10 de marzo de 2014

EL LSD ESTÁ SERVIDO

Enfrentémonos a los hechos sin miedo  (Glups!)


(En rojo las palabras y frases por vosotros propuestas)

Todo empezó con aquel hombre que  sintió hambre, ¿recordáis? Sí, aquel que tuvo la picardía de asistir a una conferencia cuando supo que ofrecerían algo que llevarse a la boca. 

¿Sobre qué versaba la conferencia? No lo sabemos, el protagonista no nos leyó el folleto, algo que podemos llegar a comprender conociendo sus intenciones: le tenía sin cuidado lo que en ella se tratara, él solo pensaba en esa oportunidad de darle a las muelas. Luego vimos que sí, que una vez allí,  la oportunidad le llegó en forma de canapés. 

A este respecto me hacía Sese una observación: "Es raro que den el refrigerio antes y no después de la conferencia", y suponía que sería esto una necesidad argumental, porque en el mundo real nadie asistiría a ella después de zampar. 

Pues no te falta razón, tronco, pero fíjate que si preguntaras a los asistentes a aquel evento cuál es la vida real, sin duda te responderían que aquella que están viviendo. Tú los ves desde fuera, sin forma ni color, pero ellos se sienten tan vivos y reales que para aquella gente el personaje irreal podrías ser tú. Todo es normal en su mundo y su contexto. 

Esto es un poco como aquello de la botella medio llena o medio vacía, es decir distintas formas de ver una misma verdad. Piénsalo un poco y verás que buscar la lógica en lo aparentemente ilógico puede llegar a ser muy adictivo, aunque, eso sí, "te irás con la cabeza tan rota como yo" (vale, vale, me pedías el corazón y no la cabeza; reconozco que aquí me ha faltado... pasión)

En cualquier caso, pienso que este hombre también se habría largado de allí si no fuera porque se vio obligado a entrar en el salón de actos (recordemos que lo pillaron con la boca llena y él no quería aparentar ser un muerto de hambre) 
Imagino que debió pensar, "Bueno,  ahora me trago el rollo y ya está, pero al menos me he puesto las botas"
Pero qué paso entonces, ¿por qué vio que la señora se convertía en perro y el perro en señora?

Para Misaoshi la cosa está clara: "Resulta que era una conferencia de una secta y los canapés llevaban droga y por ello empezó a verlo todo borroso y las imágenes mezcladas" 

No queda nada mal esto de la secta. Diría que casi ha dado en el clavo y sin  martillo. Además la palabra "secta" se parece a "seta" y,  mira por donde, existen setas alucinógenas. Las setas pueden ser tan peligrosas como las sectas (las que llevan la intercalada C de Canapés)  
Vale, pido disculpas por estas divagaciones, siempre me enrollo más que una serpiente mordiéndose el culo.
Más que una secta me parece un gran timo porque, según cuenta Misaoshi, cuando los asistentes al acto se despiertan, se dan cuenta ¡de que les han robado! (¿puede haber un delito más hediondo?) Por suerte, a nuestro hambriento amigo, que no tenía ni calderilla para unas patatas fritas, nada podrían robarle,  y se marcharía de allí mareado pero feliz. Toda una experiencia que contar a su mamá (y a sus nietos algún día) 
Antes de abandonar aquel lugar, dice Misaoshi que nuestro amigo oyó cómo un caballero le decía a su esposa: "Pues no decía yo que la señora esa no podía ser verde, ¡te lo dije, eso era la droga!

Pero las interpretaciones pueden ser tantas... 

Montse no los ha visto ni como secta alucinógena  ni como timadores, y expone su visión de los hechos:  "Seguro que se trata de una gente muy chic que quiere hacer un estudio sobre el comportamiento humano en extremo grado de pobreza, de ahí lo de LSD, que quiere decir "Los Sin Dinero" 

¡Toma ya! ¡Asombroso! He aquí una suposición con fundamento. Además añade que “para aquel hombre era su primer experimento, luego vendrían más, y mucho más crueles..." 

Montse, por favor, deberías tejer esta historia hasta el final. Esa idea de elegir a un incauto e inocente viandante como conejillo de Indias es todo un guion de película. Además, casi estoy viendo al actor que haría de conferenciante cuando dice: "Deberíamos sincerarnos y decir abiertamente qué  es lo que nos lleva a hacer esto" Creo que  entonces la señora del abrigo susurraría con orgullo:  “Más les vale que sean sinceros; ya me di cuenta de que aquello no era vino blanco, sino limonada"

Las cosas no siempre son lo que parecen, y esto es algo que debió pensar Loque  al conocer la historia. (O tal vez no pensara nada y se limitara a hacer un ejercicio de improvisación)

Ella opina que toda aquella gente debió ser hipnotizada nada más entrar en la sala, con el fin de que vieran en los canapés lo que desearan ver. En realidad no eran tales canapés, sino trozos de pan duro. 
“Como este pobre chico tiene tanta hambre —explica Loque—, ve comida apetitosa, pero como la señora pija y su perrito están bien alimentados, lo prueban y pasan” 

Interesantísimo examen. Supongo que el adalid de aquel experimento sería un  hipnotizador de incontestable poder, capaz de hacer ver la belleza de una fuente en un simple y oxidado caldero.

