2 de febrero de 2016

CUANDO ÉRAMOS TAN PEQUEÑOS...

Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla.

Gilbert K. Chesterton (1874-1936) 
Escritor británico.




Suelo ver por mi barrio a una mujer joven caminando ligera por la acera, y un niño de tres o cuatro años que se apresura por alcanzarla.

La primera vez que los vi, el niño iba llorando y ella lo ignoraba por completo, llegando a dejarlo varios metros atrás. 

Pensé que a la criatura le habría entrado la típica rabieta que a veces les da a los niños y que la madre, para darle a entender que no cedería a su chantaje emocional, estaba metida en su papel con determinación.

Lo que me chocó es que llegó a cruzar una calle sin mirar atrás, y el niño, viendo que su madre se alejaba demasiado, corrió a su encuentro.
Finalmente los perdí de vista, pero me quedé inquieto pensando si, siguiéndola, cruzaría alguna calle sin mirar.

La segunda vez que me los crucé, supe que eran extranjeros; rumanos, pensé. La madre estaba echando al niño una bronca. Se había detenido para encararlo a ella y le gritaba. El niño alzaba la cabeza y la miraba con ojos llorosos. Cuando levantó los brazos para tocarla, para abrazarla tal vez, la mujer empezó a caminar con viveza, como suele hacer, y el niño, otra vez, la siguió apesadumbrado.

Ese día estuve en el trabajo con el ánimo algo decaído y volví a casa con cierto malestar que en un principio no supe a qué achacar, hasta que me acordé de la escena de aquella mañana y entonces me di cuenta de que la imagen de aquel niño tan pequeño que había intentado tocar a su madre y ésta le había rechazado me había afectado.

Los he vuelto a ver en otras ocasiones. La mujer, que ya me han dicho que es lituana, siempre camina con  gesto severo unos pasos por delante del pequeño. Y él solo hace que seguirla como un perrillo aturdido.
Todavía no los he visto cogidos de la mano.

Desde que soy padre me afectan enormemente las imágenes de niños tristes, de niños sufriendo. Me superan. Nada me alegra más que ver a un niño reír a carcajadas y me satisface encontrarme con escenas de cariño de padres hacia sus hijos y viceversa. Besos, abrazos, caricias, cosquillas...

La infancia debería ser siempre una etapa enormemente feliz.

No digo que a los niños haya que concederles todo, ni mucho menos, pues han de aprender que no todo se consigue siempre facilmente y que en ocasiones habrá que encarar más de una frustración, pero que no les falte nunca un referente en el que confiar y al que aferrarse.

Sé que es un deseo utópico, pero debería ser obligatorio, como una ley universal que hubiera de cumplirse a rajatabla, o mejor aún, algo natural e innato en los seres humanos, el desvivirse para que no sufriera ningún niño en ningún lugar del planeta.

Me consta, a todos nos consta, que muchos, muchísimos de ellos pasan hambre y que otros tantos están enfermos y con pocos recursos para salir de sus miserias, y es algo muy triste y muy injusto. Por eso mismo, porque otros sufren tanto, no logro concebir que haya niños a los que se les llegue a privar de algo tan básico y tan vital como es el amor.

¿Cómo es posible que crezcan niños sin una persona a su lado que les de cariño, y seguridad y confianza? Puede parecernos inconcebible, pero por desgracia ocurre.

Creo, sinceramente, que de igual forma que nadie debe conducir si no demuestra antes que está cualificado para hacerlo, sacándose un carnet, o que igual que para cualquier carrera que se pretende desempeñar hay que formarse previamente y demostrar que se está preparado, para algo tan serio y de tanta responsabilidad como es ser padres, con más razón todavía habría que pasar unas pruebas. No sé de qué tipo, pero tengo muy claro que no todo el mundo está capacitado para ser padre.

