23 de abril de 2016

EL ÚLTIMO DESEO

Su madre lo abandonó en la puerta de un convento a los pocos días de nacer.
Eso es lo único que sabía de ella.
A su padre nadie le conoció. 
Sin embargo fue un niño que creció alegre, que  albergaba ilusiones en su interior  y que estaba convencido de que la vida le depararía algo grande.

Pero eran otros tiempos, cuando la blanca inocencia iba todavía de su mano.

Rocco nunca fue una mala persona. De hecho, si alguien hubiera podido echar un vistazo al despertar de su vida,  habría llegado a creer que iba para religioso, por tantas veces como se le vio entre los frailes del colegio  de su pueblo.

Hubo incluso una etapa en su adolescencia  en que escuchaba a sus mayores con devoción y tenía una mirada entre  soñadora y  contemplativa, y fue aquella una época en que era habitual oírle canturrear salmos y verle caminar  con las manos en la espalda y un largo cordón atado a la cintura.

Quién le había de decir entonces lo  amarga que se tornaría su vida.

Dispuesto a buscarse un porvenir,  Rocco se marchó del pueblo con una pequeña maleta en la que cabían todas sus pertenencias. Tuvo la fortuna de conseguir  pronto  un trabajo y  la dicha de encontrar el amor, pero al mismo tiempo la desgracia de que fuera un trabajo mal remunerado y un amor no correspondido. 
Durante demasiado tiempo, aquella mujer jugó  con sus sentimientos, y el día en que se cansó y lo abandonó para no volver más, como había hecho  su madre años atrás, su corazón quedó  tan malherido que ya no consiguió que cicatrizara. 

Desde entonces no tuvo más amistad que la de sí mismo, ni dio más besos  que los que empezó a dar en la boca de las botellas.
Perdió su trabajo, se apagó su ilusión, enfermó su autoestima  y deambuló como un fantasma huraño hasta caer en un oscuro pozo del que creyó no volver a salir jamás.

Pero aunque el candor  de aquel espíritu de juventud pasó a ser el recuerdo de un sueño muy lejano, un buen día sintió la necesidad de abandonar el profundo  infierno en el que se había perdido para, poco a poco, ir subiendo las escaleras que le devolvieran a aquel mundo que él recordaba hermoso.

Rocco nunca fue un mal hombre, pero la vida se lo puso difícil y en su nuevo caminar  a cielo abierto, y  a pesar de su afán por hallarlo, no parecía encontrar  su sitio.
Durmió en la calle, pasó mucha hambre, y convenciéndose a sí mismo de que solo lo haría para sobrevivir durante un tiempo, empezó a robar. 

Aquel periodo que su memoria se esforzaba por  borrar  pasó también, como pasa todo.
Cuando por fin empezaba a respirar de nuevo y sus ojos  descubrían en ciertos instantes  que el mundo no se presentaba solo de sombras y que la vida le dejaba ver algún que  otro color, Rocco mató a un hombre.

Fue un accidente, un empujón en un momento de tensión que hizo que aquel hombre para el que trabajaba y que tantas veces amenazaba con despedirle, cayera rodando por las escaleras, se diera un mal golpe y muriera en el acto.

Ninguno de sus compañeros, testigos del suceso,  fue capaz de ponerse de su parte ni  declarar que había sido una fatalidad totalmente involuntaria.
Los meses que Rocco pasó en la cárcel fueron una continuación de su sufrimiento en la vida, el suma y sigue de su sino.

El fallecido, un hombre poderoso y  con influencia en aquella  población, dejó viuda y tres hijos que no supieron dirigir el negocio familiar y mucha gente quedó entonces sin trabajo.

Cuando llegó el día del juicio, la animadversión del juez, amigo íntimo de aquella familia, era patente, y Rocco sintió las miradas de desprecio de los asistentes como cuchillos muy afilados. Pero para entonces  estaba tan cansado de todo que cuando escuchó que le condenaban a muerte su gesto no se crispó. Se limitó a cerrar los ojos y pensar durante unos segundos  que, sin darse cuenta, le estaban haciendo un favor. El favor de dejarle en paz para siempre.

Dos días antes de que se ejecutara la sentencia permitieron pasar a un anciano a su celda. Era fray Carlo, uno de los monjes que le instruyó en la infancia, en aquel colegio para niños huérfanos donde llegó a ser feliz. El hombre había viajado desde lejos cuando tuvo noticia de lo que había ocurrido con “el pequeño Rocco”.

Después de un prolongado abrazo en silencio se sentaron y el fraile le dijo que había intentado con todas sus fuerzas que rebajaran esa pena a la de cadena perpetua, pero que no lo había conseguido.

—No se preocupe, Padre. Yo se lo agradezco en el alma pero ya estoy mentalizado y no quiero pasar ni un día más en este mundo.
—Sin embargo, no he querido que te marches sin que se te conceda un último deseo. En eso sí que he sido escuchado. Dime, Rocco, qué te gustaría pedir, piénsalo y dímelo.