Puedo imaginar a algún asistente ensalzando el sabor de aquellos mendrugos de pan.
Le advierto, joven, que somos muy selectivos", diría el hipnotista socarrón.

Tal vez Ángeles podría ser una buena mentalista, pues supo leerme hasta la última neurona.

“La historia —dice ella— parece indicar que los canapés estaban aderezados con LSD, que tal ‘producto’ era el tema de la conferencia y que los canapés estaban allí preparados para hacer un experimento guiado después de dicha conferencia. Por eso no se los comía nadie. Pero como nuestro hombre no había leído el folleto, y como tenía más hambre que un perrillo chico, se puso a zampar sin más. Y luego, claro, flipaba en colores” 

Pero el verdadero experimento me habría de llegar después: ¿cómo describiría yo lo que siente un hombre que ha ingerido gran cantidad de sustancias alucinógenas? ¿Cómo contar ese abstracto flipe en colores sin una base empírica y sin tener que consultar una enciclopedia

No tuve más remedio que elegir a un pobre perdedor y sentarlo a escuchar una conferencia. 
El tema de la misma sería lo de menos: la caza de la perdiz roja  o el estudio metalúrgico en la isla de El Hierro, por ejemplo. 
Tampoco importaría  el aspecto del conferenciante: más tieso que un carámbano con gomina o tan relajado como el gato de un hippie.  
Lo que de verdad  me interesaban  eran las sensaciones del drogado, las percepciones físicas y mentales por él vividas. Este era el enigma.

Yo lo veo flotando en nubes de humo azul, asomado a la barandilla del vacío inconsciente, estrellándose en las estrellas del tiempo, en  un retruécano infinito, sin dejar de  aspirar la rota flor de un verano silencioso. 
Por favor, ¿dónde está el servicio?, pregunta alguien en algún rincón de su mente.

Lo intuyo sonriendo a un rostro de nácar que le roba el habla como una sanguijuela infame, permitiendo que sea su pulso el que no deje de sonar,  descendiendo  en espirales de paz traslúcida y gritos soeces que le hacen abochornar y reír a un tiempo, cabalgando a lomos de un pétreo lagarto que siempre toma el  camino más obsoleto.
No a las drogas”, parece escuchar en el eco de algún eco. 

Y en la beatífica caída a un submundo de sueño desmedido, se ve a sí mismo platicar con el espejo: “La paparrucha y el mamarracho no hacen buena pareja”, se dicen,  y en algún  gesto canino advierte que todavía no sabe quién es ni dónde está, y que lo único que recuerda es aquella última voz que susurró “A mí me parece que lo que todos buscamos es librarnos de la a veces desesperante conciencia del yo” 

Nunca me hubiera atrevido a describir aquel alucinado trance sin la valiosa ayuda de Ángeles, Ana, Papá Cangrejo y Amig@mi@.

Y he dejado para el final el que considero un magnífico titular de periódico:

HOMBRE DEVORADO POR UN GRUPO CANIBAL

Y es que la calenturienta imaginación de Carlos (casi mi alter ego) le llevó a dibujar una escena horrorosamente fascinante. 

“Sí, por efecto del LSD, el prota va a ser considerado por el resto de asistentes (con cara de perro o sin ella) como un ejemplar sabrosísimo para hincarle el diente, cual chorizo de cantimpalo”
¿Canapés atractivos y apetecibles? Bah, mucho mejor el incauto invitado, que les servirá de delicatessen.

Haced un último esfuerzo para visualizar este macabro experimento de la imaginación y así poder verlo sentado en su butaca, cuando la semilla del ácido alucinatorio empezara a germinar en su organismo y sonriera embobado a todos los allí presentes.
El señor Corman, desde su atril, le señalaría para exclamar:

"Agradecemos la asistencia del señor Gutiérrez, que amablemente se ofrecerá a servir de apetitos... ejem, de amable voluntario para nuestro...ejemplo. ¡Un aplauso, por favor!"

Sin imaginar su terrible destino, nuestro hombre seguiría sonriendo a todos aquellos señores que se levantaban a aplaudirle. 
No le pareció extraño que lo llevaran en volandas a la tarima, ni sintió el más leve resquemor al percibir que lo despojaban de su ropa hasta dejarlo completamente desnudo.

Echado en aquellas suaves tablas, vio acercarse a una mujer que se arrodilló junto a él y le besó en la boca. Después sintió un leve pinchazo en los labios y cuando la mujer alzó el rostro, del mentón le goteaba sangre. Pero la mente estaba demasiado acorchada para comprender todavía.

En el momento en que un hombre muy grueso le levantó la pierna y le mordió con fuerza en los gemelos,  experimentó el primer asomo de incertidumbre. Algo raro estaba sucediendo, pero aún no sabía enfocar la realidad.
Se fueron acercando más personas, que con los dientes daban tirones de distintas partes de su cuerpo.

