En mitad de una calle normal y corriente, entre viviendas de mediana altura que en nada llamaban la atención, aquella construcción de tres plantas no tenía la más mínima apariencia de ser un colegio, salvo por la evidencia de que diariamente entraban y salían de aquel lugar cerca de 300 alumnos de edades comprendidas entre los seis y los catorce años.
Yo tenía 8 cuando entré por primera vez en aquel edificio. Subí unas escaleras muy estrechas y me sentaron al final de la clase, al lado de una chica tan alta y tan grande que parecía la madre de todos los allí presentes. Se llamaba Mavi; aún lo recuerdo, a pesar de que abandonó pronto el colegio.
Era la clase de 3º de E.G.B. y yo estaba asustado y desubicado porque el curso llevaba unos días empezado cuando mis padres dejaron Benidorm para venirnos a vivir a Petrel y nos inscribieron a mi hermano y a mí en el Colegio Lloret de la vecina ciudad de Elda.
Se llamaba así porque el director era Don Miguel Lloret y junto a él, un reducido grupo de profesores se las arreglaba para mantener a flote aquella empresa en la que cada uno se hacía cargo de unos cuarenta niños pero daba además todas las asignaturas que hiciera falta al resto de cursos.
Aquella maestra que conocí en mi primer día en el nuevo colegio era la Señorita Lola.
Yo tenía 8 cuando entré por primera vez en aquel edificio. Subí unas escaleras muy estrechas y me sentaron al final de la clase, al lado de una chica tan alta y tan grande que parecía la madre de todos los allí presentes. Se llamaba Mavi; aún lo recuerdo, a pesar de que abandonó pronto el colegio.
Era la clase de 3º de E.G.B. y yo estaba asustado y desubicado porque el curso llevaba unos días empezado cuando mis padres dejaron Benidorm para venirnos a vivir a Petrel y nos inscribieron a mi hermano y a mí en el Colegio Lloret de la vecina ciudad de Elda.
Se llamaba así porque el director era Don Miguel Lloret y junto a él, un reducido grupo de profesores se las arreglaba para mantener a flote aquella empresa en la que cada uno se hacía cargo de unos cuarenta niños pero daba además todas las asignaturas que hiciera falta al resto de cursos.
Aquella maestra que conocí en mi primer día en el nuevo colegio era la Señorita Lola.
En aquellos tiempos a la maestra la llamábamos “señorita” y a los maestros por su nombre, anteponiendo el Don. Por supuesto a todos se les trataba de usted.
La señorita Lola era una mujer de amplia sonrisa y aspecto campechano. Nacida en La Mancha y con auténtica devoción en todo lo que hacía, nos trataba con cariño pero con firmeza, dando suma importancia al orden y la limpieza y no permitiendo que hubiera manos sucias o uñas negras en su aula.
De ella recuerdo las muchas veces que me dijo "Juan, hijo, cierra la boca, no te vayan a entrar moscas" y no porque yo fuera un alumno hablador, todo lo contrario, sino porque me embelesaba tanto oyéndola explicar algunas lecciones, que se me iba abriendo la boca paulatinamente hasta quedar como un bobo hipnotizado.
La señorita Lola era una mujer de amplia sonrisa y aspecto campechano. Nacida en La Mancha y con auténtica devoción en todo lo que hacía, nos trataba con cariño pero con firmeza, dando suma importancia al orden y la limpieza y no permitiendo que hubiera manos sucias o uñas negras en su aula.
De ella recuerdo las muchas veces que me dijo "Juan, hijo, cierra la boca, no te vayan a entrar moscas" y no porque yo fuera un alumno hablador, todo lo contrario, sino porque me embelesaba tanto oyéndola explicar algunas lecciones, que se me iba abriendo la boca paulatinamente hasta quedar como un bobo hipnotizado.
Eran los tiempos en los que se obsequiaba a la profesora, y cada vez que llegaba su santo todos le hacíamos algún regalo que ella se encargaba de desenvolver uno a uno, exclamar lo mucho que le gustaba y pedir al alumno que se acercara para darle un beso, cosa que a mí me ponía colorado como un tomate.
Me ha quedado grabado en la memoria aquella primera vez en que esta maestra comenzó a hacer una lista en la pizarra. En la columna de la izquierda escribía unas palabras muy raras y a la derecha su significado.

boy = chico, muchacho
girl = chica, muchacha
man = hombre
woman = mujer
Era la primera clase de inglés de mi vida, que de alguna forma ella revistió de tanta magia que se convertiría en mi asignatura favorita a partir de entonces.
Me ha quedado grabado en la memoria aquella primera vez en que esta maestra comenzó a hacer una lista en la pizarra. En la columna de la izquierda escribía unas palabras muy raras y a la derecha su significado.

boy = chico, muchacho
girl = chica, muchacha
man = hombre
woman = mujer
Era la primera clase de inglés de mi vida, que de alguna forma ella revistió de tanta magia que se convertiría en mi asignatura favorita a partir de entonces.
También recuerdo que cada vez que se acercaba el Día del Padre o el de la Madre, nos afanábamos en hacer un trabajo manual para nuestros progenitores. Un año el regalo consistía en un pequeño cuadrado de madera en el que sobresalía un gran clavo torcido que servía para pinchar notas en él. En el cuadrado se debía pintar una flor grande y debajo un rótulo en mayúsculas que dijera URGENTE. Pese a mi empeño en que me saliera bien, escribí URENTE y lo barnicé con semejante errata. Ella se enfadó por mi despiste, pero cuando llegado el día, mi madre desenvolvió el regalo volvía a poner, para mi sorpresa, URGENTE. Sin duda la señorita Lola, a solas, había enmendado el error lijando la madera y volviendo a escribir la palabra para que la cosa quedara decente.
Aún conservo un libro con una dedicatoria suya, así como las libretas en las que nos hacía unos dictados que me fascinaban pues siempre eran extractos de libros en los que, al final, anotábamos el título y el autor.