Y aunque este caso que he contado, el de esta mujer que siempre va por delante de su hijo, al que veo agobiado por alcanzarla, fueran solo impresiones mías y ese niño sea en realidad feliz y se sienta querido (ojalá sea así), qué duda cabe que hay infinidad de casos de niños que apenas reciben atención ni cariño.

Estos días mis pensamientos rondan en ese deseo que no puedo hacer realidad más que en mis propios hijos, y mi empeño es que tengan una infancia feliz.

Que luego la vida depare a cada cual lo que le tenga que deparar, pero que al menos queden siempre los recuerdos de la niñez como aquel bello oasis de nuestra existencia que nos haga sonreír de dicha al rememorarlo.

He encontrado este video con grabaciones de 2008. En ocho años Samuel y Aitana y sus primos Cristian, Anna y Marta han crecido tanto que la infancia ha quedado atrás para casi todos. Eso significa... ¡que ahora empieza la adolescencia! (¡Glubs! ¡Socorro! :p)

22 de enero de 2016

CABRERA

Era yo un joven estudiante cuando oí hablar por primera vez de Guillermo Cabrera Infante, y recuerdo que toda mi atención se disparó hacia el profesor que, de repente y sin venir a cuento, nombraba a alguien de mi familia. No era solo que fuera Cabrera como yo, es que además era Guillermo, como mi tío (el hermano mayor de mi padre) y como mi bisabuelo, del que me habían contado algunas cosas. ¡Tenía que ser de mi familia a la fuerza!

Sin embargo descubrí que el tal Guillermo citado por el profesor era un escritor cubano al que probablemente no nos unía ningún parentesco. Digo probablemente porque también recuerdo que cada vez que en televisión aparecía algún rótulo superpuesto con el nombre de algún Cabrera participando en un concurso, o un ciudadano Cabrera que contestaba a alguna encuesta por la calle, o un Cabrera que se convertía en noticia por el motivo que fuere, mi padre siempre decía: “¡Mirad, un Cabrera! ¡Quién sabe si será familia nuestra!”

Mi bisabuelo Guillermo Cabrera Navarro fue notario, algo que nunca se me ha olvidado por las muchas veces que mi abuelo Juan nos decía a los nietos: “¡Estudiad mucho, que me haría mucha ilusión que alguno llegara a notario como mi padre!” 

También añadía que era esa una carrera dificilísima, consiguiendo así que todos miráramos y admiráramos al hombre de la foto que había en su despacho, y al mismo tiempo descartáramos secretamente semejante reto si suponía estudiar tanto.

El padre de Guillermo, Juan José Cabrera de la Cuesta, (es decir, mi tatarabuelo) fue profesor, y, según cuentan, muy inteligente. Cuando su hijo terminó la carrera de Derecho, tanto él como Purificación, mi tatarabuela,desearon que empezara a ejercerla cuanto antes, pero resultó que Guillermo aspiraba a algo más y dijo a sus padres que quería presentarse a las oposiciones de Notaría.
Para participar en aquella oposición había que pagar una considerable cantidad de dinero, por lo que su padre no estaba muy de acuerdo, pero no queriendo que fuera esa la excusa y teniendo constancia de que lo más importante en aquel examen era el conocimiento del Código Civil, se sentó frente a su hijo y le dijo:
 —¡Vamos a ver qué tal vas en este tema!

Y abriendo el libro por una página al azar, le preguntó los artículos de la misma. Después saltó a otra, luego a otra... Después de 15 ó 20 intentos comprobó que contestaba con exactitud a todos ellos. Cerró el libro y le dijo:
—Preséntate, hijo. Tienes mi apoyo.

Siendo ya Notario sacó además, por puro capricho, la carrera de Registrador de la propiedad y la de Juez.
Admirable, ¿no es cierto?
Durante el transcurso de su vida tuvo, y esto sí que es imposible de olvidar, ¡21 hijos! (de dos mujeres) Me cuesta imaginar algo así, pero supongo que si fue capaz de recordar todos los artículos del Código Civil, se acordaría del nombre de todos sus hijos, digo yo.

