18 de noviembre de 2011

LOS DIABLOS DE CANTABRIA

Imaginad un gran mapamundi sobre un panel de corcho.

Imaginad que en cada lugar donde hay algún diablo escondido, claváramos una chincheta roja.

Podría llegar el momento de clavar la chincheta número 666, y al mirar el mapa desde la puerta (cuidado con no tropezar con el cubo de la fregona), descubrimos que las chinchetas también forman un gran 666 de color fuego. ¿Qué ocurriría entonces? ¡Vamos, imaginad, imaginad, no me lo dejéis todo a mí!

Es más que evidente: se desatarían los infiernos y el mal tomaría cuerpo en todas sus manifestaciones:
El aire olería a azufre. Empezarían a nacer animales con dos cabezas. Las vacas dejarían de dar leche para dar vino (lo cual sería la leche) Los leones de las Cortes se harían de carne y hueso y saldrían pitando de allí. El agua se apagaría con fuego, y el fuego con leche (que ya no habría) El fantasma de Stalin bailaría la jota delante de la Pilarica. Todos los volcanes del mundo vomitarían a un tiempo (menos el de El Hierro, para quitar hierro al asunto) Los grandes templos, los museos y las bolsas se hundirían (esto último no pillaría a nadie de susto) Las cucarachas convocarían reunión urgente para nombrar presidente. Se acabaría internet, se oirían lamentos y juramentos y nunca más sería primavera en el Corte Inglés.

Duro, ¿eh? ¡Y no estamos haciendo nada por evitarlo!

Recibí un correo de la Doctora Anchoa y El Ese , contándome que habían estado de viaje por Cantabria y se les había ocurrido esconder unos diablos por allí (¡¡Bien, unas chincheticas más!!)

Traslado a continuación lo que me escribía la Doctora (que dicho sea de paso, es la mar de salá)

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Desde que descubrí el blog de JuanRa, y su estupendo juego de los diablos, he estado deseando colocar alguno por alguna parte del mundo. Hasta el momento se me había olvidado siempre que me iba de viaje, pero este puente de los difuntos El Ese y yo nos fuimos a Cantabria, y pensamos que ésta era la nuestra.
Aprovechando que El Ese es todo un artista, la idea era que la tarde anterior de irnos los dibujara, y así llevárnoslos ya puestos. Desastre total, por supuesto, si tenemos en cuenta que la misma mañana que salíamos de casa ni siquiera habíamos hecho las maletas, como para ponernos a dibujar. Pero no pensábamos dejarlo estar, que nos apetecía mucho colocar los diablos cántabros, así que, estando ya en Cantabria, compramos una libretita y un boli y El Ese se marcó unos diablos fantásticos.
Este año decidimos visitar la comarca del Besaya. La primera parada de este viaje fue en Barros, donde acudimos a ver las estelas cántabras:

Aquí se quedó nuestro primer diablo, que tenía esta pinta:
Como había bastante gente alrededor de las estelas, tuvimos que dejar el diablo al lado de la puerta de entrada, en un muro de piedra, os enseño el sitio exacto:
La siguiente parada de ese día parece que la hayamos hecho en honor a JuanRa, ya que fue una visita de cine: la casa en la que se rodó la película de Los otros, el Palacio de Hornillos, situado en Las Fraguas. Costó un poquito encontrarlo, pero en cuanto lo hicimos nos encantó:
No se podía entrar en la finca, porque debe de ser de propiedad privada, así que sacamos el diablo:
Y lo dejamos en un muro de piedra que hay al lado de una de las puertas de la finca:

Y el tercer diablo por supuesto que tenía que acabar en Santoña. Tras probar en varios sitios que no nos convencieron, al final elegimos el monumento a Juan de la Cosa:
Aquí se quedó nuestro diablo santoñés:
Lo dejamos en las rocas que hay en la parte de abajo del monumento, mirando de frente desde la fotografía:
¡¡¡Y tres diablos colocados!!! Nos lo hemos pasado muy bien con el juego, JuanRa, no dudes que para el siguiente viaje repetiremos.

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Muchas gracias, pareja de dos. Habéis estado sembraos en vuestra hazaña diablera. ¡Y por fin comprendo aquella escena de la película que no entendía! ;)

14 de noviembre de 2011

TOP CRY ( O LLORERA A TOPE)

No tenía previsto algo así para hoy, pero dado que hubo una gran participación en la entrada anterior, y quien más, quien menos, dejó títulos de películas que por algún motivo le hicieron soltar la lagrimilla, no me he podido resistir a dejar reflejada la lista completa.

