27 de marzo de 2009

DE VUELTA A CASA






Entré con mi hermana en el trastero del Campo.


Buscábamos una vieja libreta extraviada llena de historias que escribí hace muchos años y que ambos estamos muy interesados en recuperar.
Apenas nos podíamos mover dada la cantidad de cachivaches que hay por allí, cubiertos de polvo y antiguas telarañas. Con cuidado y con el ojo avizor por si saltaba desde algún rincón alguno de los gatos que se suelen colar por allí adentro, comenzamos a buscar.
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De repente y sin esperarlo descubrí algo que supuso un emotivo reencuentro con el pasado. El hallazgo nos hizo pensar después en las vueltas que da la vida y en la infinidad de caminos que casualmente van entrecruzándose a nuestro paso a lo largo de ella.
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- ¡Ana! ¡Mira lo que acabo de encontrar!
Vi cómo se le abrían los ojos y exclamaba:
- Lo sabía, sabía que nunca me deshice de él.
- ¿Se lo enviamos?
- Sí, sí, claro que sí – me decía muy contenta.


El contenido de este paquete que tengo aquí a mi lado me ha traído entrañables recuerdos que casi tenía olvidados y que me han impulsado a escribir esta historia de emocionante final que quiero compartir con vosotros.
Para hacerlo hemos de viajar por tres momentos distintos en el tiempo. Primero me remontaré al año 1986 en el que empecé a cumplir el servicio militar. Después a una llamada telefónica reciente y por último al momento actual.
Comienzo sin más preámbulos.
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AÑO 1986
Parece que fuera ayer cuando le decía yo a mi amigo Juan Luis que me había tocado hacer la mili en Plasencia.
- ¿Te vas a Plasencia? Eso está en Italia, ¿no? – me dijo el muy guasón
El viaje en aquel tren “borreguero” se me hizo interminable. Duró toda la tarde y noche y llegué al amanecer. Además de dormir fatal, estaba bastante angustiado, temeroso por ese inevitable enfrentamiento ante lo desconocido.
Pero los días pasaron rápidos.
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No olvidaré nunca aquel período de instrucción en pleno mes de julio en Extremadura, en grandes explanadas polvorientas bajo un sol de justicia. Y aquel inmenso comedor subterráneo masificado de uniformes verdes en el que uno echaba de menos los manjares de su casa.
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Las prisas, las formaciones, las equivocaciones, los arrestos…
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Pero he sido siempre una persona positiva y no guardo malos recuerdos de la mili. Todo lo contrario.
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Tras la jura de bandera pasé una semana de relax con mi familia en Benidorm para reincorporarme a continuación a mi nuevo destino: Madrid - Carabanchel. Diez meses en la Academia de Sanidad junto al Hospital Militar Gómez Ulla.
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Tuve la enorme suerte de que me nombraran armero, con lo que me limitaba a repartir el armamento a la tropa y altos mandos de mi compañía cada mañana. Eso me libró de hacer innumerables guardias en garitas y puestos de control y me ahorró de los soberanos aburrimientos y “comidas de bola” que sufrieron el resto de reclutas.
Por mi temperamento cordial hice buenas migas con casi todos los compañeros de reemplazo, a pesar de que razones tenían para tenerme tirria por la situación privilegiada que yo disfrutaba, pero como también me encomendaron el ser el único vendedor de tabaco de toda la academia, ello me sirvió para granjearme el afecto de los más hostiles pues les regalaba algún que otro pitillo o les fiaba cuando andaban escasos de dinero.
Y así, con el transcurso de los días en los que poco a poco nos fuimos conociendo e intimando, llegamos a ser como una gran familia en la que todos nos apoyábamos y nos divertíamos en largas charlas en los muchos ratos que teníamos libres.
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Cuántas veces me he acordado de aquellos tiempos. Yo, el más pacífico, entregando armas a diestro y siniestro y no habiendo fumado en mi vida vendía tabaco a todo el mundo.
