20 de enero de 2012

CRISTIAN

La entrada de hoy no está escrita por mí sino por mi hermano Tomás. Estábamos deseando que llegara el día 20 para que la leyera la persona a la que va dedicada, y de paso dar a conocer a todos a este querido miembro de mi familia, que llegó a nosotros de una forma muy peculiar.
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Hoy es el cumpleaños de Cristian.
Ha cumplido dieciséis, quién lo diría.

Apenas me llegaba a las rodillas cuando le conocí con cuatro años y medio, y ya es más alto que cualquiera de nosotros.
Recuerdo el día que le llevé al campo por primera vez. Llegué con la intención de que todos le conocieran, y fuera saludado por la familia Cabrera al completo.
Después de presentarse uno a uno, todos se quedaron rodeándole, sin hablar, mientras sonreían al mirarle; porque esa era la sensación que provocaba Cristian con esa edad, la de sonreír. Tan pequeñito, con ese pelo rubio ceniza en contraste con su piel morena y mate, esos dientecitos cuadrados y esa mirada ligeramente endormiscada sólo podía inducirte a sonreír.
Todos reímos con ganas todavía cuando recordamos la primera frase que pronunció en el campo. Mientras todos le miraban, debió sentirse demasiado protagonista quizá, pero ante tanta sonrisa y atenta mirada fue escondiéndose por detrás de una de mis piernas y preguntó con cierto temor: "¿Aquí quién manda...?" Él dice no recordarlo, pero será una frase para la posteridad.

Esta es la historia de cómo nos conocimos.
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El primer día que vi a Cristian hace más de once años, fue una asfixiante tarde de julio.
Yo patrullaba a las cinco de la tarde por el casco antiguo poco antes de mis vacaciones, y al girar una calle vi a una chica que me pareció que lloraba. Llevaba de la mano a un pequeño que caminaba jugueteando con un perrito que les seguía. Como no estuve seguro de si estaba llorando di la vuelta a la manzana y comprobé que sus ojos estaban rebosantes de lágrimas. Paré a su lado y le pregunté si podía ayudarle, pero ni tan siquiera miró mientras seguía caminando despacio. Era evidente que no quería ayuda, por lo que le indiqué dónde podía encontrarnos si cambiaba de opinión.
Cuando llegué a Comisaría estaban sentados en el banco de la entrada, y fue entonces cuando pude presentarme a él.
Estaba asustado, le imponía mucho mi uniforme, y de inmediato miró de reojo la pistola, que parecía gigantesca al lado de su cabecita. Cada vez que me dirigía a él, daba un ligero paso hacia atrás, y se escondía tras su madre.
Al parecer aquella chica había discutido con su pareja, algo habitual entre ellos por lo que contó, pero en aquella ocasión la discusión acabó dejándola en la calle de forma definitiva junto a su hijo, y no tenía un céntimo encima.
Mientras se hacían las gestiones propias ante este tipo de casos, yo me fui ganando la confianza de aquel pequeño, le conseguí rotuladores y folios y comenzó a pintar como un loco; le regalé una pistola de juguete que guardaba en mi taquilla y no paró un minuto en hacerme mil preguntas, primero sobre mi trabajo: "¿A cuántos has matado?" "¿Te has quedado sin balas alguna vez?" Después empezó a hacerme preguntas sobre mi vida, con más interés si cabe.
Como suele ser propio en niños huérfanos de padre, me preguntó por el mío y por el resto de mi familia. En todo momento estuvo ajeno al feo asunto de su madre, y llegó un momento en que ya no tenía el más mínimo temor hacia mí.