Curiosamente no llegué a conocer a ninguno de los hermanos de mi abuelo porque cada cual partió para diversos lugares de la geografía, y eso es lo que me ha hecho pensar tantas veces, al escuchar que alguien se apellida como yo, si será descendiente de alguno de aquellos otros 20 hijos de mi bisabuelo.
También me parece curioso no haber coincidido con más Cabreras durante mis años de escolar, ni en el Instituto, ni en la mili. En la Universidad solo conocí a un Cabrera de segundo apellido; era de origen valenciano.

A lo largo de los años, mi hermano Fran ha tenido (y sigue teniendo) diversas pasiones que ha explotado al máximo, disfrutándolas siempre con locura. Una de ellas fue crear el árbol genealógico de nuestra familia, intentando llegar al antepasado más lejano posible.

Por la parte materna llegó a ramas altísimas que nunca imaginó alcanzar, y fue gracias a que consiguió acceder a archivos parroquiales de Petrel y localidades cercanas.
Por el lado paterno, en cambio, la cosa fue más complicada puesto que para seguir investigando debía desplazarse a poblaciones como Vélez Rubio o Caniles de Baza y aún no ha tenido oportunidad de hacerlo.
Así que seguimos a la espera de comprobar lo que en mi familia siempre se ha comentado como algo posible: ser descendientes de Ramón Cabrera Griñó, que pudo ser el abuelo de Juan José Cabrera de la Cuesta.

Ramón Cabrera Griñó, conocido como El Tigre del Maestrazgo, fue un general de las tropas carlistas (el militar que más resistió), que adquirió los títulos de Conde de Morella y Marqués del Ter, y que acabó sus días exiliado en el Reino Unido.
Fran estuvo en el cementerio de Londres donde se supone descansan sus restos, pero lógicamente le resultó imposible localizar su tumba entre tantas otras.

Nos contaba mi padre, que llegó a leer su biografía, que en las guerras carlistas, como no lograban vencerle, secuestraron a su madre con el propósito de que se rindiera. Como no fue así, la fusilaron. El Tigre del Maestrazgo se vengaría con una sanguinaria batalla en la que acabó empalando a los que la ejecutaron.

Pero volviendo a cosas más recientes, y haciendo memoria de anécdotas personales relacionadas con mi apellido, me viene a la cabeza la clase de octavo, con Don Antonio, que en la hora de Geografía iba preguntando al azar las provincias españolas. Eran los tiempos de Castilla la Nueva y Castilla la Vieja (y contando esto me siento un poco Juan el Viejo) Don Antonio preguntaba a unos y a otros por unas comunidades u otras pero cuando me llegaba el turno, siempre, repito, siempre, me decía:

—Cabrera... ¡Baleares!

Y yo empezaba: “Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera...
Y la clase estaba ya expectante para oírme decir:
—...y Cabrera.
Y empezaban a reír y aplaudir.

Y algo que me resulta entrañable recordar, que todavía no he contado en el blog y merece una entrada aparte, es que mi padre construyó en los años 80 una maravillosa cabaña de madera que quedó enclavada a los pies de una bella montaña en la localidad de Sax (Alicante). Cuando digo una cabaña no me refiero a un refugio para que jugaran los niños, no, quiero decir una hermosa vivienda de madera.
Nadie, (yo creo que ni él mismo) hubiera imaginado que sería capaz de construir algo así sin tener conocimientos de construcción.
En una de las ocasiones en que fuimos toda la familia a pasar el fin de semana en la cabaña, algún operario del Ayuntamiento había pasado por allí para clavar en la puerta una chapa metálica que decía: Cabrera, 11.

—¡Anda, qué chulo, has puesto aquí nuestro apellido! —le dije a mi padre.
—No —me contestó—, eso es la dirección. ¿Es que no os había dicho cómo se llama esta sierra?
—No, ¿cómo se llama?
—Esta es la Sierra Cabrera.
Y yo me sentí orgulloso de nuestra cabaña, de “nuestra” sierra, de mi padre y, cómo no, de mi apellido.