El colegio Lloret disponía de un minúsculo patio interior, insuficiente para acoger a tantos niños, en el que había unos caños para beber agua sobre lo que parecía un abrevadero para ganado. Al fin y al cabo, muy apropiado.
En un extremo disponíamos de un aseo para chicos y otro para chicas algo destartalados y que no olían muy bien que digamos (me refiero más bien al de chicos, que al del otro sexo jamás me asomé) La gran suerte es que nuestro colegio estaba situado a escasos metros del parque más grande de Elda, la Plaza Castelar, y hacia allá nos encaminaban los profesores, para que pudiéramos almorzar al aire libre y correr y desentumecer la mente.
Como tampoco disponíamos de instalaciones deportivas, un autobús nos llevaba los viernes al campo de futbol del CD Eldense, y en sus pistas hacíamos deporte. De manera que, pese a ser un colegio muy modesto, en muchos aspectos éramos unos privilegiados y de algo podíamos presumir.
Además, no creo que hubiera otro cole en la ciudad en el que se practicara el rito de cantar suplicando un día libre de excursión al campo.
Cuando surgía alguna de esas mañanas o tardes de sol primaverales en las que nos invadía una tremenda pereza por entrar a clase, desde el patio donde nos encontrábamos hacinados como borregos, surgía una voz a dos tiempos que decía "Caam-poo, caam-poo". A esa voz se unían otras voces y luego otras más hasta ser un potente coro que cantaba Campo-campo como una plegaria desesperada.
Los profesores miraban a Don Miguel que era, al fin y al cabo, el que debía decir la última palabra. Nosotros aguardábamos expectantes con los ojos apuntados al hueco en el que ellos se encontraban, como esperando ver asomar la cara del "Sumo Pontífice" que dijera "Habemus campo".
Lo natural era que nos hicieran entrar a clase en silencio y se fuera al garete la ilusión invertida, pero también hubo muchos días en los que aparecía Don Miguel y exclamaba: "A ver, en silencio y en fila de dos, vamos a ir saliendo a la calle y... ¡¡HE DICHO EN SILENCIO!!" porque la algarabía que se montaba era de escándalo.
Entonces nos dirigíamos a lo que se llamaba la Erica de San Pedro, que ya no existe pues la ciudad siguió creciendo y terminó por devorar aquellos parajes en los que jugábamos a perseguirnos, a luchar con improvisadas espadas de madera o a cazar lagartijas. Por cierto, a mi hermano le picó allí una vez una viuda negra y la señorita Lola se lo tuvo que llevar al médico para que le pusieran una inyección. Luego, en casa, yo no salía de mi asombro:
Aún conservo un libro con una dedicatoria suya, así como las libretas en las que nos hacía unos dictados que me fascinaban pues siempre eran extractos de libros en los que, al final, anotábamos el título y el autor.
El colegio Lloret disponía de un minúsculo patio interior, insuficiente para acoger a tantos niños, en el que había unos caños para beber agua sobre lo que parecía un abrevadero para ganado. Al fin y al cabo, muy apropiado.En un extremo disponíamos de un aseo para chicos y otro para chicas algo destartalados y que no olían muy bien que digamos (me refiero más bien al de chicos, que al del otro sexo jamás me asomé) La gran suerte es que nuestro colegio estaba situado a escasos metros del parque más grande de Elda, la Plaza Castelar, y hacia allá nos encaminaban los profesores, para que pudiéramos almorzar al aire libre y correr y desentumecer la mente.
Como tampoco disponíamos de instalaciones deportivas, un autobús nos llevaba los viernes al campo de futbol del CD Eldense, y en sus pistas hacíamos deporte. De manera que, pese a ser un colegio muy modesto, en muchos aspectos éramos unos privilegiados y de algo podíamos presumir.
Además, no creo que hubiera otro cole en la ciudad en el que se practicara el rito de cantar suplicando un día libre de excursión al campo.
Cuando surgía alguna de esas mañanas o tardes de sol primaverales en las que nos invadía una tremenda pereza por entrar a clase, desde el patio donde nos encontrábamos hacinados como borregos, surgía una voz a dos tiempos que decía "Caam-poo, caam-poo". A esa voz se unían otras voces y luego otras más hasta ser un potente coro que cantaba Campo-campo como una plegaria desesperada.
Los profesores miraban a Don Miguel que era, al fin y al cabo, el que debía decir la última palabra. Nosotros aguardábamos expectantes con los ojos apuntados al hueco en el que ellos se encontraban, como esperando ver asomar la cara del "Sumo Pontífice" que dijera "Habemus campo".
Lo natural era que nos hicieran entrar a clase en silencio y se fuera al garete la ilusión invertida, pero también hubo muchos días en los que aparecía Don Miguel y exclamaba: "A ver, en silencio y en fila de dos, vamos a ir saliendo a la calle y... ¡¡HE DICHO EN SILENCIO!!" porque la algarabía que se montaba era de escándalo.
Entonces nos dirigíamos a lo que se llamaba la Erica de San Pedro, que ya no existe pues la ciudad siguió creciendo y terminó por devorar aquellos parajes en los que jugábamos a perseguirnos, a luchar con improvisadas espadas de madera o a cazar lagartijas. Por cierto, a mi hermano le picó allí una vez una viuda negra y la señorita Lola se lo tuvo que llevar al médico para que le pusieran una inyección. Luego, en casa, yo no salía de mi asombro:
- ¿Y dices que la señorita Lola te ha visto el culo?
- Pues claro, si me han puesto la inyección y ella estaba delante...
- ¡¡¡ Madre mía, qué vergüenza!!!
He perdido la pista a la mayoría de "lloretinos" de mi generación, si bien tengo un buen amigo con el que puedo rememorar constantemente aquellos tiempos pues estuvimos juntos desde 3º hasta 7º. Los dos coincidimos en qué cosas eran realmente buenas de nuestro colegio y qué cosas no tanto.
