Siempre me han hecho mucha gracia este tipo de expresiones:"A ese le falta un verano"
"Parece que le falte un fin de semana"
"Yo creo que le falta un hervor".
Aunque no tengo muy claro ante qué situaciones concretas se pueden emplear. ¿Se refieren a personas poco cuerdas? ¿ a las tontas? ¿a las excéntricas? ¿a las locas de atar?
Porque me parece a mí que casi todos podríamos ser susceptibles de recibir piropos de ese tipo si observaran nuestras manías de forma aislada o las sacaran de contexto y sirvieran para tener una imagen errónea o incompleta de nosotros.
.
Porque me parece a mí que casi todos podríamos ser susceptibles de recibir piropos de ese tipo si observaran nuestras manías de forma aislada o las sacaran de contexto y sirvieran para tener una imagen errónea o incompleta de nosotros.
.
Quien más o quien menos todos tenemos nuestras rarezas. Menos común es que vayamos haciendo alarde de ellas si somos conscientes de que el hacerlas públicas nos expondría a que nos tacharan de bichos raros.
Saco todo esto a colación tras leer la última entrada del blog de mi amigo Peibol, en la que enumera algunas de sus Rarezas y reta a sus lectores a que hablemos de las nuestras. Y como este es un blog personal en el que, lógicamente, hablo de cosas personales, el tema me parece divertido y soy el primero en admitir que algo de bicho raro tengo, le recojo el testigo sin complejos y paso a hablar de MIS RAREZAS.
Ya me suben a la cabeza unas cuantas:
1) Me gustan los libros usados. Si me dan a elegir entre un libro completamente nuevo y otro que haya pertenecido a alguien, me quedo con éste último, pues le encuentro mucha más vida. Sobre todo si está subrayado y con anotaciones. Entonces es perfecto.
Me gusta oler las páginas de los libros (nuevos y viejos) y antes de empezar una novela mantengo el ritual (durante años ya) de leer la última palabra antes del FIN. Sólo la última.
2) No me interesan nada —pero nada de nada— los coches. Se me ha dado el caso de pasar junto a cochazos impresionantes (léase Porsches y otros de esos “de alta alcurnia”) y mientras mis amigos flipaban y se acercaban a admirarlos, yo ni tan siquiera me había percatado. Para mí son chasis con cuatro ruedas que te llevan a los sitios. Punto. (Sobre mi indiferencia hacia el mundo automovilístico ya escribí algo, por si os apetece leer más)
3) Me atraen los lugares abandonados. Entrar a una casa vacía, de techos semihundidos, con enseres olvidados cubiertos de polvo, en donde el tiempo parece haberse detenido para siempre. Ese silencio que te envuelve y te da pellizcos en las tripas. Y cuanto más me desasosiega más me gusta. (Por eso es un placer husmear por el blog Ultima visita, de mi amigo Umpi.)
4) Me como los bocadillos por sus laterales. En vez de principio a fin ( de punta a punta) como tocando una flauta, lo hago de lado y de un extremo al otro como si de una armónica se tratara. No me doy ni cuenta hasta que me lo dicen.
5) El alcohol me sube a la cabeza al minuto de beber un simple trago de cerveza. Os podrá parecer mentira, pero de verdad que hasta noto el poquísimo alcohol que tiene una cerveza SIN. Con bien poco ya me empieza la risa floja. Cuando me tomo unos vinos o algo por el estilo suelo reír, cantar en voz alta o hacer el cherokee sin avergonzarme.
6) Me fascina que me chafen las piernas, que me las aprieten con fuerza. Me gusta que me masajeen todo el cuerpo en general, pero no me gustan los masajes suaves sino los que llegan hasta el hueso. Babeo de placer cuando pillo a mis hermanos con ganas de una sesión de esas en las que me dan una buena paliza. Sobre todo pido que me taladren con los dedos los gemelos de las piernas y me machaquen esos músculos. No es que sea un masoca, es que es un doloroso placer cuando mi cuerpo está en tensión, que es casi siempre.