Fue al aproximarse el Señor Corman y en su semblante se dibujó de repente el sobrecogedor rostro del diablo, cuando aquel hombre vislumbró por primera vez la realidad, el dolor se hizo latente  y un grito de terror le brotó por fin de la garganta. 

Aquel sonido fue el detonante que excitó al grupo de caníbales que le embistieron a mordiscos como perros rabiosos.

Justo cuando el corazón de aquella masa sanguinolenta dejaba de latir, partía  hacia el pueblo un autobús con un asiento vacío.

Muchas gracias y hasta otra, Lectores Seguidores del Diablo. 


4 de marzo de 2014

EXPERIMENTO ELE ESE DE

Acudió a la conferencia por puro interés estomacal.

No había previsto que a aquellas horas sentiría hambre, y sus últimas monedas las había empleado en sacar el billete de vuelta al pueblo.  Faltaban casi tres horas para que saliera el autocar y en los bolsillos no le quedaba ni un triste caramelo que echarse a la boca.

Por hacer tiempo, caminaba por los alrededores de la estación de buses, intentando ignorar la protesta de sus tripas, y fue entonces cuando aquella chica sonriente  que iba repartiendo publicidad le ofreció un folleto. 
Lo cogió mecánicamente, sin ningún interés por saber en qué consistía, y a punto estaba de tirarlo a la papelera de la esquina cuando sus ojos leyeron:

"Obsequiaremos con un pequeño refrigerio 
a todos los asistentes"

 Aquello era el anuncio de una conferencia. Sin apenas prestar atención al largo título, que contenía palabras que le parecieron muy técnicas, se limitó a buscar por el papel el lugar y la hora del evento. Cuando descubrió que era en esa misma avenida y que comenzaría en poco más de media hora, se dirigió hacia el "pequeño refrigerio" sin dudarlo.

En la dirección indicada, accedió al hall de un edificio destinado a actividades culturales. Asomó una sonriente joven, muy parecida a la que repartía folletos en la calle, y le pidió que la acompañara.

Al atravesar unas puertas giratorias se encontró con un numeroso grupo de personas en pie, charlando animadamente. Se sintió ligeramente cohibido hasta que  vislumbró las mesas circulares sobre las que destacaban doradas bandejas.
Aquellos canapés, con sus variados colores y meticulosa disposición, se encargaron de dar la bienvenida  a sus ojos primero y a sus glándulas salivares después.

Se tragó el primero de un bocado y cogió una de las muchas copas servidas con vino blanco. Tomó un pequeño sorbo mientas se acercaba a otra bandeja, mirando  de reojo a la gente más próxima. Cuando se aseguró que nadie le prestaba ninguna atención,  se metió otro canapé en la boca. Era de color salmón y lo encontró delicioso, pero se reprimió a la hora de tomar otro. No quería parecer un desesperado, cuando lo cierto es que se le había despertado un apetito voraz y deseaba saciarlo con todos aquellos manjares triangulares.

Bebió otro sorbito al tiempo que volvía  a recorrer la sala con la mirada. Allí no parecía haber más hambriento que él. En el ambiente flotaba el murmullo de gente sosegada que hablaba de temas muy raros.

"...pero no es más que la percepción sensorial de cada cual, que es siempre subjetiva..."
"... siempre que no se anule la voluntad, claro, al fin y al cabo la mente no participa entonces de esa realidad ..."
"... desde luego, desde luego, ahí radica el punto neurálgico de esa experiencia. No obstante..."

Una señora con un grueso abrigo de pieles tomó con delicadeza un canapé y le dio un diminuto bocado. Hizo un mohín de desagrado, y lo acercó a uno de sus anchos bolsillos, por el que asomó la minúscula cabeza de un perrito que también mordisqueó el canapé e igualmente lo rechazó agitando la cabeza.

Instantes después se abrieron las puertas y anunciaron el inminente comienzo de la conferencia en el salón de actos, por lo que la gente empezó a abandonar aquella sala.
La sala de las mesas.
Las mesas de las bandejas.
Las bandejas de los canapés.
Los canapés del delirio.

Se rezagó intencionadamente, dejó que saliera toda la gente para quedar allí a solas un momento, y cuando vio desaparecer al último abrigo oscuro más allá del marco de la puerta, se abalanzó a comer canapés. A devorarlos, a engullirlos, a exterminarlos a dentelladas y lametazos. Los de jamón, los de queso azul, los de paté, los de huevas de esturión...
Cuando la chica sonriente se asomó, le encontró con los carrillos hinchados como pelotas.

—¿No va a acudir a la conferencia, señor?

Abochornado, levantó un dedo y asintió con la cabeza, mientras bebía otro sorbo para poder tragar aquella invasión de gula.
...............

Y bien, os aseguro que he comenzado este relato con una idea aproximada de cómo lo concluiría, pero de repente he pensado que podría hacer un experimento literario:
¿Qué tal si me dais pie a que lo prosiga por caminos que ni yo mismo pueda imaginar ahora?

Me explico:

Si has llegado hasta aquí, hasta el punto en que este hombre mastica y traga canapés en medio del enorme apuro de haber sido pillado cual Carpanta, dime: ¿Sospechas algo extraño?

