6 de febrero de 2012

EL COLUMPIO


A punto de cumplir tres años, y estando en el campo un fin de semana, Samuel me pidió que le subiera al columpio que acababa de montar mi madre, esa inventora que algún día nos sorprenderá con una máquina de hacer billetes.

Había amarrado dos largas cuerdas a una altísima y gruesa rama horizontal sin necesidad de escalera, simplemente lanzándolas y haciendo un lazo corredizo que se abrazara a la rama. Ató después sus extremos a los grandes cáncamos que había atornillado a una madera rectangular que haría de asiento. Todo pensado, una vez más, para hacer felices a sus nietos.

Y yo, que en aquella época no hacía más que grabar a mi hijo, como todo padre recién estrenado que babea con cualquiera de las tonterías que hace su pequeño, fui a por la cámara de video, cámara que había comprado nada más nacer porque pensé que sería un crimen no inmortalizar sus primeros días.

No serían solo sus primeros días, obviamente, sino sus primeras semanas, meses... y años. (No hay nada más peligroso que un padre primerizo con cámara primeriza)

Por suerte, antes de conocer el Mundo Blog, mi mayor hobby era la edición de video digital, y me entretenía enormemente montando las mejores escenas de esas grabaciones kilométricas para reducirlas en algún video casero, con mejores o peores resultados.

De este momento del columpio no supe sacar nada interesante después . Había enfocado a Samuel desde muchos ángulos para que no resultara aburrido, pero visto después en el ordenador no era más que eso, un balanceo monótono. Cambié la velocidad, la luz, probé con distintas músicas, hasta que lo dejé aparcado sin dejarme satisfecho.

Pero, lo que son las cosas, seis años después de aquello, me reencuentro con aquella grabación que casi tenía olvidada y quedo hipnotizado al mirarla. Multitud de sensaciones y recuerdos llegan en tropel para embriagar mis sentidos, y me asombra enormemente descubrir cómo puede cambiar la visión de las cosas con el paso del tiempo.

Al comprobar, por ejemplo, que mi hijo ha crecido tantísimo, casi sin darme cuenta, y que, aunque el columpio sigue allí, hoy se decanta por un balón y ya no tiene aquel interés por montar en él.

Al darme cuenta de que tiene ahora la edad que tenía yo cuando empecé a vivir en ese campo, después de haber estado un par de años en Madrid y seis en Benidorm. Todo aquel entorno me vió pasar de niño a hombre y, aunque ya no vivo allí, siempre vuelvo a él como a un refugio seguro.

Y, sobre todo, al contemplar ese hermoso árbol del columpio y recordar su historia.

Llegábamos a aquella rústica casa a principios de los 70 y una de las primeras cosas que quiso hacer nuestra abuela Francisca fue plantar un pino en la parte de atrás.

- Cuando crezca - nos decía convencida - nos sentaremos todos bajo su sombra. Y en los veranos dormiremos la siesta bien frescos.

Ella misma lo plantó con sus manos siendo un arbolito que le llegaba a la cintura. Hoy es un pino inmenso.

Bajo sus ramas hemos almorzado muchas mañanas y a su sombra se celebraron las comuniones de mis hermanos. Sobrevivió a la riada del 82, que llegó a derribar otros árboles, pero no ese. En su sombraje se durmieron efectivamente muchas siestas, pues mi madre confeccionó una cómoda hamaca que colocó debajo. Todos los primos jugábamos al escondite apoyando los brazos contra su tronco y hoy lo hace otra generación de primos de igual forma. He leído muchos libros bajo aquel pino y me gusta alzar la cabeza y sentir la paz que se respira cuando miro su verde fronda y me llega el sonido de la brisa haciendo silbar sus hojas.

Mi abuela plantó aquel pino con la intención de que todos disfrutáramos de él y tuvo la dicha de comprobar que así ocurrió. Y así sigue sucediendo pese a que ella nos dejara un día.

Un día que además jamás olvidaré por muchas razones, pero hay una en concreto que regresa a mi mente cuando lo miro.

Fue en una alegre tarde de verano en la que había muchos vecinos de otros campos sentados en el exterior, charlando animádamente con mis padres y tios. Mi abuela se levantó despacio de la silla que ocupaba y nos pidió que la acompañáramos a su cama porque no se encontraba bien. Por el pasillo hacia su habitación comenzó a decir cosas sin sentido, y una vez acostada fue todo un delirio de peticiones sin pies ni cabeza. Se avisó al médico que, tras examinarla, nos comunicó que sencillamente había llegado su hora.

