21 de octubre de 2017

EL DIABLO NO ES COSA DE RISA II

Ultimamente, cuando las almas en pena se toman un descanso y dejan de lamentarse, aprovecho la paz que se respira entre las llamas de mi Infierno para abandonarme en profundas reflexiones.

 
¿He conseguido lo que me propuse al crear el blog? ¿Han caído en mis redes todos los incautos que esperaba? ¿Me respeta toda la gente que me sigue? ¿Se han pasado realmente al lado malvado de la vida o solo me bailan el agua sin tomarme en serio?


Por eso he pensado que mejor será no dejar pasar más tiempo sin aclarar ciertos puntos ahora, para que luego no haya sustos, ni sorpresas, ni "ah, es que yo no sabía..." o "es que nadie me dijo..."

Enumero a continuación algunas máximas que considero importantes para ser un buen diablista. Por favor, grabadlas a fuego en vuestras conciencias:

1) RESPETAR AL DIABLO NO ES LLAMARLE "DON DIABLO" 
Y mucho menos añadir que "se ha escapado y tú no sabes la que ha armado"

2) EL DIABLO NI SE CREA NI SE DESTRUYE NI SE TRANSFORMA EN MENÚ.


3) SI SE ME TIENE QUE INVOCAR... POR FAVOR, ¡NUNCA A LA HORA DE LA SIESTA!
 No suelo estar en mi mejor momento y luego todo son chirigotas.


 4) ¡NO ME ECHEN LA CULPA DE TODO!
Sé que es lo más fácil, pero no me gusta que me carguen tanta responsabilidad.
 5) NO ES TAN MALO PASAR UNAS VACACIONES ETERNAS EN EL INFIERNO
Porque de sobra es conocido que todo tiene siempre un lado positivo.
 6) DE HECHO HAY COSAS MUCHO PEORES...



7) NO ME HACEN GRACIA LOS LISTILLOS


8) EL QUE ME BUSCA, POR SUPUESTO ME ENCONTRARÁ
  
9) PERO TAMPOCO HACE FALTA BUSCARME A TODA HORA...

10) Y AUNQUE NO LO PAREZCA, AL DIABLO LE GUSTA QUE LE ESCRIBAN.
 
Así que borrad esa expresión de susto extremo que se os ha quedado en las caras y, ¡por todos los tridentes de mi abuelo, dejadme un comentario!

(Nota: Dedico esta entrada a Montse, por ser una de las propuestas que me hizo en El síndrome del blogger in albis)

3 de octubre de 2017

EL GLOBO ROJO DE "IT"

Este pasado sábado Samuel decidió ir al cine con unos amigos para ver la película It.
Antes de que se marchara le dije que hace muchos años leí esa novela, que su autor, Stephen King, está considerado el gran maestro del terror y que recordaba que durante su lectura  pasé auténtico miedo con algunas escenas.  Así que también le expresé mi deseo de que a la vuelta me contara qué le había parecido.

Y volvió con muchas ganas de contarme la experiencia.

—Es… es… —decía poniéndose la palma de la mano en la frente— Uff, da mucho miedo. ¡Y te pegas cada susto…! Y el payaso… ¡madre mía! ¡Daba un cague…! Cada vez que aparecía un globo rojo sabias que algo malo iba a pasar. Y la gente gritaba un montón. Escucha, escucha lo que he grabado.

Y me ponía el móvil cerca de la oreja para hacer sonar un audio en el que de repente toda la gente en el cine chillaba a la vez, con una fuerza sorprendente, que me recordó a los gritos que se oyen en las caídas en picado de una montaña rusa.

—Y así casi toda la película.
—Vaya —le dije—, pues me han entrado muchas ganas de ir a verla.
—Tienes que verla, papá, te va a gustar. Pasas mucho miedo pero es muy chula.

Así que  ni corto ni perezoso, decidí ir yo solo al día siguiente a la última sesión, intentando evitar un público adolescente tan escandaloso.

Y sí, el público que encontré era en general adulto, pero hubo gritos igualmente. De manera aislada, pero los hubo. No me molestan los gritos en una película de terror; son tan apropiados como las carcajadas en una película cómica. Lo que sí me molesta es el desagradable crujido de las bolsas de snacks cada vez que meten las manos para sacarlos. ¿Cuándo aprenderá la gente a rasgar bien las bolsas para no hacer tanto ruido?

