3 de octubre de 2014

SOMBRAS DE HIEDRA EN LOS CRISTALES

El salón, vacío y en completo silencio. 
La suave luz de la tarde entrando por los altos ventanales. 
El calado de los visillos tatuado en la superficie de las mesas.  
El verdoso resplandor de la hiedra asomado a los cristales... 
Esa paz previa al bullicio.

Amo ese momento.

Cabila era el primero en entrar. Aún se me hace extraño que no sea así.
Ahora es Luis el más tempranero. Yo le llamo el dandi, pues viste y camina de forma elegante. Todo lo contrario que Mora, que se deja caer como un pesado fardo en el sofá entre grandes resuellos. 
“Ya ha cambiao el tiempo”, comenta el dandi “¿Eh?” “¡Que ya refresca!” Mora asiente con la cabeza, pero yo sé que no le ha entendido.

Joaquín y Ginés llegan juntos y eligen la baraja que no tiene doses, que es la que les interesa.
Francisco me pide La verdad para hacer el crucigrama. Muchas veces requiere de mi ayuda para concluirlo. “Juanito, ¿una diosa romana de cuatro letras?”
Luego llega Frutos.
Frutos se parece tanto a mi padre que a veces me da un vuelco el corazón al verle, pues pienso que es él. Solo me resulta diferente su forma de andar, a pasitos muy cortos.

Pronto se inunda la sala del aroma a café.

Entra Vicente, el que siempre se olvida la funda de las gafas. Y Andrés, el que a marcharse dirá “Me voy antes de que llueva” Su despedida es siempre la misma, cualquiera que sea el estado del tiempo.

Para Pepe, un boli o un lápiz es  “la máquina de escribir”  
“Juanico, dame la máquina de escribir, a ver si empezamos la partidica” Y luego añade: “Bueno, no me la des, préstamela, que ya sé que es “de Huelva.” Hay cosas que permanecen inalterables.

Ferri es el más escandaloso. Son conocidos sus berrinches al perder a las cartas, y suele culpar al compañero de no haber sabido ganar a la pareja contrincante. Ferri se enfurece tanto que nadie quiere jugar más con él. Y entonces se marcha sin mirar a nadie.

Pepe devuelve “la máquina de escribir” y me comenta “Ya ves, venimos a pasar un ratico distraídos, pero algunos se lo toman demasiado en serio”

 Hoy Fulgencio me regala un racimo de uvas. “Toma, Juan, que las acabo de coger para ti”
Rosa, su mujer, tiene una piel tan arrugada que no cabría ni una linea más en su rostro. Pero sus ojos son tan bonitos y su sonrisa es tan luminosa que parece una niña.

Virtudes quiere entrar en la sala de ordenadores y me pide la llave.  Se asoma al salón de juego. Es incapaz de pasar por delante de tanto hombre, así que da un gran rodeo para evitarlos. Ninguno de ellos levantaría la vista de las cartas o el dominó, pero ella es así.

Entran algunas mujeres que van a Pilates. “¿Y la Cloti?- dice una- Hace tiempo que no la veo” “Ya no viene, - le contestan- es que su hija ha encontrado trabajo y ahora tiene que quedarse con los nietos”

Ferri vuelve a entrar. Se había marchado furioso, pero ahora trae cara de haberse sosegado. Se acerca a las mesas donde los demás juegan. Le miran con recelo. Le apetece volver a jugar pero sabe que ha obrado mal y no abre la boca. Se sienta a mirar, como un niño arrepentido.

Las dos Antonias suben a rehabilitación. Una le pregunta a la otra cuándo es la misa por la muerte de alguien. Esto me hace acordarme de Josefina,  la que yo llamaba la Corleone, la que fuera la reina del bingo, aquella mafia de señoras que casi mataban por jugar.

Hacía varios meses que no venía por el centro y una compañera y yo decidimos llamarla por teléfono. 
“¿Cómo se encuentra, Josefina?” - le dije. “Pues bastante fastidiada. Las rodillas no me responden. Ya apenas salgo de casa de mi hija” “Que sepa que por aquí se la echa mucho de menos, y que me acuerdo mucho de usted” “Ay, Juanillo, también yo me acuerdo de ti y de todos vosotros.”  No quise que se quedara triste y eché mano de sus bromas: “Pues el otro día vino Bertín Osborne y preguntó por usted” “Ay, si ya no me tiene que querer, no ves que ya me he hecho muy vieja y no valgo para nada”
La Josefina de antaño no hubiera respondido así, ella me habría dicho algo como: ¿¿Y cómo no le diste mi dirección??

Hace poco, Luis, el dandi, vino a decirme que Josefina murió este verano. Lo sentí muchísimo. Era una mujer muy particular sobre la que escribí varias entradas, tal era el cariño que por ella sentía. Me consta que la simpatía fue mutua, aunque no siempre fue así, que aún recuerdo lo mucho que me costó ganármela. Cuántos buenos recuerdos me quedan de nuestra relación. Descansa en paz, querida Josefina.