Después de varios minutos en silencio, en su mirada vio el monje un destello.

—Padre, recuerdo un lugar —le dijo—. Siendo niño me escondí una vez en la cocina de las hermanas  de Ferie.
—¿Te dejaban entrar en aquel convento?
—No, solo al jardín, pero es que me colé sin que me vieran. Y encontré la cocina.
—Ah, no era mal lugar para un diavoletto como tú.
—¡Qué bien olía allí, Padre!
—Te creo. Aquellas monjas son las mejores reposteras del mundo.
—Encima de una mesa había una bandeja con  bollos. Recuerdo que me quemé la lengua porque estaban recién hechos —sonreía Rocco con la mirada entornada, sumergiéndose  en aquel recuerdo.
El fraile sonreía al escucharle.
—No he olvidado nunca aquel momento. Aquel bollo que  me comí a escondidas estaba delicioso – dijo mirando hacia el pequeño ventanuco de la celda-  No he vuelto a probar nada igual en mi vida.

Fray Carlo se levantó, y poniéndole una mano en el hombro le dijo que volverían a verse al día siguiente.

Aquella noche Rocco apenas durmió. Cuando bien temprano se abrió la puerta de la celda, esperaba ver aparecer al anciano con alguno de aquellos bollos, pero solo entró un hombre rudo y de aspecto cruel que tras esposarle  lo sacó de allí a empujones.

Afuera había un carruaje al que lo hicieron subir, y Rocco pensó con amargura que  habían adelantado la hora de su ejecución y que le conducían al patíbulo sin ese último deseo que confesó a su mentor.
Pero el carruaje no se dirigió a la plaza sino a las afueras de la población, y cuando tomó el camino del norte, el corazón de Rocco comenzó a latir esperanzado. Le llevaban a Ferie.

Al llegar a aquel convento, el guarda lo condujo a la puerta principal, que en ese instante se abría y asomaba fray Carlo. Para sorpresa de Rocco, el guarda lo libró de sus grilletes y lo entregó al religioso, advirtiéndole que volverían a pasar a por él una hora más tarde, como habían acordado.

Junto al fraile,  atravesó aquellos jardines en los que había jugado de niño y donde el aroma a flores era tan embriagador que de nuevo Rocco, igual que entonces, cerraba los ojos al aspirarlo, como queriendo guardarlo  en su memoria para siempre.
En la explanada, junto a la fuente de piedra en la que tantas veces vio de niño nadar a los renacuajos, le esperaban dos monjas con una cordialidad tan afable en sus rostros y tanta bondad en sus sonrisas que a Rocco le pareció estar soñando y que aquellas mujeres eran ángeles a la puerta del paraíso.

Buongiorno, Rocco – le dijo la madre superiora- Bienvenido  de nuevo a tu hogar.
Esta es sor Concetta, que ha madrugado mucho  porque tenía un encargo para ti.
Concetta se adelantó unos pasos para tomar a Rocco de las manos.
—Así que tú eres el piccolo  Rocco. Tenía ganas de conocerte, me han hablado muy bien de ti.
Rocco no podía articular palabra, a sus ojos asomaban lágrimas que no podía contener. Como único saludo solo pudo asentir con la cabeza.

Le hicieron pasar al interior donde se encontraba el claustro y algunos pajarillos  que volaron  piando entre las arcadas.
- Y dime, Rocco – le dijo la madre superiora- ¿recuerdas todavía dónde está la cocina?
Y como todavía le embargaba la emoción volvió a asentir con la cabeza.
Pues entonces ve a esconderte en ella. Vamos, ¿a qué esperas?

Para Rocco, volver a entrar a aquella cocina fue como atravesar el umbral  mágico que le permitía viajar en el tiempo, y el sortilegio se realizó cuando volvió a verse como aquel niño que sentía  tanta curiosidad por averiguar de dónde procedía aquel aroma  tan envolvente.

Sobre la mesa encontró una bandeja, probablemente la misma que vio tantos años atrás,  y en ella unos bollos humeantes colocados en perfecto orden. Todo en aquella cocina se encontraba  colocado con mimo, lo que resultaba muy agradable a la vista, pero si algo había allí sumamente acogedor era el aroma, la multitud de fragancias que allí se respiraban.
Rocco quiso atraparlas todas y con los ojos cerrados caminó despacio alrededor de la mesa, guiándose por el tacto de sus dedos sobre aquella superficie enharinada.

Olía a onzas de chocolate, a almendras molidas, a ralladuras de limón,  a canela... También le llegó muy dentro el aroma de alguna compota, de nísperos quizás,  de grosellas, el aroma penetrante del caramelo líquido, y alguna caricia de  vainilla y  de azahar .

