18 de septiembre de 2012

REGÁLAME UN HAIKU

A ver cómo lo planteo para no provocar una espantada general... (Que no se me ocurra nombrar la palabra poesía, por si acaso)

Este es uno de esos juegos de colaboración bloguera que a mí tanto me gustan. Espero que tras leerlo nadie me salga con cosas como:

"Ey, qué divertido. Pero yo no juego, yo os veo jugar, ¿vale?"
"¿Huele a quemado? ¡Aay, que me he dejado las lentejas al fuego!" 
"Ah, pues... ya paso luego si eso... después y tal"
"Uff, es que a mí no se me ocurre nada nunca, jamás"
"Te juro que lo haría pero el perro me está mordiendo los calcetines. Quiere su paseo. Mira que lo siento..."
"¡No me ha visto!... Me voy sin hacer ruido... des-pa-ci-to."

De verdad que lo único que  me apetecía hoy era  ponerme a cazar musarañas, pero justo ahora acaba de terminar la temporada, y algo tenía que hacer, ¿no?

Lo que yo vengo a pedir (mejor pedir que robar) es que me regaléis un haiku, algo que está al alcance de todos. Lo correcto sería que adjuntárais 10 euros de inscripción para hacerlo, pero por ser lectores de este blog, (atención, sé que vais a saltar de alegría): ¡¡lo podréis hacer gratis!! 

Veréis qué fácil. 

Lo primero, explicar qué es un haiku.
El haiku es, como se adivina al pronunciar la palabra, algo japonés, concretamente  una de las más importantes manifestaciones de la poesía literatura tradicional de aquel país. El haiku es muy antiguo. Cuando los padres de nuestros bisabuelos comían sopa ya había japoneses que los escribían, así que uno ha de ponerse muy serio ante ellos, por respeto a tan venerable tradición.

Consiste la cosa en un poema muy corto, de tan solo 17 sílabas, distribuidas tal que así:

_ _ _ _ _ 5
_ _ _ _ _ _ _ 7
_ _ _ _ _ 5

No existe rima en ellos, ni tienen título, y su temática está relacionada con la naturaleza.
Un ejemplo sería:

Brote escondido. (bro-tes-con-di-do = 5)
La gota en el estanque. (la-go-taen-el-es-tan-que = 7)
Tú, primavera (tú-pri-ma-ve-ra = 5)

Y ya está. 
Vale, igual no se os ha puesto la carne de gallina, pero es que ese kaiku me lo he inventado yo,  pero recitado por  una geisha que tocara la flauta entre verso y verso mientras te hiciera comer tierno sushi chupándote los dedos junto a un cristalino manatial... ¡anda que no cambiaría la cosa!

Y quien dice geisha dice geisho. Un geisho de cara lavada y recién peinao.

Qué pasa... ¿no cuela? 

Venga, como no quiero deserciones haremos una cosa: que la temática sea libre. Lo primero que se os ocurra. (Joer, gratis y libre, qué chollazo, ¿no?)

A mí en cuatro ratos y medio se me han ocurrido unos cuantos:

En aquel libro
escribía secretos
que hoy no recuerda.

Mira el anciano
cómo corren los niños.
Vuela tras ellos.

Un haiku, dice...
¡Ni que fuera japonés!
¿Hago un Mazinger?

Si tú me amas,
haz la prueba y demuestra
que no eres un robot.

Estás muy fea
disfrazada de bruja.
¿Por qué te enfadas?

Cantan los grillos
con su cri...cri...cri...cri...sis...
No me relajo.

¡Asco de crisis!
¡Matadla con cuchillos!
(No, tijeras  no)

Galaxias sin fin...
El espacio infinito...
¿Qué hay de comer?

Pasen y vean,
amigos del diablo,
¡qué barbacoa!

No quiero haikus
y tampoco harakiris.
Quiero unas gambas.

Si tenéis a bien regalarme unos haikus,  prometo encontrar una forma hermosa de exponerlos al mundo con suma honorabilidad y respeto hacia el país del sol naciente (y de mi querido Mazinger, no lo olvidemos)

Ah, y si hay algún purista en la sala que quiera escribirlos en japonés, otro regalo más, un cursillo avanzado del idioma.


Yo más no puedo hacer.

12 de septiembre de 2012

EL EDIFICIO DE PEIBOL


Se puede decir que conozco a Peibol gracias a mi afición por 13, rue del Percebe.