Antes de caer en la total inconsciencia tuvimos tiempo de besarla y abrazarla; de despedirnos de ella.

Fue una noche muy larga, de emociones contenidas, en la que solo se escuchaba su respiración, resonante, como si fuera algo a lo que se aferrara y, al mismo tiempo, de lo que le costara librarse. Por momentos fue tan sonora que parecía que simplemente estuviera descansando profundamente por encontrarse muy cansada.

Por eso se notó tanto cuando quedó en silencio.

Su último suspiro, nunca lo olvidaremos, coincidió con el primer albor de la mañana, con la claridad del amanecer que iba en aumento, y tras el silencio nos llegó nitidamente el piar de muchos pájaros que despertaban al nuevo día. Esa algarabía, al principio tímida y después tan alegre, llegaba de la frondosidad de ese pino, tan cercano a su habitación.

Y es que, por si fuera poco a todo lo dicho, el pino que ella plantó, sirivió y seguirá sirviendo como refugio y nido para multitud de generaciones de pequeñas aves que, de poder hacerlo, estoy seguro de que también expresarían su agradecimiento.

Mirando hoy ese video, también se balancea mi mente hacia el pasado y el presente y recuerdo todo aquello contemplando a mi hijo, un bisnieto que mi abuela no llegó a conocer pero al que, de alguna manera, también hizo sonreír feliz bajo aquel pino. Tan frondoso, tan vivo.

No sé si ella llegaría a imaginar tanto.

Y me vuelve a asombrar el hecho de que en su día esas imágenes apenas me dijeran nada, y sin embargo hoy me dicen tantas, tantas cosas.



28 comentarios:

Gamar dijo...

No hace mucho, estaba buscando un disco de instalacion de Ubuntu 9.1 y terminé pasando horas con viejas fotos y videos.
Así es que mi productividad es tan baja a veces.
Pero la felicidad y la catarata de emociones que nos hacen sentir estos recuerdos son impagables.
Muy bueno el video y magistral, como siempre tu relato.
Un abrazo.

Juanjo dijo...

Desgraciadamente suele ocurrir asi. A veces cuando estamos viviendo un hecho no somos capaces de darnos cuenta de la intensifdad emocional del momento,solo despues,quizas mucho despues lo hacemos....cuando ya es tarde
Un abrazo

Ripley dijo...

querido JuanRa, justamente viendo el video pensaba en lo alto de las ramas a las que llegó tu abuela y mira por donde al final nos enseñas ese plano, muy bueno.

Samuel tenia unas sandalias como las mias que se comió lucas siendo cachorro.

me ha gustado mucho todo el relato, yo tb vi morir a mi madre una madrugada de agosto del 87. tenia que haberse marchado antes por un cancer de ovarios pero su corazon era tan fuerte que la mantuvo con vida 8 largos y durisimos meses.

un abrazo amigo mio

Txema Rico dijo...

El dulce columpiar de Samuel bajo ese pino, fue algo así como si estuviera meciéndose en los brazos de su bisabuela.
Bonito relato...también a la sombra de ese pino instalabais campamentos de indios, recuerdas?

Doctora Anchoa dijo...

Un post precioso. Y que ese pino siga dando sombra a muchas generaciones más.

Nuria dijo...

Que bonito Juanra! Creo que tu relato nos lleva a todos a echar una vista atrás en el tiempo y a recordar nuestra infancia y juventud... Precioso el video tambien! Un abrazo

Speedygirl dijo...

Digo lo que la Doctora, y la de cosas que quedan por pasar debajo de ese pino...

Peque dijo...

precioso,a mí me encanta que se vean ellos cuando eran pequeños, se quedan alucinados y les da entre curiosidad y vergüenza.

Sese dijo...

Preciosa historia que me ha dado de pensar que estamos aquí de paso, y que sería bonito ser capaces de dejar huella en esta vida y para que con el tiempo seamos recordados como algo bueno que ocurrió a los que nos conocieron.

Buen post, que además me ha servido para averiguar lo que es un cáncamo, que no es poco, con lo fácil que es decir un hierrucho de esos.

Saludos

Ana dijo...

