20 de mayo de 2018

TRES HISTORIAS DE FANTASMAS PARA DORMIR DESTAPADOS


LA UNA 
Como cada noche, el niño llama a su madre con desesperación.

De repente, un rugido  en la oscuridad dando dentelladas al silencio.

Ella se incorpora con pereza, se pone la bata y acude a la habitación del pequeño.

La madre se despierta, abre la boca y deja escapar un ronco bramido hacia su criatura, intentando trasmitirle el sosiego que necesita para descansar.

El niño le pide que mire debajo de la cama, pues ha oído la respiración de un monstruo.

- Cariño, ya te dije que los monstruos no existen.

El pequeño oye a su madre en el otro extremo. Con cierto alivio se enrosca y esconde la cara  entre su pelaje, buscando la forma de dejar de escuchar los siniestros sonidos que llegan desde lo alto.

De todos es sabido que en cada familia de monstruos suele haber un pequeño monstruito que tiene miedo de los seres humanos.

Si supieran que encima de sus cabezas solo hay inofensivas criaturas que tienen mucho más miedo que ellos...

LAS DOS

Le bastaron pocos días para descubrir que se sentía mejor a oscuras. Sin luz todo estaba en calma y  no aparecían esas presencias que tanto lo sobresaltaban.

Con los primeros rayos de la mañana el cuerpo se le comenzaba a tensar. Todo se definía  a su alrededor y era entonces muy fácil distinguirlos.
A veces tardaban mucho en llegar, pero solo era cuestión de tiempo verlos aparecer
Y, efectivamente, aparecían.

Por lo general simplemente se movían a su alrededor y parecían no verle. Ni siquiera cuando acercaban sus caras y podía ver cómo sus ojos quedaban fijos sobre él.
En esos instantes se quedaba muy quieto, procurando no moverse, ni siquiera al respirar. 

Podría haberse acostumbrado a su presencia, y relajarse y dejar de temerles si no fuera porque en una ocasión uno de ellos le atacó.
Había acercado su zarpa con intención de atraparle y le llegó a rozar. Pudo notar el calor que desprendía.
¿Qué habría ocurrido de no haber sido más rápido que aquella sombra?
No, seguiría muy atento a todo lo que hicieran. No debía confiarse. Eran peligrosos.

Y la magnitud del peligro se materializó aquella misma mañana en una silueta grande y oscura que se acercó a él sigilosamente.
Un golpe repentino lo lanzó lejos y sintió que todo su cuerpo se abrasaba por dentro. Estaba tan aterrado y desorientado que ni siquiera se daba cuenta de que no podía respirar, que estaba muriendo poco a poco.

Y verdaderamente habría muerto de no ser porque la asistenta lo vio en el suelo y rápidamente lo devolvió a la pecera.

"¡Virgen santísima!", pensó,  "Hay que vigilar mejor a ese gato"



LAS TRES

Se libró de la tromba de agua por tan solo unos segundos. El porche de aquel enorme caserón lo resguardó de la tormenta.
Mientras esperaba a que la lluvia cesara, curioseó a través de los polvorientos cristales y descubrió que la puerta estaba abierta. Pero el interior de la casa era siniestro como la más oscura caverna y no sintió deseo alguno de entrar.
Pasó más de una hora hasta que la lluvia comenzó a amainar y para entonces  había tan poca luz en el cielo que no se atrevió a volver sobre sus pasos. La caminata a través del bosque había ocupado gran parte de la tarde y tuvo miedo de regresar a oscuras y acabar perdiéndose.

Lo más sensato era pasar la noche allí y en un primer intento se acomodó lo mejor que pudo bajo el techado. Pero tras la tormenta llegó una brisa helada y húmeda que no fue capaz de resistir.

Y entonces entró.

Le recibió el más negro silencio.