En el verano de 2008, recién creado mi blog, comencé a visitar los de otra gente que  llevara más tiempo que yo en esto. 
Desconocía en aquel entonces un montón de cosas que quería aplicar  y me fijaba en la originalidad de algunas plantillas, en la forma de colocar fotos, en el diseño, los gadgets… El mundo de los blogs me parecía una maravilla que, aunque me haya habituado, no ha dejado de fascinarme.

En alguno de aquellos recorridos, saltando de acá para allá, me llamó la atención una pequeña foto en algún blogroll. Mostraba algo similar al edificio que he nombrado  al principio, el de los comics de F. Ibáñez que tanto me gustaban. Y, curioso, pinché sobre él. 

Ese fue el comienzo.

"El edificio de las ovejas", decía su cabecera. Sólo el nombre ya me gustó, y hoy pienso que probablemente habría dado con él tarde o temprano por lo llamativo de ese título para un blog.
Entonces leí aquella entrada que, como había intuido, contenía la foto de aquel edificio de disparatados personajes, pero con un montaje personalizado para hablar de los vecinos que el autor había tenido en una anterior vivienda, a los que recordaba con nostalgia. 

Y me gustó. Tanto que busqué otra entrada al azar para leerla también. Y me hizo reír. 

Por la forma de escribir, con un amplio vocabulario, una amena y bien estructurada exposición de hechos y mucho sarcasmo, me formé la idea de que aquellos escritos  serían obra de un adulto, de avanzada edad incluso, pero al indagar en su perfil descubrí asombrado que el tal Peibol era en realidad un estudiante de Tenerife de tan solo 22 años.

Me satisfizo descubrir que aún quedan jóvenes que saben expresarse tan bien. Es triste admitirlo pero no suele ser lo habitual. 
Cuando además supe que no le gustaban las discotecas, que era muy amante de su familia y que le encantaban los Beatles, me sentí tan identificado que lo empecé a seguir con asiduidad.

Mis primeros comentarios en su blog, que con el tiempo llegué a leer entero, debieron despertarle  la lógica curiosidad de saber de dónde venía yo, y así Peibol también formaría parte, para mi alegría,  de los seguidores habituales de este blog.

Un día encontré en mi bandeja un correo suyo, y aquello fue algo muy novedoso. Llegar a contactar con alguno de esos bloggers  más allá de este espacio y que dejaran de ser menos "abstractos" era algo que no había previsto, y recuerdo muy bien la ilusión que me hizo el que se animara a hacerlo, sobre todo porque fuimos a dar con la horma de nuestro zapato y aquellos correos se multiplicaron hasta el infinito en una cadena constante desde la península a la isla y viceversa.

Tampoco se me va a olvidar  la primera vez que le llamé por teléfono.  Acababa de morir su abuela, algo que  me ocultó entonces para no hacerme sentir incómodo en esos raros minutos en los que por fin le estás poniendo voz a tanta palabra escrita. El hielo se rompería pronto con llamadas posteriores. Inolvidable  aquella que me anunciaba que venía a Valencia para estar con otros bloggers amigos.

— ¿Te vienes, JuanRa? —me dijo. 
—No me lo perdería por nada del mundo.

Fue un gran día aquel en el que por fin nos veíamos cara a cara para  darnos un abrazo y pasar un día en tan buena compañía. Cuatro blogueros que se conocían gracias a los blogs, y que eso bastaba para sentirnos en buena sintonía, con una afinidad y un cariño mutuo muy grande.

Hoy, cuatro años después de habernos cruzado casualmente en el camino, puedo decir que lo que más valoro de mi amistad con Peibol es que a pesar del abismo generacional entre los dos, la diferencia de caracteres (el verdadero diablo es él) y  de que pensamos de forma muy diferente en algunas cosas (que nos han llevado a escribirnos montañas de folios, discutiendo hasta cansarnos y darnos por perdidos) siempre me ha correspondido con mucho respeto y enorme afecto y siempre ha habido por ambas partes mucho interés por ayudar en los problemas de cualquier tipo. 
Y eso es algo muy grande.

Todo este reconocimiento hacia Peibol  y su blog vienen hoy al caso porque el  muy sinvergüenza ha cumplido su palabra. Hace unos dias sacó las llaves del bolsillo y,  después de un lustro contándonos cosas,  cerró  El edificio de las ovejas. 