- La peor - dice Juan Luis - sólo comparable a lo que debe sentir un condenado a muerte cuando le llaman para dirigirlo al paredón, era cuando a mitad de una clase se abría la puerta y Don Miguel, con ese enorme bigote que tenía, asomaba la cabeza para dejar caer la palabra más paralizante del mundo: “CÁLCULO”.
Es cierto. Era terrorífico. Los alumnos que no andábamos muy bien en matemáticas teníamos que abandonar la clase y dirigirnos a su despacho en el que una pizarra con una gran suma en ella nos esperaba. Nos colocábamos alrededor de todo el pequeño habitáculo, mirando hacia el encerado de kilométrica operación y Don Miguel nos iba señalando con una vara.
- Cuatro y tres
- Siete
(Y apuntando al siguiente)
- ¿Y siete?
- Catorce
(Y pasaba al siguiente)
- ¿Y dos?
- Dieciséis
- ¿Y nueve?
No valían dudas, ni equivocaciones, pues se enfurecía pronto.
- ¿¿Y nueve??
- Pues claro, si me han puesto la inyección y ella estaba delante...
- ¡¡¡ Madre mía, qué vergüenza!!!
He perdido la pista a la mayoría de "lloretinos" de mi generación, si bien tengo un buen amigo con el que puedo rememorar constantemente aquellos tiempos pues estuvimos juntos desde 3º hasta 7º. Los dos coincidimos en qué cosas eran realmente buenas de nuestro colegio y qué cosas no tanto.
- La peor - dice Juan Luis - sólo comparable a lo que debe sentir un condenado a muerte cuando le llaman para dirigirlo al paredón, era cuando a mitad de una clase se abría la puerta y Don Miguel, con ese enorme bigote que tenía, asomaba la cabeza para dejar caer la palabra más paralizante del mundo: “CÁLCULO”.
Es cierto. Era terrorífico. Los alumnos que no andábamos muy bien en matemáticas teníamos que abandonar la clase y dirigirnos a su despacho en el que una pizarra con una gran suma en ella nos esperaba. Nos colocábamos alrededor de todo el pequeño habitáculo, mirando hacia el encerado de kilométrica operación y Don Miguel nos iba señalando con una vara.
- Cuatro y tres
- Siete
(Y apuntando al siguiente)
- ¿Y siete?
- Catorce
(Y pasaba al siguiente)
- ¿Y dos?
- Dieciséis
- ¿Y nueve?
No valían dudas, ni equivocaciones, pues se enfurecía pronto.
- ¿¿Y nueve??
Yo hablo por mí, pero estoy seguro que allí todos sufrían tanto como yo. El corazón se me aceleraba y un nudo me apretaba el estómago cada vez que se acercaba el momento de sumar, porque no podías utilizar los dedos y había que contestar con rapidez y seguridad.
No olvidaré aquel momento en el que una compañero le dijo a Don Miguel: "Cabrera está sumando con los dedos" , cosa que era verdad pues yo escondía disimuladamente una mano detrás de las piernas, pero fue un chivatazo ruin que me ocasionó un tortazo del director. No he olvidado el hecho pero, curiosamente, sí al autor del chivatazo.
La de bofetadas que hubo en aquel despacho… Algunas tan sonoras que hacían saltar las lágrimas tanto al que las recibía como al que las contemplaba.
Eran otros tiempos.
En casa no se nos ocurría decir que nos habían castigado o que el profesor nos había pegado porque entonces los padres se solían poner de parte del docente sin dudarlo.
No olvidaré aquel momento en el que una compañero le dijo a Don Miguel: "Cabrera está sumando con los dedos" , cosa que era verdad pues yo escondía disimuladamente una mano detrás de las piernas, pero fue un chivatazo ruin que me ocasionó un tortazo del director. No he olvidado el hecho pero, curiosamente, sí al autor del chivatazo.
La de bofetadas que hubo en aquel despacho… Algunas tan sonoras que hacían saltar las lágrimas tanto al que las recibía como al que las contemplaba.
Eran otros tiempos.
En casa no se nos ocurría decir que nos habían castigado o que el profesor nos había pegado porque entonces los padres se solían poner de parte del docente sin dudarlo.
Ahora es distinto: ahora el padre se enfrenta con éste y le amenaza: “Vale, mi hijo será un maleducado, pero es mi maleducado y a usted ni se le ocurra tocarlo o se le va a caer el pelo”
En fin, por la cuenta que nos traía, aprendimos a sumar todos sin excepción.
Conforme pasaban los años íbamos subiendo escaleras.
Sexto y séptimo se daban en el piso superior para volver a la planta baja a dar el último curso con Don Antonio, singular y querido docente de quien ya escribí en “¿Eres feliz?”
El 6º curso de E.G.B. lo impartía Don Paco, un profesor muy liberal y de aspecto hippy: el pelo largo y una barba y bigote tan oscuros como sus gafas. A mí siempre me pareció la viva imagen de un corsario, por eso no me sorprendió nada verle desfilar en las Fiestas de Moros y
Cristianos de Elda en la comparsa de los Piratas. Es que lo debía llevar en la sangre.
Conforme pasaban los años íbamos subiendo escaleras.
Sexto y séptimo se daban en el piso superior para volver a la planta baja a dar el último curso con Don Antonio, singular y querido docente de quien ya escribí en “¿Eres feliz?”
El 6º curso de E.G.B. lo impartía Don Paco, un profesor muy liberal y de aspecto hippy: el pelo largo y una barba y bigote tan oscuros como sus gafas. A mí siempre me pareció la viva imagen de un corsario, por eso no me sorprendió nada verle desfilar en las Fiestas de Moros y
Cristianos de Elda en la comparsa de los Piratas. Es que lo debía llevar en la sangre. Don Paco no nos pegó nunca, muy al contrario, siempre pasaba un poco de todo y de todos, si bien el respeto al profesor en aquella época nos impedía desmadrarnos lo más mínimo. Me gustaba especialmente cuando le escuchaba dar las clases de Historia.
