10 de julio de 2015

TODA UNA VIDA CANTANDO

Hace cinco años que no veo a mi padre, y una de las cosas que más echo de menos de él  es oírle cantar.
Mi familia paterna ha sido siempre muy de arrancar a cantar a la menor ocasión. En cada reunión familiar era imposible, sobre todo si estaba mi abuela,  que no se oyera aquello de:

Carrascal, carrascal, qué bonita serenata,
carrascal, carrascal, que me estás dando la lata.

Bastaba que se juntara mi padre con su hermano Guillermo para que rivalizaran como tenores y les oyéramos entonar algo muy antiguo en latín, (que no terminaban nunca de rematar porque alguno de los dos entraba a destiempo o repetía una estrofa que no había que repetir) 
Y si acudían mis tías era más probable escucharles cantar habaneras a todos, sobre todo Canta y no llores, también conocida como Las mañanitas, que tanto gusta a mi padre:

Todas las mañanitas vuelve a la aurora
y se lleva la noche triste y traidora.

 Me resulta muy fácil recordar a mi padre cantando porque lo hacía a menudo: afeitándose en el cuarto de baño ya empezaba a tararear algo; regando el jardín, las plantas le escucharon interpretar algún fragmento de las muchas zarzuelas que conoce; conduciendo al llevarnos al colegio era probable que diera un repaso a los tangos de Gardel:

Siglo veinte cambalache
problemático y febril
el que no llora no mama
y el que no roba es un gil

Cuando sentaba a mi hermana sobre sus rodillas imitaba a Lucho Gatica:

Reloj no marques las horas
porque voy a enloquecer
Ella se irá para siempre
cuando amanezca otra vez.

Hoy ella dice que esta canción no solo le recordará siempre a mi padre, sino que, de hecho, esta canción es de ellos dos.
Y recuerdo las muchas veces en que me hizo prestar atención a lo que ciertas canciones contaban y lo hermoso de una letra bien escrita.

Envidia, tengo envidia del pañuelo
que una vez secó tu llanto
Y es que yo te quiero tanto
que mi envidia es tan solo amor.

Pero si he traído hasta aquí toda esta introducción musical es porque me he acordado de algo que me ha hecho sonreír.

Fue una vez en la que mi madre andaba disgustada con mi padre, no recuerdo por qué ni tiene importancia, pero al caer la tarde, ella cogió algo que tenía que coser y se sentó en la marquesina de la casa, buscando  algo de fresco.
Después de un rato, se acercó mi padre y se sentó cerca.

Toooda una vida – comenzó a cantar él -
me  estaría contiiigo
No me importa en qué forma, ni dónde ni cómo
pero junto a tiii.

Mi madre continuó cosiendo, como si nada.

Toooda una vida, -prosiguió él
te estaría mimaaando...

Y fue cuando llegó a aquello de:
“… que eres en mi vida, ansiedad, angustia y desesperacioooón...”
que ella dejó de mover aguja e hilo y empezó a reír. Primero con una risa disimulada, silenciosa, que inmediatamente dejó de controlar para dar paso a una risa sonora que le hizo brotar lágrimas.
Mi padre se quedó atónito, sin entender qué ocurría, pues no podía adivinar que ella le había encontrado la gracia a esa parte de la canción, al reinterpretar de otro modo la letra.

- ¿De qué te ríes?, quiso saber, extrañado.
Y entonces fue ella la que cantó:
- Eres en mi vida... - y reía- ansiedad, angustia... - y reía más- ¡desesperación!

Y así fue que como la risa es algo tan contagioso, también mi padre acabó riendo, y tanta risa limó los resquemores y la canción de Machín les devolvió la concordia.

Yo estaba por allí y aún recuerdo aquella escena.

Será porque todas estas canciones, melodías atemporales y eternas,  quedarán siempre ligadas a aquellos dulces recuerdos.


12 comentarios:

Montse Martínez Ruiz dijo...

Qué graciosa la anécdota de tus padres y la letra de ese bolero!! claro que eso de "ansiedad, angustia y desesperación" es muy dramático, menos mal que ellos encontraron la parte positiva :)

En mi familia también somos muy cantarines, a mi padre le gustaban mucho los tangos de Gardel y el que más "Volver" con aquello de "Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada.." y a mi madre le cantaba las Gardenias de Machín y se la miraba con ojillos tiernos en la estrofa de "te quiero, te adoro, mi vida"
¡Vaya momentazos! gracias por hacérmelos recordar, porque ellos ya no están, pero me quedan esos recuerdos ¡ayyyy, que se me salta la lagrimilla!
Un beso, JuanRa.

