12 de agosto de 2013

LA PROFECÍA

El verano es un reloj de arena caliente que aletarga mis sentidos. 
Y algo hay en el canto de las cigarras  que consigue sumergirme en la más absoluta inactividad.
A veces recuerdo que tengo un blog reclamándome en el infierno, y que la nave con la que viajo por la blogosfera sigue aparcada en algún sitio, y entonces me consuelo pensando que ya llegará septiembre repartiendo rutina. Ya llegará.

Pero antes de eso, y para avivar un poco las llamas,  he echado mano de archivo y voy a publicar un cuento que escribí en el año 2001.  Lo titulé La profecía. 
Espero que os guste.

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Era una araña enorme, peluda y repugnante, pero, digámoslo también, admirada y respetada en todo el bosque. Y todo por una razón: conocía el futuro.
 
Predijo tantas cosas – buenas y no tan buenas— a tantos seres —grandes y pequeños— que su prestigio era conocido desde el risco de los ciervos hasta el valle de las mariposas, desde la cascada de las truchas hasta el subsuelo de los topos y las hormigas.
 

Precisamente un ejemplar de hormiga roja, brillante como el fuego, fue un día a visitar a la hechicera de las ocho patas. Lo hacía por simple curiosidad, pues jamás creyó  lo que escuchaba contar,  y se presentó ante ella predispuesta a desconfiar.
 
Y todavía creció más su escepticismo cuando la araña, tras mirarla unos segundos, le dijo muy seriamente y con voz aguda:
 
—Eres afortunada. Serás admirada por todos y la reina te llevará en su corazón, aunque tú vivirás más que ella. De hecho vivirás eternamente.
 
La hormiga miró a la araña de soslayo y murmuró “¡vieja loca!”
 
Pasaron los días y las noches, el verano y también el invierno, tardes de viento y mañanas soleadas, y la hormiga de nuestro cuento se acordaba muchas veces, sin poder remediarlo, de las palabras de la araña.
 
“Cuánta bobada —se decía mientras trabajaba sin descanso— ¡nadie vive eternamente, ni hago yo nada que merezca admiración. Además a mí no me permiten visitar la estancia de la Reina. Bah, bruja estúpida…”
 
Fue en una calurosísima tarde de verano,  cuando un  gran reguero de hormigas entraba y salía del hormiguero en su metódica labor de aprovisionarlo para el invierno. Llevaba nuestra amiga en sus mandíbulas un grueso grano de trigo para la despensa cuando, al pasar por debajo de un frondoso pino, sintió que quedaba atrapada de repente por algo viscoso que no la dejaba moverse. Solo sus antenas quedaron libres de la extraña sustancia, y con ellas pidió ayuda telepática a sus compañeras.
 
Tres de ellas se acercaron con precaución. Una cuarta lo hizo de forma alocada y quedó pegada un instante por una pata.
 
—¡Apartaos! —gritó ésta— ¡Es resina! ¡Le ha caído una gota de resina!
 
Todas retrocedieron, volviendo a sus labores salvo una, que acarició con sus antenas las de su compañera,  enviándole un mensaje de despedida: “Lo siento, no podemos hacer nada por ti”
Quedó la hormiga roja inmóvil en esa gota color de miel, con el grano en la boca. Durante mucho tiempo escuchó el continuo trasiego de la comunidad pasando a su lado, ignorándola por completo.
 
En esos momentos en los que empezaba a aceptar su fatal destino, se acordó otra vez de la araña hechicera.
“¡Maldita sea! Aquella vieja mentirosa no veía el futuro, ¡se equivocó en todo! ¡Me queda muy poco para morir!”
 
En ese instante cayó sobre ella una nueva gota de resina, cubriéndola por completo.
 
Corrió el rumor de que el lugar era peligroso y todas las hormigas dieron un rodeo para no pasar más por allí,  olvidando a su compañera por completo.
 
