22 de octubre de 2013

OTRA HISTORIA... LA GRIPE


Vicente y Presentación, así se llamaban dos de mis bisabuelos.

Tuvieron cinco hijos varones: Vicente, Severino, Conrado, Serafín y Santiago. 
El tercero, Conrado, nacido en 1896, sería mi abuelo materno.

A los siete les tocó vivir dos trágicos episodios de nuestra historia, que marcarían irremediablemente sus vidas.

En 1918, cuando mi abuelo tenía 22 años,  una  pandemia mundial de gripe sumió a millones de familias en el horror y la desesperación. 
Fue una gripe tan virulenta y devastadora que se hace difícil calcular cuántas víctimas hubo tras ella. 
Se calcula que entre 40 y 50 millones a escala mundial, (mucho más que en cualquier guerra) y que en España, uno de los países más afectados, se rebasaron los 275.000 fallecidos.

Desde la propagación de la peste en la Edad Media, no se había vivido nada parecido.

Informándome posteriormente sobre este trágico suceso, -y sin embargo tan poco conocido -, he sabido que duró dos años y medio, que los servicios sanitarios se vieron desbordados, y que faltaban tantos médicos que se dio una movilización voluntaria de los estudiantes de medicina.

En 1984, a sus 88 y 82 años respectivamente, mis abuelos Conrado y Anita me relataban sus recuerdos de aquellos meses terribles.
Les hacía yo una larga entrevista sobre el pueblo de Petrel, cuya grabación me sirvió para presentar un interesante reportaje en el Instituto.

- ¿Aquí en el pueblo? Claro que murió mucha gente. ¡Muchísima! Los enterradores no daban abasto. El pueblo estaba en silencio, y yo escuchaba desde mi cama cómo pasaba el carro que se iba llevando a los fallecidos al cementerio. Y así todos los días. Hubo familias que desaparecieron enteras.

Me contaron mis abuelos que, curiosamente, la enfermedad hizo mella primero en  los más sanos, llegando a  decirme los nombres de algunas familias adineradas y, por consiguiente, mejor alimentadas, en  las que la gripe se cebó sin dejar apenas supervivientes. 
También resulta curioso que aquella gripe fuera más mortífera en los varones; los que más posibilidades tenían de fallecer eran los hombres jóvenes de entre 15 a 40 años. 
Mi abuela  Anita,  entonces una muchacha de 16, se encontraba “sana como una rosa” pero me supo transmitir la pena inmensa que se vivía en el pueblo y algunas imágenes  que le quedaron grabadas.

- Lo del carro lo recuerdo bien. Iba parando delante de algunas casas y sacaban al muerto envuelto en sábanas. Una mañana fui a la fuente a por agua y me encontré con una mujer enferma que cayó allí mismo. Yo me asusté mucho. Aún me acuerdo de aquello.

- En mi familia enfermamos primero mi hermano Serafín y yo. Teníamos mucha fiebre y a toda hora estábamos pidiendo agua.  El médico iba de casa en casa sin poder hacer mucho, el pobre. A mi madre le dijo: “Presentación, hazte a la idea de que se te mueren. A lo mejor, con suerte, se salva Conrado. Pero sé fuerte y a seguir viviendo, mujer, ¡hay que vivir!”

Cuando Presentación le suplicó que hiciera lo que pudiera por sus hijos, el médico le dijo:
"Querida amiga, precisamente en el carro de los muertos que sale hoy, va mi esposa. Con eso se lo digo todo".

 - ¿Sabes lo que me salvó a mí? – proseguía mi abuelo, emocionado – Pues que iba por el pueblo una mujer dando una cucharada de aceite de ricino a los enfermos más jóvenes.
- Recuerdo a aquella mujer, - apuntó mi abuela - Iba sin miedo a todas partes, y entraba a  las casas sin ponerse el pañuelo en la boca.
 - Mi madre le pidió que me diera una cucharada a mí también, y me acuerdo que cuando me la tomé me puse a vomitar.  Y a partir de ahí empecé a mejorar.

Cuando por fin se pudo levantar de la cama, mi abuelo preguntó por sus hermanos, y entonces supo que ese carro que desde la cama había oído pasar y parar en su puerta, se había llevado para siempre a Vicente, el mayor.  
Afortunadamente Serafín, como él, parecía ir mejorando día a día.

Pero la situación se volvió tan desesperada que se anunció la obligatoriedad de informar cuántos enfermos había en cada casa, para apartarlos del núcleo de la población, intentando evitar la propagación.
- Fue entonces que enfermó Santiago, el más joven.

Su madre, no soportando la idea de que se llevaran a su pequeño, nada dijo a nadie, atendiéndole con sumo celo y preocupación.
En su desesperación, rogaba a Dios día y noche que Santiago sobreviviera.

