Enfrentémonos a los hechos sin miedo (Glups!)
(En rojo las palabras y frases por vosotros propuestas)
Todo empezó con aquel hombre que sintió hambre, ¿recordáis? Sí, aquel que tuvo la picardía de asistir a una conferencia cuando supo que ofrecerían algo que llevarse a la boca.
¿Sobre qué versaba la conferencia? No lo sabemos, el protagonista no nos leyó el folleto, algo que podemos llegar a comprender conociendo sus intenciones: le tenía sin cuidado lo que en ella se tratara, él solo pensaba en esa oportunidad de darle a las muelas. Luego vimos que sí, que una vez allí, la oportunidad le llegó en forma de canapés.
A este respecto me hacía Sese una observación: "Es raro que den el refrigerio antes y no después de la conferencia", y suponía que sería esto una necesidad argumental, porque en el mundo real nadie asistiría a ella después de zampar.
Pues no te falta razón, tronco, pero fíjate que si preguntaras a los asistentes a aquel evento cuál es la vida real, sin duda te responderían que aquella que están viviendo. Tú los ves desde fuera, sin forma ni color, pero ellos se sienten tan vivos y reales que para aquella gente el personaje irreal podrías ser tú. Todo es normal en su mundo y su contexto.
Esto es un poco como aquello de la botella medio llena o medio vacía, es decir distintas formas de ver una misma verdad. Piénsalo un poco y verás que buscar la lógica en lo aparentemente ilógico puede llegar a ser muy adictivo, aunque, eso sí, "te irás con la cabeza tan rota como yo" (vale, vale, me pedías el corazón y no la cabeza; reconozco que aquí me ha faltado... pasión)
En cualquier caso, pienso que este hombre también se habría largado de allí si no fuera porque se vio obligado a entrar en el salón de actos (recordemos que lo pillaron con la boca llena y él no quería aparentar ser un muerto de hambre)
Imagino que debió pensar, "Bueno, ahora me trago el rollo y ya está, pero al menos me he puesto las botas"
Imagino que debió pensar, "Bueno, ahora me trago el rollo y ya está, pero al menos me he puesto las botas"
Pero qué paso entonces, ¿por qué vio que la señora se convertía en perro y el perro en señora?
Para Misaoshi la cosa está clara: "Resulta que era una conferencia de una secta y los canapés llevaban droga y por ello empezó a verlo todo borroso y las imágenes mezcladas"
No queda nada mal esto de la secta. Diría que casi ha dado en el clavo y sin martillo. Además la palabra "secta" se parece a "seta" y, mira por donde, existen setas alucinógenas. Las setas pueden ser tan peligrosas como las sectas (las que llevan la intercalada C de Canapés)
Vale, pido disculpas por estas divagaciones, siempre me enrollo más que una serpiente mordiéndose el culo.
Más que una secta me parece un gran timo porque, según cuenta Misaoshi, cuando los asistentes al acto se despiertan, se dan cuenta ¡de que les han robado! (¿puede haber un delito más hediondo?) Por suerte, a nuestro hambriento amigo, que no tenía ni calderilla para unas patatas fritas, nada podrían robarle, y se marcharía de allí mareado pero feliz. Toda una experiencia que contar a su mamá (y a sus nietos algún día)
Antes de abandonar aquel lugar, dice Misaoshi que nuestro amigo oyó cómo un caballero le decía a su esposa: "Pues no decía yo que la señora esa no podía ser verde, ¡te lo dije, eso era la droga! "
Pero las interpretaciones pueden ser tantas...
Montse no los ha visto ni como secta alucinógena ni como timadores, y expone su visión de los hechos: "Seguro que se trata de una gente muy chic que quiere hacer un estudio sobre el comportamiento humano en extremo grado de pobreza, de ahí lo de LSD, que quiere decir "Los Sin Dinero"
¡Toma ya! ¡Asombroso! He aquí una suposición con fundamento. Además añade que “para aquel hombre era su primer experimento, luego vendrían más, y mucho más crueles..."
Montse, por favor, deberías tejer esta historia hasta el final. Esa idea de elegir a un incauto e inocente viandante como conejillo de Indias es todo un guion de película. Además, casi estoy viendo al actor que haría de conferenciante cuando dice: "Deberíamos sincerarnos y decir abiertamente qué es lo que nos lleva a hacer esto" Creo que entonces la señora del abrigo susurraría con orgullo: “Más les vale que sean sinceros; ya me di cuenta de que aquello no era vino blanco, sino limonada"
Las cosas no siempre son lo que parecen, y esto es algo que debió pensar Loque al conocer la historia. (O tal vez no pensara nada y se limitara a hacer un ejercicio de improvisación)
Ella opina que toda aquella gente debió ser hipnotizada nada más entrar en la sala, con el fin de que vieran en los canapés lo que desearan ver. En realidad no eran tales canapés, sino trozos de pan duro.
“Como este pobre chico tiene tanta hambre —explica Loque—, ve comida apetitosa, pero como la señora pija y su perrito están bien alimentados, lo prueban y pasan”
Interesantísimo examen. Supongo que el adalid de aquel experimento sería un hipnotizador de incontestable poder, capaz de hacer ver la belleza de una fuente en un simple y oxidado caldero.
Puedo imaginar a algún asistente ensalzando el sabor de aquellos mendrugos de pan.
“Le advierto, joven, que somos muy selectivos", diría el hipnotista socarrón.
