplias ensenadas en las que uno se sentía insignificante.
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Los ojos muy abiertos, el corazón latiendo al compás de nuestro asombro.
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En la distancia, rompiendo la superficie, encontramos una gran roca que emergía del fondo a modo de isla y que parecía el caparazón de una gran tortuga. Nos sirvió al grupo para apoyarnos y descansar.
Luis y Lorenzo, los únicos que no llevaban chalecos salvavidas, para moverse con más agilidad, se dedicaron a iluminar las estalactitas del techo para nosotros.
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- Y bien, ¿qué les parece?
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Casi no hablábamos. Todo eran ojos contemplando lo nunca visto.
Había columnas muy finas que aparentaban fragilidad y otras enormes que parecían estar colocadas para que el techo no se derrumbara.
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- Más adelante – comentó Luis mientras desempañaba sus gafas con saliva en los dedos – encontraremos una cavidad con murciélagos en el techo. Seguramente, al oírnos se asustarán y saldrán volando hacia el exterior. Suele ocurrir que se enganchen en el pelo. Si es así no se preocupen, yo se los iré quitando de la cabeza.

No nos creímos ni una palabra. ¿Murciélagos? Sí, claro, como las pirañas de la entrada…

- ¿Continuamos?
- Vamos, Mari Carmen, yo te sigo – le dije
- ¿Cómo estás, Juanillo? – preguntaba Garikoitz
- Bien, aguanto, aguanto…
Quise ser el último en bajar de la roca. Algunos compañeros ya buceaban sobre la superficie tras Luis y desde allí podía apreciar cómo las luces de sus linternas atravesaban las aguas cristalinas.
Miré a mi alrededor. ¡Qué silencio! ¡Qué quietud milenaria! ¿Existía realmente un mundo paralelo allá afuera? Envuelto por aquella serenidad no se concebía el bullicioso y palpitante mundo del exterior.

En décimas de segundo imaginé lo que sería quedarme allí solo en aquel laberinto subterráneo y me lancé al agua tras el grupo.

Llegamos a una zona en la que el techo estaba demasiado bajo y, a pesar de la precaución, me golpeé la cabeza haciéndome un pequeño chichón y una herida. Fui el único al que le ocurrió, como era de esperar. De todas formas todo era infinitamente mejor que la experiencia de la mañana; aquí no había agua salada que tragar, ni problemas para colocarse en posición vertical, ni olas que se empeñaran en desorientarme.
Luis dejó de nadar en un gran ensanche de paredes irregulares de al menos cinco metros de profundidad.

- Bueno, hasta aquí es posible llegar como lo hemos hecho. A partir de esta zona sólo es posible seguir con botellas de oxígeno. ¿Alguno se atreve? – bromeó sonriendo
- ¿Alguien lo ha hecho?
- Por supuesto. Una expedición dirigida por un norteamericano llamado Michael Maddem.
Mari Carmen y yo pudimos hacer pie sobre una roca y nos colocamos algo más altos que el resto.
- Brrrr – temblaba ella - ¡Qué fría está el agua!
- Yo ya me he acostumbrado. Ahora que, me he pegado un porrazo en la cabeza que no veas…
Gari se reía.
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Hagamos una cosa – dijo Luis – Vamos a apagar todas las linternas y a quedarnos quietos y en silencio. ¡Verán qué sensación!

Así lo hicimos.
Y la oscuridad fue absoluta.
Y el silencio sobrecogedor.
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Todos intuíamos la presencia de los demás pero era casi como estar solos en la nada. El sonido de alguna gota de agua, algún rumor líquido, pero nada más.
- ¿Te imaginas – susurré a Mari Carmen – que ahora se marchan los guías y nos dejan solos?
Y acto seguido encendió la linterna para comprobar aliviada que allí seguían.
Volvió el rumor de nuestras voces comentando las sensaciones.

- Bien, haremos otra cosa ahora. – propuso un guía - Enciendan todas las linternas, desátenlas de sus muñecas y déjenlas caer al fondo.

