17 de octubre de 2008

TARDES DEL C.E.A.M.



El pasado mes de septiembre cumplí un año trabajando en el C.E.A.M. de Villena (Centro Especial de Atención a Mayores) y todavía no había escrito apenas nada al respecto.
La verdad es que el año se me ha pasado como un suspiro, cosa que achaco al bienestar en el que me encuentro desde que llegué. Las tardes que aquí paso (mi horario es de 13 a 20) son tan relajadas y gratificantes para mi espíritu que considero que todo viene a ser un premio a la paciencia y a la constancia tras tantos años trabajando en Elche ( trece nada menos ) antes de aterrizar aquí.

La diferencia es notable. Seis años de conserje en un instituto de secundaria, haciendo todos los días fotocopias a mansalva y batallando con adolescentes de hormonas encabritadas. Otros siete años más en el servicio de limpieza de otro instituto, realizando una labor tan ingrata y poco gratificante que me iba mermando los ánimos con el paso de los años. El instituto aparecía cada día tan sucio o más que la jornada anterior.

Pero por fin, un cambio sustancial. Por fin, el Paraíso. Los 144 kms diarios desde mi casa al trabajo se han reducido a 44. No hay fotocopias que hacer ni apestosa lejía que usar. Adiós a los atascos de papel y a los eternos bailes con la fregona. No más estrés ni desánimos. Hoy solo he de saludar, sonreír y escuchar.

El edificio en el que ahora me encuentro es una construcción de 2 plantas de aproximadamente 75 años de antigüedad. Fue colegio y hospital de guerra antes de ser el hogar de estos jubilados que lo visitan cada tarde.
Me he molestado en contar las ventanas que lo rodean. Nada menos que 70 y todas muy altas. Imaginad lo luminoso que es.
La mayor actividad se produce por las mañanas, cuando yo no estoy, en las que se llevan a cabo talleres y actividades de todo tipo. A mí me tocan las que en teoría son las horas aburridas, pero que para mí no lo son en absoluto (salvo algunas modorras que me embotan el cerebro unos minutos después de comer) Pero dada mi afición a leer y escribir no me permito estar ocioso en ningún momento.
Y así, soy como el anfitrión de este enorme "castillo" y me encuentro en la misma entrada para dar la bienvenida a entre los 50 y 60 jubilados que asisten cada tarde para jugar al dominó o a las cartas y saludar a otras tantas jubiladas que vienen a jugar al bingo o a peinarse en la peluquería. Poco más que eso.

Creo que me he sabido ganar el cariño y el respeto de la gente que ya me conoce aquí y eso sí es lo mejor de mi nuevo trabajo. La mayoría de ellos me saludan por mi nombre, cosa que no es recíproca lamentablemente. Son demasiados nombres los que habría de preguntar y memorizar. De todas formas en un año he tratado con algunos mayores más a fondo y ya conozco sus nombres.
Como Vicente, sordo como una tapia, que se lee el Marca de cabo a rabo y me felicita cuando gana el Madrid y yo a él cuando lo hace el Barça, o Mateo que debe creer que mis días aquí son un suplicio y cada tarde al entrar exclama “Juanitooo, que ya queda menos para el viernes" o Nieves, cuya afición por la cocina me ha reportado algún que otro dulce casero de sus manos.

También he de reconocer que algunos me irritan un poco, sobre todo los que se enfadan cuando pierden y alzan la voz y se van a su casa despotricando contra todos. Sin duda parece cierta la paradoja de que los viejos se van comportando como niños conforme pasan los años. Algunos se enfurruñan como ellos, otros se hacen más sensibles, más indefensos y dependientes, también como ellos.
No es fácil encontrar a una persona mayor que derroche optimismo, pero las hay. Ahí está Josefina, una viuda que vive sola a sus 84 años y que habla mucho conmigo.
"A mí, Juan - me dice - me gusta rodearme de gente joven. Los jóvenes me contagian la alegría y las ganas de vivir. Cuando estoy con la gente de mi edad, a la que no le duele una cosa le duele la otra y la que no se queja de un pito se queja de una flauta. Yo no quiero gente así a mi lado. A mi también me duele todo, como a todos los viejos, pero no voy a estar dando la monserga todo el día..."
Me gusta especialmente su sentido del humor.
"Todos los años - dice - le pido a los Reyes Magos que me traigan un Bertín Osborne. Pero mira... nunca me lo traen." Yo me río y ella se alegra y lamenta que algunas personas de su generación le reprochen esas salidas, por considerarlas poco apropiadas para una mujer de su edad.

