11 de febrero de 2018

LA ANÉCDOTA DEL CARTERO Y LINA MORGAN


De vez en cuando llega un paquete postal al centro en el que trabajo y yo soy el encargado de recogerlo.  
Unas veces me entregan un albarán adjunto, sin más,  otras me piden que estampe un sello para que conste que ha sido entregado,  y otras, mis favoritas, he de  firmar sobre una pequeña  pantalla táctil. 
Digo que prefiero estas últimas porque suponen un reto de creatividad para mí,  sobre todo cuando no tienen ni utensilio para llevarlo a cabo.

- Da igual, con el dedo mismo.

¿Firmar con el dedo? ¿Puede haber un reto más divertido? Me parece tonto, pero se siente uno como un niño haciendo monigotes.

La primera vez solo fui capaz de dibujar un gusano electrificado, pero poco a poco he ido perfeccionando mi técnica, empleando más uña que carne, y últimamente consigo hacer un garabato más o menos legible. 

En realidad es una tontería esmerarse. Estoy seguro de que nadie pondría ninguna objeción si firmara  como Helena de Troya, o aunque escribiera “Aquí el diablo”.  
Pero aun así me afano por alcanzar el virtuosismo en el arte de firmar con el dedo.

Hablar hoy de esto me sirve simplemente de introducción para contar una anécdota que considero divertida. Me acordé de ella precisamente cuando el otro día llegó un paquete y el cartero (bueno, no era exactamente un cartero sino un mensajero) saludó con un sonoro “Buenos días”

Ocurrió hace años, cuando yo trabajaba  en el video club Brigadier, en Petrel (Alicante)
Guardo muy buenos recuerdos de aquel tiempo como dependiente, alquilando películas al público más variopinto, pero hoy sólo me detendré en contar lo que pasó con el cartero que casi todas las mañanas entraba al video club a dejar el correo.

No fue  un hombre con el que tratara más allá del habitual saludo o de cualquier tema relacionado con la entrega postal, pero siempre me llamó la atención su forma de saludar. Abría la puerta y alargaba sus “Buenos días” hasta llegar al mostrador.
“¡Buenos diiiiiaaas!”, decía, pletórico, y al entregarme las cartas en mano daba media vuelta y se marchaba con un cantarín “Adiooooos”, que también duraba lo suficiente como para que alcanzara la puerta.  

Dado que esto se repetía con asiduidad, el cartero pasó a ser uno de esos personajes que mi amigo Juan Luis y yo imitábamos para divertirnos. Sus “holas” y “adioses” eran una recurrente cantinela en nuestro habitual cachondeo. 
Y dado que Juan Luis pasaba a visitarme muchos días, no fueron pocas las mañanas  que fuimos espectadores de esos peculiares saludo más despedida del cartero. Cuando entraba permanecíamos en silencio, atentos a la consabida escena, que luego nosotros exagerábamos por nuestra cuenta hasta quedarnos sin respiración.

Había en un rincón del video club, frente al mostrador, un pequeño televisor sobre una plataforma en la pared, y en las mañanas tranquilas solía haber puesta una película. La mañana a la que me refiero,  el DVD estaba reproduciendo una película de Lina Morgan. Diría que era La tonta del bote, pero no me atrevo a asegurarlo. 
En cualquier caso, la miga del asunto está en que  la casualidad más grande del mundo quiso que la puerta se abriera y entrara el cartero para que EXACTAMENTE un segundo después de que concluyera  su aerodinámico “Buenos diiiiiaaaaaas”,  Lina Morgan exclamara:

“Hay asnos mucho más inteligentes que este cartero”

Imaginad nuestra cara de sorpresa (y la del cartero) al escuchar aquella frase inesperada. Eso y el ataque de risa que no dio a Juan Luis y a mí cuando se marchó. Nos estuvimos riendo  con ganas un buen rato.