De él recuerdo el día en que nos pidió que hiciéramos un dibujo libre. Yo dibujé un niño tirando una piedra a un manzano. Lo coloreé y se lo llevé a su mesa. No parecía tener ganas de nada, le encontré muy pensativo; yo diría que le dolía mucho la cabeza. Le entregué el dibujo para que le echara un vistazo. Lo miró un instante, estampó un enorme 10 a un lado del papel y me lo devolvió. Regresé orgulloso a mi asiento y algunos compañeros me felicitaron, pero estoy seguro de que no he olvidado el episodio porque no me quedó claro si de verdad le gustó o simplemente estaba pensando en otras cosas.
De él recuerdo el día en que nos pidió que hiciéramos un dibujo libre. Yo dibujé un niño tirando una piedra a un manzano. Lo coloreé y se lo llevé a su mesa. No parecía tener ganas de nada, le encontré muy pensativo; yo diría que le dolía mucho la cabeza. Le entregué el dibujo para que le echara un vistazo. Lo miró un instante, estampó un enorme 10 a un lado del papel y me lo devolvió. Regresé orgulloso a mi asiento y algunos compañeros me felicitaron, pero estoy seguro de que no he olvidado el episodio porque no me quedó claro si de verdad le gustó o simplemente estaba pensando en otras cosas.
Don Paco murió de cáncer hace muchos años. Fumaba muchísimo.
Don Tomás era el tutor de 7º. Debía ser muy joven pero parecía mayor porque le fue creciendo mucho la calva en todos aquellos años. Ahora que lo pienso ese debió ser el castigo divino por todos aquellos cabellos que nos arrancó él a nosotros.
A Don Tomás le recordamos por su pausada forma de hablar entornando los ojos y por aquellos movimientos tranquilos. Nunca parecía alterarse por nada pero pobre de ti si osabas distraerte en clase o hacías que se distrajera él mientras explicaba una lección. No dejaba de hablar, pero entonces se levantaba de su asiento. Pausadamente.
“ …y los fenicios se establecieron en la costa de Siria.”
Se acercaba, como paseando, hacia el pupitre del infractor, sin alterarse.
“ La región que ocuparon se llamó luego Fenicia...”
Llegaba a su altura y tranquilamente le agarraba del pelo,
“ ...que era una costa abierta que les permitió la navegación”
Y comenzaba a darle vueltas a la cabeza sin soltar el mechón cogido.
“ Gracias a estas condiciones, los fenicios se convirtieron en uno de los primeros navegantes de la historia...”
El infractor no se podía zafar de sus garras y debía seguir los movimientos con la cabeza si no quería perder ese pelo.
“...y así dieron origen a una de las primeras civilizaciones marítimas”.
Don Tomás continuaba haciendo el molinete con esa cabeza hasta que se le pasara esa furia interior que nunca dejaba traslucir.
Don Tomás era el tutor de 7º. Debía ser muy joven pero parecía mayor porque le fue creciendo mucho la calva en todos aquellos años. Ahora que lo pienso ese debió ser el castigo divino por todos aquellos cabellos que nos arrancó él a nosotros.

A Don Tomás le recordamos por su pausada forma de hablar entornando los ojos y por aquellos movimientos tranquilos. Nunca parecía alterarse por nada pero pobre de ti si osabas distraerte en clase o hacías que se distrajera él mientras explicaba una lección. No dejaba de hablar, pero entonces se levantaba de su asiento. Pausadamente.
“ …y los fenicios se establecieron en la costa de Siria.”
Se acercaba, como paseando, hacia el pupitre del infractor, sin alterarse.
“ La región que ocuparon se llamó luego Fenicia...”
Llegaba a su altura y tranquilamente le agarraba del pelo,
“ ...que era una costa abierta que les permitió la navegación”
Y comenzaba a darle vueltas a la cabeza sin soltar el mechón cogido.
“ Gracias a estas condiciones, los fenicios se convirtieron en uno de los primeros navegantes de la historia...”
El infractor no se podía zafar de sus garras y debía seguir los movimientos con la cabeza si no quería perder ese pelo.
“...y así dieron origen a una de las primeras civilizaciones marítimas”.
Don Tomás continuaba haciendo el molinete con esa cabeza hasta que se le pasara esa furia interior que nunca dejaba traslucir.
Recuerdo que en una ocasión no sólo aferró con fuerza del pelo a un compañero sino que lo sacó de su pupitre. Como la silla se le quedó enredada entre los pies arrastró al chaval con la silla detrás hasta el otro extremo del aula sin soltarle del pelo. Toda la clase, callada como una tumba, le escuchábamos llorar en silencio con la mano en la cabeza mientras Don Tomás continuaba con la lección como si nada hubiera ocurrido.
Eran otros tiempos. Yo también sufrí alguna vez sus tirones y no puedo decir que recuerde aquello como algo agradable, pero cuando me llegan noticias de que hoy abundan los alumnos que tutean a los profesores, que no les tienen ningún respeto y hasta les amenazan, cuando soy consciente de que hemos llegado a un punto en que los profesores ya no tienen autoridad y crece el número de los desmotivados y deprimidos ante tanto descontrol, no puedo por menos que pensar:
Eran otros tiempos. Yo también sufrí alguna vez sus tirones y no puedo decir que recuerde aquello como algo agradable, pero cuando me llegan noticias de que hoy abundan los alumnos que tutean a los profesores, que no les tienen ningún respeto y hasta les amenazan, cuando soy consciente de que hemos llegado a un punto en que los profesores ya no tienen autoridad y crece el número de los desmotivados y deprimidos ante tanto descontrol, no puedo por menos que pensar:“¡ Ay, mi Lloret, benditos sopapos aquellos !

31 confesiones al diablo:
A ver, Txema, ex-lloretino y amigo, no quiero críticas mordaces, que te veo venir. ;)
¿ No Quieres críticas mordaces?? jajajajaja..pues te fastidias.
te digo una cosa, te ha quedado totalmente como un episodio de Cuentamé. ¿ Y cómo has conservado las fotos de los profesores? Eres un friki de tomo y lomo.