Nota 1: Aunque mi abuelo no llegó a verlo, uno de sus nietos, mi primo Francisco Cabrera siguió la misma trayectoria de brillantes estudios del bisabuelo Guillermo, y hoy es Juez.
Nota 2: Por casualidades de la vida, Saúl, el hijo de mi hermano Fran, se apellida Cabrera Navarro, como su trastatarabuelo.

Datos sacados de internet:

En España se estima que hay 31.169 personas que comparten el apellido Cabrera. Es el 124° apellido más común en España.

Como topónimos destacan los lugares de Cabrera en Madrid, Gozón (Oviedo), Montreal (Tarragona), Pelegrina (Guadalajara), Las Veguillas (Salamanca) y La Vega de Almanza (León).
Topónimos de Cabreras se pueden encontrar en el Castillo de Locubin (Jaén), Vélez Rubio (Almería), Villena (Alicante) y Cabreras Altas en Málaga.

Personajes con apellido Cabrera:

Vicente Cabrera: Impresor del siglo XVII. Fue nombrado librero de Valencia.
Ferrán Cabrera y Cantó: Pintor de Alcoy.
Ramón Cabrera Griñó: Militar carlista, nacido en Tortosa.
María Dolores Cabrera y Heredia de Miranda: Escritora.
Joan Batista Cabrera Ibarz: Primer obispo de la Iglesia Episcopal Española.
Ángel Cabrera Latorre: Zoólogo de Madrid.
JuanRa Cabrera Rodríguez: Diablo (o algo así)

10 de enero de 2016

ALGO MÁS QUE SIMPLES PAPELES

Recientemente le daba la razón a un amigo que, como yo, se sorprende cada vez que hace limpieza de cajones. Coincidíamos en que hay cosas de las que eres incapaz de desprenderte por mucho tiempo que pase y por absurdas que puedan llegar a ser, pero también ocurre que otras que han sobrevivido año tras año gracias a la nostalgia que nos despertaban, llega un momento en que las vuelves a ver y te preguntas: Pero ¿¡cómo guardo aún esta bobada!? 
Y la tiras a la basura sin pizca de remordimiento.

Hoy quiero hacer un repaso a unos papeles que tienen mucho valor sentimental para mí, y consciente de que jamás me desharé de ellos, decidí guardarlos en un álbum de recuerdos. 

Os los presento en orden cronológico:

1975
Esta lámina pertenece al libro de la Comunión, libro que con los años quedó completamente destartalado, y solo quise conservar esta página en la que escribí mis propósitos: que Jesús me haga bueno y que me lleve por buenos caminos. Ser obediente, nunca más pecar y no pegar a mis hermanos. ¡Quién me ha visto y quién me ve!  ¡Ni rastro del diablo que estaba por venir! 
 
1977
Entradas de la primera vez que asistí a los cines Gloria e Ideal de Elda, un auténtico acontecimiento para mí entonces. En aquellos cines vería muchas películas mientras iba creciendo. Hoy son recuerdos nebulosos, dado los muchos años que hace que desaparecieron, como tantos otros cines: el Aguado, el Coliseo, el Cervantes...

1978
"A mi queridísimo nieto Juan, ahí van mil pesetas más por tu cumpleaños. Las mil pesetas de antes eran por tus brillantes exámenes. Con todo mi cariño. Tu abuelo  Juan"

Esta nota de mi abuelo vale muchísimo más que aquellas dos mil pesetas que recibí. Un año después me regaló un casete de ABBA que daría lugar a mi gran afición por el grupo sueco.

1979
 Aún conservo aquel regalo, por supuesto. Es un reloj de bolsillo plateado, con bonitos adornos en relieve. Me sentía un dandi con aquel reloj que no correspondía a mi edad en absoluto, pero que a mi me encantaba sacar del bolsillo para abrir su tapa y mirar la hora. Hoy no lo uso, pero es uno de mis tesoros de juventud.

