7 de mayo de 2015

ME DA IGUAL QUE NO ME QUIERAS

Ayer fui objeto de una declaración de desamor.
Suena raro, sí, pero ocurrió. 
Fue en La Pajarera, ese gran espacio rectangular del Centro de Mayores que se utiliza como doble sala de usos múltiples. 
Las más de cien sillas del lugar van desplazándose de un extremo a otro según necesidades. 
Cuando se convierte en zona de baile, fuera sillas. Cuando los pintores van a colorear sus lienzos, dentro sillas. Cuando toca hacer pilates, fuera sillas. Si vienen a ensayar teatro, depende, pero el caso es que siempre hay trasiego de asientos por el lugar.

En esos menesteres me encontraba yo en el momento de los hechos, despejando una de las salas. Había terminado el grupo de gimnasia especial (aquellos mayores que tienen dificultad a la hora de moverse y realizan sus ejercicios sentados en sillas) y cuando yo entré quedaban tres señoras esperando a que llegaran los voluntarios de Cruz Roja, que siempre acuden a  llevarlas con cuidado hasta el minibús que las transporta a sus casas.

Reproduzco a continuación lo que ocurrió cuando me vieron entrar.

Señora 1:  Ah, mira, ya viene este chico a por mí.
Señora 2: No, mujer, que este no viene a recogernos.
Señora 1: ¿No? - dirigiéndose a mi - ¿No vienes a por mí?
Yo: No, solo vengo a llevarme estas sillas.
Señora 1: Pues vaya, qué desilusión, ya pensaba yo que venías a por mí.
Yo:  No, pero no tardarán en venir a recogerlas.
Señora 3: ¿Nos tenemos que levantar?
Yo: No, no, quédense ahí.

Seguí amontonando sillas.

Señora 1: Bueno, pues si no me quieres... ¡peor para ti!
Señora 2: (con tono de reproche a su compañera) ¡Pero mira que te gusta poner en compromiso a la gente!
Señora 3: (apurada al ver que cada vez quedaban menos sillas) ¿Nos levantamos para que te lleves estas?
Yo: No, tranquilas, no se preocupen, que esas no me las llevo.
Señora 1: ¿Sabes lo que te digo? - otra vez a mí - Que me da igual que no me quieras porque yo tampoco te quiero.
Señora 2: ¡Ay, la virgen!
Señora 1: Que no, ¡que no le quiero!
Señora 2: Chico, no le hagas caso, que a ésta le gusta mucho decir tonterías.

Yo, sorprendido pero sonriente, seguí con lo mío.

Señora 1: De tonterías nada, que solo digo lo que pienso.
Señora 2: ¡Pues no hay que decir siempre todo lo que se piensa!
Señora 1: Yo sí. Por eso no me casé.
Señora 3: (con inquietud) Ay, el hombre se tiene que llevar nuestras sillas.
Señora 2: ¡Que no se las lleva!  ¡Ay, qué mujer esta! ¿Cómo nos va a dejar esperando de pie?
Yo: Claro, no se preocupen, ya me las llevaré después. No hay ninguna prisa.

Las tres señoras quedaron en silencio unos segundos.

Señora 1: Pues sí, a mi me decían a veces: “¿Y eso que no te casaste? ¿Nadie te quería?” Y yo siempre decía. “Pues no, nadie me quería, ¡pero es que  yo tampoco quería a nadie!”
Señora 2: Uy, menuda serías tú de moza...
Señora 1: Y es verdad que nunca he querido a nadie, ¿eh?

En esos momentos entraron dos voluntarios que se llevaron a las señoras 2 y 3.
- ¡Esta sí que es buena! ¡Otros que no me quieren! Me dejan la última, ¿has visto?

