Si, como dicen, las primeras impresiones son las que cuentan, mi primer contacto visual con Bocairente no pudo ser más cautivador.
Era de noche y el pueblo apareció ante mis ojos iluminado por un resplandor anaranjado, el de sus luces nocturnas, que le daban un aspecto irreal, como de decorado de película fantástica. Mentalmente guardé su imagen con la intención de volver algún día y comprobar que aquella efímera visión no había sido solo un espejismo.
Pero si aquella primera vez me pareció impactante, la segunda vez, a plena luz del día, comprobé que Bocairente no se parecía a nada de lo que habia visto hasta entonces.
Un pueblo amalgamado en torno a un majestuoso campanario, con un color uniforme, terroso, como si hubiera sido construído con bloques de arena en los que alguien hubiera pintado falsas ventanas.
La cara que mostraba desde la distancia me pareció nuevamente la de un minucioso decorado de cartón piedra, o más bien el roído telón de las tramoyas de los antiguos teatros, con el dibujo de un pintoresco pueblo de fondo. El esbozo de un pueblo en el horizonte , apolillado por el paso del tiempo; así es Bocairente, como un termitero de arena horadado de multitud de pequeños ojos que te observan y a los que no puedes dejar de contemplar.
Y como no hay dos sin tres, para la tercera vez decidí compartir tanta belleza, y un domingo aventurero partí con la familia hacia el sur de la provincia de Valencia, para investigar a fondo aquel pueblo y ser capaces de traspasar aquel decorado de ensueño.
Aparqué el coche cerca de su plaza central y nos encaminamos a la oficina de turismo para que nos aconsejaran un recorrido.
Bocairente tiene interesantes lugares que visitar y el primero que más a mano teníamos era la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, con esa imponente torre que es todo un símbolo de la localidad, visible desde cualquier punto a la redonda. Un muchacho muy joven se prestó a hacer de guía en la subida al campanario que, con sus nada menos que 41 metros de altura, es uno de los más altos de España (el campanario más alto no está muy lejos de allí, en la localidad de Onteniente)
La costosa subida al campanario
Vista desde lo más alto
La plaza de toros es extraordinaria pues está totalmente excavada en la roca, desde las gradas hasta los burladeros, incluso chiqueros y corral para el ganado. Es la más antigua de la Comunidad Valenciana (1843) y una de las más originales de España, única en su construcción.
En la vaguada de uno de los extremos del pueblo (a unos 300 metros del núcleo urbano) se visitan diariamente unas cuevas artificiales llamadas Covetes dels moros, situadas en mitad de una pared de roca vertical. Son aproximadamente cincuenta orificios en forma de ventanas, que dan acceso a otras tantas cámaras.
Las interpretaciones acerca del uso de estas cámaras en la roca han sido muy diversas: cámaras sepulcrales de épocas antiguas, graneros, cenobios visigóticos... Datan, según nos contaron, de un período entre los siglos X-XI.
Pero si hay algo de Bocairente que me enamoró definitivamente es su casco antiguo.
Quiero ser gato en Bocairente
Lo recorrimos sin apenas encontrar a nadie, dándonos a veces la impresión de que paseábamos entre el silencio de un pueblo abandonado. Es admirable su especial orografía de casas apiñadas, incluso superpuestas, sobre calles estrechas y escalonadas, al más puro estilo árabe, que desembocan en plazoletas, en fuentes...
...en un entramado laberíntico en el que encuentras continuas sorpresas, como algún pasadizo, que invita a sentirte como el personaje de un cuento mágico...
Que para colmo vivía en el 9º B :p
Ermita del Santo Cristo, en lo alto de una montaña (s. XVI)
Curioso edificio
Al dejar el pueblo atrás para regresar a Yecla, tuve la extraña sensación de salir de algún hechizo para volver al presente, porque os garantizo que el ambiente que se respira en aquel lugar pertenece a otra realidad.
Yo me atrevería a asegurar que en alguna ocasión, y para siempre, el tiempo se detuvo en Bocairente.






