Cayó la noche. A ésta siguieron muchas más. Llegó el invierno, luego resurgió el verano y el invierno otra vez. Murió la bruja pitonisa y muchas hormigas de avanzada edad. Pasaron meses que sumaban años y años que sumaron décadas.
 
Murió la Reina, incluso aquel hormiguero dejó de existir. Con el paso inexorable del tiempo hasta aquel frondoso pino desapareció del lugar, convertido tal vez en mesa, o en sólida silla.
Alguien, no me preguntéis quién, encontró muchos años después una esfera de resina petrificada. Era de un color ámbar muy bello, pero lo que la hacía especialmente peculiar era la hormiga roja de su interior, un ejemplar único, extinguido hacía siglos.
Fue a parar a un museo y observado durante muchos años por millares de ojos que se maravillaban de esa quietud casi en movimiento de una hormiga con un grano de trigo en sus mandíbulas.
 
Mas no acaba aquí su deambular.
 
Estalló una guerra. Los objetos del museo se guardaron en un almacén. Muchos se estropearon por la humedad, el polvo y el paso del tiempo. Verían la luz años después en mercados y subastas.
Un aristócrata compró la esfera de resina. Transcurrido mucho más tiempo,  un heredero suyo la regalaría, engarzada en una cadena de oro, a la mismísima reina, que encantada por el obsequió, la llevó siempre colgada, luciendo sobre su pecho.
 
Hacía siglos que había muerto la vieja araña, aquella que  dijo la verdad a la incrédula  hormiga.  La profecía era cierta: sería muy admirada, sobreviviría a todo y jamás moriría.
 
Y aquí concluye esta historia verdadera.
 
Sí, he dicho verdadera.
Pero incrédulos ha habido siempre, claro.

2 de agosto de 2013

NATURA ME

Vuelvo a veranear en el campo de los grillos. Sí, aquel desde el que se contempla mi amada Magdalena.  (¿Alguien se viene conmigo a atravesarla de nuevo?)
                           
Me encontraba leyendo bajo un árbol (¡quién habría dicho que el diablo buscaría la sombra de un paraíso!) cuando quedé extasiado  al alzar la vista y contemplar este mar de nubes.
Da la impresión al verlo de que las ramas estén por encima de las nubes, ¿verdad? Como si yo me encontrara en un lugar muy elevado y tuviera  esa bella vista a mis pies. 
Y sin embargo no era así.

Se me ocurrió de repente que podía utilizar esa foto para hacer un pequeño truco fotográfico.
Algo tan sencillo como fotografiar unos aviones de juguete de mi hijo para trasladarlos a ese paisaje azul, gracias a Photoshop.
Voilá! Ahí los tenemos, haciendo acrobacias en el cielo.

Pero tampoco hacían falta trucos para seguir haciendo más fotos. Pensé que podía resultar divertido colocar otros juguetes de Samuel en lugares apropiados del entorno.

Estos fueron los elegidos:
Y a continuación  los resultados:

 Cebras en la sabana africana

 Un gamo sorprendido en la montaña

 Un fiero tigre de Bengala buscando una presa a través de la selva.

Un amanerado caballo en un paisaje de fantasía.
Quizás está esperando a que regrese su ama, la princesa Wilfreda.

 Pero la princesa está presa en un castillo custodiado por valientes guerreros.


Y por si fuera poco, la entrada a la mazmorra la flanquea un peligroso dragón.

Así que nos quedaremos con las ganas de rescatar a la bella princesa.

Claro que, cientos de años después, hallaron  el cadáver momificado de Wilfreda 
mientras se construían unos apartamentos en Bavaria.
Aún tenía las riendas de su caballo en las manos.
Del dragón no se encontró nada.
¡Qué cosas!, ¿eh?

22 de julio de 2013

QUIERO QUE ME PIQUE UNA AVISPA

No me dura mucho el tiempo de lectura ininterrumpido si mis hijos están cerca. 
Hace poco me sacaba Aitana de un interesante capítulo de la novela que llevo en danza para preguntarme si alguna vez me había picado una avispa.