Qué guasona es la vida a veces.
De lo único que me tenía que preocupar era de presentar bien las cuentas ante el Sargento S. y de que al General B. no le faltara nunca su paquete de Camel. Después, con las ganancias se compraban raquetas y pelotas para tenis de mesa, barajas, etc…
El tabaco me abrió más puertas de las que imaginaba porque descubrí lo adictivo que es ese vicio para los fumadores y me aproveché para hacer mis trapicheos con él y así, por unos cuantos cigarros de regalo, un ayudante de cocina me subía a la armería una jarra repleta de arroz con leche. “Te cambio vicio por vicio” Yo la escondía y cuando no había moros en la costa me encerraba con llave por dentro y me la embuchaba con deleite. (Con decir que llegué a Madrid pesando 60 kilos y volví a casa con 70, creo que lo digo todo.)
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Sólo una vez – por decisión propia y para solidarizarme con mis compañeros -hice un día completo de guardias en garitas. Me satisfizo comprobar lo que les alegró que pasara una jornada completa con ellos. “Venga, armero (así me llamaban) a chupar garita”
Y ahí pude comprobar cuánto tiempo perdido en algo tan inútil como meterse en un espacio cerrado de un escaso metro cuadrado con el CETME entre las manos donde no habiendo nada mejor que hacer uno dejaba volar la imaginación constantemente. Horas de guardia con calor, con frío, con lluvia, por el día o por la noche.
En una de aquellas garitas había un escrito en la pared que decía: “ACABAS DE ENTRAR A UN SITIO DE ACCIÓN. ¡BÚSCALA!” O aquel otro letrero en la que estaba próxima a la cuadra de los caballos: “GARITA MACABRA (No te asustes si oyes ruidos)” Y sobre todo corazones, muchos corazones dibujados o grabados en la pared con un nombre de mujer dentro.
Pero para algunos esa inactividad de las guardias era frustrante (cuánto bien hubieran hecho los móviles de haber existido entonces) y tanto tiempo para pensar hacía que magnificaran sus problemas de manera preocupante. Leí hace poco que el número de suicidios de jóvenes durante el servicio militar en la década de los 80 fue altísimo. No ocurrió algo así en mi academia en aquel reemplazo pero sí unos meses antes. Poco después sería testigo de una de las causas que directa o indirectamente hicieran probablemente desembocar a aquellos jóvenes a tan negras tragedias.
Fue una tarde-noche de sábado en la que salimos con el permiso en las manos un buen grupo de soldados a pasarlo bien por Madrid. Fuimos a lo que se llamaban “los bajos de Argüelles” (no sé si continúa existiendo) Era un pasadizo subterráneo con muchas tascas a uno y otro lado, de diferentes estilos y tipos de música. En el grupo había muchos andaluces de la camareta que llamábamos de “los malaguitas” pues la mayoría eran de Málaga. En un momento dado entré en los aseos y descubrí a dos de ellos inyectándose un pico. Quedé impresionado. Todavía me acuerdo de sus nombres y apellidos y aún, nítidamente, de la forma en que me sonrieron. Con aquellos ojos vidriosos con los que se quedaron mirándome entendí que me estaban diciendo “vaya, armero, esto no lo esperabas tú, ¿verdad? No te asustes, es la gloria”
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Al día siguiente les entregué el armamento, como al resto, y en sus caras había un velo de desilusión, de hastío.
Estoy seguro de que más de uno de aquellos compañeros con los que compartí meses tan intensos se quedaron en el camino.
(Continuará)

24 comentarios:

Umpi dijo...

Pues yo soy de los que me libré de la mili por un añito solamente......

Y a veces pienso que me falta un tema de conversación....

Estoy deseando leer más!

Bichejo dijo...

Los bajos siguen existiendo, por supuesto...

JuanRa Diablo dijo...

Hola Umpi! Eres rápido como el viento. Aún estaba corrigiendo y ya has dejado comentario. Así da gusto.
Otra cosa puede que no, pero cuando dos que han hecho la mili sacan el tema... PELIGRO. CIEN MILLONES DE BATALLITAS.
(Estoy preparando tu entrada triunfal) ;)

Bichejo
Ah, gracias por la información, bueno es saberlo...
Un saludo!