Cogió uno de aquellos bollos y se metió debajo de la mesa, como había hecho entonces,  y allí abajo terminaron de arrebatarle todos sus sentidos, no solo  el tacto, sabor y aroma de aquel pastelillo sino  todos los recuerdos que vinieron a saludarle de nuevo desde el pasado en cuanto le dio el primer bocado.

Y aquella mezcolanza de recuerdos también estaba atestada de aromas y sabores: el del amargo cacao, el del intenso regaliz, el de la cepa quemada en la lumbre…

Solo estuvo una hora en aquel lugar, pero esa hora bastó para que se esponjara  por dentro, como si en el momento de entrar allí, unas manos delicadas y expertas  hubieran amasado su espíritu con maestría y lo hubieran calentado al horno durante el tiempo necesario.

Cuando Rocco volvió a subir al carruaje y se alejaba cada vez más de aquella cocina y de aquel convento, escuchó cómo las campanas empezaban a sonar.
No tenía miedo, se encontraba en paz consigo mismo, y aún sentía el calor del abrazo de fray Carlo, que antes de despedirse le había ofrecido un sorbo de mistela.

—Hijo mío —le dijo—, la vida no te ha tratado bien, pero yo te prometo que en adelante vas a ser feliz.

Cuando el carruaje llegó a la plaza donde estaba preparado el patíbulo, Rocco tenía los ojos cerrados y una sonrisa en los labios.
Y cuando lo sacudieron para que descendiera, resultó que ya no estaba allí.

Dicen que en el aire flotaba un intenso aroma a canela, y dicen que aquella fragancia invadió las conciencias de muchos de los allí presentes.


7 de abril de 2016

MI MADRE ANA Y MI HIJA AITANA

Esta es mi madre a los veintiún años.

Siempre asociaré esta imagen a la casa de mis abuelos de Petrel, porque estuvo enmarcada en el salón durante muchos años.

Cada vez que veo ese retrato me invade la misma paz y bienestar que sentía cuando era niño, en aquella sencilla estancia tantas veces en penumbra, con el adormecedor pendulear del reloj de pared, el abuelo sentado en su sillón y la abuela trajinando por la cocina, donde olía a pan tostado y a rollos de anis.

Después de morir mis abuelos, esa foto se guardó en un altillo y allí permaneció casi en el olvido muchos años, hasta que un día la rescatamos para que hoy luzca en el salón de la casa familiar.

La semana pasada nuestra madre cumplió 75 años y nos reunimos para celebrarlo. Coincido con mis hermanos en que al contemplar otra vez ese cuadro volvemos a la casa de los abuelos y al mucho tiempo que nuestras miradas veían entre ese marco a la mujer más bella del mundo.
Y sigue siendo hoy , tantos años después, tan hermosa por dentro y por fuera.

Me contaba hace poco que una corriente de aire hizo que una ventana empujara al suelo y rompiera el viejo jarrón de flores al que tanto cariño tenía, lo que me hizo recordar su historia.

Era el 30 de marzo del año 84. Me acuerdo de la fecha porque yo volvía de la Universidad con el carnet de conducir recién estrenado. 
Me imponía circular por la carretera general, por lo que siempre prefería volver a Petrel por una carretera secundaria que pasa por Agost.
Recordé entonces que era el cumpleaños de mi madre y siendo Agost un pueblo alfarero no me fue difícil encontrar un recipiente de cerámica que llevarle como regalo.
A pesar de no tener dinero para flores, la flamante primavera me brindó la posiblidad de estrenar aquel jarrón. Fui parando en todos aquellos campos y laderas de montes en los que se veían flores y me sorprendí del estupendo ramo que pude completar, en el que combiné coloridas flores silvestres con tallos secos muy decorativos.
Llegué tarde a casa, pero mi madre no pudo quedar más contenta y satisfecha de su regalo.

—Bueno, qué importa —le dije—, el jarrón ya no está, pero el recuerdo de aquel día permanecerá siempre.
—Sí, es verdad —respondió.
Y mi amor por ti no se romperá nunca, mamá.

*****

El mismo día celebramos los 9 años de Aitana, que los cumple 4 días antes que su abuela Ana.

Todos los años, desde que tengo el blog, le dedico una entrada cuando llega su día así que esta vez, aunque con retraso, no podía dejar de hacerlo.

Ay, Aitana, qué facil me resulta retratarte...

Érase que se era... una niña, ya no tan niña, con mucha imaginación, tanta como para no aburrirse nunca, pues ella misma se mete en historias que va contando en voz alta. Otras veces escribe algún cuento muy rocambolesco, algo que particularmente me encanta.

La niña tiene una facilidad asombrosa para sacar de su habitación juguetes y muñecos y una inmensa pereza para luego guardarlos.

Le gusta cantar, pero más aún bailar y se inventa canciones y coreografías.