Yo de mi colegio tengo unos recuerdos más bien neutros, no era horrible pero tampoco maravilloso. La verdad es que me aburría.
Por lo visto esta etapa de tu vida te marco mucho como para poder recordarla despues de tanto tiempo jejeje...
Un abrazo amigo.
Saludos desde Japón
Veo que finalmente te has animado a deleitarnos con esa entrada sobre tu colegio, y lo has hecho tan bien, que ya me has terminado de convencer para hacer yo lo propio.
Mi colegio, como ya sabes, también era muy modesto, pero no podría sentirme más afortunado de haber estudiado allí.
Estoy de acuerdo en todo lo referente al respeto de los profesores; yo no podría enseñar a adolescentes, porque me echarían por abofetearlos o insultarles. En mi colegio, aún había vestigios de vieja escuela (y eso que estamos hablando de los años 90), y que no considero negativos en ningún sentido. Éramos como una gran familia y nos tratábamos con mucha confianza... pero todo tiene un límite, y si a alguien se le olvidaba se podía llevar un buen cogotazo. Como todo quedaba en familia, cuando algún espabilado decía eso de que "no se le podía tocar porque su padre les iba a denunciar, así que podía hacer lo que le diera la gana", el director respondía que él tenía consentimiento expreso de los padres para dar un cogotazo a quien se lo mereciera, así que que se dejara de tonterías si no quería recibir.
Nunca hubo abusos profesor-alumno, y nadie le tenía miedo a nadie; teníamos el equilibrio perfecto entre tradición y modernidad. ¡Cómo lo añoro!
QUE VUELVA EL SISTEMA DE EDUCACION DE AQUELLOS TIEMPOS POR FAVOR.
Mira que fuí buena estudiante, saqué buenas notas pero el día que dieron la clase de"Nosostros os estamos educando así pero vosotros a vuestros hijos no los podreis educar igual" ese día seguro que estaba enferma.
Y digo yo que podrían haberme dado algun folleto explicativo al final de curso no?
SAX
y Don Tomás ¿Irá al cielo por haber enseñado tanto? o ¿Por hacer que los niños fueran al colegio con ilusión?
Cómo me conoces Juanra...!!!
Como decimos en periodismo, no voy a dejar que "la verdad estropee un buen reportaje". Pero sólo te diré una cosa que bien sabes: Entre las muchas cosas buenas que mi padre hizo por mi, una sobresale por encima de todas...SACARME DE ESE COLEGIO... e inscribirme en uno con patio, aseos limpios, pistas deportivas y profesores-as igual de "hijos de puta". Me callo, me muerdo la lengua, no quiero desvirtuar tu "ilusión lloretina".
Me alucina que tengas guardadas fotos de tus profesores del colegio.
Del mío guardo los mejores recuerdos: me pasé allí 14 años, y si viviera en las misma ciudad que vivía entonces, no dudaría en llevar a mis hipotéticos hijos al mismo colegio.
En ninguno de los cinco colegios en los que estuve (es que me cambié mucho de ciudad de pequeña XD) oí jamás hablar de un niño que amenazara a un profesor o que se quejara de un sopapo por estar mirando por la ventana en vez de atender a la clase. Y la mayoría de mis compañeros de entonces, incluida yo, hemos crecido con normalidad y sin ningún trauma por las riñas o los toques de atención de los maestros. Los padres apoyaban la labor didáctica del profesor y no lo desafiaban ni amenazaban con denunciarlo si tocaba a su hijo. Por entonces, ningún profesor dio nunca una paliza a un alumno, pero en cambio ahora sí se ven cosas similares a la inversa. Eran otros tiempos, la verdad, para mí mejores en el aspecto educativo sin duda alguna.
En uno de mis colegios yo recogía caracoles de los arbustos del jardín del patio y luego se los dábamos a las gallinas de la directora :D Hoy seguro que a eso le llamarían explotación infantil...
saluditos!
POSTDATA:
SIN DUDA LO MEJOR DEL LLORET FUE CONOCER A LOS CABRERA.
HOLA A TODOS, EX ALUMNOS Y ALUMNOS DE DONDE QUIERA QUE FUESEIS
molinos:
A ver, señorita Molinos, :P puedo admitir cierto grado de frikismo pero que conste en acta que conservo esas fotos porque las he escanedado de la orla en la que aparecemos todos, profesores y alumnos, no por otra causa.
Javier:
Sí, Javier, me queda un vago recuerdo, como una nebulosa en la que, pese a lo que he contado, lo positivo gana a lo negativo por goleada.
Un abrazo
peibol:
Adelante con tus recuerdos escolares.
Ya he leído lo peculiar que fue y sigue siendo tu colegio: un mundo aparte con las ideas muy claras, una "isla" dentro de la isla ;)
Ese ambiente familiar por ser un edificio pequeño también lo teníamos nosotros aunque no todos opinarán lo mismo, pero pienso que en absoluto están reñidos el respeto y la disciplina con el bienestar.
Hoy parece que sea obligatorio poner en un mismo nivel al profesor y al alumno sin pararse a pensar en lo absurdo e incongruente que resulta; si el profesor tiene más conocimientos que el alumno y éste ha de aprender de aquel, hay a la fuerza una posición superior y una inferior, una jerarquía a fin de cuentas. Pero con este miedo actual de no llamar a las cosas por su nombre, confunden la autoridad con la tiranía y la libertad con el libertinaje, y ahora es inimaginable enmendar tanto error.
Un saludo.
Sax:
No puedo estar más de acuerdo contigo. Si nos llegan a poner entonces una película en la que se viera lo que llegaría a ser la relación profesor-alumno, habríamos quedado petrificados.
Quiero pensar que todo es cíclico y que se enmendará la plana de alguna forma porque las cosas caerán por su propio peso. Si no es así, ¿a dónde iremos a parar?
