He perdido la cuenta de las veces que he entrado en este pasadizo mal iluminado que es el callejón de las ideas.
Aquí me suelo detener frente al escaparate del número 6, una tienda de curiosidades conocida como el Bazar de Amal Gamado.
Sé muy bien que ya has imaginado el lugar y lo ves como una pequeña tienda antigua, con luz pobre, de esas en las que suena una campanilla en cuanto abres la puerta.
No te equivocas.
Y ahora entra conmigo.
Durante un buen rato, el vendedor (y dueño de todo lo aquí presente) brillará por su ausencia.
Cuando cesa el tintineo de la campanilla, el silencio se hace infinito. Hasta que aparece de repente, como una sombra deslizándose entre los objetos.
—Buenas tardes —dice con un tono de voz neutro—. Veo que observa con curiosidad a los Reyes de la Dulzura. Son un primor. Doce miniaturas que estuvieron escondidas en roscones de reyes y pertenecen a años distintos y correlativos, desde 2015 hasta el actual.
—Curioso —digo con fingida admiración.
—Y además ninguno se repite, ¿ve? Son dos Melchores, ocho Gaspares y dos Baltasares. Bonitos, ¿verdad?
—Vaya que sí.
—Pero permítame mostrarle algo distinto.
(¿Te das cuenta de cómo camina? Parece que flote sobre el suelo.)
Saca del bolsillo una llave maestra y abre una vitrina estrecha.
—Aquí guardo cuatro billetes y unas monedas muy valiosas. No valiosas por su valor en sí, sino por una particularidad. ¿La ve?
—¿Qué tengo que ver?
—La particularidad.
—Pues… no.
—¡Que proceden de los cinco continentes! Las monedas vienen de las islas Fiyi; son céntimos de dólar fiyiano. Y estos billetes son dos mil leus rumanos, dos mil pesos de Colombia, cinco libras egipcias y cien rieles de Camboya.
—Curioso conjunto —digo acercándome para ver mejor el de Egipto.
Me quedo callado. Él aprovecha ese silencio para colocar sobre el mostrador tres pequeñas figuras.
—Acérquese a ver estas tres calabazas. Ganchillo, goma eva y mazapán.
—¡Anda! Pero la de mazapán… ¿se come?
—Se podría comer. Pero debe de estar más dura que los pies de Cristo.
—Me gustan las calabazas —admito.
(No es cuestión de ponerme a explicarle ahora que soy amanecista, es decir, fan de la película Amanece que no es poco, en la que la calabaza es casi un personaje más.)
Entonces me coge del brazo y me conduce a un cartel apoyado contra una silla de respaldo alto.
—¡Maravilla con mayúsculas! —dice señalándolo— Semana Santa de Yecla, edición de este año. La Inmaculada con el diablo agazapado detrás.
Me acerco para examinar la composición.
—Tiene algo inquietante —digo—. Por ese contraste.
—Podría verse como una irreverencia, pero solo muestra una tradición. En Yecla, en el Domingo de Resurrección, siempre corre un diablo por las calles. Pero aun así, este cartel se convertirá con los años en una rareza muy valiosa.
Después abre un antiguo cesto de mimbre y saca algo con aire reverencial.
—Mire qué prodigio —dice despacio, remarcando cada sílaba—. Esta piedra ha sido esculpida solo por la naturaleza, que siempre será la mano artista de Dios. ¡No me diga que no parece querer rendir homenaje al hombre elefante!
—Pues es verdad. Tiene forma de cráneo extraño.
—Pero ninguna mano humana la ha modelado. ¡Se formó tal cual!
—La verdad es que todo esto es... Tiene aquí colecciones muy singulares.
Amal Gamado empieza a mover los dedos, frotándolos y estirándolos. Se queda callado, mirándome.
—¿Ahora es cuando tengo que decirte que buscan dueño y lo de los precios especiales y tal?
Me quedo un instante mirándolo, sin saber si reírme o seguir en mi papel.
—No, no hace falta. Lo podemos dejar aquí.
Él hace un gesto teatral de alivio.
—Ah, ¿ya he terminado?
—Sí… y lo has hecho muy bien. Me has sacado de un apuro.