—¿Te gusta esta canción que me he inventado? (Me la canta)
—¡Guauu, qué chula!
—No, no te gusta —dice convencida.
—¿Ah, no?
—Y a mi tampoco. A ver esta otra...

(Sincera hasta con ella misma)

Y cuando necesita pareja de baile, ¿a quién busca? Ja, ¡pues a mi!
El otro día hicimos una competición de baile contra una pareja de chinos (inventada) y aunque bailamos mejor que ellos, ¡el jurado dio la medalla a China! ¡Y nos tocó ensayar una nueva coreografía! (¡Socorro!)

Como ya son más mayores apenas apunto cosas en mi cuaderno “Samueladas y Aitanerías”, pero de vez en cuando sueltan alguna perla digna de mención.

11/03/2015

(En el ascensor hacia el cole)

Aitana: Papá, ¿me he quitado bien las legañas?
Yo: A ver... Sí, te las has quitado bien.
Aitana: ¿Sí? Pues entonces es que aún no me he despertado.

(Ay, ese sueño que ciega tus ojos...)

3/03/2016

(Viendo un documental de animales)

Aitana: Las jirafas son muy tristes.
Yo: ¿Muy tristes?
Aitana: Sí, no juegan nunca. Mira los monos pequeños cómo juegan, y los leones pequeños también, pero las jirafas nacen y ya no hacen nada.

(Oye, pues va a tener razón. Deberíamos empezar a decir: Estoy más aburrido que una jirafa)

13/03/2016

(Enseñándome un portaminas nuevo)

Yo: ¡Qué chulo! Anda que si yo de pequeño hubiera tenido algo así, estaría más contento...
Aitana: ¿Es que no tenías cosas así?
Yo: ¡Qué va! Cuando yo era pequeño no había tantas cosas como hoy. Si no había móviles, ni internet, ¡ni ordenadores!...
Aitana: Ay, cuando me dices cosas de esas te imagino antiguo, sin casa y perdido en el monte.

(Ains, ¡me sentí 100% troglodita!)

Pero luego me dice cosas que me hacen volar a Marte con propulsión a chorro de babas.

11/09/2015

(Despertándola para ir al cole)

Aitana: Papá, eres una sonrisa que me besa por las mañanas.

24 de marzo de 2016

MOVIDA EN LO DE LA LOLES

Pues  fue un verano en Madrid,  ecuador de los ochenta, que  a una fiesta yo asistí, (a una más entre mil, que ya he perdido la cuenta) creo que en el barrio de Ventas o puede que en Chamberí.

Yo vivía en Fuencarral, y mal que bien, bien que mal, superaba las resacas  de tantas  noches de traca durmiendo como  animal.

Creo que un cóctel de orujo me noqueó los sentidos, y desperté con un  dibujo tatuado en media nalga, y no consigo que salga ni un recuerdo que me valga. Y mira que empujo y empujo...

Así que decidí quedarme en casa, y bajé cada persiana, que el sol aquella mañana quemaba como una brasa. Pero a eso de las siete, cuando la tarde caía, tocaba el timbre el de Algete. 

"Vente, que traigo un cohete y lo quiero compartir" 
"No me jodas, que me lías. Hoy ya paso de más fiesta" 
"No te puedes perder ésta, ¡que dicen que viene Lou Reed!"

Media hora de agua fría, a chorro en toda la nuca, y en Metro a otra fiestuca  con resaca todavía.

"¿Y quién dices que es la tía?"
"Una que lleva peluca y unas tetas que te cagas"

La putada a la llegada, la cosa se puso farruca, pues era una fiesta privada. Pero tengo yo un colega que a nada le encuentra pega: un susurro a aquel gorila y… "Paso libre, camarada!
Y el de Algete  como Atila y yo de sombra acoplada.

 "Joder, tío, vas a ver mogollón de peña guapa, que  igual traen a Raquel Welch que te topas con el Papa. 
Ah, esa es Loles, la anfitriona, vamos a presentarnos" 
"¿Quién dices, la pechugona? ¿Y si pasamos de largo? Mira que no nos conoce..." 
"Que va, tío, si es un goce. Deja, deja, yo me  encargo"

"Hola, guapos, ¿todo bien?
"Passa tronca, ¡de  fetén! He traído a mi colega, que trae morcilla manchega y quiere marcha a tutiplén.

La Loles me mira, se arrima y se mete algo en la boca y después me descoloca  con un besazo con lengua que me sube la autoestima y mi flipe ya no mengua y pienso que está más loca que la loca de mi prima.

"Oye, pasa  y bebe algo, que hay ginebra con sifón"
"No,  todo lo más una caña", le digo como un simplón.
"¡Con cañas no hay colocón!  Bueno, tú entra y te apañas".