Preciosa entrada, me gusta esa sensibilidad para hablar del pasado, de los recuerdos, de tu abuela, esa melancolia y ese amor por tu familia.
El video es precioso. Es curioso que con la distancia del tiempo veamos las cosas desde otras perspectiva. POr suerte lo has rescatado...
Tu abuela hizo muy felices a toda la familia plantando ese árbol, un verdadero recuerdo de ella.
Abrazos
;)

Amig@mi@ dijo...

Yo soy amante de los árboles. Pienso que tienen tantas historias escondidas entre sus ramas,su tronco y sus raíces... Hoy me diste la razón.
Precioso y entrañable post, Juan.
Un abrazo

Lillu dijo...

La cara de felicidad de tu hijo lo dice todo en esas imágenes. Lo que estaba disfrutando ese columpio! :)

A veces es necesario que pase tiempo para que nos demos cuenta de lo que significan realmente algunas cosas a las que en su momento no dimos importancia o no le encontramos sentido, es curioso.

saluditos

Anónimo dijo...

Es curioso que un momento que en su día no significó nada, incluso que pudo ser hasta algo aburrido, pasa a convertirse en un recuerdo muy intenso, lleno de emociones que probablemente jamás olvidarás.Un beso, Laura.

JuanRa Diablo dijo...

Gamar:

La productividad será baja, pero la rentabilidad emocional es impagable, amigo.
En cualquier caso nunca será una pérdida de tiempo.
Lo que sí me sorprende es que te haya dado ahora por estudiar una lengua africana. ¡Con lo difícil que debe ser el Ubuntu!

Gracias, Gamar :)

Juanjo:

Así es, y quizás porque tengo muy presente que esto es así, muchas veces lo recuerdo y me digo: "Eh, disfruta este momento"
De verdad que lo hago.

Ripley:

Ojala se pudieran evitar esos durísimos trances con que se enfrentan algunos en la vida. Si en casos de avanzada edad es duro no quiero ni imaginar lo de tu madre. Por suerte revestimos de tanto amor el recuerdo, que llega finalmente a vencer al dolor. O al menos eso creo.
Fuerte abrazo, Ripley

PD. Haz el favor de eliminar las sandalis del menú de Lucas, hombre. :D

Txema:

Sí, Txema, así podría verse si uno se para a pensarlo. ¿Acaso no lo habría hecho de haber podido? Y me encantaría habérselo hecho saber cuando vivía. "Algún día, un hijo de tu nieto..."

¿Y tanto que recuerdo aquel poblado Sioux! Y ya veo que tú también. :D Tengo que contarlo algún día.

Doctora Anchoa:

No me he parado a pensarlo, pero perfectamente podría ser. ¿A nietos mio? ¿A bisnietos también? Uff, me ha entrado vértigo... pero me encantaría.
Gracias ;)

Nuria:

Me alegra que te guste, Nuria. Muchas gracias.
Esta vez he venido repartiendo folletos de viajes al ayer. Y hay mucha parada que hacer , ¿eh?

Speedygirl:

Pues sí, que pasen, que pasen. Y que sean dignas de recordarse :)

JuanRa Diablo dijo...

Peque:

Así es, verdaderamente. Se miran de reojo mitad orgullosos mitad cortados. Parece que esto es una de esas verdades universales, jaja.

Sese:

Sin duda esa es una impronta del ser humano: dejar su huella en la vida y sobrevivir en el recuerdo.

Y parece que tú te esmeras por conseguirlo. Porque veo que dentro de cien años alguien dirá: " Ah, sí, aquel Sese que a los cáncamos los llamaba hierruchos de esos" xDD

Ana:

Gracias por todo, Ana.
Y esto nos debe servir para tener presente lo importante que puede llegar a ser el plantar un árbol. ¿No dicen que es una de las tres cosas que debemos hacer en la vida?

Amig@mi@:

En el campo, cuando por algún motivo se tenía que cortar un árbol yo cogía unos disgustos que ni te cuento. Yo sería de los que para cortar un solo árbol obligaría a plantar 10 a cambio.
Gracias, Montse.

Lillu:

Estoy de acuerdo. Incluso momentos que en su día te parecían un latazo, el tiempo puede hacer que los evoques con cariño. El tiempo es que es muy raro, ¿o somos nosotros? :p

Laura:

Es muy curioso. Puede que un día añore los días de marcha en la KKO, o incluso los de poleos...
Anda... ¡si ya los echo de menos!

Besos

papacangrejo dijo...