El efecto de luces fue espectacular. Todas se fueron hundiendo a la vez y en espiral, dibujando los contornos de la profundidad, que se iban haciendo más y más nítidos conforme llegaban las linternas hasta el fondo.
Cuando todas se posaron en el suelo irregular, nosotros quedamos en penumbra sobre lo que parecía un intenso amanecer submarino. E igual de impactante se veía el techo, desde donde, por los reflejos de la superficie del agua en movimiento, brotaban continuos guiños de luz por toda la bóveda de roca.
Imposible olvidar algo así. Cómo iba a dejar de escribirlo aunque sea tan difícil de describir.
Finalmente Luis buceó hasta el fondo y subió a la superficie todas las linternas, elevándolas en movimiento espiral para crear más efectos mágicos. Hubo aplauso general.
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¿Y qué ocurrió después? Pues que regresamos por un lugar diferente. ¿Cómo era posible que hubiera tantas galerías? Nuevos caprichos de la Naturaleza nos iban a dejar boquiabiertos, como por ejemplo una pequeña isla emergente repleta de estrechas estalagmitas de distinta altura y que al efecto de nuestras linternas se asemejaba mucho al perfil de la ciudad de Nueva York. O la cantidad de estalactitas de diminuto tamaño que parecían una representación de las filigranas árabes de la Alhambra de Granada.
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Y de repente ¡oh, cielos, era verdad! Una masa oscura y temblorosa sobre el techo. Allí había murciélagos colgados boca abajo. Y Luis y Lorenzo les echaban agua para que les viéramos salir volando y nos asustáramos. Alguno de ellos se llegó a descolgar, pero eso de que se agarraban a las cabezas era fruto de sus mentes bromistas.
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Poco antes de salir de nuevo al exterior, en un movimiento reflejo, cerré con fuerza mi mano derecha porque sentí cómo algo resbalaba por el dedo anular. De no haberlo hecho habría perdido mi anillo. El agua estaba tan fría que todo se me había encogido. Luego pensé muchas veces que no era tan mal lugar para perder un anillo. Mucho mejor que una piscina o un desagüe, ¿verdad?
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Y aquella fue nuestra increíble expedición por Nohoch Na Chich.
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Secándonos y vistiéndonos en el exterior, donde el calor volvía a templar nuestros cuerpos, oí cómo uno de los guías le decía al otro
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- Tantas veces como he entrado y aún descubro cosas nuevas.
- Lo mismo me pasa a mí. Es impresionante.
La familia del rancho San Felipe nos invitaron a tomar café. La última foto de aquel viaje la hice allí, a unos niños que sonreían y nos despedían desde sus chabolas.
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La vuelta al hotel fue mucho peor. Doble velocidad, dobles brincos, dobles gritos.
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- ¡Luis – le chillaba yo – si lo que quieres es propina, sólo tienes que pedirla!
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Volvió a frenar frente a la Hacienda Doña Isabel y nos entregó unos papeles. Eran unos tests para que puntuáramos y escribiéramos nuestra opinión sobre las actividades del día. Absolutamente todas fueron favorables, ¡cómo no!
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Al recoger los papeles nos miró uno por uno y dijo que para él había sido un gran orgullo haber formado parte de la felicidad que supone la luna de miel de unos recién casados y nos deseó que nos fuera muy bien a todos en la vida.
- Por cierto – dijo - ¿Tenía yo razón? ¿Olvidarán algo así?
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Cuando me despedí de él le dije “Mucho gusto en haberte conocido”, a lo que contestó “Te recordaré en todas mis pesadillas” lo cual hizo reír a todos. Y es que yo había sido un poco la oveja negra del grupo, el patoso, pero, qué porras, lo hice todo, ¿no? Viví todas las aventuras sin miedo alguno, siempre dudoso pero sin rajarme y finalmente feliz de haber visto con mis propios ojos las impresionantes maravillas de la tierra de los mayas.
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Volvería mañana mismo.

21 comentarios:

peibol dijo...

¡Aay! ¡Pero qué envidia das condenado!

Si antes lo tenía en mente como uno de mis viajes deseados, ahora sé que tengo que ir sí o sí. Cuando lo haga te atiborraré a preguntas para, sobre todo, saber cómo hacer para acabar visitando la misma gruta subterránea.

El año pasado hubo una época en la que me dió por el senderimo y las acampadas, y en una de ellas, entramos en una gruta que dejaba, literalmente, la isla encima de nosotros. La oscuridad era absoluta y el silencio sobrecogedor, tanto, que llegaba a resultar inquietante.

Me ha encantado seguir tus andanzas mejicanas. Un abrazo ;)

PD. Yo soy de los que habrían nadado sin chaleco para ir más rápido :p

peibol dijo...

Por cierto, mi tía me ha preguntado por una serie de dibujos que daban en su época, cuyo nombre no consigue recordar. Voy a aprovecharme de tu vej... ¿diferencia generacional? XD, para ver si podrías ayudarme:

Se trata de una serie de dibujos protagonizada por un perro y un lobo, que trabajaban en un corral de ovejas. Ambos fichaban cada mañana al entrar, y mientras el trabajo de uno era robar a las ovejas, el del otro era impedir que lo hiciera. Así todos los días y tratándose con todo el cinismo y cordialidad pertinentes. ¿Te viene algo en mente?