Servicios Sociales consiguió dinero para el billete del autobús, ya que al parecer su madre tenía una amiga en Alicante que podía hacerse cargo de ellos de forma temporal, así que muy a mi pesar llegó el momento de llevarles a la parada del autobús.
La intensa hora y pico con Cristian contrastó con una rápida y fría despedida, pues el vehículo llegó casi de inmediato. Le di un beso, e intentando quitar un aire de final a la situación le dije, "Si algún día vuelves por aquí, ya sabes dónde encontrarme".
Recuerdo que justo cuando subían al autobús le mire mientras se despedía de mí y pensé vagamente en qué sería de su futuro, y que, cómo son las cosas, nunca lo sabría.
Pero ocurrió algo que hace que todavía me pregunte sobre los curiosos caprichos de nuestros destinos.
De haber partido el autobús, la historia habría acabado y ya no hubiera sabido nada más de ellos, pero cuando parecía que éste iba a salir, frenó en seco, se abrieron las puertas con ese ruido de sifón y vi que el conductor me gritaba desde su asiento:
-¡¡Oiga, que el perro no puede subir!! Si no se queda aquí no puedo llevarles, lo siento!!
Ella comenzó a llorar, diciendo que bajo ningún concepto abandonaría al animal. El conductor metía presión para que yo decidiera, quejándose del retraso. No había tiempo para pensar. Viendo el cuadro decidí quedarme el perro para después quedar en algún lado y devolvérselo.
Así que un par de días después me cité con ellos en Alicante y volví a ver a Cristian.

Desde el minuto uno estuvo pegado a mí y disfrutaba con cualquier cosa. Cuando caminaba a su lado, su diminuta mano me buscaba, la envolvía con la mía y sentía su fragilidad, parecía que llevara un pajarillo en ella y su sonrisa permanente se contagiaba. Cuando lo levantaba, se abrazaba melosamente. Su peso pluma contrastaba con un abrazo especial, intenso pero ligero. Cualquier muestra de cariño era sencillamente un motivo de sentirse feliz.
Disfrutó tanto con mi presencia que me contagió a mí, y de forma fulminante sentí un cariño absoluto por él.
Su madre me contó que tendría que dejar al niño en casa de su amiga mientras buscaba trabajo, que tendría que estar tiempo fuera para solucionarlo. Aquel barrio no era desde luego el sitio ideal, por lo que dado que era verano y que necesitaba pasarlo bien, le dije a su madre que le recogería alguna vez durante ese tiempo para que saliera de aquel ambiente. Ésta me animó a hacerlo; enseguida detectó mi interés sincero en que el niño estuviera bien.
Volví a por él. Primero le llamaba y se ponía al teléfono. Un escueto "Vale" era la contestación a la proposición que le hiciera, ya fuera apoteósica o normalita, pero la cosa cambiaba cuando llegaba. Al principio era todavía algo tímido pero a los pocos minutos estaba suelto como un pez, y tan feliz que después de dar tumbos por todas partes daba pena dejarle de vuelta.
- ¿Vendrás otro día? - preguntaba conteniendo no sé qué sentimiento.
Tras varias visitas, y viendo que el verano era largo decidí hablar con su madre y preguntarle si tenía inconveniente en que pasara unos días fuera de allí. Me dijo que sí agradecida, y de paso me confesó que cuando hablaba con él por teléfono " Soooolo habla de usted. ¡Cómo voy a decirle que no!"
Fue entonces cuando lo presenté tal y como he descrito más arriba a toda la familia.
Estuvimos pasando el verano entre el campo y una casita en Casas del Señor.
Tengo muy buenos recuerdos de aquellos días, de cómo su gratitud se transformó en cariño incondicional, y ese apasionamiento que desprendía que me contagiaba.
Yo para entonces andaba dándole vueltas a que el cariño crecía por ambas partes y me preocupaba que terminara siendo un problema. Pero si soy sincero, a pesar de que ese temor rondó por mi cabeza, diré que no puse el más mínimo esfuerzo por evitarlo, todo lo contrario.
Para entonces el verano se acababa, su madre no tuvo suerte en su intento de encontrar un trabajo y el futuro inmediato era comenzar un curso en el peor barrio de Alicante en casa de alguien, y de prestado.
Pero yo ya lo tenía decidido: ambos se vinieron a vivir conmigo.
Con la convivencia inicié una relación con su madre que no duró más de seis meses. No fueron meses fáciles desde un principio, pero llegaron a hacerse imposibles.
Mi relación con Cristian durante todos ellos fue cada vez mejor, aunque los problemas de entendimiento con su madre la dificultaban mucho. En ambientes tensos, tras alguna discusión nos mirábamos y nos entendíamos con la mirada. Su carácter armonioso y conciliador me recordaba mucho a mí; él me recuerda mucho a mí.
Cristian me ha hecho preguntas que yo mismo me hacía teniendo su edad, y algunas de ellas me sorprenden por cómo se parecen a aquella filosofía infantil que hasta entonces pensaba sólo yo tenía.
Los continuos problemas hicieron que se planteara acabar la relación, pero había un problema, que en esta ocasión tenía más difícil solución.
Cristian estaba a mitad de curso, absolutamente integrado con muchos amigos que todavía hoy conserva, y llevárselo de vuelta a ninguna parte, perdiendo el curso, era una locura.
Le planteé a su madre la posibilidad de que se quedara hasta que acabase el curso, pero de ninguna manera conseguí que cediera. Mi madre, que como todos también le había cogido todo el cariño del mundo, pudo convencerla de que era lo mejor y se quedó hasta que acabó el curso.
Entonces parecíamos como dos niños cuando se quedan solos en casa, congeniábamos a la perfección. Todo era fácil con Cristian, todo es fácil con Cristian, porque si no lo es, él intentará que lo sea, y eso es algo que adoro de él.