"Voy un momento al aseo", le hace un  guiño el de Algete. 
"Vale, mi rey, vete, vete. Y ya más tarde te veo".  
Y luego me hicieron el feo de no verles más el copete.

Juro que  no bebí nada, salvo un par de  gaseosas, y sin embargo la cosa, fue de lo más animada.

Tenía la vista borrosa, en medio de tanta gente, y mucha risa en la boca y un imperdible en la oreja y la lengua muy pastosa y purpurina en las cejas y una corbata en la frente, como si fuera un judoca.

El salón lleno de peña y yo buscando a Lou Reed, y  un macarra por allí, a una pija le pedía:
"Vente conmigo a vivir, que valgo mucho la pena"
"Soy una tía aburrida y me quiero suicidar. Ya lo intenté el otro día" 
Y yo me puse a flipar.

Y me senté en la escalera entre mil conversaciones:
"Si no es verdad que me muera: ¡la de los ojos saltones!" 
"¿El mejor punk? Los Ramones. ¡Con ellos nace una era!”
"¿Has traído algo, nena? ¿Chocolate, una pastilla?"
"Tengo coca de la buena, pillada en Plaza Castilla"
"Déjame, no juegues más conmigo. Esta vez en serio te lo digo"
“Esta noche me voy a bailar. Esta noche ella viene conmigo”
"Yo tenía un novio que tocaba en un conjunto beat"
"¿Qué ha sido de Oppenheimer? ¿Y del cabo Smith?"

Cuando me harté de paliques, me fui a mear a un aseo y en un pasillo Berlanga hablaba de bolcheviques con un tipajo muy feo. Yo diría que era Reagan, porque iba con escolta.  Y que  digan lo que digan, si fue mal actor no me importa.

Y en ese mismo pasillo, Jaime Urrutia dando hostias en la cara de Loquillo. 
Y había cola en el aseo. 
"No te cueles, ¿eh, pardillo?" 
"Joder, tíos, que me meo"

Y así me puse a buscar algún lugar muy discreto donde pudiera aliviar en el más puro secreto. 

Y me encuentro otro salón con  Tierno Galván y la Estrada, y se le acerca Susana ¡y él tío le enseña un cojón! Y ella se queda pillada. 
Yo me acuerdo de Auserón y les canto el estribillo: "Hace falta valor, ¡hace falta valor!"
Y el alcalde me hace palmas y pone cara de pillo.

Otro aseo más al fondo. ¡Y no cede el tirador! Y en lo hondo, muy adentro:

"Mari Pili, no, no, no. No me excites, por favor"  como un sincero lamento.
Y salen y  les grito  "¡Que Satanás os bendiga! ¡Que ya me teníais frito!" Y  casi rozando el nirvana vacío por fin mi vejiga.

Y me asomo a la ventana y eres la chica de ayer. 
Y noto que desvarío porque justo al lado mío  aparece una mujer, mucho más rubia que  fea. Y oigo una voz de tío: "Hola, soy Amanda Lear"

Y me escapo en el momento en que sacan una tarta y se canta un cumpleaños y alguien lleva  muy contento con letras de gran tamaño una tremenda pancarta: "LOU REED POR FIN HA LLEGADO"
Y con las narices blancas, todos salen de los baños.

Carlos Tena le esperaba, y a su lado la Chamorro, y junto a ella  Arrabal, riendo y fumando un porro. 

Pero una hora más tarde, Alaska dijo que nones, que ya no venía la estrella. ¡Qué cobarde!
“¡Qué cabrones!” Y alguien lanza una botella.
Y uno grita "¡Maricones!" Y unos ñiños de papá y otros de Torrelodones rompen todo lo que pillan y vuelan sillas y sillones y se arma la mundial y  el cristo de los faroles.

Y ducharon a la Maura con los chorros de un sifón. Y es que siempre hay un cabrón que pierde norte y noreste. Me acerqué y le dije: “Carmen,
¿qué hace una chica como tú en un sitio como este?”

Y me dijo: “Ya ves tú, ¡que me han regao como a un tiesto! Que me digan qué he hecho yo… para merecer ahora esto”

Todo esto sucedía en la fiesta de la Loles, la  que en sus besos metía tripis con guacamole.
Y se extendió por Madrid esta movida, este lío, que ya jamás en la vida sería tan divertido.
Espero otro verano  especial y trascendente, en el que ardan las calles al nuevo sol de poniente.

10 de marzo de 2016

A LA EDAD DE LOS 50

Este año cumplo 50.

Bueno, he conseguido escribirlo sin llorar. Algo es algo.

Como diablo, este acontecimiento me tiene sin cuidado, son ya miles de años viviendo en la Tierra, (desde que Dios creó a los dinosaurios, o incluso antes, que no me acuerdo bien) así que un año más no me supone nada.

Pero como humano, es decir, como JuanRa... ay, amigos, que no lo llevo nada bien.