Pero bueno, disfruté.
La película tiene escenas muy potentes, con atmósferas tan conseguidas que te llegas a sumergir en ellas.  Me gustó la fuerza que tiene la música, los inquietantes silencios y lo bien expresados que están los terrores de los jóvenes protagonistas. 
No diré que es la película más terrorífica que he visto,  pero sí me dejó un buen sabor de boca.

Salí del cine cerca de las 12 de la noche.

Había dejado el coche a unos doscientos metros, en una solitaria zona en penumbra. 
Tengo que reconocer que mientras me acercaba al coche, escuchando el sonido de mis propios pasos, sentí una cierta inquietud. No es que tuviera miedo, es que notaba que me estaba sugestionando con la posibilidad de asustarme mucho por la más leve tontería. 

Como que de repente apareciera un gato, o que se escuchara algún ruido a mis espaldas, o que al llegar al coche el payaso estuviera  en el asiento de atrás, esperándome.

Una vez sentado al volante cerré de inmediato los seguros de las puertas. 
“Por si las moscas”, me dije.

Sin ser demasiado tarde, las calles estaban completamente vacías, como en esas pelis de catástrofes apocalípticas donde las ciudades aparecen abandonadas y el simple vuelo de una bolsa de plástico resulta perturbador.
No se veía un alma por ningún lado y de nuevo se me pasó por la cabeza la inquietante imagen de encontrar a un payaso esperando a cruzar un paso de cebra.

"Joder, con el payasito", pensé, "¡pues sí que me ha llegado a impresionar!"

Llegué a mi calle, bajé del coche y me dirigí al portal a buen paso.
Cerrar la puerta del edificio me pareció un alivio que dio paso a una nueva inquietud que no era capaz de definir.
Encendí las luces de la escalera y el cla-cla-cla del temporizador parecía sonar con más fuerza de lo habitual.

El botón del ascensor mostraba una lucecita roja, señal de que alguien lo estaba utilizando. Sin embargo no se oía nada. 
El ascensor no subía ni bajaba ni escuchaba voces de ningún vecino.
Pero la lucecita roja no se apagaba nunca.

"Maldita sea,  murmulllé, ¿tiene que estropearse el ascensor precisamente hoy?"

No me seducía nada la idea de subir los cuatro pisos andando, más que nada porque mi mente estaba dando muestras de ofuscación y me parecía que a cada vuelta el payaso de marras estaría sentado en algún escalón, aguardando mi llegada con una amplia sonrisa.

Ascendí ligero y pulsando el interruptor de la luz de cada rellano.

El tercer piso me recibió con la sorpresa de que la bombilla estaba fundida y aquella penumbra fue un suma y sigue a mi canguelo.
Pero ay, cuando ascendía al cuarto, a mi casa, un resplandor verdoso inundaba aquella vuelta.
Era la luz del ascensor.
Todo apuntaba a que se había ido a estropear en mi planta, quedando la puerta abierta, y esa tonta casualidad agudizó más mi desasosiego. Otra vez la mente me jugaba la mala pasada de imaginar al payaso asesino dentro del ascensor, y que en cuanto subiera los últimos escalones vería su horrorosa cara maquillada.

Así que imaginad lo que sentí cuando al llegar a encararme con esa puerta abierta vi que en el techo del ascensor... ¡¡FLOTABA UN GLOBO ROJO!!

La impresión duró solo un segundo, pues de inmediato supe que era una broma que había preparado Samuel, pero es indescriptible el subidón de adrenalina, como un rampazo en la columna vertebral,  que me produjo ver un globo rojo igual al que tanto impactaba en la película.

—¡¡Pero cómo se te ocurre!! —le dije al entrar.
—¿A que impresiona?  —decía él entre risas.
—Calla, que te has librado de una buena —me dijo Apamen—. Nuestra idea era coger la copia de las llaves del coche, ir andando al cine y ponerte el globo dentro, en el asiento de atrás. Lo que pasa es que no las hemos  encontrado, que si no...
—¿¡Qué!? Si llegáis a hacer eso... ¡me muero allí mismo!

Y Samuel no paraba de reír. Es lo que tiene ser hijo del diablo.