El siguiente año se planteó la misma cuestión, pero a pesar de que la situación de la madre no era nada buena se negó enérgicamente a dejarlo de nuevo un año completo.
Finalmente, y con la mediación de una asistente social se hizo una adopción temporal consentida. Para ello había una serie de requisitos y, tras cumplir con todos ellos, hubo una entrevista final con Cristian.
Recuerdo que la chica salió ligeramente emocionada tras hablar a solas con él y me dijo: "Hay que ver cómo te quiere este chico".
Aún siento una intensa emoción cuando lo recuerdo.

Cristian estuvo todo ese curso completo junto a todos nosotros, y el verano que siguió. Finalmente su madre encontró la estabilidad que tanto buscó y se lo llevó con ella.

Hoy Cristian tiene dos hermanitos (ito- ita) preciosos y su madre sigue viéndole crecer junto a ellos.

Pero Cristian nunca dejó de estar aquí, terminó perteneciendo por pleno derecho y méritos propios a la familia Cabrera, porque se ganó el corazón de abuelos, tíos y primos.
Me gusta de él que a pesar de ese discreto carácter, no pasa desapercibido, tiene una psicología especial con cada uno de los sobrinos. La pregunta de éstos siempre es: ¿¿Va a venir Cristian?? El responder sí supone un "Bieeeeeen", que ríete de los payasos de la tele.
Me gusta de él que nunca se acostumbró al cariño, que no lo dio por hecho y que lo aprecia como el primer día; que sigue teniendo curiosidad, que siempre pregunta por todos, que tiene muy claro lo que no quiere, que es muy noble, también porque es sincero.
Me gusta el respeto que siempre demostró por su madre, por las veces que nos hemos descojonado mientras le contaba las cosas que me pasan y que tanta gracia le hacen y porque que con casi metro ochenta y en plena pubertad todavía no hace ascos a un abrazo, y se le ríen los huesos cuando le mimas.

Nos ha hecho llorar y reír y a pesar de que es mi mayor defensor y no perdona una crítica hacia mí, confieso que es duro conmigo cuando debe, y en alguna ocasión sus palabras y adultos razonamientos me han dejado tocado por su sinceridad.
Por todo ello y desde aquí, te digo: ¡qué suerte tuve el día que tu vida se cruzó con la mía!
Feliz cumpleaños, Cristian.

Te queremos...
Todos.

31 comentarios:

Doctora Anchoa dijo...