“Señor, no te lo lleves ahora, llévatelo en otra ocasión si es menester, pero no ahora”

Mas Santiago se veía tan  débil, que nada hacía presagiar que fuera a superar aquella batalla contra la fiebre.  
Pero, para júbilo de toda la familia, el pequeño de la familia mejoró y sanó. 

Cuando todo pasó, el pueblo era un paisaje  de sombras, lleno de quietud y tristeza.  Apenas quedaban fuerzas para  poder desprenderse de tanto duelo y tanta pena, pero los supervivientes hubieron de rehacer sus vidas, juntos, dejando entrar en sus pechos, poco a poco, el tibio calor de nuevas esperanzas.


Algunos años después, mi bisabuela Presentación recordaría con dolor esa súplica que a Dios hizo. 

Y en muchas ocasiones de su vida se la escuchó lamentar el haberla hecho.

(CONTINUARÁ)

16 comentarios:

Sandra dijo...

Vaya historia y qué duras las palabras del médico, no imagino la angustia de tu bisabuela al oirlas. Estoy deseando leer el resto,no te demores,diablillo.

Misaoshi dijo...

Ay madre, sólo puedo imaginarme lo peor y ya me está subiendo la amargura sin haber leído nada...

Te odio, JuanRa :(

Anónimo dijo...

Qué emotivo. Se me ponen los pelos de punta imaginando la situación vivida. Qué cosas, ahora una gripe se cura con un par de dias en cama y antibióticos...!!!
Buen relato una vez más, amigo diablo.

Txema Rico

loquemeahorro dijo...

¿O sea que no fue el aceite de ricino en sí, sino que fuera un hemético lo que te podía ayudar?

Nunca lo había oído.

¡¡Continúa la intriga!!

Ana dijo...

Tremenda historia, se hace difícil pensar que cosas tan duras ocurrieran, conocía lo de la gripe española pero no sabía que era mas grave en hombres. Que horror oír todos los días el carro llevándose a los muertos, que dolor que hubiera tan poca esperanza, tuvo que ser una cepa de gripe de las mas virulentas.
Una historia emotiva, ya quiero leer como continúa aunque me parece que no se pone mejor, se siente triste...
Saludos
:)

Amig@mi@ dijo...

Vuelvo a decirte que si algún día escribes una novela, ME LA PIDO!!
Enganchas de una manera impresionante.
Un abrazo

Natty dijo...

A pesar de los acontecimientos creo que es una historia muy linda y muy interesante además ..
Me encanta conocer historias de la antiguedad contadas por sus protagonistas, mi abuelita era experta en contarme las suyas y podía escucharlas una y otra vez como si fuera la primera vez que las oía ..

Y a propósito .. LLEGÓ MI PREMIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Muchas muchas gracias =D me encantó!!!! Así que ahora con paciencia te toca esperar a ti =)

Anónimo dijo...

Creo que esto ya te lo dije: Por aquí se sigue recordando, (los mayores, los que fueron hijos de aquella generación) al año 1918 como el "año de la gripe" y cuando alguien se salva de alguna situación difícil, especialmente por su ingenio, mi padre que tiene 76 años aún dice " dónde se metería éste el año de la gripe..." Me resulta curioso y me gusta que permanezcan estas referencias históricas entre la gente, y si no fuera hoy por la documentación histórica y su divulgación nadie sabría de dónde viene ese dicho. También mi abuela materna estuvo enferma y si no me equivoco (lo confirmaré) perdió algún hermano.
Menos mal que, de momento, hoy en día sólo cogen esta gripe o su pariente los pollos de las granjas.
Estremece la humildad de tu pobre bisabuela que sólo pidió tiempo confiando en no llegar a ver morir a su hijo que es lo peor que le puede pasar a una mujer...

carlos

Anónimo dijo...

Me ha encantado "diablo" . He podido rememorar a los abuelitos haciendo sus narraciones. Qué interesante es escuchar las historias del pasado!! y qué diferente y dura era la vida de entonces...

Valentina dijo...

Ay Diabolete, qué dolor! Mi bisabuela tuvo 13 hijos (!!!) y perdió dos siendo muy pequeños. Perder un hijo es un dolor que me niego a imaginar siquiera.

Los nombres son maravillosos.Unas tías de mi cuñado se llamaban "Ida" una y la hermana, " Vuelta" porque nacieron una cuando se fueron a Chile y otra cuando volvieron a Argentina. :D

Montse dijo...

Tremenda historia y no puedo evitar pensar el sufrimiento de tu bisabuela de que podía perder a sus hijos, es lo peor para una madre.
Algo había oído sobre esa gripe espantosa, pero no conocía una historia así de primera mano y es que en aquellos tiempos, con tan pocos medios, cualquier epidemia podía ser dramática ¡escalofríos me dan sólo con pensarlo!
Dejas tu relato con una pizca de intriga ¡ay, mi diablillo! me gusta y ya tengo ganas de leer la siguiente entrega de tu relato.
Un besazo :)

Papa Cangrejo dijo...

