28 de mayo de 2026

NO PREPARADO

Pascual llevaba varias horas estudiando.

Sobre la mesa se amontonaban libros abiertos, apuntes garabateados, bolas de papel arrugado y tres tazas con posos de café, como rotondas en un perfecto caos arquitectónico.

Impulsó la silla hacia atrás con los pies, abrió el cajón y revolvió entre los folios, lápices y cajas de grapas en busca de un analgésico. Dio con una pastilla suelta al fondo, sin blíster ni nombre, y se la llevó a la boca sin pensar.

Durante los siguientes minutos sintió un calor creciente que le subía por la nuca.

Entonces la mesa se inclinó hacia un lado.

Ocurrió de repente, como si una pata se hubiera quebrado de golpe, y Pascual sujetó todos los libros con ambas manos para que no cayeran. De improviso, la mesa fue volviendo a su horizontalidad.

«Tengo que descansar un poco», pensó.

Se echó sobre la cama y se quedó mirando al techo.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que su habitación era triangular, no cuadrada como siempre había pensado. De hecho, podía ver claramente, casi al alcance de la mano, las longitudes de los tres lados, “a”, “b” y “c”.

Parpadeó varias veces, pero las anotaciones en rojo sobre el techo seguían allí.

«¿Cuándo escribí todo eso?»

Tuvo intención de levantarse para mirar más de cerca unas ecuaciones que parecían latir sobre la pared, pero no consiguió incorporarse. Sin embargo, las piernas empezaron a flotar y se abrieron como una L, convirtiéndose en catetos. Pascual se apresuró a mover un brazo para trazar la hipotenusa. Arañaba el aire, pero no conseguía dibujarla.

Se concentró entonces para darse un impulso y logró rodar sobre la cama hasta caer al suelo.

Se hundió en agua espesa.

Flotaba y se hundía al mismo tiempo, sin llegar a entender si él era el responsable de cada ascenso y descenso o dependía de otras fuerzas.

«Igual al peso del agua que desplazo», pensó mientras daba una brazada hacia la silla.

Pero al tocarla se hundió de inmediato y las ondas empujaron a Pascual, desplazándolo hacia las profundidades nunca exploradas que había bajo la mesa.

¿Era realmente una mesa? No quedaba rastro de madera, sino una extensión de roca húmeda.

Viajó a través de una cueva profunda con un techo tan alto que se perdía en la oscuridad.

Cuando por fin se detuvo apareció un fuego que proyectaba sombras en la pared. Todo lo que ocurría fuera de su campo de visión se filtraba como formas borrosas.

Miró y tocó las cadenas que le rodeaban los tobillos. Intentó moverse, pero no consiguió salir del alcance de la luz. Lo único que veía con claridad eran sombras que pasaban ante él.

«¿Qué habrá más allá del fuego? ¿Y si hay algo que no alcanzo a ver?».

El fuego se apagó en el instante en que amanecía.  

 

El agua de la ducha lo despejó por completo, pero notaba un regusto a medicamento en la boca.

Pascual salió a la calle con la desagradable sensación de que no iba preparado para los exámenes.

Aun así, todos —Matemáticas, Física y Filosofía— le salieron mejor de lo que pensaba.

  


Dedicado especialmente a mi amiga Ángeles, mi antítesis luminosa.

Tal vez este Pascual sea el Pascualito de tus cuentos, 

pero no me atrevo a asegurarlo.



4 comentarios:

Ángeles dijo...

Cualquiera sabe qué era la pastilla que tomó Pascual. Un Paracetamol no parece que fuera. O a lo mejor sí, pero adulterado por el contacto con una goma de borrar o algo...
En cualquier caso, es un cuento muy psicodélico y alucinógeno. Oye, no te habrías tomado tú también un Paracetamol en mal estado? :D

Muchas gracias por la dedicatoria y el recuerdo de Pascualito, que aunque no es este Pascual, a mí me ha emocionado :)

Papacangrejo dijo...

Me recuerda a Cangreteen estas semanas con preparando las PAU. jajajaja

Anónimo dijo...

Cumples sesenta años y vuelven pesadillas y obsesiones estudiantiles a tu cabeza...
De una época de estudios analógicos sin ordenadores ni IAS ni gaitas. ¡Qué buenos tiempos cuando era difícil aprobar pero era muy fácil aprender (hace unos días leí esta sentencia no sé dónde, y me parece muy acertada
Ay, qué bonitas me parecen ahora las Matemáticas, la Geometría (mí preferida de entre todas ellas) y aquello de de los Senos (alguna reminiscencia erótica o infantil jejeje y las Tangentes que ahora mismo, y sorprendiéndome a mí mismo por mí deterioro cognitivo, no me viene a la cabeza el nombre de la disciplina matemática dond se estudiaba... Jo, qué mal estoy
En fin, que entonces no sabía lo feliz que era al poder estudiar todas. esas cosas e incluso con la emoción de los exámenes
carlos

JuanRa Diablo dijo...

Ángeles:

Todos sabemos que los fármacos en contacto con Milán no se alteran, pero con Pelikán… ah, amiga, poco se habla de los peligros de todo esto!

Pero a mí no me señales como sospechoso de nada, que con eso de que hay una serpiente como símbolo de las farmacias, os creéis que son todas mías.

Sí, este no es el Pascual de tus cuentos, desde luego, pero la dedicatoria sigue en firme y sin adulterar 😊

Papacangrejo:

Me encanta el nombre de Cangreteen, jaja. ¡Toda la suerte del mundo para él!


carlos:

Hay un par de sueños bastante recurrentes en mi vida.
En uno me entero de que hay un examen y yo no he estudiado nada y me entran los mil agobios.
Y otro en el que me reprocho estar matriculado en algo y no estar presentándome a clases (ni ganas de hacerlo)

Tengo que decir que nunca hubiera imaginado que con esta historia te pondrías a elogiar cuán excelsas fueron las Matemáticas o la Geometría. Pero qué dices, alma de cántaro, ¿bonitas? Bonitas para el que las entendió, porque para mí siempre fueron un suplicio.
¡Vade retro, Satanás!

Eso sí, reconozco que me dan envidia aquellos a los que les encantan, porque estoy seguro de que tiene que ser maravilloso entenderlas y disfrutarlas.

En cuanto a mi edad… no sé, ahí creo que no me cuadran las cuentas.