Un post precioso, llenísimo de amor y cariño. Qué suerte ha tenido Cristian de teneros y qué suerte habéis tenido vosotros de tenerlo a él.

Anónimo dijo...

FELICIDADES Cristian. Te quiero un montón. Un besazo. Laura.

Txema Rico dijo...

Joder Tomás, me he emocinado ( y eso que no soy yo ya a esta altura de mi vida muy impresionable.) Conozco la historia casi de primera mano, pero leerla conforme la has relatado,me ha producido un nudo en la garganta sin igual. Todo se resume en una palabra, una palabra tan ámplia como necesaria: A M O R.

H@n dijo...

Joder, ahora yo también le quiero =_)
He llorado como una magdalena, ¡qué puto gen de la escritura toca fibra teneis los Cabrera!

Precioso =)

Feliz cumple, Cristian!

Juanjo dijo...

Una muy bonita historia
Felicita a Cristian de mi parte
Un abrazo para ti

Javier Martinez V. dijo...

Que gran historia. Pensar que me creía de fierro y este testimonio se convirtió en la fundición que termino por derretir mi dureza... ¡Estoy emocionado!.

Ambos, reciban un gran abrazo desde Japón.

Anónimo dijo...

Muchas felicidades Cristian. Me acuerdo mucho de los días en que por circunstancias fuí yo quien te levantaba y te preparaba el desayuno para ir al colegio. Recuerdo que la profesora uno de los días dijo: "¿Tú eres el famoso tío Fran? Cristian habla muy bién de tí, se siente muy orgulloso de su tío..." Me emocionó que no tuvieras la necesidad de decirmelo sino demostrarlo con tu actitud diaria. Un beso grandullón, yo aún te sigo viendo un peque.FRAN

Amig@mi@ dijo...

Lo he leído esta mañana y lo he vuelto a leer ahora. Un post lleno de cariño y que realmente parece un cuento que emociona.
Felicidades a Cristian y por supuesto un abrazo a todos los Cabrera.

Speedygirl dijo...

Digo lo mismo sobre el gen de la escritura de los Cabrera. Y en post como este da gusto ver que, a veces, la vida, también trae cosas buenas. (Y feliz cumple a cristian, claro!)

Natty dijo...

Una bellísima historia, llega a parecer de cuento, aunque la realiad supera la ficción ..

Que Cristian tenga un muy hermoso cumpleaños!!

PD: JuanRa, mañana instalaré mis diablitos =D

papacangrejo dijo...

Felicidades a Cristian por su cumpleaños y a Tomás por ese grandísimo corazón que tiene. Digno de una película.

Doña Col dijo...

Jolin que bonito! Me alegro de que vuestras vidas se cruzaran... yo lo llamo Destino. Felicidades para Cristian. Un saludo.

isaormaza dijo...

Felicidades, Cristian. No sé quien tiene más suerte, si tu por tener a la familia Cabrera o la familia Cabrera por tenerte a ti, pero por lo que veo son suertes muy merecidas.

cristian dijo...

Ostras acabo de leer esta história , mi história de como conocí a esta maravillosa família .Y porque no me emociono con cualquier cosa ,en esta ocasión no lo he manifestado, pero por dentro estoy muy emocionado y felíz de saber que he tenido muchisima suerte de concerlos a todos ellos.
Muchas gracias a todos por vuetras felicitaciones , esto vale mas que el regalo mas caro del mundo.

peibol dijo...

¡Pero qué bonito, por favor! De verdad JuanRa, podrían hacer una serie con vuestras historias familiares, porque ni siquiera haría falta contratar guionistas para inventar tramas. ¡Ríete tú de "Cuéntame cómo pasó"!

En serio, muy emotiva la historia. ;)

PD. ¿Qué hay del mail? XD

Tomás dijo...

Hoy celebramos con algo de retraso el cumpleaños de Cristian. Estamos todos en el campo, solo falta la familia de Castellón, pero como si estuvieran.
Hace un bonito día con un sol estupendo. Cristian ha leído con interés vuestros comentarios y ya veis que acoge con agrado cualquier muestra de cariño.
Gracias a todos por compartir de alguna forma este día.

