Señoras y señores:
Bienvenidos a esta exposición de obras de arte que es para mí un placer
presentarles.
Si
tienen a bien pasar a contemplarlas, comprobarán el encanto, frescura y originalidad que todas ellas
poseen.
El hecho de que la
artista sea hija del que les habla, es meramente anecdótico y en ningún caso
estarán mis opiniones influenciadas por esta fortuita coincidencia; muy al
contrario, mis críticas serán totalmente objetivas y desvinculadas de todo lazo afectivo.
En
la pasada exposición de hace dos años de aquel otro insigne artista, Samuel
(Yecla 2003) descubríamos 11 dibujos convenientemente titulados por él.
En esta
ocasión no todos los cuadros tienen nombre, pues a pesar de mi insistencia en
que ella misma los titulara, siempre se limitó a regalármelos sin más. No
obstante, es para mí un honor recuperarlos hoy de la carpeta de dibujos, para
que la misma artista pueda hablar sobre ellos y explicarnos los
desconocidos matices de su obra sin
igual.
Aprovechando
que la tengo aquí, a mi lado, comenzamos la visita.
Señorita
Aitana, muy bienvenida a esta su casa. Acompáñenme todos, por favor.
Este
es el primer dibujo del que tenemos constancia, del año 2009. Si nos fijamos bien apreciamos que pertenece
a su etapa minimalista.
—A
mí me parece un acta notarial firmada por
todos los Pitufos, pero ¿qué es exactamente, Aitana?
—¿Esto?
No sé... Es.. ¡letras! Es que cuando era pequeña no sabía escribir (observen su
modestia al llamarse pequeña, siendo en realidad la más grande)
—Aquí
tenemos otra de sus primeras obras, de una belleza cromática inigualable. ¿De
qué se trata?
(Se
queda pensativa)
—Es
un poco feo, ¿no?
—¿Feo?
¡A mí me parece hermosísimo!
—Es...
no sé, fantástico y raro.
(Yo
no lo podría haber expresado mejor)
—Vamos
con el tercero. Ah, veo que esto es un monstruo que se ha tragado a un niño,
¿no?
—Noo,
es una madre embarazada. Y ese es el bebé.
—Ah,
claro, claro, ya me parecía extraño ver al niño tan contento. Sencillamente genial.
—Qué
trazo tan sencillo tiene éste y qué poderosa fuerza transmite.
(Aitana
me mira frunciendo el ceño, sorprendida quizás por mis palabras)
—Es
una niña perdida.
—Justo
lo que yo pensaba. Pero la veo sonriendo.
—Sí,
es que su hermano la va a rescatar.
—Oh...
—Es
una troglodita, ¿no?
—¿¿Una
qué??
—Nada,
nada, ¿qué es esto?
—Es
una mujer que se va a hacer una tostada con miel.
—¡Es
verdad!, ¡si ahí se ve la tostadora! ¡Qué torpe soy!
—Aquí
no cabe la menor duda. Lo titulaste “PATO”
—Sí,
un pato un poco raro.
(Estoy pensando que sería perfecto como
mascota para las Olimpiadas de Madrid 2080.
Cuacky
se llamaría.
¡Me
podría forrar!)
—Estos
sois tú y la mamá.
—¿En
serio? Parece que estemos levitando, ¿no?
—¿Qué?
— Que
parece que flotemos.
—Sí.
¡Mira qué pies, jajaja!
—Una
señora que va a la compra, ¿verdad?
—No,
una niña con un calcetín lleno de regalos de Papa Noel. Este se llama La
Navidad de Marta.
—Con
ese título lo acabas de revalorizar.
—Ah,
sí, es un robot.
—¿Y
qué función tiene?
—¿A
qué te refieres?
—Que
qué hace, ¿abre latas? ¿conduce coches? ¿pinta casas?
—No,
salva a los niños.
—¡Vaya,
gran labor! Me gusta este robot salvaniños.
—Y
aquí otro robot, ¿no?
—Nooo,
es una mujer que ha ido a la peluquería.
—Ah,
claro, ¡lo de la cabeza son rulos!
—Sí,
aunque me salieron un poco mal.
(la
artista siempre quitándose importancia)
—Y
se ha encontrado una corona
—¿Ah, sí? ¿Y la corona está por los suelos?
—Sí
—Muy
alegórico.
—Este
te lo regalé en tu cumpleaños, ¿te acuerdas?
—Sí,
me acuerdo perfectamente.
—¿Te
gustó?
—¿Que
si me gustó? ¡Lo guardo como un tesoro!
—Esta
soy yo dándote un pastel.
—Un
pastel que es la bomba, por cierto.
— Esta
pierna me salió regular.
—¡Qué
dices, es perfecta! ¡Es una obra maestra! ¡Nunca me habían hecho un retrato tan
parecido!
Aitana
se encoge de hombros como diciendo “si tú lo dices...”
Y bien, nada
más por hoy, señoras y señores. Les agradezco enormemente la asistencia y
espero que hayan disfrutado de tanto arte.
La salida es por allí.
Por
cierto... ¿alguien tiene el teléfono del MoMA de Nueva York?
























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