Se marcha a casa Fulgencio, y le vuelvo a agradecer la uva que estoy  merendando.
Se despide Vicente y corro a por la funda de las gafas que se ha dejado en la repisa de alguna ventana.
Se va a casa Luis, el dandi, que va regañando a Ferri. “Y como mañana no te controles un poco, con nosotros no juegas más”
Andrés dice que se va antes de que se ponga a llover, y Frutos me hace un gesto que me resulta muy familiar.

Se alejan las últimas voces y el salón vuelve a quedar vacío.

Mientras ordeno sillas y mesas, veo que al fondo, el grupo de los calurosos ha dejado una ventana abierta, y el aire  hace bailar los visillos.
Han podado recientemente el macizo de hiedra que rodea el edificio, y al hacerlo, las hojas viejas que las verdes ocultaban  han quedado al descubierto.  Me quedo observando cómo el más leve soplo de viento las hace caer al suelo. 
El sol, a punto ya de ocultarse,  filtra su luz a través de la maraña vegetal y hace resaltar los tallos más verdes, las hojas más nuevas, las que volverán a recubrir todo el macizo muy pronto.
Y de nuevo la brisa va empujando  las hojas secas  por el suelo, amontonándolas en algún rincón.

Antes de apagar las luces echo un último vistazo al salón y me despido mentalmente de todo hasta el día siguiente.
Mañana, salvo leves cambios, todo volverá a repetirse. La luz de la tarde entrará alegre por los ventanales y el salón comenzará a llenarse de vida.

Yo estaré esperando.
Les espero a todos cada día.

16 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo, estimado amigo, que esta entrada es de las más bonitas si no la que más, de las que has escrito para nuestro deleite durante estos años. No puede caber más humanidad y cariño en la misma. Enhorabuena!"!
Txema Rico

Montse Martínez Ruiz dijo...

Eres grande, JuanRa y tienes un corazón más grande aún.
Coincido con Txema que esta es la entrada más bonita y emotiva que nos has regalado.
Tienes el mejor de los trabajos, un trabajo que te permite dar cariño y amparo a otras personas, nadie mejor que tú para esa admirable labor.
Un besito.

Mar dijo...

No se puede hacer una descripción más bonita como la que has hecho de nuestro trabajo Juan, y de las personas que allí acuden, y sobre todo el bonito recuerdo de los que ya se fueron como Josefina y Cabila, precioso. Un beso

Osiris dijo...

Vaya.... Que nostalgia me ha dado ver el centro y a sus gentes a través de tus ojos y tus sentidos!
Que nostalgia..... Y cuanta vida aunque la gente no lo crea!

Anónimo dijo...

¡Otra vez!...Te he dicho varias veces que me encantan estas entradas que dedicas al CEAM y sus parroquianos porque transmites esa paz; esa melancolía que suele impregnar todo lo relativo a los mayores, porque siempre saben que ésa puede ser su última tarde, y que armoniza con la luz y la atmósfera otoñal. Yo he entrado en una etapa que también percibo esas sensaciones de ocaso al ver a mis padres envejecer y perder facultades sin remedio y al ir comprobando cómo va desapareciendo toda esa gente -vecinos, amigos de mis padres, tíos, viejos profesores míos, tenderos...-que fueron mis referentes desde la niñez y, cómo, junto a ellos, desaparece un mundo, una forma de vivir, de trabajar y de relacionarse que yo controlaba y con la que me sentía muy a gusto, para ser sustituída por otra que cambia rápidamente, sin tregua y de forma radical y que a mí me produce vértigo.
Cómo será mi idea de que los nuevos habitantes de este mundo son de otra especie humana distinta a la nuestra que convivimos con esas generaciones que se están marchando, que no puedo ni imaginarlos, (a esos nuevos), como personas mayores y desvalidas...
carlos

Ángeles dijo...

Cuando parece que nadie está contento, que todo el mundo se queja de todo; que todo el mundo está a disgusto con su trabajo, es un gran placer ver que alguien no solo no se queja sino que está a gusto y disfruta de lo que hace, de su entorno y de la compañía de quienes lo comparten con él.
Y da gusto ver cómo aprecias los detalles cotidianos, como el sol en los visillos, las hojas que corretean por el suelo o el saludo acostumbrado de una persona; cómo ves la belleza y la trascendencia que hay en todo ello y cómo lo expresas con tanta naturalidad y acierto.

En una ocasión te dije que eras el Dickens yeclano; en otra te confundí con Paul Auster, y ahora te veo como un nuevo Robert Walser.
Por eso, para terminar, te dejo una frase suya que podría haber sido mía si yo supiera decir las cosas así:
"¡Oh, cuánta añoranza sentí entonces! ¡Si por lo menos supiera hacia qué!"

hitlodeo dijo...

Ese tal Pepe debe ser un cachondo. Y todos en general, cada uno con sus caunás, formán tu segunda familia.

Un abrazo, y enhorabuena por disfrutar de tu trabajo.

Lillu dijo...