Por un lado porque me gusta el cine y todo lo relacionado con carteles y fotogramas famosos, y por otro porque no deja de ser interesante tener a mano un referente de ese cine que emociona, que te deja con el corazón encharcado y la cara de tonto, pero que también nos demuestra lo maravillosamente convincente que es en ocasiones el cine.

Por todo eso dejo aquí expuestas todas las recomendaciones que han llegado al infierno (las mías y las vuestras)

Aunque la mayoría son dramas, están incluídas ciertas películas que para más de uno tuvieron su momento clínex-matográfico.

Aquí las muestro, por décadas.

En los 40 y 50...Bambi, ¡Qué bello es vivir!, Marcelino Pan y Vino, Historias de la radio.
Tú y yo, Las noches de Cabiria, Adivina quién viene esta noche.

En los 70...

Heidi, Marco, Las aventuras de Pinocho (series de TV las tres)
Campeón, Tal como éramos, Kramer contra Kramer.

En los 80...

Tod y Toby, El club de los poetas muertos, E.T. el extraterrestre, 
Cuando el viento sopla, Cinema Paradiso.

La historia interminable, Top Gun, La carta final, Verano azul (serie TV)
La colmena, El color púrpura, El hombre elefante, Máscara, Elliot.
El disputado voto del Sr Cayo, Los puentes de Madison, Más allá de los sueños, Titanic.
En los 90...

Romeo+Julieta, La lista de Schindler, El inolvidable Simon Birch, Eduardo Manostijeras, El hombre que susurraba a los caballos.

Pena de muerte, La milla verde, Leaving las Vegas, Quédate a mi lado, El sexto sentido.
En la década del 2000... (¿Cómo se llama a esta década? ¿Los OO?)

Tierras de penumbra, Mi perro Skip, Forrest Gump, La vida es bella, Corazón indomable.

Posdata: te quiero, Cadena de favores, Gran Torino, Billy Elliot, Wall-E.
Up, Rent, Mamma mia, Moulin Rouge, Camino, Los chicos del coro, Soy leyenda.
Hotel Rwanda, Million dollar baby, Big fish, En busca de la felicidad.

Desvelo, por último, el primer puesto en mi lista particular y que nadie nombró.

Se trata de La tumba de las luciérnagas, un clásico japonés de la factoría Ghibli del año 1988. 

Parece mentira pero una película de dibujos animados me dejó más tocado que cualquier otra hasta hoy. Y cuando digo tocado digo tocado, hundido, muerto, resucitado, vuelto a morir...



Si alguien la conoce me gustaría saber sus impresiones, y quien no... bueno, yo no sé si recomendarla después de cómo me dejó a mí. Es de una amargura desbordante. 

Bella, cruel, impactante, terrible, tristísima, brutal, magnífica...

Y para colmo, real.

Ahí queda eso.

8 de noviembre de 2011

LOS GRANDES MOMENTOS CLINEX


A uno le tocó nacer varón y acatar esa norma que dice que los hombres no lloran.

Ignoro si tiene rango de ley, lo que sí es sabido es que es una norma muy antigua y que está muy mal visto el no cumplirla.

Y, bueno, ante esto he hecho siempre todo lo que he podido, pero admito que no siempre me ha sido fácil.

La música, por ejemplo, mueve en ocasiones resortes capaces de emocionar, debilitarte por dentro y conseguir quebrantar el reglamento.

Por suerte, cuando un hombre llora y no hay testigos del hecho, no se considera infringida la ley, salvo que luego lo confiese a otros, creando un agravante en su imagen. Y no me vengan con que eso era antes, que estamos en pleno siglo XXI y las cosas han cambiado mucho... ¡Pamplinas! No han cambiado nada. Los hombres solo podemos llorar en la clandestinidad, furtivamente, y si nos pillan decir que se nos ha metido un mosquito en el ojo.

Por eso yo he pasado momentos muy comprometidos en alguna que otra sala de cine, pues, junto con la música, es el cine otra de mis debilidades más debilitantes.

Algunas películas parecen hechas con toda la mala leche de hacer llorar a todo el personal.