Me iba a marchar al terminar de despejar la sala, pero no quise dejar a aquella peculiar mujer a solas. Empezaba a caerme bien.
- Bueno,  ya he terminado – le dije
- ¿Qué van a hacer aquí ahora?
- Viene el grupo de baile.
- Ah, ¿aquí vienen a bailar también?... A mi eso de bailar nunca me ha gustado. O bueno, no sé, porque  bailé poco. Y ahora aunque quisiera... Es que mi hermano no me dejaba bailar, ¿sabes? Cuando alguno me lo pedía decía él “Cuidao, que ese solo quiere contarte las costillas” … Eso me decía... Mi hermano, al morir mis padres, me protegía mucho...  Luego tuvimos que trabajar duro... Madre mía,  ¡lo que yo he trabajado! ... Así que  eso de bailar... no sé... si fuera joven otra vez... probaría a ver.
Y volvió la mirada hacia el ventanal,  sumida por unos segundos en quién sabe qué pensamientos.

Lamenté que entraran de nuevo para recogerla, pues de repente me interesaba todo lo que me decía  aquella señora. Me acordé de inmediato de mi querida Josefina, de las muchas historias que de su vida  me contó y de aquella forma  tan burlona y divertida con la que me trató siempre. Cuánto me acuerdo de ella, sentada allí entre todas aquellas señoras armadas con bolso, formando la gran mafia binguera.

- Ah, ahora sí, ya me toca. Bueno, chico, como tú no me has querido... me voy con este otro que sí me quiere. ¡Hala, adiós!

Es curioso, solo esas pequeñas pinceladas  sobre su vida me bastaron para recordar a esta mujer toda la tarde.
Se me quedó grabado eso de “si fuera joven otra vez...” como si esa fuera una oportunidad que pudiera volver a surgir. Aunque quién no ha pensado alguna vez en algo parecido.  

Me acordaba del “Cuidao, que ese solo quiere contarte las costillas”. Nunca había oído un equivalente de “meter mano” que fuera más anatómico todavía.

“Nunca he querido a nadie”, dijo. ¿Es esto posible? Me cuesta creer que no se enamorara alguna vez, que no se dejara llevar por los agridulces suspiros del corazón ¿Ha conseguido alguien esquivar al amor?
¿Y con quién vivirá? ¿Se sentirá sola? ¿Se arrepentirá de algo?
Me pregunto  si en el balance de su larga existencia considerará haber sido suficientemente feliz.

Cuando salí de la Pajarera la vi en el elevador del minibús de la Cruz Roja. El voluntario y ella subían cara a cara, cogidos de los antebrazos.
Cuando la sentaron en su asiento correspondiente miró a sus compañeras y dijo:
"Bueno, ya he bailao bastante por hoy"

Me quedo con muchas preguntas, pero en cualquier caso admiro profundamente a  las personas que no pierden nunca el sentido del humor.

Tengo que preguntarle cómo se llama. 
Mira por donde, yo sí he empezado a quererla.

14 comentarios:

Virtu Catalán dijo...

Ay Diablo, que entrañable esta conversación!....... Nostalgia... Y mas nostalgia.... Evocando recuerdos nos llevan a vivir quizás los mejores momentos de nuestra vida, aquellos que nos han satisfecho y por eso siempre los llevamos marcados en nuestros corazones!
Nostalgia... Amor... Recuerdos... Y mucha sabiduría!
Y siempre ese detalle de ellas... : estamos molestando,... nos levantamos!
Yo también quiero saber quien son ellas dos! Que bonicas! 😊

cHeLo dijo...

¡Qué conmovedor! He recreado la escena en mi cabeza. Yo tampoco comprendo que no se pueda querer a nadie ¡al menos una vez en la vida!
Imposible rebobidar ya que, como decía Chaplin, "la vida es una obra de teatro que no permite ensayos"

cHeLo dijo...

Rebobinar quería decir

Montse Martínez Ruiz dijo...

Muy emotiva tu historia y más porque sabemos que es auténtica, como la vida misma y que la cuentas de tal forma que parece que estamos allí.
Yo también le acabo de coger cariño a esa señora "que no ha querido" o que tal vez quiso tanto que se le olvidó, como tantas cosas que olvidan las personas mayores. Necesitan mucho cariño y tu, mi diablillo, sabes dárselo sin duda.
¡Ayyy, como nos haces saltar la lagrimilla!
Besos y buen finde.