Si no es así, lee de nuevo el título del post y te vuelvo a preguntar, ¿se te ocurre por dónde pueden ir los tiros? Bien, pues cuéntamelo porque yo no estoy muy seguro.

Solo sé que cuando la conferencia empezó, nuestro amigo estaba sentado en las filas de atrás, y que de repente la señora del abrigo de pieles se volvió para mirarle y tenía la misma cara que su perro; es más, toda ella era un enorme perro con abrigo, y de uno de sus bolsillos asomaba una diminuta señora que se chupaba los dedos.

Pero aunque no comprendas nada, te voy a pedir también que me digas seis palabras sueltas, las primeras que te vengan a la cabeza.  Pueden ser sustantivos, adjetivos, verbos... me da igual. 
El caso es que estaré obligado a que esas palabras (rebuscadas o sencillas) aparezcan en la continuación de la historia.
Por último te pido que me digas una frase completa para poner en boca de alguno  de los señores o señoras asistentes a la conferencia. Incluso la puedes adjudicar al conferenciante si lo deseas. Solo tienes que decírmelo.

Para que todo sea más misterioso, voy a ocultar durante unos días los comentarios; mejor que todo sea secreto hasta el final.

Ignoro si es una buena idea y qué puede salir  de esta extraña conferencia, (¿nos aportará algo interesante?)  pero si acaso el experimento resultara fallido... bueno, al menos no seré el único responsable, que aquí nos vamos a mojar todos (y no de vino blanco)

En cualquier caso, siempre podremos echar la culpa al mal estado de los canapés.

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ACTUALIZACIÓN 7/3/14
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 ¡¡Socorro!! ¡En qué lío me he metido! :o
Cierro plazo de admisión para que no se haga muy largo. 
¡Gracias por la participación! :)

26 de febrero de 2014

MIS DISCOS MÁS REDONDOS

Llevan más de 30 años conmigo. Han sonado en innumerables ocasiones, girando, girando, dando millones de vueltas, a la par que la vida.
Canciones que me han insuflado ánimos, me han hecho soñar, meditar, dar saltos... sentirme vivo en definitiva.
Son viejos conocidos, discos muy especiales que todavía  resplandecen con luz propia y vuelven a mí de vez en cuando, con su dulce y añejo sabor.

Hoy los hago protagonistas del blog.
1) THE POLICE - SYNCHRONICITY. 1983
Parece que fue ayer mismo cuando escuché el disco entero por vez primera. Recuerdo que solo bajé a la Tierra una vez acabó y me quité los auriculares. Me gusta entero pero, qué duda cabe, es Every breath you take la canción que lo abandera. Habla de unos celos enfermizos, sin embargo  siempre se la ha  considerado una canción de amor.

 2) MECANO - MECANO. 1982
Y pensar que la primera vez que oí hablar de este grupo fue a mi profesor de 8º de EGB... "¿Habéis oído a Mecano? Están muy bien" Este disco fue toda una revolución, un tecno pop fresco que no me cansaba de escuchar. Nadie imaginaba entonces qué lejos llegarían.
Boda En Londres by Mecano on Grooveshark