Bueno, aprovecho para decir a todos que el lunes pondré la segunda parte y mientras tanto os doy pase de permiso para que descanséis la vista.

Txema Rico dijo...

...yo también me libre de esa inutilidad, de ese entrenamiento de hombres para matar a hombres...o para defenderse de los que quieren matar hombres...igual me dá.

peibol dijo...

No sé cómo, qué razones alegaría, o a quién tendría que sonornar, pero habría movido cielo y tierra, como hiciera mi padre, para no pasar por esa imposición en contra de mis ideales.

Me quedo con ganitas de más... :)

Anónimo dijo...

Mas mili????? socorrooooooooo
me sé la de mi marido mejor que él de tantas veces que ha repetido sus "grandes hazañas militares" que si fuera por mi te quitaría el rebaje de fin de semana y te obligaría a escribir la segunda parte mañana.
Una ex novia que se chupó los 13 meses de mili de su exnovio,ahora marido je je
SAX
felicidades a Aitana que mi comentario no apareció

JuanRa Diablo dijo...

Txema
Bueno, al márgen de todo eso, estoy hablando de la mili bajo otro prisma, viendo siempre las cosas positivas que en todas partes hay.

Peibol
Yo en cambio pienso que a más de un joven de hoy beneficiaría el aspecto positivo que yo extraje de todo aquello. No veo efectos negativos en la disciplina, por ejemplo (otra cosa es todo lo bélico)
Pero bueno, también es verdad que no todos lo vivirían como yo y, como ya sabes, la nostalgia me puede.

Sax
Estaba seguro de que alguna mujer me lo iba a reprochar. Sí, lo reconozco, como nos den pie... , pero es que nos marcó mucho.
Doy beso a Aitana de tu parte.

Helena dijo...

La mili... suena como añejo y me ha hecho sentirme muy joven! en el 84 yo estaba con el bibe aun!

Y eso de las batallitas... a mi me encantan! me encantaban las que mi padre me contaba, me las se todas y tenia un compañero de curro al q tambien le gustaba prodigarse y yo encantada! asi q cuenta cuentaaa!

Aqui me tienes enganchada hasta el lunes!
Besos

Anónimo dijo...

Juan, esto promete, pero no nos dejes mucho tiempo pendientes de la continuación, sigue, sigue contando. Un saludo compi.Mar

calata dijo...

trece meses y una semana, León y Valladolid, casualidad que en estos días me ha dado por hacer un resumen porque la mía tiene tomate, aunque no sé si la publicaré, sólo diré aquí que fuí policía militar y no solamente no puse ningún parte en toda la mili, sino que además a mi me pusierón dos en Atocha, años ochenta y dos/tres quiero recordar, fiiiiiirmes AR, saludos de uno que aún hoy después de 25 años sigue teniendo una pesadilla, la de ser llamado a filas de nuevo.

Anónimo dijo...

No era una etapa tan inutil si de ella sacabas lo positivo. Para mi lo mejor fue el conocer a gente, que vestidos todos de verde y con los mismos problemas nos hacía más iguales y eso ayudaba a la convivencia.
De entonces, todavía guardo amigos y nos seguimos viendo, aunque sea de tarde en tarde y curiosamente no hablamos de la mili.
Otra sorpresa vivo en Carabanchel, no lejos del Hospital Militar.
¡Ah! y por trabajo voy cada 8-10 dias a Plasencia (Italia) Si quieres algo ya sabes.
Rasanliz

JuanRa Diablo dijo...

Qué bueno, Mar, Calata y Rasanliz, habéis ido a coincidir los tres manchegos juntos. ¿Estáis sincronizados?

Mar, creo que este mismo lunes termino la historia.

Calata, si finalmente das a conocer tu aventura miliciana la leeré encantado. Qué tiempos, eh?
En la segunda parte hay una sorpresilla. No te la pierdas.

Rasanliz
Jeje, qué a mano tienes los puntos claves de la historia. Gracias or tu ofrecimiento.
Estoy contigo, salvo casos muy puntuales la mayoría recuerda aquella época con carño.