Tal vez Ángeles podría ser una buena mentalista, pues supo leerme hasta la última neurona.
“La historia —dice ella— parece indicar que los canapés estaban aderezados con LSD, que tal ‘producto’ era el tema de la conferencia y que los canapés estaban allí preparados para hacer un experimento guiado después de dicha conferencia. Por eso no se los comía nadie. Pero como nuestro hombre no había leído el folleto, y como tenía más hambre que un perrillo chico, se puso a zampar sin más. Y luego, claro, flipaba en colores”
Pero el verdadero experimento me habría de llegar después: ¿cómo describiría yo lo que siente un hombre que ha ingerido gran cantidad de sustancias alucinógenas? ¿Cómo contar ese abstracto flipe en colores sin una base empírica y sin tener que consultar una enciclopedia?
No tuve más remedio que elegir a un pobre perdedor y sentarlo a escuchar una conferencia.
El tema de la misma sería lo de menos: la caza de la perdiz roja o el estudio metalúrgico en la isla de El Hierro, por ejemplo.
El tema de la misma sería lo de menos: la caza de la perdiz roja o el estudio metalúrgico en la isla de El Hierro, por ejemplo.
Tampoco importaría el aspecto del conferenciante: más tieso que un carámbano con gomina o tan relajado como el gato de un hippie.
Lo que de verdad me interesaban eran las sensaciones del drogado, las percepciones físicas y mentales por él vividas. Este era el enigma.
Yo lo veo flotando en nubes de humo azul, asomado a la barandilla del vacío inconsciente, estrellándose en las estrellas del tiempo, en un retruécano infinito, sin dejar de aspirar la rota flor de un verano silencioso.
Por favor, ¿dónde está el servicio?, pregunta alguien en algún rincón de su mente.
Lo intuyo sonriendo a un rostro de nácar que le roba el habla como una sanguijuela infame, permitiendo que sea su pulso el que no deje de sonar, descendiendo en espirales de paz traslúcida y gritos soeces que le hacen abochornar y reír a un tiempo, cabalgando a lomos de un pétreo lagarto que siempre toma el camino más obsoleto.
“No a las drogas”, parece escuchar en el eco de algún eco.
Y en la beatífica caída a un submundo de sueño desmedido, se ve a sí mismo platicar con el espejo: “La paparrucha y el mamarracho no hacen buena pareja”, se dicen, y en algún gesto canino advierte que todavía no sabe quién es ni dónde está, y que lo único que recuerda es aquella última voz que susurró “A mí me parece que lo que todos buscamos es librarnos de la a veces desesperante conciencia del yo”
Nunca me hubiera atrevido a describir aquel alucinado trance sin la valiosa ayuda de Ángeles, Ana, Papá Cangrejo y Amig@mi@.
Y he dejado para el final el que considero un magnífico titular de periódico:
HOMBRE DEVORADO POR UN GRUPO CANIBAL
Y es que la calenturienta imaginación de Carlos (casi mi alter ego) le llevó a dibujar una escena horrorosamente fascinante.
“Sí, por efecto del LSD, el prota va a ser considerado por el resto de asistentes (con cara de perro o sin ella) como un ejemplar sabrosísimo para hincarle el diente, cual chorizo de cantimpalo”
¿Canapés atractivos y apetecibles? Bah, mucho mejor el incauto invitado, que les servirá de delicatessen.
Haced un último esfuerzo para visualizar este macabro experimento de la imaginación y así poder verlo sentado en su butaca, cuando la semilla del ácido alucinatorio empezara a germinar en su organismo y sonriera embobado a todos los allí presentes.
El señor Corman, desde su atril, le señalaría para exclamar:
"Agradecemos la asistencia del señor Gutiérrez, que amablemente se ofrecerá a servir de apetitos... ejem, de amable voluntario para nuestro...ejemplo. ¡Un aplauso, por favor!"
Sin imaginar su terrible destino, nuestro hombre seguiría sonriendo a todos aquellos señores que se levantaban a aplaudirle.
No le pareció extraño que lo llevaran en volandas a la tarima, ni sintió el más leve resquemor al percibir que lo despojaban de su ropa hasta dejarlo completamente desnudo.
Echado en aquellas suaves tablas, vio acercarse a una mujer que se arrodilló junto a él y le besó en la boca. Después sintió un leve pinchazo en los labios y cuando la mujer alzó el rostro, del mentón le goteaba sangre. Pero la mente estaba demasiado acorchada para comprender todavía.
En el momento en que un hombre muy grueso le levantó la pierna y le mordió con fuerza en los gemelos, experimentó el primer asomo de incertidumbre. Algo raro estaba sucediendo, pero aún no sabía enfocar la realidad.
Se fueron acercando más personas, que con los dientes daban tirones de distintas partes de su cuerpo.
Fue al aproximarse el Señor Corman y en su semblante se dibujó de repente el sobrecogedor rostro del diablo, cuando aquel hombre vislumbró por primera vez la realidad, el dolor se hizo latente y un grito de terror le brotó por fin de la garganta.
Aquel sonido fue el detonante que excitó al grupo de caníbales que le embistieron a mordiscos como perros rabiosos.
Justo cuando el corazón de aquella masa sanguinolenta dejaba de latir, partía hacia el pueblo un autobús con un asiento vacío.
Muchas gracias y hasta otra, Lectores Seguidores del Diablo.