1980
Fue en octavo de EGB cuando un día aterrizó en mi pupitre un papel doblado que venía desde algún lugar a mis espaldas. Recuerdo que, tras leerlo,  tanto mi compañero José Ramón como yo estuvimos dilucidando de quién podía ser. ¿Quién era la enamorada?
 Una mirada burlona de María Luisa, la más guasona de la clase, me desveló el misterio. 
Es increíble que aún conserve esta nota. 

1981
La primera vez que un billete de 200 pesetas vino a parar a mis manos lo guardé para no gastarlo. Y aún sigue aquí, nuevecito, reluciente, sin una sola arruga. Quién nos iba a decir entonces que la peseta nos diría adiós un día. 

1982
 "Aquí tienes tres singles. Solo los he usado una vez, así que están perfectos. Espero que te guste al menos uno de ellos. Pásalo bien y cuídate. Carita"

Una nota de mi amiga sueca, de la que ya hablé en el blog, y con la que no solo intercambié cartas, sino discos y  pequeñas sorpresas de todo tipo. 
1983


Billete de autobús de Albacete a Ayna. En cuanto teníamos ocasión, mi hermano, unos amigos y yo marchábamos ilusionados a reunirnos con las mejores amigas del mundo (y nunca mejor dicho eso "del mundo", pues por Ayna pasa el río Mundo) Entonces no podía yo sospechar que allí se rodaría Amanece, que no es poco y que décadas después me convertiría en un apasionado amanecista. 
Tampoco imaginaba yo en aquellos mis 16 años que 33 años después organizaríamos un reencuentro con aquellas queridas amigas de la adolescencia que está por realizarse.

1986
Uno de los permisos durante la mili en Madrid. Intenso año aquel en el que conocí a gente de todos los puntos cardinales,  di clases de inglés a un sargento, hice un intensivo curso de armero y recibí la triste noticia del fallecimiento de mi abuelo Conrado, el que tantos cuentos me contaba.

1989
"Juan: Tu cena está en el microondas. Utiliza el paño. Mrs Catt"

Nota de la "mamá inglesa" que me acogió en mi mes de estancia en Saltdean, Inglaterra.
Dada su avanzada edad entonces, supongo que aquella cariñosa mujer debió fallecer hace muchos años. Tener esta simple nota con su letra me llega a emocionar.

De ella, y de aquel viaje escribí una entrada a la que tengo un especial cariño: Postales desde Saltdean

Nada más por hoy. 


Voy a abrir la ventana a ver si se sale esta nostalgia que ha quedado flotando en el aire.

29 de diciembre de 2015

PROPÓSITOS BLOGUEROS PARA 2016

Típico: todos los 22 de diciembre  se oye decir: "El premio está muy repartido" (pero, no sé qué pasa, que a ti no te llaman nunca para ese reparto)

Típico: en fiestas navideñas los grandes almacenes están animadísimos de gente (gente que curiosamente disfruta poco, muy poco o nada)

Típico: el 28 de diciembre intentan que te tragues alguna trola (como si no fuera  suficiente con lo que ya llevas tragado)

Típico: el 31 de diciembre siempre se insiste en que antes de las campanadas van los cuartos (pero siempre hay un cuñao tonto que se adelanta con las uvas)

Típico: el 1 de enero se tiene una lista (mental o escrita) de los nuevos propósitos para el año entrante. (¿Nuevos?  ¡Son los mismos año tras año!  Pero esta vez, sí que sí. ¿No?)

Yo vengo hoy con una entrada atípica que tiene mucho que ver con esto de los propósitos. 