Señor Peibol, ¿me puede decir usted qué hago yo ahora sin ese lugar al que me había acostumbrado tanto que ya entraba y salía de él como Pedro por su casa? ¿Cómo me privas de tu buen estilo y tu mala leche? ¿Dónde leo yo ahora  herejías e invocaciones a la sota de bastos de tanto calibre? ¿Dónde encontraré una oveja que sepa dar collejas a diestro y siniestro? ¿Acaso no quedan viajes que contar que me ayuden a dar un paseo virtual tan perfecto como el de Nueva York? ¿Y mi petición de que escribieras más sobre tu tía, la inventora de palabras? ¿Y cómo prescindir de  las Andresadas? ¿Y si Julia Roberts vuelve a tu lado? ¿Cómo se van a desvincular El edificio del diablo y A la edad de las ovejas? ¡¡Explícame cómo!!

Te salva el que comprendo tus argumentos y que sé que estás en un momento especialmente intenso en tu vida en muchos aspectos, porque de lo contrario habría ido a cortarte el cuello sin miramientos.
Sólo te pido que no dejes tu edificio olvidado en la playa para siempre. 

Por mi parte, como esas asociaciones de determinadas canciones a momentos de nuestra vida,  ovejas, perenquenes y pequeños peter panes  se dibujarán  siempre sobre fondo azul  al compás de la música de los Beatles y las notas de un niño que canta el Tulús. 

Y esta es la entrada con la que te amenacé. No me hiciste caso… ¡pues aquí la tienes! 


Y aquí seguimos, Pablo. 
Bloggers, ex-bloggers... amigos.

4 de septiembre de 2012

LA DUPLICADA HISTORIA DEL GATO QUE PESCA

Entre la suerte de lectores diableros que para mi ventura por aquí asoman, hay alguno que otro que ha traspasado las puertas del blog para comunicarse conmigo a través de correos (nada, que no consigo despertar el más mínimo terror hacia mi persona. ¡Nazca usted diablo para esto! ) 

Una de esas intrépidas es Ángeles, que desde hace un tiempo me deleita con sus Juguetes del viento, y que en un reciente recorrido por París se afanó en esconder algunos diablos por tan hermosa ciudad. 

Además de ello, en sus viajes ha ido fotografiando algunos monumentos con diablo incorporé, que le han dado mucha categoría a nuestro Museo. Pero por si todo esto no fuera suficiente para hacerme feliz, me contó además una historia que, por curiosa, hoy quiero trasladar al blog.

Se trata de la historia de una calle de Paris que se llama Rue du chat qui pêche (Calle del gato que pesca). 

Estos nombres tan curiosos de algunas calles siempre me han llamado mucho la atención, y en su día escribí una entrada al respecto (¡y me doy cuenta al buscar el enlace lo que ha llovido desde entonces!)

Me contaba Ángeles que esa calle, próxima a Notre Dame, es bien conocida por ser, según dicen, la más estrecha de París.  Mide poco más de un metro de ancho, y es oscura y larguirucha.
¿Y por qué tiene ese nombre? Pues por  una leyenda, según la cual, vivió en esta calle, en el siglo XV, un mago o alquimista que tenía un gato negro. El gato tenía la habilidad de pescar peces del Sena (que pasa justo al lado). El animal salía por la ventana de la casa, se acercaba al río, daba unos golpes con una pata en la orilla y los peces saltaban a sus garras.
Y como a todo el que contemplaba la escena le parecía demasiado extraña, se empezó a tener miedo a ese gato. Esto provocó que una noche  unos estudiantes atraparan al felino y lo lanzaran al río. Desde entonces, no se volvió a ver al animal, pero tampoco al dueño, lo que hizo extenderse la sospecha de que tal vez el gato y el amo fueran una misma cosa, es decir, el Diablo. 

Y parece ser que en un día de fiesta se vio por allí de nuevo al mago, y al gato también, con lo que el misterio se extendió; y debió ser tan nombrado como para que hoy se conozca la calle por tan peculiar nombre.

Cuando terminé de leer la historia pensé que merecía la pena contarla en el blog por dos motivos: el primero porque me agradan las leyendas y esta tiene mucho encanto, y el segundo se lo hacía saber a Ángeles en mi respuesta a su correo.

"Vaya, Ángeles, que  con esta historia me acabo de dar cuenta de que me has demostrado ¡¡que soy verdaderamente el diablo!!, porque, a ver...  ¿¿a qué se debe a que haya en mi casa un gato negro pescando??
Lo tengo en el pasillo, sentado en una repisa, con su caña y su pez en el anzuelo. ¿No lo ves? ¡Este es el mismo gato de la calle de Paris!,  que irá a donde quiera que yo vaya. Si ayer estábamos en Paris, pues en Paris, si hoy toca Yecla, pues Yecla, y donde quiera que nos toque ir mañana, allá que iremos juntos".

Y aún me resulta más divertido (por no decir extremadamente misterioso) el hecho de que ni mi mujer ni yo sepamos de dónde nos llegó ese gato (?) 