3) MIKE OLDFIELD -  FIVE MILES OUT. 1982
Este músico, al que siempre he llamado Miguelito Campoviejo, me ha acompañado durante décadas. Me dejo llevar por sus elaborados temas instrumentales y me encantan sus canciones, sobre todo aquellas a las que Maggie Reilly pone voz. Five miles out tiene, además, partes corales que me suben a las nubes.
Five Miles Out by Mike Oldfield on Grooveshark
4) TRACY CHAPMAN -  TRACY CHAPMAN. 1988
Descubrí a esta cantautora norteamericana (al principio creí que era un hombre) con Fast cars. Después me terminó de conquistar con She's got her ticket y supe de inmediato que tenía que conseguir su disco. Una colección  de joyas pop folk que de verdad merecen  la pena.
5) SADE -  DIAMOND LIFE. 1984
Amo a Sade. Su voz, su look, su forma de hacerme transfusiones de soul y jazz en vena. Además me recuerda aquellos buenos ratos con un amigo de la mili que, como yo, se sabía todas sus canciones y las cantábamos a duo. "No need to ask he's a smooth operatooor..."
Hang On To Your Love by Sade on Grooveshark
6) DEPECHE MODE -  Never let me down again. 1987
Un grupo que me dio a conocer mi hermano y que terminó por gustarme tanto que no me lo pensé a la hora de ir a verlos en concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona. ¡Pero qué grandes los Depeche! Conservo sus primeros LPs y algún maxisingle con mis temas favoritos. En la foto, una rareza muy llamativa.
7) JOHN BARRY -  PEGGY SUE GOT MARRIED. 1986
Si ha habido un compositor de bandas sonoras grandiosas, ese es sin duda John Barry. Si bien Memorias de África o Bailando con lobos son mucho más famosas, yo me quedo con el lirismo de este disco. Para cerrar los ojos y volar... Peggy Sue se casó.
8) THE HOUSEMARTINS -  NOW THA'TS WHAT I CALL QUITE GOOD. 1988
Este grupo inglés solo editó dos álbumes, y en este doble LP está lo mejor de ambos. Compusieron unos temas indie rock fabulosos. Mis hermanos y yo los nombramos Grupo Oficial de la Cueva del Olmo, porque no faltaron en nuestras excursiones. ¿Quién no recuerda su Caravan of love? O Build.
Build by The Housemartins on Grooveshark
9) FLEETWOOD MAC -  TUSK. 1979
"¡Rápido, hay un incendio! ¡Solo te da tiempo a salvar tres discos!" Pues uno sería Tusk, sin duda, que además es doble y doblemente bueno. Los Fleetwood Mac, inspirados como nunca, grabaron perlas como That's all for everyone, Storms, o Sara. Impecable.
Sara by Fleetwood Mac on Grooveshark
10) GABINETE CALIGARI - CAMINO SORIA. 1987
Lo considero una obra maestra. Me encantan sus letras y la melancolía que desprenden sus temas, exquisitamente grabados. Camino Soria tiene una parte instrumental que me sigue poniendo los pelos de punta como el primer día.
Camino Soria by Gabinete Caligari on Grooveshark
11) PINK FLOYD - A COLLECTION OF GREAT DANCE SONGS. 1981
Escuchar a Pink Floyd con auriculares en una noche de verano sintiendo la brisa en el cuerpo es una de esas experiencias sensoriales que todo el mundo debería probar alguna vez. No digo más. 
PD. ¿Una colección de canciones para bailar? ¿¿Cómo se baila Pink Floyd??
Shine On You Crazy Diamond by Pink Floyd - www.musicasparabaixar.org on Grooveshark
12) DEPECHE MODE - A BROKEN FRAME. 1982
Cómo disfruté siempre "el disco de la segadora". Reconozco que la música electrónica ochentera se me metió dentro para quedarse definitivamente. Aún me gusta, y eso que ya ha llovido (sobre campos de trigo) Disco mítico con temas de 10 como See you, My secret garden o The sun and the rainfall.
13) YAZOO - UPSTAIRS AT ERIC'S. 1982
¿Yazoo? ¡Gloria bendita! Lo que decía antes, sintetizadores y pop electrónico en espirales de locura. Cabría pensar que este tipo de música carece de alma, pero os aseguro que en el caso de Yazoo (solo dos míticos discos en su haber) no fue así. La vocalista, Alison Moyet, es grande entre las grandes y cantó temazos como Only you o Don't go. Y un tema que está entre mis favoritos de todos los tiempos: Midnight.
Midnight by Yazoo on Grooveshark
14) SUPERTRAMP - BREAKFAST IN AMERICA. 1979
Otro mítico grupo británico de rock que a mí siempre me ha puesto las pilas. El buen rollo de este disco es indiscutible, y no le falta ese puntillo melancólico que lo adereza perfectamente . Tiene "cruasanes" tan apetitosos como Take the long way home o Breakfast in América, y una The logical song  plagada de palabras sonoras, rítmicas, tan beautiful , tan magical, tan wonderful.
The Logical Song by Super Tramp on Grooveshark
15) ALPHAVILLE - FOREVER YOUNG. 1984
Otro cofre de monedas de oro. Un disco que subió en todas las listas como la espuma, con un montón de temas enérgicos y pegadizos. Repasando todas esas canciones que me han dejado huella,  escucho Forever young y pienso que estaré ligado a ella para siempre. Es una de esas canciones emblemáticas en mi vida. 

Y aquí lo dejo, aunque si hay algún melómano, curioso y/o devora-longanizas sin miedo, que siga por AQUÍ.

19 de febrero de 2014

CON LA MÚSICA A OTRA PARTE (GETCHA GETCHA GETCHA...)

Supongo que es algo común en aquellos que tenemos un blog, el que nos dejemos llevar por impulsos y emociones a la hora de escribir.

Yo no tenía prevista hoy una entrada sobre música, ni siquiera la guardaba en la recámara, pero ayer subí al trastero y me sentí como Allan Quatermain, adentrándome en las minas del Rey Salomón, maravillándome ante antiguos tesoros olvidados. 
Y mientras admiraba todo aquello, pensaba que tenía que compartirlo con el resto de la Humanidad.

Todo empezó cuando llegué a mi casa y encontré a Aitana cantando. Lleva meses utilizando cualquier objeto con forma de micrófono para sentirse como una estrella del pop. 
Es increíble, cuando se enamora de una canción, sea en inglés o español, se la aprende al dedillo y la canta hasta la saciedad. 
Y con la coreografía hace lo mismo. 
Así que cuando el mes pasado los Reyes le trajeron un micrófono de verdad, aquello ya fue la locura en verso.


El día en cuestión la encontré cantando una canción que me sonaba mucho.

—¿Quién canta eso? -  le pregunté
—Los One Direction.

Supe así que la canción original no podía ser de ese grupo reciente que tanto le gusta.

—No, esa canción es antigua.
—¡Qué va! ¡Mira! —y se apresuró a buscarla en el ordenador.