Otra persona que me llamó mucho la atención desde el primer día en que la conocí es Pepe. Yo le he bautizado como “el viejo de los caramelos” Noventa años expuestos sobre su piel y sus huesos, pues solo eso es lo que parece tener: piel y huesos. Sin embargo sigue activo y todos los días hace los pocos recados que su mujer le pide. “Me voy a hacerle un mandao a la Pepa”, dice con la dentadura bailándole en la boca.
Vive justo enfrente de la entrada principal y suele estar asomado al pequeño balcón de su salón. Cuando me ve me llama “Eh, joven” y hace un gesto con la mano para que me acerque. Entonces se retira unos segundos para volver a asomarse al balcón con un par de caramelos en la mano. Me lanza uno y después el otro y eso parece divertirle mucho.
Pepe nunca ha venido a jugar al dominó o a las cartas pero de vez en cuando baja un momento de su casa y se asoma para preguntarme qué día es.
- ¿Hoy es lunes?
- Sí, hoy es lunes
- ¿Martes?
- No, lunes, lunes
- Vale, gracias - y se marcha con su batín de invierno (que le he visto llevar también este verano), susurrando "lunes, lunes, lunes..."
Unos minutos después se vuelve a asomar
- ¿Me has dicho lunes o martes?
Esta escena se ha repetido idéntica en muchas ocasiones, cambiando si acaso el día de la semana.

Ayer mismo ocurrió algo que quiero dejar aquí reflejado . Ahora me doy cuenta de que es el motivo que me ha empujado a escribir un poco sobre estos hombres y mujeres que viven el otoño de su existencia.
No había ya nadie en la gran sala de juegos donde se encuentra la mesa de información en la que estoy ubicado la mayor parte del tiempo. Hasta mí llegaban, amortiguados por techo y paredes, los sonidos de la música y los pasos de baile de un grupo de mayores (hombres y mujeres) que vienen dos veces por semana para ensayar bailes regionales en el piso superior. Unos tocan la bandurria, otros cantan y otros bailan.
El eco de unos zapatos bajando lentamente la escalera trajo poco después ante mis ojos a uno de los componentes de este grupo al que he saludado muchas veces pero del que desconocía su nombre. Sólo sabía que toca la bandurria.
- Bueno - me dijo - Se acabó.
Interpreté sus palabras como que había dejado de ensayar y se marchaba ya a casa.
- ¿Ya ha terminado por hoy?
- No, he terminado para siempre.
Me quedé callado esperando una explicación para esa contestación que no esperaba. Pero no dijo nada. Vino lentamente hacia mi mesa y se sentó en la silla que tengo delante. Suspiró ruidosamente. Enseguida me percaté de que estaba emocionado.
- Son muchos años - se explicó al fin - He cumplido ochenta y ya no es como antes. Me empezaron a fallar las piernas pero he seguido viniendo. Pero ahora... - y los ojos empezaron a brillarle - ahora me fallan las manos. Ya no puedo tocar.
Me quedé en silencio, acongojado por el dolor que transmitía, sin saber qué decirle.
- Todo esto... - miró a un lado y al otro del salón, como si quisiera llevarse el recuerdo del lugar con él. Iba a decir algo más pero supo que si continuaba hablando se le escaparían las lágrimas. Así que se levantó y me alargó la mano para despedirse.
- Bueno, ya me he despedido de los de arriba. Me despido también de ti.
- ¿Cómo se llama usted?
- Antonio
- Que le vaya muy bien, Antonio - le dije estrechando su mano con mi mayor afecto
- Sí, eso espero -dijo mientras salía - Que me vaya bien.