Chungo chungo, ojalá no tengamos que volver a vivir una situación así, te imaginas en esa situación con tus hijos buff

Ángeles dijo...

Me gusta mucho cómo cuentas esta historia, con un tono que sin ser dramático transmite compasión y ternura.
Once again, te felicito.

Lo que más me llama la atención de esta historia y otras de este tipo es la capacidad de resignación que tenían las personas. No es que no padecieran ni sufrieran ni temieran, pero me parece que acostumbrados como estaban a la dureza de la vida, contaban con la muerte, con el hambre, con el dolor y lo aceptaban y lo superaban mejor que nosotros ahora, que nos ahogamos en un plato de agua, teniendo como tenemos muchos más recursos para todo.
Esas personas me causan admiración y me dan mucho que pensar.

Gracias por la historia. Y, parafraseando a Edith Wharton, terminaré "con ese ruego tan antiguo como el mundo: Cuéntanos otra."

JuanRa Diablo dijo...

Sandra:

Ya, ya estoy corriendo por no tardar demasiado. Estos días me siento un historiador con prisa :p

Misaoshi:

No adelantes acontecimientos, mujer

(Pero gracias por odiarme. Eso le gustará a mi jefe)

Txema:

Ya ves cómo han cambiado las cosas. De todas formas es que hay virus y virus, y aquel del 18 debió ser especialmente resistente.

loque:

Él siempre dijo que aquella mujer fue la que le salvó, pero yo no creo que fuera por el hecho de vomitar. Simplemente no había llegado su hora.

Ana:

He leído sobre la gravedad de aquel virus, que fue de origen aviar y que incluso llegó a matar a perros y gatos :O
Sigo escribiendo la historia, y en breve añado un nuevo capítulo.

Amig@mi@:

Es que si alguna vez escribo una novela... ¡¡me la pido hasta yo!! ¡No me lo creería! :D
Gracias!

Natty:

Si tu abuela te contaba esas historias que tanto te gustaban, entenderás mis ganas de transmitir las que me contaba mi abuelo, ¿verdad?

¡¡Me alegro de que por fin llegara tu premio!! Empezaba a pensar que se había perdido en el vuelo.

Un beso



JuanRa Diablo dijo...

Carlos:

Yo recuerdo haber escuchado otra expresión que se utilizaba a modo de consuelo cuando había alguna pérdida económica, y era aquella de "Más se perdió en la guerra", pero en este caso se referían a la Guerra de Cuba, mucho más antigua, y en la que, por cierto, estuvo mi bisabuelo Francisco.
También a mí me gusta "curiosear" y conocer el origen de aquellas expresiones.

Ah, cuidado si te pones a investigar sobre tus antepasados y descubres cosas... ¡podrías engancharte como me ha sucedido a mí!

Anónimo:

Cesa, ¿verdad? No has firmado pero lo intuyo.
Sin duda, el que nos cuenten historias del pasado resulta de lo más enriquecedor.

Valentina:

¡Qué bueno lo de Ida y Vuelta! :D
Hablando de nombres, a mi madre iban a ponerle el nombre de Presentación, en honor a su abuela, pero cuando ésta se enteró se negó en rotundo. "¡Ni se os ocurra, que nunca me gustó mi nombre!"
Y finalmente la bautizaron como Ana.

Montse:

A mí también me da un poco de miedo pensar en estas cosas porque, pese a haber avanzado mucho los tiempos, quién nos asegura que estamos libres de sufrir otra epidemia que se hiciera altamente resistente y mortífera. No, mejor no pensarlo.

(Lo de la intriga es pura maldad, ya sabes :p)

Papa cangrejo:

No la quiero ni imaginar, ¡¡qué impotencia!! La Naturaleza podría fulminarnos a todos si quisiera :(

Ángeles:

Me alegra MUCHO saber que te ha gustado porque ¡en menudo jardín me he metido, Ángeles!; de querer contar una anécdota sencilla a retroceder más y más en el tiempo, tomar datos y ordenarlos y hacérseme una historia larguísima. Y lo complicado que me está resultando tener que resumir para no hacerla pesada...

Pero es que sentía que merecía la pena contarla porque coincido contigo, aquellas personas tuvieron una vida tan dura y dolorosa que deberíamos tenerlas siempre presentes como referente y como ejemplo, y con todo esto quiero homenajear a mis antepasados y a toda aquella gente que tanto sufrió.

Y ahora te sigo contando, por supuesto. Escucha...

hitlodeo dijo...

Te envidio. Mis abuelos murieron cuando yo era niño.

Ahora me encanta que mi madre se quede con mi hija y le cuente historias de cuando eramos pequeños, o de cuando ella era pequeña. Mi hija disfruta y mi madre más.