Pregúntale como se llama y así la querremos todos:)

Anónimo dijo...

Claro que suena raro eso de que fuiste objeto de una declaración de desamor...porque a ti te quiere toooodo el mundo que te haya tratado. Y el resto está esperando conocerte para quererte. Como esa señora que provocó la conversación: porque también te quiere.
Es curioso que con sólo esos trazos insinuados de su vida ya nos haga sentir tanto interés. En cambio, mira que hay famosetes que escriben o mandan escribir su biografía y no me despiertan el mínimo deseo de conocerla pero, al igual que tú, ya ardo en deseos de conocer la historia de esta señora tan simpática que queda muy claro que si no se casó fue porque a ella no le dio la gana pese a que ponga de excusa a su hermano.
Pues nada, señor diablo, ya tienes trabajo para "conquistar" a esta señora, indagar en su historia y, si procede, contárnosla por aquí.
carlos

Natty dijo...

<3 hermoso, me encantan las personas mayores y sus historias, por eso escogí mi trabajo!! Siempre me he llevado mejor con ellos que con la gente de mi propia edad!!

Ana Bohemia dijo...

Cuando la vida hace horas extras y te enfrentas a los últimos años de tu vida es cuando mas se piensa en lo que no se tuvo, no se hizo o se perdió, en esas oportunidades que no viste venir o dejaste correr, al menos es lo que me cuenta mi abuela.
La vejez siempre me ha parecido un estado muy vulnerable, hay algo triste en la mirada de los anciano como si ya no tuvieran nada mas que esperar de la vida, supongo que por eso se refugian tanto en el ayer.
Preciosa entrada JuanRa.
:D

Lillu dijo...

Creo que es algo común en la gente de cierta edad que pierdan la vergüenza a hablar con más sinceridad y a reconocer determinadas cosas que han hecho mal o bien a lo largo de su vida. Tú escucharás miles de historias y anécdotas de ese estilo en tu trabajo cada día, seguro ;)

Yo veo en la mujer un puntito de amargura por no haber bailado más. Eso me afianza en mis pensamientos de los últimos días: vive, sé todo lo libre que puedas y busca tu felicidad siempre que te sea posible. Sólo así podremos llegar a la edad de esa señora y pensar "pues sí bailé lo mío y además quise mucho y me dejé querer". Yo también dudo que la señora no haya sentido alguna vez mariposillas en el estómago, lo que pasa es que su protector hermano posiblemente cortó de raíz esos sentimientos... una pena, pero seguro que aún está a tiempo de sentirse a gusto con algún jubilado con el que coincida por las clases :) Nunca es tarde para vivir!

saluditos

Ángeles dijo...

Como ya han dicho los compis en los comentarios precedentes, yo también le he cogido cariño a la señora, porque me parece muy simpática y porque tú sabes contar las cosas con un talento especial para que nos sintamos implicados en la historia y nos interesemos por los "personajes".

A mí me parece que la señora tiene un sentido del humor envidiable, pero que hay en su humor, en su ironía, mucho de refugio, de fingida indiferencia, para no caer precisamente en esa nostalgia que tan mal cuerpo nos deja a veces. Y creo que es eso, ese intento de hacerse la dura, lo que me hace sentir más ternura por ella.
Dale un beso de mi parte, y otro para ti.

Anónimo dijo...

Muy emotivo Juanra, una vez más, todo lo que has relatado y como lo has relatado.
Estoy convencido que esa señora esconde en su interior una vida plagada de vivencias de todo tipo, pero intuyo que desagradables o negativas en el capítulo amoroso.
Ay, el amor!!!
Un abrazo.
Txema Rico

JuanRa Diablo dijo...