Ella tiene una gran memoria para recordar los lugares donde adquirimos cada objeto decorativo de nuestra casa, pero de ese gato en concreto, no hay manera. Ni vino del viaje a Mexico, ni de los muchos a Guadalest (los sitios de donde más cosas hemos traído), ni ha sido un regalo de amigos ni nada por el estilo. Hemos preguntado a familiares y nadie recuerda nada. Lleva años con nosotros pero no logramos recordar de dónde ha salido.

Yo ya no le doy más vueltas al asunto. Lo doy por hecho. Es el chat qui pêche.

Ahora, cada vez que cruzo por el pasillo donde se encuentra mi gato pescador, (que ahora luce con la placa de la calle de Paris a sus espaldas) le guiño un ojo y mentalmente le digo: "Sé quién eres, golfo". 

Eso sí, me alejo ligero, que lo veo muy capaz de contestarme. 
Gracias de nuevo por la historia, Ángeles.

27 de agosto de 2012

CADIABLOSCOPIO


—¡Levántese el acusado!

Obedeciendo, levántome.

Se me acerca el fiscal con su firme dedo inculpador.

—¿No es cierto, Señor Diablo, que usted dijo que estaría completamente desconectado estas vacaciones?
—Sí
—Sí, ¡qué!
—Que sí lo dije.
—¿Y no es menos cierto que advirtió que no estaría para nadie?
—Sí
—Sí, ¡qué!
—Que sí, que dije que no estaría para nadie.
—Y sin embargo, me consta que no ha dejado usted… de leer  otros blogs, ¡e incluso  escribirles  comentarios!  ¿Puede explicar eso?
— Bueno… usted no lo entendería.
—Póngame a prueba.


—Simplemente pienso igual que papacangrejo, que dice que a los compañeros blogueros no conviene dejarlos solos demasiado tiempo, por si se desmadran. Y además,  al ausentarme podría  perderme  la  convocatoria a esa posible macrofiesta blogger que espero. Hay que echar un ojo de vez en cuando.
—¡No diga sandeces! Usted firmó además una promesa de inactividad y sin embargo, acaba de publicar otro post.
—La culpa no es mía, si aparezco ahora aquí es porque se me ha citado.
—¡No diga memeces! Reconozca que lo hubiera hecho igualmente.
—Puede ser, esto se echa de menos, ¿sabe? El otro día me reía al leer a  Sese, que dice que en verano hay que ofrecer unos servicios mínimos a los posibles lectores.  En vacaciones casi nadie tiene ganas de mirar blogs en el ordenador, pero las excepciones  merecen que haya algunos blogs de guardia.  Para las urgencias, ¿no cree?
—¡No diga idioteces!
—¿Solo sabe protestar con eces?  Esto empieza a oler mal, ¿sabe?
— ¡ No diga… bobadas! Espero que en su descargo pueda explicar contundentemente  esta  nueva  y otra vez  prescindible  actualización.

De repente se levanta el abogado del diablo para demostrar que es algo más que una novela de Morris West.

—¡Protesto! Siempre hay un motivo, por simple que sea,  para actualizar el blog.
—Se admite la propuesta —dice el Juez, alzando un segundo la cabeza de su sudoku—. ¡Prosiga!
—Mi cliente, el Señor Diablo, ha  querido, aunque sea a modo de servicios mínimos,   mostrar tres curiosos montajes fotográficos de esos que tanto le divierte hacer — se apresura a llevarlos al Juez, que vuelve a levantar la vista fastidiado—. El primero tiene que ver con el arte.
   -  —¿Qué diablos es esto? –exclama el Juez.
-         

-         —Pues ya ve… la Mona Lisa.

— ¡Protesto! —brama el fiscal — ¡Es ridículo y carece de interés!

—Bien, puede ser —admite mi abogado—, pero qué me dice de esta otra, también de contenido artístico. Se titula Picasso retocando su obra.

-      —Alabado sea el Señor –susurra el Juez ajustándose las gafas  a la nariz—. ¿Pero este hombre no puede limitarse a matar moscas con el rabo?

—Está bien —continúa mi defensor—, dejaba para el final la mejor. Es un envío de Papacangrejo desde Castellón. Sabedor del interés de mi cliente por los zombis, utilizó una foto de JuanRa  para convertirlo en  muerto viviente.


Miro de reojo al fiscal, esperando que proteste de nuevo, pero parece esperar a que el Juez se pronuncie.

