
Cerca ya de cumplir tres años como bloguero y todavía el universo de la blogosfera me sigue fascinando.
La fuerza de la costumbre casi lo desvirtúa y logra que llegue a parecer ordinario lo extraordinario, pero si uno lo piensa detenidamente, hay algo realmente grandioso en este enorme mapa de estaciones por el que nos movemos.
Puedo imaginar algo parecido a veloces líneas de colores de un Metro inmenso, moviéndose por un espacio plagado de millones de paradas.
Y el azar, o vaya usted a saber qué, nos hace detenernos unos minutos en algunas de ellas.
¿Por qué en esas precisamente? ¿En qué momento de nuestros viajes nos cruzamos y decidimos saludarnos pese a no conocernos?
El caso es que en estas estaciones elegidas, escuchamos a alguien hablar, alguien que cuenta que se va a casar, o que espera un hijo, o que busca trabajo. Gente que rememora un viaje, maldice un contratiempo o se ríe hasta de su propia sombra. Habla gente que se va a examinar, que quiere compartir una receta, que expresa una idea o que se emociona con algún recuerdo del pasado.
Una canción, una broma, un dibujo, un libro, una foto, un poema, un proyecto, una duda... Cualquier cosa surge porque todo cabe y, a veces, todo necesita ser dicho.
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Y esa gente, nebulosas sin rostro de las que somos capaces de conocer pequeños fragmentos de sus vidas y sus personalidades, nos pueden dejar su voz a 50, 200, o 500 kms de nuestra propia estación. Incluso a mucha mayor distancia.
El pasado domingo tuve la oportunidad de conocer personalmente a tres queridos bloggers. Como Alicia a través del espejo en el sentido inverso, decidí traspasar la pantalla del ordenador para llegar hasta esos compañeros de la blogosfera y saludarlos en el mundo real.
Y ese mundo fue la ciudad de Valencia en un día tan luminoso y perfecto como no podía ser de otra manera.
Allí me encontré con Peibol, Han y El Zorrocloco y a los pocos minutos de estar con ellos me parecían conocidos de siempre.
Era algo que, pese a mis muchos nervios iniciales, estaba convencido de que ocurriría.
¿Cómo iban a serme extrañas personas de las que ya sabía tantas cosas? Cómo podría sentirse uno incómodo con alguien con quien te has reído tantas veces, has alentado en momentos bajos, o felicitado en sus logros, con gente que en más de una ocasión te ha hecho emocionar.
Pero es que además de todo eso, Peibol y El Zorrocloco (de Tenerife) y H@n (de Valencia) son gente sencilla, divertida, amable y cariñosa con los que es treméndamente fácil sentirse a gusto. Vamos, que me iría a dar la vuelta al mundo con ellos sin dudarlo.
Y así, callejeando por el centro, curioseando por tiendas o mirando cómo se jugaba un partido de béisbol en el paseo del río, las horas pasaron como minutos.
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Hace una semana de aquel luminoso día. Las líneas de colores vuelven a correr por sus órbitas habituales, cada cual con los trayectos de sus propias vidas y con mayor o menor contacto.
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Y ahí está sin duda lo más grande de todo.






Para l@s que no hayáis estado en Madrid, 

Y... voilá! Otro diablo os esperará...
El árbol es el de la derecha.