Me he visto en muchas de esas en las que en vez de palomitas juraría que me he tragado un alfiletero y se ha quedado atascado en la garganta. Ocasiones en las que eres consciente de que la película está a punto de acabar y has de recomponer el tipo si no quieres que se enciendan las luces y te pillen con cara de haber estado pelando cebollas en un velatorio.

Es tremendamente difícil conseguir la concentración necesaria para que no se note nada: " Venga, tranquilo —te dices a ti mismo—, esto es solo una película, el chico no es huérfano de verdad, hay cámaras enfrente, ¡ella no está enferma, es maquillaje!, ¡basta!, ¡se acabó!, ¡respira hondo! ..." 
Pero de repente se oyen las lánguidas notas de esa tristísima música que remata los finales de este tipo de películas, y lo que era una prueba difícil se convierte en una prueba de fuego. Los ojos se inundan, el pecho se desboca, el alfiletero crece... Segundos antes de que se ilumine la sala, pasas las manos por la cara a una velocidad ultrasónica y respiras tan hondo que casi acabas con el oxígeno del lugar. Entonces conviene levantarse pronto y evitar miradas directas, sobre todo de otros hombres que podrían dar la voz de alarma: ¡Eh! ¡¡Ahí va un llorica!!

Curiosamente, en esas huidas al exterior, se me ha dado el caso de cruzar involuntariamente la mirada con la de otro congénere, con señales inequívocas de haber llorado. Es cuando se produce un diálogo sin palabras:

"Pero, hombre, disimula un poco, ¿no?"
"¿Y tú qué? Se te nota de lejos"
"Bueno, haré como que no te he visto si tú haces lo mismo, ¿de acuerdo? ¡Pero que no vuelva a ocurrir!"
"Lo mismo digo, tío"

Y así, el crimen queda impune.

Pensando en esas situaciones puntuales en las que viendo una película he infringido la norma, he creado lo que acabo de bautizar como la lista de los grandes momentos clínex y que paso a compartir con vosotros, (hombres y mujeres), si bien negaré haber escrito esto si alguno (hombre o mujer, pero sobre todo hombre) osa a levantar hacia mí el dedo acusador. Que yo sé eliminar las pruebas sin dejar rastro, ¿eh? ¡Y sé dónde vives!

A pesar de que la primera película que vi en el cine fue Bambi y que casi me amarga la vida entera, no la incluyo en la lista porque no me hizo llorar sino quedar estupefacto durante un largo tiempo que abarca hasta el día de hoy. De hecho aún tengo previsto el juicio contra Walt Disney por los daños y perjuicios ocasionados.

Pero bueno, aquí va la lista, de menos a más desequilibrante. (Advierto que puede contener spoilers)

12) EL HOMBRE ELEFANTE (The elephant man, 1980)
La historia real de Joseph Merrick, un hombre que nació gravemente deformado y que vivió en Londres durante el siglo XIX.
Momento clínex: Cuando la actriz de teatro (Anne Bancroft) se dirige por vez primera ante el que todos despreciaban y consideraban un monstruo, con una sincera sonrisa de respeto y admiración que emociona a Merrick profundamente.

11) EL COLOR PÚRPURA (The color purple,1985)
La historia de Celie, una joven muchacha negra que es separada violentamente de su hermana, a quien añora toda su vida.
Momento clínex: el del reencuentro de las hermanas, especialmente cuando se ponen a jugar con las manos como cuando eran niñas.


10) BIG FISH (2003) Un joven lleva varios años distanciado de su padre, molesto de que cuente siempre su vida de una manera que él considera fantasiosa.
Momento clínex: El de la reconciliación del hijo con su padre, cuando lo saca en brazos del hospital y lo lleva al río.



9) MÁSCARA (Mask, 1985)
Rusty Dennis es la madre de Rocky, un joven que sufre una severa deformación del cráneo. Ella está determinada a conseguir que su hijo, alegre e inteligente, tenga las mismas oportunidades que cualquier otra persona.
Momento clínex: Todas las miradas de profundo amor de la madre (Cher) hacia su hijo, especialmente la última, en un "buenas noches" que ella intuye como el último.