Se cerró la puerta y me quedó en la garganta el peso de las cosas que podía haberle dicho y no supe o no pude. Estuve mirando mucho tiempo la puerta por la que se había marchado mientras me seguía llegando el sonido de las bandurrias y los cantos de arriba.
Era una melodía alegre, pero en esos momentos sonaba triste; muy triste.

20 comentarios:

Txema Rico dijo...

...ehhhh!! eeeee el médico de loooog pieeeeeesss?....

Anónimo dijo...

Qué bonito Juan!! Me has sabido transmitir no sólo lo que tú sentiste sino lo que sentía aquel anciano, a pesar de encontrarme muy muy lejos de su situación. Una historia muy entrañable llena de tiernas anecdotas que me han hecho sonreir con ternura. FRAN.

Anónimo dijo...

Una pregunta:¿Por qué sale que mi comentario ha sido realizado a las 5:19 cuando en realidad lo he hecho a las 14:19? Por cierto "Txema" qué puntería...un poco más y escribimos el comentario a la misma hora, minuto y segundo....FRAN

JuanRa Diablo dijo...

Exlico lo de Txema : Cuando los mayores me llaman por teléfono nunca me preguntan si es el CEAM, dicen : "Eh loh pensionistah?" y cuando quieren hablar con la podóloga piden que les pase con "la de loh pieh"

Fran, sabía que te gustaría la historia porque tu adoras a los viejecicos.
Como no sé arreglar lo de la hora la he quitado sin más.

Anónimo dijo...

"Internete" tiene su propio espacio y tiempo,que nadie intente comprenderlo porque es lo mas parecido al demonio que existe pues intenta confundirnos.
Hace tiempo recibí un correo que decía"estoy estudiando en la biblioteca........."parecería normal si no fuera por la hora LAS CUATRO DE LA MADRUGADA?bueno pensé.........está en Salamanca igual allí hacen horas extras por eso de la universidad.........

March La Cinefila Desconocida dijo...

Wow, como me gustaría que aquí se les tratara con tanto cariño a los adultos mayores. Ah, y comprendo perfecto lo que puede desgastar hacer una labor ingrata. Que bueno que te guste el CEAM

geminisdespechada dijo...

buf, me ha emocionado la historia de antonio porque me llega.. pienso en no poder tocar y.. qué pena..

geminisdespechada dijo...

por cierto, que gracias por tu visita :)

Anónimo dijo...

Me ha encantado. La historia de Antonio enternece mucho.
Laura

Helena dijo...

Siempre tengo tiempo para leerte y para dedicarte unas palabritas, por muy madrileña que me haya hecho jeje!
Bonito articulo... y te entiendo perfectamente porque yo sentia lo mismo, con mis abuelitos, los del hospital o los del centro de salud... al final son como tus abuelitos. Algo tan simple como acordarte y llamarle por sus nombres les hace tan felices....
Un abrazo!

Mar dijo...

No me da tiempo a visitar todo tu blog (prometo intentar volver), pero con este relato te quería dar las gracias, con tu permiso. Has conseguido arrancarme sonrisas y lágrimas. Y me ha enganchado desde las primeras lineas. No dejes de escribir. Gracias.

PD: En serio esa es tu fecha de nacimiento? el 06-06-66??? Que put... beep, no?

Ana dijo...

En los ojos del joven arde la llama...en los del viejo...brilla la luz.Y escribo esto con làgrimas en los ojos de lo muchìsimo que me has emocionado.Què bonita historia...pero què triste...

JAVIER dijo...

Amigo!... que bien escribe.
Un texto bien redactado, con mucho sentimiento, muy humano.

Saludos desde Japon.

pichiri dijo...

Si hubiese leido este articulo antes de publicar el último que yo he escrito, hubiera tomado el tuyo como ejemplo de lo que busco cuando leo, la inmensa grandeza de lo cotidiano, el desconocido mundo interior de los desheredados, la insignificancia que puede llenar una existencia. Se puede seguir siendo feliz cuando existe un motivo que justifique nuestra presencia, pero sin el...

JuanRa Diablo dijo...