Después, pensando en lo ocurrido,  se me quedó la preocupación de  que el cartero pudiera creer que lo habíamos hecho intencionadamente, que hubiéramos preparado la escena y tenerla en pausa para reproducirla en el momento en que él  entrara. 
No fue así en absoluto. 
Fue la más pura chiripa el que  Lina Morgan se burlara del cartero de la película cuando otro cartero entraba también en escena. 
No sé lo que pensaría el hombre, que se marchó sin decir nada, pero desde luego no merecía una chirigota así, siendo tan educado como era. 

Y bueno, esta es la anécdota que he querido contar hoy. 
Y me alegro de tener un blog donde poder compartirla porque el otro día leí que deberíamos guardar un minuto de silencio por todas aquellas anécdotas que no pudimos contar porque alguien nos interrumpió y después se cambió de tema. 

Creo sinceramente que no debe ser  bueno para la salud que una anécdota, por  tonta que sea, se nos quede dentro, sin ver la luz jamás. 

Hale, adioooooooooos.

13 comentarios:

Lillu dijo...

Yo querría saber si, después de aquello, el cartero siguió con sus musicales saludos. Si así fue, seguro que ni se dio por aludido con lo de la peli ;) Que por cierto, peliculón "La tonta del bote" XDD Hoy seguro que la prohibirían por algún motivo absurdo, burlas a algún colectivo u ofensas a quién sabe quien.

saluditos!

Montse Martínez Ruiz dijo...

Son de esas casualidades divertidas que ocurren y queni haciéndolo a propósito habría salido bien ¡me imagino la escena y me parto!
Yo iba a preguntar lo mismo que Lillu, que si después en su siguiente visita siguió saludando igual o no, aunque en realidad imagino que seguiría saludando igual, si esa era su manera de hacerlo a pesar de la escenita con la Morgan.

Adiooooossss!

Raquel dijo...

La verdad es que la anécdota es muy buena, aunque pobre cartero, espero que siguiera derrochando su buen humor y no se enfadara mucho por la casualidad. Y vaya casualidad ¿no?, cuando pasan estas cosas me acuerdo del bromista cósmico, ese ente al que se le achacan estas situaciones a veces tan surrealistas que no tienen mucha explicación.
Saludos!

Speedygirl dijo...

jajaja, qué buena! Claro que no lo habíais preparado con el pause! la realidad siempre supera a la ficción jajaja
(Por cierto, el cartero de mi curro también es un poco así, con esos hoooolaaaas y adioses cantarines. A lo mejor es el mismo ;P)

Papa Cangrejo dijo...

jajajaja si no te conociera pensaría que no lo habíais preparado jajajja

Ángeles dijo...

La anécdota es genial (mucho mejor que aquella del cartero y Pablo Neruda :D), pero no pretenderás que creamos que todo fue producto del azar. Como si no te conociéramos. Y no es que crea que tenías la peli en pausa esperando a que llegara el cartero, porque tú no necesitas recurrir a vulgares trucos electrónicos para tus fechorías...

Y hablando de trucos electrónicos, la firma "digital" es un invento muy tonto que le da a nuestra firma un aspecto analfabeto.

En cambio sí me gusta eso del minuto de silencio por las anécdotas no contadas. Una buena anécdota nunca debería morir en el silencio.

MJ dijo...

La anécdota es muy buena, pero yo también me pregunto si el cartero siguió con sus saludos cantarines. La verdad es que me ha dado un poco de pena... Si siguió como siempre es que no se dio por aludido...

MJ dijo...

P.D. He visto un montón de veces "La tonta del bote". Llamadme tonta a mí, pero me gusta esa peli.

Sara dijo...

Qué risaaaaa. O sea, que la casualidad SÍ existe. Pero eso le ocurrió porque, en esencia, tu amigo y tú os estabais guaseando, porque si no la frase de Lina Morgan hubiese pasado desapercibida... Llevas toa tu vida siendo diabólico.