Máximo Cano:
Pues no lo sé, amigo, pero por duro que te haya parecido no había traumas como los que hay hoy. Uno no pasaba por ningún suplicio si respetaba las normas. Hoy, ante la falta o el incumplimiento de las reglas más básicas, unos y otros andan perdidos.
Un saludo
Txema Rico:
Anda, calla, que lo mejor que tienes se te inculcó en los años del Lloret!! ;)
No digo que tu colegio no fuese mejor, probablemente sí; sólo defiendo esas peculiaridades que hacían tan especial al mío.
Y luego está mi vena nostálgica, ya sabes...
Bichejo:
Pues más alucinarás cuando veas la de los alumnos y mi careto de pardillo con pelusilla en el mostacho :D
Lillu:
Opino igual que tú, y me consta que así lo hacen también muchos de tu generación y de la mía.
Me resulta tan inconcebible que las cosas hayan cambiado tanto...
Todavía no acierto a entender si no se vuelve a sistemas anteriores porque ya no es posible una vuelta atrás o porque se sigue creyendo a rajatabla que cualquier tiempo pasado fue siempre peor.
Un poco de sentido común, por favor...
Je, je, je. Se me ha ocurrido que si en vez de gallinas hubiera tenido una pava podríais haber dicho: "Esto es para la pava de la directora"
Txema again:
Jajaja. Ahora sí que has hablado bien :)
Un abrazo
¿"Pelusilla en el mostacho"?....QUE LAS PUBLIQUE, QUE LAS PUBLIQUE, QUE LAS PUBLIQUE!!!!!!!!....
QUEREMOS VER ESAS FOTOSSSSSS....
XD
Qué guay está esta entrada, me has hecho recordar mi cole del pueblo. Tampoco hace tantos años que salí de ahí, (bueno, sí, unos cuantos, 9 desde el colegio y 6 desde que me fuí de Écija a Tenerife), pero como no he vuelto a poner un pie por ahí parece casi una vida.
En mi colegio éramos una clase por curso, así que nos conocíamos todos, alumnos y profesores, también les llamábamos de don y señorita, aunque éstas sólo daban al parvulario. Y nuestra clase tuvo la suerte o desgracia de ser el primer curso de la ESO en mi colegio, así que tuvimos la opción de quedarnos 3º y 4º de ESO también.
Don José fue mi tutor durante 1º,2º, y 3º de EGB, y luego volvió a serlo en 1º y 2º de ESO, es el profesor que recuerdo con más cariño, y en la fiesta de fin de curso que debió ser la despedida de nuestra clase del colegio, (y que lo fue para los que pasaron al instituto en 3ºde ESO), le regalamos toda la clase una escopeta de caza y saltamos todos juntos, con don José, vitoreando y gritando su nombre. Fuímos a verlo a su casa un año que se puso enfermo, le llevamos bombones, étc.
Me pasé desde los 3 a los 16 años en ese colegio. Recuerdo la frase que había en la entrada: El colegio es tu casa; y las veces que entraba cabizbaja pensando: sí, más quisieran... Las excursiones a las fábricas de polvorones, de aceite, a la sierra de hornachuelos... que recuerdos. Que bien vivíamos.
Un saludo, Cris.
En este muy interesante post, observo un detalle: el Dictado, que supongo de tu puño y letra, cita a Lucio V.Mansilla (argentina. Fue el autor de "Una excursión a los indios ranqueles". Los ranqueles fueron el pueblo originario de la pampa argentina, o sea mis vecinos.
En las escuelas argentinas, nos enseñaron literatura con autores españoles (Juan Ramón Jiménez, García Lorca,Antonio Machado),comenzando siempre por el anónimo "Cid Campeador".
Curiosidades de los sistemas educativos, a ambos lados del Atlántico.
Silvia (madre de Vix)
Argentina
No tengo nada q añadir porque lo has descrito muy bien,hay dos canticos que marcaron al colegio,el de CAAM POO se asemeja al de un enfrentamiento Manchester Liverpool y pone los pelos de punta,el de CALCULO es mas parecido al que escucharian los judios en cualquier campo de concentracion sito en Polonia. Juan ya que han pasado años de aquello puedes denunciar al chivato aquel que te denuncio ante Don Miguel,a mi me parece mas grave eso que lo del caso Gurtel. Juan Luis.
se que el pasado de cada cual es el pasado de cada cual , pero tu universalizas el tuyo contando como lo cuentas
saludos¡¡
Personalmente no desearía que volviesen esos tiempos. Creo que un bofetón no está justificado nunca y que hay otros medios.
Pensemos que los medios de comunicación amplifican excesivamente las cosas y que algunos casos concretos, e incluso anecdóticos, se convierten en "lo general" por pura repetición en un medio y en otro. Hoy en día hay más alumnos estudiando, la enseñanza es obligatoria hasta los 16 y hay críos en las escuelas que en los años 70 andarían golfeando por las calles, pero pese a todo, la media demuestra que también salen más preparados.
En absoluto justifico las agresiones a los profesores ni las faltas de respeto; me parecen demenciales y creo que un alumno debe comportarse correctamente y ver en su profesor a "un maestro".
Lo ideal sería un término medio entre el ayer y el hoy, cosa que no se va a solucionar con tarimas en las aulas, con llamar al profesor de usted, ni con que vuelvan los capones.
Bastaría algo tan simple como que los padres educásemos a nuestros hijos en el respeto, ya que esa es nuestra obligación, y que los profesores impartiesen sus materias en aulas en las que se hallasen niños ordinarios.
Uno de los errores de los nuevos sistemas educativos está en la enseñanza obligatoria hasta los 16, y que en una clase aparentemente "normal" se encuentren niños con vocación de abogados, médicos, artistas, mecánicos, electricistas, camioneros, etc, con niños que son delicuentes vocacionales al amparo de sus padres y que están en clase porque la ley obliga.
Considero que también deben tener derecho a cursar sus estudios, pero sin la posibilidad de desbaratar una clase a su antojo cuando les da el pronto o les sale la vena callejera.
Esperemos que esto se solucione más pronto que tarde.