Mar:

Un mar de gracias por tus palabras.
Lo de la fecha es en serio (¿A que mola?)

Ana:

No se si te ocurre a tí también o es a mí por trabajar aquí, pero me acuerdo mucho de los cuatro abuelos y me entran unas añoranzas...

Javier:

Leí tu blog entero y no dudé en colocarlo como referente en el mío.
Arigatô amigo Javier

Papá:
Tus palabras me llenan de satisfacción. ¿Cabe mi blog en tu biblioteca?

Anónimo dijo...

BUENO,BUENO.......
!!!ES FANTASTICO, ES LO MEJOR K E VISTO EN UN BLOG!!!COMO SE K ES UN HECHO REAL LO TENDRIAS K PONER EN UN LIBRO POR K TE HARIAS FAMOSO...ADEMAS YA ERES FAMOSO JEJEJE.ES MUY PROMETEDOR PORK E EMPEZADO Y NO PODIA TERMINAR DE LO EMOCIONANTE K ESTABA POR K ES UNA ISTORIA K NUNCA E OIDO Y TE MERECES UN...1000000000 DE PUNTOS.
JEJEJEJE
MUCHOS BESOS DE TU FAN JUDIT.BSS

peibol dijo...

Cuando veo a mis tías abuelas en la residencia, se me cae el alma a los pies; ¿por qué hay que pasar por el engorroso periodo de la vejez antes de llegar a la muerte? ¿Por qué ha de dilatarse tanto? ¿Qué necesidad hay de que el declive se acentúe tanto...? Da gusto ver a gente como la mujer que describes, tan jovial; yo tengo el mejor ejemplo en mis abuelos; mientras los maternos están achacosos, el paterno se mantiene activo y con la mente despierta. Espero que sus genes sean dominantes...

Pecosa dijo...

Tienes un don para transmitir sentimientos mediante la escritura, JuanRa. Tus textos llegan tanto...
Además, hasta ahora no había leído nada tan explícito sobre el trabajo que realizas, me ha gustado saber algo más sobre ello.

Mi madre trabaja en una residencia de ancianos, y por un lado le encanta el trabajo con la tercera edad, pero por otro es cierto que hay varios aspectos que tocan la fibra inevitablemente.

El edificio es impresionante, por cierto.

Anónimo dijo...

Yo escribí algo el otro día aquí pero se ve que no le di a "publicar".
Bueno pues no quiero dejar que sepas que me emocionan estas entradas que dedicas al C.E.A.M, como la que hiciste hace unos meses por la muerte de José o ese video clip tan impresionante en el que contaste con tus "parroquianos" para celebrar un aniversario del blog, ese en el que los abuelos iban mostrando los nombres de tus amigos blogueriles.
Un día te dije que envidiaba tu trabajo por la gente con la que tratas pero,por otro lado, también está unido a la tristeza muchas veces porque en estos siete años habrás visto desaparecer a muchas personas a las que cogiste cariño como este señor Pepe que imagino hará tiempo que murió.
Qué diferencia, ¿verdad? entre la educación de estas personas -hablo en general porque ya sabemos que también hay muy bordes- y la de muchos de los críos actuales como aquellos a los que un día recogiste la pelota que saltó la verja del cole.

carlos

JuanRa Diablo dijo...

Una vez más, Carlos, me maravilla comprobar lo bien que recuerdas las cosas que de mí has leído, y la buena memoria que te lleva a enlazar unas entradas con otras.

Imagina que después de haber trabajado varios años en un instituto de secundaria, rodeado de jóvenes repletos de energía, he pasado al extremo opuesto y ahora solo trato con personas jubiladas, algunas de tan avanzada edad que sin duda se encuentran en el final de su existencia.
Y en estos siete años aquí, es ley de vida, he dejado de ver algunas de esas caras conocidas. Algunos me han calado tan hondo que no puedo por menos que escribir sobre ellos.

La última en irse ha sido mi querida Josefina, a la que dedicaré una entrada próximamente.

Un abrazo (y gracias por ese nuevo recorrido al blog este verano. No sabes la ilusión que da :))