A ver cómo lo planteo para no provocar una espantada general... (Que no se me ocurra nombrar la palabra poesía, por si acaso)
Este es uno de esos juegos de colaboración bloguera que a mí tanto me gustan. Espero que tras leerlo nadie me salga con cosas como:
"¿Huele a quemado? ¡Aay, que me he dejado las lentejas al fuego!"
"Ah, pues... ya paso luego si eso... después y tal"
"Uff, es que a mí no se me ocurre nada nunca, jamás"
"Te juro que lo haría pero el perro me está mordiendo los calcetines. Quiere su paseo. Mira que lo siento..."
"¡No me ha visto!... Me voy sin hacer ruido... des-pa-ci-to."
De verdad que lo único que me apetecía hoy era ponerme a cazar musarañas, pero justo ahora acaba de terminar la temporada, y algo tenía que hacer, ¿no?
Lo que yo vengo a pedir (mejor pedir que robar) es que me regaléis un haiku, algo que está al alcance de todos. Lo correcto sería que adjuntárais 10 euros de inscripción para hacerlo, pero por ser lectores de este blog, (atención, sé que vais a saltar de alegría): ¡¡lo podréis hacer gratis!!
Veréis qué fácil.
Lo primero, explicar qué es un haiku.
El haiku es, como se adivina al pronunciar la palabra, algo japonés, concretamente una de las más importantes manifestaciones de la poesía literatura tradicional de aquel país. El haiku es muy antiguo. Cuando los padres de nuestros bisabuelos comían sopa ya había japoneses que los escribían, así que uno ha de ponerse muy serio ante ellos, por respeto a tan venerable tradición.
Consiste la cosa en un poema muy corto, de tan solo 17 sílabas, distribuidas tal que así:
_ _ _ _ _ 5
_ _ _ _ _ _ _ 7
_ _ _ _ _ 5
No existe rima en ellos, ni tienen título, y su temática está relacionada con la naturaleza.
Un ejemplo sería:
Brote escondido. (bro-tes-con-di-do = 5)
La gota en el estanque. (la-go-taen-el-es-tan-que = 7)
Tú, primavera (tú-pri-ma-ve-ra = 5)
Y ya está.
Vale, igual no se os ha puesto la carne de gallina, pero es que ese kaiku me lo he inventado yo, pero recitado por una geisha que tocara la flauta entre verso y verso mientras te hiciera comer tierno sushi chupándote los dedos junto a un cristalino manatial... ¡anda que no cambiaría la cosa!
Y quien dice geisha dice geisho. Un geisho de cara lavada y recién peinao.
Qué pasa... ¿no cuela?
Venga, como no quiero deserciones haremos una cosa: que la temática sea libre. Lo primero que se os ocurra. (Joer, gratis y libre, qué chollazo, ¿no?)
A mí en cuatro ratos y medio se me han ocurrido unos cuantos:
En aquel libro
escribía secretos
que hoy no recuerda.
Mira el anciano
cómo corren los niños.
Vuela tras ellos.
Un haiku, dice...
¡Ni que fuera japonés!
¿Hago un Mazinger?
Si tú me amas,
haz la prueba y demuestra
que no eres un robot.
Estás muy fea
disfrazada de bruja.
¿Por qué te enfadas?
Cantan los grillos
con su cri...cri...cri...cri...sis...
¡Asco de crisis!
¡Matadla con cuchillos!
(No, tijeras no)
Galaxias sin fin...
El espacio infinito...
¿Qué hay de comer?
Pasen y vean,
amigos del diablo,
¡qué barbacoa!
No quiero haikus
y tampoco harakiris.
Quiero unas gambas.
Si tenéis a bien regalarme unos haikus, prometo encontrar una forma hermosa de exponerlos al mundo con suma honorabilidad y respeto hacia el país del sol naciente (y de mi querido Mazinger, no lo olvidemos)
Ah, y si hay algún purista en la sala que quiera escribirlos en japonés, otro regalo más, un cursillo avanzado del idioma.
Yo más no puedo hacer.
