JuanRa Diablo dijo...

Eh, Helena, que te he saltado. Me alegra tener entre mis lectores a una joven y simpática extremeña como tú. Tú también tienes puntos en común con la historia: de Extremadura a Madrid.
Un beso

Lillu dijo...

Pues independientemente del concepto militar en sí, hay mucha gente que guarda buenos recuerdos de la mili y un montón de anécdotas. Yo creo que con el paso de los años acabas por verlo como un campamento de verano XD

saluditos!

adriana rey dijo...

Quizás ya lo sabes, pero por las dudas te cuento que aquí en Argentina a la mili le dicen "la COLIMBA". Desde chica escuché esta palabra y recién después de muchos años me enteré de qué quería decir. Resulta que se le dice así porque significa "COrre, LIMpia y BArre" como símbolo creo de que además de la instrucción militar ponían a los muchachos a hacer de todo, hasta limpiar.
Por suerte soy fémina y me salvé!
Me encantó esta entrada JuaRa!
Me quedé con ganas de más relato!!

Silencio dijo...

Y nos piensas dejar así por mucho tiempo? Es por que si hubiera alguna embarazada seguro que no llega a término. NO TE DA VERGÜENZA!!! QUE LECHES HABÍA EN ESE PAQUETE???

Bsitos y abrazotes!

(La vida en un baul)

Fran dijo...

Yo alguna vez también he pensado que a los chavales de ahora no les vendría mal una cosa como la mili, por lo de la disciplina, claro. Yo tampoco soy muy de ejercitos. De hecho, me libre de la mili por exceso de cupo y fue el último año que lo hubo. Suertecilla, jeje

carlota. dijo...

Yo fuí novia de soldado , y luego me casé con otro soldado , así que mira cuanta mili me he chupado ...Pero leere tús batallitas .

Saludos

JuanRa Diablo dijo...

Lillu
Si, jeje, algo de eso hay. Además que uno echa la vista atrás y todos los recuerdos de juventud se ven más bonitos. (Jo, qué viejo parezco diciendo esto)

Adriana Rey
¿La Colimba? Me encanta el nombre. De haberlo sabido la hubiera llamado así. Le quita mucha seriedad, que es lo importante. ;)

Silencio
Jo, das más miedo que el Sargento Primero Coronado. Lo divido para no hacerlo demasiado brasa. Y no te quejes, que tú no estás embarazada.
(Gracias por la paciencia del otro día)

Fran
Si yo me hubiera librado habría dado saltos de alegría. Fuí acojonao.
Deberían inventar algo obligatorio para los jóvenes "perdidos" de hoy, pero ocurre que, aunque fuera para bien, eso de "obligatorio" ya no lo tolera nadie.

JuanRa Diablo dijo...

Carlota
Osea que hasta el moño, ¿no?
Bueno, yo termino la historia y no cuento más mili. Prometido.
Pero gracias por leerme ;)

julia cc. dijo...

Como el resto de tus lectores,estoy esperando el final de la historia, que seguro que nos sorprendera gratamente.No me quejare de las historias de la mili por lo menos hasta que no lea el final aunque como muchas lectoras de por aqui nos sepamos las de nuestros respectivos como si de alguna experiencia propia se tratara,que conste que os entiendo perfecamente,es como si las mujeres nos pusieramos a hablar de nuestros partos jajajaj¡¡ un saludo

anasister dijo...

Me gusta que cuentes esta historia en fascìculos porque asì daràs màs detalles,pero sabiendo lo que viene despuès...quiero la segunda parte ya!!!!!Por cierto,guapìsima està la niña de tus ojos con el pelito corto.

Ángeles dijo...

No me resisto a mandarte, desde el futuro, un saludo "malaguita".
Qué cosas, ¿eh? "Qué guasona es la vida a veces", sí ;-)

JuanRa Diablo dijo...

Recibo en el presente tu saludo futuro para esta entrada del pasado.

(Y esta vez no es guasa, aunque lo parezca :))