—Sí, claro, más de una vez.
—¿Y cómo es?
—Pues como un pinchazo.
—¿Duele mucho?
—Un poco, sí. Y escuece también.
—Ay, es que… ¡yo quiero que me pique una avispa!
—¿En serio? ¡Pero cómo vas a querer eso!
—Es que nunca me ha picado una,  y Samuel dice que a él le han picado muchas y yo quiero saber cómo es eso.

Me hizo gracia hasta qué punto quiere la niña emular a su hermano en todo.  Y es que Samuel, cuando le cuenta algunas cosas que le han ocurrido, pone cierto aire de suficiencia, haciéndose el interesante.

—Me han picado lo menos ocho —le decía a su hermana—, ¡y un abejorro también! Y una me picó y me mordió en la pierna a la vez. ¡Y anda que eso no duele…! 
—¿Y lloraste mucho?
—Un poco, pero no tanto, porque me aguantaba —aclaraba él como si fuera un excombatiente de la guerra de Vietnam.

Estando en la piscina momentos más tarde, aproveché las circunstancias.

—¡Aitana, ven corriendo! —le dije— ¡Que hay aquí una avispa! ¡Acércate a ver si te pica!
—¡Ay, noo!
—¿Pero no querías que te picara una?
—Sí, pero sin darme cuenta. ¡Cuando yo no esté mirando!
—Ah, vale. Qué pena, ésta tiene pinta de picar bien fuerte.
Días después nos encontrábamos desayunando los tres en casa cuando de repente un pajarillo apareció en la ventana, revoloteando contra los cristales, como buscando un lugar por el que acceder.
 —¡Ahí va! —exclamé— ¡Mirad, este pájaro quiere desayunar con nosotros!

El brinco que dio Aitana desde la silla hasta la puerta fue olímpico. ¡El susto que se llevó la pobre!

—Pero acércate a verlo. ¡Mira qué pequeñín es! Seguro que está aprendiendo a volar.
—Ay, no, que me da miedo.

Como no había forma de que el pájaro desistiera en su intento de atravesar el cristal, aproveché para grabar la escena, y cuando ya me disponía a abrir la ventana para ayudarle a proseguir el vuelo,  Aitana me lo prohibió tajantemente.

—¡¡No, papá, no abras!!
—Pero si es solo un pajarito.
—¿Y si entra y me pica?
—Pues si te pica podrás decir a todos que te ha picado un pájaro. A Samuel nunca le ha picado uno. 

Samuel le  hacía gestos guasones al escuchar mi propuesta, como alentándola a que accediera a correr el riesgo.
Por unos instantes, Aitana pareció ponerse a analizar lo que le había dicho, pero finalmente rechazó la oferta.

—No, no, que los pájaros tienen uñas también.

Está visto que mi hija tiene ganas de probar nuevas experiencias. 
Pero dentro de un límite, claro.



15 de julio de 2013

PASATIEMPO VERANIEGO

Supongamos que Machado, el poeta sevillano, entrara en alguna ocasión a una cafetería y pidiera un café.

—¿Cómo lo tomará, Don Antonio? —le preguntarían al atenderle.
—Con unas gotitas de leche.
—¿Un manchado entonces?
—Eso es.

Entonces  se escucharía la potente voz del camarero:

—¡Marchando un manchado para Machado!

No lo puedo evitar, ¡me encanta jugar con las palabras! 
A veces rapto algunas y hago experimentos con ellas en el laboratorio de mi azotea. Las exprimo, les doy la vuelta, las hago bailar y descubro que son más divertidas de lo que en un principio parecían.

Tratando de utilizar el anterior juego de palabras  en un jeroglífico, se me ocurrió que era tan sencillo como colocar la letra N en mitad de una foto de Machado. 

Algo así:

Y hacer la pregunta : ¿Cómo quieres el café?