Voy a hacer una lista de los temas sobre los que quiero escribir en el blog en este inminente 2016, y lo voy a hacer por dos razones: 

1) Para comprometerme a publicarlas, (porque algunas llevan años en la recámara sin ver la luz)
2) Porque sé que sois lectores exigentes que me iréis obligando a que no me duerma en los laureles. Si se acaba el año y no he cumplido... seré peor que un diablo, seré un político típico.
3)  A todo esto, ¿son sólo cosas mías, o el 2016 mola mucho por acabar en 6?


PROPÓSITOS BLOGUEROS PARA 2016


En el nuevo año me gustaría mostrar la colección de indios de plástico que llegamos a reunir mi hermano y yo de niños; contar lo bien que los pasábamos con ellos y las grandes batallas que vivíamos en el bancal de los naranjos. Esta entrada lleva más de cuatro años esperando su momento.


Otra entrada de corte nostálgico que aguarda pacientemente a que le llegue su momento de gloria es la de las series de TV de los años 70 y 80 que más nos gustaban. Aunque ya hablé de mi amor platónico por uno de los ángeles de Charlie, hubo  otras series que me tuvieron totalmente enganchado.




Merece la pena mostrar un reportaje fotográfico de uno de los lugares más emblemáticos y mágicos de Yecla: el monte Arabí. Y cuando digo mágico no lo digo por decir. Espero que en este 2016 tengáis un hueco libre para pasear conmigo por un paraje con tanta historia.


De igual forma que Aitana y yo nos empeñamos en la idea de grabar juntos una canción hasta conseguirlo,  quisiera hacer lo mismo con Samuel, que ya he escuchado que no se le da nada mal. 
Lo malo es que cada vez que se lo propongo me mira con una cara que dice: "Papá, que ya tenemos una edad..." 
¿Pero no es verdad que el que la sigue la consigue? A ver si le convenzo este año.


Se me ocurrió cuando publiqué las barrigas pintadas por Tomás, que podía crear una nueva etiqueta llamada Cabrexpo, en donde ir mostrando las manifestaciones artísticas de mi familia, porque siempre sale alguno, pequeño o mayor, que me deja con la boca abierta. ¿No os apetece que os haga de cicerone en el museo de los Cabrera?


Con lo que me gusta hablar de cine y qué poco lo he hecho en todos estos años. Para el 2016 tengo previsto hablar de mis películas favoritas entre las favoritas: las más especiales, las imprescindibles, las que me llevaría a la cuarta dimensión, al quinto pino y al sexto sentido.


Este es un propósito que me hace especial ilusión (a pesar de no tener muy claro todavía cómo llevarlo a cabo) 

Ya habréis visto a los pies de la cabecera del blog que he creado una pestaña con el nombre The Zombie Experience
La idea es la de ir presentando por entregas una historia (guion, notas, qué se yo...) sobre un grupo de supervivientes en un mundo plagado de zombis. 

El casting ya está cerrado y sus quince protagonistas (7 hombres y 8 mujeres)  son/sois lectores del blog,  cuyos nombres ya vienen impresos en esta fotografía.
Ya los presentaré con más detenimiento y les asignaré unas características. 
Lo interesante del asunto es que no todos sobrevivirán y que la supervivencia la dejaré al azar y/o habilidades de cada cual (poco a poco lo iréis entendiendo)

Como es un proyecto sin definir del todo, valoraré vuestras sugerencias, bien escribiéndome en los comentarios o a mi correo.

Por supuesto, como soy un bloguero de costumbres, quiero seguir haciendo juegos y concursos, con premios personalizados, de esos que tanto me gusta preparar y tanto me divierten cuando participáis.

Y este año, nada más por mi parte. Os doy las gracias por tan buena compañía durante este 2015 y...
 os deseo a todos un excelente año 2016

(¿son cosas mías o... nada, nada) 

17 de diciembre de 2015

UN CUENTO A 12 VOCES

Tenía muchas ganas de publicar esto en el blog. 

Un domingo de marzo del pasado año, tuvimos una reunión familiar en la casa de campo de Petrel y aprovechamos la ocasión para llevar a cabo algo que teníamos en mente realizar algún día: grabar un cuento.