¡Cómo han cambiado las cosas! A su edad la música no me llamaba la atención tanto como a ella, pero años más tarde, cuando casi fundía las cintas del radiocasette, si quería escuchar la canción de moda tenía que esperar a que la pusieran en la radio o, con suerte, los sábados en la tele, en el programa Aplauso. 
Hoy YouTube o Spotify te  ofrecen cualquier tema al instante. ¡Tan fácil! ¡Y la cara que ponen los chavales cuando les dices que antes no existía internet! ¡No lo conciben! (claro, si casi no lo concibo ni yo)

Total, que fue escuchar otra vez el getcha, getcha, getcha...



...y venirme a la mente aquella rubia de los ochenta...


—¡Claro, eso lo cantaba Blondie!
—¿¿Blondiii??

Es por eso que un par de días después subí al trastero, porque recordé que entre mis vinilos tengo uno de Blondie y me entró mucha curiosidad por saber si contenía ese tema. Y porque además quería enseñar a Aitana dónde escuchaba yo la música entonces.

Y todo fue poner los dedos sobre aquellas vistosas fundas de cartón y revisar sus títulos y dar inmediatamente un salto en el tiempo para pasearme por la música de los ochenta (que, todo hay que decirlo, era más chula que un ocho) 
Cada vinilo de los que allí guardo lleva consigo un buen montón de recuerdos. 

Recuerdos de aquellos años en los que ahorraba el dinero de "la paga" para ir a Discos Rubio, una tienda de Elda,  pequeñísima, pero forrada de discos de arriba a abajo,  y salir de allí con alguno bajo el brazo, tan contento.  

Los tiempos de ir en autobús a  Alicante, entrar en Discos Merlín y elegir uno o dos, pero volverme loco imaginando todos los que me llevaría a casa. 

Tiempos en los que los amigos nos aprovechábamos de las ofertas de Discoplay, que vendía discos por correo  desde Madrid, para pedir un buen montón. Aquello de recibir la esperada caja, desembalarla, quitarles el precinto y apresurarse a ponerlos en el tocadiscos... ahh, aquello era un ritual mágico que se llevaba a cabo con impaciente emoción.

Y casi sin darme cuenta, vinilo a vinilo, me hice con una buena discoteca, que si hace años ya la apreciaba, hoy la miro como un tesoro. El tesoro de las Minas del Rey Juan Ramón.

Me apetece mucho mostraros los discos más especiales, los más curiosos, los preferidos... 
Pero eso será en la próxima entrada.

Si no me dejo llevar antes por cualquier otro impulso, claro.

12 de febrero de 2014

COMO DERSU

Aunque no tenga prisa, me suele molestar ver cómo baja la barrera  cuando me falta poco para rebasar el paso a nivel de Villena. 
Ese tiempo de espera hasta que pasa el tren, siempre me parece tiempo perdido.


Hace unos días, cuando me disponía a enfilar  la carretera hacia Yecla, vi desde lejos cómo descendía esa larga barra pintada a franjas blancas y rojas.

¡Hala, ya me ha pillado el tren otra vez!, gruñí fastidiado.
Detuve el coche, parando el motor como suelo hacer, y me resigné a esperar.

Estuve un rato mirando la señal luminosa,  me llamó la atención el acentuado contraste que hacían las vivas luces intermitentes frente al uniforme manto plomizo del cielo, que no había dejado asomar al sol en todo el día.

Contemplé después el grupo de árboles que hay pocos metros después de las vías, altos y frondosos, y la pequeña casa en ruinas que se encuentra a sus pies. La vegetación la ha acorralado e invadido de tal forma que por una de sus ventanas asoma un vigoroso tronco.

Apenas se veía gente por allí, y la que pasó lo hacía con prisa, con las manos en los bolsillos de los abrigos, resguardándose del frío.

De repente escuché por mi derecha un sonido hueco y cantarín, era un botella de plástico que el viento empujaba  a su capricho. Rodaba y daba saltos  por un ensanche asfaltado a los pies de un edificio. A esa botella se unió pronto la hojarasca acumulada en los rincones. Volaron las hojas en círculo alrededor de la botella, y las más grandes y secas producían chasquidos al rozar con el suelo.

Sopló el viento en un fuerte y prolongado silbido y las copas de los árboles se agitaron enérgicamente. Osciló la barrera y hasta el poste de las señales rojas comenzó a temblar. Arreció el viento hasta convertirse en vendaval  y me sobrecogió escuchar la  metralla de arena que  surgió de golpe y que chocaba contra el coche con furia.

Vi la botella volar más allá de las vías, segundos antes de que pasara el tren, tan rápido que parecía formar parte de la misma potencia de aquel huracán repentino que, al igual que la máquina sobre las vías, tal como llegó, se fue.

Y entonces me oí a mí mismo diciendo:

"El viento es gente muy fuerte".

Así mismo lo habría expresado Dersu Uzala, a quien recordé en aquellos momentos estremecedores.

Dersu Uzala, para quien no haya oído hablar de él, fue un cazador chino que a principios del siglo XX acompañó durante varios años a Vladímir Arséniev  en una expedición  que pretendía cartografiar una parte deshabitada y salvaje de Rusia. 
Dersu les sirvió como guía y les salvó de morir de hambre y frío en varias ocasiones.