Joer... que rollo he "soltao". Sorry ;-)
molinos:
Tranquila, me estoy reuniendo con mi sentido del ridículo y parece que las negociaciones van bien :P
CRD:
Tú lo has dicho: parece casi una vida. Y no exageras, pues todos aquellos años nos fueron de suma importancia e influyeron tanto en nosotros como para no olvidarlos jamás.
Yo no guardo mal recuerdo de ningún profesor, si bien de entre todos ellos me quedo con Don Antonio, que parecía muy serio cuando en realidad tenía un agudo sentido del humor.
Oye, cómo me ha chocado eso de regalarle una escopeta al profesor!!
Saludos, canaria!
Silvia:
Cómo me alegro de haber elegido, aunque haya sido al azar, ese dictado en concreto y que te haya movido a entrar a comentar sobre él. Has despertado mi curiosidad sobre Marsilla y esa obra de atractivo título y ya he leído información sobre todo ello en la red.
Estas cosas de internet no dejan de fascinarme. Si cuando escribía yo aquellas líneas a mis diez años, me hubieran dicho que 33 años después una argentina las leería y me diría algo al respecto...
En fin, un placer saludarte de nuevo, Silvia (y muchos recuerdos a tu talentosa hija)
Juan Luis:
Jajaja, como para ponerse a averiguar ahora quién fue aquel capullo que me delató. En serio que no recuerdo quién fue. El tortazo me debió borrar su cara de la memoria.
(Y "los nominados son"? ¿Donde está "los nominados son"?):D
cuentosbrujos:
Vaya, cómo me ha gustado tu frase. Si alguna vez me hago muy famoso te pediré que se la repetirás a la prensa y a los críticos ;)
El kioskero del antifaz:
Rollo ninguno, Sergi, que es que el tema da para mucho.
No he pretendido con lo escrito hacer un alegato en favor de la mano dura en las aulas, pero es que la balanza está tan descompensada que yo sí veo lo de hoy infinítamente peor que lo de ayer.
Yo sí que empezaría por hacer cumplir unas normas básicas de convivencia y comportamiento entre las que se encontraría el trato de usted. No concibo eso de "Eh, tú, Manolo" del alumno al profesor. Cada cual en su sitio, que ya llegará el día en que sean tratados de usted también.
En lo de la TV puedes tener razón, pero sí tiene ésta un punto negro indiscutible y es que, siendo un instrumento que podría ser muy beneficioso para la juventud, está llena de series de corte estudiantil en las que priman ideas tan poco edificantes como que al profesor se le puede plantar cara, el maleducado es el guay, todos han de ser guapos y guapas para triunfar, el que no folla es un pringao al que se le excluye... Lamentable.
Hala, rollo por rollo!
JuanRa, se nota de sobra que no haces alegato alguno a la mano dura, y tienes razón en lo referente a los "valores" que transmiten esas series de TV.
Lo que pienso es que bastaría con que los niños fuesen al cole educaditos de casa, y también me consta que así es en la gran mayoría de los casos; vale... un poco más mimaditos que lo que estuvimos nosotros a su edad, pero por suerte, hoy en día nos podemos permitir darles algunos caprichos.
Quizá no estaría mal impedir la entrada en las aulas de teléfonos móviles y de ropa de marcas conocidas. Por una parte se evitaría la tentación de grabar un video de algún alumno haciendo el chorra para colgarlo en youtube. Por otra, se unificaría un poco a los alumnos en una clase evitando el "yo soy mejor que tú porque llevo tal marca o tal otra", quizá el hecho de que no se sintiesen tan distintos unos de otros, haría que se comportasen como iguales.
Pero vaya... que veo dificil que cosas así se pongan en práctica.
Un saludito JuanRa ;-)
Querido Juan, qué descripción tan entrañable de esta etapa en tu colegio. Yo, "por mi edad", ya no soy capaz de describir tan explícitamente a mis profesores de aquella época (perdón , maestros), sí recuerdo que fue una etapa de mi vida en la que yo sólo pensaba en aprender y disfrutaba tanto, que cada vez que pasábamos de dividir por dos cifras a tres o a cuatro, me parecía que eramos los reyes del mundo por saber tantas cosas.Hasta 6º de EGB cada curso y cada día fueron geniales, o por lo menos yo los recuerdo así. Será que en aquella época ya tenía claro que estando fuera de casa me encontraba más a gusto que con los míos . Cosas de la vida.
Sigue contando cosas y compartiéndolas con nosotros.Gracias.
Un abrazo. Remolina.
Wow, que bonito es recordar. Me hiciste pensar en mi vieja escuela. Un colegio de niñas de monjas teresianas con todos los clichés posibles... y que sin embargo constituyo uno de los lugares más queridos para mi. Fui muy feliz ahí.
Otra cosa ¿que no hay otros tipos de profesores en el mundo? yo tuve muchos como los tuyos, jejeje.
Me encantan tus peaozos, cachos, trozos de vida que nos compartes siempre :D
Besos a todos en casa.
La verdad es que leerte me sorprende mucho.
Alguna vez escuché de maltratos de ese tipo pero pensaba que habían quedado en el olvido hacía más de 50 o 60 años.
De mi primaria recuerdo maestras muy serias que nos ahcían callar con unos gritos o solamente haciendo silencio y mirándonos, pero jamás vi maltratos y eso que ya no soy un púber.
Pero en fin.
También me asombra que tengas esas fotos y tantos recuerdos. Yo creo que no podría conseguir fotos de ninguno, porque a lo sumo recuerdo algún nombre.
Sorprendente, reveladora y como siempre muy bien redactada.
Un abrazo.
El kioskero del antifaz:
Pues totalmente de acuerdo en todo lo que expones. Son pequeñas cosas que nunca se deberían haber permitido de entrada porque ahora parece que cualquier iniciativa a ese respecto es tomada como imposición "que atenta a sus libertades"
¿Se podia en nuestros tiempos mascar chicle o comerse una piruleta en clase? Hoy sí.