Conozco gente que sufrió la crisis de los 30. ¿Qué bobada es esa? ¡Si los 30 son pura pipiolez! En aquel entonces ni me inmuté.

Más habitual es que haya crisis a los 40. Bueno, pues se ve que me pilló en un momento de esplendor y los acepté de buen grado. No hubo crisis.

Pero los dichosos 50...  ¡agg, me causan demasiado respeto, me tocan bastante la moral y me hacen rebelarme contra el tiempo!

¿Que voy a cumplir 50? No, no y no. ¡No puede ser!  O vale, sí puede ser, ¡pero me niego!  Yo no puedo ser un señor de 50 porque soy muy joven para aceptarlo. 
¡No me han dado tiempo ni de hacerme a la idea!
 
Necesito una prórroga, una moratoria, un ¡aviso, no juego!... ¡algo! Pero que no me hagan pasar por esta injusticia.

Me duele en el alma recordar que  cuando yo era joven, siendo más joven , si oía decir que alguien estaba en los 50, inmediatamente lo catalogaba como "gente mayor". Pero mayor mayor, ¡tirando ya a viejuno!  Esa era una realidad incuestionable  y no había vuelta de hoja. 

Creo que hoy daría lo que fuera por viajar en el tiempo y darle una buena colleja a aquel JuanRa que pensaba tantas bobadas.

¡Qué equivocado estabas, tonto-las-ánforas! Claro, qué fácil era para ti juzgar desde fuera y desde lejos, ¿eh?, desde la comodidad de la juventud, tan creidito tú de ser sabio y dueño de la verdad. ¡Calamidad! ¡Bocachancla!

Así que ahora sé que los jóvenes de hoy pensarán que  soy un viejuno, y por más razones que les quiera dar de que no es así, no les convenceré, porque son jóvenes y botarates.  Y solo de imaginarlos me entran unas ganas de levantarme del brasero y arrearles con el bastón y decirles ¡¡qué sabréis vosotros, rufianes!!

La culpa de que hoy me fastidie este tema la tenemos nosotros mismos, los seres humanos. 

Los científicos se han cansado de explicar que el tiempo no existe. Repito: no existe.

Y cantamañanas de nosotros, creyéndonos más listos que Einstein, lo medimos, lo cuantificamos, lo calculamos matemáticamente, inventamos calendarios, fabricamos relojes, atrasamos la hora, la adelantamos, quedamos a las cinco,  ponemos el despertador a las siete, le añadimos un día a febrero, lo volvemos a dejar como estaba, le quitamos una hora a Canarias, celebramos aniversarios, preguntamos cuántos años tienes... 

¡Ceporros! ¡Eso es lo que somos! ¡Unos ceporros del copón!

En vez de hacer caso a Einstein, que dijo que  el Universo es un bloque estático que no cambia, en el cual el futuro y el pasado no difieren, de tal forma que la izquierda y la derecha no se diferencian físicamente, y no solo no existe el presente común, sino que todos los momentos son igualmente reales.

 ...

Vale, es jodido de procesar, ¡¡pero lo dijo Einstein, coño!!

Si no hubiéramos medido jamás el tiempo, hoy todo sería hermoso y perfecto. Y yo no estaría de mal café.
Es cierto que no se habría escrito La vuelta al mundo en 80 días, ni nos beneficiaríamos de la hora feliz, pero en contrapartida habría miles de ventajas. 

Para empezar no tendríamos edad y eso, generación tras generación,  hubiera supuesto una configuración distinta de nuestros cerebros, que no tendrían ni pajolera idea de cuándo debe empezar la vejez.

Imagino que siempre habría excepciones,  alguna neurona listilla que aspiraría a una revolución mental:

Neurona listilla:  Oye, ¿no llevamos mucho tiempo trabajando?

Resto de neuronas:  ¿Tiempo? ¿Qué es tiempo? 

Neurona listilla: Quiero decir... que la magnitud física de este individuo... como que está alargándose más de la cuenta , ¿no?

Resto de neuronas: No hables raro, di qué pretendes.

Neurona listilla: Pues que a este cuerpo ya le corresponderían arrugas y canas, creo yo.

Resto de neuronas: ¿En qué te basas?

Neurona listilla: Pues está claro, en que ha vivido mucha vida, que la juventud ya es pasado.

Resto de neuronas: ¿Pasado? ¿Qué es pasado?

Neurona listilla:  Bah, da igual, no me hagáis caso.  Seguid con lo vuestro.  



Qué bonito es esto de tener un blog  para poder maldecir al pasmasuegras que inventó el calendario. ¡Malparido! ¡Comeflores!

Si hoy me han notado especialmente picajoso y protestón es porque tenía razones para hacerlo. 
Hace un rato, estaba mirando mi móvil, y de repente la pantalla se ha apagado y en el cristal en negro he visto reflejado a un señor mayor , mirando con unas gafas de cerca que le hacían viejuno de categoría superior. ¡¡Y he tardado en darme cuenta de que era yo!! ¿¿Saben ustedes el cabreo que da tener que reconocer que sí, que va a ser verdad que voy a cumplir 50??

