Me pregunto qué se os habrá pasado por la cabeza al leer el título. ¿Mayoría de edad con 600? ¿Qué significará eso?
Antes de seguir leyendo, deteneos un momento para pensar
a qué me puedo referir.
¿Lo habéis deducido ya?
Efectivamente, la explicación es sencilla: hoy este
rincón de internet cumple dieciocho años. Y, además, esta es la entrada número seiscientos.
¡¡Toma ya!!
Lo curioso es que hacía ya muchos años que no me
detenía a celebrar el aniversario del blog. Pero desde luego dos cifras tan
llamativas merecían un pequeño alto en el camino.
Hubo un tiempo en que esta fecha era ineludible y preparaba
yo una entrada especial para ese buen puñado de lectores que siempre
encontraban un rato para dejar un comentario y que me seguían el juego ante
cualquier loca idea que les propusiera. Eran los años en los que los blogs
vivían su edad dorada.
Lo recuerdo con un cariño inmenso.
El tiempo, naturalmente, ha ido cambiando las cosas.
Las redes sociales fueron ocupando el espacio de aquellos blogs que parecían
eternos y muchos acabaron cerrando sus puertas. Otros quedaron congelados en el
tiempo. Este, aunque con un pulso mucho más tranquilo, ha seguido dando sus
pasitos.
A la edad del diablo empezó a caminar sin que supiera yo muy bien qué
pretendía hacer con él.
Con el tiempo se convirtió en ese rincón personal que
fui llenado de recuerdos familiares, de samueladas y aitanerías, de anécdotas
cotidianas, de fotografías, de dibujos, de pasatiempos y juegos de todo tipo,
de pequeñas historias, de ocurrencias absurdas. De reflexiones sobre libros,
cine… De exposiciones de álbumes de cromos, de discos… De mis viajes, de mis
trabajos… En fin, de cualquier tema que se me pasara por la cabeza y
considerara digno de ser escrito.
Incluso ha habido conversaciones con el Diablo Jefe o
con un espíritu ruso llamado Madame Parrus que lleva años teniéndome poseído.
A la edad del diablo es un escaparate de todo aquello
que me apasiona, me entretiene, me llama la atención o simplemente me apetece
dejar por escrito para compartirlo.
Confieso que de vez en cuando me asalta una idea.
Pienso que quizá ha llegado el momento de ponerle un punto final. Que ya no
tiene demasiado sentido seguir escribiendo cuando apenas quedan lectores. Que,
al fin y al cabo, nada dura eternamente.
Pero siempre termino llegando a la misma conclusión.
Escribo porque me gusta escribir. Lo he hecho desde
mucho antes de abrir este blog y, probablemente, seguiré haciéndolo mientras
conserve las ganas de contar cosas.
Los lectores siempre fueron un regalo, y los
comentarios, una alegría inmensa, pero la razón de fondo nunca ha cambiado: disfruto
dejando constancia de pequeños momentos, de recuerdos, de ocurrencias y de todo
aquello que, por un motivo u otro, creo que merece la pena dejar aquí.
Y me gusta pensar que alguien lo terminará leyendo.
Tarde o temprano.
Dieciocho años... Seiscientas entradas...
A todos los lectores, los de ayer, los de hoy, los de
siempre y algún otro que casualmente pasará por aquí:
¡¡MILLONES DE GRACIAS!!


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