Como mi distracción mental no quiso quedarse solamente ahí, me propuse entonces seguir construyendo jeroglíficos que tuvieran un elemento en común: que en ellos aparecieran escritores famosos. Y una vez tuve 10, supe que los colocaría en el blog para jugar con vosotros. (He de decir que primero jugué con familiares y amigos, pero me miraron con tal cara de compasión que pronto entendí que estas cosas solo las puedo poner en el blog, donde nadie me mira con cara rara. O sí, pero al menos no las veo :p)

Estos son los 10 jeroglíficos que he seleccionado para esta semana de julio. Para encontrar las respuestas se ha de jugar con el nombre o apellido de los escritores que en ellos aparecen (bordeados en color rojo)

Enviaré un diploma (real y de papel) a quien sea capaz de resolver los 10 (o 9 al menos). 
Nada de echar a correr sin intentarlo porque os aseguro que son más sencillos de lo que en un principio parece. 

¿Vamos allá? 
¡Suerte a todos! :)
(Habilito hasta el domingo la moderación de comentarios)

RESPUESTA CON UNA PALABRA:
1) ¿Qué se leyó en aquel acto del Día del Libro?

2) ¿Cómo hay que ir a esa fiesta?

RESPUESTA CON DOS PALABRAS:


3) ¿Qué novela estás leyendo?


4) ¿Qué se prevé para este fin de semana?

5) ¿Qué vas a hacer con tus trabajadores?

RESPUESTA CON TRES PALABRAS:

6) ¿Proponen tus amigas que juguemos a algo?

7) Siempre se está metiendo conmigo, pero...

RESPUESTA CON CUATRO PALABRAS:

8) Decidle a los compradores...

RESPUESTA CON CINCO PALABRAS:

9) ¡¡Qué reloj tan chulo tienes!! ¿Puedo verlo de cerca?

10) Frase hecha


11 de julio de 2013

AQUELLO DE LA HISTORIA OFICIAL

Quedó pendiente terminar de contar  la historia que  se desencadenó en mi cabeza al ver aquella imagen de una máquina demoliendo un edificio. 

La primera sorpresa al indagar sobre ella  es que  no era una foto tan antigua. Creo que el año 1986 se sentiría ofendido  si le llamáramos viejo, pero  siempre podríamos echarle  la culpa al blanco y negro, que  hace sumar años a las fotografías.

Mi amigo Txema, que me conoce bien, comentó muy pronto todo lo que sabía al respecto y, claro está, acertó.

Efectivamente era el Hospital de Elda, (solo había que ampliar la foto para leer el cartel sobre la puerta) y habiendo  escrito en el post que era un lugar relacionado conmigo, la mayoría acertasteis: allí fue  donde nací (o el lugar de mi ascensión desde los infiernos, que tan bellamente apuntó Hitlodeo)

Sin embargo nadie, ni siquiera Txema,  respondió a mi última pregunta como yo esperaba.

¿Por qué lo derribaron?

Borja F. Caamaño contestó:

“Era el ultramarinos del viejo Pepe; un solitario solterón que dio rienda suelta a sus instintos más bajos.
Cuando lo descubrieron, tras darle su merecido, tiraron abajo el lugar para que las almas de sus víctimas pudiesen descansar
”

Ante esto solo puedo decir que NO es la respuesta correcta,  pero considero que merece el premio “Imaginación Efervescente”  y un fuerte aplauso por tan estupenda historia.

Queda muy bien decir que lo derribaron porque habían construido un hospital mejor. Esta es  la respuesta que dieron Sese y MJ, y  coincide con la historia oficial, pero no con MI historia oficial.

Es muy correcto aportar el dato de  que en su lugar construyeron una Residencia para la Tercera Edad, como bien dijeron  Peque y Montse, pero… ¿fue ese realmente el motivo de que demolieran el antiguo hospital?

Me gustó la elucubración de Sandra. Todo fue debido a una idea de mi Jefe: un lugar donde infiltrarme para que yo controlara a los más sabios del lugar (para los más perversos propósitos, imagino) Pero me temo  que por desgracia  mi Jefe aún no confía tanto en mí  como para asignarme tal responsabilidad.