Se ve que te gusta tu trabajo y te preocupas mucho por todas esas personas que ves cada día, que las conoces y sabes de qué pie cojea cada una ;) A veces creo que sería mejor no ser consciente de que el tiempo va pasando y no vuelve nunca, y que próximamente nosotros seremos los nuevos Dandi o Josefina.

Muy sentimental la entrada pero a mí me arranca un poso de tristeza también, no puedo evitarlo :/

saluditos

Ana Bohemia dijo...

Ya te lo han dicho pero te lo repito: que entrada más bonita, emotiva y cariñosa. Las dos frases finales me han puesto los pelos de punta “Yo estaré esperando. Les espero a todos cada día”. Hojas de hiedra verdes y hojas secas, hay mucho simbolismo ahí.
Un abrazo

Amig@mi@ dijo...

Una entrada como pocas, Juan. ¡¡Tiene tanto sentimiento!! Eres muy afortunado. Con tanto abuelo nunca te sentirás solo. Disfrútalos.
Un abrazo, amigo

Papa Cangrejo dijo...

Eso es tuyo o lo has copiado? jejeje muy bonito

JuanRa Diablo dijo...

Te agradezco mucho esas palabras tan halagadoras, Txema

Siempre he dicho que no hay nada como el otoño (y una ventana) para sentarse a escribir.

Y había una ventana abierta a la tarde otoñal :)

Muchas gracias también a ti, Montse. Tú sí que eres grande! :D

Aunque se te ha vuelto a olvidar que no debes utilizar palabras como bonita, emotiva, cariño… Luego me las veo y me las deseo para taparlas y que no las lea mi Jefe!! :p
Un beso

Gracias, Mar
Tú mejor que nadie puedes constatar estos día a día.
Nos suelen poner la cabeza como un bombo, pero todos y cada uno de ellos deja, aun sin darnos cuenta conscientemente, su pequeña huella en nosotros.

Besos, mancheguica :)

Osiris:

Para que veas cómo paso las tardes, esas que tú también vives a veces en las que tanto te preguntan por mí, jaja.
PaZENcia, amiga

Carlos:

Lo has explicado perfectamente. Yo también me doy cuenta de que hay abismos impresionantes entre las formas de vivir de antes y las de ahora, pero quiero creer, (aunque solo sea para no deprimirme) que lo importante es que sigan existiendo esos valores, esas bases que hacen agradable la convivencia entre los hombres. Y me he dado cuenta de que muchas de las “tonterías” que vemos en los jóvenes de hoy, se curan milagrosamente con algo llamado edad. Descuida, aquellos “de otra especie humana” (jaja) terminarán por reconducirse.

Mientras tanto, sigamos respetando y mimando a nuestros mayores.

Ángeles:

El otro día les conté a Dickens, Auster y Walser lo que habías dicho de mí y casi se atragantan con el café y las pastas.

No, en serio, pero qué cosas más hermosas me dices y qué gusto tener una amiga que me mira con ojos de paciente lectora y que sabe traducir lo bueno que pueda haber en mi alma de diablo.

¡Eres como un diamante Hoggarty en la solapa de un bibliómano! :)

Hitlodeo:

Me ha gustado lo de “ cada uno con sus caunás “, que jamás había oído.

Gracias, hit de los fogones. Un abrazo para usted también.

Lillu:

Es que este tema del paso del tiempo y de todo lo que conlleva… uf, su puntillo de tristeza tiene, para qué negarlo. Pero qué sabia es la naturaleza humana, que va tamizando esos pensamientos durante toda la vida, para que no duelan, para que formen parte de nosotros , incluso para que se acepten abiertamente.

PD. Ah, si quieres ser joven eternamente… ya sabes con quién has de pactar.

Gracias, Ana, eres muy amable.
Y es verdad, todo es muy simbólico: la hiedra joven protegiendo esas hojas pardas que guarda entre sus tallos, la luz que se extingue al terminar el día, las hojas secas que irremediablemente han de caer…

Amig@mi@:

Es verdad, nadie tiene tantos abuelos como tengo yo!
Gracias, Montse :)

Papa Cangrejo:

Copiado, claro, copiado de la vida que pasa ante mis ojos ;)

Saludos, PC! Y gracias!

Sandra dijo...

Preciosa entrada, Juanra, por un momento me he trasladado allí y hasta me ha parecido oir el repiqueo de las fichas de dominó sobre la mesa.

Me encanta cómo escribes sobre lo cotidiano, las pequeñasa cosas, que al fin y al cabo, son las que cuentan de verdad.

hitlodeo dijo...

Es una frase que decía mucho un jefe mío: "Ca uno es ca uno y tiene sus caunás"

Anónimo dijo...

Qué bonito Juan....tus entradas del CEAM siempre me emocionan.
anasister

JuanRa Diablo dijo...

Muchas gracias, Sandra Casi olvido responderte, pero no dejo de leer todos los comentarios.

Pues anotada queda la frase, Hitlodeo :)

Me alegro mucho, Anasister