Yo lo tengo claro. Jamás me atreveré a subir a una montaña rusa, ni a hacer puenting, ni a probar esas cosas de locos, pero en esto del cine de terror... no sé, lo paso estupendamente mal. 

Sobre todo si lo vivo en la realidad y a solas, con ascensor y globo rojo.

22 de septiembre de 2017

CUANDO LA SABIDURÍA POPULAR LLEVA RABO

Este verano tuve entre las manos un pequeño libro que estuve hojeando durante un largo rato. 

Lo encontré en un mercadillo de libros de segunda y tercera mano, y  en un principio pensé que trataba de perros.

"LA SABIDURIA POPULAR DE LOS CANES",  decía.

Luego descubrí que la portada estaba tan desgastada que se habían borrado algunas letras y que no eran los canes, sino los Balcanes.

El autor es un rumano llamado Vlad Chuchescu, que se dedicó a recopilar dichos, proverbios y refranes de la península balcánica. 
Son, en su mayor parte, expresiones del folklore del sureste de Europa que tienen que ver con el Diablo o con el Mal. 
 
Chuchescu murió en 1944, mucho antes de terminar la obra, por lo que sus editores completaron el libro con recetas de cocina. Eso sí, para que los lectores no se sintieran defraudados, se preocuparon en incluir recetas de platos calientes muy  picantes.

No pude resistir la tentación de comprar tan curioso libro para poder presentarlo hoy en sociedad.
Abro ahora mismo  sus páginas al azar y leo:

Spui că diavolul avea un singur corn
Dar l-ai văzut în profil! Cu rațiune, prost!


Que traducido en decente significa:

Dices que el diablo un solo cuerno tenía
¡Pero lo viste de perfil!  ¡Manda güevos, prenda mía!


El dicho, muy común en Croacia y Eslovenia, viene a ser una crítica a las personas chismosas y cizañeras que gustan de exagerar y andar con invenciones  con tal de darse importancia. También se emplea para condenar la mentira.

Veamos otra:

"GACHAS BOSNIAS DE AVENA"
No, me he ido muy atrás.
A ver este:

Privirea în iad o dată este o chestiune de curiozitate
Când o faci de două ori, nu te supăra, asta e vicetate!


Asomarse  una vez al infierno es de curiosos indicio
Cuando lo haces dos veces, no te ofendas, ¡eso es vicio!


Como bien indica el refrán, un desliz hacia lo prohibido lo tiene cualquiera, el problema aparece cuando se le empieza a coger el gusto a la cosa. Debéís ser cuidadosos con esto.

Sigo leyendo:

"Fierbinte am în față"
un spus diavolul vara

“Qué calor tengo en el rostro”
dijo el diablo allá por agosto.

 
Se trata de un verso —explica el autor— extraído de una antiquísima canción yugoslava titulada: "Y pensabas que no podía ir a peor"  en la que se habla de la fatalidad, de la mala fortuna, del sino ineludible y/o azaroso de la Humanidad, de la posibilidad de que tras una desdicha llegue otra mayor, por inconcebible que pueda parecer. Pero al mismo tiempo, la canción habla de la importancia de saber afrontar la desgracia con carcajadas.

Se incluye en esta página un pentagrama en clave de fa, con las estrofas de la canción.

"Y tú, Darko, que decías
que más no iba a diluviar
y  vino otra nube inocente
y nos echó encima la mar.

Y tú, Brigita, que te quejabas
por tener que  llevar faja
y ahora todos te rezamos
antes de cerrar la caja.


Y el estribillo se toca frotando botellas de anís con ímpetu.

"Qué calor tengo en el rostro"
dijo el diablo allá por agosto.


No deja de maravillarme todo esto. Otros lugares, otras costumbres.

A ver, que antes he leído una que de momento es mi favorita. Dónde la he visto... Ah, aquí está:

E mai grozav decât botezul Diavolul
care la lăsat pe Beelzebub să-l poată numi Paul.


Eres más tonto que el bautizo del Diablo
que le pusieron Belcebú pudiendo llamarlo Pablo.


Se emplea este chascarrilo tan herzegovino para referirse a lo absurdo de algunos actos, en los que suele primar el esnobismo sobre el sentido común.

Veo que también contiene el libro un apartado... ¡anda!, ¡aquí falta una página! ... jo, qué lástima...
Pues eso, un apartado titulado "Otros males". Y aparece un listado de los temas que se  tratan en los refranes bajo ese lema.