Raquel dijo...

Pues tu recuerdo me ha hecho sonreír también. Es bonito, y algo triste, pero muy tierno. Y hay que ver menudo poder que tiene la música :)
Un saludo JuanRa

Ana Bohemia dijo...

Que bonito, toda una vida cantando, me gusta la gente que canta o tararea sin darse cuenta, y que habla con canciones, que dice esas cosas que a lo mejor de frente sería mas cortante decir. Muy bonita anécdota de tus padres, y preciosas esas canciones de antes, que letras tan buenas, creo que antes eran mas románticos, será que se lo tomaban mas en serio que nosotros...
Saludos
:D

Misaoshi dijo...

Qué bonito lo que hace una simple letra que escribió un día alguien vete tú a saber dónde. Lo que significan sus letras para otras personas.

Me encantan estas anécdotas y tu manera de escribirlas me permite sumergirme en mis propios recuerdos de mi madre cantando a Serrat olvidándose de sus problemas momentáneamente para luego ir sus hijos a gritarle desde el cuarto que dejara de escuchar ese rollo. Es curioso como, gracias -o por culpa- a este recuerdo tuyo, me arrepiento de haberle dicho un millar de veces a mi madre que quitara ese rollo, con lo que ella disfrutaba cantando.

Ángeles dijo...

Algunas veces un recuerdo personal le da un sentido especial a una canción, y una canción le da un aire poético a un recuerdo personal. Y entonces nos parece que esa circunstancia determinada que luego se convertirá en recuerdo, no habría sido lo mismo -o ni siquiera habría sido- sin esa canción.

Tu anécdota es muy graciosa y muy bonita. Estas historias pequeñas, cotidianas, familiares y en apariencia intrascendentes, son la clave y el origen de muchas cosas, ¿no te parece? A mí sí.

Anónimo dijo...

Cinco años sin ver a tu padre. ¡Qué duro tiene que ser eso! sin poderle arrearle un abrazo ni un besazo. ME pongo en tu lugar y es cierto ¿eh?, ahora mismito se me han llenado los ojos de lágrimas (aunque esto ya lo leí el otro día)
Bueno...ya.
ME alegro un montón de que hayas sacado por aquí a estos tres artistazos sudamericanos que casi parecen españoles por el éxito que tuvieron. Creo que te dije que tengo un recopilatorio de Machín, uno de Gardel y al que no tengo es a Gatica, pero sí uno de Los Panchos; así que para mi estas canciones no son cosa del pasado y frecuentemente las silbo, las tarareo e incluso me atrevo a cantar algún fragmento.
Espera, mira, que te canto una de mis preferidas de MAchín: la de El Compromiso:
"Sin mediar una palabraaaa, sin firmar un documentoooo, sin hacer un juramentooo, hemos hecho...un compromisooooooo" Tachán!
Y por cierto, siempre me he preguntado -es que no me sé la canción entera- ¿Pero este "carrascal" era ese locutor o presentador de telediarios?
carlos

Si es lo que parece dijo...

Yo no podría vivir sin música creo que es la que sosiega o anima el alma. La que te trae los mejores recuerdos y los más nostálgicos. Tiene el poder de erizarte el vello o desatar un río de lagrimas y/o sonrisas como en el caso de tus padres. Preciosa anécdota por cierto.

Saludos Diablo.

loquemeahorro dijo...

Qué bonito, por favor, me ha parecido súper tierno, y he vuelto a pensar - una vez más - que me encanta tu familia.

Ahora ya nunca volveré a oír "Toooda una vida" sin acordarme de tus padres, y desde luego, tu madre tenía razón, menuda letra!

JuanRa Diablo dijo...

Montse:

Aunque esta entrada te haya hecho recordar aquellos momentos, qué duda cabe que siempre asociarás Volver y Dos gardenias (y con seguridad que otras muchas) con escenas protagonizadas por tus padres. Esa es la magia de la música y su poder de evocación.

Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

Fuerte abrazo, Montse

Raquel:

¿Verdad que sí? La música puede activar unos resortes que tenemos escondidos por el cuerpo y que dan rienda suelta a todo tipo de emociones. ¿Hubiera sido posible la Humanidad sin música?