—Vaya —dice éste—, está horriblemente favorecido.  Un arte de lo más macabro. Bien, puesto que veo que no hay nada más que mostrar, levanto la sesión durante unos minutos. Ahora vuelvo con mi veredicto. 
Tras un golpe de martillo se marcha con el sudoku bajo el brazo.

Mi abogado vuelve a mi lado y me susurra que no ve demasiado fea la cosa, que confía en que todo salga bien. El fiscal me mira un instante y articula en silencio con sus labios “es-tás con-de-na-do”
Me levanto tranquilamente  y me acerco a él.

—Disculpa, mamarracho de las heces. Ni el Juez, ni tú,  ni nadie me va a condenar.  Primero porque nunca he dejado de ser un condenado y después porque tú, el Juez y toda la sala, incluido mi abogado, sois  personajes de mi invención.
—Pe… pero qué está diciendo?
—Pues eso, que tenía que escribir algo, porque me lo pedía el cuerpo y os he utilizado de atrezo, pero que ahora mismo  publico esto, y si te he visto… no me acuerdo.
—¡No me joda! ¿Para esto me tiré tantos años estudiando Derecho?
—¡Qué injusticia!, ¿verdad?
—¡Es usted un tramposo y un embustero!
—¡A mí me lo vas a decir!

18 de agosto de 2012

TRANSCURRE AGOSTO

Una inesperada tendinitis en el pie izquierdo me ha obligado a atrasar la expedición a La Magdalena  que tenía prevista para mañana.   
El percance me deja  algo desanimado.   
Ya es algo muy personal este reto que vengo acariciando desde años atrás.  Siento un magnetismo muy fuerte cuando contemplo esa sierra, que hoy parece decirme “Pero hombre, ¿cuándo  vas a venir? Te sigo esperando”

Mientras  reposo  en mi reposo (lo que le faltaba a mi vagancia), busco las mejores sombras para seguir devorando libros.  Aitana, que ya lee todo aquello con lo que tropiezan sus ojos, me acompaña a veces,  y la oigo descifrar las portadas de cada novela.
-        — La ca-rre-te-ra.  Ahí dice La Carretera, ¿verdad?
-         —Así es  ¡Muy bien!  

Días después…
-         — ¡Ah , este es otro!
-          —Si.
-        —La con-ju-ra de los ne-ci-os… ¿Queé? ¡No entiendo nada!
-          —La conjura de los necios. Quiere decir que todos los tontos se ponen de acuerdo.
-          —¿Los tontos? Jajaja. Los tontos, dice.

Más adelante…
-          —Be- ni-to Ce-re-no. ¿Benito Cereno? ¿Quién es ese, papá?
-         —El capitán de un barco.
-          —Pues tiene un nombre muy gracioso. No parece de capitán.

El pasado miércoles festivo decidimos viajar a Guadalest, un pueblo del interior del que me enamoré la primera vez que lo vi. 
Apamen y yo hemos estado varias veces allí, pero Samuel y Aitana no lo conocían. 
Como realmente impacta  descubrir  la magia de un pueblecito enclavado en la montaña, entre rocas y pasadizos,  merecía la pena hacer ese viaje por ellos, pese al madrugón y a una carretera con millones de curvas.
Muy cerca de Alcoy  comenzamos  a ascender  lo que yo llamo “la ruta de los Benis”.
        
   —Venga, a ver cuántos pueblos que empiecen por Beni encontramos en el camino.

Y así fueron surgiendo uno tras otro.
“¡Benifallim!” “¡Benilloba!” “¡Benasau!” “¡Benifato!” “¡Beniardá!”

Y de repente oigo decir a Aitana: “A ver si sale Benito Cereno, que también empieza por Beni” 

Otro apunte espontáneo que también me hizo reír fue el de Samuel, que tras ver continuos indicadores escritos en valenciano preguntó:

-     —¿En Guatemala se habla valenciano?

Sacar a colación a Guatemala no venía a cuento en absoluto, por lo que enseguida supe qué había querido decir.
-    —¿En Guatemala o en Guadalest? 
¡Ah, eso, jeje, que me he confundido!

Estas son algunas fotos de aquel pintoresco lugar que se halla precisamente en la Sierra de Aitana.  (Mi hija terminó creyendo que todos aquellos montes eran suyos)
           Mientras tanto, sigo esperando mi consagración magdalenera.

3 de agosto de 2012

QUE ELLAS HABLEN POR MÍ










QUE USTEDES PASEN UN AGOSTO MUY A GUSTO.

DESDE MI DESCONECTADA INCOMUNICACIÓN...
UN CALUROSO ABRAZO A TODOS.