Has hecho muy bien en comentar la anécdota. Es divertidísima, y, si no, se hubiera, como dices, perdido para siempre.

No recuerdo muy bien "La tonta del bote", pero recuerdo que sí me gustó.

Besos, JuanRa.

Conxita Casamitjana dijo...

JuanRa tengo que reconocer que la anécdota se las trae, es genial he soltado una carcajada imaginando la situación y lo difícil que sería aguantar la risa.Después me ha dado un poquito de pena esa pobrecito cartero, a pesar de ser un poco pesado qué mal se debió sentir aunque igual no se enteró.
Besos

JuanRa Diablo dijo...

Lillu:

Diría que sí, que todo continuó igual, porque aquel hombre era así de alegre, pero como hace ya tres décadas de aquello no me viene a la mente el momento.
Puede que ocurriera poco antes de cerrar el videoclub definitivamente.

Y muy cierto, hoy se da demasiada importancia a cualquier tonteria. No me extrañaria que hoy se censurara más que entonces.

Salud y tos, Lillu ;p


Montse :

¡Buenaas taaaaaaardes!

Como bien dices, y es lo que le acabo de contar a Lillu, aquella era la jovial manera de ser del hombre, y aunque hoy no lo recuerde, no creo que cambiara en absoluto.

Lo que sí recuerdo bien es la escena. Como para olvidarla, con lo que nos hizo reír… :D
Buen fin de semana, Montse

Raquel :

Y yo que no había oido hablar del bromista cósmico... Desde luego, aquel día aterrizó de cabeza en el videoclub, jaja
Un saludo, Raquel

Speedygirl:

¿Entrará el saludo en el temario para Correos? A ver si mi cartero y el tuyo estudiaron en la misma academia... :D


Papa Cangrejo:

Hummmm, no me ha quedado clara tu afirmación. ¿Crees que sí preparé la broma, que no o que todo lo contrario? :D

JuanRa Diablo dijo...

Ángeles:

Bueno, sí, las artes para conseguir todos mis propósitos siempre estarán ahí, pero aquel día la casualidad fue más rápida y más cuca que yo mismo, ya ves.

La firma digital... ¿no será un avance tecnológico mal orientado? Yo creo que avanza hacia atrás.

Que no te quepa la menor duda, es saludable que no nos quede nada dentro. Una anécdota sin contar puede convertirse en acné toda.

MJ :

Venga, un fuerte aplauso a ese cartero, no nos vayamos a quedar con penas ahora : )

Pues si has visto muchas veces esa peli, ¿me podrás decir si aparece esa escena del cartero? Es que no estoy seguro. También podría pertenecer a "Un día con Sergio" , otra de la Morgan.

PD: A mi me encantan las de Paco Martínez Soria. Si me llaman tonto por eso me consideraré un tonto muy tonto (y muy feliz)


Sara:

Hay una cita de Ian Fleming que dice:

"Una vez es coincidencia, dos es casualidad y tres es la acción del enemigo" :D

Pero mi naturaleza diabólica no tuvo nada que ver, ¿eh? Que me pilló relajado aquella vez


Me pasa lo mismo que a ti. No recuerdo nada la peli, pero es de esas que te hacen pasar un rato ameno y relajado.

Besos, Sara


Conxita:

Me alegra mucho saber que te hizo reir. Ahora siento que ha merecido la pena contarlo.

No, pesado nunca fue el hombre. Lo imitábamos entre nosotros porque alargaba mucho las vocales al saludar. Sí que se enteró porque se escuchó perfectamente y él mismo miró hacia el televisor al oirlo, pero supongo que lo veria como lo que fue, una casualidad más grande que una saca de Correos xD

Un abrazo

el chico de la consuelo dijo...

jajajaja
pero imaginad las de anecdotas que tendrá el cartero.
Igual ahora tiene un blog y cuenta choteos con gente como vosotros!!
Abrazos.