Bichejo dijo...

Muchas felicidades Cristian. Espero que pases un día genial con los Cabrera, que cada día que pasa demuestran más cómo de especiales son.

hitlodeo dijo...

Felicidades Cristian.

La historia es digna de un libro. Creía que estas cosas sólo ocurrían en ellos, y mira tú por donde.

Disfrutar de este día y de vuestro cariño mutuo.

Ana dijo...

Que historia mas bonita y tierna, tienes una familia exepcional, sois geniales. Tu hermano escribe muy bien y tiene un corazón muy grande.
¡Felicidades a Cristian!
Abrazos
;)

Ángeles dijo...

Felicidades a todos por todo.

Pecosa dijo...

Menuda historia... preciosa, además me encanta que haya sido Tomás el autor. Desde aquí un beso a Tomás.

Las relaciones sinceras son tan importantes y bellas como escasas. Ambos son afortunados de tenerse.
Preciosa la última foto.

ivan arribas dijo...

Sí Cristian, sí. Maravilloso Cristian. Y me doy cuenta ahora que ya pasaron años. Es una alegría, siempre, cuando te veo. Eres uno más de la famillia. Y me doy cuenta ahora de que te sigo queriendo. Gracias por estar. Un beso campeón.
Iván.

anasister dijo...

FELICIDADES!!!!!!
Con retraso....
Bonico!!!! Guapo!!!!
Fuiste el primer chiquitín de la familia...después llegó Anna...y aunque no empezasteis con muy buen pie..puesto que temías que te arrebatara el cariño de todos...aprendisteis a quereros mucho..muchísimo...
Yo también te quiero Cristian...es muy fácil quererte..tú..lo haces muy fácil.

Muchos besos chiquitín.

Sese dijo...

En estos tiempos tan rácanos es reconfortante leer una historia que rebosa amor por todos lados, amor sin recibos, amor generoso, amor de ida y vuelta...

Saludos

Misaoshi dijo...

Por favor qué bonita historia.

Que estoy sensible. Y por cierto, qué bien escribe Tomás.

Felicidades al muchacho.

Lucy dijo...

HERMOSO RELATO, MUCHAS FELICIDADES A CRISTIAN, Y A TOMAS POR SER TAN BUENO, PERDON POR LAS MAYSCULAS, ALGO LE PASA A MI TECLADO.

JuanRa Diablo dijo...

Os agradezco de corazón todos los comentarios. Teníamos especial ilusión por publicar esto para Cristian y sé que ha quedado muy contento.
Gracias :)

Mae Wom dijo...

Qué historia más bonita! Con sus altibajos. Es increíble que algunos de los lazos más fuertes se produzcan casi por casualidad.

Loco dijo...

Sniff, sniff.

Ay, si es que las cosas que se escriben con el corazón llegan a los corazones de los demás.

Un saludo a Cristian.

charo dijo...

Felicidades Tomas, no te conozco en persona , pero si conozco esta buena accion que un dia fuistes capaz de hacer ,el diablo en persona me lo conto una fria mañana de invierno , mientras tomabamos el sol y esperabamos a los niños viendo un partido de futbol. Recuerdo que llevava una foto de Cristian entre las paginas de un libro y me conto emocionado la historia y me comento que pensaba publicarla .....era tan emocionante k no me la podia perder......por fin e podido leerla y me a emocionado tanto o mas que que cuando conoci la historia , solo decirte que me voy a dormir con un buena sensacion ....despues de un dia dificil es estupendo irse pensando en que hubo alguien capaz de ayudar a alguien sin mas interes que el amor y la proteccion ...felicidades Cristian y tomas

Anónimo dijo...

Alucino cada vez más con todos vosotros, la verdad. Y yo que cada día pienso, cada vez más, que la bondad es mentira... y resulta que al otro lado de la pantalla hay un familión de gente buenísima.
carlos