De verdad que si no fuera por lo joven y sensato que soy, hoy mataba a todo el mundo a garrotazos.

26 de febrero de 2016

YECLA, PROTAGONISTA

De un tiempo a esta parte me han ido llegando noticias con Yecla como telón de fondo.

Son buenas noticias, de esas que me sorprenden gratamente y me hacen sacar pecho, orgulloso de mi patria chica.

La primera fue hace un par de semanas, cuando un amigo me enviaba un enlace que me llevó a saber que un vino elaborado en Yecla ha sido seleccionado como uno de los tres mejores vinos de 2015 por su relación calidad - precio.
Ahí es nada.

Casualmente el mismo día en el que me enteré, mi hija había hecho una excursión a las Bodegas Castaño de donde procede.

—¿Qué tal en el cole? —le pregunté— ¿Os ha gustado la visita?

—Pues no mucho —contestó—, porque en algunos sitios había una peste que no se podía aguantar. ¡Teníamos que ir con la nariz tapada! Y a los profesores les han dado vino, pero a nosotros nada.

Hay temporadas en las que el cuerpo me pide tomar un poco de vino tinto para acompañar las comidas. Siempre que me lo sirvo (con dos dedos me es suficiente) me acuerdo de una profesora, una de las más veteranas de la Universidad de Alicante, que una vez coincidió en el comedor frente a mí. Mientras se servía un poco de vino tinto me miró y me dijo en voz baja, como si se tratara de un secreto:

—Es que esto es bueno para matar los bichitos (y se señalaba el vientre al decirlo)

Aquello se me quedó grabado.

En fin, tendré que probar este Solanera de mi tierra y ya veré si me gusta tanto como otro vino yeclano que me parece excelente, el tinto Iglesia Vieja.

La otra noticia tiene que ver con el grafeno.


No sé vosotros, pero hasta hace dos días yo no tenía ni idea de lo que era esto del grafeno, ni siquiera lo había oído nombrar.
Sin embargo ahora no salgo de mi asombro al conocer que es un material que en breve revolucionará el mundo entero por sus múltiples aplicaciones en la informática, la arquitectura, la sanidad, la automoción, la energía y otros muchos campos.

El grafeno proviene del grafito, el material con el que se hacen las minas de los lápices. Unos científicos rusos descubrieron, por pura casualidad, que sus átomos se disponen en forma de panel de abeja y que esto hace que tenga una alta conductividad térmica y eléctrica.

El grafeno es además de una gran dureza. Se comprobó que es 200 veces más duro que el acero e incluso más que el diamante, siendo hasta hoy el material más resistente del mundo.
Por si esto fuera poco, es ligero, flexible y transparente.

Así que gracias a las características del grafeno, en un futuro cercano los procesadores alcanzarán una rapidez y una potencia 25 veces superior a la actual.

Los ordenadores, televisores, móviles, etc... podrán ser flexibles, táctiles y transparentes. Las baterías durarán diez veces más que las actuales de litio.
Las prótesis para los implantes en cirugía también podrán ser de grafeno.
También se ha descubierto que el grafeno podría transportar información 100 veces más rápido que la fibra óptica actual.

Y todo esto, qué tiene que ver con Yecla, os estaréis preguntando.

Pues mucho, porque gracias a dos yeclanos, los hermanos Martínez Rovira, Yecla no va ser conocida únicamente por su industria del mueble, sino también por albergar la mayor productora de grafeno del mundo.

A pesar de que el material se conoce ya desde hace unos años, nadie había conseguido fabricarlo a gran escala, pero estos hermanos se empeñaron en dar con la solución hasta conseguirlo. Patentaron su logro y hoy serán los únicos que puedan fabricar grafeno con longitudes kilométricas, por lo que en adelante se podrán construir aviones, barcos, trenes, satélites... con este material.

El pueblo de Yecla está feliz con la noticia porque se prevé que puede dar trabajo a cientos de personas.

A mí me hace especial ilusión la cantidad de aplicaciones que tiene el grafeno en beneficio del medio ambiente, que son muchísimas, (pintura que haría las funciones de placas solares, por ejemplo) pero me preocupa el hecho de que el grafeno supone tal revolución y tal cambio, que ya hay muchos sectores (cementeras, farmacéuticas...) a los que no les interesan estos avances, y, la verdad, me disgustaría mucho que terminaran perjudicando su producción.

Y la tercera noticia va sobre gente chula de mi ciudad.

Hay aquí un famoso gimnasio llamado Lucasport que preparó a unos chavales para que participaran en el concurso de TV Got Talent España.
El grupo está compuesto por ocho chicos y ocho chicas que practican el baile moderno y se hacen llamar JaqueMate.