8) HISTORIAS DE LA RADIO (1955)
Tres emotivas historias que tienen como eje central la radio y los radioyentes. En la última, el niño de un pequeño pueblo necesita dinero para viajar a Estocolmo donde un cirujano le espera para operarlo y así salvar su vida. El maestro del colegio decide participar en un concurso de la radio con el fin de reunir el dinero suficiente para realizar el viaje.
Momento clínex: El del pueblo entero pegado al transistor, escuchando y vitoreando las respuestas del profesor, al que no le llega la camisa al cuello ante tanta responsabilidad.


7) QUÉ BELLO ES VIVIR (It's a wonderful life, 1946)
Un honrado banquero, desesperado por la repentina desaparición de una importante suma de dinero que supondrá un gran escándalo, decide suicidarse.
Momento clínex: El agradecimiento y la emoción del padre de familia hacia sus vecinos y amigos ante tanta muestra de cariño, al final de la película.



6) EN BUSCA DE LA FELICIDAD (The pursuit of happiness, 2006)
Un padre lucha por conseguir un trabajo para dar mejor vida a su hijo pequeño, pero pasarán muchas penurias, llegando a quedar sin casa donde vivir.
Momento clínex: Hay varios, pero me quedo con la forma en que entra el padre a la guardería de su hijo para abrazarlo con fuerza cuando consigue su sueño.


5) ELLIOT (Misunderstood, 1984)
Tras la muerte de su mujer, un hombre centra su atención en su trabajo y en el cuidado de su hijo pequeño, desatendiendo al mayor, un niño muy sensible al que se empeña en tratar como un adulto.
Momento clínex: Cuando el padre descubre y lee la redacción que sobre él ha escrito su hijo y se percata de su error.

La vi una tarde con mi hermana. No recuerdo haber llorado tanto delante de alguien. Después de tanto hipo y tanto moco pasamos a un sinfín de carcajadas. Aquello fue de lo más terapéutico.

4) CAMPEÓN (The champ, 1979)
Un ex campeón de boxeo, que vive con su hijo pequeño, lleva una vida dedicada a la bebida y al juego. Cuando en su vida vuelve a aparecer su mujer y madre del niño, volverá a los rings e intentará rehacer su vida por el bien de ambos.
Momento clínex: La interpretación del pequeño (Ricky Schroder) hecho un mar de lágrimas ante su padre, abatido en la lona. "Levántate, Campeón, levántate". La vi en el cine a los 13 años. Allí lloraba hasta el gato.

3) LAS NOCHES DE CABIRIA (Le notti di Cabiria, 1957)
Cabiria es una prostituta que sueña con que algún hombre honrado la aparte de la calle. Su bondad e ingenuidad hace que todos se aprovechen de ella.
Momento clínex: El final es sublime, con una música que cala hondo. Y hay una sonrisa que dice un millón de cosas.


2) TIERRAS DE PENUMBRA (Shadowlands, 1993)
Un profesor de literatura en Oxford, es también un escritor de gran reputación. Soltero y totalmente desconectado de la realidad, vive encerrado en el mundo de la enseñanza y los libros. Un día irrumpe en su vida una poetisa estadounidense divorciada y gran admiradora suya, que está de viaje por Inglaterra con su hijo y desea fervientemente conocerlo en persona.
Momento clínex: Las últimas conversaciones de la pareja ante lo inminente. La predisposición de ella y todo lo que transmite a su amado en sus últimos momentos junto a él. La he visto muchas veces y me emociona siempre.



En el número 1 del ranking hay una película que me provocó inundaciones emocionales, que me tuvo abatido una semana entera y que no he sido capaz de volver a ver ni de lejos.

Pero no desvelaré el título por ver si coincide con la de alguno de vosotros.

Me gustará saber cuál es vuestro inolvidable momento clínex de cine.

Mujeres, hablad sin problema.
Hombres, prometo no delataros a las autoridades... ¡Pero que no vuelva a ocurrir!

2 de noviembre de 2011

PASÁNDOLO PIRATA

Hace unas semanas tracé un secreto plan familiar.
Queriendo que saliera bien y causara la mayor impresión posible, fui creando ambiente de antemano.
Primero puse en la tele un DVD de Piratas del Caribe para que se apreciara bien algún barco por dentro y por fuera.
Cuando llegó ese momento en el que alguna de esas moles de madera surcaban el mar a plena luz del día o en el crepúsculo, yo comentaba en voz alta:

—¡Waaa, qué chulada de barco! , ¿eh? ¡Dan ganas de montar en uno!