En principio la idea era escribir una historia original con tantos protagonistas como gente dispuesta a participar, pero como nadie logró contactar con las musas y no queríamos aplazarlo más, echamos mano de un libro de cuentos de los que había por casa y elegimos el que más personajes tenía: La Bella Durmiente.

Los papeles se repartieron de la siguiente forma:

Mi hermano Fran haría de narrador, yo pondría la voz al Rey y más adelante a un paje. Anasister sería la Reina y también la Bella Durmiente. 

Mamá Diablo quiso ser el hada malvada y también una anciana sorda. Mi sobrina Marta hizo de una de las hadas buenas, la más lista de todas, a la que acompañaban más hadas que en breve aparición fueron Tomás, Aitana y mis sobrinos Cristian, Anna y Saúl, que también harían de pajarillos junto con mi cuñada Laura. 
¿Se me olvida alguien? Ah, sí, Samuel, que hizo del aventurero Príncipe.



En fin, que fue un cuento a doce voces dirigido por Sebastián, quien añadió magistralmente la música y los efectos sonoros.

Y ahora que acabo de poner imágenes a nuestras voces, es tiempo de promocionar la obra por el espacio cibernauta: ¡LOS CABRERATOR SALEN A ESCENA!

¡Espero que os guste!
 PD. Recomiendo escuchar por auriculares. Gana bastante.

                           

3 de diciembre de 2015

APUNTES SOBRE ZOMBIOLOGÍA

Sólo hay algo que supere a la belleza de un prado colmado de amapolas bajo un luminoso cielo azul: 
la visión de un zombi caminando entre ellas.
JRD



Mi mujer no logra entender que  me apasionen los zombis.  

Es comprensible.

Si le digo la verdad, que la visión de un muerto viviente con su torpe caminar me produce un magnetismo inmediato, me mira raro.
Cuando un rostro putrefacto, que en un primer plano deja ver sus dientes a través de los  descarnados huecos de sus mejillas, me hace exclamar: “¡Qué maravilla!”, ella quiere pensar que bromeo, pero me vuelve a mirar raro.
Quizás no sea muy sensato decirlo en voz alta.

Es por eso que no ahondo más en el tema, para no sobrepasar algún límite que sea incapaz de soportar.

No quiero ni imaginar cuál sería su reacción si le dijera que no existe para mí emoción comparable  a la del sonido de unos pasos que hacen crujir  la hojarasca del bosque, seguido de un agónico jadeo que se aproxima y la consiguiente  aparición de un ser andrajoso tambaleándose entre los árboles. Es brutalmente hermoso.

Como indescriptiblemente bella es la imagen de una ciudad vacía, de avenidas desiertas, coches abandonados y papeles que se dejan llevar por la brisa que los empuja. Inigualable ese silencio que no se parece a ningún otro, y la casi tangible sensación, que nace en el estómago, de un peligro inminente acechando en cada esquina.

No me atrevo a declararme un entendido en el cine de zombis, a pesar de haber visto muchas películas de este género, entre otras cosas porque sé que mi análisis sobre este tipo de películas tendría serias discrepancias con la opinión de la mayoría. Digamos pues que soy un zombiólogo con ideas propias esperando crear una nueva línea argumental.

Para empezar, el cine de zombis no me parece un subgénero del cine de terror, sino un género en sí mismo.
Y además no lo considero Terror,  el cine de zombis es  puro Realismo futurromántico.

Si no fuera porque no quiero aburrir a nadie sobre el tema (y porque me preocupa el que a algún lector  le esté apareciendo en la cara esa mueca que se le pone a mi mujer) os enumeraría las muchas notas que sobre el tema llevo escritas y que sin duda me servirían para desarrollar una tesis con el título: Belleza y lirismo en la zombiología.

Quisiera dejar expuestas, eso sí, las notas que considero básicas para dar a conocer mis premisas fundamentales  como zombiólogo apasionado.