Te entiendo perfectamtne, a veces encuentro fotos de cangrejito y lo miro ahora...
Al final, eso es lo que somos, nuestros recuerdos.
Hermosa entrada, desde luego en el infierno no tienes futuro, siento ser yo el que te lo diga ;)

Lucy dijo...

hermoso :')

Juan Miguel dijo...

Como siempre y una vez más consigues que me quede fascinado con tus publicaciones, solamente decirte: gracias

anasister dijo...

Precioso Juan...no te puedes imaginar lo que nos hemos reído las nenas y yo viendo el vídeo..con los intentos fallidos de Samuel intentando mecerse pero quedándose muy corto...velo de nuevo y fíjate...es buenísimo..
Y no...no me creo que eches de menso ni hoy ni nunca tus noches de marcha en la KKO y similares.

Montse dijo...

Hola JuanRa, vengo de darme un paseíto por tu blog (lo de las entradas al azar se agradece) y me ha encantado.
Tu primera entrada, corta, pero intensa en contenido. Tus historias, tus rarezas ¿de verdad no te interesan los coches? ¡a mí sí! y todo lo que cuentas de tu amigo Matías y de la familia que es entrañable.

El vídeo del columpio es fantástico, por mucho que te empeñes en restarle importancia y los recuerdos, esos trocitos de vida que se guardan por un rincón de nuestro cerebro y que salen cuando les da la gana o cuando los provocas. ¡Ahí sí que has sido diablo provocador!

Un saludo ;D

JuanRa Diablo dijo...

papacangrejo:

Por más que os propongáis sacarme de aquí, el que nace malo... En la próxima entrada verás que debo seguir en el infierno. :p

Saludos agradecidos de Olobaid ;)

Lucy:

Gracias, flaka ;)

Juan Miguel:

Te agradezco estas visitas que tanto me gustan. Si quieres huir del frio yeclano, ya sabes... ¡al infierno! ;D

anasister:

No, no, entonces él no sabía que podía darse impulso con el cuerpo. Ahí me estaba diciendo "¡Mira lo que hago!" en un alarde de valentía que, por cierto, le duró poco porque se acojonó enseguida, jajaja.

Montse:

¡Hola! Este diablo se alegra enormemente de haberte traído a su morada (tentador que es uno...jeje)

Lo de los dados lo puse recientemente tras verlo en tu página. No sabía que podía hacerse algo tan chulo y te lo copié :)

Me parece que voy a pasar muy buenos ratos en tu blog. Me gusta su variedad, y esa buena filosofía con que lo llevas. Por si fuera poco veo que a veces propones juegos, como yo :D

En fin, bienvenida. Y nos vemos entre llamas y sin botánico :)

Misaoshi dijo...

Qué bonito, Diablo T_T Qué bonito

Ángeles dijo...

Ay que ver, JuanRa, cuando te propones reblandecernos el corazón te aplicas a fondo, ¿eh?

Y el vídeo a mí me transmite una agradable sensación de serenidad, de que everything's ok. Y en estos momentos concretamente algo así me viene muy bien.
Thank you.

Mae Wom dijo...

Qué penita la historia! Pero qué bonita también! A veces la inmortalidad se produce de la forma más insospechada.
Es una suerte tener un recuerdo y un símbolo tan importante de alguien querido, como un árbol.
Me retiro a saborear tu entrada.

JuanRa Diablo dijo...

Misaoshi:

:)

Ángeles:

Es un relajante vaivén, es verdad. Date todas las sesiones de columpio que necesites :)

Mae:

No se me ocurre nada mejor que un árbol para perpetuar el recuerdo.

Gracias.

Aquí me quedaré... dijo...

Me he quedado enganchada a la historia y al vídeo.

Es sorprendente la tarnura que tiene el relato del pino, de la historia familiar y el balanceo de tu hijo en el columpio.

Espero me dejes estar por tu blog.
Le doy las gracias a Montse, desde allí, me he acercado aquí

Saludos

JuanRa Diablo dijo...

Por supuesto, AMQ, estás en tu casa; y date por bienvenida.

Otra cosa no sé, pero aquí frío no vas a pasar :D

Gracias

Anónimo dijo...

pues es un video muy "majico" y también muy mágico, ya que con la música y la velocidad lo has dotado de una atmósfera hipnótica, relajante y muy hermosa. Muy emotivo lo de la muerte de tu abuela. Es curioso como en este artículo se dan la mano la felicidad y la frescura del niño y la tragedia de la ancianidad y la muerte. Suspiro.
carlos