Ana Bohemia:

Tu observación me ha recordado a la película Martin (Hache), cuando el protagonista, argentino él, declara que después de un tiempo viviendo en España sentía que le faltaba algo, hasta que descubrió que echaba de menos oír a la gente silbar por la calle, algo que al parecer en Argentina es mucho más habitual que aquí.
A mí también me gusta la gente que canturrea o silba casi sin darse cuenta.

En lo de las letras de hoy y de antes, salvo contadas excepciones, hay una diferencia abismal.

Misaoshi:

Es verdad, si te paras a pensarlo, es algo muy hermoso. Alguien compone un buen día una canción y esa canción despertará emociones profundas en miles de personas de todo el mundo a través de los años. Porque, desde luego, algunas canciones contienen mensajes que por mucho que cambien los tiempos, jamás pasarán de moda.

También a mi me parecían un rollo ciertos cantantes que gustaban a mis padres, pero con el tiempo he sabido valorarlos. Y diría incluso que hoy soy un defensor de muchos de ellos. Que no me toquen al María Dolores Pradera, por ejemplo. ¡¡Que no me la toquen!! :D

Ángeles:

Muy de acuerdo con lo que expones. Creo, además, que sería capaz de escribir una larga lista de canciones que asocio a un determinado momento y que siempre que las escucho, ese momento me llega con nitidez. Fíjate que recuerdo incluso qué canción estaba yo escuchando cuando mi amigo Txema me dijo que había salido publicado el listado de quintos y que él se había librado pero que yo tendría que hacer la mili. Cuando la oigo hoy, todavía parecen darme un mordisco las tripas, jaja

JuanRa Diablo dijo...

Carlos:

Mi padre es muy de Gardel y de Lucho Gatica, mi madre más de Los Panchos y de Nat King Cole. También escuchaban a muchos otros, claro, y con el tiempo, conviviendo sus músicas con las mías, yo me fui aficionando a muchos de sus gustos y ellos a los míos.
Me llegó a encantar, por ejemplo, una tal Nydia Caro, cuya voz me hacía soñar despierto. También me atrapó Alberto Cortez, pero sobre todo aluciné al descubrir el disco de la banda sonora de Jesucristo Superstar que todavía hoy me sé de memoria.

Mi padre se aficionó a escuchar a Joaquín Sabina (porque las letras de Sabina son otra cosa), y a algunos discos de un grupo italiano que me encanta: Matia Bazar. A mi madre la convertí en fan de ABBA. Yo diría que no tuvo más remedio que sucumbir, la pobre xD

La gracia de la canción de Carrascal, (que no es el Carrascal de los telediarios, jaja) es que no tiene letra fija. Salvo el estribillo, que es siempre el mismo, el resto de la canción, (al menos así hemos hecho en mi familia) se va cantando sobre la marcha con rimas improvisadas.
Por ponerte un ejemplo, yo cantaría ahora mismo:

Mi intención era abrazarlos
a todos en el infierno
pero me faltaba un cuerno
sin ver a mi amigo Carlos

Carrascal, Carrascal
Qué bonita serenata…


PD. Fe de erratas. Donde dice “abrazarlos” quiere decir “abrasarlos”, jejejeje

Si es lo que parece:

Es que me lo pregunto a veces, ¿hubiera sido posible un mundo sin música? Imagino que no, porque ya en la naturaleza hay sonidos armónicos. Y si cantan los pájaros y hasta las ballenas, ¿cómo íbamos a quedar al margen?
No, sin música no habría vida. O quizás sí, pero eso no sería VIDA.

Muchas gracias.

Loque:

Gracias, querida Loque . Que sepas que desde hace un tiempo hay un cantante que me recordará siempre a ti: José Velez. Y un programa : 300 millones. Jajaja

Un abrazo

Anónimo dijo...

Bueno, pero dinos qué canción era la que sonaba cuando te enteraste de que tendrías que hacer la mili, que me has dejado ahí a medias.
carlos

JuanRa Diablo dijo...

Carlos:
Es que no recordaba título, por eso no lo puse, pero he indagado ahora y era Culture Shock, de Olivia Newton John. Era un disco que oía yo a menudo en el video club en el que entonces trabajaba. Con la noticia, de repente ese tema se me tornó macabro.