Vladímir escribiría años después su experiencia en un libro, y  en 1975, el cineasta japonés Akira Kurosawa rodaría la historia en los mismos escenarios naturales que recorrieron Vladímir y Dersu. 

Recomiendo vivamente tanto el libro como la película. Esta última me parece tan hermosa y relajante, que a veces el cuerpo me pide disfrutarla de nuevo.

—Capitán —dice Dersu Uzala mientras contemplan un atardecer— , el sol es gente muy importante. Si el sol muere, todos mueren.

El capitán lo escucha siempre con atención. Dersu se gira para señalar a la luna, y dice: La luna también es importante.


En la siguiente escena ya es de noche. Acampados cerca de un río,  todos están reunidos alrededor de un fuego. Se escucha el crepitar de las ramas al quemarse.

—El fuego es gente —dice Dersu con calma—. ¡Y grita!

Uno de los presentes empieza a reír

—Si te hiciéramos caso, veríamos gente por todas partes.

Haciendo caso omiso, Dersu se vuelve:

—Mirad el agua. También es gente.
—Sí, ¡gente mojada! —dice el de antes, que consigue hacer reír a todos. A todos menos al capitán, que sigue escuchando a Dersu con suma atención.
—Así que el fuego es gente, ¿eh, Dersu? —le dice otro en tono de burla.
—Sí, el fuego es gente fuerte. El fuego se enfada. En la taiga ardió muchos días, y cuando se enfada da miedo. El agua también da miedo. Y el viento cuando se enfada. El fuego, el agua y el viento son gente muy fuerte.

Vladímir, el capitán, no tarda mucho en comprender el espíritu noble y sencillo de Dersu, que durante gran parte de su vida anduvo en íntimo contacto con la Naturaleza, a la que observaba, escuchaba, amaba y respetaba, llegando a conocerla tan bien, que supo sobrevivir en las situaciones más adversas. La historia de esa amistad y admiración mutua es digna de verse.


La barrera se levantó, puse en marcha el motor y proseguí el camino a casa. 

Se tornó más opaco el cielo, y en ningún punto se adivinaba la luz del sol, que ya estaría a punto de ocultarse. El viento seguía aullando y formando grandes remolinos de polvo sobre los campos, remolinos que en ocasiones cruzaban la carretera, llevando consigo arena, hojas y pequeñas ramas que golpeaban en el parabrisas.

Sí —pensé— el viento es gente muy fuerte. Si está contento se llama brisa, y te besa y acaricia. Pero cuando se enfada es muy violento y es capaz de empujar y golpearte.
E imaginé a Dersu Uzala diciendo:
El viento está enfadado. La Madre Naturaleza le ha pedido que diga a los hombres que la atiendan y la escuchen, pues se siente maltratada.

Aquellos minutos junto a la vía y el viaje posterior me parecieron entonces una experiencia inolvidable. Sentí junto a mí la fuerza de la Naturaleza, su viva presencia, su voz , su indiscutible importancia e interacción con todos los seres vivos,  y quedé pensando en  cuánto bien nos haría a toda la humanidad observarla, amarla y respetarla siempre.

Estando ya en la cama, escuché el sonido de la lluvia que empezó a caer de forma torrencial, como un aplauso líquido en el silencio de la noche.

La lluvia es gente, me dije. 
Y  pensando en que escribiría sobre Dersu, me dormí.

6 de febrero de 2014

EL MEJOR LUGAR PARA DORMIR

Estoy leyendo un libro en el que el protagonista se retira a vivir temporalmente a una cabaña en plena montaña, a un lugar de difícil acceso. Unicamente la abandona cuando necesita ir a la ciudad, una vez al mes,  para hacer acopio de provisiones, lo que lleva a cabo con celeridad para  regresar pronto a su encierro voluntario.

Hay algo en estos aislamientos literarios que me atrae poderosamente, sobre todo si las condiciones meteorológicas son adversas, e imagino al individuo ante la chimenea, oyendo el crepitar del fuego,  el silbido del viento, la lluvia sobre los cristales y el crujir de la madera. ¿Puede existir escenario más placentero a los sentidos?

Esta recreación mental del hombre en soledad me recordó a ciertas conversaciones que en ocasiones tengo con mi amigo Juan Luis, en las que tratamos de imaginar  el contexto más confortable a la hora de dormir. 
Una vez propuesto el entorno, lo mejoramos con detalles que lo hagan perfecto para tal fin. Así, la opción de la cabaña en la montaña fue la primera en surgir.

—Una cabaña no muy grande, pero bien hecha;  de troncos muy gruesos y  buen aislamiento.
—Por supuesto, y leña suficiente para pasar todo el invierno.
—Y la despensa a tope, ¿no?
—Hombre, claro, comida y bebida de todo tipo.
—Y que afuera esté nevando.
—Sí, y con mucha ventisca; mucho, mucho frío en el exterior. Y un oso hambriento merodeando por fuera.
—¿Lo del oso es necesario?
—¡Claro, no va a entrar! La puerta está bien atrancada, pero saber que hay un oso afuera te hace sentir más a gusto dentro.
—Pues tienes razón, ¡que haya un oso grande merodeando!
—La cama no muy lejos de la chimenea.
—Y con una buena manta, ¿no?
—¿Buena solo? Una manta de esas que solo mirarla te calienta.
—¡Uff, es perfecto!
—Yo dormiría a pierna suelta, te lo aseguro.