—¡Pues sí que haces tú paripé para presentar una entrada!
—Lo sé. Todo sea por el blog.
9 comentarios:
Pues me ha encantado esta visita/paripé, jeje, al bazar de don Amal. Qué objetos tan interesantes, una colección (o amalgama) interesantísima.
Lo único equiparable que yo tengo es mi propia colección de muñequitos del roscón de Reyes, que te enseñaré si quieres un día de estos.
Y si vuelves al bazar, cuéntanos qué otros objetos descubres.
¡Cómo me encantaría a mí visitar esta tienda...
Otra entrada de las fabulosas, de ésas que sabes hacer, sorprendiéndome a cada foto
¡Y qué bien presentada, con ese don Amal tan misterioso y esa introducción en la que ya se intuye algo maravilloso.
Pero me extraña que no te des importancia, siendo el protagonista/ antagonista del Domingo de Resurrección. ¡Qué majo te han sacado
Y también, me ha encantado escuchar tu voz de cuando ejerces de humano 😄
carlos
Ángeles:
Sí, claro, puedo volver al bazar de Amal Gamado. Aunque te diré algo: al cerrar lo noté molesto conmigo. Creo que se quedó con la impresión de que me aprovecho de él.
¡Y aún se quejó de que no le compré nada!
¡Pero si todo son cosas mías! ¡Y se las presté para exponerlas en el blog!
En fin…
Oye, claro que me apetece ver tus “rosconerías”. Teniendo una juguetería con escaparate, ¿por qué no las… No, mejor de ventana a ventana, al regar los geranios :D
carlos:
Creo que imaginas muy bien ese bazar. Yo diría que incluso mejor que yo. Y mira que yo lo imagino bien…
Lo del diablo en Pascua es la reoca. ¡En Yecla tenía que ser! ¿Sabes que últimamente mi familia me anima a que me presente yo para hacer de diablo algún año? Es gracioso porque los niños esperan con ilusión (y un poco de miedo) el momento en el que aparezca. Y yo no sabía que siempre sale de una casa distinta, con cuyos dueños ha acordado previamente esconderse allí.
El del video es mi hermano Tomás. Pero tú ya me has oído en otros videos (¡incluso cantando!) :D
Tomás es el guardia ¿verdad...
Le delata la inspección forense del cráneo y su deducción de asesinato.😂
carlos
Elemental, querido Watson of Aragon 😂
Tan bien lo cuentas que dan ganas de hacerle una visita a esa tienda amalganada ¡la de cosas interesantes que hay!
Mi hermana colecciona los reyes de los roscones también!! Me ha hecho mucha gracia, porque pensaba que ella era la única.
Lo de hacer de diablo la próxima Semana Santa en Yecla es una idea estupenda.
Muchos besos!!
A mi lo que me gustaría ver es tu desván, trastero o lo que sea. Madre mía, como me gusta.
Para mi que todas esas cosas las tiene usted en el altillo.
Con altillo me refiero a esa habitación en lo alto de la casa que aprovecha el espacio del cielorrazo al techo y no de su mente.
No le dije demente, dije... bah, si tiene ganas de discutir me voy. Pum (eso es un portazo)
Montse:
Tu hermana y yo somos de la especie rosconófilos reales, probablemente una minoría tan rara que se debería de tener en cuenta para financiarla de algún modo.
¿Hacer de diablo en la Semana Santa de Yecla? Mira que me cuesta verlo… ¿eh? ¡Pero sería el acabóse! xD
Multiplico esos besos!
Papacangrejo:
La verdad es que me sorprendo a veces al encontrar cosas que ni yo mismo recordaba haber guardado. Y, claro, desde la distancia del tiempo transcurrido se ven maravillosas.
Seguro que seguiré mostrando algunas más por aquí.
gamar:
Menos mal que ese PUM no era un disparo, porque ha sido todo tan rápido que me he quedado con la boca abierta y un palmo de narices.
Me visita Gamar después de ¡¡tantos siglos!!, y me comenta sobre un altillo... que no en la mente... que no demente… que si un cielorrazo... que si un portazo…
¡¡Pero qué aparición estelar tan divertida!! :D :D :D
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