Son cosas que no entiendo.
Remolina:
¿Qué quieres decir con lo de "por mi edad"? Si sólo tienes unos pocos años más que yo! Seguro que si te pusieras a escribir sobre aquellos años te irían saliendo mil y un recuerdos, porque los tiempos del cole no se olvidan así como así; de hecho has dicho muchas cosas de entonces en pocas palabras.
Gracias a tí por los ánimos.
March:
Pues parece que con esta entrada a todos nos ha dado por echar la vista atrás y revivir un tanto nuestra etapa colegial.
Te creo cuando dices que fuiste feliz. Probablemente no nos diéramos cuenta entonces, pero en el cole estábamos bien. Ya lo creo.
Un abrazo grande, cinéfila.
Gamar:
Estaba yo pensando que si estos profesores leyeran esta entrada que sobre ellos hago, probablemente les quedaría un mal sabor de boca porque me he limitado a resaltar algo aislado y casi anecdótico en el conjunto de tantos años juntos.
No eres al primero al que sorprende ver que conservo esas fotos. En la próxima entrada comprenderás por qué las tengo.
Muchas gracias por los halagos, Gamar.
Un diez en redacción al señor Cabrera.
Mi colegio era de curas y encima no era mixto.
A pesar de todo creo que no todo lo del pasado era malo.
Aunque suene retrogrado soy un defensor a ultranza del tratamiento de "usted".
Hace poco oía en la radio a una madre diciendo a ver si se creen los profesores que son más que los alumnos. No creo que sirva de nada que se conceda más autoridad a los profesores mientras los padres no cambien de actitud.
Hola!
Solamente puedo decirte que me ha encantado. Me ha traido muchísimos recuerdos de mis profesores.
Muchas gracias por esta entrada. Ha sido genial!
Besos
Fran:
A mí no me parece retrógrado el tratamiento de usted, pero aunque así fuera, creo que siempre será mucho mejor que la insolencia del tuteo en determinados contextos.
Y sobre lo que comentas de la madre de la radio... buf, ¿cómo se hace para reciclar esas formas de ver las cosas tan obtusas?
Gracias por ese "diez",jeje, pero a mí no me trate de usted, Sr Fran.
Gracias Mónica:
Me alegra que te haya gustado tanto.
Bueno,bueno...tengo varios frentes a los que hacer referencias...El primero es que me ha encantado el comentario de cuentosbrujos y que yo no habría sabido decir tanto en tan poco.Lo segundo es que no te veo mostrándo a tus fieles seguidores tu etapa del bigotillo..pero hazlo por favor...se van a descojonar.Lo tercero..Qué letra tan monísima tenías,y....como es posible que lo conserves absolutamente TODO.Dónde lo metes?como lo clasificas?y luego como sabes donde lo has metido?Ser,seremos hermanos,pero parecernos....ni un poquin.
Cuarto..dice mucho de tí que no recuerdes al villano aquel,ásí eres tú..y quinto....de nuevo gracias,por deleitarnos con esa trasparencia,al compartir con nosotros esos bellísimos recuerdos.
Con pelos y señales amigo, eso si son retazos bien guardados. Y los que quedarán por contar...
jaja
Se nota que lo cuentas con nostalgia, y eso es bueno.
Un abrazo
Mis hermanos me contaban cosas parecidas de su paso por la SAFA (Sagrada Familia). En mi colegio de monjas, nunca nos pusieron la mano encima, no hacía falta, ya nos temblaban las piernas de ver entrar en clase a la monja de turno, ja,ja,ja,ja.
Sin embargo, tengo un recuerdo muy espcial y un lugar en el corazón para una de ellas. Se llamaba Dolores Cabeza, era justa, no le gustaban más unos grupitos que otros como a la odiosa "Piolín", tenía mucho carácter, pero decía verdades como puños. Llamaba a las cosas por su nombre. A mí me cayó más de una vez una bronca suya, y sin embargo me adoraba.
Ah, por cierto, también teníamos abrevadero en el patio, ja,ja,ja. Y los aseos siempre estaban como para vomitar, puaj!
Cuando conseguí que me echasen del colegio fui a parar a academias e institutos. La primera vez que compartí clase con chicos sufrí un shock, ja,ja,ja, y eso que ya tenía catorce años.
En COU tuve unos profesores geniales. Con uno de ellos, Gregorio, de Filosofía y Literatura, hasta se podía negociar :) Una vez que suspendió a una amiga, fuimos cuatro a presentar "apelaciones", ja,ja,ja, le pedimos que nos quitase medio punto a cada uno, (yo le pedí que a mí me quitase uno, porque era la empollona de la clase) y que se los pusiese a ella. Y tragó. Y encima se partía de risa.
Lo que pasa hoy con los profesores es intolerable. Pero la culpa está en el hogar, en los padres que no inculcan un mínimo respeto hacia los profesores. Van al colegio salvajes, y los padres esperan que reciban de los maestros la educación que ellos no se han molestado en inculcarles.
Ahora hay que corregir y dar marcha atrás, y probablemente se hará. Pero hay una generación que ya ha quedado muy tocada, o mejor dicho, elementos de esa generación, que tampoco son mayoría. A ver cómo corriges a esos que pasado mañana, como quien dice, cumplen 25 tacos.
Me has dejado cuajada con las fotos. De haberlas tenido, yo las habría quemado todas, ja,ja,ja,ja.
Mil besos!
Mi colegio, al que asistí desde los 3 años hasta los 18, difiere en algunas cosas del tuyo, soy más joven, pero lo recuerdo como un espacio en el que disfruté, me divertí y me eduqué, de verdad, entendiendo los valores de respeto y trabajo como algo positivo y necesario, no, no tengo traumas irreparables, todo lo contrario, soy una persona más que normal y creo que educada. Y no entiendo, ni soporto, ni respeto lo que me toca ver en las generaciones que algún día serán los dueños de su tiempo, de nuestro tiempo... me preocupa. Buen post, he disfrutado, como siempre.
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