Y aún me gustó más la conclusión de Ángeles:

“Con tu llegada,  el hospital cumplió su máximo objetivo, y como ya no podía aspirar a mayores honores, decidieron que lo mejor era echarlo abajo. Como quien se retira en pleno éxito para dejar su nombre en lo más alto”

¡Oh, cuán  fermoso habláis, amiga!  Me agradaría que esa fuera la razón… pero no lo es. Todo lo contrario, más bien.

¿Por qué lo derribaron entonces?

“Porque no tenía toldos ni aire acondicionado y asin no se puede ni estar malito ni trabajar”,  dijo Ripley.  (y, oiga, es una razón de peso, ¡qué narices!)

“No lo están derribando, simplemente lo preparaban para que cuando crecieras pudieras visitarlo con tu hermano y fotografiarlo para tu colección de casas Misteria” (Apúntate un 10 por esa respuesta, Hit, aunque no sea verdad)

Y mi hermano Tomás, práctico y sincero, me soltó a bocajarro:

“No he entendido nada de nada.
Lo vuelvo a leer, y sigo sin entender nada de nada.
A veces eres un poco odioso, de qué coño hablas??
”


En fin, que no tengo más remedio que descubriros la más pura verdad de una vez por todas:


El antiguo hospital de Elda fue derribado  por una sencilla razón:  porque existen los archivos. Y, también hay que decirlo,  por el enorme respeto y rechazo que causa el Diablo.

El Doctor Gutiérrez  ( y digo Gutiérrez como podría decir Ramírez, apellidos  muy de médico ambos) era un eminente cirujano de reconocido prestigio, admirado por todos los de su gremio. A su reconocida fama y distinción solo se le podía poner un pero: era más supersticioso que un martes 13 medieval.

El día en que necesitando un informe se dirigió a los archivos a buscarlo,  sacó una carpeta de uno de los cajones y fue a caérsele  al suelo una hoja. Precisamente mi ficha de nacimiento. Al ir a recogerla del suelo, la vista le quedó  atrapada en esa electrizante cifra: 6/6/66.

Ocurrió que en ese preciso instante, un crucifijo se descolgó de la pared (simplemente porque el taco que habían utilizado era más pequeño que el agujero) pero imaginaréis al  Doctor Gutiérrez poniéndose más blanco que la bata que llevaba puesta.

También en ese justo instante, Trini, la limpiadora que estaba fregando el pasillo que conducía a ese despacho,  echó en el cubo con agua y lejía un chorro de salfumán,  y la mezcla provocó una nube tóxica que serpenteó por la zona hasta colarse por debajo de la puerta.

A los ay-ays de la Trini por su grave error,  hemos de sumar los alaridos que una parturienta primeriza empezó a dar en la sala de partos del sótano, claramente audibles en todo el edificio.

Esto fue demasiado para el Doctor Ramírez (o Gutiérrez):  las cifras diabólicas, la cruz contra el suelo, el humo deslizándose lentamente  bajo la puerta, los gritos de terror de quien ha visto al Maldito en persona…   
Salvo el corazón, al doctor se le petrificaron todos los órganos vitales y desde aquel día se dedicó a escribir informes tan negativos sobre el lugar, alegando tantas  carencias e insalubridades,  que finalmente las autoridades no quisieron correr riesgos,  y en ese mismo año de 1986, cuando yo estaba haciendo la mili y ni por asomo me imaginaba la que se estaba armando por mi culpa, llegó una máquina y empezó a derribar el edificio.

Dicen que algunos oyeron cómo el Doctor Ramírez, presente aquel día, murmuraba entre dientes:  “Dadle fuerte, bien fuerte, ¡que no quede piedra sobre piedra!”