Pues bien, fueron seleccionados entre miles de participantes y el nombre de Yecla se podrá oír en ese concurso que emiten los sábados noche en Tele5.

En mi casa lo seguiremos muy especialmente porque conocemos a una de las participantes, Cristina, que es compañera de clase de Samuel.

Me despido por hoy con un video, también realizado por el Gimnasio Lucasport, en el que de una forma muy original se van presentando lugares emblemáticos de la ciudad, de esta ciudad tan guapa que produce excelentes vinos, que servirá el revolucionario grafeno al mundo entero y que baila al son de la alegría y la esperanza por un futuro próspero.


¡Brindo por mi Yecla!


12 de febrero de 2016

ESAS MALDADES QUE GUARDO

Rara es la vez en que entro en Internet y no encuentro algo relacionado con el diablo. 
Puede que a vosotros os ocurra lo mismo, pero como sois simples mortales de condición poco pecadora, no prestáis atención a tan atractivas señales, y la mayoría os pasarán inadvertidas.

En cambio yo tengo una predisposición genética que me impulsa a apretar el botón derecho del ratón y  guardar la imagen en el ordenador.
Llega un momento en que tengo tantas que podría enterrarme en ellas y no me veríais ni un cuerno. Entonces, cuando me aburro (y no hay moscas a la vista) las clasifico por carpetas:
 
"Diablos muy horribles" "Diablos de chiste" "Diablos de chiste 2" "Diablos culturales" "Diablos de leyenda" "Diablos con pezuña" "Diablos inclasificables" "Diablos para el blog"


Esta última carpeta tiene su gracia, porque la complemento con fotos que voy haciendo por la calle (que también está llena de atractivas señales, aunque vosotros no las veáis) o con dibujos, o con titulares de periódicos... hasta que llega un momento en que la carpeta se pone colorada, señal que indica que quiere que la publique.

Y eso es lo que toca hacer hoy.

Para empezar voy a exponer lo que podría ser la biblioteca del infierno
Aquí abajo,  en el trayecto que va desde la sala de calderas de vapor finlandés, a la de brasas saharianas, uno puede hacer un alto en el camino y leer un ratillo algún libro infantil...
... o  juvenil...
... o para adultos...
... o para adultos adulterados.

Fotos de diablos tendré  unas 12.852 y mi intención es llegar a las 66.666, para así llamar a Pepe Guiness y que me reconozcan el mérito. (Y después ya tocará que se acabe el mundo o algo)

Pero de entre todas, hoy voy a exponer una de las más chulas, porque además viene con mosca incluida. Sí, la famosa mosca que siempre mato con el rabo cuando me aburro (que no sé muy bien cuándo es eso, la verdad)

En esta carpeta tengo también cosas poco serias...

... que quedan compensadas con otras de mucha risa


Este verano, paseando por las calles de Benidorm, encontré el mejor nombre que se le puede poner a un pub de ciudad costera calenturienta.

Y luego está ese amplio mundo de comprar y vender a través de Internet. En la red puedes encontrar de todo, y cuando digo DE TODO, quiero decir hasta sartenes con cuernos...


...con las que puedes hacer riquísimos huevos fritos diabólicos (seguro que los cuernos salen churrascaditos) 

O  qué tal unos calcetines molones...
... con los que siempre podrás decir que tienes el diablo a tus pies, que también tiene su punto de soberbia.

Ya os advierto que el Cielo es un lugar aburridísimo. Toda la eternidad sonando el "Spotify celestial" en el hilo musical, soportando una y otra vez todas las versiones del Ave María de Schubert. 
No, en serio, llega un momento en que te quieres morir (pero entonces te das cuenta de que ya estás muerto y te da por llorar a lo bestia)
Aquí abajo, en cambio,  además de montarnos unas tremendas barbacoas, cualquiera puede aprenderse chistes...
... para hartarse a reír de "los de arriba" 

Y si te parece que la eternidad pasa muy lenta, y te aburres un poco, hay otros libros para solucionarlo.
Por cierto, este me encanta. Mirad cómo se llama uno de los dibujantes. ¡¡JUANFRA CABRERA!! ¡¡Por sólo una letra NO SOY YO!!

Este es un dibujo de Aitana que ya os mostré y que, a pesar de presentarme con una pata de palo y la otra de morcilla,  se ha convertido en mi avatar favorito. 
Pero recientemente encontré otro dibujo aún más antiguo. Con 5 años me hizo este retrato:
Sí, debe aprender a hacerme los tridentes más manejables, y ya le dije que con ser diablo me sobra, que lo de vampiro ya es too much.

Me despido por hoy con un par de aportaciones caseras, con la intención de que sirvan para que alcancéis de una vez la condición ultra-pecadora, que os sigo viendo demasiado "celestiales".