Un saludo ;)

Bichejo dijo...

JuanRa, el aventurero maya!!!

Las fotos son impresionantes, pero sé que soy tan cobardica que no me moveré de la tumbona (ya se está fraguando el viaje sin chicos del año que viene y la Riviera Maya tiene muchas papeletas)...además, tal y como lo cuentas es como si ya hubiera estado allí.

Que sepas que no me gustan nada las intrigas, y que me mata la curiosidad...pero me tendré que esperar al jueves, supongo.

Besos

Amig@mi@ dijo...

De nuevo lo he vivido contigo, qué maravilla y qué envidia.
Aquí tenemos las cuevas de Sorbas, que no son nada del otro mundo, pero que también "molan"
jaja
Besos

carlota. dijo...

Visité yo el año pasado en Huesca la cueva del oso cavernario , jajajajjaja riete tú , al lado de la que describes ...

Me ha gustado mucho acompañarte , por esos mundos tan chulos .


Un besote .

rAnita nOe dijo...

que experiencia!!! como para no querer repetirla!!! y las fotos geniales! besos

txema dijo...

Macho, lo tuyo fue un viaje de luna de miel o una expedición de "Al filo de lo imposible"? ja ja ja....

txema dijo...

Por cierto el de antes soy yo, Txema Rico, es que no sé que pasa a veces con las identidades a la hora de firmar....

txema dijo...

Ah, más por ciertos...ja ja ja...
feliz Aniversario de Boda,... y por otro lado, Feliz Panxiversario...

Metztli dijo...

Vaya diablo mas pasado por agua, jajaja. Me estoy divirtiendo mucho leyendo tus historias y me están dando una ganas terribles de visitar estos lugares.

por cierto, que carita de niño bueno en las fotos, quien diría que ahí se esconde un diablo. :P

pichiri dijo...

Magnifica experiencia excelentemente relatada, cuyo recuerdo perdurará en vosotros eternamente como muy bien auguraba vuestro guia, sobretodo por la circunstancia irrepetible de haberla vivido en vuestra luna de miel. Ya me imagino las caritas de emoción que pondrán vuestros hijos cuando se lo conteis alguna de esas tardes de lluvia que como una bendición se vá la luz y no hay ningún aparato que robe nuestra atención. pudiendo gozar de veradera intimidad.
Me ha gustado mucho el relato y la forma en que lo has relatado.

JuanRa Diablo dijo...

RELACIÓN DEL PERSONAL QUE HA ENTRADO CONMIGO EN LA GRUTA SUBMARINA

Peibol:
¡Ea! Ya me pusiste tú en su día los dientes largos con tus nuevayorkadas !! :)
Cuando estés dispuesto para ese viaje me pides las llaves de la gruta. Las tengo colgadas en el cuello :D
Senderismo y acampada, eso sí es una afición sana y divertida. De esas cosas no me canso nunca.

No sé si te dejarían entrar sin chaleco; por si las moscas no me nombres, no te vayan a prohibir la entrada, jajaja.
Gracias por el seguimiento!

PD. Para tu tía:

http://www.youtube.com/watch?v=JV1-qj4D7Sg

Por cierto, ¿es la tía Tolkien o la Tía internauta que casi muere ante el "Sexy o no"? ¿O ambas son la misma? Bueno, un saludo a la que sea. :P

Bichejo:
Con ese avatar que tienes, si viajaras allí, te podrían llamar muy bien la abeja maya :)
Yo creo que te gustaría mucho y no te imagino cobardica ¡¡A la aventura!!
Hasta el jueves!

Amig@mi@:
La curiosidad me ha hecho mirar fotos de "tus cuevas de Sorbas", en internet, y sí, molan mucho. :)
Besos

carlota:
Bueno, aquí la viajera por antonomasia eres tú. A tu lado yo he estado en cuatro sitios contados. Pero me alegro de que te haya gustado. Gracias.

rAnita:
Como las natillas... ¿¿Repetimos??
Sí, sí, sin pensarlo.
Me puedo hacer una idea de la maravilla de fotos que habrías hecho tú en mi lugar, con esa visión tan artística que tienes.

Txema:
Es verdad, si no llego a hacer aquella excursión de documental me habria perdido algo grande.
Gracias! Te has acordado. Es que es un día de grandes acontecimientos...

Metztli:
Bien lo puedes decir. Aquel día fui lo más parecido a un garbanzo en remojo.
Sí, sí, el diablo, ya se sabe, es todo sonrisas.
Hasta que le brilla el ojo...

Pichiri:
Casualmente, al haberla revivido tanto, le contaba esta historia a Samuel estos días. Me miraba con cara de no terminar de creérsela.

