Durante muchos, muchísimos años, en la casa de campo de Petrel guardamos un magnetofón que no funcionaba.
Cada vez que alguna búsqueda azarosa me llevaba a toparme con
él, me quedaba un momento admirando aquella máquina antediluviana y
preguntándome si habría algo grabado en su interior. Pero terminaba por cerrar
el armario, y el aparato volvía a quedarse allí, sin ver la luz, como sarcófago
de faraón.
Eso sí, fueron tantas las veces que comenté a mis padres que tenía
mucha curiosidad por saber si en aquel magnetofón habría algo interesante, que el
día en que se presentó la oportunidad de que alguien nos pasara la bobina a
cinta de casete se lo entregaron sin dudar.
De aquel rescate se volvió a traer al presente una grabación
familiar en casa de los abuelos de Elda, en su mayoría caótica y confusa, en la
que se oía a mucha gente reír y cantar.
Hace tantos años que la escuché que ahora quiero repasarla de
nuevo, porque apenas la recuerdo y porque es posible que Fran —que se acuerda
hasta de cuando nací yo— me ayude a reconocer voces de nuestros abuelos y tíos.
Algún detalle escuchado me debió dar la pista del año, pues le puse el rótulo de ELDA. Navidades 1964.
En una de esas grabaciones se oye cantar a mi abuela Paquita,
de la que tantas veces he hablado aquí en el blog, ¡y aparece incluso a su madre, mi bisabuela
Concha!
Un día se me ocurrió hacer un montaje de audio e intercalar
mi voz en esa canción.
El resultado se quedó ahí, para mí solo, pero ahora me
apetece mucho compartirlo con vosotros y hacerla revivir una vez más.
Al escucharla resulta curioso pensar que ella grabase aquello
dos años antes de nacer yo, y que yo decidiera acompañarla años después de
morir ella.
Pero siempre que la escucho siento que se desvanecen las distancias del tiempo y se convierte en un dúo que cantamos muy juntos, ella y yo, aquí y ahora.




1 comentario:
Lo que daría por tener algo así con mi abuela, esto es un tesoro amigo mío
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