7) No entiendo nada de nada el lenguaje bancario. Para mí es lo mismo una factura que una letra que un recibo que un pagaré. Igual de abstracto. Y ha habido almas caritativas que con toda la paciencia del mundo han intentado explicarme historias de esas sobre depósitos, intereses, rentas, fondos garantizados, préstamos de interés variable... pero se me queda tal cara de memo que han desistido y tirado la toalla. Lo siento, me aburre tannnnnto.
Vale, creo que con 7 ya está bien. Me vienen a la cabeza algunas más pero no es cuestión de que todos empecéis a pensar que me falta un fin de semana.
1) Me gustan los libros usados. Si me dan a elegir entre un libro completamente nuevo y otro que haya pertenecido a alguien, me quedo con éste último, pues le encuentro mucha más vida. Sobre todo si está subrayado y con anotaciones. Entonces es perfecto.
Me gusta oler las páginas de los libros (nuevos y viejos) y antes de empezar una novela mantengo el ritual (durante años ya) de leer la última palabra antes del FIN. Sólo la última.
2) No me interesan nada —pero nada de nada— los coches. Se me ha dado el caso de pasar junto a cochazos impresionantes (léase Porsches y otros de esos “de alta alcurnia”) y mientras mis amigos flipaban y se acercaban a admirarlos, yo ni tan siquiera me había percatado. Para mí son chasis con cuatro ruedas que te llevan a los sitios. Punto. (Sobre mi indiferencia hacia el mundo automovilístico ya escribí algo, por si os apetece leer más)
3) Me atraen los lugares abandonados. Entrar a una casa vacía, de techos semihundidos, con enseres olvidados cubiertos de polvo, en donde el tiempo parece haberse detenido para siempre. Ese silencio que te envuelve y te da pellizcos en las tripas. Y cuanto más me desasosiega más me gusta. (Por eso es un placer husmear por el blog Ultima visita, de mi amigo Umpi.)
4) Me como los bocadillos por sus laterales. En vez de principio a fin ( de punta a punta) como tocando una flauta, lo hago de lado y de un extremo al otro como si de una armónica se tratara. No me doy ni cuenta hasta que me lo dicen.
5) El alcohol me sube a la cabeza al minuto de beber un simple trago de cerveza. Os podrá parecer mentira, pero de verdad que hasta noto el poquísimo alcohol que tiene una cerveza SIN. Con bien poco ya me empieza la risa floja. Cuando me tomo unos vinos o algo por el estilo suelo reír, cantar en voz alta o hacer el cherokee sin avergonzarme.
6) Me fascina que me chafen las piernas, que me las aprieten con fuerza. Me gusta que me masajeen todo el cuerpo en general, pero no me gustan los masajes suaves sino los que llegan hasta el hueso. Babeo de placer cuando pillo a mis hermanos con ganas de una sesión de esas en las que me dan una buena paliza. Sobre todo pido que me taladren con los dedos los gemelos de las piernas y me machaquen esos músculos. No es que sea un masoca, es que es un doloroso placer cuando mi cuerpo está en tensión, que es casi siempre.
7) No entiendo nada de nada el lenguaje bancario. Para mí es lo mismo una factura que una letra que un recibo que un pagaré. Igual de abstracto. Y ha habido almas caritativas que con toda la paciencia del mundo han intentado explicarme historias de esas sobre depósitos, intereses, rentas, fondos garantizados, préstamos de interés variable... pero se me queda tal cara de memo que han desistido y tirado la toalla. Lo siento, me aburre tannnnnto.
Vale, creo que con 7 ya está bien. Me vienen a la cabeza algunas más pero no es cuestión de que todos empecéis a pensar que me falta un fin de semana.
Tanto no.
Si acaso un hervor.


