Y estoy seguro de que algunos estaréis arqueando la ceja izquierda mientras pensáis que no os creéis ni una palabra de lo que habéis leído, pero yo os aseguro que es cierto. 
La prueba está en que no solo derribaron el hospital donde nací, sino que años más tarde demolerían también el colegio en el que estudié. 
¿Es normal que desaparezca un colegio? No, no lo es. Entonces, ¿por qué?   
¿Os lo tengo que recordar? Porque existen los archivos, y porque al Diablo se le tiene mucho respeto y se le teme eternamente.

Ahí queda eso.

Y esta es la lógica historia de lo que ocurrió y la respuesta que sinceramente esperaba oíros deducir.

La próxima vez,  pensad mal… y acertaréis.

 El antiguo hospital antes de mi llegada

 Veo a una señora apartando la persiana de la puerta. 
La imagino gritando "¡¡Felisaaaaa!!"
Y algún doctor diría: "¡Por favor, señora, que esto es un hospital!"
"Ay, perdone, que me confundío, que creí que era esto ca la Felisa"

3 de julio de 2013

CINCO AÑOS DE BLOG


Pocas cosas  me producen
mayor fastidio y empacho,
que dar con mi Jefe de bruces
y me llame a su despacho.

Las llamadas del infierno
son lo que más me soflama:
con ese cantar eterno,
con que llama y fuego y llama.

“Su Abyecta Satanidad,
¿quiere ampliarme el contrato?”

“Calla, JuanRa, y entra ya.
Quiero que hablemos un rato”.

“¿Sabes qué día es hoy?”

—suelta con aire extraño—
y una luz me iluminó:
“¡Hoy se cumplen cinco años!”

“Un lustro que estás conmigo
junto a ese blog miserable
¡¡Y aún no te importa  un higo
tu deber inexcusable!!”


“Majestad de la Maldad,
muy pronto usted se sulfura.
Yo le puedo demostrar
que sigo en la parte oscura.

Llevo un lustro consiguiendo
seguidores del Diablo...”

“¡¡MENTIRA, sigo leyendo
sus amables comentarios!!”


“¿Pero sabe, Su Vileza,
el verdadero motivo?
Son gente de una rareza...
A  ver cómo se lo digo...

Me siguen hippies gemelas
y más de un rival blaugrana,
me escriben desde Noruega,
¡Y un cangrejo! ¡Y una rana!

Adoradoras de monos,
mochuelos, perenquenianos,
gallegos con muy buen tono...
¡si engañé hasta a mis hermanos!

Tripulantes del Nostromo,
damas que en libros nadan,
anchoas que no me como,
madres desnaturalizadas...

Gente chic de buen mantel,
niñas en su grandeza,
y también una mujer
de incontestable belleza.

Deportistas que ganchillan,
guitarristas de una banda,
y fans de esas que chillan
desde Chile y desde Holanda.

Heroínas con su capa,
argentinos de allá abajo,
conejitas, y una gata
que engañó a un escarabajo.

Creyentes de la utopía
y algún que otro bichejo,
y para no cansar  a Usía
otros muchos que me dejo”.


“No me vas a deslumbrar
con tu Memoria aprendida
¡Tienes ya que destacar!
¡¡Becario de pacotilla!!

Si me obligas a actuar
con otro golpe de estado,
pongo tu blog a quemar
¡Y por los cuatro costados!”


“Pues dejadme un año más,
y mi Mal pronto veréis.
Oh, Su Cruel Perversidad,
¡¡QUE COMIENCE EL AÑO 6!!”


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Dedico la entrada de hoy a todos los que al infierno bajáis de vez en cuando; tanto a los que dejáis unas palabras (qué gusto encontrarlas) como a los que no decís esta boca es mía (de momento, espero)

Me gustaría haberos incluido a todos en el siguiente video, pero he tenido que limitarme a los que han asomado por el blog en lo que llevamos de año, algunos de los cuales lo venís haciendo desde hace tanto tiempo que no puedo dejar de veros ya como amigos.
Sin duda este blog ha llegado hasta aquí por haber estado vosotros ahí.
¡Gracias!
Video