Y cuando los tripulantes recorrían sus amplias estancias o se apresuraban a disparar los cañones, volvía a la carga:

—¿Os imagináis haber sido pirata y vivir todo eso? Es como una gran casa flotante...
Pero si se mueve mucho —me advertía Aitana—, seguro que yo me mareaba.

Llegó el domingo y les dije que se prepararan, que nos íbamos en coche a un sitio.

—¿A dónde? —quisieron saber los tres.
—¡Ahh, es una sorpresa!

Y casi dos horas después de proponerlo (a las mujeres previsoras con niños no se les puede meter prisa) nos encaminamos hacia Alicante.

Un par de fines de semana antes me había telefoneado un amigo.

—¿A que no sabes desde dónde te llamo?
—Pues no. Sorpréndeme.
—Estoy tomando una cerveza en la cubierta de un barco enorme en Alicante. ¡Me siento el Señor Hawkins!
—¡Anda ya! ¿Y eso?
—Pues que aquí, amarrado al puerto hay una réplica de un barco muy famoso que se puede visitar: el Santísima Trinidad se llama. Deberías venir un día a verlo, merece la pena. Tiene de todo. Y es grande que te cagas. Ahora me doy cuenta de que no debía ser tan fácil eso de amarrar el cabestrante a la mayor...
Y como siempre que hemos imitado las típicas películas de barcos en medio de una tempestad, terminamos parodiando órdenes por teléfono:

—¡Señor Hawkiiins, desvíe el ancla a contravientoooo!
—¡Señor Smiiiith, despliegue las botavaaaraaas y afiance la eslora de estribooor!
—Imposibleeee; se ha partido el mástil de proaa, ¿escoramos la goleta a sotaventooo?
—Nooo, ¡desenjarcie la mecha y empotre el tambuchoooo!
—¡Señor Hawkiiins... no quiero moriiiir!
—¡Pídamelo por babooor!

Nunca hemos sabido lo que decimos, pues soltamos lo primero que nos viene a la cabeza, pero qué bien suena todo el lenguaje marinero cuando las voces se pierden en el viento. Nadie diría que no somos unos experimentados contramaestres, ¿eh?

Y así fue que me sedujo la idea y llegó ese día de visita al puerto con mi familia en una luminosa mañana. Samuel fue el primero en percatarse de los mástiles que sobresalían por encima de las palmeras y de entrever un barco gigante flotando en el mar.
—¡¡¡¡Halaaa!!! ¡¡¡Acabo de ver el barco de los piratas del Caribe!!!!
Mi plan había funcionado.
—¡Sí, señor! ¡Y vamos a subir a verlo!
¿¿Síi?? ¡¡¡Bieennn!!!
Ayy, pero yo me voy a marear... —avisaba Aitana.
—Qué va, si no vamos a navegar. Está quieto para que la gente lo vea por dentro.
El navío más grande y armado de su época tenía una capacidad para 1.071 plazas y 25 criados.

La réplica que hoy se puede visitar cuenta con restaurante, pub, discoteca, museo...
Una de sus cantinas, donde tomar un ron pirata (o una gaseosa si no tienes el cuerpo muy Sparrow)

El navío original llegó a contar con 140 cañones.
La sala utilizada como Museo, con exposición de armas, mobiliario 
y enseres varios de la época.
Enarbolando los cabos mayores de las crucetas menores (o algo así...¡ yo qué sé! :p)

El barco estuvo un tiempo en el Puerto de Málaga, ahora está en Alicante, y en unos meses partirá hacia otro lugar de España, por lo que pensando en ello se me ocurrió una cosa...

No podía dejar de colocar un diablo en este lugar. 
Y encontré el sitio perfecto para esconderlo.
El dios Neptuno (un dios muy sospechoso con ese tridente diabólico en la mano) está representado en madera en una de las salas. A sus pies, debajo de un refuerzo metálico, escondí el papel con el diablo. A ver si alguien lo rescata y me lo dice :)
Fue toda una experiencia. Yo me quedé con las ganas de pedir a la gente que desembarcara y quedármelo para mí solo. Y después soltar amarras y zarpar mar adentro, buscando aventuras más allá del horizonte.
Pero así, en plan tranqui, que no se nos mareara Aitana...