"Los gorrones", "Los maleducados, "Las colas", "Los traidores", "Las suegras"...

Leo uno al azar, que no quisiera aburrir.

"Sau trăim cu mama...  (Bueno, mejor me salto el rumano)

"O vivimos con mi madre, o puedes irte al infierno"
"Si no hay más remedio, querida..."
 

Y allí está él, en el fuego eterno.

En definitiva, un libro repleto de  curiosidades  que me ha ayudado a adquirir la sabiduría  que emana de la cultura popular y que tiene el gracejo propio de los Balcanes, tan reconocible siempre, ¿verdad?

Y a vosotros, ¿cuál os ha gustado más? ¿Habéis notado que los serbios y croatas tienen un humor mucho más corrosivo que los albaneses? Fijaos bien, que se ve de lejos.

Venga, me despido con el último (Es montenegrino)

Cuando ya no cabe un canalla más en el infierno
el diablo los coloca en sillones del Gobierno.

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Nota: Esta entrada se la dedico a Ángeles, por ser la propuesta que me hizo en El síndrome del blogger in albis

12 de septiembre de 2017

EL SÍNDROME DEL BLOGGER IN ALBIS

¿No es septiembre un mes antipático? ¿O son sólo cosas mias?

Me fastidia que llegue con su traje nuevo de las rebajas y el contrato de renovación bajo el brazo.

—Le recuerdo que firmó usted la reanudación de actividades hace más de un mes —me dice mostrándome unos papeles desde el marco de la puerta.
—Ah, sí, el contrato de todos los años... —respondo con desgana— Verá, es que me dejé la voluntad en la tintorería. Tengo que ir a recogerla esta tarde y...
—Mire usted que ya es 12 de septiembre...
—No, si ya he empezado a encender el ordenador.
—No es suficiente. ¡Hacen falta publicaciones!
—El problema es que ando escaso de inspiración.
—Ya, por el síndrome post-vacacional que dicen todos, ¿no?
—Exacto. Y si a eso le sumamos que mis musas se quedaron en la playa... 
—¿Cómo dice?
—Que no quisieron volver... Que estaban tan a gusto allí en la arena...
—Mire, no puedo perder más tiempo con usted. Me quedan muchas puertas a las que llamar todavía. Sólo quería avisarle de que está alargando los plazos cada vez más.
—¡Es que siempre llegas demasiado pronto, hombre!
—¿Demasiado pronto? ¡Llego cuando tengo que llegar!

Cuando cierro la puerta le hago una mueca. Se nota que no le caigo bien, pero anda que él a mí...

Y ahora, entre nosotros...

Me está costando horrores encontrar un tema del que hablar en el blog. En realidad me está costando mucho todo. ¡Hasta llevar zapatos!
Tengo en la recámara algunas entradas empezadas, pero se niegan a continuar. Parece una broma, pero es la pura verdad; no siempre decide uno cuándo contar una historia, muchas veces es la historia la que te dice "Este no es el momento. Méteme mano otro día, que ahora no quiero"

Y como el tiempo sigue pasando y no se me ocurre nada y no me apetece que Mr. Septiembre vuelva a llamarme la atención, he pensado en pediros ayuda. 

¿Qué tal si todo el que pase por aquí me propone un tema? 
Un tema, una idea, una pregunta, un planteamiento... Cualquier cosa acorde con el estilo habitual de este blog, claro. 
Quizás de esta forma, por el impulso de ir respondiendo a todos, se me  desbloquee la inactividad y llegue a su fin esta huelga neuronal que tengo en la azotea.

¡Guau! Ahora que lo escribo me pregunto cómo no se me había ocurrido antes. ¿Qué mejor remedio para el Síndrome del blogger in albis que el que haya seguidores con ganas de leer?

Muchas gracias de antemano. 
¡Os espero ilusionado!
 
 

4 de septiembre de 2017

8 de agosto de 2017

NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE (YA SI ESO)


—¿¿Y ya está?? ¿Ni unas palabras siquiera?
—Uy, y da gracias. Tú no sabes lo perraco que se ha vuelto este hombre desde que empezó el verano...



Que ustedes lo pasen bien. Nos vemos en septiembre, ¿vale?