 Cuando se acostumbró a la oscuridad fue capaz de distinguir algunos muebles mohosos, carcomidos por el tiempo. Al caminar notaba un suelo desigual y parcialmente embarrado, y en algún lugar sonaba una gota de agua sobre un charco.
Vio una ancha escalera a su derecha y con paso indeciso se dirigió hacia la planta superior.
Abrió la primera puerta que encontró a mano y se alegró de encontrar un colchón desnudo sobre un pequeño somier. Tras palparlo y comprobar que estaba seco se echó sobre él.
Estaba convencido de que pasaría la noche en vela.
No conseguía entrar en calor y decidió arrancar las cortinas de la ventana para cubrirse con ellas.
Se estaba acomodando de nuevo cuando oyó un fuerte ruido en la casa que lo dejó petrificado. 
Dedujo que la puerta de la entrada se había cerrado por el viento y trató de calmarse ante tan lógica explicación, pero poco después le llegaron unos golpes sordos, amortiguados, como los de unos pasos subiendo las escaleras sin prisa.
Movido por un pánico repentino, se levantó de un salto, arrastró la cama hacia la puerta y se sentó sobre el colchón. Ahora estaba seguro de que en la casa había alguien más y no iba a permitir que entrara en aquella habitación sin conocer sus intenciones.
Agudizó el oído pero ya no escuchaba movimiento alguno.

Quedó en completo silencio unos minutos más.

¿Y si todo había sido una mala jugada de su imaginación?
¿Quién iba a aparecer de repente en una casa abandonada en medio del bosque en una noche como aquella?
Pero la manivela de la puerta se empezó a mover.
Quiso gritar, preguntar quién había al otro lado de la puerta, pero simplemente se volvió hacia la cámara.

-       Lo siento, necesito ir al cuarto de baño – dijo con un hilo de voz. Y abandonó la habitación  por detrás de los decorados.
-       ¡Maldita sea! – exclamó el director - ¡Corten! ¡Con lo mal que vamos de tiempo!

Desde un rincón en penumbra, el productor sonreía complacido. Con toda probabilidad, aquella película de terror iba a ser un sonoro éxito si el actor principal se estaba cagando de miedo.

7 comentarios:

Papa Cangrejo dijo...

La segunda me ha sorprendido jejejeje

Montse Martínez Ruiz dijo...

Sorprendentes las tres historias ¡qué bien describes esos miedos, JuanRa!
La última y ese final, doble final diría yo, me ha encantado.
Un beso enorme.

Nacho dijo...

Que ingenioso y ocurrente eres escribiendo, Señor Diablo!
Muy buenas las tres historias.

Saludos

Ángeles dijo...

Qué buenos!

Creo que el primero es mi favorito. Sorprende, es tierno y encierra un poco de filosofía y todo.

El segundo no es menos chulo, pero ya me estaba esperando un juego literario de engaño y me ha sorprendido menos.

Y el tercero es también muy bueno. Éste me ha sorprendido también, y con más mérito por tu parte, porque aunque ya sabía que me ibas a engañar, no me esperaba ese engaño escatológico, jaja.
Y además, como ha dicho Montse, tiene un final doble, cosa nada fácil de conseguir: sorpresa sobre sorpresa.

Un aplauso!

Conxita Casamitjana dijo...

El primero me ha parecido de una gran ternura y precioso, he imaginado esos temblores debajo de la cama llamando a mamá y ese monstruo durmiendo a pierna suelta. Y es que todo depende del cristal con el que se mire.
El segundo una sorpresa, vaya con el gato y el pobre pececito.
Y el tercero me ha hecho reír porque si el protagonista ya está así, pobres espectadores.
Un abrazo

JuanRa Diablo dijo...

Papa Cangrejo:

¡Y eso que los peces te son familiares! :P ¡Gracias!

Montse:

La tercera tiene ese momento para las famosas "tomas falsas" de las pelis, ¿verdad?
Y yo creo que a la fuerza habrá existido algún actor que en un rodaje pasara miedo de verdad :D

¡Gracias!

Nacho:

Me alegra saberlo, Nacho, y aún más verte aparecer por aquí otra vez. Gracias. :)

Ángeles:

Cuando supones que un colchón puede separar dos terrores nocturnos...
Cuando piensas en un ser ante un panorama que le escama y le da mala espina...
O cuando imaginas un guión que obliga a excusarse para ir al excusado...
... no hay más narices que venir aquí a contarlo, ¿no crees? xD

Thanks!

Conxita:

Pues si has recibido ternura, sorpresa y risa, ¿qué más puedo pedir?
Son tres historias de miedo que no dan ningún miedo pero que me lo han hecho pasar de miedo. Creo que se entiende, ¿no? :D

Muchas gracias a ti también, Conxita.

Metalsaurio dijo...

Muy sorprendentes los 3 y me quedo con el tercero! Desde luego, si al actor le entran ganas de ir baño posiblemente se lo contagie también al público! :)