Virtu :

Bueno, compañera, como ya hemos hablado personalmente de esta entrada, nada más añado por aquí, salvo agradecerte de nuevo tus palabras :)
Un abrazo (¡y ánimo en tu recta final! :))


cHeLo :

Me parece inconcebible una vida sin la experiencia del amor. Es más, no encuentro motivación mayor ni aliciente comparable. ¿Existir sin más?
Gracias por tu visita
PD. Cuánto me gusta esa cita de Chaplin :)


Montse:

Vaya, parece que al presentarla he conseguido que todos nos encariñemos de esta mujer :) Desde luego voy a indagar para saber su nombre y, de paso, algo más de ella.

Más besos para ti
PD. El Museo del Diablo está habilitando nuevas salas con tu nombre. Tendrán mucha luz, para que crezcan bien esas plantas (jeje) GRACIAS.

Carlos:

Menos mal que me independicé laboralmente. Si mi Jefe leyera todo lo que estamos comentando por aquí abajo me montaría una trifulca de campeonato. No sé cómo se me ocurre hablar de amor y pretender ejercer como diablo. ¡No aprendo!
Bueno, cuando yo diga “tres” olvidarás todo esto, ¿vale?

Una: Ya avanzaré algo más si coincido de nuevo con esta señora
Dos: Gracias por descender a los infiernos con tanta lealtad.
Y TRES!

Natty:

Ah, Natty, pues no sabía yo que tu trabajo estuviera relacionado también con los mayores. Me gusta esta coincidencia, amiga :)

JuanRa Diablo dijo...



Ana Bohemia:

Ahora que me haces saber lo que tu abuela te cuenta, me vienen a la cabeza imágenes de mis cuatro abuelos, precisamente en sus últimos años con nosotros. Les recuerdo en sus largos silencios, en el paciente transcurrir de los días, y me congratula saber que nunca estuvieron solos.
Me contaron muchísmos de sus recuerdos, pero imagino que otros muchos, dulces e imborrables los iban acariciando en aquellos últimos días en que los mayores parecen meditar mucho más.

Gracias, Anita


Así es, Lillu , en más de una ocasión me ha hecho mi madre esta observación de la que hablas, que recuerda que de joven se pensaba mucho las cosas antes de decirlas y ahora las expresa sin miedo y sin complejos. Que parece que uno se curte mucho con la edad y ya no está para ir con tantos miramientos.
Y aún estoy más de acuerdo contigo en tu carpe diem. Qué poco tenemos en cuenta que el tiempo vivido no vuelve más, así que nada de dejar las cosas para más adelante. Deberíamos tener siempre presente que cada día es único e irrepetible y que debemos aprender a aprovecharlos lo mejor que podamos. ¡Que de mayores no nos arrepintamos de no haber bailado! :)

Ángeles:

Comparto tu forma de verlo. Si con tanta soltura dijo aquello de “Yo no he querido a nadie” es porque debe estar muy acostumbrada a decirlo, quizás como una forma de hacer verdad, a fuerza de repetirlo, algo que no es cierto o no del todo cierto. No lo sé, el pensamiento de cada cual es tan insondable a veces...

¿Te imaginas qué interesantísimo sería poder entrevistar tranquilamente a la gente que viene por aquí? Seguro que nacería un realidad mejor que cualquier ficción.

Y ahora que nombras a tus “compis” me doy cuenta de que nunca os he dicho una cosa:

¡¡Podéis salir al recreo!! xD

Txema:

Siempre una satisfacción para mi saber que te ha gustado lo escrito. Y diría que nos hemos leído toda una vida, ¿eh? ¡Lo diría y lo digo! :D

Anónimo dijo...

Mi modelo a seguir siempre fue y será mi abuela...que aguantó carros y carretas pero jamás perdió el buen humor. Creo que ese es uno de los secretos de la longevidad.
Me ha encantado esta entrada y tu forma de escribir y describir.
Un saludo

JuanRa Diablo dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Anónimo
Vuelve siempre que quieras :)