Desde aquella primera opción de la cabaña han ido surgiendo algunas más. Como la del buque rompehielos...

—Imagínate, un barco enorme atravesando helados mares del norte,  50 grados bajo cero, y tú en un camarote cómodo y caliente.
—¡Qué gozada! Y el barco deslizándose y rompiendo el hielo, ¿no?
—Sí, y en mitad de un silencio absoluto te va llegando desde lejos el crujido al abrirse paso... craack.... craaack...
—¡Mmm, qué sueño me da pensarlo! Y asomarte a veces por alguna ventana y ver una llanura blanca infinita.
—¡Exacto!
—Pero oye, ¿quién dirige el barco? Hay alguien más, ¿no?
—Noo, vas tú solo, pero no tienes que preocuparte de nada. El barco está programado para llegar a algún lugar.
—¿Qué tal es la manta de la cama? (a la manta le damos un papel primordial siempre)
—¿La manta? Gruesa, suave y supercaliente.
—Bien, bien... ¡me gusta!

Las siguientes opciones, pese a sus componentes placenteros, no han logrado el visto bueno por ambas partes.

—¿En un submarino? Un poco claustrofóbico, ¿no?
—No, un submarino amplio y moderno.
—No sé, no sé...
- Sí, hombre, y se oye el sónar,  y  voces en una radio lejana. Voces en ruso, que dan más sueño.
—Psse, no le termino de encontrar la calidez, demasiado hierro.
—Pero hay luces rojas cálidas.
—Eso le da ambiente de  puticlub.
—Pues yo lo veo perfecto para dormir.
—Recuerda que hay que estar solo.
—Ya, ya, si digo solo.
—No me convence.

Ante la escena de la  barca de vapor atravesando el Amazonas me niego en rotundo.

—¡Anda ya! ¿Por el  Amazonas?
—No me digas que no es una pasada. En una hamaca cómoda, con mucha bebida refrescante.
 —¿Y si encallas, o si encuentras rápidos, o si caes por alguna cascada?
—No, tú imagina que pasas por túneles de vegetación, por sombras y aguas muy tranquilas. Y se oyen monos, y loros... ¡qué siestorra, no me digas que no!
—No me da seguridad; yo estaría inquieto. Podrías pasar por alguna tribu salvaje y que asalten el barco y te degüellen.
—Puedes ir armado.
—¿Y la manta? Ahí la manta sobra, y yo quiero una manta.
—Por las noches refresca.
—¡Descartado!

Estaba también la opción del galeón atravesando el Cabo de Hornos en una tormenta. A favor teníamos el placer de estar en un camarote bien aislado, cómodo y seco, y el oír desde la cama cómo se estrellan las olas sobre la cubierta, pero, claro, el balanceo del barco... uff, complicado eso de  conciliar el sueño con ganas de vomitar.

El interés por seguir tanteando otros escenarios nos llevó incluso a un bunker en plena guerra mundial.
Un buen escondite bajo tierra: provisiones, buenos libros, un quinqué, cómoda cama, buena manta, el sonido adormecedor de aviones y bombas en la lejanía...

Cuando comuniqué a Juan Luis  que escribiría en el blog sobre nuestros lugares perfectos para dormir, lo primero que me dijo fue:  “¿Vas a incluir lo del bunker? ¡No lo van a entender, te van a tomar por loco!”
Yo espero que no, solo hay que dejarse llevar por la imaginación y disfrutar.

La propuesta que jamás olvidaremos es la que se atrevió a plantear mi hermano Fran.

—¿La cuestión está en que sea un sitio extraño pero que se duerma cómodo y bien?
—Eso es.
—Pues tiene su punto meterse en una cueva en la que esté hibernando una osa y abrazarte a ella.
—¿?¿?¿?
—¿Una osa? ¿En femenino?
—Sí, mejor que un oso, ¿no? Seguro que son más blandas y están más calientes.
—Pero, Fran, ¡¡no da ninguna tranquilidad dormir con una osa!!
—Si no se va a despertar, ¡está hibernando!
—¡Pero echa peste!
—¿Quién lo dice?
—¡Una osa en una cueva echa peste seguro!
—¡Qué va, es una osa limpia y seca!
—Pero aunque esté dormida, ¡se da la vuelta y te aplasta! O se mueve soñando y te da un zarpazo que te parte en dos.
—Pues a mi me parece que abrazado a una osa se dormiría de cine.
—¡¡Ni de coña!!
—¡¡Descartado!!

Ahora no me puedo despedir sin preguntar qué lugar os ha parecido más atractivo. ¿Alguna otra opción imaginaria donde dormir como un tronco? (No olvidéis nombrar cómo es la manta, por favor)