"Pero ¿os pasó eso de verdad? Pues yo nunca os he visto vestidos de buceadores..." - decía

El viaje fue una maravilla. Y sólo he contado un día. Imagina lo inolvidable que fue.
Me alegra mucho que te haya gustado.

Borja F. Caamaño dijo...

Me estás generando algo demasiado parecido a la envidia...

... y no es sana.

Un fuerte abrazo desde el Otro Lado

Fran dijo...

Hola JuanRa, está temporada entre un aumento de trabajo y un par de putadas laborales que me han hecho,estoy como sin ganas de escribir; ni siquiera de entretenerme leyendo. Tengo ganas de que pase esta mala racha para poder ponerme al día. Disculpa que no conteste a los oomentarios, pronto volveré. Un abrazo y disfruta tú y los tuyos de este sofocante verano

molinos dijo...

Yo conozco Mexico pero no la parte que visitasteis vosotros. ¡ Qué bien lo has contado!.

De todos modos mi lado aventurero es inexistente y todo lo que sea bucear me da pánico, asi que me temo que me lo perderé.

March La Cinefila Desconocida dijo...

Jajajaja a poco no mi tierra es bellisima? México es hermoso pero tu lo describes con todo el corazón, tanto que hasta pareces hijo de la tierra azteca.

Que lindas fotos de verdad! Ná más una cosa, los sombreros charros de colores no son para el diario, solo para turistear, ajajja!

Gracias por este review de mi patria, JuanRa, yo no pude haberlo hecho mejor (basicamente xq no conozco Yucatán, pero tu entiendes)

Vengan pronto a la ciudad de México, con gusto seré su guía! Somos la única ciudad de América con castillos propios, jejeje!

XOXO

March

JuanRa Diablo dijo...

Borja:
Cualquier sentimiento negativo que yo, diablo, pueda generar es siempre un triunfo :)
Me alegra volver a verte.

Fran:
Vale, te concedo un kit kat, pero ¡ojo! no te me vayas a dormir demasiado en los laureles que entonces vuelvo con otro talante.
Que te vaya bien, Fran! Espero tu retorno con ganas.

molinos:
Sin embargo nadar sí es tu fuerte, ¿no? Pues aquí era nadar con gafas para poder ver el fondo. Yo creo que sí hubieras superado la prueba.
Saludos.

March:
Gracias, un poco azteca sí me siento, jeje.
Si de alguien necesitaba ver comentarios era de tí, por ser la amiga mexicana.
De buena gana volvería a tu tierra y más si fuera para poder darte un abrazo.
Besos, cuate!

mochuELIn dijo...

Ohhhh que maravilloso vaje y además contado por tí luce tantos detalles que he hecho todas las aventuras que has narrado!!, claro que con menos miedo que tú, diablejo cagón!! jojojojo, yo soy de correr y subir y nadar y de repente alguien me grita ¡ESO ES PELIGROSO!... ah! no lo sabía, glups. Total que ru viaje, como ves, me produce envidia fea y verde, porq nunca jamás la envidia fue sana.
Por cierto, una gozada ver estas maravillosas fotos, gracias, gracias, gracias!! beso

Amig@mi@ dijo...

Hombre, sin comparación pero...
algo es algo ;)
Besos

Io dijo...

Caray, pues qué maravilla! Se te deben llenar los ojos de azul contemplando algo así. Y el silencio ha de ser sobrecogedor.

Lo de los murciélagos impone, pero lo peor es encontrarte el agua gélida como en Titanic :D

Lo cuentas tan bien que es como estar ahí. Un viaje inolvidable que, por lo que puedo comprobar, ha quedado grabado en tu memoria con calidad de 3D. Yo también soy capaz de recordar a ese nivel de detalle algunos viajes, los que más me han impactado. Lo que no sé es si sabría transmitirlos con tantas sensaciones.

Y enhorabuena por haberte atrevido con todo.

Besos.

JuanRa Diablo dijo...

mochuELIn:
Con que diablejo cagón, ¿eh? Y tú, con tal de llevar la contraria, a lo loco como una irresponsable. Pues te propongo que hagas puenting hacia el infierno, que igual se me ocurre cortarte la cuerda y entonces sí que te iban a gritar que eso es peligroso.
De todas formas, besos. ;)

Amig@mi@:
Cada uno debe promocionar lo suyo. Y presumir de ello!! :)

Io:
Sí recuerdo bien este viaje, pero probablemente ayude el hecho de que suelo escribir diarios de los viajes que hago, porque no soy tan memorión en realidad. Aunque aquella entrada en la gruta sí fue inolvidable.
Me pregunto si habrían recuperado mi diario de haber viajado yo en el Titanic...
Besos.