1) Un auténtico zombiólogo da por veraz y lógica la posibilidad de que un virus devastador  se instalara en el cerebro de los humanos y fuera capaz de volver a poner en funcionamiento un cuerpo por el que ya no corre la sangre. Un virus tan potente  mantendría en activo el cuerpo  invadido mientras su cerebro estuviera intacto. Así pues, de nada servirá que el zombi sea decapitado: su cabeza seguirá intentando morder. Si el zombi es quemado, su cuerpo carbonizado seguirá caminando, si el zombi queda flotando en un pantano durante meses y el agua deshace su carne como gelatina y los peces se comen sus entrañas,  nada variará mientras el virus siga instalado en el cerebro; a la menor ocasión morderá con fuerza.

2) Un zombi hecho y derecho es aquel que camina lentamente, es incapaz de correr y tiene una inteligencia muy limitada.  Su único impulso es el de aplacar su insaciable apetito de carne fresca, preferiblemente humana.
Entran en este grupo de zombis clásicos aquellos que aparecieron en varias películas de George A. Romero , especialmente en La noche de los muertos vivientes (1968)

3) En películas como 28 días después (Danny Boyle, 2002), Soy leyenda (Francis Lawrence, 2007)  o Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013) , los zombis son muy veloces, extremadamente violentos e inteligentes. A pesar de que mi amor hacia todo zombi es incondicional, prefiero mil veces los zombis de pasitos cortos, o sea, los clásicos.

4) El gran encanto en el dramático enfrentamiento entre muertos vivientes y supervivientes radica en el hecho de que hay una justa compensación en las fuerzas. Hay muchos más zombis que seres humanos, pero dada su escasa velocidad para desplazarse y su corta inteligencia, es fácil huir de ellos.

El problema surge si te rodean, si corriendo te tuerces el tobillo o si en el supermercado te sorprende alguno por detrás de las magdalenas.
Por otra parte, sus cráneos son fáciles de perforar; con un sencillo bolígrafo podrías matar a un zombi si eres rápido. Pero una vez más las fuerzas se compensan: hasta el zombi más enclenque y desdentado, a la hora de cerrar la boca tiene la misma embestida que un bulldog mordiendo un merengue.

5) Todo amante de los zombis los sitúa a priori en los Estados Unidos, pero sabe que la plaga ha invadido la Tierra en su totalidad. Si existen zombis en Wisconsin, existen también en Teruel, aunque Teruel no exista.
Es bastante incómodo imaginar zombis en Cuenca o en Chiclana de la Frontera, pero ahí están, por lógica y derecho propio.
Pero lejos de los USA ha habido zombis tan dignos como los lisboetas de La noche del terror ciego (Amando de Ossorio, 1971), los italianos de Mi novia es un zombi (Michele Soavi, 1994) o los barceloneses de REC (Jaume Balagueró, 2007)

6) Un verdadero amante de los zombis no criticará jamás la fabulosa serie de TV  The walking dead  (Frank Darabont, 2010) , auténtica biblia de la zombiología y el mejor exponente de cómo han de comportarse zombis y seres humanos para que no se rompa esa armonía y esa estética que consigue que los zombiólogos veamos poesía en lo apocalíptico,  belleza en lo decadente y pura emoción en la supervivencia.

7) ¡¡Vivan los muertos vivientes!!  ¡¡Que no mueran jamás los zombis!!

***

Nota: 
Acepto cualquier disconformidad sobre el asunto, así como toda adhesión a la causa zombi. 
Les ruego me dejen algún comentario a favor o en contra  y me permitan ejercer mi papel de guionista aficionado, para, próximamente, incluir en el guion de una película de zombis a todos los que dejen un comentario. 
Intentaré que sea de las buenas buenas.

ACTUALIZACIÓN (28/12/2015): Queda cerrada admisión de protagonistas. ¡Gracias a todos!